AÑO DE LA FE
“7. “Caritas Christi urget nos” (2 Co 5,14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28,19). Con amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, ene efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes
Así la fe crece y se fortalece creyendo, no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un “in crescendo” continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.”
(de la carta Apostólica en forma de Motu Propio “PORTA FIDE”, del Sumo Pontífice BENEDICTO XVI, con la que se convoca el año de la fe. Dado en Roma, junto a san Pedro, el 11 de octubre de 2011)
ANEXO I: TEXTOS EVANGÉLICOS
1. LA FE VIVIDA. "Nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo: no podéis servir a Dios y a las riquezas.
Por eso os digo: no os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, ni qué os vestiréis. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? Fijaos en las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros por mucho que cavile puede añadir un solo codo a su edad? Y acerca del vestir, ¿por qué preocuparos? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. Si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! No andéis, pues, preocupados, diciendo: ¿Qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los pagados. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados.
Buscad, pues, primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad." (Mt 6, 24-34)
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- "Dijo a sus discípulos: Por eso os digo: no andéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. En efecto, la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido. Fijaos en los cuervos: no siembran ni siegan; no tienen despensa ni granero, pero Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! ¿Quién de vosotros, por más que cavile, puede añadir un codo a su edad? Si no podéis ni lo más pequeño, ¿por qué os preocupáis por las demás cosas? Contemplad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! Así, vosotros no andéis buscando qué comer o qué beber, y no estéis inquietos. Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro padre que necesitáis de ellas. Buscad más bien el Reino de Dios y su justicia, y esas cosas se os darán por añadidura." (Lc 12, 22-31)
2. LA FE POR LOS MILAGROS. BODAS DE CANÁ. "Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de galilea, y estaba allí la madre de Jesús. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Y, como faltase el vino, la madre de Jesús le dijo:
- No tienen vino.
Jesús le respondió:
- Mujer ¿qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.
Dijo su madre a los sirvientes:
- Haced lo que él os diga.
Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de dos o tres metretas. Jesús les dijo:
- Llenad de agua las tinajas.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo:
- Sacad ahora y llevad al maestresala.
Así lo hicieron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía, aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían, llamó al esposo y le dijo:
- Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él." (Jn 2, 1-11)
3. LA FE POR LOS MILAGROS. EL CENTURIÓN. "Al entrar en Cafarnaúm se le acercó un centurión y, rogándole, dijo:
- Señor, mi criado yace paralítico en casa con dolores muy fuertes.
Jesús le dijo:
- Yo iré y lo curaré.
Pero el centurión le respondió:
- Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que lo mandes de palabra y mi criado quedará sano. Pues yo, que soy un hombre subalterno con soldados a mis órdenes, digo a uno: ve y va; y a otro: ven y viene; y a mí siervo: haz esto y lo hace.
Al oírlo Jesús se admiró, y dijo a los que le seguían:
- En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande. Y os digo que muchos en Oriente y Occidente vendrán y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
Y dijo Jesús al centurión:
- Vete y que se haga conforme has creído.
Y en aquel momento quedó sano el criado." (Mt 8, 5-13)
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- "Cuando terminó de decir todas estas palabras al pueblo que le escuchaba, entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un criado enfermo y moribundo a quien estimaba mucho. habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos cuando llegaron junto a Jesús, le rogaban encarecidamente diciendo:
- Merece que hagas esto, pues aprecia a nuestro pueblo y él mismo nos ha construido una sinagoga.
Jesús, pues, se puso en camino con ellos. Y no estaba ya lejos de la casa cuando el centurión le envió unos amigos para decirle:
- Señor, no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti; pero di una palabra y mi criado quedará sano. Pues también yo soy un hombre sometido a disciplina y tengo soldados bajo mis órdenes: digo a éste: ve, y va; y al otro, ven, y viene; y a mi siervo: haz esto, y lo hace.
Al oírlo, Jesús quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo:
- Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo." (Lc 7, 1-10)
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-"Entonces vino de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. había Allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm, el cual al oír que Jesús venía de Judea hacia Galilea se acercó a él y le rogaba que bajase y curara a su hijo, pues estaba muriéndose. Jesús le dijo:
- Si no veis signos y prodigios, no creéis.
Le respondió el funcionario real:
- Señor, baja antes de que se muera mi hijo.
Jesús le contestó:
- Vete, tu hijo vive.
Aquel hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se marchó.
Mientras bajaba, sus siervos le salieron al encuentro diciendo que su hijo vivía. Les preguntó la hora en que empezó a mejorar. Le respondieron:
- Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.
Entonces el padre cayó en la cuenta de que aquélla era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive. Y creyó él y toda su casa. Este segundo milagro lo hizo Jesús cuando vino de Judea a Galilea." (Jn 4, 46-54)
4. LA FE POR LOS MILAGROS. LOS AMIGOS DEL PARALÍTICO. "Subiendo a una barca, cruzó de nuevo el mar y vino a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico postrado en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico:
- Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.
Ciertos escribas dijeron en su interior: “Éste blasfema”. Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo:
- ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados, o decir: levántate y anda? Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, dijo al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Él se levantó y se marchó a su casa. Al ver esto las multitudes se atemorizaron y glorificaron a Dios por haber dado tal poder a los hombres." (Mt 9, 1-8)
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- "Y, al cabo de unos días, entró de nuevo en Cafarnaúm. Se supo que estaba en casa, y se juntaron tantos, que ni siquiera ante la puerta había ya sitio; y les predicaba la palabra. Entonces vienen trayéndole un paralítico, que era transportado por cuatro. Y al no poder llevarlo hasta él por causa del gentío, levantaron la techumbre por el sitio en donde se encontraba y, después de hacer un agujero, descuelgan la camilla en la que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dice al paralítico:
- Hijo tus pecados te son perdonados.
Estaban allí sentados algunos de los escribas, y pensaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Y enseguida, conociendo Jesús en su espíritu que pensaban de este modo dentro de sí, les dice:
- ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados; o decir: levántate, toma tu camilla y anda? Pues, para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados -se dirige al paralítico-: A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y se levantó y, tomando al instante la camilla, salió en presencia de todos, de manera que todos quedaron admirados y dieron gloria a Dios diciendo:
- Nunca vimos cosa igual." (Mc 2, 1-12)
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- "Estaba Jesús un día enseñando. Y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. Y la fuerza del Señor le impulsaba a curar. Cuando he aquí que unos hombres, que traían en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo dentro y colocarlo delante de él. Y al no encontrar por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron al terrado, y por entre las tejas lo descolgaron con la camilla al medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo:
- Hombre tus pecados te son perdonados.
Entonces los escribas y los fariseos empezaron a pensar: ¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
Pero conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo:
- ¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados, o decir: levántate, y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -dijo al paralítico-, yo te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Y al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía, y se fue a su casa glorificando a Dios.
