TEXTOS SOBRE LA FE (IV)
AÑO DE LA FE
“10. En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos entregarnos totalmente con plena libertad a Dios. En efecto existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contendidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El Apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esa realidad cuando escribe: “con el corazón se cree y con los labios se profesa” (cf. Rm 10,10). El corazón indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la persona en lo más íntimo.
A este propósito, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y “el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo” (Hch 16,14). El sentido que encierra la expresión es importante. San Lucas enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.
Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este “estar con él” nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso.
La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. Como afirma el “Catecismo de la Iglesia Católica”: “Creo”: Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. “Creemos”: es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. “Creo”, es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: “creo”, “creemos”.
Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor.
Por otra parte, no podemos olvidar que “muchas personas” en nuestro contexto cultural, aun no reconociendo en ellos el don de la fe, “buscan con sinceridad el sentido” último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico “preámbulo” de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de “lo que vale y permanece siempre”. Esta exigencia constituye una invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido. La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.” (de la carta Apostólica, en forma de Motu Proprio PORTA FIDEI, del Sumo Pontífice BENEDICTO XVI, con la que se convoca el Año de la Fe, dada en Roma junto a san Pedro, el día 11 de octubre del año 2011)
ANEXO III: TEXTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
1. GÉNESIS
(1) LA FE DE NOÉ. LA CONFIANZA. “El Señor dijo a Noé:
- Entra en el arca, tú y toda tu casa, porque he visto que eres el único justo ante mí en esta generación...
... Noé hizo todo tal y como el Señor le había ordenado (Gn 7, 1 y 5)
(2) LA FE DE ABRÁN. EL ABANDONO. “El Señor dijo a Abrán:
- Véte de tu tierra y de tu patria y de casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré; de ti haré un gran pueblo, te bendeciré, y engrandeceré tu nombre que servirá de bendición. Bendeciré a quienes te bendigan, y maldeciré a quienes te maldigan, en ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
Abrán se marchó tal como le había mandado el Señor, y con él fue Lot...” (Gn 12, 1-4)
(3) LA FE DE ABRÁN. LA CONFIANZA. “Después de estos sucesos, la palabra del Señor llegó a Abrán en una visión, diciéndole:
- No temas, Abrán, yo soy un escudo para ti; tu recompensa será muy grande.
Abrán contestó:
- ¡Mi Señor Dios! ¿Qué me vas a dar, si estoy sin hijos y el heredero de mi casa a ser Eliézer de Damasco?
Y añadió Abrán:
- He aquí que no me has dado descedencia y, por tanto, un criado de mi casa me va a heredar.
Pero la palabra del Señor le respondió:
- No te heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus entrañas.
Entonces le llevó fuera y le dijo:
- Mira al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas.
Y añadió:
- Así será tu descendencia.
Abrán creyó en el Señor, quien se lo contó como justicia.” (Gn 15, 1-6)
(4) LA FE DE ABRAHÁN. TRATANDO CON DIOS. “El Señor se manifestó a Abrahán junto a la encina de Mambré, cuando estaba sentado a la puerta de la tienda en lo más caluroso del día. Abrahán alzó la vista y vio que tres hombres estaban de pie junto a él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se postró en tierra, diciendo:
- Mi Señor si he hallado gracia a tus ojos, no pases sin detenerte junto a tu siervo. Haré que traigan un poco de agua para que os lavéis los pies, y descansaréis bajo el árbol; entretanto, traeré un trozo de pan para que reparéis vuestras fuerzas, y luego seguiréis adelante, pues por algo habéis pasado junto a vuestro siervo.
Contestaron:
- Sí, haz como has dicho.
Abrahán corrió a la tienda donde estaba Sara y le dijo:
- Date prisa, amasa tres seim de flor de harina y haz unas tortas.
Él fue corriendo a la vacada, tomó un hermoso ternero recental y lo entregó a su siervo que se dio prisa en prepararlo. Luego tomó cuajada, leche y el ternero que había preparado, y lo sirvió ante ellos; y permaneció en pie a su lado, bajo el árbol, mientras ellos comían.
Después le preguntaron.
- ¿Dónde está Sara, tu mujer?
Él contestó:
- Ahí en la tienda.
Y uno le dijo:
- Sin falta volveré a ti la próxima primavera, y Sara tu mujer habrá tenido un hijo.
Sara lo oyó desde la entrada de la tienda, pues estaba detrás del que hablaba. Abrahán y Sara eran ancianos, de edad avanzada, y a Sara le había cesado la regla de las mujeres. Sara se sonrió por dentro, diciendo: “¿Después de estar consumida, y con mi marido anciano, voy a sentir placer?”
El Señor dijo a Abrahán:
- ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “¿De veras voy a dar a luz siendo anciana?”. ¿Es que hay algo difícil para el Señor? En el tiempo señalado, la próxima primavera, volveré a ti y Sara habrá tenido un hijo.
Sara lo negó diciendo:
- No me he reído –pues tenía miedo.
Pero Él le contestó:
- No es cierto, te has reído.” (Gn 18, 1-15)
...
“El Señor visitó a Sara como había dicho, y le concedió lo que le había prometido. Sara concibió y dio un hijo a Abrahán en su vejez, en el plazo que Dios le había fijado. Abrahán puso por nombre Isaac al hijo que le había nacido, el que le había dado Sara. Y Abrahán circuncidó a su hijo Isaac cuando éste tenía ocho días, tal como Dios le había ordenado. Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. Entonces Sara dijo:
- Dios me ha hecho reír; quienes lo oigan reirán conmigo.
Y añadió:
- ¡Quién le diría a Abrahán que Sara iba a criar hijos! Pues yo le he dado un hijo en su vejez.” (Gn 21, 1-7)
(5) LA FE DE ABRAHÁN. LA OBEDIENCIA. “Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Y le llamó:
- ¡Abrahán!
Éste respondió:
- Aquí estoy
Entonces le dijo:
- Toma a tu hijo, a tu único hijo, al que tú amas, a Isaac, y vete a la región de Moria. Allí lo ofrecerás en sacrificio, sobre un monte que yo te indicaré.
Muy de mañana Abrahán se levantó, aparejó su asno, se llevó consigo a dos siervos y a su hijo Isaac, cortó la leña del sacrificio, se puso en camino y se dirigió al lugar que le había dicho Dios. Al tercer día Abrahán levantó la vista y divisó el lugar a lo lejos. Entonces dijo Abrahán a sus siervos:
- Quedaos aquí con el asno mientras el muchacho y yo vamos hasta allí para adorar a Dios; luego volveremos con vosotros.
