TEXTOS EVANGÉLICOS (Para el camino)
I. RECORDANDO A MATEO
1. VOCACIÓN (Mt 4,18-22)
18 Caminando por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. 19 Les dijo: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.» 20 Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron (At illi continuo, relictis retibus, secuti sun eum). 21 Siguió caminando y vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. 22 Ellos dejaron al instante la barca y a su padre y le siguieron.
2. MODO DE HABLAR (Mt 5,33-37)
33 «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. 36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. 37 Limitaos a decir: ‘Sí, sí’ ‘no, no’, pues lo que pasa de aquí proviene del Maligno. (Sit autem sermo vester: “Est, est”, “Non, non; quod autem his abundantius est, a Malo est)
3. LLAMADA A LA SANTIDAD (Mt 5,43-48)
43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? 47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los paganos? 48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo. (Estote ergo vos perfecti, sicut Pater vester caelestis perfectus est)
4. ORACIÓN CONFIADA (Mt 6,7-13)
7 «Ahora bien, cuando oréis, no charléis mucho, como los paganos, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. 8 No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo (scit enim Pater vester, quibus opus sit vobis, antequam petatis eum). 9 «Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; 10 venga tu Reino; hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. 11 Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; 12 y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; 13 y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
5. CONFIANZA EN LA PROVIDENCIA DE DIOS (Mt 6,19-21)
19 «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. 20 Amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben; 21 porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (ubi enim est thesaurus tuus, ibi erit et cor tuum).
6. PREOCUPACIONES (Mt 6,25-30)
25 «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida (non solliciti sitis animae vestrae), pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, discurriendo con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros, pero vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? 27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. 29 Pero yo os digo que ni Salomón, en todo su esplendor, se vistió como uno de ellos. 30 Pues si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?
7. DIOS PROVIDENTE (Mt 6,31-32)
31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?, 32 pues por todas esas cosas se afanan los paganos. Vuestro Padre celestial ya sabe que tenéis necesidad de todo eso (scit enim Pater vester caelestis quia his ómnibus indigetis).
8. CADA DÍA TIENE SU AFÁN (Mt 6,33-34)
33 Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. 34 Así que no os preocupéis del mañana, pues el mañana se preocupará de sí mismo: cada día tiene bastante con su propio mal (Nolite ergo ese solliciti in crastinum; crastinus enim diez sollicitus erit sibi ipse. Sufficit diei malitia sua).
9. PEDID Y SE OS DARÁ (Mt 7,7-11)
7 «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá (Petite et dabitur vobis...) 8 Porque todo el que pide recibe (… ominis enim qui petit, accipit); el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿Acaso alguno de vosotros le da una piedra a su hijo cuando le pide pan?; 10 ¿o le da una culebra cuando le pide un pez? 11 Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!
10. HACER LA VOLUNTAD DE DIOS (Mt 7,21-23)
21 «No todo el que me diga ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán aquel Día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ 23 Pero entonces les declararé: “¡Jamás os conocí; apartaos de mí, malhechores!” (Nunquam novi vos)
11. CURACIÓN DEL LEPROSO (Mt 8,1-3)
1 Cuando bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. 2 En esto, un leproso se acercó, se postró ante él y le dijo: «Señor, si quieres puedes limpiarme.» (Domine, si vis, potes me mundare…)3 Él extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» (… Volo, mundare) Y al instante quedó limpio de su lepra.
12. LA FE DEL CENTURIÓN (Mt 8,5-10)
5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó 6 diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.» 7 Jesús le contestó: «Yo iré a curarle.» 8 Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano (Domine non sum dignus ut intres sub tectum meum). 9 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste ‘Vete’, y va; y a otro ‘Ven, y viene; y a mi siervo ‘Haz esto’, y lo hace.» 10 Al oír esto, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande.
13. LA TEMPESTAD CALMADA (Mt 8,23-26)
23 Subió a la barca y sus discípulos le siguieron. 24 De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba cubierta por las olas. Jesús estaba dormido (Ipse vero dormiebat). 25 Ellos, acercándose, le despertaron: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» 26 Él replicó: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
14 CURACIÓN DEL PARALÍTICO (Mt 9,1-7)
1 Jesús subió a la barca, pasó a la otra orilla y llegó a su pueblo. 2 En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo!, hijo, tus pecados te son perdonados.» 3 Entonces algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando.» 4 Jesús, sabiendo lo que pensaban, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestro interior? ¿Qué es más fácil, decir ‘Tus pecados te son perdonados’ o decir 5 ‘Levántate y anda’? 6 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados — dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.» (Surge, tolle lectum tuum et vade in domum tuam) 7 Él se levantó y se fue a su casa.
15. PRIMERA MISIÓN APOSTÓLICA (I) (Mt 10,16)
16 «Sabed que yo os envío como ovejas en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos como las palomas (Estote ergo prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae).
16. PRIMERA MISIÓN APOSTÓLICA (II) (Mt 10,19-20)
19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. 20 Porque no seréis vosotros los que hablaréis; será el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros (sed Spiritus Patris vestri, qui loquitur in vobis).
17. PRIMERA MISIÓN APOSTÓLICA (III) (Mt 10,28-31)
28 «No temáis a los (nolite timere eos) que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la Gehenna. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. 30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 31 No temáis, pues (nolite ergo timere); vosotros valéis más que muchos pajarillos
18. PRIMERA MISIÓN APOSTÓLICA (IV) (Mt 10,38-39)
38 El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí. 39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará (Qui invenerit animam suam, perdet illam; et qui, perdiderit animam suam propter me, inveniet eam).
19. LA ACOGIDA DIVINA (Mt 11,28-30)
28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso (Venite ad me, omnes, qui laboratis et onerati estis, et ergo reficiam vos). 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»
20. CON DIOS (Mt 12,30)
30 «El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama (Qui non est mecum, contra me est; et, qui non congregat mecum, spargit).
21. LOS BUENOS FRUTOS (Mt 12,34-37)
34 Porque la boca habla de lo que rebosa el corazón (Ex abundantia enim cordis os loquitur). 35 El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro, y el hombre malo saca cosas malas del tesoro malo. 36 Os digo que los hombres darán cuenta el día del Juicio de toda palabra ociosa que pronuncien. 37 Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
22. LOS FRUTOS DE LA FORMACIÓN (Mt 13,52)
52 «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de su arca cosas nuevas y cosas viejas (Ideo omnis scriba doctus in regno caelorum similis est homini patri familias, qui profert de tesauro suo nova et vetera).»
23. LA PUREZA DEL CORAZÓN (I) (Mt 15,10-14)
10 Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended. 11 No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; lo que realmente contamina al hombre es lo que sale de la boca.» 12 Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?» 13 Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. 14 Dejadlos: son ciegos y guías de ciegos (caeci sunt, duces caecorum). Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»
24. LA PUREZA DEL CORAZÓN (II) (Mt 15,15-20)
15 Tomando Pedro la palabra, le pidió: «Explícanos la parábola.» 16 Él dijo: «¿También vosotros seguís careciendo de inteligencia? 17 ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? 18 En cambio, lo que sale de la boca viene de dentro del corazón (quae autem procedunt de ore, de corde exeunt), y eso es lo que realmente contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen las intenciones malas: asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. 20 Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.»
25. LA CANANEA (I) (Mt 15,22)
22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! (Miserere mei, Domine, fili David) Mi hija está malamente endemoniada.»
26. LA CANANEA (II) (Mt 15,23-25)
23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Despídela, que viene gritando detrás de nosotros.» 24 Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme! (Domine, adiuva me!)»