El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto cosas maravillosas." (Lc 5, 17-26)
5. LA FE POR LOS MILAGROS. EL JEFE DE LA SINAGOGA. "Mientras les decía estas cosas, un hombre importante se acercó y postrándose le dijo:
- Mi hija acaba de morir, pero ven, impón tu mano sobre ella y vivirá.
Levantándose Jesús, le siguió junto con sus discípulos...
... Después de esto, al llegar Jesús a la casa de aquel personaje, viendo a los músicos fúnebres y a la multitud alterada, dijo:
- Retiraos, la niña no ha muerto, sino que duerme.
Pero se reían de él. Y, una vez que fue echada fuera la multitud, entró, la tomó de la mano y se levantó la niña. Y corrió esta noticia por toda aquella región." (Mt 9, 18-19 y 23-26)
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- "Y habiendo cruzado de nuevo Jesús en la barca hasta la otra orilla, se reunió una gran muchedumbre a su alrededor mientras él estaba junto al mar. Viene uno de los jefes de la sinagoga, de nombre Jairo, y, al verlo, se postra a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo:
- Mi hija está en las últimas. Ven impón tus manos sobre ella para que se salve y viva.
Se fue con él y le seguía la muchedumbre, que le apretujaba...
... Todavía estaba él hablando, cuando llegan desde la casa del Jefe de la sinagoga, diciendo:
- Tu hija ha muerto; ¿Para qué molestas ya al Maestro?
Jesús, al oír lo que hablaban le dice al jefe de la sinagoga:
- No temas, tan sólo ten fe.
Y no permitió que nadie le siguiera, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegan a la casa del jefe de la sinagoga, y ve el alboroto, y a los que lloraban y a las plañideras. Y al entrar, les dice:
- ¿Por qué alborotáis y estáis llorando? La niña no ha muerto, sino que duerme.
Y se reían de él. Pero él, haciendo salir a todos, toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los que le acompañaban, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice:
- Talita qum, que significa: Niña a ti te digo, levántate.
Y en seguida la niña se levantó y se puso a andar, pues tenía doce años. Y quedaron llenos de asombro. les insistió mucho de que nadie lo supiera, y dijo que dieran de comer a la niña." (Mc 5, 21-24 y 35-43)
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- "Al volver Jesús lo recibió la muchedumbre; porque todos estaba esperándole. Entonces llegó un hombre, llamado Jairo, que era Jefe de la sinagoga; y se postró a los pies de Jesús suplicándole que entrase en su casa, porque tenía una hija única de unos doce años, que se estaba muriendo. Mientras iba, la multitud lo apretujaba...
... Todavía estaba él hablando, cuando vino uno de la casa del jefe de la sinagoga diciendo:
- Tu hija ha muerto, no molestes al Maestro.
Al oírlo Jesús, respondió:
- No temas, basta que creas y vivirá.
Cuando llegó a la casa, no permitió entrar a nadie con él, excepto a Pedro, Juan y Santiago, y al padre y a la madre de la niña. Todos lloraban y plañían por ella. Pero él dijo:
- No lloréis, porque no está muerta, sino que duerme.
Y se burlaban de él, sabiendo que estaba muerta. El tomándola de la mano, dijo en voz alta:
- Niña levántate.
Volvió a ella su espíritu, y se levantó al instante. Y Jesús les mandó que le dieran de comer. Y sus padres quedaron asombrados; pero él les ordenó que no dijeran a nadie lo que había sucedido." (Lc 8, 40-42 y 49-56)
6. LA FE POR LOS MILAGROS. LA HEMORROÍSA. En esto una mujer que padecía flujo de sangre hacía doce años, acercándose por detrás, le tocó el borde de su manto, pues decía en su interior: Con sólo que toque su manto quedaré sana. Jesús se volvió y mirándola, le dijo:
- Ten confianza hija, tu fe te ha salvado. Y quedó sana la mujer desde aquella hora." (Mt 9, 20-22)
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- "Y una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho por parte de muchos médicos, y gastado todos sus bienes sin aprovecharle de nada, sino que iba de mal en peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la muchedumbre y tocó su vestido, porque decía: Si pudiera tocar, aunque sólo fuera su manto, quedaré sana. En el mismo instante se secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que estaba curada de la enfermedad. Y al momento Jesús, conociendo en sí mismo la virtud salida de él, vuelto hacia la muchedumbre, decía:
- ¿Quién ha tocado mis vestidos?
Y le decían sus discípulos:
- Ves que la muchedumbre te oprime y dices ¿Quien me ha tocado?
Y miraba a su alrededor para ver a la que había hecho esto. La mujer, asustada y temblorosa, sabiendo lo que le había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. Él entonces le dijo:
- Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu dolencia." (Mc 5, 25-34)
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- "Y una mujer que tenía un flujo de sangre desde hacía doce años, la cual había gastado toda su hacienda en médicos sin que ninguno hubiese podido curarla, se acercó por detrás, tocó la orla de su manto y al instante cesó el flujo de sangre. Entonces dijo Jesús:
- ¿Quién es el que me ha tocado?
Al negarlo todos, dijo Pedro:
- Maestro, la muchedumbre te oprime y te sofoca.
Pero Jesús dijo:
- Alguien me ha tocado, porque yo me he dado cuenta de que una fuerza ha salido de mí.
Viendo la mujer que aquello no había quedado oculto, se acercó temblando, se postró ante él y declaró delante de todo el pueblo la causa por la que le había tocado, y cómo al instante había quedado curada. Él le dijo:
- Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz." (Lc 8, 43-48)
7. LA FE POR LOS MILAGROS. LA MUJER CANANEA. "Después que Jesús partió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón. En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar:
- ¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija es cruelmente atormentada por el demonio.
Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban diciendo:
- Atiéndela y que se vaya, pues viene gritando detrás de nosotros.
Él respondió:
- No he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo:
- ¡Señor, ayúdame!
Él le respondió:
- No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.
Pero ella dijo:
- Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de las mesas de sus amos.
Entonces Jesús le respondió:
- ¡Oh mujer, grande es tu fe!. Hágase como tú quieres.
Y quedó sana su hija en aquel instante." (Mt 15, 21-28)
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- "Y partiendo de allí se fue hacia la región de Tiro y de Sidón se fue hacia la región de Tiro y Sidón. Y habiendo entrado en una casa deseaba que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto. Al punto, en cuanto oyó hablar de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, entró y se postró a sus pies. La mujer era griega, sirofenicia de origen. Y le rogaba que expulsara de su hija al demonio. Y le dijo:
- Deja primero que se sacien los hijos porque no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.
Ella respondió diciendo:
- Señor, también los perrillos comen debajo de la mesa las migajas de los hijos.
Y le dijo:
- Por esto que has dicho, vete, el demonio ha salido de tu hija.