Tomó Abrahán la leña del sacrificio y se la cargó a su hijo Isaac, mientras él llevaba en la mano el fuego y el cuchillo; y se pusieron en marcha los dos juntos. Isaac dijo a su padre Abrahán:
- ¡Padre!
Él respondió:
- Sí, hijo mío
Y el muchacho preguntó:
- Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el sacrificio?
Respondió Abrahán:
- Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.
Caminando juntos llegaron al lugar que Dios le había dicho; construyó allí Abrahán el altar y colocó la leña; luego ató a su hijo, Isaac y lo puso sobre el altar encima de la leña. Abrahán alargó la mano y empuñó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero entonces el ángel del Señor le llamó desde el cielo:
- ¡Abrahán, Abrahán!
Él contestó:
- Aquí estoy
Y Dios le dijo:
- No extiendas tu mano hacia el muchacho ni le hagas nada, pues ahora he comprobado que temes a Dios y no me has negado a tu hijo, tu hijo único.” (Gn 22, 1-12)
(6) LA FE EN LA BENDICIÓN. JACOB –ISRAEL-. “Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor; y su izquierda sobre la cabeza de Manases; adrede cruzó los brazos, ya que Manases era el primogénito.
Entonces bendijo a José diciendo:
- El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abrahán e Isaac; el Dios que ha sido mi pastor desde el día en que nací hasta el día de hoy; el ángel que me libró de todo mal, bendiga a estos muchachos: perdure en ellos mi nombre y el de mis padres Abrahán e Isaac, y en multitud se conviertan sobre la tierra.” (Gn 48, 14-16)
...
José vio a los descendientes de Efraím hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir, hijo de Manases, nacieron sobre las rodillas de José.
José dijo a sus hermanos:
- Yo voy a morir; pero Dios os visitará sin falta y os hará subir desde esta tierra a la tierra que juró a Abrahán, Isaac y Jacob.” (Gn 50, 23-24)
2. ÉXODO
(7) LA FE Y LA MANIFESTACIÓN DE DIOS. MOISÉS. “Moisés apacentaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; solía conducirlo al interior del desierto llegando hasta el Orbe, el monte de Dios. El ángel del Señor se le manifestó en forma de llama de fuego en medio de una zarza. Moisés miró: la zarza ardía pero no se consumía. Y se dijo Moisés: “Voy a acercarme y comprobar esta visión prodigiosa: por qué no se consume la zarza”. Vio el Señor que Moisés se acercaba a mirar y lo llamó de entre la zarza:
- ¡Moisés, Moisés!
Y respondió él:
- Heme aquí
Y dijo Dios:
- No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar que pisas es tierra sagrada.
Y añadió:
- Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.
Moisés se cubrió el rostro por temor a contemplar a Dios. Luego dijo el Señor:
- He observado la opresión de mi pueblo en Egipto, he escuchado su clamor por la dureza de sus opresores, y he comprendido sus sufrimientos. He bajado para librarlos del poder de Egipto y para hacerlos subir de ese país a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los pereceos, jeveos y jebuseos. Así es, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto además la opresión a que los egipcios los someten. Ahora, pues, ve: yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel, de Egipto.
Moisés respondió a Dios:
- ¿Quién soy yo para ir al faraón y para sacar a los hijos de Israel de Egipto?
Y le dijo Dios:
- Yo estaré contigo, y ésta será la señal de que yo te envío: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en este mismo monte.
Moisés replicó:
- Cuando me acerque a los hijos de Israel y les diga: “El Dios de vuestros padres me envía a vosotros”, y me pregunten cuál es su nombre, ¿qué he de decirles?
Y le dijo Dios a Moisés:
- Yo soy el que soy
Y añadió:
- Así dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me ha enviado a vosotros.
Y le dijo más:
- Así dirás a los hijos de Israel: “El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, me envía a vosotros”. Éste es mi nombre para siempre, así seré invocado de generación en generación.” (Ex 3, 1-15)
...
“Cuando Moisés bajó del monte, llevaba en su mano las tablas del Testimonio, pero no sabía que su rostro se había vuelto radiante por haber hablado con el Señor. Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés y al ver que su rostro se había vuelto radiante, temieron acercarse a él. Entonces Moisés los llamó y Aarón y todos los jefes de la comunidad se volvieron hacia él y pudo hablarles.
Después se acercaron todos los hijos de Israel y le ordenó todo lo que el Señor le había dicho en el monte Sinaí. Al terminar de hablar con ellos, Moisés se cubrió el rostro con un velo. Cuando Moisés entraba a la presencia del Señor para hablar con Él se quitaba el velo hasta que salía; al salir transmitía a los hijos de Israel lo que el Señor le había ordenado. Los hijos de Israel veían que el rostro de Moisés se había vuelto radiante; él volvía a cubrirse el rostro con el velo hasta que entraba a hablar con el Señor.” (Ex 34, 29-35)
3. DEUTERONOMIO
(8) LA FE EN EL DIOS ÚNICO. LA SHEMÁ. “Escucha Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es UNO.
Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en casa y al ir de camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portones.” (Dt 6, 4-9; cf. 11, 18-21)
(9) LA FIDELIDAD. “Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que el Señor, tu Dios, te pide sino que temas al Señor, tu Dios, y marches por todos sus caminos amando y dando culto al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y que guardes los mandamientos del Señor y sus leyes, que hoy te ordeno para tu bien?
Del Señor, tu Dios, son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto en ella hay. Sin embargo, el Señor se prendó de tus padres, amándolos y eligiendo a su descendencia, a vosotros, entre todos los pueblos, hasta hoy mismo.” (Dt 10, 12-15)
(10) HABLANDO CARA A CARA CON DIOS. MUERTE DE MOISÉS. “Luego, subió Moisés desde las estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisgá, que está frente a Jericó. El Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan, todo Neftalí y la comarca de Efraím y Manases, y toda la comarca de Judá hasta el Mar Occidental; el Negueb, la zona de la vega de Jericó, ciudad de las palmeras, hasta Soar. Entonces le dijo el Señor:
- Ésta es la tierra que prometí a Abrahán, a Isaac y a Jacob cuando dije: “A tu descendencia se la daré”. Te la dejo contemplar con tus ojos, pero no entrarás en ella.
