miércoles, 16 de mayo de 2018

TEXTOS SOBRE LA FE ( I )

EL AÑO DE LA FE

1. “La puerta de la fe” (cf. Hch 14,27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6,4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17,22). Profesar la fe en la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. Jn 4,8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.

2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: “La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud”. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.

3. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchara Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4,14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6,51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna” (Jn 6,27). La pregunta planteada por los que escuchaban es también hoy la misma para nosotros: “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?” (Jn 6,28). Sabemos la respuesta de Jesús: “La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado” (Jn 6,29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.

4. A la luz de todo esto, he decidido convocar un “Año de la fe”. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo., el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012 se celebrarán también los veinte años de la publicación del “Catecismo de la Iglesia Católica”, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis, realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia Católica. Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe. No es la primera vez que la Iglesia está llamada a celebrar un “Año de la fe”. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenario de su supremo testimonio. Lo concibió como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese “una auténtica y sincera profesión de la misma fe”; además, quiso que ésta fuera confirmada de manera “individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca”. Pensaba que de esta manera toda la Iglesia podría adquirir una “exacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla”. Las grandes transformaciones que tuvieron lugar en aquel Año, hicieron que la necesidad de dicha celebración fuera todavía más evidente. Ésta concluyó con la Profesión de fe del Pueblo de Dios, para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado.

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9. Deseamos que este “Año” suscite en todo creyente la aspiración a “confesar” la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la “celebración” de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es “la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza”. Al mismo tiempo, esperamos que el “testimonio” de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe hacer propio, sobre todo, es este “Año” ...

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11. Para acceder a un contenido sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el “Catecismo de la Iglesia Católica” un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica “Fidei depositum”, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: “Este catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial”.

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14. El “Año de la fe” será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad” (1 Co 13,13). Con palabras aún más fuertes -que siempre atañen a los cristianos-, el apóstol Santiago dice: “¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros le dice "Id en paz, abrigaos y saciaos", pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. pero alguno dirá: "Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe" (St 2, 14-18) ...

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15. ... “Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada” (2 Ts 3,1): que este “Año de la fe” haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: “Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas” (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar de los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24), son preludios de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Co 12,10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11,20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de reconciliación definitiva con el Padre.

Confiemos a la Madre de Dios, proclamada “bienaventurada porque has creído” (Lc 1,45), este tiempo de gracia.

Dado en Roma, junto a san Pedro, el 11 de octubre del año 2011, séptimo de mi Pontificado.

(de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio "Porta fidei", del Sumo Pontífice Benedicto XVI, con la que se convoca el año de la fe)

TEXTOS DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

LA FE

1. La fe es una gracia

"Cuando san Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, Jesús le declara que esta revelación no le ha venido “de la carne y de la sangre, sino de mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,17), La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él. "Para dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelante y nos ayuda, junto con los auxilios interiores del Espíritu Santo, que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede “a todos gusto en aceptar y creer la verdad”. (CIC nº 153)

* Textos:

1) "En aquel tiempo exclamó Jesús diciendo: Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues así fue tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.
Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera." (Mt 11, 25-30)

2) "Pero cuando Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciara entre los gentiles, enseguida, sin pedir consejo a la carne ni a la sangre, y sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles, mis predecesores, me retiré a Arabia, y de nuevo volvía a Damasco." (Ga 1, 15-17)

2. La fe es un acto humano

"Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas. Ya en las relaciones humanas no es contrario a nuestra propia dignidad creer lo que otras personas nos dicen sobre ellas mismas y sobre sus intenciones, y prestar confianza a sus promesas (como, por ejemplo, cuando un hombre y una mujer se casan), para entrar así en comunión mutua. Por ello, es todavía menos contrario a nuestra dignidad “presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela” y entrar así en comunión íntima con Él." (CIC nº 154)

- "En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: “Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia.” (CIC nº 155)

3. La fe y la inteligencia

"El motivo de creer no radica en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural. Creemos “a causa de la autoridad de Dios mismo que revela y que no puede engañarse ni engañarnos”. "Sin embargo, para que el homenaje de nuestra fe fuese conforme a la razón, Dios ha querido que los auxilios interiores del Espíritu Santo vayan acompañados de las pruebas exteriores de su revelación”. Los milagros de Cristo y de los santos, las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad “son signos certísimos de la Revelación divina, adaptados a la inteligencia de todos”, motivos de credibilidad que muestran el “asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu”." (CIC nº 156)

* Textos:

1) "Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban" (Mc 16,20)

2) "... y también nos fue garantizado por Dios con señales y prodigios, con diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad." (Hb 2,4)

- "La fe es cierta, más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir. Ciertamente las verdades reveladas pueden parecer oscuras a la razón y a la experiencia humanas, pero “la certeza que da la luz divina es mayor que la que da la luz de la razón natural”. “Diez mil dificultades no hacen una sola duda”. (CIC nº 157)

- "La fe trata de comprender” es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor a aquel en quien ha puesto su fe, y comprender mejor lo que le ha sido revelado; un conocimiento más penetrante suscitará a su vez una fe mayor, cada vez más encendida de amor. la gracia de la fe abre “los ojos del corazón” (Ef 1,18) para una inteligencia viva de los contenidos de la Revelación, es decir, del conjunto del designio de Dios y de los misterios de la fe, de su conexión entre sí y con Cristo, centro del Misterio revelado. Ahora bien, “para que la inteligencia de la Revelación sea más profunda, el mismo Espíritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones”. Así, según el adagio de san Agustín “crece para comprender y comprende para creer.” (CIC nº 158)

- "Fe y ciencia. “A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás puede haber contradicción entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe otorga al espíritu humano la luz de la razón, Dios no puede negarse a sí mismo ni lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero”. “Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún, quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo escondido de las cosas, aún sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios, que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son”. (CIC nº 159)

4. La libertad de la fe

"El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios; nadie debe ser obligado contra su voluntad a abrazar la fe. En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza”. “Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados en conciencia, pero no coaccionados [...]. Esto se hizo patente, sobre todo, en Cristo Jesús”. En efecto, Cristo invitó a la fe y a la conversión, Él no forzó jamás a nadie. “Dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían. Pues su reino [...] crece por el amor con que Cristo, exaltado en la cruz, atrae a los hombres hacia Él.” (CIC nº 160)

5. La necesidad de la fe

"Creer en Cristo Jesús y en Aquel que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación. “Puesto que “sin la fe... es imposible agradar a Dios” (Hb 11,6) y llegar a participar en la condición de sus hijos, nadie es justificado sin ella, y nadie, a no ser que “haya perseverado en ella hasta el fin> (Mt 10,22; 24,13), obtendrá la vida eterna.” (CIC nº 161)

* Textos:

1) "El que crea y sea bautizado se salvará; pero el que no crea se condenará." (Mc 16,16)

2) "El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero quien rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él."(Jn 3,36)

3) "Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día." (Jn 6,40)

6. La perseverancia en la fe

"La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte de ello a Timoteo: “Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe” (1 Tm 1, 18-19). Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios, debemos pedir al Señor que nos la aumente, debe “actuar por la caridad” (Ga 5,6), ser sostenida por la esperanza y estar enraizada en la fe de la Iglesia." (CIC nº 162)

* Textos:

1) "Enseguida el padre del niño exclamó:
-¡Creo, Señor, ayuda mi incredulidad!" (Mc 9,24)

2) "Los apóstoles le dijeron al Señor: - Auméntanos la fe." (Lc 17,5)

3) "Pero yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos." (Lc 22,32)

4) "¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.
Pero alguno podrá decir: “Tú tiene fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen y se estremecen”.
¿Quieres saber, hombre necio, cómo la fe sin obras es estéril? Abrahán, nuestro padre, ¿acaso no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿ves como la fe cooperaba con sus obras, y cómo la fe alcanzó su perfección por las obras? Y así se cumplió la Escritura que dice: Creyó Abrahán a Dios y le fue contado como justicia y fue llamado amigo de Dios.
Ya veis que el hombre queda justificado por las obras y no por la fe solamente. del mismo modo Rahab la meretriz, ¿no fue también justificada por las obras, cuando hospedó a los mensajeros y les hizo salir por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta." (St 2, 14-26)

5) "Que el Dios de la esperanza os colme de toda alegría y paz en la fe, para que abundéis en la esperanza con la fuerza del Espíritu Santo." (Rm 15,13)

7. La fe, comienzo de la vida eterna

"La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo. Entonces veremos a Dios “cara a cara” (1 Co 13,12), “tal cual es” (1 Jn 3,2). La fe es, pues, ya el comienzo de la vida eterna..." (CIC nº 163)

- "Ahora, sin embargo, “caminamos en la fe y no [...] en la visión” (2 Co 5,7), y conocemos a Dios “como en un espejo, de una manera confusa [...], imperfecta” (1 Co 13,12). Luminosa por aquel en quien cree, la fe es vivida con frecuencia en la oscuridad. La fe puede ser puesta a prueba. El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a ser para ella una tentación." (CIC nº 164)

- "Entonces es cuando debemos volvernos hacia los testigos de la fe: Abrahám, que creyó “esperando contra toda esperanza” (Rom 4,18); la Virgen María que, en la “peregrinación de la fe”, llegó hasta la “noche de la fe” participando en el sufrimiento de su Hijo y en la noche de sus sepulcro; y tantos otros testigos de la fe: “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe” (Hb 12, 1-2)." (CIC nº 165)

8. La fe de la Iglesia

"La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe. La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor (“Te orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia”, cantamos en el himno “Te Deum”), y con ella y en ella somos impulsados y llevados a confesar también: “Creo”, “creemos”. Por medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo. En el Ritual Romano, el ministro del bautismo pregunta al catecúmeno: “¿Qué pides a la Iglesia de Dios?”. Y la respuesta es: “La fe”. “¿Qué te da la fe?”. “La vida eterna." (CIC nº 168)

- "La salvación viene sólo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: “Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación”. Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe." (CIC nº 169)

9. La fe en Dios

"La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que Él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente a Dios y creer absolutamente lo que Él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en una criatura" (CIC nº 150)

* Textos:

1) "Así dice el Señor: “Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto" (Jr 17, 5-8)

2) "Yo dije: “Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti" (Salmo 40,5)

3) "Él sana los corazones destrozados, vendará sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre." (Salmo 146, 3-4)

4) "Y esta es la razón por la que padezco esas cosas; pero no me avergüenzo, pues sé en quien he creído, y estoy seguro de que tiene poder para conservar mi depósito hasta aquel día." (2 Tm 1,12)

10. La fe en Jesucristo, el Hijo de Dios

"Para el cristiano, creer en Dios es inseparablemente creer en Aquel que él ha enviado, “su Hijo amado”, en quien ha puesto toda su complacencia. Dios nos ha dicho que le escuchemos. El Señor mismo dice a sus discípulos: "Creed en Dios, creed también en mí" (Jn 14.1). Podemos creer en Jesucristo porque es Dios, el Verbo hecho carne: "A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn 1,18). Porque “ha visto al Padre” (Jn 6,46), él es el único en conocerlo y en poderlo revelar" (CIC nº 151)

* Textos:

1) "En aquella ocasión Jesús declaró:
- Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo." (Mt 11, 25-27)

2) "Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y nada más salir del agua vio los cielos abiertos y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; y se oyó una vos desde los cielos:
Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me he complacido." (Mc 1, 9-11)

3) "Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan, y los condujo, a ellos solos aparte, a un monte alto y se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron deslumbrantes y muy blancos; tanto, que ningún batanero en la tierra puede dejarlos así de blancos. Y se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. Pedro, tomando la palabra, le dice a Jesús:
- Maestro, qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Pues no sabía lo que decía, porque estaban llenos de temor. Entonces se formó una nube que los cubrió y se oyó una voz desde la nube:
- Este es mi Hijo, el amado, escuchadle.
Y luego, mirando a su alrededor, ya no vieron a nadie: sólo a Jesús con ellos." (Mc 9, 2-7)

4) "No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. Todavía un poco más y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. Ese día conoceréis que yo estoy en el Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros." (Jn 1, 18-20)

5) "Está escrito en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Todo el que ha escuchado al que viene del Padre, y ha aprendido, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que procede de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad, os digo que el que cree tiene vida eterna." (Jn 6, 45-46)

6) "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. de lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino." (Jn 14, 1-4)

11. La fe en el Espíritu Santo

"No se puede creer en Jesucristo sin tener parte en su Espíritu. Es el Espíritu Santo quien revela a los hombres quién es Jesús. Porque “nadie puede decir: "Jesús es Señor" sino bajo la acción del Espíritu Santo” (1 Co 12,3). “El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios... Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co 2, 10-11). Sólo Dios conoce a Dios enteramente. Nosotros creemos en el Espíritu Santo porque es Dios.

La Iglesia no cesa de confesar su fe en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo (CIC nº 152)

* Textos:

1) "A nosotros, en cambio, Dios nos lo reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, incluso las profundidades de Dios. Pues ¿qué hombre sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también las cosas de Dios nadie las ha conocido, sino el Espíritu de Dios." (1 Co 2, 10-11)

2) "Por eso os declaro que nadie que hable en el Espíritu de Dios dice: “¡Anatema Jesús!”, y nadie puede decir: “¡Señor Jesús!, sino por el Espíritu Santo." (1 Co 12,3)

12. La virtud de la fe

"La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios”. Por eso el creyente se esfuerza por reconocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1,17). la fe viva “actúa por la caridad” (Ga 5,6)" (CIC nº 1814)

"El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella. Pero “la fe sin obras está muerta” (St 2,26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo." (CIC nº 1815)

"El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: “Todos [...] vivan preparados para confesar a Cristo ante los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia”. El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: “Todo [...] aquel que se declare por mí antes los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos” (Mt 10, 32-33). (CIC nº 1816)

EL CREDO

1. SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES*

Creo en Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado
muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la visa eterna.
Amén.

2. CREDO NICENO-CONSTANTINOPOLITANO**

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato;
padeció
y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
y que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.