Y al regresar a su casa encontró a la niña echada en la cama, y que el demonio había salido." (Mc 7, 24-30)
8. LA FE POR LOS MILAGROS. EL HIJO LUNÁTICO. "Al llegar donde la multitud, se acercó a él un hombre y, puesto de rodillas, le suplicó:
- Señor, ten compasión de mi hijo, porque está lunático y sufre mucho; muchas veces se cae el fuego y otras al agua. Lo he traído a tus discípulos y no lo han podido curar.
Jesús en respuesta dijo:
- ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuando tendré que sufriros? Traédmelo aquí.
Le increpó Jesús y salió de él el demonio, y quedó curado el muchacho desde aquel momento.
Luego se acercaron a solas los discípulos a Jesús y le dijeron:
- ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo?
Él les respondió: por vuestra poca fe. Porque os digo que si tuvierais fe como un granito de mostaza, podríais decir a este monte: Trasládate de aquí allá, y se trasladaría, y nada os sería imposible." (Mt 17, 14-21)
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- "Al llegar junto a los discípulos vieron una gran muchedumbre que les rodeaba, y unos escribas que discutían con ellos. En seguida, al verle, todo el pueblo se quedó sorprendido, y acudían corriendo a saludarle. Y él les preguntó:
- ¿Qué discutíais entre vosotros?
A lo que respondió uno de la muchedumbre:
- Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo, y en cualquier sitio que se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espuma y rechinar los dientes y lo deja rígido. Pedía a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.
Él les contestó:
- ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar entre vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que sufriros? ¡Traédmelo!
Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al niño, que cayendo en tierra se revolcaba echando espuma. Entonces preguntó al padre:
- ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?
Le contestó:
- Desde muy niño; y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua, para acabar con él; pero si algo puedes, ayúdanos, compadecido de nosotros.
Y Jesús le dijo:
- ¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree!
En seguida el padre del niño exclamó:
- Creo, Señor, ayuda mi incredulidad.
Al ver Jesús que aumentaba la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole:
- ¡Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando, sal de él y ya no vuelvas a entrar en él!
Y gritando y agitándole violentamente salió; y quedó como muerto, de manera que muchos decían:
- Ha muerto.
Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie.
Cuando entró en casa le preguntaron sus discípulos a solas:
- ¿Por qué nosotros no hemos podido expulsarlo?
Y les respondió:
- Esta raza no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración." (Mc 9, 14-29)
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- "Sucedió al día siguiente que, al bajar ellos del monte, le salió al encuentro una gran muchedumbre. Y en medio de ella un hombre clamó diciendo:
- Maestro, te ruego que veas a mi hijo, porque es el único que tengo: un espíritu se apodera de él, y enseguida grita, le hace retorcerse entre espumarajos y difícilmente se aparta de él, dejándolo maltrecho. Y he rogado a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido.
Respondiendo Jesús dijo:
- ¡Oh generación incrédula y perversa!, ¿hasta cuándo he de estar entre vosotros y soportaros? Trae aquí a tu hijo.
Y al acercarse, el demonio lo revolcó por el suelo y le hizo retorcerse. Entonces Jesús increpó al espíritu impuro y curó al niño, devolviéndolo a su padre.
Todos quedaron asombrados de la grandeza de Dios." (Lc 9, 37-43)
9. LA FE DE LOS MILAGROS. EL CIEGO BARTIMEO. "Cuando salían de Jericó le seguía una gran multitud. Y he aquí que dos ciegos, sentados a la vera del camino, al oír que pasaba Jesús se pusieron a gritar:
- ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
La multitud les regañaba para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte diciendo:
- ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!
Jesús se paró, los llamó y les dijo:
- ¿Qué queréis que os haga?
Le respondieron:
- Señor, que se abran nuestros ojos.
Jesús, compadecido, les tocó los ojos y al instante comenzaron a ver, y le siguieron." (Mt 20, 29-34)
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- "Llegan a Jericó. Y al salir él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, el hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna. Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a gritar y a decir:
- Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.
Y muchos le reprendían para que se callase. Pero él gritaba mucho más:
- Hijo de David, ten compasión de mí.
Se detuvo Jesús y dijo:
- Llamadle.
Llaman al ciego diciéndole:
- ¡Ánimo!, levántate, te llama.
Él, arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús, preguntándole, dijo:
- ¿Qué quieres que te haga?
El ciego le respondió:
- Rabboni, que vea.
Entonces Jesús le dijo:
- Anda, tu fe te ha salvado.
Y al instante recobró la vista, y le seguía por el camino." (Mc 10, 46-52)
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- "Ocurrió que al llegar a Jericó había un ciego sentado junto al camino mendigando. Y al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello. Le contestaron:
- Es Jesús Nazareno que pasa.
Y gritó diciendo:
- Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí.
Y los que iban delante le reprendían para que se callara. Pero el gritaba mucho más:
- Hijo de David, ten piedad de mí.
Jesús, parándose, mandó que lo trajeran ante él. Y cuando se acercó, le preguntó:
- ¿Qué quieres que te haga?
Él dijo:
- Señor, que vea.
Y Jesús le dijo:
- Ve, tu fe te ha salvado.
Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al presenciarlo, alabó a Dios." (Lc 18, 35-43)
10. LA FE POR LOS MILAGROS. EL CIEGO DE NACIMIENTO. "Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos:
- Rabbí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
Respondió Jesús:
- Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él. Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, pues llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo.
Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, aplicó el lodo en sus ojos y le dijo:
- Anda, lávate en la piscina de Siloé -que significa Enviado-.
Fue, pues, se lavó y volvió con vista.
Los vecinos y los que le habían visto antes cuando era mendigo decían:
- ¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna?
Unos decían:
- Es él.
Otros, en cambio:
- De ningún modo, sino que se le parece.
Él decía:
- Soy yo.
Entonces le preguntaban:
- ¿Cómo se te abrieron los ojos?
El respondió:
- Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: Ve a Siloé y lávate. Entonces fui, me lavé y comencé a ver.
Le dijeron:
- ¿Dónde está ése?
Él respondió:
- No lo sé.
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. Y le preguntaban de nuevo los fariseos cómo había comenzado a ver. Él les respondió:
- Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo.
Entonces algunos de los fariseos decían:
- Ese hombre no es de Dios, ya que no guarda el sábado.
Pero otros decían:
- ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales prodigios?
Y había división entre ellos. Dijeron, pues, otra vez al ciego:
- ¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos?
Respondió:
- Que es un profeta.
No creyeron los judíos que aquel hombre habiendo sido ciego hubiera llegado a ver, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista, y les preguntaron:
- ¿Es éste vuestro hijo que decís ha nacido ciego? ¿Entonces cómo es que ahora ve?
Respondieron sus padres:
- Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; o quien le abrió los ojos, nosotros no lo sabemos. Preguntadle a él, que edad tiene, él dará razón de sí mismo.