Allí murió Moisés, siervo del Señor, en el país de Moab, como había dispuesto el Señor. Él lo enterró en el valle, en tierra de Moab, frente a Bet-Peor, sin que nadie haya conocido el lugar de su sepultura hasta hoy. Tenía Moisés ciento veinte años cuando murió, pero no se había enturbiado su vista ni había perdido el vigor. Los hijos de Israel lloraron a Moisés en las estepas de Moab durante treinta días, cumpliendo así el tiempo de duelo por Moisés.
Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había impuesto sus manos sobre él. Los hijos de Israel le obedecieron y actuaron conforme el Señor había mandado a Moisés.
No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor trataba cara a cara: nadie ha hecho los signos y prodigios que el Señor le envió a realizar en la tierra de Egipto, contra el Faraón, sus servidores y todo su país; ni ha habido mano tan fuerte, ni realizado tamaños prodigios como obró Moisés a los ojos de todo Israel.” (Dt 34, 1-12)
4. JOSUÉ
(11) LA FE DE JOSUÉ. LA PERSEVERANCIA. “El día séptimo se levantaron al disiparse la oscuridad y dieron siete vueltas a la ciudad de esa misma manera; aquel día fue el único que dieron siete vueltas a la ciudad. Al dar la séptima vuelta los sacerdotes hicieron sonar las trompetas y Josué dijo al pueblo:
- ¡Gritad! El Señor os ha entregado la ciudad. La ciudad y todo lo que hay en ella serán consagrados al anatema en honor del Señor. Sólo sobrevivirán Rajab, la prostituta, y quienes se encuentren en su casa, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos. Tened mucho cuidado con el anatema, no vaya a ser que dejéis algo de los consagrado al anatema y os quedéis, porque entonces haríais caer el anatema sobre el campamento de Israel y le ocasionaríais una desgracia. Toda la plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro están consagrados al Señor: se depositarán en su tesoro.
El pueblo gritó y sonaron las trompetas. Cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, dio un gran alarido y la muralla se desplomó sobre sí misma. Entonces el pueblo se lanzó al asalto de la ciudad, cada uno hacia lo que se tenía delante, y la tomaron.” (Jos 6, 15-20)
(12) EL COMPROMISO DE LA FE. LA IDOLATRÍA. “Así que ahora reverenciad al Señor, servidlo con pureza y verdad, apartaos de los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río y en Egipto, y servid al Señor. Si os parece mal servir al Señor, escoged hoy a quien vais a servir: a los dioses a los que sirvieron vuestros padres cuando estaban al otro lado del río o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis. Yo y mi casa serviremos al Señor:
El pueblo respondió diciendo:
- ¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses! Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos ha subido a nosotros y a nuestros padres a la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre, y quien ha hecho ante nuestros ojos estos grandes signos; es el que nos ha guardado en todos los caminos por donde hemos marchado y en todos los pueblos por los que hemos pasado. El Señor ha expulsado de nuestra presencia a todos estos pueblos y al amorreo que habitaba en esta tierra. También nosotros serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios.
Josué dijo al pueblo:
- No podréis servir al Señor porque Dios es santo y es un Dios celoso; no pasará por encima de vuestros delitos y de vuestros pecados. Si abandonáis al Señor y servís a dioses extranjeros, se volverá, os maltratará y os consumirá después de haberos favorecido.
El pueblo dijo a Josué:
- De ninguna manera. Serviremos al Señor.
Josué dijo al pueblo:
- Vosotros sois testigos ante vosotros mismos, de que habéis escogido servir al Señor.
Y dijeron:
- Somos testigos
- Ahora, pues, apartad los dioses extranjeros que tenéis entre vosotros e inclinad vuestros corazones hacia el Señor, el Dios de Israel.
El pueblo dijo a Josué:
- Serviremos al Señor, nuestro Dios, y obedeceremos su voz.
Aquel día en Siquem Josué hizo una alianza con el pueblo y le impuso leyes y normas.” (Jos 24, 14-25)
5. JUECES
(13) TRATANDO CON DIOS. GEDEÓN. “Vino un ángel del Señor y se sentó bajo la encina que había en Ofrá y que pertenecía a Joás, de los de Abiézer. Mientras Gedeón, su hijo, desgranaba el trigo en el lagar para esconderlo de Madián el ángel del Señor se le apreció y le dijo:
- El Señor está contigo, valiente
Gedeón le respondió:
- Señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha sucedido todo esto?. ¿Dónde están los prodigios que nuestros padres nos cuentan cuando dicen que el Señor nos hizo subir desde Egipto? Ahora, sin embargo, el Señor nos ha abandonado y nos ha puesto en manos de Madián.
El Señor se dirigió a él y le dijo:
- Ve, que con la fuerza que tienes salvarás a Israel de la mano de Madián. Yo te envío.
Él respondió:
- Señor mío, ¿cómo voy a liberar a Israel? Mi clan es el más insignificante de manases y yo soy el más joven de mi familia.
El Señor le dijo:
- Yo estaré contigo y tu derrotarás a Madián como a un solo hombre.
Y de nuevo respondió:
- Por favor, si he encontrado gracia a tus ojos, dame una señal de que eres tú quien ha hablado conmigo. No te muevas de aquí hasta que regrese trayendo mi oblación y te la presente.
A lo que él contestó:
- Me quedaré hasta que vuelvas.
Gedeón fue a preparar un cabrito y unos panes ácimos con un fea de harina. Luego, colocando la carne en un canasto y la salsa en una cazuela, se lo llevó hasta debajo de la encina y allí se lo ofreció.
El ángel de Dios le dijo:
- Toma la carne y los panes ácimos; déjalos sobre esa roca y derrama salsa por encima.
Él así lo hizo. El ángel del Señor alargó el extremo del cayado que tenía en su mano, tocó la carne y los panes ácimos, y salió de la roca un fuego que consumió la carne y los panes. Luego el ángel del Señor se retiró de su presencia. Al ver Gedeón que era un ángel del Señor dijo:
- ¡Ay de mí, Señor, Dios mío, que he visto al ángel del Señor cara a cara!