* "El “Símbolo de los Apóstoles”, llamado así porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los Apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: “Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común.” (CIC nº 194)

** "El Símbolo llamado Niceno-Constantinopolitano debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros Concilios ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente." (CIC nº 195)

*** "A lo largo de los siglos, en respuesta a las necesidades de diferentes épocas, han sido numerosas las profesiones o símbolos de la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas y antiguas, el símbolo “Quicumque”, llamado de san Atanasio, las profesiones de fe de varios Concilios (de Toledo; de Letran; de Lyon; de Trento) o de algunos Papas, como la “fides Damasi” o el “Credo del Pueblo de Dios” de Pablo VI (1968)." (CIC nº 192)

I. CREO EN DIOS PADRE

- "Nuestra Profesión de fe comienza por Dios, porque Dios es “el primero y el... último” (Is 44,6), el principio y el fin de todo. El Credo comienza por Dios Padre, porque el Padre es la primera Persona divina de la Santísima Trinidad; nuestro Símbolo se inicia con la creación del cielo y de la tierra, ya que la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios." (CIC nº 198)

DIOS

- "Creo en Dios”. Esta primera afirmación de la profesión de fe es también la más fundamental. Todo el Símbolo habla de Dios, y si habla también del hombre y del mundo, lo hace por relación a Dios. Todos los artículos del Credo dependen del primero, así como los mandamientos son explicitaciones del primero. Los demás artículos nos hacen conocer mejor a Dios tal como se reveló progresivamente a los hombres. Con razón los fieles confiesan que lo más importante de todo es creer en Dios." (CIC nº 199)

1. Creo en un solo Dios

- "Con estas palabras comienza el Símbolo Niceno-Constantinopolitano. La confesión de la unicidad de Dios, que tiene su raíz en la Revelación Divina en la Antigua Alianza, es inseparable de la confesión de la existencia de Dios y asimismo también fundamental. Dios es Único: no hay más que un solo Dios: "La fe cristiana cree y confiesa que hay un solo Dios... por naturaleza, por substancia y por esencia". (CIC nº 200)

- "A Israel, su elegido, Dios se reveló como el Único: "Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza" (Dt 6, 4-5). Por los Profetas, Dios llama a Israel y a todas las naciones a volverse a Él, el Único: "Volveos a mí y seréis salvados, confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro... ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: ¡Sólo en Dios hay victoria y fuerza! (Is 45, 22-24)" (CIC nº 201)

* Textos:

"... para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese: “¡Jesucristo es el Señor!”, para gloria de Dios Padre." (Flp 2,10-11)

- "Jesús mismo confirma que Dios es “el único Señor” y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas. Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es “el Señor”. Confesar que “Jesús es Señor” es lo propio de la fe cristiana. Esto no es contrario a la fe en el Dios Único. Creer en el Espíritu Santo, “que es Señor y dador de vida”, no introduce ninguna división en el Dios Único:

“Creemos firmemente y confesamos que hay un solo verdadero Dios, inmenso e inmutable, incomprensible, todopoderoso, eterno e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: Tres personas, pero una sola esencia, substancia o naturaleza absolutamente simple." (CIC nº 202)

* Textos:

1) "Jesús respondió: - El primero es: Escucha, Israel, el Señor Dios nuestro es el único Señor; amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas... (Mc 12, 29-30)

2) "Y tomando Jesús la palabra, decía enseñando en el Templo: - ¿Cómo es que dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo ha dicho: Dijo el Señor a mi Señor: “Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies”. El mismo David le llama “Señor”. Entonces, ¿cómo va a ser hijo suyo? Y una inmensa muchedumbre le escuchaba con gusto." (Mc 12, 35-37)

2. Dios revela su nombre

- "Moisés dijo a Dios: “Si voy a los hijos de Israel y les digo: "El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros", cuando me pregunten: "¿Cuál es su nombre?", ¿qué les responderé?". Dijo Dios a Moisés: "Yo soy el que soy". Y añadió: "Así dirás a los hijos de Israel: "Yo soy" me ha enviado a vosotros... Este es mi nombre para siempre, por él seré invocado de generación en generación" (Ex 3, 13-15)

- "Al revelar su nombre misterioso de YHWH, "Yo soy el que es" o "Yo soy el que soy" o también "Yo soy el que Yo soy", Dios dice quién es y con qué nombre se le debe llamar. este Nombre Divino es misterioso como Dios es Misterioso. Es a la vez un Nombre revelado y como el rechazo de un nombre propio, y por esto mismo expresa mejor a Dios como lo que Él es, infinitamente por encima de todo lo que podemos comprender o decir: es el “Dios escondido” (Is 45,15), su Nombre es inefable, y es el Dios que se acerca a los hombres." (CIC nº 206)

3. Dios misericordioso y clemente

- "Tras el pecado de Israel, que se apartó de Dios para adorar el becerro de oro, Dios escucha la intercesión de Moisés y acepta marchar en medio de un pueblo infiel, manifestando así su amor. A Moisés, que pide ver su gloria, Dios le responde: "Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad (belleza) y pronunciaré delante de ti el nombre de YHWH" (Ex 33, 18-19). Y el Señor pasa delante de Moisés, y proclama: "Señor, Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad" (Ex 34,6). Moisés confiesa entonces que el Señor es un Dios que perdona." (CIC 210)

* Textos:

1) "Moisés entonces suplicó al Señor, su Dios, diciendo:
- ¿Por qué, Señor, ha de inflamarse tu cólera contra tu pueblo, al que has sacado del país de Egipto con gran poder y mano fuerte? ¿Por qué dar pie a que digan los egipcios: “Por malicia los ha sacado para matarlos entre las montañas y exterminarlos de la faz de la tierra”? Aplaca el furor de tu cólera y renuncia al mal con que amenazas a tu pueblo. Acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel, tus siervos, a quienes juraste por ti mismo diciendo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y toda esta tierra que os he prometido se la daré a vuestra descendencia, para que la posean en herencia para siempre”
El Señor renunció al mal que había anunciado hacer contra su pueblo." (Ex 32, 11-14)

2) "Moisés dijo al Señor:
- Mira, tú me has dicho: “Haz subir a este pueblo”; pero no me has indicado a quien vas a enviar conmigo, a pesar de que me dices: “Yo te conozco por tu nombre, y tú has hallado gracia a mis ojos”. Ahora bien, si he hallado gracia a tus ojos, dame a conocer tus designios, para que llegue a conocerte y pueda hallar gracia a tus ojos. Considera que esta gente es tu pueblo.
El Señor respondió:
- Yo mismo caminaré contigo y te daré descanso.
Continuó Moisés:
- Si no vienes tú mismo, no nos hagas partir de aquí; pues ¿en qué se notará que tu pueblo y yo hemos hallado gracia a tus ojos, si tú no caminas con nosotros? Así tu pueblo y yo nos distinguiremos de los demás pueblos que hay sobre la tierra.
El Señor dijo a Moisés:
- Esta petición que me has dirigido también te la concederé, porque has hallado gracia a mis ojos y te conozco personalmente." (Ex 33, 12-17)

3) "Moisés, al instante, se postró en tierra y le adoró, diciendo:
- Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, camina Señor, en medio de nosotros; cierto que éste es un pueblo de dura cerviz, pero tú, perdona nuestra culpa y nuestro pecado y recébenos como heredad tuya." (Ex 34,9)

4. Dios es la Verdad

- "Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus juicios" (Sal 119, 160). "Ahora, mi Señor Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad" (2 Sam 7,28); por eso las promesas de Dios se realizan siempre. Dios es la Verdad misma, sus palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su fidelidad." (CIC 215)

* Textos:

"Por tanto, reconoce que el Señor, tu Dios, es el Dios, el Dios fiel, que guarda por mil generaciones la alianza y el amor con quienes le aman y cumplen sus mandamientos." (Dt 7,9)

5. Dios es amor

- "El amor de Dios es “eterno” (Is 54,8). "Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, más mi amor de tu lado no se apartará (Is 54,10). "Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti" (Jr 31,3)" (CIC nº 220)

- "Pero san Juan irá todavía más lejos al afirmar: "Dios es amor" (1 Jn 4, 8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo; Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él" (CIC nº 221)

PADRE

- "El misterio de la Santísima Trinidad es el ministerio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la “jerarquía de las verdades de fe”. Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y espíritu Santo, se revela a los hombres, los aparta del pecado y los reconcilia y une consigo" (CIC nº 234)

1. El Padre revelado por el Hijo

- "Jesús ha revelado que Dios es “Padre” en un sentido nuevo: no sólo es sólo en cuanto Creador, es eternamente Padre en relación a su Hijo Único, que recíprocamente sólo es Hijo en relación a su Padre: “nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar (Mt 11,27)" (CIC nº 240)

- "Por eso los Apóstoles confiesan a Jesús como “el Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios” (Jn 1,1), como “la imagen del Dios invisible” (Col 1,15), como el “resplandor de su gloria y la impronta de su esencia” (Hb 1,3)" (CIC nº 241)

- "Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325, en el primer Concilio Ecuménico de Nicea, que el Hijo es “consubstancial al Padre”, es decir, un solo Dios con él. El segundo Concilio Ecuménico, reunido en Constantinopla, en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó “al Hijo Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consubstancial al Padre" (CIC nº 242)

2. El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu

- "Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de “otro Paráclito” (Defensor), el Espíritu Santo. Este, que actuó ya en la Creación y “por los profetas”, estará ahora junto a los discípulos y en ellos, para enseñarles y conducirlos “hasta la verdad completa” (Jn 16,13). El Espíritu Santo es revelado así como otra persona divina con relación a Jesús y al Padre." (CIC nº 243)

* Textos:

1) "... el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque ni le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros." (Jn 14,17)

2) "... pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho." (Jn 14,26)

- "El origen eterno del Espíritu se revela en su misión temporal. El Espíritu Santo es enviado a los Apóstoles y a la Iglesia tanto por el Padre en nombre del Hijo, como por el Hijo en persona, una vez que vuelve junto al Padre. El envío de la persona del Espíritu tras la glorificación de Jesús, revela en plenitud el misterio de la Santísima Trinidad." (CIC nº 244)

* Textos:

1) "Se refirió con esto al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él, pues todavía no había sido dado el Espíritu, ya que Jesús aún no había sido glorificado." (Jn 7,39)

2) "Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí." (Jn 15,26)

3) "Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará." (Jn 16,14)

- "La fe apostólica relativa al Espíritu Santo fue proclamada por el segundo Concilio Ecuménico en el año 381 en Constantinopla: “Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre”. La Iglesia reconoce así al Padre como “la fuente y el origen de toda la divinidad”. Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: “El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad de Dios, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma substancia y también de la misma naturaleza ... por eso, no se dice que es sólo el Espíritu del Padre, sino a la vez el Espíritu del Padre y del Hijo”. El credo del Concilio de Constantinopla (año 381) confiesa: “Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria." (CIC nº 245)

3. El dogma de la Santísima Trinidad

- "La Trinidad es una. No confesamos tres dioses, sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad consubstancial”. Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo es lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza”. Cada una de las personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina." (CIC nº 253)

- "Las personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único, pero no solitario”. “Padre”, “Hijo”, “Espíritu Santo” no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “Él que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo”. Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: “El padre es quien engendra al Hijo, el Hijo es quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede”. La Unidad divina es Trina." (CIC nº 254)

- "Las Personas divinas son relativas unas a otras. La distinción real de las Personas entre sí, porque no divide la unidad divina, reside únicamente en las relaciones que las refieren unas a otras. “En los nombres relativos de las Personas, el Padre es referido al Hijo, el Hijo lo es al Padre, el Espíritu Santo lo es a los dos; sin embargo, cuando se habla de estas tres Personas considerando las relaciones se cree en una sola naturaleza o substancia”. En efecto, “en Dios todo es uno, excepto lo que comporta relaciones opuestas”. “A causa de esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo esta todo en el Padre, todo en el Hijo." (CIC nº 255)

EL TODOPODEROSO

- "De todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo: confesarla tiene un gran alcance para nuestra vida. Creemos que esa omnipotencia es “universal”, porque Dios ha creado todo, rige todo y lo puede todo; es “amorosa”, porque Dios es nuestro Padre; es “misteriosa”, porque sólo la fe puede descubrirla cuando “se manifiesta en la debilidad” (2 Co 12,9)." (CIC nº 268)

* Textos:

1) "En el principio creó Dios el cielo y la tierra." (Gn 1,1)

2) "Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho." (Jn 1,3)

3) "Vosotros, en cambio, orad así: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; ..." (Mt 6,9)

- "Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades; por la adopción filial que nos da ("Yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso", 2 Co 6,18); finalmente, por esa misericordia infinita, pues muestra su poder en el más alto grado perdonando libremente los pecados." (CIC nº 270)

* Textos:

"Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados." (Mt 6,32)

- "La fe en Dios Padre todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido al mal. Así, Cristo crucificado es “poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres” (1 Co 1,25). En la Resurrección y en la exaltación de Cristo es donde el Padre “desplegó el vigor de su fuerza” y manifestó “a soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes” (Ef 1, 19-22)."