Sus padres dijeron esto porque temían a los judíos, pues ya habían acordado que si alguien confesaba que él era el Cristo fuese expulsado de la sinagoga. Por eso sus padres dijeron: Edad tiene, preguntadle a él.
Llamaron, pues, por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:
- Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
Él les contestó:
- Si es un pecador yo no lo sé. Sólo sé una cosa: que yo era ciego y ahora veo.
Entonces le dijeron:
- ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
Les respondió:
Ya os lo dije y no lo escuchasteis, ¿por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
Ellos le insultaron y dijeron:
- Tú serás discípulo suyo; nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que Dios habó a Moisés, pero ése no sabemos de dónde es.
Aquel hombre les respondió:
- Esto es precisamente lo admirable, que vosotros no sepáis de dónde es y que me abriera los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que, si uno honra a Dios y hace su voluntad, a éste le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si ése no fuera de Dios, no hubiera podido hacer nada.
Ellos le respondieron:
- Has nacido empecatado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros?
Y lo echaron fuera.
Oyó Jesús que lo habían echado fuera, y encontrándose con él le dijo:
- ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
Él respondió:
- ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Le dijo Jesús:
- Lo has visto; el que habla contigo, ése es.
Y él exclamó:
- Creo, Señor.
Y se postró ante él.
Dijo Jesús:
- Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos.
Oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él y le dijeron:
- ¿Acaso nosotros también somos ciegos?
Les dijo Jesús:
- Si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero ahora decís: Vemos, por eso vuestro pecado permanece." (Jn 9, 1-41)
11. LA FE POR LOS MILAGROS. RESURRECCIÓN DE LÁZARO. "Había un enfermo llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro había enfermado. Entonces las hermanas le enviaron este recado:
- Señor, mira, aquel a quien amas está enfermo.
Al oírlo, dijo Jesús:
- Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, a fin de que por ella sea glorificado el Hijo de Dios.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó que estaba enfermo, se quedó aún dos días en el mismo lugar. Después, pasados éstos, dijo a sus discípulos:
- Vamos otra vez a Judea.
Le dijeron los discípulos:
- Rabbí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, y ¿vas a volver allí?
Respondió Jesús:
- ¿Acaso no son doce las horas del día? Si alguien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo; pero si alguien camina de noche tropieza porque no tiene luz.
Dicho esto, añadió:
- Lázaro, nuestro amigo, está dormido, pero voy a despertarle.
Le dijeron entonces sus discípulos:
- Señor, si está dormido se salvará.
Jesús había hablado de su muerte, pero ellos pensaron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo claramente:
- Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis; pero vayamos a donde está él.
Tomás, llamado también Dídimo, dijo a sus compañeros:
- Vayamos también nosotros y muramos con él.
Jesús, al llegar, encontró que estaba sepultado ya desde hacía cuatro días. Betania distaba de Jerusalén como quince estadios. Muchos judíos habían ido a visitar a Marta y María para consolarlas por su hermano.
En cuanto Marta oyó que Jesús venía, salió a recibirle; María, en cambio, se quedó sentada en casa. Dijo Marta a Jesús:
- Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que cuanto pidieres a Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo:
- Tu hermano resucitará.
Marta le respondió:
- Ya sé que resucitará en la resurrección, en el último día.
Le dijo Jesús:
- Yo soy la resurrección y la Vida, el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Le contestó:
- Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a este mundo.
Y dicho esto fue y llamó a su hermana María diciéndole en voz baja:
- El Maestro está aquí y te llama.
Cuando ésta lo oyó, se levantó en seguida y fue hacia él. Todavía no había llegado Jesús a la aldea, sino que estaba aún en el lugar en que Marta le había salido al encuentro. Los judíos que estaban con ella en la casa y la consolaban, al ver que María se levantó de repente y se marchó, la siguieron pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Entonces María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle se postró a sus pies y le dijo:
- Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano.
Jesús, cuando la vio llorando y que los judíos que la acompañaban también lloraban, se estremeció en su interior, se conmovió y dijo:
- ¿Dónde le habéis puesto?
Le contestaron:
- Señor, ven y lo verás.
Jesús comenzó a llorar. Decían entonces los judíos:
- Mirad cómo le amaba.
Pero algunos de ellos dijeron:
- Éste que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber impedido que muriese?
Jesús, conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo:
- Quitad la piedra.
Marta, la hermana del difunto, le dijo:
- Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días.
Le dijo Jesús:
- ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?
Quitaron entonces la piedra. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
- Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas, pero lo he dicho para que crean que Tú me enviaste.
Y después de decir esto, gritó con fuerte voz:
- ¡Lázaro, sal fuera!
Y el que estaba muerto, salió atado de pies y manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo:
- Desatadle y dejadle andar.
Muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Entonces los pontífices y los fariseos convocaron el Sanedrín y decían:
- ¿Qué hacemos, puesto que este hombre realiza muchos milagros? Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación.
Uno de ellos, Caifás, que era Sumo Pontífice aquel año, les dijo:
- Vosotros no sabéis nada, ni os dais cuenta de que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca toda la nación.
Pero esto no lo decía por sí mismo, sino que, siendo Sumo Pontífice aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así, desde aquel día decidieron darle muerte. Entonces Jesús ya no andaba en público entre los judíos, sino que se marchó de allí a una región cercana al desierto, a la ciudad llamada Efraín, donde se quedó con sus discípulos." (Jn 11, 1-54)
12. LA FE POR LOS MILAGROS. LOS CIEGOS. "Al marcharse Jesús de allí, le siguieron dos ciegos diciendo a gritos:
- Ten piedad de nosotros, Hijo de David.
Cuando llegó a la casa se acercaron los ciegos y Jesús les dijo:
- ¿Creéis que puedo hacer eso?
Respondieron:
- Sí, Señor.
Entonces tocó sus ojos diciendo:
- Según vuestra fe así os suceda.
Y se les abrieron los ojos. Pero Jesús les ordenó severamente: Mirad que nadie lo sepa. Ellos, por el contrario, una vez que salieron divulgaron la noticia por toda aquella región." (Mt 9, 27-31)
13. LA FE POR LOS MILAGROS. EL LEPROSO. "Y sucedió que, yendo de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaría y Galilea, y cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando:
- Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros.
Al verlos, les dijo:
- Id y presentaos a los sacerdotes. Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios.
Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. Ante lo cual dijo Jesús:
- ¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino sólo este extranjero?