Y el Señor le respondió:
- Ten paz. No temas, no morirás.” (Jc 6, 11-23)
(14) LA FE EN LA PROVIDENCIA. SANSÓN. “Hubo un hombre de Sorá de la estirpe de Dan, llamado Manóaj. Su mujer era estéril y no tenia hijos. Se le apareció un ángel del Señor a esta mujer y le dijo:
- Mira, eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo. Así que ahora guárdate de beber vino y licor y de comer nada impuro, pues concebirás y darás a luz un hijo por cuya cabeza no pasará la navaja, ya que el muchacho es nazareo de Dios desde el vientre materno. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos... ... La mujer dio a luz un hijo y le puso el nombre de Sansón. El muchacho creció y el Señor lo bendijo. El espíritu del Señor comenzó a inspirarle en el campamento de Dios, entre Sorá y Estaol.” (Jc 13, 2-5 y 24-25)
6. LIBRO PRIMERO DE LOS REYES
(15) LA FE EN LA PALABRA. ELÍAS Y LA VIUDA DE SAREPTA. “De nuevo, le llegó la palabra del Señor, diciéndole:
- Levántate y vete a Sarepta, que está en Sidón, y establécete allí. Yo ya he dado orden allí a una mujer viuda para que te alimente.
Él se levantó y se marchó a Sarepta. Entraba por la puerta de la ciudad cuando una mujer viuda recogía leña. La llamó y le dijo:
- Por favor, tráeme en un vaso un poco de agua para beber.
Cuando ella iba a buscar el agua, él la llamó y le dijo:
- Por favor, tráeme en tus manos un trozo de pan.
Ella contestó:
- Vive el Señor, tu Dios, que no tengo ni una hogaza, sólo un puñado de harina en el cuenco y un poco de aceite en la alcuza. Ahora estoy recogiendo un par de leños para ir a prepararlo para mi hijo y para mí. Lo comeremos y luego moriremos.
Le dijo Elías:
- No tengas miedo. Anda, haz lo que dices; pero primero hazme a mí con eso una tarta pequeña y tráemela; después vete y hazla para ti y para tu hijo. Porque esto ha dicho el Señor, Dios de Israel: “El cuenco de harina no quedará sin nada y la alcuza de aceite no se vaciará hasta el día en que el Señor conceda la lluvia a la superficie del suelo”.
Ella fue y actuó según la palabra de Elías, y comieron él y ella y su casa durante días. La harina del cuenco no se acabó ni el aceite de la alcuza se vació, según la palabra que el Señor había pronunciado por medio de Elías.” (1 Re 17, 8-16)
(16) LA FE Y EL ENCUENTRO CON DIOS. ELÍAS. “Ajab contó a Jezabel todo lo que había realizado Elías, todo lo referente a cómo había hecho morir a espada a todos los profetas de Baal. Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías para decirle:
- Que los dioses me hagan esto y aquello me añadan, si mañana a estas horas no te he hecho como a cualquiera de aquéllos.
Él, temiendo por su vida, se levantó, se marchó y llegó a Berseba de Judá donde dejó a su criado. Luego anduvo una jornada por el desierto y vino a sentarse debajo de una retama. Y se deseó la muerte diciendo:
- Ya es demasiado, Señor, toma mi vida pues no soy mejor que mis padres.
Se echó y se quedó dormido debajo de la retama. De pronto, un ángel le tocó y le dijo:
- Levántate y come.
Miró a su cabecera y había una torta asada y un jarro de agua. Él comió y bebió; luego, se volvió a echar. El ángel del Señor volvió a tocarle por segunda vez y le dijo:
- Levántate y come porque te queda un camino demasiado largo.
Se levantó, comió y bebió; y con las fuerzas de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Orbe, el monte de Dios.
Allí entró en una cueva donde pasó la noche. Entonces le llegó la palabra del Señor diciéndole:
- ¿Qué te trae por aquí Elías?
Él respondió:
- Ardo en celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han roto tu alianza, han quebrantado tus preceptos y han hecho morir a espada a tus profetas. He quedado yo solo y me buscan para matarme.
El ángel dijo:
- Sal y quédate en la montaña, delante del Señor.
Entonces el Señor pasó y un viento fortísimo conmovió la montaña y partió las rocas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Detrás del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Detrás del terremoto, un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Detrás del fuego, un susurro de brisa suave. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y se detuvo a la puerta de la cueva...” (1 Re 19, 1-13)
7. LIBRO SEGUNDO DE LOS REYES
(17) LA FE Y LOS PLANES DE DIOS. NAAMÁN, EL SIRIO. “Naamán, jefe del ejército de Siria, era un hombre importante ante su señor, y muy respetado porque gracias a él el Señor había concedido la victoria a Siria. Este hombre que era un valiente, padecía lepra. Los sirios habían realizado una incursión, y habían traído a una muchacha jovencita de tierra de Israel, que había pasado al servicio de la mujer de Naamán. Le dijo a su señora:
- Ojalá mi señor estuviera ante el profeta que hay en Samaría. Seguro que él lo curaría de la lepra.
Naamán fue y se lo dijo a su señor diciendo:
- Esto y aquello ha dicho la muchacha procedente de Israel.
Contestó el rey de Siria:
- Anda, vete; yo enviaré cartas al rey de Israel.
Partió llevando consigo diez talentos de platas, seis mil ciclos de oro y diez trajes. Llevó también la carta al rey de Israel que decía: “Al presente, cuando te llegue esta carta, te envío a Naamán, mi siervo, para que lo cures de la lepra”. Cuando el rey de Israel leyó la carta, se rasgó las vestiduras diciendo:
- ¿Acaso soy Dios para hacer morir o vivir, que éste me envía un hombre a fin de que le cure de la lepra? Poned atención y veréis que busca un motivo contra mí.
Eliseo, el hombre de Dios, al oír que el rey de Israel se había rasgado las vestiduras, envió a decir al rey:
- ¿Por qué te rasgas las vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.
Llegó Naamán con sus caballos y su carruaje y se detuvo en la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo le envió un mensajero a decirle:
- Vete y lávate siete veces en el Jordán y tu carne volverá a quedar sana.
Naamán se irritó y se dispuso a marchar diciendo:
- Yo me imaginaba que a buen seguro saldría hasta mí y de pie invocaría el nombre del Señor, su Dios; pondría su mano donde está la lepra y me curaría de ella. ¿Acaso no son los ríos de Damasco, el Amaná y el Parpar, mejores que todos los ríos de Israel, para lavarme en ellos y quedar limpio?
Dio media vuelta y se marchó con rabia. Pero se le acercaron sus siervos y le hablaron diciendo:
- Padre, si el profeta te hubiera mandado algo difícil, ¿no lo habrías hecho? Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y te quedarás limpio”
Bajó y se metió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios, y entonces su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
Volvió con todo su acompañamiento adonde estaba el hombre de Dios, entró y se detuvo ante él diciendo:
- Reconozco ciertamente que no hay otro Dios en toda la tierra sino el Dios de Israel. Ahora, por favor, recibe un regalo de tu siervo.
