PALABRAS DEL PAPA
FRANCISCO
(2022)
SUMARIO
ANGELUS / REGINA
AUDIENCIAS GENERALES
HOMILÍAS
CARTAS APOSTÓLICAS
MENSAJES
ENCUENTROS
ANGELUS/ REGINA
- “Y al colocarlo ante nuestros ojos, sin
decir ninguna palabra, nos da un mensaje estupendo: Dios está cerca, a nuestro alcance.
No viene con el poder de quien quiere ser temido, sino con la fragilidad de
quien pide ser amado; no nos juzga desde lo alto de un trono, sino que nos mira
desde abajo como un hermano, más aún, como un hijo. Nace pequeño y necesitado
para que nadie deba avergonzarse jamás de sí mismo: precisamente cuando
experimentamos nuestra debilidad y nuestra fragilidad, podemos sentir a Dios
aún más cerca, porque se nos ha presentado así, débil y frágil. Es el Dios-niño
que nace para no excluir a nadie. Para hacer que nos convirtamos todos en
hermanos y hermanas.” (Angelus, día 1 de enero de 2022)
- “Tal vez haya aspectos de la vida que
guardamos para nosotros, exclusivos, o lugares interiores en los cuales tenemos
miedo que entre el Evangelio, donde no queremos poner a Dios en medio. Hoy los
invito a la concreción. ¿Cuáles son las cosas interiores que yo creo que a Dios
no le gustan? ¿Cuál es el espacio que considero sólo para mí y al que no quiero
que Dios venga? Cada uno de nosotros sea concreto, y respondamos a esto.
“Sí, sí, yo querría que Jesús viniera, pero esto, que esto no lo toque; y esto,
no, y esto…”. Cada uno tiene su propio pecado, llamémoslo por su nombre. Y Él
no se asusta de nuestros pecados: ha venido para curarnos. Al menos, hagámoselo
ver, que Él vea el pecado. Seamos valientes, digamos: “Señor, yo estoy en esta
situación, no quiero cambiar. Pero tú, por favor, no te alejes demasiado”.
Bella oración, esta. Seamos sinceros hoy.” (Angelus, día 2 de enero de 2022)
- “Es una gran enseñanza para nosotros: todos
estamos inmersos en los problemas de la vida y en muchas situaciones
intrincadas, llamados a afrontar momentos y elecciones difíciles que nos
abaten. Pero, si no queremos permanecer aplastados, tenemos necesidad de elevar
todo hacia lo alto. Y esto lo hace precisamente la oración, que no es una vía
de escape, la oración no es un rito mágico ni una repetición de cantilenas
aprendidas de memoria. No. Rezar es el modo de dejar que Dios actúe en
nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones
más difíciles, rezar es para tener la fuerza de ir adelante. Mucha gente que
siente que no puede más y reza: “Señor, dame la fuerza para ir adelante”.
También nosotros, muchas veces lo hemos hecho. La oración nos ayuda porque nos
une a Dios, nos abre al encuentro con Él. Sí, la oración es la clave que abre
el corazón al Señor. Es dialogar con Dios, es escuchar su Palabra, es adorar:
estar en silencio encomendándole lo que vivimos. Y a veces también es gritar
con Él como Job, otras veces es desahogarse con Él. Gritar como Job; Él es
padre, Él nos comprende bien. Él jamás se enoja con nosotros. Y Jesús reza.”
(Angelus, día 9 de enero de 2022)
- “Es bello pensar que el primer signo que Jesús
cumple no es una curación extraordinaria o un prodigio en el templo de
Jerusalén, sino un gesto que sale al encuentro de una necesidad simple y
concreta de gente común, un gesto doméstico, un milagro -digámoslo así- “de
puntillas”, discreto, silencioso. Él está dispuesto para ayudarnos, para
levantarnos. Y entonces, si estamos atentos a estos “signos”, su amor nos
conquista y nos hacemos discípulos suyos…
… Os
sugiero un ejercicio que puede hacernos mucho bien. Probemos hoy a buscar entre
nuestros recuerdos los “signos” que el Señor ha realizado en nuestra
vida. Que cada uno diga: en mi vida, ¿qué signos ha realizado el Señor? ¿Qué
indicios veo de su presencia? Son signos que ha llevado a cabo para mostrarnos
que nos ama; pensemos en ese momento difícil en el que Dios me hizo
experimentar su amor… Y preguntémonos: ¿con qué signos, discretos y premurosos,
me ha hecho sentir su ternura? ¿Cuándo he sentido más cercano al Señor, cuándo
he sentido su ternura, su compasión? Cada uno de nosotros ha vivido estos
momentos en su historia. Vayamos a buscar esos signos, hagamos memoria. ¿Cómo
he descubierto su cercanía? ¿Cómo me ha quedado en el corazón una gran alegría?