Y le dijo:
- "Levántate y vete; tu fe te ha salvado." (Lc 17, 11-19)
14. LA FE POR LOS MILAGROS (1). "Mientras estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los milagros que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos, y no necesitaba que nadie le diera testimonio acerca de hombre alguno, pues sabía lo que hay dentro de cada hombre." (Jn 2, 23-25)
15. LA FE POR LOS MILAGROS (2). "Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del mar vio que no había allí más que una sola barca, y que Jesús no había subido a la barca con sus discípulos, sino que éstos se habían marchado solos. Llegaron otras barcas de Tiberíades, junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias al Señor. Cuando vio la multitud que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm buscando a Jesús. Y al encontrarle al otro lado del mar, le preguntaron:
- Maestro, ¿cuándo llegaste aquí?
Jesús les respondió:
- En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los milagros, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad no por el alimento que perece sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó Dios Padre con su sello.
Ellos le preguntaron:
- ¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?
Jesús les respondió:
- Esta es la obra de Dios, que creáis en quien Él ha enviado." (Jn 6, 22-29)
16. LA FE POR LOS MILAGROS (3). "Aunque había hecho Jesús tantos milagros delante de ellos, no creían en él, de modo que se cumplieran las palabras que dijo el profeta Isaías: “Señor, ¿Quién ha creído nuestro mensaje?; / y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido revelado?”. Por eso no podían creer, porque también dijo Isaías: “Ha cegado sus ojos/ y ha endurecido su corazón, / de modo que no vean con sus ojos, / ni entiendan con el corazón, ni se conviertan, / y los sane.”
Esto dijo Isaías cuando vio su gloria y habló acerca de él. Sin embargo, incluso muchos de los judíos principales creyeron en él, pero a causa de los fariseos no le confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga, pues amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios." (Jn 12, 37-43)
17. LA FE POR LOS MILAGROS (4). "Muchos otros milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro. Estos, sin embargo, han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre." (Jn 20, 31-31)
18. LA FE POR LOS MILAGROS. LA INCREDULIDAD DE NAZARET. "Sucedió que cuando terminó Jesús estas parábolas partió de allí. Y llegado a su ciudad, les enseñaba en su sinagoga, de manera que se admiraban y decían:
- ¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿De dónde, pues, le viene todo esto?
Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo:
- No hay profeta menospreciado sino en su tierra y en su casa.
Y no hizo allí muchos milagros a causa de su incredulidad." (Mt 13, 53-58)
... ... ... ...
- "Partió de allí y se fue a su ciudad, y le seguían sus discípulos. Llegado el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga, y muchos de los oyentes, admirados, decían:
- ¿De dónde sabe éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es la que se la ha dado y estos milagros que se hacen por sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de maría, y hermano de Santiago y de José y de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?
Y se escandalizaban de él. Y les decía Jesús:
- No hay profeta menospreciado sino en su propia patria, entre sus parientes y en su casa.
Y no podía hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. Y se asombraba por causa de la incredulidad de ellos." (Mc 6, 1-6)
... ... ... ...
- "Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para leer. Entonces le entregaron un libro del profeta Isaías y, abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito:
“El Espíritu del Señor está sobre mí,/ por lo cual me ha ungido/ para evangelizar a los pobres,/ me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos/ y devolver la vista a los ciegos,/ para poner en libertad a los oprimidos,/ y para promulgar el año de gracia del Señor.”
Y enrollando el libro se lo devolvió al ministro, y se sentó. Todos en la sinagoga tenían fijos en él los ojos. Y comenzó a decirles:
- Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.
Todos daban testimonio en favor de él, y se admiraban de las palabras de gracia que procedían de su boca, y decían:
- ¿No es éste el hijo de José?
Entonces les dijo:
- Sin duda me aplicaréis aquel proverbio: Médico, cúrate a ti mismo. Cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria.
Y añadió:
- En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad que muchas viudas había en Israel en el tiempo de Elías cuando durante tres años y seis meses se cerró el cielo y hubo gran hambre por toda la tierra; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Muchos leprosos había también en Israel en tiempo del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naaman el Sirio.
Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira, y se levantaron, le echaron fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cima del monte sobre el que estaba edificada su ciudad para despeñarle. Pero él, pasando por medio de ellos, seguía su camino." (Lc 4, 16-30)
19. LA FE POR LOS MILAGROS. LA TEMPESTAD. "Subiendo después a una barca, le siguieron sus discípulos. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca, pero él dormía. Y se acercaron y le despertaron diciendo:
- ¡Señor, sálvanos que perecemos!
Jesús les respondió:
- ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?
Entonces, levantándose increpó a los vientos y al mar, y se produjo una gran bonanza. Los hombres se admiraron y dijeron:
- ¿Quién es éste que hasta los vientos y el mar le obedecen?" (Mt 8,23-27)
... ... ... ...
- "Aquel día, llegada la tarde, les dice:
- Crucemos al otro lado.
Y, despidiendo a la muchedumbre, le llevaron en la barca tal como se encontraba, y le acompañaban otras barcas. Y se levantó una gran tempestad de viento, y las olas se echaban encima de la barca, de manera que se inundaba la barca. Él estaba en popa durmiendo sobre un cabezal: entonces lo despiertan, y le dicen:
- Maestro, ¿no te importa que perezcamos?
Y levantándose, increpó al viento y dijo al mar:
- ¡Calla, enmudece!
Y se calmó el viento, y se produjo una gran bonanza. Entonces les dijo:
- ¿Por qué tenéis miedo? ¿Todavía no tenéis fe?
Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?" (Mc 4, 35-41)
... ... ... ...
- "Y sucedió un día que él subió a una barca con sus discípulos y les dijo: Pasemos a la otra orilla del lago. Y partieron. Mientras ellos navegaban, se durmió. Y se desencadenó una tempestad de viento en el lago, de modo que se anegaban y corrían peligro. Acercándose, lo despertaron diciendo:
- Maestro, Maestro, que perecemos.
Puesto en pie, increpó al viento y a las olas, que cesaron, y se produjo la calma. Entonces les dijo:
- ¿Dónde está vuestra fe?
Ellos, llenos de temor, se asombraron y se decían unos a otros:
¿Quién es éste que manda a los vientos y al agua y le obedecen?" (Lc 8, 22-26)
20. LA FE POR LOS MILAGROS. CAMINANDO SOBRE LAS AGUAS. "Inmediatamente después Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, despedida la multitud, subió al monte a orar a solas; y después de anochecer permanecía él solo allí. Entretanto la barca estaba ya alejada de tierra muchos estadios, batida por las olas, porque el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando le vieron los discípulos caminando sobre el mar, se turbaron y decían: es un fantasma; y llenos de miedo empezaron a gritar. Pero al instante Jesús comenzó a decirles:
- Tened confianza, soy yo, no temáis.
Entonces Pedro le respondió:
- Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
Él le dijo:
- Ven.
Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a andar sobre las aguas hacia Jesús. pero al ver que el viento era tan fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, gritó diciendo:
- ¡Señor, sálvame!
Al punto Jesús, extendiendo su mano, lo sostuvo y le dijo:
- Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?