27. PRIMADO DE PEDRO (Mt 16,15-19)
15 Él les preguntó: «Pero vosotros ¿quién decís que soy yo?» 16 Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» 17 A esto replicó Jesús: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (Tu es Petrus et super hanc petram aedificabo Eccelsiam meam), y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
28. SEGUIR A JESÚS (Mt 16,24-26)
24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Si quis vult post me venire, abneget semetipsum et tollat crucem suam et sequatur me). 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará (Qui enim voluerit animam suam salvam facere, perdeat eam; qui autem perdiderit animam suam propter me, inveniet eam). 26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Quid enim prodest homini, si mundum universum lucretur, animae vero sua detrimentum patiatur?)
29. LA TRANSFIGURACIÓN (Mt 17,2-4)
2 Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. 3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías, que conversaban con él. 4 Tomó Pedro la palabra y dijo a Jesús: “Señor, está bien que nos quedemos aquí” (Domine, bonum est nos hic esse).
30. LOS NIÑOS (Mt 18,10)
10 «Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños, porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos (angeli eorum in caelis semper vident faciem Patris mei).
31. DIOS CON NOSOTROS (Mt 18,19-20)
19 «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos. (Ubi enim sunt duo vel tres congregati in nomine meo, ibi sunt in medio eorum)»
32. EL JOVEN RICO (Mt 19,16-22)
16 En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué cosas buenas debo hacer para conseguir vida eterna?» 17 Él le dijo: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.» 18 «¿Cuáles?» —le preguntó él—. Jesús respondió: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, 19 honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.» 20 Dícele el joven: «Todo eso lo he guardado. ¿Qué más me falta? (Quid adhuc mihi deest?)» 21 Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego sígueme.» 22 Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido (abiit tristis), porque tenía muchos bienes.
33. EL MEJOS NEGOCIO (Mt 19,29)
29 Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna (Et omnis, qui reliquit domos vel frates aut sórores aut patrem aut matrem auto filios auto agros propter nomm meum, centuplum accipiet et vitam aeternam possidebit).
34. LA PETICIÓN DE LOS CIEGOS (I) (20,29-30)
29 Cuando salían de Jericó, le siguió una gran muchedumbre. 30 En esto, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David! (Domine, miserere nostri, filii David) »
35. LA PETICIÓN DE LOS CIEGOS (II) (20,31-33)
31 La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!» 32 Entonces Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» 33 Respondieron: «¡Señor, que se abran nuestros ojos!» (Ut aperiantur oculi nostri) 34 Movido a compasión, Jesús tocó sus ojos y, al instante, recobraron la vista. Ellos le siguieron.
36. EL FINAL (Mt 24,14)
14 «Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin (Et tunc veniet conummatio).
37. LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO (Mt 24,42-44)
42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le abriesen un boquete en su casa. 44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre (estote parati, quia qua nescitis hora, Filius himinis venturus est).
38. LAS DÍEZ VÍRGENES (Mt 25,8-13)
8 Las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan.’ 9 Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis.’ 10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. 11 Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’ 12 Pero él respondió: ‘Os aseguro que no os conozco (Amen dico vobis, nescio vobis).’ 13 Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.
39. ORACIÓN DEL HUERTO (Mt 26, 36-44)
36 Entonces fue Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.» 37 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.» 39 Él se adelantó un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú (Pater mi, si possibile est, transeat a me Calix iste; verumtamen non sicut ego volo, sed sicut tu).» 40 Volvió después donde los discípulos y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? 41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» 42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad (Pater mi, si non potest hoc transire, nisi bibam illud, fiat voluntas tua).» 43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. 44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
40. EL PRENDIMIENTO (Mt 26,55-56)
55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¡Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como si fuese un bandido! Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis. 56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron (Tunc, discipuli omnes, relicto eo, fugerunt).
41 EL LLANTO DE PEDRO (Mt 26,69-75)
69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio. Entonces se acercó a él una criada y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.» 70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices.» 71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Éste estaba con Jesús el Nazoreo.» 72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!» 73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!» 74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo. 75 Pedro se acordó entonces de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, lloró amargamente (Et egressus foras ploravit amare).
42. ¡CRUCIFÍCALO! (Mt 27,20-23)
20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la gente para que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Así, cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!» 22 Pilato les preguntó: «¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Respondieron todos: «¡Sea crucificado! (Crucifigatur!)» —23 «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado! (Crucifigatur!)»
43. EN LA CRUZ (Mt 27,45-50)
45 Desde la hora sexta hasta la hora nona, cubrió la oscuridad toda la tierra. 46 Alrededor de la hora nona, clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado? (Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquisti me?)» 47 Al oírlo, algunos de los que estaban allí decían: «Éste llama a Elías.» 48 Y enseguida, uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber. 49 Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.» 50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
44. JESÚS SALE AL ENCUENTRO (Mt 28,9-10)
9 En esto, Jesús les salió al encuentro (Et ecce Iesus occurrit illis) y les dijo: «¡Salve!» Ellas, acercándose, se asieron de sus pies y lo adoraron. 10 Entonces les dijo Jesús: «No temáis. Id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
45. LA ASCENSIÓN (Mt 28,19-20)
19 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y estad seguros que yo estaré con vosotros día tras día, hasta el fin del mundo (Et ecce ego vobiscum sum ómnibus diebus usque ad consummationem saeculi).
II. RECORDANDO A MARCOS
1. VOCACIÓN DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS (I) (Mc 1,16-18)
16 Iba Jesús bordeando el mar de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés largando las redes en el mar, pues eran pescadores. 17 Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.» 18 Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron (Et protinus, relictis retibus, secuti sun eum).
2. VOCACIÓN DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS (II) (Mc 1,19-20)
19 Continuó caminando un poco y vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en la barca arreglando las redes. 20 Al instante los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él (Et relicto patre suo Zebedaeo in navi cum mercennariis, abierunt post eum).
3. BUSCAR A JESÚS (Mc 1,35-37)
35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario; y allí se puso a hacer oración. 36 Simón y sus compañeros fueron en su busca. 37 Al encontrarlo, le dijeron: «Todos te buscan (Omnes querunt te!).»
4. SÚPLICA DEL LEPROSO (Mc 1,40-42)
40 Se le acercó un leproso que, puesto de rodillas, le decía suplicante: «Si quieres, puedes limpiarme (Si vis, potest me mundare).» 41 Encolerizado, extendió su mano, lo tocó y le dijo: «Quiero. Queda limpio (Volo, mundare).» 42 Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio
5. CURA AL PARALÍTICO (Mc 2,1-12)
1 Entró de nuevo en Cafarnaún, y al poco tiempo corrió la voz de que estaba en casa. 2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, mientras él les anunciaba la palabra. 3 Entonces vinieron a traerle a un paralítico, llevado entre cuatro. 4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura practicada, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» 6 Estaban allí sentados algunos escribas, que pensaban para sus adentros: 7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» 8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dijo: «¿Por qué pensáis así en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle “Levántate, toma tu camilla y anda”? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice al paralítico—: 11 “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” (Surge, tolle grabatum tuum et vade in domum tuam)» 12 Se levantó y, tomando la camilla, salió al instante a la vista de todos, de modo que quedaron asombrados y alababan a Dios diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
6. LA VOCACIÓN DE MATEO (Mc 2,13-14)
13 Salió de nuevo por la orilla del mar. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. 14 Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y le siguió (Et surgens secutus est eum).