Revivamos los momentos en los que hemos experimentado su presencia y la
intercesión de María. Que ella, la Madre, que como en Caná está siempre atenta,
nos ayude a atesorar los signos de Dios en nuestra vida.” (Angelus, día 16 de
enero de 2022)
- “La Palabra de Dios, de hecho, es viva y
eficaz (cf. Hb 4,12), nos cambia, entra en nuestros asuntos, ilumina
nuestra vida cotidiana, consuela y pone orden. Recordemos: la Palabra de Dios
transforma una jornada cualquiera “en el hoy en el que Dios nos habla”.
Entonces, tomemos el Evangelio en la mano, cada día un pequeño pasaje para leer
y releer. Llevad en el bolsillo el Evangelio o en el bolso, para leerlo en el
viaje, en cualquier momento y leerlo con calma. Con el tiempo descubriremos que
esas palabras están hechas a propósito para nosotros, para nuestra vida. Nos
ayudarán a acoger cada día con una mirada mejor, más serena, porque, cuando el
Evangelio entra en el “hoy”, lo llena de Dios. Quisiera haceros una
propuesta. En los domingos de este año litúrgico es proclamado el Evangelio de
Lucas, el Evangelio de la misericordia. ¿Por qué no leerlo también
personalmente, entero, un pequeño pasaje cada día? Un pequeño pasaje.
Familiaricémonos con el Evangelio, ¡nos traerá la novedad y la alegría de
Dios!” (Angelus, día 23 de enero de 2022)
- “Quizás, después de tantos años como
creyentes, pensamos muchas veces que conocemos bien al Señor, con nuestras
propias ideas y juicios. El riesgo es que nos acostumbremos, nos acostumbremos
a Jesús. Y ¿cómo nos acostumbramos? Cerrándonos, cerrándonos a sus novedades,
al momento en que Él llama a la puerta y te dice algo nuevo, quiere entrar en
ti. Tenemos que salir de este permanecer fijos en nuestras posiciones. El Señor
pide una mente abierta y un corazón sencillo. Y cuando una persona tiene una
mente abierta, un corazón sencillo, tiene la capacidad de sorprenderse, de
asombrarse. El Señor siempre nos sorprende, ésta es la belleza del encuentro
con Jesús. Que la Virgen, modelo de humildad y disponibilidad, nos muestre el
camino para acoger a Jesús.” (Angelus, día 2 de febrero de 2022)
- “¿Qué hace entonces el Señor? Elige subirse a
nuestra barca. Desde allí quiere anunciar el Evangelio al mundo. Precisamente
esa barca vacía, símbolo de nuestra incapacidad, se convierte en la “cátedra”
de Jesús, en el púlpito desde el que proclama la Palabra. Y esto es lo que le
gusta hacer al Señor: el Señor es el Señor de las sorpresas, de los milagros en
las sorpresas; subir a la barca de nuestra vida cuando no tenemos nada que
ofrecerle; entrar en nuestros vacíos y llenarlos con su presencia; servirse de
nuestra pobreza para proclamar su riqueza, de nuestras miserias para proclamar
su misericordia. Recordemos esto: Dios no quiere un crucero, le basta con una
pobre barca “destartalada”, siempre que lo acojamos: ¡Eso sí! Acogerlo. No
interesa la barca… acogerlo. Pero, me pregunto, ¿lo dejamos entrar en la barca
de nuestras vidas? ¿Ponemos a su disposición lo poco que tenemos? A veces nos
sentimos indignos de Él porque somos pecadores. Pero esta es una excusa que no
le gusta al Señor, porque lo aleja de nosotros. Él es el Dios de la cercanía,
de la compasión, de la ternura, y no busca el perfeccionismo, busca la acogida.
También a ti te dice: "Déjame subir a la barca de tu vida”. “Pero, Señor,
mira…”, “Así: déjame subir, tal como es". Pensemos en esto.” (Angelus, día
6 de febrero de 2022)
- “Entonces podemos preguntarnos -yo, cada uno de
nosotros-: ¿tengo la disponibilidad del discípulo? ¿O me comporto con la
rigidez de quien se siente cómodo, se siente bien y siente que ya ha llegado?