Y cuando subieron a la barca cesó el viento. Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: verdaderamente eres el Hijo de Dios." (Mt 14, 22-33)
... ... ... ...
- "Y en seguida hizo subir a sus discípulos a la barca, y que se adelantaran a la otra orilla junto a Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Y después de despedirlos, se retiró al monte a orar. Cuando se hizo de noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y, viéndoles remar con gran fatiga, pues el viento les era contrario, hacia la cuarta vigilia de la noche viene a ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos cuando lo vieron caminando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y gritaron. Todos, en efecto, le vieron y se asustaron. El habló en seguida con ellos y les dijo:
- Tened confianza, soy yo, no temáis.
Y subió con ellos a la barca y cesó el viento. Entonces se quedaron mucho más asombrados; pues no habían entendido lo de los panes, porque su corazón estaba embotado." (Mc 6, 45-52)
... ... ... ...
- "Caída la tarde, bajaron sus discípulos al mar, y habiendo subido a la barca, se dirigían a la otra orilla hacia Cafarnaum. Ya había oscurecido y Jesús no había venido junto a ellos. El mar estaba agitado por el fuerte viento que soplaba. después de remar unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y les entró miedo. Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. Entonces ellos quisieron recibirlo en la barca; y al instante la barca llegó a tierra, a donde iban." (Jn 6, 16-21)
21. LA FE POR LOS MILAGROS. LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES. "Al pasar los discípulos a la otra orilla se olvidaron de llevar panes. Jesús les dijo:
- Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.
Pero ellos cavilaban diciendo interiormente: No hemos traído panes. Conociéndolo Jesús dijo:
- Hombres de poca fe, ¿qué caviláis interiormente de que no habéis traído panes? ¿No entendéis todavía? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres y de cuántos cestos recogisteis; ni de los siete panes para los cuatro mil hombres, y de cuántas espuertas recogisteis? ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes? Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. Entonces entendieron que no se había referido a guardarse de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos." (Mt 16, 5-12)
... ... ... ...
- "Se olvidaron de tomar panes y no tenían consigo en la barca más que un pan. Y les advertía diciendo: estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes. Ellos comentaban entre sí que no tenían pan. Al darse cuenta Jesús, les dice:
- ¿Qué andáis comentando de que no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis embotado vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No os acordáis de cuantos cestos llenos de trozos recogisteis, cuando partí los panes para cinco mil?
Le respondieron:
- Doce.
- Y cuando los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis?
Le contestaron:
- Siete.
Y les decía:
¿No entendéis aún?" (Mc 8, 14-21)
... ... ... ...
- "En esto, habiéndose reunido una muchedumbre de miles de personas, hasta atropellarse unos a otros, comenzó a decir en primer lugar a sus discípulos:
- Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía." (Lc 12, 1-3)
22. LA FUERZA DE LA FE (1). LA HIGUERA. "Muy de mañana, cuando volvía a la ciudad, sintió hambre. Y viendo una higuera junto al camino. se acercó, pero nada encontró en ella sino hojas; le dijo:
- Nunca jamás brote de ti fruto alguno.
Y al instante se secó la higuera. Al ver esto los discípulos se maravillaron y dijeron:
- ¿Cómo tan de repente se ha secado la higuera?
Jesús les dijo:
- En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que incluso si decís a este monte: Arráncate y échate al mar, se hará. Y todo cuanto pidiereis con fe en la oración lo recibiréis." (Mt 21, 18-22)
... ... ... ...
- "Por la mañana, al pasar vieron que la higuera se había secado de raíz. Y acordándose Pedro, le dijo:
- Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
Jesús le contestó:
- Tened fe en Dios. En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Arráncate y échate al mar, sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. Por tanto, os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá." (Mc 11, 20-24)
23. LA FUERZA DE LA FE (2) "Los Apóstoles dijeron al Señor:
- Auméntanos la fe.
Respondió el Señor:
- Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este moral: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería." (Lc 17, 5-6)
24. LA FUERZA DE LA FE (3). - En verdad, os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y las hará mayores que éstas porque yo voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.” (Jn 14, 12-14)
25. LA FE DE LA PECADORA. "Encontrándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a él una mujer que llevaba un frasco de alabastro lleno de perfume de gran valor y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa. Al ver esto, los discípulos se disgustaron y dijeron:
- ¿A qué viene este despilfarro? Se podía haber vendido por mucho dinero y repartirlo a los pobres.
Pero Jesús, conociéndolo, les dijo:
- ¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo; pues a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis. Al derramar ella sobre mi cuerpo este perfume, se anticipó a mi sepultura. En verdad os digo: Dondequiera que se predique este evangelio en todo el mundo, también se contará para memoria suya lo que ésta ha hecho.
Entonces, uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los príncipes de los sacerdotes, y les dijo:
- ¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue?
Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Desde entonces buscaba una oportunidad para entregarlo." (Mt 26, 6-16)
... ... ... ...
- "Y estando en Betania en la casa de Simón el leproso, cuando estaba sentado a la mesa, vino una mujer que llevaba un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de mucho precio; y rompiendo el frasco, lo derramó sobre su cabeza. Algunos de los presentes, indignándose en el interior, decían: ¿Para qué se ha hecho este derroche de perfume? Se podría haber vendido este perfume por más de trescientos denarios, y darlo a los pobres. Y se irritaban contra ella.
Pero Jesús dijo:
- Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo, pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no siempre me tenéis. Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo: donde quiera que se predique el Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya." (Mc 14, 3-11)
... ... ... ...
- "Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él; y entrando en casa del fariseo se sentó a la mesa. Y he aquí que había en la ciudad una mujer pecadora que, al enterarse que estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, llevó un vaso de alabastro con perfume, se puso detrás a sus pies llorando y comenzó a bañarlos con sus lágrimas, los enjugaba con sus cabellos, los besaba y los ungía con perfume.
Viendo esto el fariseo que lo había invitado, decía para sí: Si éste fuera profeta, sabría con certeza quién y qué clase de mujer es la que le toca: que es una pecadora. Jesús tomó la palabra y dijo:
- Simón, tengo que decirte una cosa.
Y él contestó:
- Maestro, di.
Un prestamista tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta. No teniendo éstos con qué pagar, se lo perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más?
Simón contestó:
- Estimo que aquel a quien perdonó más.
Entonces Jesús le dijo:
- Has juzgado con rectitud.
Y vuelto hacia la mujer, dijo a Simón:
- ¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies; ella en cambio ha bañado mis pies con sus lágrimas y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste el beso; pero ella, desde que entré no ha dejado de besar mis pies. No has ungido mi cabeza con óleo; ella en cambio ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo: le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho. Aquel a quien menos se perdona menos ama. Entonces le dijo a ella: Tus pecados quedan perdonados.
Y los convidados comenzaron a decir entre sí:
- ¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?
Él dijo a la mujer:
- Tu fe te ha salvado; vete en paz." (Lc 7, 36-50)
... ... ... ...