7. LA TEMPESTAD CALMADA (Mc 4,37-41)
37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que estaba a punto de anegarse. 38 Él se encontraba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» 39 Él, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla, enmudece!» El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40 Entonces les dijo: «¿Por qué estáis con tanto miedo? (Quid timidi estis?)¿Cómo no tenéis fe?» 41 Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: «¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?»
8. CAMINA SOBRE LAS AGUAS (Mc 6,47-52)
47 Al atardecer, estaba la barca en medio del mar. Él, que se hallaba solo en tierra, 48 vio que se fatigaban remando, pues el viento soplaba en contra. Entonces, a eso de la cuarta vigilia de la noche, vino hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 49 Pero ellos, viéndole caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 pues todos le habían visto y estaban turbados. Pero él, al instante, les habló así: «¡Tranquilos!, que soy yo. No temáis (Confidete, ego sum, nolite timere!).» 51 Subió entonces junto a ellos a la barca y amainó el viento. Ellos quedaron en su interior completamente estupefactos; 52 y es que no habían entendido lo de los panes, pues su mente estaba embotada.
9. CURACIONES EN GENESARET (Mc 6,53-56)
53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. 54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida. 55 Recorrieron entonces toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que les dejara tocar siquiera la orla de su manto (ut vel fimbriam vestimenti eius tangerent); y cuantos la tocaron quedaron curados.
10. LA MALDAD DEL CORAZÓN (Mc 7,20-23)
20 Decía también: «Lo que realmente contamina al hombre es lo que sale de él. 21 Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas (ab intus enim de corde hominum cogitationes malae procedunt): fornicaciones, robos, asesinatos, 22 adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. 23 Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.»
11. TODO LO HA HECHO BIEN (Mc 7,31-37)
31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32 Le presentaron un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le rogaron que impusiera la mano sobre él. 33 Jesús, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Después levantó los ojos al cielo, dio un gemido y le dijo: «Effatá», que quiere decir ‘¡Ábrete!’ 35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más lo propagaban ellos. 37 La gente quedó maravillada sobremanera, y comentaban: «Todo lo ha hecho bien (Bene omnia fecit); hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
12. SEGUIR A JESÚS (Mc 8,34-35)
34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Si quis vult post me sequi, deneget semetipsum et tollat crucem suam et sequatur me). 35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará (Qui enim voluerit animam suan salvam facere, perdet eam; qui autem perdiderit animam suam propter me et evangelium, salvam eam faciet).
13. ESTA ES LA CUESTIÓN (Mc 8,36)
36 Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? (Quid prodest homini, si lucretur mundum totum et detrimentum faciat animae suae?)
14. EL ANTICIPO DE LA GLORIA (Mc 9,2-8)
2 Y se transfiguró delante de ellos: 3 sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. 5 Tomó Pedro la palabra y dijo a Jesús: «Rabbí, está bien que nos quedemos aquí (Rabbi, bonum est nos hic esse). Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» 6 —es que no sabía qué responder, pues estaban atemorizados—. 7 Entonces se formó una nube que los cubrió con su sombra, y llegó una voz desde la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadle.» 8 Al momento miraron en derredor y ya no vieron a nadie más que a Jesús con ellos
15. INCREDULIDAD. CURACIÓN DEL LUNÁTICO (Mc 9,20-29)
20 Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. 21 Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le respondió: «Desde niño. 22 Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Así que, si algo puedes, ayúdanos; compadécete de nosotros.» 23 Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree! (Si potest! Omnia possibilia credenti!)» 24 Al instante gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe! (Credo; adiuva incredulitatem meam!)» 25 Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él.» 26 Entonces el espíritu salió dando gritos y agitándolo con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos comentaban que había fallecido. 27 Pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y él se puso en pie. 28 Cuando Jesús entró en casa, le preguntaron en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?» 29 Les respondió: «Esta clase con nada puede ser arrojada, si no es con la oración.»
16. SEGUNDO ANUNCIO DE LA PASIÓN (Mc 9,30-32)
30 Salieron de allí y fueron caminando por Galilea. Él no quería que se supiera, 31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; lo matarán, mas a los tres días de haber muerto resucitará.» 32 Pero ellos, que no entendían sus palabras, tenían miedo de preguntarle (At illi ignorabant verbum, et timebant eum interrogare).
17. MATRIMONIO (Mc 10,6-12)
6 Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. 7 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, 8 y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 9 Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre (Quod ergo Deus coniunxit, homo non separet).» 10 Ya en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre esto. 11 Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra comete adulterio contra aquélla; 12 y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
18. EL JOVEN RICO (Mc 10,17-22)
17 Se ponía ya en camino, cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia vida eterna?» 18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19 Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» 20 Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» 21 Jesús, fijando en él su mirada con cariño (Iesus autem intuitus eum dilexit eum), le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.» 22 Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido (abiit maerens), porque tenía muchos bienes.
19. LA MEJOR INVERSIÓN (Mc 10,28-30)
28 Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» 29 Jesús dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, 30 quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna (qui non accipiat centies tantum nunc in tempore hoc … cum persecutionibus, et in saeculo futuro vitam aeternam).
20. PODEMOS (Mc 10,35-40)
35 Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.» 36 Él respondió: «¿Qué queréis que os conceda?» 37 Ellos le dijeron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» 38 Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?» 39 Ellos respondieron: «Sí, podemos (Possumus).» Jesús añadió: «Desde luego que beberéis la copa que yo voy a beber, y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado. 40 Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Será para quienes así esté dispuesto.»
21. EL CIEGO BARTIMEO (Mc 10,46-51)
46 Llegaron a Jericó. Y un día que Jesús salía de allí acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, coincidió que el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 49 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego y le dijeron: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» 50 Él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. 51 Jesús, dirigiéndose a él, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Rabbuní, ¡quiero ver! (Rabboni, ut videam)»
22. Y LE SEGUÍA POR EL CAMINO (Mc 10,52)
52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Al instante recobró la vista y le seguía por el camino (et sequebatur eum in via).
23. LA EFICACIA DE LA ORACIÓN (Mc 11,24-25)
24 Por eso os digo que obtendréis todo cuanto pidáis en la oración, si creéis que ya lo habéis recibido (Omnia quaecumque orantes petitis, credite quia iam accepistis, et erunt vobis). 25 Y si, cuando os pongáis de pie para orar, tenéis algo contra alguno, perdonadle, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.»
24. DAD AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR (Mc 11,13-17)
13 Enviaron entonces donde él a algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. 14 Al llegar, le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa de nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» 15 Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» 16 Cuando se lo trajeron, les preguntó: «¿De quién son esta imagen y la inscripción?» Ellos respondieron: «Del César.» 17 Jesús les dijo entonces: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios (Quae sunt Caesaris, reddite Caesar et quae sunt Dei, Deo).» Y se maravillaban de él.
25. LO PASAJERO (Mc 13,31)
31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Caelum et terra transibunt, verba mea non transibunt).
26. LA PASIÓN (I). EL ABANDONO (Mc 14,50-52)
50 Todos lo abandonaron y huyeron (Et relinquentes eum omnes fugerunt). 51 Detuvieron a un joven que le seguía cubierto sólo con un lienzo, 52 pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.
27. LA PASIÓN (II) PEDRO LE SIGUE DE LEJOS (Mc 14,53-54)
53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote. Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. 54 También Pedro le siguió de lejos (Petrus a longe secutus est eum), hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote; y se quedó allí sentado con los criados, calentándose al fuego.
28. LA PASIÓN (III). PEDRO LLORA (Mc 14,66-72)
66 Estando Pedro abajo, en el patio, llegó una de las criadas del Sumo Sacerdote 67 y, al ver a Pedro calentándose, lo miró atentamente y le dijo: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.» 68 Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal. Entonces cantó un gallo. 69 Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Éste es uno de ellos.» 70 Pero él lo negó de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos, pues además eres galileo.» 71 Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!» 72 Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Pedro recordó entonces lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a llorar (Et caepi flere).