¿Me dejo "desencajar por dentro" por la paradoja de las
Bienaventuranzas, o me mantengo dentro del perímetro de mis propias ideas? Y
luego, con la lógica de las Bienaventuranzas, más allá de las penurias y
dificultades, ¿siento la alegría de seguir a Jesús? Este es el rasgo más
destacado del discípulo: la alegría del corazón. No lo olvidemos: la alegría
del corazón. Esta es la piedra de toque para saber si una persona es un
discípulo: ¿tiene alegría en su corazón? ¿Yo tengo alegría en mi corazón? Este
es el punto. Que la Virgen, la primera discípula del Señor, nos ayude a vivir
como discípulos abiertos y alegres.”
(Angelus, día 13 de febrero de 2022)
- “Y nosotros, ¿tratamos de vivir las
invitaciones de Jesús? Pensemos en una persona que nos ha hecho mal. Cada uno
piense en una persona. Es común que hayamos sufrido el mal de alguien, pensemos
en esa persona. Quizá hay rencor dentro de nosotros. Entonces, a este rencor
acercamos la imagen de Jesús, manso, durante el proceso, después de la
bofetada. Y luego pidamos al Espíritu Santo que actúe en nuestro corazón.
Finalmente recemos por esa persona: rezar por quien nos ha hecho mal
(cfr. Lc 6,28). Nosotros, cuando nos han hecho algún mal, vamos
enseguida a contarlo a los otros y nos sentimos víctimas. Parémonos, y recemos
al Señor por esa persona, que lo ayude, y así desaparece este sentimiento de
rencor. Rezar por quien nos ha tratado mal es lo primero para transformar el
mal en bien. La oración. Que la Virgen María nos ayude a ser constructores de
paz hacia todos, sobre todo hacia quien es hostil con nosotros y no nos gusta.”
(Angelus, día 20 de febrero de 2022)
- “Queridos hermanos y hermanas, el Señor nos
invita a “limpiar nuestra mirada”. En primer lugar, nos pide que miremos
nuestro interior para reconocer nuestras miserias. Porque si no somos capaces
de ver nuestros defectos, tenderemos siempre a exagerar los de los demás. En
cambio, si reconocemos nuestros errores y nuestras miserias, se abre para
nosotros la puerta de la misericordia. Y, después de que hayamos mirado nuestro
interior, Jesús nos invita a mirar a los demás como lo hace Él -este es el
secreto: mirar a los demás como lo hace Él-, que no ve antes que nada el mal
sino el bien. Dios nos mira así: no ve en nosotros errores irremediables, sino
que ve hijos que se equivocan. El punto de vista cambia: no se concentra en los
errores, sino en los hijos que se equivocan. Dios distingue siempre la persona
de sus errores. Salva siempre la persona. Cree siempre en la persona y está
siempre dispuesto a perdonar los errores. Sabemos que Dios perdona siempre. Y
nos invita a hacer lo mismo: a no buscar en los demás el mal, sino el bien.”
(Angelus, día 27 de febrero de 2022)
- “… el diablo: a menudo llega
"con ojos dulces", "con cara de ángel"; incluso sabe
disfrazarse de motivaciones sagradas, aparentemente religiosas! Si cedemos a
sus halagos, acabamos justificando nuestra falsedad enmascarándola con buenas
intenciones. Por ejemplo, cuántas veces hemos escuchado esto: “He hecho cosas
extrañas, pero he ayudado a los pobres”; “me he aprovechado de mi rol —de
político, de gobernante, de sacerdote, de obispo—, pero también para hacer el
bien”; “he cedido a mis instintos, pero al final no le he hecho daño a nadie”,
estas justificaciones y cosas por el estilo, una detrás de otra.
Por favor, ¡no hay que hacer tratativas con el mal! ¡Con el diablo, nada de
diálogo! Con la tentación no se debe dialogar, no debemos caer en ese
adormecimiento de la conciencia que nos hace decir: “Pero en el fondo, no es
grave, ¡todos lo hacen así!”. Fijémonos en Jesús, que no busca acomodarse, no
pacta con el mal. Se opone al diablo con la Palabra de Dios, que es más fuerte
que el diablo, y así vence las tentaciones.
Que este
tiempo de Cuaresma sea también para nosotros un “tiempo de desierto”.