- "Jesús, seis días antes de la Pascua, fue a Betania, donde vivía Lázaro, al que Jesús resucitó de entre los muertos. Allí le prepararon una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.
María, tomando una libra de perfume muy caro, de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume. Dijo entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregarle:
- ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?
Pero esto lo dijo no porque él se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Entonces dijo Jesús:
- Dejadle que lo emplee para el día de mi sepultura; pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis." (Jn 12, 1-8)
26. LA FE DE NATANAEL. "Al día siguiente determinó encaminarse hacia Galilea y encontró a Felipe. Y le dijo Jesús:
- Sígueme.
Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Encontró Felipe a Natanael y le dijo:
- Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y los Profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José.
Entonces le dijo Natanael:
- ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
Le respondió Felipe:
- Ven y verás.
Vio Jesús a Natanael que se acercaba y dijo de él:
- He aquí un verdadero israelita en quien no ha doblez.
Le contestó Natanael:
- ¿De qué me conoces?
Respondió Jesús y le dijo:
- Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi.
Respondió Natanael:
- Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
Contestó Jesús:
- ¿Porque te he dicho que te vi debajo de la higuera crees? Cosas mayores verás.
Y añadió:
- En verdad, en verdad, os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre." (Jn 1, 43-51)
27. LA FE EN EL RESUCITADO. JUAN. "El día siguiente al sábado, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro; entonces echó a correr, fue Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo:
- Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro.
Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos. Los discípulos se volvieron de nuevo a casa." (Jn 20, 1-10)
28. LA FE EN EL RESUCITADO. TOMÁS. "Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, estando cerradas las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:
- La paz sea con vosotros.
Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor se alegraron los discípulos. Les dijo de nuevo:
- La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió así os envío yo.
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
- Recibid el Espíritu Santo: a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:
- ¡Hemos visto al Señor!
Pero él les respondió:
- Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.
A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y
Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:
- La paz sea con vosotros.
Después dijo a Tomás:
- Trae aquí tu dedo y mira mis manos, trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.
Respondió Tomás y le dijo:
- ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús contestó:
- Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído." (Jn 29, 19-29)
29. LECCIÓN DE FE A NICODEMO. "Respondió Nicodemo y le dijo:
- ¿Cómo puede ser esto?
Contestó Jesús:
- ¿Tú eres maestro de Israel y lo ignoras? En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis. ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre. Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado, pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, ya que sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios." (Jn 3, 9-21)
30. LA FE DE LOS SAMARITANOS. "Llegó, pues, a una ciudad de Samaría, llamada Sicar, junto al campo que dio Jacob a su hijo José. estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.
Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo:
- Dame de beber.
Sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. Entonces le dijo la mujer samaritana:
- ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?, pues no se tratan los judíos con los samaritanos.
Jesús le respondió:
- Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y él te habría dado agua viva.
La mujer le dijo:
- Señor, no tienes ni con qué sacar agua y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas, pues, el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?
Respondió Jesús:
- Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna.
La mujer le dijo:
- Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla.
Le contestó:
- Anda, llama a tu marido y vuelve aquí.
Le respondió la mujer:
- No tengo marido.
Le contestó Jesús:
- Bien has dicho no tengo marido, pues cinco has tenido y el que tienes ahora no es tu marido; en esto has dicho la verdad.
Le dijo la mujer:
- Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén.
Le respondió Jesús:
- Créeme mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre busca. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorar en espíritu y en verdad.
La mujer le dijo:
- Sé que el Mesías, el llamado Cristo, va a venir. Cuando el venga nos anunciará todas las cosas.
Le respondió Jesús:
- Yo soy, el que habla contigo.
A continuación, llegaron sus discípulos, y se admiraron de que hablara con una mujer. Pero ninguno le preguntó: ¿Qué buscas?, o ¿qué hablas con ella? La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a la gente:
- Venid, ved a un hombre que me ha dicho cuanto hice. ¿No será éste el Cristo?
Salieron de la ciudad y venían a él.
Entretanto, los discípulos le rogaban diciendo:
- Rabbi, come.
Pero él les dijo:
- Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis.
Decían los discípulos entre sí: ¿Acaso le trajo alguien de comer? Jesús les dijo:
- Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros que después de cuatro meses viene la siega? Pues yo os digo: levantad vuestros ojos y mirad los campos que están dorados para la siega; el segador recibe ya su jornal y recoge el fruto de cara a la vida eterna, ara que se gocen juntos el que siembra y el que siega. Pues en esto es verdadero el refrán de que uno es el que siembra y otro el que siega. Yo os envié a segar lo que vosotros no habéis trabajado; otros trabajaron y vosotros os habéis aprovechado de su esfuerzo.
Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: Me ha dicho todo cuanto hice. Así que, cuando vinieron a él los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Entonces creyeron en él muchos más por su predicación. Y decían a la mujer:
- Ya no creemos por tu palabra; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo." (Jn 4, 5-42)
31. LA INCREDULIDAD DE LOS HERMANOS. "Estaba próxima la fiesta judía de los Tabernáculos. Entonces le dijeron sus hermanos:
- Márchate de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces, porque nadie hace algo a escondidas si quiere ser conocido. Puesto que haces estas cosas, muéstrate al mundo. Ni siquiera sus hermanos creían en él." (Jn 7, 2-5)
32. LA INCREDULIDAD DE LOS JUDÍOS (1). "Jesús les dijo de nuevo:
- Yo me voy y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; a donde yo voy vosotros no podéis venir.
Los judíos decían:
- ¿Es que se va a matar y por eso dice: A donde yo voy vosotros no podéis venir?.
Y les decía:
- Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo. Os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados.
Entonces le decían:
- ¿Tú quien eres?
Jesús les respondió:
- Ante todo, lo que os estoy diciendo. tengo muchas cosas que hablar y juzgar de vosotros, pero el que me ha enviado es veraz, y yo, lo que le oído, eso hablo al mundo.
Ellos no entendieron que les hablaba del Padre. Díjoles, pues, Jesús:
- Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy y que nada hago por mí mismo, sino que como el Padre me enseñó, así hablo. Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.
Al decir estas cosas, muchos creyeron en él." (Jn 8, 21-30)
33. LA INCREDULIDAD DE LOS JUDIOS (2). "Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Paseaba Jesús por el Templo, en el pórtico de Salomón. Entonces le rodearon los judíos y le decían:
- ¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
Les respondió Jesús:
- Os lo he dicho y no lo creéis; las obras que hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen. Yo les doy vida eterna; no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.
Los judíos cogieron de nuevo piedras para lapidarle. Jesús les replicó:
- Os he mostrado muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de estas obras queréis lapidarme?
Le respondieron los judíos:
- No queremos lapidarte por obra buena alguna, sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
Jesús les contestó:
- ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo dije sois dioses? Si llamó dioses a aquellos a quienes se dirigió la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar, ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, decís vosotros que blasfema porque dije que soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, creed en las obras, aunque no me creáis a mí, para que conozcáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.