EL CREADOR

- "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1,1). Con estas palabras solemnes comienza la Sagrada Escritura. El Símbolo de la fe las recoge confesando a Dios Padre Todopoderoso como “el Creador del cielo y de la tierra”, “de todo lo visible y lo invisible..." (CIC nº 279)

- "La creación es el fundamento de “todos los designios salvíficos de Dios”, “el comienzo de la historia de la salvación” que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, “al principio, Dios creó el cielo y la tierra” (Gn 1,1): desde le principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo." (CIC nº 280)

* Textos:

"Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se va a manifestar en nosotros.
En efecto, la espera ansiosa de la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación se ve sujeta a la vanidad, no por su voluntad, sino por quien la sometió, con la esperanza de que también la misma creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime y sufre con dolores de parto hasta el momento presente. Y no sólo ella, sino que nosotros, que poseemos ya los primeros frutos del Espíritu, también gemimos en nuestro interior aguardando la adopción de hijos, la redención de nuestro cuerpo." (Rm 8, 18-23)

1. La creación: obra de la Santísima Trinidad

- "En el principio existía el Verbo... y el Verbo era Dios... Todo fue hecho por él y sin él nada ha sido hecho” (Jn 1, 1-3). El Nuevo Testamento revela que Dios creó todo por el Verbo Eterno, su Hijo amado. “En él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra... todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consistencia” (Col 1, 16-17). la fe de la Iglesia afirma también la acción creadora del Espíritu Santo: él es el “dador de vida”, “el Espíritu Creador” ("Veni Creator Spiritus"), la “Fuente de todo bien”. (CIC nº 291)

- "La acción creadora del Hijo y del Espíritu, insinuada en el Antiguo Testamento, revelada en la Nueva Alianza, inseparablemente una con la del Padre, es claramente afirmada por la regla de fe de la Iglesia: “Sólo existe un Dios...: es el Padre, es Dios, es el Creador, es el Autor, es el Ordenador. Ha hecho todas las cosas por sí mismo, es decir, por su Verbo y por su Sabiduría”, “por el Hijo y el Espíritu”, que son como “sus manos”. La creación es la obra común de la Santísima Trinidad." (CIC nº 292)

* Textos:

1) "Por la palabra del señor fueron hechos los cielos, / y por aliento de su boca todos sus ejércitos." (Sal 33,6)

2) "Pero envías tu espíritu, y son creados/ y renuevas la faz de la tierra." (Sal 104,30)

3) "La tierra era el caos y vacío, la tiniebla cubría la faz del abismo y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios:
- Haya luz. Y hubo luz." (Gn 1, 2-3)

2. Dios realiza su designio: la divina providencia

- "La creación tiene su bondad y su perfección propias, pero no salió plenamente acabada de las manos del Creador. Fue creada “en estado de vía” ("in statu viae") hacia una perfección última todavía por alcanzar, a la que Dios la destinó. Llamamos divina providencia a las disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia esta perfección." (CIC nº 302)

3. El escándalo del mal

- "Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la Encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal." (CIC nº 309)

- "Así, con el tiempo, se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: “No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios ..., aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir ... un pueblo numeroso” (Gn 45,8; 50,20). del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien." (CIC nº 312)

* Textos:

"La ley se introdujo para que se multiplicara la caída; pero una vez que se multiplicó el pecado, sobreabundó la gracia." (Rm 5,20)

EL CIELO Y LA TIERRA

- "En la Sagrada Escritura, la expresión “cielo y tierra” significa: todo lo que existe, la creación entera. Indica también el vínculo que, en el interior de la creación, a la vez une y distingue cielo y tierra: “La tierra”, es el mundo de los hombres. “El cielo” o “los cielos” puede designar el firmamento, pero también el “lugar” propio de Dios: “nuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16), y por consiguiente también el “cielo”, que es la gloria escatológica. Finalmente, la palabra “cielo” indica el “lugar” de las criaturas espirituales -los ángeles- que rodean a Dios." (CIC nº 326)

* Textos:

1) "Los cielos son los cielos del Señor;/ la tierra se la dio a los hijos de Adán." (Sal 115,16)

2) "Los cielos pregonan la gloria de Dios/ y el firmamento anuncia la obra de sus manos." (Sal 19,2)

1. Los ángeles

- "San Agustín dice respecto a ellos: “Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quos est, spiritus est, ex eo quod agit, ángelus” (“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18,10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103,20)." (CIC nº 329)

- "Desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. “Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida”. Desde esta tierra, la vida cristiana participa por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos a Dios." (CIC nº 336)

* Textos:

1) "El ángel del Señor se sitúa alrededor de los que le temen para librarlos." (Sal 34,8)

2) "A ti no te alcanzará ningún mal, / ni la plaga se acercará a tu tienda, / porque ha dado órdenes a sus ángeles/ que te guarden en todos tus caminos./ Te llevarán en sus palmas/ para que no tropiece tu pie en piedra alguna./ Caminarás sobre serpientes y víboras/ pisotearás al león y al dragón." (Sal 91, 10-13)

3) "Si hay junto a él un ángel, / protector suyo entre mil, / mostrando al hombre el camino recto,/ y que, compadecido de él, diga:/ “Líbralo de bajar a la fosa,/ que he encontrado su recate" (Jb 33, 23-24)

4) "Entonces, dijo el ángel del Señor:
- ¡Oh, Señor de los ejércitos! ¿Hasta cuándo seguirás sin apiadarte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las que estás irritado, con éste hace setenta años? (Za 1,12)

5) (Entonces, Rafael, les llamó a los dos aparte y les dijo...) "... Cuando Sara y tú hacíais oración era yo el que presentaba el testimonio de vuestra plegaria ante la gloria del Señor. Lo mismo que cuando enterrabas a los muertos." (Tb 12,12)

6) "Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos." (Mt 18,10)

7) "Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado." (Lc 16,22)

2. El mundo visible

- "Nada existe que no deba su existencia a Dios creador. El mundo comenzó cuando fue sacado de la nada por la Palabra de Dios; todos los seres existentes, toda la naturaleza, toda la historia humana están enraizados en este acontecimiento primordial: es el origen gracias al cual el mundo es constituido y el tiempo ha comenzado." (CIC nº 338)

- "Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los “seis días” se dice: “Y vio Dios que era bueno”. “Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden y leyes propias”. Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente." (CIC nº 339)

- La belleza del universo: el orden y la armonía del mundo creado derivan de la diversidad de los seres y de las relaciones que entre ellos existen. El hombre las descubre progresivamente como leyes de la naturaleza y causan la admiración de los sabios. La belleza de la creación refleja la infinita belleza del Creador. Debe inspirar el respeto y la sumisión de la inteligencia del hombre y de su voluntad." (CIC nº 341)

3. El hombre

- "De todas las criaturas visibles sólo el hombre es “capaz de conocer y amar a su Creador”; es la “única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma”; sólo él está llamado a participar por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad:

“¿Qué cosa, o quién, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella; por amor lo creaste, por amor le diste un ser capaz de gustar tu Bien eterno" (Sta. Catalina de Siena, "Il dialogo della Divina provvidenza") (CIC nº 356)

- "La persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual. El relato bíblico expresa esta realidad con un lenguaje simbólico cuando afirma que “Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2,7). Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios." (CIC nº 362)

- "El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios: por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas, y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. “Ser hombre”, “ser mujer” es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene inmediatamente de Dios su creador. El hombre y la mujer son, con la misma dignidad, “imagen de Dios”. En su “ser-hombre” y su “ser-mujer” reflejan la sabiduría y la bondad del Creador." (CIC nº 369)

- "El hombre y la mujer están hechos “el uno para el otro”: no que Dios los haya hecho “a medias” e “incompletos”; los ha creado para una comunión de personas, en la que cada uno puede ser “ayuda” para el otro porque son a la vez iguales en cuanto personas (“hueso de mis huesos...”) y complementarios en cuanto masculino y femenino. En el matrimonio, Dios los une de manera que, formando “una sola carne” (Gn 2,24), puedan transmitir la vida humana: “Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra” (Gn 1,28). Al transmitir a sus descendientes la vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de una manera única en la obra del Creador." (CIC nº 372)

- "El primer hombre fue no solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación en torno a él; amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la gloria de la nueva creación en Cristo." (CIC nº 374)

LA CAÍDA

- "El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera identidad de rechazo y oposición a Dios, aunque continúe pesando sobre la vida del hombre y sobre la historia." (CIC nº 386)

- "Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios, que, por envidia, los hace caer en la muerte. La escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. “Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali” (“El diablo y otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos”). (CIC nº 391)

* Textos:

1) "La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que había hecho el Señor Dio, y dijo a la mujer:
- ¿De modo que os ha mandado Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer respondió a la serpiente:
- Podemos comer del fruto de los árboles del jardín; pero Dios nos ha mandado: “No comáis ni toquéis el fruto del árbol que está en medio del jardín, pues moriríais”.
La serpiente dijo a la mujer:
- No moriréis en modo alguno; es que Dios sabe que el que día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal." (Gn 3, 1-5)

2) "Mas por la envidia del diablo/ entró la muerte en el mundo, / y la experimentan los que son de su bando." (Sb 2,24)

3) "Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir las apetencias de vuestro padre; él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y el padre de la mentira." (Jn 8,44)

4) "Fue arrojado aquel gran dragón, la serpiente antigua, llamado Diablo y Satanás, que seduce a todo el universo. Fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él." (Ap 12,9)

- "El hombre, tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su creador y, abusando de su libertad, desobedeció al mandamiento de Dios. En esto consistió el primer pecado del hombre. En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad." (CIC nº 397)

* Textos:

1) "La mujer se fijó en que el árbol era bueno para comer, atractivo a la vista y que aquel árbol era apetecible para alcanzar la sabiduría; tomo de su fruto, comió y a su vez dio a su marido que también comió. Entonces se les abrieron los ojos y conocieron que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Y cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, el hombre y su mujer se ocultaron de la presencia del Señor Dios entre los árboles del jardín. El Señor Dios llamó al hombre y le dijo:
- ¿Dónde estás?
Éste contestó:
- Oí tu voz en el jardín y tuve miedo porque estaba desnudo; por eso me oculté.
Dios le preguntó:
- ¿Quién te ha indicado que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te prohibí comer? "(Gn 3, 6-11)

2) "Pues como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos." (Rm 5,19)

- "Aunque propio de cada uno, el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal. Es la privación de la santidad y de la justicia originales, pero la naturaleza humana no está totalmente corrompida: está herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado (esta inclinación al mal es llamada “concupiscencia”). El Bautismo, dando la vida de la gracia de Cristo, borra el pecado original y devuelve el hombre a Dios, pero las consecuencias para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre y lo llaman al combate espiritual." (CIC nº 405)

- "Tras la caída, el hombre no fue abandonado por Dios. Al contrario, Dios lo llama y le anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída. Este pasaje del Génesis ha sido llamado el “Protoevangelio”, por ser el primer anuncio del Mesías redentor, anuncio de un combate entre la serpiente y la Mujer, y de la victoria final de un descendiente de ésta." (CIC nº 410)

* Textos:

"(El Señor Dios dijo a la serpiente...) ... Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón." (Gn 3,15)

II. CREO EN JESUCRISTO HIJO ÚNICO DE DIOS

- "Nosotros creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío de una hija de Israel, en Belén en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador César Augusto I; de oficio carpintero, muerto y crucificado en Jerusalén, bajo el procurador Poncio PIlato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo eterno de Dios hecho hombre, que ha “salido de Dios” (Jn 13,3), “bajó del cielo” (Jn 3,13; 6,33), “ha venido en carne”, porque “la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad ... Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia” (Jn 1, 14.16)." (CIC nº 423)

* Textos:

"En esto conoceréis el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios." (1Jn 4,2)

1. Jesús

- "Jesús quiere decir en hebreo: “Dios salva”. En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión. Ya que “¿quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” (Mc 2,7); es Él quien, en Jesús, su Hijo eterno hecho hombre, “salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). En Jesús, Dios recapitula así toda la historia de la salvación en favor de los hombres." (CIC nº 430)

* Textos:

"(Y el ángel le dijo...) ... concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús." (Lc 1,31)

- "El Nombre de Jesús está en el corazón de la plegaria cristiana. Todas las oraciones litúrgicas se acaban con la fórmula “Per Dominum nostrum Iesum Christum...” (“Por nuestro Señor Jesucristo...”). El “Avemaría” culmina en “y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. La oración del corazón, en uso en Oriente, llamada “oración a Jesús” dice: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador”. Numerosos cristianos mueren, como santa Juana de Arco, teniendo en sus labios una única palabra: “Jesús." (CIC nº 435)

2. Cristo

- "Cristo viene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” que quiere decir “ungido”. No pasa a ser nombre propio de Jesús, sino porque Él cumple perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Este era el caso de los reyes, de los sacerdotes, y, excepcionalmente, de los profetas. Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino. El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor a la vez como rey y sacerdote, pero también como profeta. Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey." (CIC nº 436)

* Textos:

1) "(... revestirás a Aarón con la túnica…) ... Tomarás luego el aceite de la unción y lo derramarás sobre su cabeza para ungirlo." (Ex 29,7)

2) "Entonces derramó aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, ungiéndolo así para consagrarlo." (Lv 8,12)

3) "El sacerdote Sadoc tomó de la tienda el cuerno con aceite y ungió a Salomón. Hicieron sonar el cuerno y todo el pueblo gritó: “Viva el rey Salomón." (1R 1,39)

4) "(El Señor le dijo -a Elías-...) ... y a Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás como rey de Israel; y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel-mejolá, lo ungirás profeta sucesor tuyo." (1R 19,16)

5) "(El Señor, un día antes de que llegara Saúl, había hecho a Samuel esta revelación: ...) - Mañana, a esta misma hora, te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín. Le ungirás como jefe de mi pueblo de la mano de los filisteos porque he mirado a mi pueblo y su clamor ha llegado hasta mí." (1Sam 9,16)

6) "Entonces tomó Samuel el recipiente de aceite, lo derramó sobre la cabeza de Saúl y luego le besó diciendo:
- He aquí que el Señor te ha ungido como príncipe de mi pueblo Israel. Tú regirás al pueblo del Señor y le librarás de la mano de los enemigos que le rodean. Ésta es la señal de que Dios te ha ungido como príncipe sobre su heredad: ..." (1Sam 10,1)

7) "Dijo el Señor a Samuel:
- ¿Hasta cuándo vas a llorar por Saúl, si yo le he rechazado ya como rey de Israel? Llena el cuerno de aceite y ven, que voy a enviarte a Jesé de Belén, porque he elegido entre sus hijos un rey para mí...
... Jesé mandó que lo trajeran. Era rubio, de ojos hermosos y de buena presencia.
El Señor dijo a Samuel:
- Levántate y úngelo. Él es." (1Sam 16,1 y 12-13)