29. LA PASIÓN (IV). LA HORA NONA (Mc 15,33-38)
33 Llegada la hora sexta, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta la hora nona. 34 A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí, Eloí, ¿lemá sabactaní?», que quiere decir: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»35 Al oír esto algunos de los presentes, decían: «Mirad, llama a Elías.» 36 Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarlo.» 37 Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró (Iesus autem, emissa voce magna, expiravit). 38 Entonces el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.
30. LA PASIÓN (V). EL CENTURIÓN (Mc 15,39)
39 El centurión, que estaba frente a él, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios (Vere homo hic Filius Dei erat).»
31. LA RESURRECCIÓN (Mc 16,9-13)
9 Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. 11 Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron. 12 Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos, cuando iban de camino a una aldea. 13 Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos (nec illis crediderunt).
32. LA ASCENSIÓN (Mc 16,19-20)
19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios (et sedis a dextris Dei). 20 Ellos salieron a predicar por todas partes. El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que la acompañaban.
III. RECORDANDO A LUCAS
1. LA ANUNCIACIÓN (Lc 1,26-28)
26 Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a un pueblo de Galilea, llamado Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David. La virgen se llamaba María. 28 Cuando entró, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Ave, gratia plena, Dominus tecum).»
2. LA VISITA (Lc 1,39-45)
39 En aquellos días, se puso en camino María y se dirigió con prontitud (Exurgens autem Maria in diebus illis abiit in montana cum festinatione) a la región montañosa, a una población de Judá. 40 Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno; Isabel quedó llena de Espíritu Santo 42 y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; 43 ¿cómo así viene a visitarme la madre de mi Señor? 44 Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. 45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
3. EL PORTAL DE BELÉN (Lc 2,4-7)
4 También José subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, por ser él de la casa y familia de David, 5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6 Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento 7 y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue (quia non erat eis locus in diversorio).
4. LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES (Lc 2,15-16)
15 Cuando los ángeles los dejaron y se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido, eso que el Señor nos ha manifestado.» 16 Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre (Et venerunt festinantes et invenerunt Mariam et Ioseph et infantem positum in praesepio).
5. LA GUARDA DEL CORAZÓN (I) (Lc 2,19-20)
19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su interior (Mariam autem conservabat omnia verba haec conferens in corde suo). 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había anunciado
6. NUNC DIMITIS (Lc 2,25-32)
25 Vivía por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era una persona justa y piadosa, que esperaba que Dios consolase a Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 lo tomó en brazos y alabó a Dios diciendo: 29 «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz (Nunc dimittis servum tuum, Domine), 30 porque han visto mis ojos tu salvación, 31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32 luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.»
7. LA GUARDA DEL CORAZÓN (II) (Lc 2,51-52)
51 Jesús volvió con ellos a Nazaret y vivió sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón (conservabat omnia verba in corde suo). 52 Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
8. DUC IN ALTUM (Lc 5,1-5)
1 Estando Jesús a la orilla del lago de Genesaret, la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. 2 En esto vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. 3 Subió entonces a una de las barcas, que era de Simón, y le rogó que se alejara un poco de tierra. Se sentó y empezó a enseñar desde la barca a la muchedumbre. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro (Duc in altum), y echad vuestras redes para pescar.» 5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, basta que tú lo dices, echaré las redes.»
9. TEMOR DE DIOS (Lc 5,6-19)
6 Así lo hicieron y pescaron tan gran cantidad de peces que las redes amenazaban con romperse. 7 Entonces llamaron por señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 8 Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» 9 Y es que el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían capturado. 10 Y lo mismo les ocurrió a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres (Nolite timere; ex hoc iam homine seris capiens).»
10. SEGUIR A JESÚS (Lc 5,11)
11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron (relictis omnibus, secuti sunt illum).
11. EL LEPROSO (Lc 5,12-13)
12 Estando en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme (Domine, si vis, potes me mundare).» 13 Él extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio (Volo, mundare).» Y al instante le desapareció la lepra
12. LA FE DE LOS AMIGOS (Lc 5,18-25)
18 En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo, para ponerlo delante de él. 19 Pero no encontrando por dónde meterlo, a causa de la multitud, subieron al terrado, lo bajaron con la camilla a través de las tejas y lo pusieron en medio, delante de Jesús. 20 Viendo Jesús la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados.» 21 Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice tales blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?» 22 Sabiendo Jesús lo que pensaban, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestro interior? 23 ¿Qué es más fácil, decir ‘Tus pecados te quedan perdonados’ o decir ‘Levántate y anda’? 24 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Surge, tolle lectum tuum et vade in domum tuam).» 25 Se levantó entonces delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, alabando a Dios.
13. VOCACIÓN DE MATEO (Lc 5,27-28)
27 Después de estos sucesos, un día salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» 28 Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió (Et relictis omnibus, surgens secutus est eum).
14. AMOR A LOS ENEMIGOS (Lc 6,27-31)
27 «Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, 28 bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. 29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra (Et qui te percutit in maxillam, paebe et alteram); y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. 30 A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. 31 Y tratad a los hombres como queréis que ellos os traten.
15. LA MEDIDA (Lc 6,36-38)
36 «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. 37 No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque seréis medidos con la medida con que midáis (eadem quippe mensura, qua mensi fueritis, remetietur vobis).»
16. DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN (Lc 6,44-45)
44 Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. 45 El hombre bueno saca lo bueno del buen tesoro del corazón, y el malo, del malo saca lo malo, pues su boca habla de lo que rebosa el corazón (ex abundantia enim cordis os eius loquitur).
17. NO LLORES (Lc 7,11-15)
11 A continuación fue Jesús a un pueblo llamado Naín. Lo acompañaban sus discípulos y una gran muchedumbre. 12 Cuando se acercaba a las puertas del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda. La acompañaba mucha gente del pueblo. 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella (misericordia motus super ea) y le dijo: «No llores (Noli flere!).» 14 Luego, acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se pararon. Dijo Jesús: «Joven, a ti te digo: Levántate.» 15 El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre.
18. LE PIDIERON QUE SE ALEJARA DE ELLOS (Lc 8,26-37)
26 Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea. 27 Al saltar a tierra, salió del pueblo a su encuentro un hombre poseído por los demonios, que hacía mucho tiempo que no llevaba ropa, ni moraba en una casa, sino entre los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, se echó a sus pies y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.» 29 Lo decía porque Jesús había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Y es que en muchas ocasiones se apoderaba de él; y, aunque le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarlo, rompía las ligaduras, y el demonio lo empujaba a lugares inhóspitos. 30 Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Él contestó: «Legión» (porque habían entrado en él muchos demonios). 31 Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo. 32 Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte. Ellos le suplicaron que les permitiera entrar en ellos. Jesús se lo permitió. 33 Los demonios salieron de aquel hombre y entraron en los puercos. Entonces la piara se arrojó al lago de lo alto del acantilado y se ahogó. 34 Cuando los porqueros vieron lo que había pasado, huyeron y lo contaron en el pueblo y por las aldeas. 35 La gente salió entonces a ver lo que había ocurrido. Cuando llegaron donde Jesús y encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús, se llenaron de temor. 36 Los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37 Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos (ut discederet ab ipsis), porque estaban poseídos de gran temor. Jesús subió a la barca y regresó.
