viernes, 2 de marzo de 2018

TEXTOS NEOTESTAMENTARIOS: HECHOS DE LOS APÓSTOLES. APOCALIPSIS

I. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

1. PERSEVERABAN EN LA ORACIÓN (después de la Ascensión y antes de Pentecostés). Regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos. Subieron al Cenáculo, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todo ellos

- perseveraban unánimes en la oración (perseverantes unanimiter in oratione) (Act 1,14)

junto con algunas mujeres y con María la madre de Jesús, y sus hermanos.

2. ¿QUÉ TENEMOS QUE HACER? El día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo. Habitaban en Jerusalén judíos, hombres piadosos venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Se reunió gran multitud y quedó perpleja porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Estaban todos asombrados. Otros se burlaban. Entonces Pedro les habló de Jesús y de su muerte y resurrección. Al oírlo se dolieron de corazón y les dijeron

- ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? (Quid faciemus, viri fratres?) (Act 2,37)

Les contestó Pedro. Ellos aceptaron su palabra y fueron bautizados; y aquel día se les unieron unas tres mil almas.

3. PERSEVERANTES (después de Pentecostés). Perseveraban asiduamente en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones

- Erant autem perseverantes in doctrina apostolorum et communicatione, in fractione panis et
orationibus (Act 2,42)

4. EL SEÑOR LOS HACÍA AUMENTAR CADA DÍA. Todos los días el Señor incorporaba a los que habían de salvarse

- Dominus autem augebat, qui salvit fierent cotidie in idipsum (Act 2,47)

5. EL COJO DE NACIMIENTO. Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la hora nona. Había un hombre cojo de nacimiento al que solían llevar y colocaban en la puerta Hermosa donde pedía limosna. Pedro le dice que no tienen ni oro ni plata, pero "lo que tengo te lo doy" e invocando a Jesucristo Nazareno le dice que se levante y ande. de un brinco se puso de pie y comenzó a andar y entró con ellos en el Templo

- andando, saltando y alabando a Dios (ambulans et exiliens et laudans Deum) (Act 3,8)

6. EL FUNCIONARIO ETÍOPE. Volvía de Jerusalén por la ruta de Gaza. Sentado en su carro, iba leyendo a Isaías. Corrió Felipe, se puso a su lado y le preguntó: ¿Entiendes lo que lees?. Él respondió:

- ¿Como lo voy a entender si no me lo explica alguien? (Et quomodo possum, si non aliquis
ostenderit mihi?) (Act 8,31)

Rogó a Felipe que subiera al carro y se sentara junto a él. felipe le anunció el Evangelio de Jesús. Llegados a un oasis, el funcionario preguntó a felipe si le podía bautizar. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe que se encontró en Azoto. El funcionario no le vio más. Y

- siguió alegre su camino (ibat autem per viam suam gaudens) (Act 8,39)

7. LA CONVERSIÓN DE PABLO. Saulo se acerca a Damasco. Lleva cartas que le permiten detener y llevar a Jerusalén a los seguidores del Camino. De repente le envuelve una luz del cielo y cae al suelo. Oye una voz que le pregunta:

- Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Saul, Saul, quid me persequeris?) (Act 9,4)

Saulo pregunta:

- ¿Quien eres tú Señor? (Quis es, Domine?) (Act 9.5)

Y le dice:

- Yo soy Jesús a quien tú persigues... (Ego sum Iesus, quem tu persequeris!) (Act 9,5)

8. EL BAUTISMO DE PABLO. Los compañeros de Saulo oyeron la voz, pero no veían a nadie. Se levantó Saulo del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Le condujeron de la mano a Damasco. Había allí un discípulo llamado Ananías. Le habló el Señor en una visión: "¡Ananías!". Él respondió:

- Aquí estoy, Señor (Ecce ego, Domine) (Act 9,10)

El Señor lo envía a la calle Recta a buscar en casa de Judas a uno de Tarso, de nombre Saulo, que está orando. En ese momento vio Saulo a un hombre llamado Ananías que entraba y le imponía las manos para que recobrase la vista. Ananías le dice al Señor que ha oído cuánto mal ha causado Saulo a sus santos en jerusalén y que viene a Damasco para prender a los que invoquen su nombre.