8) "Sobre el reposará el Espíritu del Señor, / espíritu de sabiduría y de entendimiento, / espíritu de consejo y de fortaleza, / espíritu de ciencia y de temor del Señor." (Is 11,2)

9) "El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, / porque el Señor me ha ungido. / Me ha enviado para llevar la buena nueva los pobres,/ a vendar los corazones rotos,/ anunciar la redención a los cautivos,/ y a los prisioneros la libertad;..." (Is 61,1)

10) "Me contestó:
- Ésos son los dos hijos del aceite puro que asisten al servicio del Señor de toda la tierra." (Za 4,14)

11) "Él reconstruirá el Templo, el portará la gloria, se sentará y dominará desde su trono; habrá un sacerdote también a su derecha, y existirá entre ambos un acuerdo pacífico." (Za 6,13)

12) "Se alzan los reyes de la tierra, / y los príncipes se confabulan/ contra el Señor y contra su Ungido." (Sal 2,2)

13) "Se han alzado los reyes de la tierra, / y los príncipes se han aliado contra el Señor y contra su Cristo. Pues bien, en esta ciudad, Herodes y Poncio Pilato, con las naciones y los pueblos de Israel, se aliaron contra tu santo Hijo Jesús, al que ungiste, ..." (Hch 4, 26-27)

14) "Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado y se levantó para leer. Entonces le entregaron el libro del profeta Isaías y, abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito:
“El Espíritu del Señor está sobre mí,/ por lo cual me ha ungido/ para evangelizar a los pobres,/ me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos/ y devolver la vista a los ciegos,/ para poner en libertad a los oprimidos/ y para promulgar el año de gracia del Señor.”
Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Y comenzó a decirles:
- Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír." (Lc 4, 16-21)

- "Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre. reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad trascendente del Hijo del Hombre “que ha bajado del cielo” (Jn 3,13), a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente. “el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como recate por muchos” (Mt 20,28). Por esta razón, el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz. Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado." (CIC nº 440)

- Textos:
1) "Dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias./ Puesto que dio su vida en expiación,/ verá descendencia, alargará los días,/ y, por su mano, el designio del Señor prosperará./ Por el esfuerzo de su alma/ verá la luz, se saciará de su conocimiento./ El justo, mi siervo, justificará a muchos/ y cargará con sus culpas./ Por eso, le daré muchedumbres como heredad,/ y repartirá el botín con los fuertes;/ porque ofreció su vida a la muerte,/ y fue contado entre los pecadores,/ llevó los pecados de las muchedumbres/ e intercede por los pecadores." (Is 53, 10-12)

2) "Seguí mirando en mi visión nocturna/ y he aquí que con las nubes del cielo venía como un hijo de hombre. / Avanzó hasta el anciano venerable y fue llevado ante él." (Dn 7,13)

3) "Respondió Simón Pedro:
- Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió:
- Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos.
Entonces ordenó a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Cristo.
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y padecer mucho por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar al tercer día.
Pedro, tomándolo aparte, se pudo a reprenderle diciendo:
- ¡Dios te libre, Señor! De ningún modo te ocurrirá eso." (Mt 16, 16-23)

4) "Uno de los malhechores crucificados le injuriaba diciendo:
- ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro le reprendía:
- ¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios? Nosotros estamos aquí justamente, porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero éste no ha hecho ningún mal.
Y decía:
- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Y le respondió:
- En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso." (Lc 23, 39-43)

5) "Pues ¿si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes?" (Jn 6,62)

6) "Pilato mandó escribir el título y lo hizo poner sobre la cruz. Estaba escrito: “Jesús Nazareno, el Rey de los judíos". Muchos de los judíos leyeron este título, pues el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cerca de la ciudad. Y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los príncipes de los sacerdotes de los judíos decían a Pilato:
- No escribas: “El Rey de los judíos”, sino que él dijo: “Yo soy Rey de los judíos”.
- Lo que he escrito, escrito está -contestó Pilato." (Jn 19, 19-22)

3. Hijo de Dios

- "Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el Bautismo y la Transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como “su Hijo amado”. Jesús se designa a sí mismo como “el Hijo Único de Dios” (Jn 3,16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna. Pide la fe en “el Nombre del Hijo Único de Dios” (Jn 3,18). esta confesión cristiana aparece ya en la exclamación del centurión delante de Jesús en la cruz: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39), porque es solamente en el misterio pascual donde el creyente puede alcanzar el sentido pleno del título “Hijo de Dios." (CIC nº 444)

* Textos:

1) "Y una voz desde los cielos dijo:
- Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido." (Mt 3, 17)

2) "Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:
- Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle." (Mt 17,5)

3) "¿A quién el Padre santificó y envió al mundo, decís vosotros que blasfema porque dije que soy Hijo de Dios?" (Jn 10,36)

4. Señor

- En la traducción griega de los libros del Antiguo Testamento, el nombre inefable con el cual Dios se reveló a Moisés, YHWH, es traducido por Kyrios (“Señor”). Señor se convierte desde entonces en el nombre más habitual para designar la divina misma del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza en este sentido fuerte el título “Señor” para el Padre, pero lo emplea también, y aquí está la novedad, para Jesús reconociéndolo como Dios." (CIC nº 446)

* Textos:

1) "Y le dijo Dios a Moisés:
- Yo soy el que soy.
Y añadió:
- Así dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me ha enviado a vosotros." (Ex 3,14)

2) "Sabiduría que ninguno de los gobernantes de este mundo ha conocido, porque, de haberla conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria;..." (1Co 2,8)

- "La oración cristiana está marcada por el título “Señor”, ya sea en la invitación a la oración “el Señor esté con vosotros”, o en su conclusión “por Jesucristo nuestro Señor” o incluso en la exclamación llena de confianza y de esperanza: Maran atha (“¡el Señor viene!” o Marana tha (“¡Ven Señor!”) (1 Co 16,22): “¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20) (CIC nº 451)

III. JESUCRISTO “FUE CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN”

- "La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: “Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios” (1Jn 4,2). Esa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta “el gran misterio de la piedad”: “Él ha sido manifestado en la carne” (1 Tm 3,16) (CIC nº 463)

1. Verdadero Dios y verdadero Hombre

- "El acontecimiento único y totalmente singular de la Encarnación del Hijo de Dios no significa que Jesucristo sea en parte Dios y en parte hombre, ni que sea el resultado de una mezcla confusa entre lo divino y lo humano. Él se hizo verdaderamente hombre sin dejar de ser verdaderamente Dios. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. La Iglesia debió defender y aclarar esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a unas herejías que la falseaban." (CIC nº 464)

- "La Iglesia confiesa así que Jesús es inseparablemente verdadero Dios y verdadero Hombre. Él es verdaderamente el Hijo de Dios que se ha hecho hombre, nuestro hermano, y so sin dejar de ser Dios, nuestro Señor:

"Id quod fuit remansit, et quod non fuit assumpsit” (“Sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era”), canta la liturgia romana. Y la liturgia de san Juan Crisóstomo proclama y canta: “¡Oh Hijo unigénito y Verbo de Dios! Tú que eres inmortal, te dignaste, para salvarnos, tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María. Tú, Cristo Dios, sin sufrir cambio te hiciste hombre y, en la cruz, con tu muerte venciste la muerte. Tú, Uno de la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡sálvanos!." (CIC nº 469)

2. Cómo es hombre el Hijo de Dios

- El alma y el conocimiento humano. "Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar “en sabiduría, en estatura y en gracia” (Lc 2,52) e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental. Eso correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en la “condición de esclavo." (CIC nº 472)

* Textos:

1) "Él les dijo:
- ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo
Y después de averiguarlo dijeron:
- Cinco, y dos peces." (Mc 6,38)

2) "Salió Jesús con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino comenzó a preguntar a sus discípulos:
- ¿Quien dicen los hombres que soy yo?" (Mc 8,27)

3) "... y dijo:
- ¿Dónde le habéis puesto?
Le contestaron:
- Ven a verlo" (Jn 11,34)

4) "... sino que se anonadó a sí mismo/ tomando la forma de siervo,/ hecho semejante a los hombres,/ y, mostrándose igual que los demás hombres,..." (Flp 2,7)

- "Pero, al mismo tiempo, este conocimiento verdaderamente humano del Hijo de Dios expresaba la vida divina de su persona. “El Hijo de Dios conocía todas las cosas; y esto por sí mismo, que se había revestido de la condición humana; no por su naturaleza, sino en cuanto estaba unida al Verbo... La naturaleza humana, en cuanto estaba unida al Verbo, conocía todas las cosas, incluso las divinas, y manifestaba en sí todo lo que conviene a Dios” (san Máximo Confesor, “Quaestiones et dubia”). esto sucede ante todo en lo que se refiere al conocimiento íntimo e inmediato que el Hijo de Dios hecho hombre tiene de su Padre. El Hijo, en su conocimiento humano, mostraba también la penetración divina que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombres." (CIC nº 473)

* Textos:

1) "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo." (Mt 11,27)

2) "Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban para sus adentros de este modo, les dijo:
- ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?" (Mc 2,8)

3) "Decía:
- ¡Abbá, Padre! Todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mc 14,36)

4) "A Dios nadie lo ha visto jamás;/ el Dios Unigénito,/ el que está en el seno del Padre,/ él mismo lo dio a conocer." (Jn 1,18)

5) "... y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, porque conocía el interior de cada hombre."(Jn 2,25)

6) "Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos estaban murmurando de esto, les dijo:
- ¿Esto os escandaliza? ..." (Jn 6,61)

7) "... y no le conocéis; yo sin embargo, le conozco. Y si dijera que no le conozco mentiría como vosotros, pero le conozco y guardo su palabra." (Jn 8,55)

- La voluntad humana de Cristo. "De manera paralela, la Iglesia confesó en el Sexto Concilio Ecuménico que Cristo posee dos voluntades y dos operaciones naturales, divinas y humanas, no opuestas, sino cooperantes, de forma que el Verbo hecho carne en su obediencia al Padre, ha querido humanamente lo que Él ha decidido divinamente con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. La voluntad humana de Cristo “sigue a su voluntad divina sin hacerle resistencia ni oposición, sino todo lo contrario, estando subordinada a esta voluntad omnipotente." (CIC nº 475)

- El verdadero cuerpo de Cristo. "Como el Verbo se hizo carne asumiendo una verdadera humanidad, el cuerpo de Cristo era limitado. Por eso se puede “pintar” la faz de Jesús. En el séptimo Concilio Ecuménico (II de Nicea) la iglesia reconoció que es legítima su representación en imágenes sagradas." (CIC nº 476)

* Textos:

"¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó a vosotros, que habéis tenido antes los ojos a Jesucristo en la cruz? ..." (Ga 3,1)

- El corazón del Verbo encarnado. "Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: “El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Ga 2,20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación, “es considerado como el principal indicador y símbolo... de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres." (CIC nº 478)

* Textos:

"... sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza. Y al instante brotó sangre y agua." (Jn 19,34)

3. Concebido por obra y gracia del Espíritu Santo

- "La Anunciación a maría inaugura “la plenitud de los tiempos” (Ga 4.4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos. María es invitada a concebir a aquel en quien habitará “corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col 2,9). La respuesta divina a “¿cómo será esto, puesto que no conozco varón?” (Lc 1,34) se dio mediante el poder del Espíritu: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti” (Lc 1,35)." (CIC nº 484)

4. Nació de la Virgen María

- Inmaculada. "Para ser la Madre del Salvador, María fue “dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante”. El ángel Gabriel en el momento de la Anunciación la saluda como “llena de gracia” (Lc 1,28). En efecto, para poder dar el asentimiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios." (CIC nº 490)

- Madre. "Llamada en los Evangelios “la Madre de Jesús” (Jn 2,1; 19,25), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como “la madre de mi Señor” desde antes del nacimiento de su Hijo (Lc 1,43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios (Theotokos)." (CIC nº 495)

* Textos:

"¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ..." (Mt 13,55)

- Virgen. "Los relatos evangélicos presentan la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas. “Lo concebido en ella viene del Espíritu Santo”, dice el ángel a José a propósito de María, su desposada (Mt 1,20). La Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: “He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Is 7,14), según la versión griega de Mt 1,23." (CIC nº 497)

* Textos:

1) "La generación de Jesucrito fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y antes de que conviviesen se encontró con que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería exponerla a infamia, pensó repudiarla en secreto. Consideraba él estas cosas, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:

- José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el Señor por medio del Profeta:
Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien podrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”
Al despertarse, José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y recibió a su esposa. Y, sin que la hubiera conocido, dio ella a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús." (Mt 1, 18-25)

2) "En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galiea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. la virgen se llamaba María.
Y entró donde ella estaba y le dijo:
- Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
Ella se turbó al oír estas palabras y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo:
- No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.
María le dijo al ángel:
- ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
Respondió el ángel y le dijo:
- El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María:
- He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel se retiró de su presencia." (Lc 1, 26-38)

- La “siempre Virgen”. “Jesús es el Hijo único de María. pero la maternidad de María se extiende a todos los hombres, a los cuales Él vino a salvar: “Dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el Primogénito entre muchos hermanos (Rm 8,29), es decir, de los creyentes, a cuyo nacimiento y educación colabora con amor de madre” (C. Vaticano II, C.D. Lumen gentium)

* Textos:

1) "Jesús viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre:
- Mujer, aquí tienes a tu hijo.
Después le dice al discípulo:
- Aquí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa." (Jn 19, 26-27)

2) "El dragón se enfureció contra la mujer y se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a aquellos que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús." (Ap 12,17)