19. SE BURLABAN DE ÉL (Lc 8,49-55)
49 Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llegó diciendo: «Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.» 50 Jesús, que oyó el comentario, le dijo: «No temas; basta con que tengas fe y se salvará.» 51 Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, y al padre y a la madre de la niña. 52 Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: «No lloréis, no ha muerto; está dormida.» 53 Los presentes se burlarban de él, pues sabían que estaba muerta (Et deridebant eum scientes quia mortua esset). 54 Pero él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: «Niña, levántate.» 55 Entonces retornó el espíritu a ella y, al punto, se levantó. Jesús mandó que le dieran de comer.
20. MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (Lc 9,12-17)
12 Como el día había comenzado a declinar, se le acercaron los Doce y le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.» 13 Él les dijo: «Dadles vosotros de comer (Vos date illis manducare).» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.» 14 (Es que había como cinco mil hombres.) Jesús dijo entonces a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.» 15 Lo hicieron así y acomodaron a todos. 16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y se los fue dando a los discípulos para que, a su vez, se los sirvieran a la gente. 17 Comieron todos hasta saciarse, y se recogieron doce canastos con los trozos que les habían sobrado.
21. LOS SEGUIDORES DE JESÚS (Lc 9,23-25)
23 Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame (Si quis vult post me venire, abneget semetipsum et tollat crucem suam cotidie et sequatur me). 24 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la salvará (Qui enim voluerit animam suam salvam facere, perdet illa; qui autem perdiderit animam suam propter me, hic salvam faciet illam). 25 Pues ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina? (Quid enim proficit homo, si lucretur Universum mundum, se autem ipsum perdat vel detrimentum sui faciat?)
22. QUÉ BIEN SE ESTÁ AQUÍ (Lc 9,32-33)
32 Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, de suerte que pudieron ver su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 33 Cuando ellos se separaron de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, está bien que nos quedemos aquí (Praeceptor, bonum est nos hic esse). Podríamos hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pero no sabía lo que decía.
23. EL QUE NO ESTÁ CONTRA VOSOTROS (Lc 9,49-50)
49 Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.» 50 Pero Jesús le contestó: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros (Nolite porhibere; qui enim non est adversus vos, pro vobis est).»
24. NO RECIBEN A JESÚS (Lc 9,52-53)
52 Así que envió mensajeros por delante, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada. 53 Pero no lo recibieron (et non receperunt eum), porque tenía intención de ir a Jerusalén.
25. APTITUD (Lc 9,57-62)
57 Mientras iban caminando, uno le dijo: «Te seguiré adondequiera que vayas.» 58 Jesús replicó: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» 59 Dijo a otro: «Sígueme.» Pero él respondió: «Déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 60 Replicó Jesús: «Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú vete a anunciar el Reino de Dios.» 61 Hubo otro que le dijo: «Te seguiré, Señor; pero déjame antes despedirme de los de mi casa.» 62 Replicó Jesús: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios (Nemo mittens manum suam in aratrum et aspiciens retro, aptus est Regno Dei).»
26. EL NOMBRE EN EL CIELO (Lc 10,17-20)
17 Regresaron los setenta y dos y dijeron alegres: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.» 18 Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Mirad, os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones, así como cualquier demostración de fuerza del enemigo; nada os podrá hacer daño. 20 Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos (gaudete autem quod nomina vestra scripta sunt in caelis).»
27. LA ÚNICA COSA NECESARIA (Lc 10,38-42)
38 Yendo todos de camino, entró en un pueblo, donde una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 39 Tenía ésta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, 40 mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» 41 Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; 42 y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada (porro unum est necessarium; Mariam enim optimam partem elegit, quae non auferetur ab ea) .»
28. LA ORACIÓN (Lc 11,9-13)
9 «Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 10 Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán (Petite et dabitur vobis; qaerite, et invenietis; pulsate, et aperietur vobis). 11 ¿Qué padre hay entre vosotros que le da una culebra a su hijo cuando le pide un pez?; 12 ¿o le da un escorpión cuando le pide un huevo? 13 Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
29. Y HABLÓ EL MUDO (Lc 11,14)
14 Estaba Jesús expulsando un demonio que era mudo, y apenas salió el demonio, rompió a hablar el mudo (locutus est mutus).
30. EL QUE NO RECOGE CONMIGO (Lc 11,23)
23 «El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama (Qui non est mecum, adversus me est; et, qui non colligit mecum, dispergit).
31. REPROCHES (Lc 11,52)
52 «¡Ay de vosotros, legistas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! Vosotros no habéis entrado, y se lo habéis impedido a los que están entrando (ipsi non introistis et eos, qui introibant, prohibuistis).»
32. NO TENGÁIS MIEDO (Lc 12,4-7)
4 «Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. 5 Os diré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la Gehenna. Sí, os lo repito: temed a ése. 6 «¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, de ninguno de ellos se olvida Dios. 7 Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis (nolite timere); valéis más que muchos pajarillos.
33. NO ESTÉIS PREOCUPADOS (Lc 12,22-26))
22 Dijo a sus discípulos: «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida (nolite solliciti esse animam), pensando qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, discurriendo con qué os vestiréis, 23 pues la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. 24 Fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, pero Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! 25 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? 26 Entonces, si no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás?
34. NO ESTÉIS INQUIETOS (Lc 12,27-31)
27 Fijaos en los lirios: ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón, en todo su esplendor, se vistió como uno de ellos. 28 Pues si Dios viste así a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! 29 Así, pues, no andéis buscando qué comer ni qué beber, ni os inquietéis por eso (nolite solliciti esse), 30 pues por todas esas cosas se afanan los paganos del mundo. Vuestro Padre ya sabe que tenéis necesidad de eso. 31 Buscad más bien su Reino, y esas cosas se os darán por añadidura.
35. NUESTRO TESORO (Lc 12,33-34)
33 «Vended vuestros bienes y dadlos en limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe. 34 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (ubi enim thesaurus vester est, ibi et cor vestrum erit).
36. ESTAD PREPARADOS (Lc 12,39-40)
39 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le abriesen un boquete en su casa. 40 Estad también vosotros preparados (estote parati), porque, cuando menos lo penséis, vendrá el Hijo del hombre.»
37. MISERICORDIA DIVINA (Lc 13,6-8)
6 Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña; fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. 7 Dijo entonces al viñador: ‘Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué ha de ocupar inútilmente el terreno?’ 8 Pero él le respondió: ‘Señor, déjala por este año todavía (Domine, dimitte illam et hoc anno). Mientras tanto, cavaré a su alrededor y echaré abono, 9 por si da fruto en adelante. Y si no lo da, la cortas.’»
38. LA PUERTA ANGOSTA (Lc 13,22-25)
22 Mientras caminaba hacia Jerusalén, iba atravesando ciudades y pueblos enseñando. 23 Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» Él les respondió: 24 «Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos pretenderán entrar y no podrán. 25 «Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, los que estéis fuera os pondréis a llamar a la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!’ Pero os responderá: ‘No sé de dónde sois.” (Nescio vos unde estis).
39. HUMILDAD (Lc 14,7-11)
7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: 8 «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú 9 y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto. 10 Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, siéntate en un lugar más digno.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa. 11 Porque todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado (quia omnis, qui exaltat, humiliabitur; et qui se humilia, exaltabitur).»
40. LA OVEJA PERDIDA (Lc 15,4-7)
4 «¿Quién de vosotros, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en la estepa y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? 5 Y cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros. 6 Luego, al llegar a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido (Congratulamini mihi, quia inveni ovem meam, quae perierat).” 7 Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
41. LA DRACMA PERDIDA (Lc 15,8-10)
8 «O ¿qué mujer, si tiene diez dracmas y pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? 9 Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y les dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.” 10 Os digo que, del mismo modo, habrá alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta (Gaudium fiat coram angelis Dei super uno peccatore paenintentiam agentem).»