Le respondió:
- Por la vida del Señor en cuya presencia me mantengo, que no lo aceptaré.
Le insistió para que lo aceptase, pero él rehusó.
Dijo entonces Naamán:
- Pues si no, que se le conceda a tu siervo la carga de tierra de un par de mulas, pues tu siervo no ha de ofrecer holocausto ni sacrificio alguno a otros dioses, sino al Señor. Solamente una cosa habrá de perdonar el Señor a tu siervo: cuando mi señor entre en el templo de Rimón para adorar allí, y se apoye en mi mano y yo me postre en el templo de Rimón, en mi adoración en el templo de Rimón, que el Señor se digne perdonar a tu siervo por esta acción.
Eliseo contestó:
- Vete en paz
Y se alejó una cierta distancia.” (2 Re 5, 1-19)
8. CRÓNICAS (2)
(18) LA FE EN LA VICTORIA. “Después de una temporada, los moabitas, los amonitas y algunos de los meunitas declararon la guerra a Josafat...
... Todos los de Judá estaban en pie ante el Señor, con sus pequeños, sus mujeres y sus hijos. Entonces, Yajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Yeiel, hijo de Matanías, el levita, de los hijos de Asaf, se sintió invadido del espíritu del Señor en medio de la asamblea y dijo:
Atendedme, habitantes todos de Judá y de Jerusalén; y tú también rey Josafat. Así dice el Señor: “Vosotros no temáis ni os acobardéis ante esta gran multitud, porque esta guerra no es cosa vuestra, sino de Dios. Mañana, bajad contra ellos; subirán por la cuesta del Sis y podréis sorprenderlos en el final del valle que está enfrente del desierto de Yeruel. En esta ocasión no os corresponde a vosotros luchar; deteneos y quedaos contemplando la salvación que el Señor va a obrar a favor vuestro, gente de Judá y de Jerusalén. No temáis y no os acobardéis. Salid mañana a su encuentro, que el señor estará con vosotros”...
... En el momento en que comenzaron los cantos de alegría y de alabanza, el Señor provocó desacuerdos entre los amonitas, los moabitas y los de las montañas del Seír que habían venido contra Judá y fueron derrotados. Los moabistas y los amonitas se enfrentaron contra los habitantes de las montañas del Seír hasta entregarlos al exterminio y destruirlos. Y cuando terminaron con ellos se dedicaron a destruirse unos a otros.” (2 Cro 20, 1. 13-17. 22-23)
9. ESTER
(19) LA FE EN LA ORACIÓN. MARDOQUEO. “Mardoqueo rasgó sus vestiduras, se ciño un cilicio y se postró rostro en tierra junto a los ancianos del pueblo desde la mañana hasta la tarde, y dijo:
- Bendito eres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
¡Señor, Señor Rey todopoderoso!, todas las cosas están bajo tu poder, y no hay quien pueda resistirse a tu voluntad si decretas salvar a Israel.
Tú hiciste el cielo, la tierra y todas las maravillas que hay bajo el firmamento;
Tú eres el Señor de todas las cosas, y no hay quien resista a tu majestad, Señor.
Tú sabes, Señor, que de buena gana me habría postrado en adoración a las plantas de los pies de Amán, por salvar a Israel; pero no lo hice, para no poner la gloria de un hombre encima de la gloria de mi Dios, y no me postraré ante nadie, sino ante ti, Señor, Dios mío.
Y no lo hago por soberbia ni por deseo de fama, Señor.
¡Aparece, Señor! ¡Manifiéstate, Señor!
Ahora, oh Señor Rey, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob, ¡perdona a tu pueblo!, porque nuestros enemigos tratan de destruirnos y arruinar tu heredad.
No desprecies tu porción, a la que Tú mismo liberaste de la tierra de Egipto.
Escucha mi plegaria y ten misericordia de tu heredad; cambia nuestro luto en alegría, para que siguiendo vivos podamos cantar himnos a tu nombre, Señor, y no cierres la boca de los que te alaban.” (Es 4, 17.a-17.l)
(20) LA FE EN LA ORACIÓN. ESTER. “También la reina Ester, presa de angustia por el inminente peligro de muerte, buscó refugio junto al Señor.
Se cambió los vestidos de fiesta por una ropa pobre y de luto; en vez de perfumes delicados cubrió su cabeza con ceniza y debilitó mucho su cuerpo con ayunos. Desde la mañana hasta la tarde se mantuvo postrada en tierra junto con sus sirvientas; y dijo:
- Bendito eres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Ven en mi ayuda, pues me encuentro sola y no tengo otro auxilio fuera de ti, Señor, porque me amenaza un gran peligro...” (Es 4, 17.n-17.r)
10. LIBRO PRIMERO DE LOS MACABEOS
(21) EL PREMIO DE LA FE. MATATÍAS. “Cuando estaba próximos los días de su muerte, Matatías les dijo a sus hijos:
- Ahora imperan la soberbia y el ultraje, es tiempo de ruina y de gran furia. Ahora, hijos, encendeos de celo por la Ley. Dad vuestras vidas por la alianza de vuestros padres realizaron en su tiempo. Recibid una gran gloria y un nombre eterno.” (1 Mc 2, 49-51)
11. LIBRO SEGUNDO DE LOS MACABEOS
(22) EL PREMIO DE LA FE. MARTIRIO DE LOS MACABEOS. “Antíoco, pensando que era despreciado y sospechando que se trataba de palabras injuriosas, como todavía quedaba el más joven, no sólo le hacía exhortaciones con palabras, sino que le prometía bajo juramento que le haría a la vez rico y feliz sia abandonaba las costumbres de sus padres; que lo tendría como amigo y le confiaría cargos. Como el joven no le hacía ningún caso, el rey llamó a la madre y le instaba para que aconsejara al muchacho que se salvase. Después de que el rey le recomendara muchas cosas, ella aceptó persuadir a su hijo. E inclinándose hacia él, y riéndose del cruel tirano, le habló así en la lengua patria:
- Hijo, apiádate de mí que te he llevado nueve meses en el vientre, te he amamantado durante tres años, te he educado y guiado hasta esta edad, y te he proporcionado el alimento. Te suplico, hijo, que mires el cielo y la tierra, y viendo todo lo que hay en ellos reconozcas que Dios no los ha hecho de cosas ya existentes, y que lo mismo sucede con el género humano. No tengas miedo de este verdugo, sino sé digno de tus hermanos, acepta la muerte para que, en el tiempo de la misericordia, te recupere junto con tus hermanos.