IV. JESUCRISTO “PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO”


- "Respecto a la vida de Cristo, el Símbolo de la Fe no habla más que de los misterios de la Encarnación (concepción y nacimiento) y de la Pascua (pasión, crucifixión, muerte, sepultura, descenso a los infiernos, resurrección, ascensión). No dice nada explícitamente de los misterios de la vida oculta y pública de Jesús, pero los artículos de la fe referentes a la Encarnación y a la Pascua de Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo. “Todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día en que ... fue llevado al cielo” (Hch 1, 1-2) hay que verlo a la luz de los misterios de Navidad y Pascua (CIC nº 512)

- "El Misterio Pascual de la cruz y de la resurrección de Cristo está en el centro de la Buena Nueva que los Apóstoles, y la Iglesia a continuación de ellos, deben anunciar al mundo. El designio salvador de Dios se ha cumplido de “una vez por todas” (Hb 9,26) por la muerte redentora de su Hijo Jesucristo." (CIC nº 571)

1. Jesús entregado según el preciso designio de Dios

- "La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hch 2,23). este lenguaje bíblico no significa que los que han “entregado a Jesús fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios." (CIC nº 599)

2. Muerto por nuestros pecados según las Escrituras

- "Este designio divino de salvación a través de la muerte del “Siervo, el Justo” había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado. San Pablo profesa en una confesión de fe que asegura haber “recibido” que “Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras” (1Co 15,3). la muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente. Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente. Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús, luego a los propios apóstoles." (CIC nº 601)

* Textos:

1) "Fue maltratado, y él se dejó humillar,/ y no abrió su boca;/ como cordero llevado al matadero, y, como oveja muda ante sus esquiladores,/ no abrió su boca./ Por arresto y juicio fue arrebatado./ de su linaje ¿quién se ocupará?/ Pues fue arrancado de la tierra de los vivientes,/ fue herido de muerte por el pecado de mi pueblo." (Is 53, 7-8)

2) "Por el esfuerzo de su alma/ verá la luz, se saciará de su conocimiento./ El justo, mi siervo, justificará a muchos/ y cargará con su culpas." (Is 53,11)

3) "De la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos." (Mt 20,28)

4) "Entonces Jesús les dijo:
- ¡Necios y torpes de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas!. ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?. Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él." (Lc 24, 25-27)

5) "Y les dijo:
- Esto es lo que os decía cuando aún estaba con vosotros: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.
Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieses las Escrituras." (Lc 24, 44-45)

6) "Jesús les respondió:
- En verdad, en verdad, os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado. El esclavo no se queda en casa para siempre; mientras que el hijo se queda para siempre; por eso, si el Hijo os da la libertad, seréis verdaderamente libres." (Jn 8, 34-36)

7) "Pero Dios cumplió así lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería." (Hch 3,18)

8) "¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Asesinaron a los que anunciaban la venida del Justo, del que ahora vosotros habéis sido traidores y asesinos." (Hch 7,52)

9) "El pasaje de la Escritura que iba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero,/ y como mudo cordero ante el esquilador, así no abrió la boca./ En su humillación se le negó la justicia./ ¿Quién hablará de su posteridad?,/ ya que su vida es arrebatada de la tierra.
El eunuco le dijo a Felipe:
- Te ruego que me digas de quien dice esto el profeta: ¿de sí mismo o de algún otro?
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús." (Hch 8, 32-35)

10) "Cuando cumplieron todo lo que sobre él estaba escrito, le bajaron del madero y lo pusieron en el sepulcro." (Hch 13,29)

11) "Con la ayuda de Dios he permanecido hasta este día predicando a pequeños y grandes, sin enseñar otras cosas que las que los Profetas y Moisés dijeron que iban a suceder. Que el Cristo debía padecer y, después de ser el primero en resucitar de entre los muertos, iba a anunciar la luz al pueblo y a los gentiles." (Hch 26, 22-23)

3. Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal

- "Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4.10). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros (Rm 5,8)." (CIC nº 604)

4. Muerto y sepultado

"Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos” (Hb 2,9). En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente “muriese por nuestros pecados” (1Co 15.3), sino también que “gustase la muerte”, es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al universo entero." (CIC nº 624)

* Textos:

1) "Jesús, cuando probó el vinagre, dijo:
- Todo está consumado.
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu." (Jn 19,30)

2) "Como era la Parasceve de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús." (Jn 19,42)

3) "Porque en un lugar se dice sobre el día séptimo: "Y descansó Dios el día séptimo de todas sus obras". Y en este lugar repite: "¡No entrarán en mi descanso!
Dado, por tanto, que algunos habrán de entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia, vuelve a fijar un día, hoy, cuando afirma por David al cabo de tanto tiempo, como ya se ha dicho: "Si hoy escucháis mi voz,/ no endurezcáis vuestros corazones."
Porque si Josué les hubiera proporcionado el descanso, Él no habría hablado después sobre otro día. Queda por tanto reservado un tiempo de descanso para el pueblo de Dios." (Hb 4, 4-9)

4) "Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia;/ él es el primogénito de entre los muertos,/ para que él sea el primero en todo,/ pues Dios tuvo a bien que en él habitase toda la plenitud,/ y por él reconciliar todos los seres consigo,/ restableciendo la paz,/ por medio de su sangre derramada en la cruz,/ tanto en las criaturas de la tierra/ como en las celestiales." (Col 1, 18-20)

- "El Bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo para una nueva vida: “Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Rm 6,4) (CIC nº 628)

* Textos:

1) "Sepultados con él por medio del Bautismo, también fuisteis resucitados con él mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos." (Col 2, 12)

2) "Maridos: amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí por ella para santificarla, purificándola mediante el baño del agua por la palabra..." (Ef 5, 25-26)

V. JESUCRISTO “DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS, AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS”

- "La Escritura llama infiernos, sheol o hades, a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios. Tal era, en efecto, a la espera del redentor, el estado de todos los muertos malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el “seno de Abrahám”. “Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abrahám, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los enfermos”. Jesús no bajó al infierno para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido." (CIC nº 633)

* Textos:

1) "Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado. Estando en los infiernos, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno; y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy atormentado en estas llamas”. Contestó de Abrahán: Hijo acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora aquí él es consolado y tú atormentado. Además de todo esto, entre vosotros y nosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí hasta vosotros, no pueden, ni tampoco pueden pasar de ahí hasta nosotros." (Lc 16, 22-26)

2) "Al verle, caí a sus pies como muerto. Él, entonces, puso la mano derecha sobre mí, diciendo:
- ¡No temas! Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del hades..." (Ap 1, 17-18)

3) "Pero Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte, porque no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio." (Hech 2,24)

4) "¿Qué significa “subió” sino que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra?." (Ef 4,9)

5) "...para que al nombre Jesús/ toda rodilla se doble/ en los cielos, en la tierra/ y en los abismos,..." (Flp 2,10)

6) "El Señor te entregará a ti y a los israelitas en manos de los filisteos. Mañana tú y tus hijos estaréis conmigo y, además, el Señor entregará al ejército de Israel en manos de los filisteos." (1 Sam 28,19)

7) "El día decimoquinto del primer mes del duodécimo año me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
- Hijo de hombre, inicia un lamento fúnebre por la gente de Egipto, y hazla descender, a ella y a las hijas de las naciones excelsas, a las profundidades de la tierra, junto con los que descienden a la fosa.
¿A quién superas en belleza?
Desciende y yace con los incircuncisos.
“Caerán en medio de las víctimas de la espada. Será entregado a la espada. Será arrastrado Egipto y toda su gente. Los guerreros más poderosos le hablarán desde el centro del seol a él y a sus ayudantes: “Aquí han descendido y yacen los incircuncisos, las víctimas de la espada.”
“Allí está Asur y todas sus huestes, rodeando sus sepulturas: todos ellos han caído víctimas de la espada. Sus sepulturas fueron puestas en lo más profundo de la fosa y sus gentes están rodeadas por sus sepulturas, todos han caído víctimas de la espada; ellos que llevaban el terror por la tierra de los vivos.”
“Allí están Elam y todas sus huestes rodeando su sepultura; todos ellos han caído víctimas de la espada, incircuncisos que descendieron a las profundidades de la tierra; ellos que llevaban el terror por la tierra de los vivos, cargan con su deshonra junto a los que descienden a la fosa. En medio de las víctimas le dispusieron un lecho a él y a toda su gente. Le rodean sus sepulturas, todos ellos incircuncisos víctimas de la espada. Igual que llevaron el terror por la tierra de los vivos, cargan con su deshonra junto a los que descienden a la fosa. Han sido puestos en medio de las víctimas”.
“Allí Mésec y Tubal con todas sus huestes, rodeando su sepultura; todos ellos son incircuncisos, víctimas de la espada, porque llevaron el terror de los fuertes por la tierra de los vivos. No yacerán junto a los fuertes incircuncisos, que descendieron al seol con sus instrumentos de batalla: con las espadas bajo sus cabezas y los escudos sobre sus huesos, porque fueron el terror en la tierra de los vivos. Y tú, en medio de incircuncisos serás destrozado y yacerás con las víctimas de la espada.”
“Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que, con todo su poderío, fueron puestos junto a las víctimas de la espada. Ellos yacerán con los incircuncisos y los que descienden a la fosa.”
“Allí están todos los soberanos del norte y todos los de Sidón, que descendieron con las víctimas, a pesar del terror causado por su fuerza. Yacen incircuncisos con las víctimas de la espada y cargan con su deshonra con los que descienden a la fosa.”
“Los verá el faraón y se consolará de la suerte de su gente. Serán víctimas de la espada el faraón y todo su ejército, oráculo del Señor. Porque permití que llevara el terror a la tierra de los vivos, el faraón y toda su gente yacerán en medio de incircuncisos, junto a las víctimas de la espada, oráculo del Señor." (Ez 32, 17,32)

8) "Que en el país de la muerte nadie te recuerda,/ en el seol, ¿quién te alaba?" (Sal 6,6)

9) "¿Acaso harás Tú maravillas por los muertos?/ ¿Se alzarán las sombras para alabarte?/ ¿Se proclama tu misericordia en el sepulcro/ o en el abismo tu fidelidad?/ ¿Se conocen tus maravillas en las tinieblas,/ y tu justicia en el país del olvido?" (Sal 88, 11-13)

10) "¿Qué hombre hay que no vea la muerte,/ que libre su alma de las garras del seol?." (Sal 89,49)

1. Descendió a los infiernos

- "Hasta los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva...” (1P 4,6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención." (CIC nº 634)

2. Al tercer día resucitó de entre los muertos

- "El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: “Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce” (1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco." (CIC nº 639)

* Textos:

- "Pero mientras se dirigía allí, al acercarse a Damasco, de repente le envolvió de resplandor una luz del cielo. Cayó al suelo y oyó una voz que le decía:
- Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
Respondió:
- ¿Quién eres tú, Señor?
Y él:
- Yo soy Jesús, a quien tú persigues. levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer.
Los hombres que le acompañaban se detuvieron estupefactos, puesto que oían la voz pero no veían a nadie. Se levantó Saulo del suelo y, aunque tenía abiertos los ojos, no veía nada. Le condujeron de la mano a Damasco, donde estuvo tres días sin vista y sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, de nombre Ananías, a quien el Señor habló en una visión:
- Ananías
Él respondió:
- Aquí estoy, Señor.
El Señor le dijo:
- Levántate y vete a la calle que se llama Recta, y busca en casa de Judas a uno de Tarso, de nombre Saulo, que está orando. -y vio Saulo en una visión que un hombre llamado Ananías entraba y le imponía las manos, para que recobrase la vista.
- Señor, -respondió Ananías-, he oído a muchos cuánto mal ha causado este hombre a tus santos en Jerusalén, y que tiene aquí poderes de los príncipes de los sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
El Señor le dijo:
- Vete, porque éste es mi instrumento elegido para llevar mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que deberá sufrir a causa de mi nombre.
Marchó Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
- Saulo, hermano, me ha enviado el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y te llenes del Espíritu Santo.
Al instante cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista; se levantó y fue bautizado..."(Hech 9, 3-18)

-"”¡Qué noche tan dichosa -canta el himno Exultet de Pascua-, sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!”. En efecto, nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los Apóstoles con Cristo resucitado, no por ello la Resurrección pertenece menos al centro del Misterio de la fe en aquello que trasciende y sobrepasa a la historia. Por eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo, sino a sus discípulos, “a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo” (Hch 13,31)." (CIC nº 647)

* Textos:

- "Judas, no el Iscariote, le dijo:
- Señor ¿y qué ha pasado para que tú te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?" (Jn 14,22)

- "”Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe” (1 Co 15,14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido." (CIC nº 651)

- "La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. Él había dicho: “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy” (Jn 8,28). La Resurreción del crucificado demostró que verdaderamente, él era “Yo soy”, el Hijo de Dios y Dios mismo. San Pablo pudo decir a los judíos: “La Promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido en nosotros... al resucitar a Jesús, como está escrito en el salmo primero: “Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy" (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Cristo está estrechamente unida al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: es su plenitud según el designio eterno de Dios." (CIC nº 653)

- "Hay un doble aspecto en el misterio pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Ésta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios “a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos..., así también nosotros vivamos una nueva vida” (Rm 6,4). Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia. Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección: “Id, avisad a mis hermanos” (Mt 28,10). hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección." (CIC nº 654)

* Textos:

1) "Jesús le dijo:
- Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete donde están mis hermanos y diles: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios." (Jn 20,17)

2) "... nosotros que creemos en Aquel que resucitó a Jesús nuestro Señor de entre los muertos, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación." (Rm 4, 24-25)

3) "Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por nuestros pecados, nos dio vida en Cristo -por gracia habéis sido salvados-,..." (Ef 2, 4-5)

4) "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha engendrado de nuevo -mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos- a una esperanza viva..." (1P 1,3)

- "Por último, la Resurrección de Cristo -y el propio Cristo resucitado- es principio y fuente de nuestra resurrección futura: “Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron... del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo” (1 Co 15, 20-22). En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles. En Él los cristianos “saborean... los prodigios del mundo futuro” (Hb 6,5) y su vida es arrastrada por Cristo al seno de la vida divina para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co 5,15)." (CIC nº 655)