42. AUMÉNTANOS LA FE (Lc 17,5-6)
5 Dijeron los apóstoles al Señor: «Auméntanos la fe (Adauge nos fidem!).» 6 El Señor respondió: «Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido.»
43. SIERVOS INÚTILES (Lc 17,10)
10 De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os han mandado, decid: “No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer (Servi inútiles sumus; quod debuimos facere, fecimus).”»
44. PIDIENDO PIEDAD (Lc 17,11-19)
11 De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. 12 Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia 13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! (Iesu, Praeceptor, miserere nostri!)» 14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y resulta que, mientras iban, quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió alabando a Dios en alta voz, 16 y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le dio las gracias. Era un samaritano. 17 Dijo entonces Jesús: «¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios, sino este extranjero?» 19 Y añadió: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
45. EL REINO DE DIOS (17,20-21)
20 Al preguntarle los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, 21 ni se dirá: ‘Vedlo aquí o allá’, porque, sabedlo bien, el Reino de Dios ya está entre vosotros (Regnum Dei intra vos est).»
46. EL GRAN NEGOCIO (Lc 18,28-30)
28 Dijo entonces Pedro: «Ya lo ves, nosotros hemos dejado nuestras cosas y te hemos seguido.» 29 Él les respondió: «Os aseguro que nadie que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos por el Reino de Dios, 30 quedará sin recibir mucho más al presente y vida eterna en el mundo venidero (et non recipiat multo plura in hoc tempore et in saeculo venturo vitam aeternam).»
47. NO ENTENDEMOS (Lc 18,31-34)
31 Tomando consigo a los Doce, les dijo: «Ya veis que subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que los profetas escribieron sobre el Hijo del hombre: 32 lo entregarán a los paganos y será objeto de burlas, insultado y escupido; 33 y después de azotarle lo matarán. Y al tercer día resucitará.» 34 Ellos no comprendieron nada de esto (Et ipsi nihil horum intellexerunt); no captaban el sentido de estas palabras ni entendían lo que decía.
48. ¡QUE VEA! (Lc 18,35-43)
35 Cuando se acercaba a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba gente, preguntó de qué se trataba. 37 Cuando le informaron que pasaba Jesús el Nazoreo, 38 empezó a decir a gritos: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 39 Los que iban delante le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando se acercó, le preguntó: 41 «¿Qué quieres que haga por ti?» Él dijo: «¡Señor, quiero ver! (Domine ut videam)» 42 Jesús le dijo: «Recobra la vista. Tu fe te ha salvado.» 43 Al instante recobró la vista y le seguía alabando a Dios. El resto de la gente, al verlo, alabó también a Dios.
49. RECIBIR A JESÚS (19,1-10)
1 Entró en Jericó e iba cruzando la ciudad. 2 Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. 3 Trataba de ver quién era Jesús, pero, como era bajo de estatura, no podía, pues la gente se lo impedía. 4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzó la vista y le dijo: «Zaqueo, baja pronto; conviene que hoy me quede yo en tu casa.» 6 Se apresuró a bajar y lo recibió con alegría (Et festinans descendit et excepit illum gaudens). 7 Al verlo, todos murmuraban: «Ha ido a hospedarse a casa de un pecador.» 8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» 9 Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa (hodie salus domui huic facta est), porque también éste es hijo de Abrahán, 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
50. PERSEVERANCIA (Lc 21,17-19)
17 Todos os odiarán por causa de mi nombre, 18 pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. 19 Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas (In patientia vestra possidebitis animas vestras).
51. VIGILANCIA (Lc 21,34-36)
34 «Cuidad que no se emboten vuestros corazones por el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, 35 como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. 36 Estad en vela, pues, orando en todo tiempo (Vigilate itaque omni tempore orantes), para que tengáis fuerza, logréis escapar y podáis manteneros en pie delante del Hijo del hombre.»
52. JESÚS RUEGA POR NOSOTROS (Lc 22,31-34)
31 «¡Simón, Simón! Sábete que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo, 32 pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca (Ecce Satanas expetivit vos, ut cribaret sicut tricum; ego autem rogavit pro te, ut non deficiat fides tua). Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos.» 33 Él replicó: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.» 34 Pero Jesús contestó: «Te digo, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.»
53. LE SEGUÍA DE LEJOS (Lc 22,54-61)
54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos (sequabatur a longe). 55 Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. 56 Una criada, al verlo sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Éste también estaba con él.» 57 Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!» 58 Poco después lo vio otro y dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro respondió: «¡No, hombre, no!» 59 Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.» 60 Le dijo Pedro: «¡Oye, no sé de qué hablas!» Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó un gallo. 61 El Señor se volvió y miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que le había dicho el Señor: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
54. ARREPENTIMIENTO (Lc 22,62)
62 Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente (et egressus foras, flevit amare).
55. QUÉDATE CON NOSOTROS (Lc 24,13-29)
13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que dista sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y se puso a caminar a su lado. 16 Pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle. 17 Él les preguntó: «¿De qué vais discutiendo por el camino?» Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días?» 19 Él les dijo: «¿Qué ha ocurrido?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazoreo, un profeta poderoso en obras y palabras a los ojos de Dios y de todo el pueblo: 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados lo condenaron a muerte y lo crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que iba a ser él quien liberaría a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que eso pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro 23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.» 25 Él les dijo: «¡Qué poco perspicaces sois y qué mente más tarda tenéis para creer todo lo que dijeron los profetas! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria?» 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les fue explicando lo que decían de él todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le rogaron insistentemente: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado (Mane noviscum, quoniam advesperascit et inclinata est iam dies).» Entró, pues, y se quedó con ellos.
IV. RECORDANDO A JUAN
1. BUSCAR A JESÚS. ESTAR CON JESÚS (Jn 1,35-39)
35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36 Fijándose en Jesús que pasaba, dijo: «He ahí el Cordero de Dios». 37 Al oírle hablar así, los dos discípulos siguieron a Jesús. 38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les preguntó: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir ‘Maestro’—, ¿Dónde vives? (Ubi manes?)» 39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.
2. LLEVAR A JESÚS (Jn 1,40-51)
40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. 41 Andrés encuentra primero a su propio hermano, Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» —que quiere decir, Cristo—. 42 Y le llevó donde Jesús. Fijando Jesús su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir ‘Piedra’—. 43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea y encontró a Felipe. Jesús le dijo: «Sígueme.» 44 Felipe era de Betsaida, del pueblo de Andrés y Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas; es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» 46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dijo Felipe: «Ven y lo verás.» 47 Cuando vio Jesús que se acercaba Natanael, dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» 48 Natanael le preguntó: «¿De qué me conoces?» Respondió Jesús: «Te vi cuando estabas debajo de la higuera (cum esses sub ficu, vidi te), antes de que Felipe te llamara.» 49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» 50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» 51 Y añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
3. HACED LO QUE ÉL OS DIGA (Jn 2,1-10)
1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. 2 Fueron invitados también a la boda Jesús y sus discípulos. 3 Al quedarse sin vino, por haberse acabado el de la boda, le dijo a Jesús su madre: «No tienen vino.» 4 Jesús le respondió: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» 5 Pero su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga (Quod cumque dixerit vobis, facite).» 6 Había allí seis tinajas de piedra, destinadas a las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. 7 Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Ellos las llenaron hasta arriba. 8 «Sacadlo ahora —les dijo— y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llamó al novio 10 y le dijo: «Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio, has reservado el vino bueno hasta ahora.»