Apenas ella terminó de hablar, el joven respondió:
- ¿A qué esperáis? Yo no voy a obedecer el mandato del rey, sino que obedezco el mandamiento de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Moisés. Y tú, que has sido el iniciador de todos los males contra los hebreos, no escaparás de las manos de Dios. Pues nosotros sufrimos por nuestros pecados y si el Señor viviente se ha irritado con nosotros por un breve tiempo para castigarnos y corregirnos, de nuevo se reconciliará con sus siervos. Pero tú, sacrílego, el más impío de todos los hombres, no te ensalces vanamente alimentando esperanzas inconfesables cuando levantas la mano contra los hijos del cielo, pues todavía no has escapado al juicio del Dios todopoderoso que ve todas las cosas. Porque ahora nuestros hermanos, tras haber soportado tu breve tormento, han adquirido la promesa de Dios de una vida eterna; pero tú sufrirás el juicio de Dios el justo castigo de tu soberbia. Yo, como mis hermanos, entrego cuerpo y alma por las leyes de los padres, suplicando que Dios sea pronto misericordioso con la nación, y que tú, entre tormentos y azotes, confieses que sólo Él es Dios. Que en mí y en mis hermanos se detenga la ira del Todopoderoso justamente desatada sobre toda nuestra raza.
- El rey, fuera de sí, se ensañó con éste más que con los otros, exasperado por el desprecio. El joven pasó puro a la otra vida, confiando totalmente en el Señor. La madre murió la última después que sus hijos.” (2 Mac 7, 24-41)
12. JOB
(23) LA FE DE JOB. DIOS ORIGEN DE TODO. “Pero pregunta a las bestias y te instruirán, a las aves del cielo y te informarán, a los reptiles de la tierra y te enseñarán, te lo explicarán los peces del mar. ¿Quién no sabe entre todos estos seres que es la mano del Señor quien lo ha hecho? En su alma está el alma de todo viviente y el espíritu de toda carne... De Dios es la sabiduría y la fuerza, suyos son la inteligencia y el consejo.” (Jb 12, 7-11 y 13)
(24) LA FE DE JOB. DIALOGANDO CON DIOS. “Entonces, el Señor respondió a Job desde el seno del torbellino diciendo:
- ¿Quién es éste que enturbia mis designios con palabras sin sentido? Cíñete la cintura como un hombre, Yo te preguntaré y tú me instruirás.
¿Dónde estabas cuando Yo cimentaba la tierra? Explícamelo, si tanto sabes. ¿Quién fijó sus dimensiones, si lo sabes, o quien extendió sobre ella el cordel? ¿Sobre qué se apoyan sus pilares? ¿Quién asentó su piedra angular, cuando cantaban a una las estrellas matutinas y aclamaban todos los ángeles de Dios?
¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando salía a borbotones del seno materno, cuando le puse las nubes por vestido y por pañales la niebla, cuando le fijé un límite y le puse cerrojos y puertas, y le dijo: “Hasta aquí llegarás y no más, aquí se romperá la soberbia de tus olas?”.
Desde que existes, ¿has mandado a la mañana, has asignado a la aurora su lugar, para que agarrando los bordes de la tierra sacuda de ella a los malvados? Ella se transforma como la arcilla de un sello y se colorea como un vestido; niega la luz a los malvados y se quiebra el brazo altanero.
¿Has llegado hasta las fuentes del mar, has caminado por el fondo del abismo? ¿Se te han abierto las puertas de la muerte? ¿Has descubierto las entrañas de las sombras? ¿Has conocido la extensión de la tierra? Explícamelo, si lo sabes todo. ¿Por qué camino se llega a la luz?, o ¿dónde está la mansión de las tinieblas? Para que las dirijas hasta sus confines y les enseñes el camino de su morada. Deberías saberlo. ¡Ya habías nacido y es tan grande el número de tus años!
¿Has llegado a los depósitos de la nieve? ¿Has descubierto los graneros del granizo, que tengo reservado para el tiempo de la angustia, para el día de la lucha y la batalla? ¿Por qué camino se expande la luz, o se extiende por la tierra el solano? ¿Quién ha abierto un canal al aguacero, y un camino a la centella y al trueno, para que llueva en zonas sin habitantes, en desiertos donde no hay nadie, para saturar de agua el yermo desolado, y hacer brotar la hierba en la estepa? ¿Quién es el padre de la lluvia, o quién engendra las gotas del rocío? ¿De qué vientre nace el hielo? ¿Quién engendra la escarcha del cielo, cuando el agua se endurece como roca y la superficie del abismo se congela?...
... Job respondió al Señor diciendo:
- Comprendo que lo puedes todo, que ningún proyecto te resulta inalcanzable. “¿Quién es éste que sin sentido empaña mis designios?”. Cierto, he querido explicar sin comprender las maravillas que me superan y que ignoro. “Escúchame, pues, que voy a hablarte, Yo te preguntaré y tú me instruirás”. Sólo de oídas sabía de ti, pero ahora te han visto mis ojos. Por eso me arrepiento, y hago penitencia sobre el polvo y la ceniza.” (Jb 38, 1-30 y 42, 1-6)
13. SALMOS
(25) LA FE EN LA PALABRA. SALMO 85
“...Escucharé lo que dice Dios:
el Señor anuncia la paz a su pueblo y a sus fieles,
con tal de que no retornen a la necedad.
En verdad, ya está cerca la salvación
para los que le temen,
para que en nuestra tierra habite la Gloria.
Misericordia y fidelidad se encontrarán,
justicia y paz se besarán.
De la tierra germinará la fidelidad,
desde los cielos despuntará la justicia.
Porque el Señor otorgará bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
Ante Él marchará la justicia,
y sus pasos abrirán camino.” (Sal 85, 9-14)
(26) LA FE Y LA MISERICORDIA DE DIOS. SALMO 86
“Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy pobre y desvalido.
Guarda mi alma, que soy un fiel tuyo.
Dios mío, salva a tu siervo que confía en Ti.
Ten piedad de mi, Señor mío,
que te invoco todo el día.
Alegra la vida de tu siervo,
que a Ti, Señor, levanto mi alma.
Pues Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Escucha, Señor, mi plegaria,
atiende a la voz de mi súplica.
En el día de mi angustia te invoco
porque Tú me escuchas.
No hay como Tú entre los dioses, Señor,
ni obras como las tuyas.
Todas las naciones que hiciste
vendrán a postrarse ante Ti, Señor,
y a dar gloria a tu Nombre;
porque Tú eres grande y haces maravillas:
Tú sólo eres Dios.