* Textos:

- "Así pues, si habéis resucitado con cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; sentid las cosas de arriba, no las de la tierra. Pues habéis muerto, y vuestra ida está escondida con Cristo en Dios." (Col 3, 1-3)

VI. JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO

- "Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios” (Mc 16,19). El cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo pruebas las propiedades nuevas y sobrenaturales de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre. Pero durante cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos y les instruye sobre el Reino, su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria. La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios. Sólo de manera completamente excepcional y única se muestra a Pablo “como un abortivo” (1 Co 15,8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol." (CIC nº 659)

* Textos:

1) "Nunca faltó al frente del pueblo, ni la columna de la nube por el día, ni la columna de fuego por la noche." (Ex 13,22)

2) "Oráculo del Señor a mi señor:/ “Siéntate a mi derecha/ hasta que ponga a tus enemigos/ como estrado de tus pies." (Sal 110,1)

3) "Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea;..." (Mc 16,12)

4) "El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios." (Mc 16,19)

5) "Mientras así hablaba, se formó una nube y los cubrió con su sombra. Al entrar ellos en la nube, se atemorizaron. Y se oyó una voz desde la nube que decía:
- Éste es mi Hijo, el elegido, escuchadle." (Lc 9, 34-35)

6) "Y mientras comentaban y discutían el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos..." (Lc 24,15)

7) "Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia." (Lc 24,31)

8) "Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo." (Lc 24,51)

9) "Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dijo Jesús:
- Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quien buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
- Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré." (Jn 20, 14-15)

10) "Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se había reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:
- La paz esté con vosotros." (Jn 20,19)

11) "A los ochos días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:
- La paz esté con vosotros." (Jn 20,26)

12) "Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús." (Jn 21,4)

13) "También después de su Pasión, él se presentó vivo ante ellos con muchas pruebas: se les apareció durante cuarenta días y les habló de lo referente al Reino de Dios." (Hch 1,3)

14) "Exaltado, pues, a la diestra de Dios, y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, se ha derramado esto que vosotros veis y oís." (Hch 2,33)

15) "Pero Dios le resucitó al tercer día y le concedió manifestarse, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos;..." (Hch 10, 40-41)

16) "¿No soy yo libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús, Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?" (1Co 9,1)

17) "Pero cuando Dios, que me eligió desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciara entre los gentiles, enseguida, sin pedir consejo a la carne ni a la sangre..." (Ga 1, 15-16)

- "Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del hijo del hombre: “A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás” (Dn 7,14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del ." (CIC nº 664)

VII. DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS

- "Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente, aun cuando a nosotros no nos “toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad” (Hch 1,7). Este acontecimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento, aunque tal hecho y la prueba final que le ha de preceder estén “retenidos” en las manos de Dios." (CIC nº 673)

* Textos:

1) "Por tanto, estad también vosotros preparados porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre." (Mt 24,44)

2) "Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre." (Mc 13,32)

3) "...porque vosotros mismos sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche." (1Ts 5,2)

4) "El que da testimonio de estas cosas dice: “Sí, voy enseguida”.
Amén. ¡Ven, Señor Jesús!" (Ap 22,20)

- "Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el “misterio de la iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne." (CIC nº 675)

* Textos:

1) "Y, al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos." (Mt 24,12)

2) "Os aseguro que les hará justicia sin tardanza." (Lc 18,8)

3) "Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre." (Lc 21,12)

4) "Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de las palabras que os he dicho: no es el siervo más que su señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra." (Jn 15, 19-20)

5) "... porque vosotros mismos sabéis muy bien que el día del Señor vendrá como un ladrón en la noche. Así pues, cuando clamen: “paz y seguridad”, entonces, de repente, se precipitará sobre ellos la ruina -como los dolores de parto de la que está encinta-, sin que puedan escapar." (1Ts 5, 2-3)

6) "Que de ningún modo os engañe nadie, porque primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado, hasta el punto de sentarse él mismo en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios.
¿No recordáis que cuando todavía estaba entre vosotros os hablaba de estas cosas? Pero ahora ya sabéis qué es lo que impide su manifestación, que sucederá en su momento. Porque ya está actuando el misterio de la iniquidad, sólo falta que sea apartado el que hasta ahora lo retiene.
Entonces aparecerá el inicuo, a quien el Señor exterminará con el soplo de su boca y destruirá con su venida majestuosa. Aquél, por la acción de Satanás, vendrá con todo su poder y con falsas señales y prodigios, y con todo género de engaños malvados, dirigidos a los que se pierden, puesto que no aceptaron el amor de la verdad para salvarse. Por eso Dios les envía un poder seductor, para que ellos crean en la mentira, de modo que sean condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que pusieron su complacencia en la injusticia." (2Ts 2, 4-12)

7) "Hijitos, es la última hora. Habéis oído que tiene que venir el Anticristo: pues bien, ya han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros. En cuanto a vosotros, tenéis la unción del Santo; y todos estáis instruidos. No os escribo porque ignoréis la verdad, sino porque la conocéis y sabéis que ninguna mentira proviene de la verdad. ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo." (1Jn 2, 18-22)

8) "Porque han aparecido en el mundo muchos seductores, que no confiesan a Jesucristo venido en carne. Ése es el seductor y el Anticristo." (2Jn 7)

- "Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho a juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. “Adquirió” este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado “todo juicio al Hijo” (Jn 5,22). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida que hay en él. Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo; es retribuido según sus obras y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor." (CIC nº 679)

* Textos:

1) "A cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero." (Mt 12,32)

2) "Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria,..." (Mt 25,31)

3) "Pues Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado, pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios." (Jn 3,17-18)

4) "... pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. Y le dio la potestad de juzgar, ya que es el Hijo del Hombre." (Jn 5,26-27)

5) "Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día." (Jn 12,48)

6) "... y nos mandó predicar al pueblo y atestiguar que a él es a quien Dios ha constituido juez de vivos y muertos." (Hch 10,42)

7) "... puesto que ha fijado el día en que va a juzgar la tierra con justicia, por mediación del hombre que ha designado, presentando a todos un argumento digno de fe al resucitarlo de entre los muertos." (Hch 17,31)

8) "Si alguien edifica sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno o paja, la obra de cada uno quedará al descubierto. Pues el Día la pondrá de manifiesto, porque se revelará con fuego, y el fuego probará el valor de la obra de cada uno. Si la obra que uno edificó permanece, recibirá el premio; si su obra arde, sufrirá daño; sin embargo, él salvará, pero como a través del fuego." (1Co 3, 12-15)

9) "En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que va a juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino, te advierto seriamente:..."(2Tm 4,1)

10) "Porque es imposible que quienes una vez fueron iluminados, y gustaron también el don celestial, y llegaron a recibir el Espíritu Santo, y saborearon la palabra divina y la manifestación de la fuerza del mundo venidero, y no obstante cayeron, vuelvan de nuevo a la conversión, ya que, para su propio daño, crucifican de nuevo al Hijo de Dios y lo escarnecen." (Hb 6, 4-6)

11) "Porque si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no nos queda ningún sacrificio por los pecados, sino la tremenda espera del juicio y el ardor del fuego que va a devorar a los rebeldes. Si alguien transgredía la Ley de Moisés, con el testimonio de dos o tres se le condenaba a muerte sin compasión. ¿Qué castigo más grave pensáis que merecerá el que haya pisoteado al Hijo de Dios y haya considerado impura la sangre de la alianza en la que fue santificado y haya ultrajado al Espíritu de la gracia?.
Pues conocemos bien al que dijo: “Mía es la venganza;/ yo daré lo merecido”. Y otra vez: “Juzgará el Señor a su pueblo”. ¡Es terrible caer en manos del Dios vivo!" (Hb 10, 26-31)

VIII. CREO EN EL ESPÍRITU SANTO

- "Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2,11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su palabra viva, pero no se revela a sí mismo. Él que “habló por los profetas” nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos “desvela” a Cristo “no habla de sí mismo”. un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué “el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce”, mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14,17)." (CIC nº 687)

* Textos:

"Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir." (Jn 16,13)

- "Contra toda esperanza humana, Dios promete a Abraham una descendencia, como fruto de la fe y del poder del Espíritu Santo. En ella serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Esta descendencia será Cristo en quien la efusión del Espíritu Santo formará “la unidad de los hijos de Dios dispersos”. Comprometiéndose con juramento, Dios se obliga ya al don de su Hijo Amado y al don del “espíritu Santo de la promesa, que es prenda de redención del Pueblo de su posesión." (CIC nº 706)

* Textos:

1) (El señor dijo a Abrán) "Bendeciré a quienes te bendigan,/ y maldeciré a quienes te maldigan;/ en ti serán bendecidos/ todos los pueblos de la tierra." (Gn 12,3)

2) "El Señor se manifestó a Abrahán junto a la encina de Mambré, cuando estaba sentado a la puerta de la tienda en lo más caluroso del día. Abrahán alzó la vista y vio que tres hombres están de pie junto a él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se postró en tierra, diciendo:
- Mi Señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases sin detenerte junto a tu siervo. Haré que traigan un poco de agua para que os lavéis los pies, y descansaréis bajo el árbol; entretanto traeré un trozo de pan para que reparéis vuestras fuerzas, y luego seguiréis adelante, pues por algo habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
- Sí, haz como has dicho.
Abrahán corrió a la tienda donde estaba Sara y le dijo:
- Date prisa, amasa tres seim de flor de harina y haz unas tortas.
Él fue corriendo a la vacada, tomó un hermoso ternero recental y lo entregó a su siervo que se dio prisa en prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero que había preparado, y lo sirvió ante ellos; y permaneció en píe a su lado, bajo el árbol, mientras ellos comían.
Después le preguntaron:
- ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Él contestó:
- Ahí en a tienda.
Y uno le dijo:
- Sin falta volveré a ti la próxima primavera, y Sara tu mujer habrá tenido un hijo.
Sara lo oyó desde la entrada de la tienda, pues estaba detrás del que hablaba. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad avanzada, y a Sara le había cesado la regla de las mujeres. Sara se sonrió por dentro, diciendo: “¿Después de estar consumida, y con mi marido anciano, voy a sentir placer?”
El Señor dijo a Abrahán
- ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “¿De veras voy a dar a luz siendo anciana?”. ¿Es que hay algo difícil para el Señor? En el tiempo señalado, la próxima primavera, volveré a ti y Sara habrá tenido un hijo.
Sara lo negó diciendo:
- No me he reído -pues tenía miedo.
Pero Él le contestó:
- No es cierto, te has reído." (Gn 18, 1-15)

3) (El ángel dijo a Abrahán) "... te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena de las playas; y tu descendencia se adueñará de las ciudades de sus enemigos. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra porque has obedecido mi voz." (Gn 22, 17-18)

4) "En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.
Y entró el ángel donde ella estaba y le dijo:
- Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo:
- No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.
María le dijo al ángel:
- ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
Respondió el ángel y le dijo:
- El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad, ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María:
- He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel se retiró de su presencia." (Lc 1, 26-38)

5) "Protegió a Israel su siervo,/ recordando su misericordia,/ como había prometido a nuestros padres,/ Abrahán y su descendencia para siempre." (Lc 1, 54-55)

6) "(Zacarías) ... ejerciendo su misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santa alianza y del juramento que hizo a Abrahán, nuestro padre, ..." (Lc, 1,73)

7) "Pero a cuantos le recibieron/ les dio la potestad de ser hijos de Dios,/ a los que creen en su nombre,/ que no han nacido de la sangre,/ ni de la voluntad de la carne,/ ni del querer del hombre,/ sino de Dios." (Jn 1, 12-13)

8) "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna." (Jn 3,16)

9) "(Caifás)... -pero esto no lo dijo por sí mismo, sino que siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos." (Jn 11, 51-52)

10) "Y por tanto, la promesa viene de la fe, para que en virtud de la gracia, sea firme la promesa para toda la descendencia: no sólo para los que proceden de la Ley, sino también para los que proceden de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros -conforme está escrito: “Te he constituido padre de muchos pueblos”-, delante de Aquel a quien creyó, Dios, que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no existen como si ya existieran. Él, esperando contra toda esperanza, creyó que llegaría a ser “padre de muchos pueblos” conforme está dicho: “Así será tu descendencia”. Y no desfalleció en la fe al considerar que su propio cuerpo estaba ya sin vigor, al ser casi centenario, y que también el vientre de Sara era estéril. Ante la promesa de Dios no titubeó con incredulidad, sino que fue fortalecido por la fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Él es poderoso para cumplir lo que había prometido." (Rm 4, 16-21)

11) "El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas?" (Rm 8,32)

12) "Por él también vosotros, una vez oída la palabra de la verdad -el Evangelio de nuestra salvación-, al haber creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido, que es prenda de nuestra herencia, para redención de los que ha hecho suyos, para alabanza de su gloria." (Ef 1, 13-14)

13) "Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose maldición por nosotros, pues está escrito: “Maldito todo el que esté colgado de un madero”, para que la bendición de Abrahán llegase a los gentiles en Cristo Jesús, a fin de que por medio de la fe recibiésemos la promesa del Espíritu." (Ga 3, 13-14)

14) "Pues bien, las promesas fueron hechas a Abrahán y a su descendencia. No dice: “Y a los descendientes”, como si hablara de muchos, sino de uno solo: “Y a tu descendencia”, que es Cristo." (Ga 3,16)

1. El Espíritu Santo y María

- "María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la Plenitud de los tiempos. Por primera vez en el designio de Salvación y porque su Espíritu la ha preparado, el Padre encuentra la Morada en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres. Por ello los más bellos textos sobre la sabiduría, la Tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María. María es cantada y representada en la Liturgia como el “Trono de la Sabiduría”.
En ella comienza a manifestarse “las maravillas de Dios”, que el Espíritu va a realizar en Cristo y en la Iglesia." (CIC nº 721)

* Textos:

1) "¿No estará gritando la sabiduría,/ y la prudencia alzando su voz?.
En la cima de las alturas, junto al camino,/ firme en medio de los senderos,/ junto a las puertas, a la entrada de la ciudad,/ en los umbrales de los portones grita con júbilo:
“A vosotros, los hombres, grito, mi voz se dirige a los hijos de Adán.
Los ingenuos, adquirid astucia,/ los insensatos, adquirid cordura.
Escuchad, que os anuncio cosas importantes,/ y abro mis labios con palabras rectas.
Mi boca pronuncia la verdad,/ y mis labios abominan la maldad.
Todos los dichos de mi boca son justos,/ nada tienen de retorcido ni falso." (Pr 8, 1-9)

2) "La sabiduría se elogia por sí misma/ y se gloría en medio de su pueblo.
Abre su boca en la asamblea del Altísimo/ y, en presencia de su majestad, se gloría.
En medio de su pueblo será ensalzada,/ en la totalidad de los santos será admirada,/ en la multitud de los elegidos recibirá alabanza,/ y entre los bienaventurados será bendita y dirá:
“Yo salí de la boca del Altísimo,/ primogénita antes que toda criatura.
Yo hice brotar en los cielos una luz indefectible,/ y como niebla cubrí la tierra entera.
Puse mi morada en las alturas,/ y mi trono sobre la columna de nubes.
Yo sola recorrí la bóveda celeste,/
y paseé por la profundidad del abismo.
Sobre las olas del mar y sobre la entera tierra,/ y sobre todo pueblo y nación dominé,/ y pisé con mi fuerza los corazones de todos, famosos y humildes.
En todos ellos busqué un lugar de descanso/
¿en la heredad de quién habitaré?
Entonces, el creador del universo me dio una orden,/ el que me creó me hizo plantar mi tienda,/ y me dijo: “¡Pon tu morada en Jacob,/ y toma como herencia a Israel!”.
Antes de los siglos,/ en el principio, Él me creó,/ y por los siglos no dejaré de existir.
En el Tabernáculo santo, en su presencia, le di culto,/ y así me establecí en Sión.
En la ciudad amada me dio descanso,/ y en Jerusalén está mi potestad.
Arraigué en un pueblo glorioso,/ en la porción del Señor, en su heredad,/ en la reunión de los santos hago mi parada.
Crecí como cedro del Líbano,/ como ciprés de los montes de Hermón.
Crecí como palmera en En-Guedí,/ como jardín de rosas en Jericó,/ como noble olivo en la planicie,/ como plátano crecido junto al agua en las plazas.
Como canela y bálsamo aromático exhalé perfume,/ como mirra selecta esparcí suave olor,/ como estoraque, gálbano, ónice y estacte,/ como humo de incienso en el tabernáculo.
Yo, como terebinto, extendí mis ramas,/ y mis ramas son célebres y graciosas.
Yo, como vid, retoñé con gracia,/ y mis flores son frutos hermosos y ríos.
Yo soy la madre del amor hermoso y del temor,/ del conocimiento y de la santa esperanza.
En mí está toda la gracia del camino y de la verdad; en mí, toda esperanza de vida y de fuerza.
Venid a mí cuantos me anheláis y saciaos de mis frutos.
Que mi recuerdo es más dulce que la miel,/ y al poseerme, más dulce que el panal.
Mi memoria durará por las generaciones de los siglos.
Los que comen de mí aún tendrán más hambre,/ los que de mí beben, aún sentirán más sed.
Quien me obedece no se avergonzará,/ y los que obran conmigo no pecarán.
Los que me esclarecen tendrán la vida eterna.”
Todo esto es el libro de la alianza del Dios Altísimo,/ la Ley que nos ordenó Moisés, la herencia para la comunidad de Jacob.
Prometió a David, su siervo,/ que él suscitaría el rey fortísimo.
La Ley, como el Pisón, inunda de sabiduría, y como el Tigris en la estación de los frutos nuevos.
Como el Eúfrates, ella derrama inteligencia,/ y como el jordán en los días de cosecha.
Como el Nilo, desborda inteligencia,/ y como el Guijón durante la vendimia.
El primero no ha acabado de conocerla,/ ni el último la ha podido todavía descubrir.
Pues su pensamiento es más ancho que el mar,/ y su consejo más grande que el gran abismo.
Yo soy como canal que sale de río,/ como cauce caudaloso de río,/ como acequia que atraviesa un paraíso.
Yo me dije: “Regaré los plantíos de mi huerto/ e inundaré los frutales de mi bancal”.
Pero el canal se me convirtió en un río,/ y mi río en un mar.
Haré brillar la doctrina como la aurora,/ y haré que resplandezca hasta lo lejos.
Penetraré en las partes inferiores de la tierra,/ observaré a todos los que duermen,/ e iluminaré a cuantos esperan en el Señor.
Derramaré mi enseñanza como una profecía,/ la dejaré para las generaciones futuras,/ y no cesaré de anunciarla a sus descendientes/ hasta la edad santa.
Ved que no he trabajado sólo para mí, sino para todos los que la buscan." (Si 24)

- "Al término de esta misión del Espíritu, maría se convierte en la “Mujer” nueva Eva “Madre de los vivientes”, Madre del “Cristo total”. Así es como ella está presente con los Doce, que “perseveraban en la oración, como un mismo espíritu” (Hch 1,14), en el amanecer de los “últimos tiempos” que el Espíritu va a inaugurar en la mañana de Pentecostés, con la manifestación de la Iglesia." (CIC nº 726)

* Textos:

"Estaba junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre:
- Mujer, aquí tienes a tu hijo.
Después le dice al discípulo:
- Aquí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa." (Jn 19, 25-27)

2. El Espíritu Santo y Cristo Jesús

- "Solamente cuando ha llegado la hora en que va a ser glorificado, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su Muerte y su Resurrección serán el cumplimiento de la Promesa hecha a los Padres. El Espíritu de verdad, el otro Paráclito, será dado por el Padre en virtud de la oración de Jesús; será enviado por el Padre en nombre de Jesús; Jesús lo enviará de junto al Padre porque él ha salido del Padre. El Espíritu Santo vendrá, nosotros lo conoceremos, estará con nosotros para siempre, permanecerá con nosotros; nos lo enseñará todo y nos recordará todo lo que Cristo nos ha dicho y dará testimonio de Él; nos conducirá a la verdad completa y glorificará a Cristo. En cuanto al mundo, lo acusará en materia de pecado, de justicia y de juicio." (CIC nº 729)

* Textos:

1) "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre." (Jn 14, 15-17)

2) "... pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho." (Jn 14,26)

3) "Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí." (Jn 15,26)

4) "... pero yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré. Y cuando venga El, acusará al mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me veréis; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado.
Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. Él me glorificará porque recibirá de los mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dijo: “Recibe de lo mío y os lo anunciará”." (Jn 16, 7-15)

5) "Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos y yo en ellos." (Jn 17,26)

3. El Espíritu Santo y la Iglesia

- "La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora a los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrección. Les hace presente el misterio de Cristo, sobre todo en la Eucaristía para reconciliarlos, para conducirlos a la comunión con Dios, para que den “mucho fruto." (CIC nº 737)

4. El Espíritu Santo y los hombres

- "El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos pedir como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8,26). El Espíritu Santo, artífice de las obras de Dios, es el Maestro de la oración." (CIC nº 741)

IX. CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA

- "El Padre eterno creó el mundo por una decisión totalmente libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. decidió elevar a los hombres a la participación de la vida divina” a la cual llama a todos los hombres en su Hijo: “Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia”. esta “familia de Dios” se constituye y se realiza gratuitamente a lo largo de las etapas de la historia humana, según las disposiciones del Padre: en efecto, la Iglesia ha sido “prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos." (CIC nº 759)

1. La Iglesia instituida por Cristo Jesús

- "Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ése es el motivo de su “misión”. “El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras”. para cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de los cielos en la tierra. la Iglesia es el Reino de Cristo “presente ya en misterio." (CIC nº 763)

- "Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo. Acoger la palabra de Jesús es acoger “el Reino”. El germen y el comienzo del Reino son el “pequeño rebaño” (Lc 12,32) de los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el Pastor. Constituyen la verdadera familia de Jesús. A los que reunió en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva “manera de obrar”, sino también una oración propia." (CIC nº 764)

* Textos:

1)"Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; y abriendo su boca les enseñaba diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas de antes de vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos.

No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud. En verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. Así, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entréis en el Reino de los Cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se llene de ira contra su hermano será reo de juicio; y el que insulte a su hermano será reo ante el Sanedrín; y el que le maldiga será reo del fuego del infierno. Por lo tanto, si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda. Ponte de acuerdo cuanto antes con tu adversario mientras vas de camino con él; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que restituyas la última moneda.
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón. Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno.
Se dijo también: “Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé el libelo de repudio”. Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer –excepto en el caso de fornicación- la expone a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en vano” sino que “cumplirás los juramentos que le hayas hecho al Señor”. Pero yo os digo: no juréis de ningún modo; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. Que vuestro modo de hablar sea: “Sí, sí”, “No, no”. Lo que exceda de esto viene del Maligno.
Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo os digo: no repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también el mando. A quien te fuerce a andar una milla, vete con él dos. A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado.
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos? Por eso, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.” (Mt 5)

- “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean; de otro modo no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.
Por lo tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de que los alaben los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede en lo oculto; de este modo, tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre, que está en los oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará. Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que piensan que por su locuacidad van a ser escuchados. Así pues, no seáis como ellos, porque bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis. Vosotros, en cambio, orad así:

Padre nuestro, que estás en los cielos,
santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino;
hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra;
danos hoy nuestro pan cotidiano;
y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores;
y no nos pongas en tentación, sino líbranos del mal.

Porque si les perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados.

Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará.

No amontonéis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los corroen y donde los ladrones socavan y los roban. Amontonad en cambio tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre corroen, y donde los ladrones no socavan ni roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado. Pero si tu ojo es malicioso, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Y si la luz que hay en ti es tinieblas, ¡qué grande será la oscuridad!

Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá odio a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.

Por eso os digo: no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. ¿Es que no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, por mucho que cavile, puede añadir un solo codo a su estatura? Y sobre el vestir, ¿por qué os preocupáis? Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como ellos. Y si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¿cuánto más a vosotros hombres de poca fe? Así pues, no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados.

Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad.” (Mt 6)

2) "Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos. por eso, sed sagaces como las serpientes y sencillos como las palomas." (Mt 10,16)

3) "Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
- éstos son mi madre y mis hermanos. porque todo el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano u mi hermana y mi madre." (Mt 12,49)

4) "Entonces les dijo Jesús:
- Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por mi causa, pues escrito está: “Heriré al pastor/ y se dispersarán las ovejas del rebaño." (Mt 26,31)

5) "En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero y las ovejas atienden a su voz, llama a sus propias ovejas por su nombre y las conduce fuera. Cuando las ha sacado todas, va delante de ellas y las ovejas le siguen porque conocen su voz. Pero a un extraño no le seguirán, sino que huirán de él porque no conocen la voz de los extraños.
Jesús les propuso esta comparación, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
Entonces volvió a decir Jesús:
- En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos cuantos han venido antes que yo son ladrones y salteadores, pero las ovejas no le escucharon. Yo soy la puerta; si alguno entra a través de mí, se salvará; y entrará y saldrá y encontrará pastos. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, el que no es pastor y al que no le pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa-, porque es asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen. Como el padre me conoce a mí, así yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas. tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño, con un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy libremente. Tengo la potestad para darla y tengo la potestad para recuperarla. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre.
Se produjo de nuevo una disensión entre los judíos a causa de estas palabras. Muchos de ellos decían:
- Está endemoniado y loco, ¿por qué le escucháis?
Otros decían:
- Cosas así no las dice uno que está endemoniado. ¿Es que puede un demonio abrir los ojos de los ciegos?" (Jn 10, 1-21)

2. La Iglesia manifestada por el Espíritu Santo

- "Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que la santificara continuamente a la Iglesia. es entonces cuando “la Iglesia se manifestó públicamente a la multitud, se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos mediante la predicación”. Como ella es “convocatoria” de salvación para todos los hombres, la Iglesia es, por su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos." (CIC nº 767)

3. la Iglesia consumada en la gloria

- "La Iglesia “sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo”, cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta ese día, “la Iglesia avanza en su peregrinación a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios”. Aquí abajo, ella se sabe en exilio, lejos del Señor, y aspira al advenimiento pleno del Reino, y “espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su Rey en su gloria”. La consumación de la Iglesia en la gloria, y a través de ella la del mundo, no sucederá sin grandes pruebas. Solamente entonces, “todos los justos descendientes de Adán, “desde Abel el justo hasta el último de los elegidos”, se reunirán con el Padre en la Iglesia universal." (CIC nº 769)

4. la Iglesia sacramento de la salvación

- "Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida por Cristo “como instrumento de redención universal”, “sacramento universal de salvación”, por medio del cual Cristo “manifiesta y realiza al mismo tiempo el misterio del amor de Dios al hombre”. Ella “es el proyecto visible del amor de Dios hacia la humanidad” que quiere “que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo." (CIC nº 776)

5. La Iglesia es una

- "La Iglesia es una debido a su origen: “El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios, Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas”. La Iglesia es una debido a su Fundador: “Pues el mismo Hijo encarnado ... por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios ... restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo”. La Iglesia es una debido a su alma: “El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia”. Por tanto pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una." (CIC nº 813)

6. La Iglesia es santa

- "La fe confiesa que la Iglesia ... no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama “el solo Santo”, amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios”. La Iglesia es, pues, “el pueblo santo de Dios”, y sus miembros son llamados “santos." (CIC nº 823)

7. La Iglesia es católica

- "La palabra “católica” significa “universal” en el sentido de “según la totalidad” o “según la integridad”. La Iglesia es católica en un doble sentido:

Es católica porque Cristo está presente en ella. “Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica”. En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, lo que implica que ella recibe de Él “la plenitud de los medios de salvación” que Él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía." (CIC nº 830)

- Es católica por que ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano.