- Vete, porque este es mi instrumento elegido... (Vade, quoniam vas electionis est mihi iste...)
(Act 9,15)

9. CRECIMIENTO DE LA IGLESIA. La Iglesia gozaba de paz por toda Judea, galilea y Samaria. Se consolidaba y caminaba en el temor del Señor

- y crecía con el consuelo del Espíritu Santo (et consolationem Sancti Spiritus crescebat) (Act
9,31)

10. LA PREDICACIÓN A LOS GENTILES. Pedro había tenido un éxtasis cuando estaba en Jope. El centurión Cornelio tuvo una visión en Cesarea. Tres hombres se presentaron en casa de Pedro: "El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, acreditado por toda la población judía, recibió aviso de un santo ángel para hacerte venir a su casa y escuchar tus palabras. Fue Pedro y empezó su predicación: "En verdad comprendo que...

- ... Dios no hace acepción de personas (non est personarum acceptor Deus) (Act 10,34)

... sino que en cualquier pueblo le es agradable todo el que le teme y obra la justicia... Todavía estaba diciendo Pedro estas cosas cuando descendió el Espíritu Santo sobre los que escuchaban la palabra... También sobre los gentiles se derramaba el don del Espíritu Santo. Y Pedro mandó bautizarlos en nombre de Jesucristo.

Cuando Pedro subió a Jerusalén tuvo que explicar su actuación a los apóstoles y hermanos que estaban allí. Y, al final, les dijo: Si Dios les concedió el mismo don que a nosotros, que creímos en el Señor Jesucristo...

-... ¿quién era yo para estorbar a Dios? (ego quis eram qui possem prohibere Deum?) (Act
11,17)

11. CRISTIANOS. Los que se habían dispersado por la tribulación surgida por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando la palabra sólo a los judíos. Llegó la noticia a Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía. Una gran muchedumbre se adhirió al Señor. Marchó Bernabé a Tarso para buscar a Saulo, lo encontró y lo condujo a Antioquía donde

- los discípulos recibieron por primera vez el nombre de cristianos (et cognominarentur primum
Antiochiae discipuli Christiani) (Act 11,25)

12. MARTIRIO DE SANTIAGO. Herodes (el denominado Agripa I, nieto de Herodes el Grande, que ordenó la matanza de los inocentes y sobrino de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea al tiempo de la muerte del Señor) dio muerte a espada a Santiago, hermano de Juan. Y apresó también a Pedro

- al ver que esto agradaba a los judíos (Videns autem quia placeret Iudaeis) (Act 12,3)

13. PRISIÓN Y LIBERACIÓN DE SAN PEDRO. Encarcelado por Herodes Agripa I, mientras la Iglesia rogaba incesantemente por él, la noche antes de comparecer cuando Pedro dormía entre dos soldados, sujeto con cadenas, mientras unos centinelas vigilaban la cárcel delante de la puerta, de pronto se presentó un ángel del Señor y un resplandor iluminó la celda. Tocó a Pedro en el costado, le dijo: "Levántate, deprisa!" y se cayeron las cadenas de sus manos. Luego: "Vístete y ponte las sandalias!". Y después: "Ponte el manto y sígueme". Pedro pensaba que era una visión. Atravesaron la primera guardia y la segunda y llegaron a la puerta de hierro que se abrió por sí sola. Avanzaron y de repente el ángel le dejó. Comprendió Pedro que el Señor le había liberado y se dirigió a casa de María, la madre de Juan, de sobrenombre Marcos, donde estaban muchos reunidos en oración. Llamó a la puerta del vestíbulo y, al oírlo, acudió una sirvienta llamada Rode. Al reconocer la voz de Pedro, de la alegría no le abrió la puerta, sino que corrió hacia dentro y anunció que estaba Pedro. "Estás loca", le decían, pero ella insistía en que era así. Entonces dijeron:

- Será su ángel (Angelus eius est) (Act 12,15)

14. PABLO EN EL AREÓPAGO. Todos los atenienses y forasteros que residían allí no se dedicaban a otra cosa que a decir o escuchar algo nuevo. Pablo, de pie, en medio del Areópago, habló: "Atenienses veo que sois más religiosos que nadie, porque al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados he encontrado también un altar en el que estaba escrito: “Al Dios desconocido”. Pues bien