Enséñame, Señor, tu camino,
para que ande en tu fidelidad.
Haz que mi corazón sea sencillo,
para que tema tu Nombre.
Te daré gracias de todo corazón, Señor, Dios mío,
y glorificaré tu Nombre por siempre.
Pues tu misericordia es grande conmigo
y has librado mi alma del seol profundo.
Dios mío los arrogantes se alzan contra mí,
una banda de violentos busca mi alma,
sin tenerte en cuenta a Ti.
Pero Tú, Señor, Dios compasivo y misericordioso
lento a la cólera, rico en misericordia y fidelidad,
mírame y ten piedad,
da fuerza a tu siervo,
y salva al hijo de tu esclava.
Muéstrame una señal de benevolencia;
que la vean mis enemigos y queden avergonzados,
pues Tú, Señor, me socorres y consuelas.” (Sal 86)
(27) LA FE Y LA FIDELIDAD DE DIOS. SALMO 89.
“Las misericordias del Señor cantaré eternamente;
de generación en generación anunciaré con mi boca tu fidelidad.
Pues he dicho: “La misericordia está edificada para siempre;
tu fidelidad está firme en los cielos” (Sal 89, 2-3)
(28) LA FE Y LA SALVACIÓN. SALMO 116.
“¡Aleluya!
Yo amo al Señor, porque escucha
la voz de mi súplica;
porque inclinó su oído hacia mí
los días que le invoqué.
Me apretaban lazos de muerte,
me apretaban las angosturas del seol,
me encontraba entre angustias y dolores.
Pero invoqué el Nombre del Señor:
“¡Te lo suplico, Señor, salva mi alma!”.
El Señor es clemente y justo,
nuestro Dios es compasivo.
El Señor guarda a los sencillos:
estaba yo hundido y me salvó.
Alma mía, vuelve a tu sosiego,
Que el Señor ha sido benigno contigo:
pues ha rescatado mi alma de la muerte,
mis ojos, de las lágrimas,
mis pies, de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
En la tierra de los vivos...” (Sal 116, 1-9)
14. SIRÁCIDA
(29) LA SABIDURÍA PREMIO DE LA FE.
“El temor del Señor es gloria y honor,
felicidad y corona de júbilo.
El temor del Señor alienta el corazón
y proporciona felicidad, alegría y larga vida.
A quien teme al Señor, todo le irá bien al final,
y en el día de su muerte recibirá la bendición.
El amor de Dios es sabiduría superior,
que la reparte a quienes se manifiesta
en visión de sí mismo
y en reconocimiento de sus grandes obras.
El principio de la sabiduría es temer al Señor;
y los fieles fueron creados con ella en el seno materno.
Anidó entre los hombres como fundamento perenne,
y permanecerá fiel con sus descendientes.
El temor del Señor es la piedad del saber;
La piedad guarda y santifica el corazón,
concede gozo y alegría...” (Si 1, 11-18)
(30) LA FE EN LOS SANTOS.
“La sabiduría se elogia por sí misma
y se gloría en medio de su pueblo.
Abre su boca en la asamblea del Altísimo
y, en presencia de su majestad, se gloría.
En medio de su pueblo será ensalzada,
en la totalidad de los santos será admirada,
en la multitud de los elegidos recibirá alabanza,
y entre los bienaventurados será bendita, y dirá:
“Yo salí de la boca del Altísimo,
primogénita antes que toda criatura...” (Si 24, 1-5)
(31) LA FE Y EL TEMOR DE DIOS.
“Quien teme al Señor aceptará la instrucción;
los que madrugan por Él encontrarán su bendición.
El que busca la Ley se saciará de ella,
Pero el hipócrita en ella tropezará.
Los que temen al Señor serán justificados,
y sus virtudes brillarán como lumbreras.
El hombre pecador rehuye la represión
y encontrará excusas para sus caprichos.
El hombre sensato no descuida la reflexión,
el extraño y el soberbio no tienen temor a nada.
Hijo, no hagas nada sin tomar consejo,
así no tendrás luego que arrepentirte de tus actos.
No vayas por caminos llenos de obstáculos,
así no tropezarás dos veces con las piedras.
No te fíes de un camino sin explorar,
ni te pongas obstáculos a ti mismo.
Guárdate incluso de tus hijos,
y pon atención a tus criados.
En todas tus acciones confía en ti mismo,
pues también eso es observar los mandamientos.
Quien es fiel a la Ley está atento a los mandatos;
quien confía en el Señor no quedará defraudado...” (Si 32, 18-28)
15. ISAÍAS
(32) LA FE EN EL ÚNICO DIOS.
“Así dice el Señor, Rey de Israel,
y su Redentor, el Señor de los ejércitos:
“Yo soy el primero y Yo soy el último,
fuera de mí no hay Dios.
¿Quién hay como Yo?
que tome la palabra, lo explique, y me lo pruebe.
¿Quién hizo oír desde antaño las señales,
y anunció lo que había de venir?
¡No temáis ni tembléis!
¿Es que no te lo hice oír y anuncié desde antiguo?
Vosotros sois mis testigos:
¿hay acaso un Dios fuera de mí?
¡No hay una Roca, no la conozco!”
Los que fabrican ídolos no son nada, sus preciadas obras no sirven de nada. Sus propios testigos no ven nada ni saben nada, por eso quedan avergonzados. ¿Quién fabrica un dios y funde un ídolo sin buscar un lucro? Todos sus adeptos están avergonzados, pues sus artífices son meros hombres. Que todos ellos se reúnan, que se presenten: temblarán juntos y serán avergonzados.” (Is 44, 6-11)
16. JEREMÍAS
(33) LA FE Y LAS OBRAS.
“Esto dice el Señor:
“Maldito el varón que confía en el hombre
y pone en la carne su apoyo,
mientras su corazón se aparta del Señor.
Será como matojo de la estepa,
que no verá venir la dicha,
pues habita en terrenos resecos del desierto,
en tierra salobre e inhóspita.
Bendito el varón que confía en el Señor,
Y el Señor es su confianza.
Será como árbol plantado junto al agua,
que extiende sus raíces a la corriente,
no teme que llegue el calor,
y sus hojas permanecerán lozanas,
no se inquietará en año de sequía,
ni dejará de dar frutos.
Lo más falaz de todo es el corazón,
y lo más insanable. ¿Quién lo entiende?
Yo, el Señor, escudriño el corazón,
examino las entrañas,
para retribuir a cada uno según su conducta,
según el fruto de sus obras.