Intentaban entonces prenderle otra vez, pero se escapó de sus manos. Y se fue de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y allí se quedó. Y muchos acudieron a él y decían:
- Juan no hizo ningún milagro, pero todo lo que dejo Juan acerca de él era verdad.
Y muchos creyeron en él." (Jn 10, 22-42)
34. LA INCREDULIDAD DE LOS DISCÍPULOS. "Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y, al verlo, le adoraron; pero otros dudaron. Y acercándose Jesús les habló:
- Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo." (Mt 28, 16-20)
... ... ... ...
- "Por último se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:
- Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará. A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes y si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedaran curados." (Mc 16, 14-18)
... ... ... ...
- "Mientras ellos contaban estas cosas, Jesús se puso en medio y les dijo:
- Paz a vosotros.
Se quedaron turbados y asustados, pensando que veían un espíritu. Y les dijo:
- ¿Por qué estáis turbados, y por qué dais cabida a esos pensamientos en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.
Y dicho esto, les mostró las manos y los pies. Como no acababan de creer por la alegría y estuvieran llenos de admiración, les dijo:
- ¿Tenéis aquí algo que comer?
Entonces ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Y tomándolo comió delante de ellos." (Lc 24, 36-43)
... ... ... ...
- "Tomás uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:
- ¡Hemos visto al Señor!
Pero él les respondió:
- Si no le veo en las manos la marca de los clavos y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré.
A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:
- La paz esté con vosotros.
Después le dijo a Tomás:
- Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente.
Respondió Tomás y le dijo:
- Señor mío y Dios mío.
Jesús contestó:
- Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído". (Jn 20, 24-29)
35. LA FE, LOS JUDÍOS Y EL DIABLO. "Decía Jesús a los judíos que habían creído en él:
- Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois de verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
Le respondieron:
- Somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?
Jesús les respondió:
- En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado. El esclavo no queda en casa para siempre; mientras que el hijo queda para siempre; pues, si el Hijo os librase, seréis verdaderamente libres. Yo sé que sois linaje de Abrahán y, sin embargo, buscáis darme muerte porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.
Yo hablo lo que vi en mi Padre, y vosotros hacéis lo que oísteis a vuestro padre.
Le respondieron:
- Nuestro padre es Abrahán.
Jesús les dijo:
- Si fueseis hijos de Abrahán haríais las obras de Abrahán. Pero ahora queréis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí a Dios; Abrahán no hizo esto. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.
Le respondieron:
- Nosotros no hemos nacido de fornicación; tenemos un solo padre que es Dios.
Jesús les dijo:
- Si Dios fuese vuestro padre, me amaríais; pues yo he salido de Dios y he venido. Yo no he salido de mí mismo, sino que Él me ha enviado. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir las apetencias de vuestro padre; él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira. Sin embargo, a mí, que digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.
Los judíos le respondieron:
- ¿No decimos bien que tú eres samaritano y estás endemoniado?
Jesús respondió:
- Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis a mí. Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad os digo: si alguno guarda mi palabra jamás verá la muerte.
Los judíos le dijeron:
- Ahora conocemos que estás endemoniado. Abrahán murió y también los profetas, y tú dices: Si alguno guarda mi palabra, jamás gustará la muerte. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron. ¿Por quién te tienes tú?
Jesús respondió:
- Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale. Mi Padre es el que me glorifica, el que decís que es vuestro Dios, y no lo conocéis; yo, sin embargo, lo conozco. Y si dijera que no lo conozco sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y guardo su palabra. Abrahán vuestro padre se regocijó por ver mi día: lo vio y se alegró.
Los judíos le dijeron:
- ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán?
Jesús les dijo:
- En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán naciese, yo soy.
Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se escondió y salió del Templo." (Jn 8, 31-59)
36. LA FE POR LA PALABRA (1). "En verdad, en verdad os digo que el que oye mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna, y no viene a juicio, sino que pasa de la muerte a la vida. En verdad, en verdad os digo que llega la hora, y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán, pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. Y le dio poder para Juzgar, ya que es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto, porque viene la hora en la que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida; y los que practicaron el mal, para la resurrección del juicio." (Jn 5, 24-29)
37. LA FE POR LA PALABRA (2) “Jesús clamó y dijo:
- El que cree en mí, no cree en mí, sino en Aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve al que me ha enviado. Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, ya que no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por mí mismo, sino que el Padre que me envió, Él me ha ordenado lo que he de decir y hablar. Y sé que su mandato es vida eterna; por tanto, lo que yo hablo según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo." (Jn 12, 44-50)
38. FE Y EUCARISTIA. "Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron. éste es el pan que baja del cielo, para que si alguien lo come no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Los judíos se pusieron a discutir entre ellos:
- ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo:
- En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre; no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. éste es al pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien como este pan vivirá eternamente.
Estas cosas dijo en la sinagoga enseñando en Cafarnaúm.
Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron:
- Es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?
Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos estaban murmurando de esto, les dijo:
- ¿Esto os escandaliza? Pues ¿si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve: las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Sin embargo, hay algunos de vosotros que no creen.
En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quien era el que le iba a entregar. Y decía:
- Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le fuera dado por el Padre.
Desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.
Entonces Jesús dijo a los doce:
- ¿También vosotros queréis marcharos?
Le respondió Simón Pedro:
- Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.
Les respondió Jesús:
- ¿No os he elegido yo a los doce? Sin embargo, uno de vosotros es un diablo. Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, pues éste, aun siendo uno de los doce, era el que le iba a entregar." (Jn 6, 48-71)
39. LA HORA DE LA FE. "Os he dicho estas cosas por medio de comparaciones. Llega la hora en que ya no os hablaré por comparaciones, sino que abiertamente os anunciaré las cosas acerca del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y voy al Padre.
Dicen sus discípulos:
- Ahora sí que hablas con claridad y no usas ninguna comparación; ahora vemos que lo sabes todo, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios.
Jesús les dijo:
- ¿Ahora creéis? Mirad llega la hora, y ya llegó, en que os dispersaréis cada uno por su lado, y me dejaréis solo, aunque no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho esto para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero confiad: yo he vencido al mundo." (Jn 16, 25-33)
40. UN PROCESO DE FE: BUSCAR, ESCUCHAR, AMAR. "Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo:
- Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa.
Bajó rápido y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban diciendo que había entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo, de pie, le dijo al Señor:
- Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he defraudado en algo a alguien le devuelvo cuatro veces más.
Jesús le dijo:
- Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán, porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido." (Lc 19, 1-10)
(Selección de textos: Julio Banacloche Pérez)
(Estos textos formaron un cuadernillo impreso y de distribuida gratuita y restringida en 2012)
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