4. EL INTERIOR DE CADA HOMBRE (Jn 2,23-25)
23 Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que realizaba. 24 Pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos; 25 y no necesitaba que alguien le dijera cómo son las personas, pues él conocía lo que hay en el ser humano (ipse enim sciebat quid esset in homine).
5. LO QUE DEBE SER (Jn 3,25-30)
25 Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación. 26 Fueron, pues, a Juan y le dijeron: «Rabbí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, aquel de quien diste testimonio, está bautizando y todos van donde él.» 27 Juan respondió: «Nadie puede recibir nada si no se le ha dado del cielo. 28 «Vosotros mismos sois testigos de que dije: ‘Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él.’ 29 El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, que está presente y le oye, se alegra mucho con la voz del novio. Ésta es, pues, mi alegría, que ha alcanzado su plenitud. 30 Es preciso que él crezca y que yo disminuya (Illum oportet crescere, me autem minui).
6. ME HA DICHO TODO LO QUE HE HECHO (Jn 4,27-30)
27 En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer. Pero nadie le preguntó qué quería o qué hablaba con ella. 28 La mujer, dejando su cántaro, corrió al pueblo y dijo a la gente: 29 «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho (dixit mihi omnia, quaecumque feci). ¿No será el Cristo?» 30 Salieron del pueblo y se encaminaron hacia él.
7. NO TENGO QUIEN ME AYUDE (Jn 5,5-9)
5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» 7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie (Domine, hominem non habeo) que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro se mete antes que yo.» 8 Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda (Surge, tolle grabatum tuum et ambula).» 9 El hombre recobró al instante la salud, tomó su camilla y se fue andando.
8. QUE NADA SE PIERDA (Jn 6,10-13)
10 Replicó Jesús: «Haced que se recueste la gente.» (Había en el lugar mucha hierba.) La gente se recostó: eran unos cinco mil. 11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados, y lo mismo los peces. Comieron todo lo que quisieron. 12 Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda (Colligite que superaverunt, fragmenta, ne quid pereat).» 13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
9. NO TEMÁIS (Jn 6,16-21)
16 Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar; 17 subieron a una barca y se dirigieron al otro lado del mar, a Cafarnaún. Había ya oscurecido, pero Jesús todavía no había llegado. 18 Soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. 19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y sintieron miedo. 20 Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis (Ego sum, nolite timere!).» 21 Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
10. ¿CUÁNDO HAS VENIDO? (Jn 6,23-25)
23 Pero llegaron barcas de Tiberíades, cerca del lugar donde habían comido pan. 24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús. 25 Al encontrarle a la orilla del mar, le preguntaron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí? (Rabbi, quando huc venisti?)»
11. LA OBRA DE DIOS (Jn 6,28-29)
28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios? (Quid faciemus, ut operemur opera Dei?)» 29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado (Hoc est opus Dei, ut credatis in eum, quem misit ille).»
12. MUCHOS SE ECHARON ATRÁS (Jn 6,64-71)
64 «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» (Es que Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.) 65 Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no se lo concede el Padre.» 66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él (et iam non cum illo ambulabant). La confesión de Pedro. 67 Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» 68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna (Domine, ad quem ibimus? Verba vitae aeterna habes), 69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.» 70 Jesús les respondió: «Fijaos, yo os he elegido a vosotros, los Doce. Y, sin embargo, uno de vosotros es un diablo.» 71 Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, aunque era uno de los Doce.
13. LA VERDAD OS HARÁ LIBRES (Jn 8,31-32)
31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (et veritas liberabit vos).»
14. EL PADRE DE LA MENTIRA (Jn 8,44)
44 Vosotros sois hijos de vuestro padre el diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Éste fue homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira (quia mendax est et pater eius).
15. LA CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO (Jn 9,24-38)
24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» 25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo (Unum scio quia caecus cum essem, modo video).» 26 Le preguntaron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27 Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» 28 Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» 30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. 31 Sabemos que Dios no presta atención a los pecadores; sin embargo, escucha al que es religioso y cumple su voluntad. 32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» 34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado, ¿y pretendes darnos lecciones?» Y lo echaron fuera. 35 Jesús se enteró de que lo habían echado fuera. Cuando se encontró con él, le preguntó: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» 36 Él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: «Le has visto. Es el que está hablando contigo». 38 A lo que él contestó: «Creo, Señor (Credo, Domine).» Y se postró ante él.
16. LOS AMIGOS DE JESÚS (Jn 11,17-44)
17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. 20 Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María se quedó en casa. 21 Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que Dios te concederá cuanto le pidas.» 23 Jesús replicó: «Tu hermano resucitará.» 24 Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» 25 Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?» 27 Respondió ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» 28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama (Magister adest et vocat te).» 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús todavía no había llegado al pueblo; seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31 Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando María llegó donde estaba Jesús y lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» 33 Viéndola llorar Jesús y observando que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le respondieron: «Señor, ven y lo verás.» 35 Jesús se conmovió entre lágrimas (lacrimatus est Iesus). 36 Los judíos comentaron entonces: «Mirad cómo le quería.» 37 Pero algunos de ellos dijeron: «Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?» 38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 39 Dijo Jesús: «Quitad la piedra.» Marta, la hermana del muerto, le advirtió: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» 40 Replicó Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» 41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42 Bien sé que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por éstos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.» 43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal afuera!» 44 El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadle andar.»
17. CONVIENE QUE UNO MUERA (Jn 11,48-50)
48 Si le dejamos que siga así, todos creerán en él, y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» 49 Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, 50 ni caéis en la cuenta de que conviene que muera uno solo (ut unus moriatur homo) por el pueblo, y así no perezca toda la nación.»
18. BUSCANDO A JESÚS (Jn 12,20-22)
20 Entre los que subían a adorar en la fiesta había algunos griegos. 21 Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús (Domine, volumus Iesum videre).» 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a comunicárselo a Jesús.
19. CONFESANDO A JESÚS (Jn 12,42-43)
42 Sin embargo, incluso muchos magistrados creyeron en él; pero no lo confesaban por los fariseos, para no ser excluidos de la sinagoga, 43 porque prefirieron la gloria de los hombres a la gloria de Dios (dilexerunt enim gloriam hominum magis quam gloriam Dei).
20. JUDAS (Jn 13,21-30)
21 Cuando pronunció estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.» 22 Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. 23 Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale de quién está hablando.» 25 Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» 26 Le respondió Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Entonces mojó el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. 27 Y, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto (Quod facis, fac citius).» 28 Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. 29 Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. 30 En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche (Erat autem nox).
21. LAS MORADAS (Jn 14,1-6)
1 «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. 3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo esteis también vosotros. 4 Y ya sabéis el camino adonde yo voy.» 5 Le dijo Tomás: «Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?» 6 Respondió Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (Ego sum Via et Veritas et Vita).
22. EL ESPÍRITU SANTO (Jn 14,15-17)
15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; 16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté siempre con vosotros (ut maneat vobiscum in aeternum): 17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros.
23. EL HIJO (Jn 14,18-20)
18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. (Non relinquam vos orphanos, venio ad vos) 19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
24. EL PADRE (Jn 14,23)
23 Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará; y vendremos a él y haremos morada en él” (et ad eum veniemus et mansionem apud eum faciemus)
25. LA PAZ (Jn 14,27)
27 Os dejo la paz, mi paz os doy (Pacem relinquo vobis, pacem meam do vobis); no os la doy como la da el mundo.
26. UNIDOS A JESÚS (Jn 15,5-7)
5 Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él dará mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (quia sine me nihil potestis facere). 6 Si alguno no permanece en mí, es cortado y se seca, lo mismo que los sarmientos; luego los recogen y los echan al fuego para que ardan. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis (quodcumque volueritis, petite, et fiet vobis).