Perdiz que incuba huevos que no puso
es el que hace fortuna injustamente:
a mitad de sus días tendrá que dejarla,
y al final será un necio.” (Jr 17, 5-11)
17. DANIEL
(34) LA FE EN EL MARTIRIO. LOS TRES JÓVENES. “Sadrac, Mesac y Abed-Negó contestaron al rey Nubucodonosor diciendo:
- Nosotros no necesitamos darte respuesta sobre esto. Si existe nuestro Dios, al que adoramos, Él puede librarnos del horno encendido, y Él nos librará, oh rey, de tus manos. Y si no lo hiciera que te conste, majestad, que nosotros ni servimos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido.
Entonces Nabucodonosor llenándose de rabia y cambiando el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-Negó, ordenó encender el horno siete veces por encima de lo que era costumbre encenderlo, y mandó a los más fuertes de los soldados de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed-Negó para arrojarlos al horno encendido. Así aquellos hombres, atados con sus sayales, camisas, gorros y ropa fueron arrojados al horno encendido. Y como la orden del rey era apremiante, y el horno estaba ardiendo al máximo, la llama del fuego mató a aquellos hombres que conducían a Sadrac, Mesac y Abed-Negó, mientras que los tres Sadrac, Mesac y Abed-Negó, caían atados dentro del horno encendido.
Caminaban en medio de las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.” (Dn 3, 16-24)
(35) LA FUERZA DE LA FE. DANIEL. “Cuando se levantó a la mañana, la rayar el alba, fue a toda prisa al foso de los leones. Se acercó al foso y gritó a Daniel con voz lastimera. Habló el rey y dijo a Daniel:
¡Daniel, siervo del Dios vivo! Tu Dios, al que adoras con perseverancia, ¿ha podido salvarte de los leones?
Entonces Daniel habló con el rey:
¡Viva el rey por los siglos! Mi Dios envió su ángel y cerró las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante Él he sido encontrado inocente, y tampoco ante ti, majestad, he hecho nada malo.
El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso. Después que sacaran a Daniel del foso, no se encontró en él ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Lego mandó el rey que trajeran a aquellos hombres que habían calumniado a Daniel, y los arrojó al foso de los leones con sus hijos y esposas. No habían llegado aún al suelo del foso y ya los leones los habían atrapado y triturado todos sus huesos.” (Dn 6, 20-25)
18. OSEAS
(36) FE Y VERDADERA CONVERSIÓN.
“Andad, volvamos al Señor,
porque Él nos desgarró,
y Él nos sanará.
Él nos hirió, Él nos curará.
En dos días nos hará revivir,
y al tercero nos levantará
para que vivamos en su presencia.
Conozcamos,
apresurémonos a conocer al Señor.
Cierta como la aurora es su salida,
y vendrá a nosotros como lluvia de otoño,
como lluvia de primavera que empapa la tierra”
“¿Qué haré contigo Efraím?
¿Qué haré contigo Judá?
Vuestro amor es como bruma matinal,
como rocío pasajero del amanecer.
Por eso los tallo con los profetas,
los mato con las palabras de mi boca,
y mis juicios despuntan como la luz.
Porque quiero amor y no sacrificios
y conocimiento de Dios, más que holocaustos.” (Os 6, 1-6)
19. JONÁS
(37) LA FE Y LOS PLANES DE DIOS. “Pero Jonás se llevó un gran disgusto y se enojó. Y oró al Señor, diciendo:
- ¡Ah, Señor! ¿No era esto lo que yo me decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sabía que Tú eres el Dios clemente y misericordioso, lento a la ira y rico en misericordia, y que te dueles del mal. Ahora, Señor, te suplico, quítame la vida: más me vale morir que vivir.
El Señor le respondió:
- ¿Te vale más enojarte?
Jonás salió de la ciudad y se detuvo a levante de la ciudad. Allí se hizo una cabaña, y se sentó debajo, a la sombra, a la espera de lo que sucediese en la ciudad. El Señor Dios dispuso que un ricino creciera por encima de Jonás para darle sombra en la cabeza y librarlo de su malestar. Jonás sintió gran dicha por aquel ricino.
Pero el Señor dispuso que, al rayar la aurora, al día siguiente, un gusano atacara el ricino, que se secó. Y, al brillar el sol, Dios dispuso un viento solano sofocante, y pegó el sol en la cabeza de Jonás, que se desvaneció. Entonces pidió morirse, y decía:
- Más me vale morir que vivir.
Respondió Dios a Jonás:
- ¿Te parece bien enojarte por un ricino?
Y contestó:
- Me parece bien enojarme hasta morir.
Replicó el Señor:
Tú te apiadas del ricino, por el que no te has pasado fatiga alguna, ni le has hecho crecer, que una noche ha nacido y una noche ha perecido. Pues Yo, ¿no he de apiadarme de Nínive, la gran ciudad, en la que hay mucho más de ciento veinte mil personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, e innumerables animales?” (Jon 4, 1-11)
20. HABACUB
(38) LA FE DEL JUSTO. “Se derrumbará el que no tiene alma recta, pero el justo vivirá por su fidelidad” (Ha 2,4)
(39) LA CONFIANZA EN LA FE. “Lo escuché y se estremecieron mis entrañas, a su fragor me temblaban los labios, mis huesos comenzaban a pudrirse, debajo de mi temblaban mis pasos.
Descansaré el día de la angustia, cuando alcance al pueblo que nos invade.
Aunque la higuera no eche yemas ni la viña dé sus frutos, o falle la cosecha del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falte el ganado del redil y las vacas del establo, yo me gozaré en el Señor, me alegraré en Dios mi salvador.
El Señor es mi fuerza: Él me da pies de gacela, me hace caminar por las alturas.” (Ha 3, 16-19)
21. ZACARÍAS
(40) FE EN LA ORACIÓN A DIOS.
“Pedir al Señor la lluvia,
en la estación de primavera.
El Señor forma las nubes de tormenta
y las lluvias copiosas;
da el pan a los hombres
y hierba en el campo.
Puesto que los terafim hablan falsedades,
los adivinos tienen falsas visiones
y hablan de sueños ilusorios,
se consuelan en vano.
Por eso andan errantes como ovejas,
desgraciados, pues no tienen pastor.” (Za 10, 1-2)
(Selección de textos: Julio Banacloche Pérez)
(Los textos aparecieron imprimidos en cuadernillo de distribución gratuita y restringida en 2012)
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