“Todos los hombres están invitados al nuevo Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos ... Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu." (CIC nº 831)

* Textos:

1) "Todo lo sometió bajo sus pies y a él lo constituyó en cabeza de todas las cosas en favor de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud de quien llena todo en todas las cosas." (Ef 1, 22-23)

2) "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..." (Mt 28,19)

8. La Iglesia es apostólica

- "La Iglesia es apostólica porque está fundada sobre los Apóstoles, y esto en un triple sentido:

- fue y permanece edificada sobre el fundamento de los Apóstoles (Ef 2,20), testigos escogidos y enviados en misión por el mismo Cristo;

- guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas de los apóstoles;

- sigue siendo enseñada, santificada y dirigida por los Apóstoles hasta la vuelta de Cristo, gracias a aquellos que les suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, “al que asisten los presbíteros juntamente con el sucesor de Pedro y Sumo Pastor de la Iglesia:

“Porque no abandonas nunca a tu rebaño, sino que, por medio de los santos pastores, lo proteges y conservas, y quieres que tenga siempre por guía la palabra de aquellos mismos pastores a quienes tu Hijo dio la misión de anunciar el Evangelio." (CIC nº 857)

* Textos:

1) "Perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones." (Hch 2,42)

2) "Ten por norma las palabras sanas que me escuchaste con la fe y la caridad que tenemos en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros." (2Tm 1, 13-14)

X. LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

- "La expresión “comunión de los santos” tiene, pues, dos significados estrechamente relacionados: “comunión de las cosas santas” ("sancta") y “comunión entre las personas sanctas” ("sancti")

"Sancta sanctis" [lo que es santo para los que son santos] es lo que se proclama por el celebrante en la mayoría de las liturgias orientales en el momento de la elevación de los santos dones antes de la distribución de la comunión. Los fieles (sancti) se alimentan del cuerpo y sangre de Cristo (sancta) para crecer en la comunión con el Espíritu Santo (Koinônia) y comunicarla al mundo." (CIC 948)

- "Los tres estados de la Iglesia. “Hasta que el Señor venga en su esplendor con todos sus ángeles, y, destruida la muerte, tenga sometido todo, sus discípulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; mientras otros están glorificados, contemplando "claramente a Dios mismo, uno y trino, tal cual es".

“Todos, sin embargo, aunque en grado y modo diversos, participamos en el mismo amor a Dios y al prójimo y cantamos el mismo himno de alabanza a nuestro Dios. En efecto, todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él." (CIC nº 954)

1. La comunión con los santos

- "No veneramos el recuerdo de los del cielo tan sólo como modelos nuestros, sino, sobre todo, para que la unión de toda la Iglesia en el Espíritu se vea reforzada por la práctica del amor fraterno. En efecto, así como la unión entre los cristianos todavía en camino nos lleva más cerca de Cristo, así la comunión con los santos nos une a Cristo, del que mana, como de fuente y cabeza, toda la gracia y la vida del Pueblo de Dios.”

“Nosotros adoramos a Cristo porque es el Hijo de Dios; en cuanto a los mártires, los amamos como discípulos e imitadores del Señor, y es justo a causa de su devoción incomparable hacia su rey y maestro; que podamos nosotros, también, ser sus compañeros y condiscípulos." (CIC nº 957)

2. La comunión con los difuntos

- "La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció sufragios por ellos, “pues es una idea santa y piadosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2M 12,46). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor." (CIC nº 958)

XI. CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS

- "Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: “Id por todo el mundo y proclamad la Nueba Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará” (Mc 16, 15-16). El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, a fin de que “vivamos también una vida nueva” (Rm 6,4)." CIC nº 977)

- "Cristo, después de su Resurrección, envió a los Apóstoles a predicar “en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones” (Lc 24,47). Este “ministerio de la reconciliación” (2Co 5,18), no lo cumplieron los Apóstoles y sus sucesores anunciando solamente a los hombres el perdón de Dios merecido para nosotros por Cristo y llamándoles a la conversión y a la fe, sino comunicándoles también la remisión de los pecados por el Bautismo y reconciliándolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder de las llaves recibidas de Cristo:

La Iglesia “ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la sangre de Cristo y la acción del Espíritu Santo. En esta Iglesia es donde revive el alma, que estaba muerta por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado." (CIC nº 981)

- No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. “No hay nadie tan perverso y tan culpable que, si verdaderamente está arrepentido de sus pecados, no pueda contar con la esperanza cierta de perdón”. Cristo que ha muerto por todos los hombres, quiere que, en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado." (CIC nº 982)

XII. CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE

- "¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús." (CIC nº 997)

- "¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: “los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Jn 5,29)." (CIC nº 998)

* Textos:

- “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para la vida eterna, otros para vergüenza, para ignominia eterna” (Dn 12,2)

- ¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo” (Lc 24,39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él “todos resucitarán con su propio cuerpo, del que ahora están revestidos”, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria”, en “cuerpo espiritual” (1Co 15,44).

“Pero, dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano..., se siembra corrupción, resucita incorrupción [...]; los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad> (1Co 15, 35-37; 42; 52,53)." (CIC nº 999)

* Textos:

- “Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo vil en un cuerpo glorioso como el suyo en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.” (Flp 3, 20-21)

- ¿Cuándo? Sin duda en el “último día” (Jn 6, 39-40; 44; 54; 11,24); “al fin del mundo”. En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:

“El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1TS 4,16)." (CIC nº 1.001)

La muerte cristiana

- "Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1,21). “Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él” (2Tm 2,11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: en el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente “muerto con Cristo”, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este “morir con Cristo” y perfecciona así nuestra incorporación a él en su acto redentor.

“Para mí es mejor morir en ("eis") Cristo Jesús que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a Él, que ha muerto por nosotros; lo quiero a Él, que ha resucitado por nosotros. Mi parto se aproxima [...] Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre." (S. Ignacio de Antioquía, "Epístula ad Romanos" 6, 1-2)." (CIC nº 1010)

- "La visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:

“La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo” (Prefacio de Difuntos. "Misal Romano")." (CIC nº 1012)

XIII. CREO EN LA VIDA ETERNA

- "La muerte pone fin a la vida del hombre como tiempo abierto a la aceptación o rechazo de la gracia divina manifestada en Cristo. El Nuevo Testamento habla del juicio principalmente en la perspectiva del encuentro final con Cristo en su segunda venida: pero también asegura reiteradamente la existencia de la retribución inmediata después de la muerte de cada uno como consecuencia de sus obras y de su fe. La parábola del pobre Lázaro y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón, así como otros textos del Nuevo testamento hablan de un último destino del alma que puede ser diferente para unos y para otros." (CIC nº 1021)

* Textos:

1) “Al responderle que de los extraños, le dijo Jesús:
- Luego los hijos están exentos;...”(Mt 16,26)

2) “Sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado.”(Lc 16,22)

3) “Y le respondió:
- En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lc 23,43)

4) “Así pues, estamos llenos de buen ánimo y preferimos salirnos de este cuerpo y volver junto al Señor.” (2Co 5,8)

5) “Me siento apremiado por los dos extremos: el deseo que tengo de morir para estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor,...” (Flp 1,23)

6) “... que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa, no en razón de nuestras obras, sino por su designio y por la gracia que nos fue concedida por medio de Cristo Jesús desde la eternidad.” (2Tm 1, 9-10)

7) “Y así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después haya un juicio,...”(Hb 9,27)

8) “(vosotros os habéis acercado...) y a la Iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos, al Dios Juez de todos, a los espíritus de los justos que han alcanzado la perfección,...” (Hb 12,23)

- "Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre.

“A la tarde te examinarán en el amor> (S. Juan de la Cruz, "Avisos y sentencias", 57)." (CIC nº 1022)

1. El cielo

- "Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama “cielo”. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha." (CIC nº 1024)

- "Este misterio de comunión bienaventurada con Dios y con todos los que están en Cristo, sobrepasa toda comprensión y toda representación. La Escritura nos habla de ella en imágenes: vida, luz, paz, banquete de bodas, vino del reino, casa del Padre, Jerusalén celeste, paraíso. “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman” (1Co 2,9)." (CIC 1027)

2. El purgatorio

- "Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo." (CIC nº 1030)

- "La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento. la tradición de la Iglesia, haciendo referencia aciertos textos de la Escritura habla de un fuego purificador.

“Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12,32). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro." (CIC nº 1031)

3. El infierno

- "Salvo que elijamos libremente amarle no podemos estar unidos con Dios. Pero no podemos amar a Dios si pecamos gravemente contra Él, contra nuestro prójimo o contra nosotros mismos: “Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él” (1Jn 3, 14-15). Nuestro Señor nos advierte que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos. Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados del Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra “infierno." (CIC nº 1033)

* Textos:

“Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de la gloria y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino” y te acogimos, o desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?”. Y el Rey, en respuesta, les dirá: “En verdad os digo que cuando hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Entonces dirá a los que estén a la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces le replicarán también ellos: “Señor, cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?”. Entones les responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna.” (Mt 25, 31-46)

- "Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que “quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión” (2P 3,9)

“Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda la familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos” (Plegaria eucarística I o Canon Romano, 88. Misal Romano)." (CIC nº 1037)

4. El Juicio final

- "El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El Juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte." (CIC nº 1040)

5. La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva

- "La Sagrada Escritura llama “cielos nuevos y tierra nueva” a esta renovación misteriosa que transformará la humanidad y el mundo (2P 3,13). Ésta será la realización definitiva del designio de Dios de “hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1,10)." (CIC nº 1043)

- "Todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontraremos después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal”. Dios será entonces “todo en todos” (1Co 15,22), en la vida eterna:

“La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna." (CIC nº 1050)

“AMÉN”

- "Así pues, el “Amén” final del Credo recoge y confirma su primera palabra: “Creo”. Creer es decir: “Amén” a las palabras, a las promesas, a los mandamientos de Dios, es fiarse totalmente de Él, que es el Amén de amor infinito y de perfecta fidelidad. la vida cristiana de cada día será también el “Amén” al “Creo” de la Profesión de fe de nuestro Bautismo:

“Que tu símbolo sea para ti como un espejo. Mírate n él: para ver si crees todo lo que declaras creer. Y regocíjate todos los días en tu fe” (San Agustín, "Sermo 58")." (CIC 1064)

LA FE EN EL “AMÉN”

“En el “sí” fiel de Dios se injerta el “amén” de la Iglesia que resuena en todas las acciones de la liturgia. “amén” es la respuesta de la fe con la que concluye siempre nuestra oración personal y comunitaria, y que expresa nuestro “sí” a la iniciativa de Dios. A menudo respondemos de forma rutinaria con nuestro “amén” en la oración, sin fijarnos en su significado profundo. Este término deriva del “´aman” que en hebreo y en arameo significa “hacer estable”, “consolidar” y, en consecuencia, “estar seguro”, “decir la verdad”. Si miramos la Sagrada Escritura, vemos que este se dice al final de los Salmos de bendición y de alabanza, como por ejemplo en el Salmo 41: “A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia. Bendito el Señor, Dios de Israel, desde siempre y por siempre. Amén, amén.” (vv. 13-14). O expresa adhesión a Dios, en el momento en que el pueblo de Israel regresa lleno de alegría del destierro de babilonia y dice su “sí”, su “amén” a Dios y a su Ley. En el libro de Nehemías se narra que, después de este regreso, “Esdras abrió el libro (de la Ley) en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande. Y todo el pueblo respondió con las manos levantadas: “Amén, amén” (Ne 8, 5-6)

Por lo tanto, desde los inicios el “amén” de la liturgia judía se convirtió en el “amén” de las primeras comunidades cristianas. Y el libro de la liturgia cristiana por excelencia, el Apocalipsis de san Juan, comienza con el “amén” de la Iglesia: “Al que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Ap I, 5b-6). Así está escrito en el primer capítulo del Apocalipsis. Y el mismo libro se concluye con la invocación “Amén, ¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20)

Queridos amigos, la oración es el encuentro con una Persona viva que podemos escuchar y con la que podemos dialogar; es el encuentro con Dios, que renueva su fidelidad inquebrantable, su “sí” al hombre, a cada uno de nosotros, para darnos su consuelo en medio de las tempestades de la vida y hacernos vivir, unidos a él, una existencia llena de alegría y de bien, que llegará a su plenitud en la vida eterna.

En nuestra oración estamos llamados a decir “sí” a Dios, a responder con este “amén” de la adhesión, de la fidelidad a él a lo largo de toda nuestra vida. Esta fidelidad nunca la podemos conquistar con nuestras fuerzas: no es únicamente fruto de nuestro esfuerzo diario; proviene de Dios y está fundada en el “sí” de Cristo, que afirma: mi alimento es hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4,34). Debemos entrar en este “sí”, entrar en este “sí” de Cristo, en la adhesión a la voluntad de Dios, para llegar a afirmar con san Pablo que ya no vivimos nosotros, sino que es Cristo mismo quien vive en nosotros. Así, el “amén” de nuestra oración personal y comunitaria envolverá y transformará toda nuestra vida, una vida de consolación de Dios, una vida inmersa en el Amor eterno e inquebrantable. Gracias.” (Benedicto XVI, audiencia general del 30 de mayo de 2012)

Nota: Los textos reproducidos están seleccionados según un criterio personal. Conviene ir a la fuente: la Biblia y el Catecismo de la Iglesia Católica. Allí se encuentra el contexto, las notas, las referencias a otros pasajes, a otras ideas y consideraciones. Ese conocimiento aclara, asegura y enriquece.

(Selección de textos: Julio Banacloche Pérez)

(Estos textos se publicaron imprimidos en cuadernillo de distribución gratuita y restringida en 2012)

1 comentario:

  1. Buenos días Don Julio,
    Fue un placer escucharle el jueves y viernes de la semana pasada, y saber de este tesoro. Gracias por compartirlo. De una cristiana fiscalista.

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