27. LA LEY DEL AMOR (Jn 15,9)
9 Como el Padre me amó, yo también os he amado (Sicut dilexit me Pater, et ego dilexi vos); permaneced en mi amor
28. LA ALEGRÍA COMPLETA (Jn 15,10-11)
10 Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea perfecto (et gaudium vestrum impleatur).
29 AMIGOS DE DIOS (Jn 15,12-14)
12 Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos (Vos amici mei estis), si hacéis lo que yo os mando.
30. ELEGIDOS DE DIOS (Jn 15,16)
16 No me habéis elegido vosotros a mí; más bien os he elegido yo a vosotros, … (Non vos me elegistis, sed ego elegi vos)
31. DESTINAOS POR DIOS (Jn 15,16)
… y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto sea duradero (et posui vos, ut vos eatis et fructum afferatis, et fructus vester maneat); de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre él os lo conceda.
32. PARA SIEMPRE (Jn 16,22)
22 También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y os llenaréis de alegría, y nadie os la podrá quitar (et gaudebit cor vestrum, et gaudium vestrum nemo tollit a vobis).
33. LA PLENITUD DEL GOZO (Jn 16,24)
24 Hasta ahora nada le habéis pedido en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que sea perfecto vuestro gozo (Petite et accipiens ut gaudium vestrum sit plenum).
34. Y ME DEJARÉIS SOLO (Jn 16,32)
32 Mirad que llega la hora, y ha llegado ya, en que cada uno de vosotros se dispersará por su lado, y me dejaréis solo (et me solum relinquatis). Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
35. JESÚS RUEGA POR NOSOTROS (Jn 17, 9-26)
9 Por ellos ruego (Ego pro eis rogo); no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; 10 todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y mi gloria se ha manifestado en ellos. 11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo; yo, en cambio, voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a todos los que me has dado, para que sean uno como nosotros. 12 Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. 13 Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos la perfecta alegría que yo tengo. 14 Yo les he dado tu palabra, pero el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo. 15 No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. 16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. 18 Como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. 20 No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que creerán en mí por medio de su palabra (Non pro his autem rogo tantum, sed pro eis, qui credituri sunt per verbum eorum in me), 21 para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. 22 Les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno (ut sint unum, sicut nos unum sumus): 23 yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. 24 Padre, deseo que los que tú me has dado estén también conmigo allí donde yo esté (volo, ut ubi ego sum, et illi sint mecum), para que contemplen la gloria que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. 26 Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor que me has tenido esté en ellos, y yo en ellos (ut dilectio, qua dilexisti me, in ipsis sit, et ego in ipsis).»
36. LA PASIÓN (Jn 19, 4-16)
4 Volvió a salir Pilato y les dijo: «Mirad, os lo voy a traer aquí para que sepáis que no encuentro ningún delito en él.» 5 Salió entonces Jesús coronado de espinas y con el manto de púrpura. Pilato les dijo: «Aquí tenéis al hombre (Ecce homo).» 6 Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo! (Crucifige!, crucifige!)» Replicó Pilato: «Tomadlo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro en él ningún delito.» 7 Los judíos le contestaron: «Nosotros tenemos una Ley y, según esa Ley, debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios.» 8 Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. 9 Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le respondió. 10 Le dijo Pilato: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?» 11 Respondió Jesús: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.» Condena a muerte. 12 Desde entonces Pilato trataba de librarlo. Pero los judíos gritaron: «Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.» 13 Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. 14 Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dijo Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro rey.» 15 Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo! (Tolle, tolle, crucifige eum!)» Replicó Pilato: «¿A vuestro rey voy a crucificar?» Contestaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.» 16 Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
37. EN LA CRUZ (I). CRUCIFICADO (Jn 19,17-22)
Tomaron, pues, a Jesús, 17 que, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota. 18 Allí crucificaron a Jesús, junto con otros dos, uno a cada lado de él. 19 Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito decía así: «Jesús el Nazareno, el rey de los judíos.» 20 Esta inscripción, que estaba escrita en hebreo, latín y griego, la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad. 21 Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: «No escribas ‘El rey de los judíos’, sino ‘Éste ha dicho: Yo soy rey de los judíos’.» 22 Pilato respondió: «Lo que he escrito, escrito está. (Quod scripsi, scripsi)»
38. EN LA CRUZ (II). LA MADRE (Jn 19,25-27)
25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clophás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo (Mulier, ecce filius tuus).» 27 Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre (Ecce mater tua).» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (in sua).
39. EN LA CRUZ (III). LA MUERTE (Jn 19, 28-30)
28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed (Sitio).» 29 Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. 30 Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido (Conummatum est).» E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
40. EN LA CRUZ (IV). LA LANZADA (Jn 19,31-34)
31 Los judíos, como era el día de la Preparación, no querían que quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne—. Así que rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. 32 Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. 33 Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, 34 sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (et continuo exivit sanguis et acqua).
41. LA RESURRECCIÓN (I). MARÍA MAGDALENA (Jn 20,11-18)
11 Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro 12 y vio dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Le preguntaron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto.» 14 Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. 15 Le preguntó Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dijo: «Señor, si te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, para que yo me lo lleve.» 16 Jesús le dijo: «María.» Ella se volvió y le dijo en hebreo: «Rabbuní —que quiere decir ‘Maestro’—. 17 Replicó Jesús: «Deja de tocarme (Iam noli me tenere), que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.» 18 Fue María Magdalena y dijo a los discípulos: «He visto al Señor», y les repitió las palabras que Jesús había dicho (Vidi Dominum! et quia haec dixit ei)
42. LA RESURRECCIÓN (II). TOMÁS (Jn 20, 24-29)
24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor (Vidi Dominum!).» 25 Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.» 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» 27 Luego se dirigió a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» 28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío (Dominus meus et Deus meus).» 29 Replicó Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»
43 LA PESCA MILAGROSA (Jn 21,1-14)
1 Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Le contestaron ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Les preguntó Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?» Le contestaron: «No.» 6 Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, pues, y no conseguían arrastrarla por la gran cantidad de peces. 7 El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: «Es el Señor» (Dominus est!). Cuando Simón Pedro oyó «es el Señor», se vistió —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. 8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces, pues sólo distaban de tierra unos doscientos codos. 9 Nada más saltar a tierra, vieron preparadas unas brasas y un pez sobre ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» 11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. 12 Jesús les dijo: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», pues sabían que era el Señor. 13 Vino entonces Jesús, tomó el pan y se lo dio; y de igual modo el pez. 14 Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
44. EL PRIMADO DE PEDRO (Jn 21,15-17)
15 Después de haber comido, preguntó Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? (Simon Ioannis, diligis me plus his?)» Respondió él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero (Etiam, Domine, tu scis quia amo te) .» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» 16 Volvió a preguntarle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas? (Simon Ioannis, diligis me?)» Respondió él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero (Etiam, Domine, tu scis quia amo te).» Le dijo Jesús: «Apacienta mis ovejas.» 17 Insistió por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? (Simon Ioannis, amas me?)» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez ‘¿Me quieres?’ y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero (Domine, tu omnia scis, tu cognoscis quia amo te).» Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas”
(selección Julio Banacloche Pérez)
(versión complementada de los textos originarios que aparecieron en 2010 imprimidos en cuadernillo para su distribución gratuita y restringida)
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