- yo vengo a anunciaros lo que veneráis sin conocer (Quod ergo ignorantes colitis, hoc ergo
anuntio vobis) (Act 17,23)

15. EN DIOS VIVIMOS. Seguía Pablo hablando de Dios: "... Y fijó las edades de su historia y los límites de los lugares en que los hombres habían de vivir, para que buscasen a Dios, a ver si al menos a tientas lo encontraban, aunque no está lejos de cada uno de nosotros ya que

- en él vivimos, nos movemos y existimos (In ipso enim vivimus et movemur et sumus) (Act
17,28)

16. LA RESURRECCIÓN. Pablo decía: Dios ha fijado el día en que va a juzgar la tierra con justicia, por mediación del hombre que ha designado, presentando a todos un argumento digno de fe al resucitarlo de entre los muertos. Cuando oyeron esto unos se echaron a reír y otros dijeron:

- Te escucharemos sobre eso en otra ocasión (Audiemus te de hoc iterum) (Act 17,32)

17. BAUTISMO EN EL ESPÍRITU. Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo recorrió llegó a Éfeso. Encontró a algunos discípulos a los que preguntó si habían recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe. Contestaron:

- Ni siquiera hemos oído que haya Espíritu Santo (Sed neque si Spiritus Sanctus est audivimus)
(Act 19,2)

Habían sido bautizados con el bautismo de Juan el Bautista. Pablo les dijo: "Juan bautizó con un bautismo de penitencia diciendo al pueblo que creyeran en el que iba a venir detrás de él, es decir, Jesús. Se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. Al imponerles pablo las manos, vino el Espíritu Santo sobre ellos.

18. DESPEDIDA. Pablo se daba prisa porque, si era posible, deseaba estar en Jerusalén el día de Pentecostés. Desde Mileto envió un mensaje a Éfeso y convocó a los presbíteros de la iglesia. Cuando llegaron les dijo unas palabras de despedida:

- "... Pero en nada estimo mi vida, con tal de consumar mi carrera y el ministerio que recibí del
Señor Jesús... (Sed nihili facio animam meam pretiosam mihi, dummodo consummem cursum
meum et ministerium, quod accepi a Domino Iesu) (Act 20,24)

"... Sé ahora que ninguno de vosotros, entre quienes pasé predicando el Reino, volverá a ver mi rostro..."

19. LA FELICIDAD DE DAR. Y acaba así la despedida de Pablo: "Os he enseñado que trabajando así es como hemos de socorrer a los necesitados, y que hay que recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo:

- “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Beatius est magis dare quam accipere) (Act
20,35)

20. LA ESPERANZA. Enterado el hijo de la hermana de Pablo de que los judíos se habían juramentado para matarlo, al conocer eso el tribuno lo envió custodiado desde Jerusalén a Cesarea para ponerlo a salvo ante el gobernador Félix. Compareció Pablo ante el procurador romano en presencia de los judíos asistidos por un tal Tértulo que era abogado y que presentó la acusación. En su descargo, Pablo adujo que ni había discutido con nadie ni había alborotado en las sinagogas ni en la ciudad. Y decía: "Confieso en cambio, ante ti, que sirvo al Dios de mis padres según el Camino que ellos llaman secta, creyendo todo lo que dice la ley y está escrito en los Profetas...

- ... y tengo en Dios la esperanza (Spem habens in Deum) (Act 24,15)

21. APELACIÓN AL CÉSAR. Porcio Festo sucedió a Félix. Para congraciarse con los judíos, preguntó Festo a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado. Contestó Pablo: "Estoy ante el tribunal del César". Y apeló al César. Entonces Festo respondió:

- Has apelado al César y al César irás (Caesarem appelasti, ad Caesarem ibis) (Act 25,12)

II. APOCALIPSIS

1. LA VENIDA DE JESUCRISTO. Mirad que viene rodeado de nubes y todos los ojos le verán, incluso los que le traspasaron, y se lamentarán por él todas las tribus de la tierra...

- Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, aquel que es, que era y que va a venir, el
Todopoderoso (Ego sum Alpha et Omega, dicit Dominus Deus, qui est et qui erat et qui
venturus est, Omnipotens) (Ap 1, 8)

2. CARTA A LA IGLESIA DE ÉFESO. "Conozco tus obras, tu fatiga y tu paciencia: que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; que tienes paciencia y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer.

- Pero tengo contra ti que has perdido la caridad que tenías al principio (Sed habeo adversus te
quod caritatem tuam primam reliquisti) (Ap 2,4)

Recuerda, por tanto, donde has caído, arrepiéntete y practica las obras de antes...

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza le daré a comer del
árbol de la vida que está en el paraíso de Dios.

3. CARTA A LA IGLESIA DE ESMIRNA. Conozco tu tribulación, tu pobreza -aunque eres rico- y la calumnia de parte de los que se dicen judíos y que no son más que una sinagoga de Satanás. No temas por lo que vas a padecer: el Diablo os va a encarcelar a algunos de vosotros para que seáis tentados, y sufriréis tribulación...

- Se fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (Esto fidelis usque ad mortem, et dabo tibi
coronam vitae) (Ap 2, 10)

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Quien venza no será dañado por la muerte segunda.

4. CARTA A LA IGLESIA DE PÉRGAMO. Se donde habitas; allí donde está el trono de Satanás; que mantienes mi nombre y no has negado mi fe, ni en los días en que Antipas, mi testigo fiel, sufrió la muerte entre vosotros, allí donde habita Satanás. Pero tengo algo contra ti: que admites ahí a los que sostienen la doctrina de Balaán... Por tanto, arrepiéntete...

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido; le daré también una piedrecita blanca,

- y escrito en la piedrecita un nombre nuevo que nadie conoce sino el que lo recibe (et in calculo
nomem novum scriptum, quod nemo scit, nisi qui accipit) (Ap 2,17)

5. CARTA A LA IGLESIA DE TIATIRA. Conozco tus obras, tu caridad, tu fe, tu servicio, tu paciencia y tus últimas obras, mayores que las primeras. Pero tengo contra ti...

Pero a los demás que estáis en Tiatira, todos los que no seguís esa doctrina... yo os anuncio que no pondré sobre vosotros otra carga; pero conservad con firmeza lo que tenéis, hasta que yo venga.

Al que venza y al que guarde hasta el fin mis obras le daré potestad sobre las naciones, y las apacentará con cetro de hierro y las romperá como vasijas de barro, como yo también recibí esa potestad de mi Padre;

- y le daré la estrella de la mañana (et dabo illi stellam matutinam) (Ap 2, 28)

El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

6. CARTA A LA IGLESIA DE SARDES. Conozco tus obras, que estás vivo de nombre, pero estás muerto. Manténte alerta y consolida lo que queda y está a punto de morir, porque no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Sin embargo tienes en Sardes algunas personas que no han manchado sus vestidos y que

- caminarán conmigo con vestidos blancos, porque son dignos (et ambulabunt mecum in albis,
quia digni sunt) (Ap 3,4)

El vencedor será revestido con vestiduras blancas y no borraré su nombre del libro de la vida; confesaré su nombre en la presencia de mi Padre y delante de los ángeles.

7. CARTA A LA IGLESIA DE FILADELFIA. Conozco tus obras -mira que he puesto ante ti una puerta abierta que nadie puede cerrar-, porque aunque tiene poca fuerza guardaste mi palabra y no negaste mi nombre... Porque has guardado mi mandato de perseverar yo también

- te guardaré a la hora de la tentación (te servabo ab hora tentationis) (Ap 3,10)

Al que venza le haré columna en el templo de Dios, y no saldrá fuera nunca más, escribiré sobre él el nombre de mi Dios...

8. CARTA A LA IGLESIA DE LAODICEA. Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Y así

- porque eres tibio, y no caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca (quia tepidus es et nec
calidus nec frigidus, incipiam te evomere ex ore meo) (Ap 3,16)

Por tanto ten celo y arrepiéntete.

- Mira, estoy a la puerta y llamo (ecce sto ad ostium et pulso) (Ap 3, 20)

Si alguno escucha mi voy y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venza le concederé sentarse conmigo en mi trono, igual que yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.

9. EL SÉPTIMO SELLO. Y cuando se abrió el séptimo sello se hizo un silencio en el cielo de media hora... Al ángel que estaba de pie ante el altar con un incensario le entregaron muchos perfumes para que los ofreciera con las oraciones de todos los santos...

- Y ascendió el humo de los perfumes, con las oraciones de los santos (Et ascendit fumus
incensorum de orationibus sanctorum) (Ap 8,4)

10. EL FIN DEL TIEMPO. Y el ángel que vi de pie sobre el mar y sobre la tierra levantó la mano derecha hacia el cielo y juró por el que vive por los siglos, el que creó el cielo y cuanto hay en él, la tierra y cuanto hay en ella, y el mar y cuanto hay en él:

- Ya no habrá más tiempo (Tempus amplius non erit) (Ap 10,6)

sino que en los días en que se oiga la voz del séptimo ángel, cuando empiece a tocar la trompeta, se consumará el misterio de Dios, tal y como lo anunció a sus siervos, los profetas.

11. EL CÁNTICO NUEVO. Entonces, en la visión, el Cordero estaba en pie sobre el monte Sión y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre de él y el nombre de su Padre. Y oí una voz del cielo, semejante al ruido de muchas aguas y al estruendo de un gran trueno. La voz que oí era como el canto de citaristas que tañían sus cítaras,

- cantando un cántico nuevo (cantant quasi canticum novum) (Ap 14,3)

12. ANUNCIO DEL JUICIO. En esto consiste la paciencia de los santos: que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y oí una voz del cielo que decía: "Escribe: Bienaventurados los muertos que desde ahora mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos

- porque sus obras les acompañan (opera enim illorum sequuntur illos) (Ap 14,13)

13. EL MUNDO NUEVO. Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios... Y oí una voz procedente del trono que decía: Esta es la morada de Dios con los hombres. habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará todas las lágrimas de sus ojos;

- y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó (et mors
ultra non erit, neque luctus neque clamor neque dolor erit ultra, quia prima abierunt) (Ap 21,4)

El que estaba sentado en el trono dijo:

- Mira, hago nuevas todas las cosas (Ecce nova facio omnia (Ap 21,5)

14. HIJOS DE DIOS. También me dijo: "Ya está hecho. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al sediento le daré de beber gratis de la fuente de agua viva. El que venza heredará estas cosas,

- y yo seré para él Dios, y él será para mi hijo (et ero illi Deus, el illi erit mihi filius) (Ap 21.7)

15. LA GLORIA ETERNA. La plaza de la ciudad era de oro como cristal transparente. Pero no vi templo alguno, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero. la ciudad no tiene necesidad de que la alumbren el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. Sus puertas no se cerrarán en todo el día

- porque allí no habrá noche (nox enim non erit illic) (Ap 21,25)

... En medio de su plaza, y en una y otra orilla del río, está el árbol de la vida, que produce frutos doce veces: cada mes da fruto; y las hojas del árbol sirven para sanar a las naciones. Ya no habrá nada maldito. En ella estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos le darán culto, verán su rostro y llevarán su nombre grabado en la frente.

- Ya no habrá noche: (Et nox ultra non erit) (Ap 22,5)

no tienen necesidad de luz de lámparas ni de la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos.

16. LA VENIDA. El tiempo está cerca. El injusto, que cometa aún injusticias; el sucio, que se manche aún más; el justo, que siga practicando la justicia; y el santo, que se santifique todavía más.

- Mira, vendré pronto con mi recompensa para dar a cada uno según haya sido su conducta
(Ecce venio cito, et merces mecum est, reddere unicuique sicut opus eius est) (Ap 22,12)

17. CONCLUSIÓN. El que da testimonio de estas cosas dice: "Sí, voy enseguida"

- Amén. ¡Ven señor Jesús! (Amen. Veni, Domine Iesu!) (Ap 22,20)

La gracia del señor Jesús esté con todos.

(textos seleccionados e imprimidos en 2011 en cuadernillo para su distribución gratuita con el título "De sol a sol")

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