Dediquemos un espacio al silencio y a la oración -un poquito, nos hará bien-,
en estos espacios detengámonos y miremos lo que se agita en nuestro
corazón, nuestra verdad interior, aquella que sabemos que no puede ser
justificada. Hagamos claridad interior, poniéndonos ante la Palabra de Dios en
la oración, para que tenga lugar en nosotros una lucha beneficiosa contra el
mal que nos hace esclavos, una lucha por la libertad. Pidamos a la Virgen Santa
que nos acompañe en el desierto cuaresmal y nos ayude en nuestro camino de
conversión.” (Angelus, día 6 de marzo de 2022)
- “En este tiempo de Cuaresma, después de las fatigas
de cada día, nos hará bien no apagar la luz de la habitación sin antes ponernos
bajo la luz de Dios. Rezar un poco antes de dormir. Démosle al Señor la
oportunidad de sorprendernos y despertar nuestro corazón. Esto lo podemos
hacer, por ejemplo, abriendo el Evangelio y dejándonos asombrar por la Palabra
de Dios, porque la Escritura ilumina nuestros pasos e inflama nuestro corazón.
O podemos mirar el Crucifijo y maravillarnos ante el amor loco de Dios, que nunca
se cansa de nosotros y tiene el poder de transfigurar nuestros días, de darles
un nuevo sentido, una luz diferente, una luz inesperada. Que la Virgen María
nos ayude a mantener nuestro corazón despierto para acoger este tiempo de
gracia que Dios nos ofrece.” (Angelus, día 13 de marzo de 2022)
-
“Jesús sabe que convertirse no es fácil, y quiere
ayudarnos. Sabe que muchas veces volvemos a caer en los mismos errores y en los
mismos pecados; que nos desanimamos y, quizá, nos parece que nuestro esfuerzo
por el bien es inútil en un mundo donde el mal parece reinar. Y entonces,
después de su llamado, nos anima con una parábola que ilustra la paciencia que
Dios. Debemos pensar en la paciencia de Dios, la paciencia que Dios tiene con
nosotros. Jesús nos ofrece la consoladora imagen de una higuera que no da
frutos en el periodo establecido, pero cuyo dueño no la corta: le concede más
tiempo, le da otra posibilidad. Me gusta pensar que un hermoso nombre de Dios
sería “el Dios que da otra posibilidad”: siempre nos da otra oportunidad,
siempre, siempre. Así es su misericordia. Así hace el Señor con nosotros: no
nos aleja de su amor, no se desanima, no se cansa de darnos confianza con
ternura. Hermanos y hermanas, ¡Dios cree en nosotros! Dios se fía de nosotros y
nos acompaña con paciencia, la paciencia de Dios con nosotros. No se desanima,
sino que pone siempre esperanza en nosotros. Dios es Padre y te mira como un
padre: como el mejor de los papás, no ve los resultados que aún no has
alcanzado, sino los frutos que puedes dar; no lleva la cuenta de tus faltas,
sino que realza tus posibilidades; no se detiene en tu pasado, sino que apuesta
con confianza por tu futuro. Porque Dios está cerca, está a nuestro lado. Es el
estilo de Dios, no lo olvidemos: cercanía; Él está cerca con misericordia y
ternura. Así nos acompaña Dios, es cercano, misericordioso y tierno.” (Angelus,
día 20 de marzo de 2022)
- “Veamos si también nosotros tenemos en el corazón dos
necesidades del Padre: “celebrar una fiesta y alegrarse”. En
primer lugar, “celebrar una fiesta”, es decir manifestar nuestra cercanía
a quien se arrepiente o está en camino, a quien está en crisis o alejado.
¿Por qué hay que hacer así? Porque esto ayudará a superar el miedo y el
desánimo, que pueden venir al recordar los propios pecados. Quien se ha
equivocado, a menudo se siente reprendido por su propio corazón; distancia,
indiferencia y palabras hirientes no ayudan. Por eso, según el Padre, es
necesario ofrecerle una acogida cálida, que aliente para ir adelante. “¡Pero padre
éste ha hecho muchas cosas!”: cálida acogida. Y nosotros, ¿hacemos esto?
¿Buscamos a quien está lejos, deseamos celebrar fiesta con él? ¡Cuánto bien
puede hacer un corazón abierto, una escucha verdadera, una sonrisa
transparente; celebrar fiesta, no hacer sentir incómodo! El padre podría decir:
está bien hijo, vuelve a casa, vuelve a trabajar, vete a tu habitación,
prepárate y ¡al trabajo! Y este habría sido un buen perdón. ¡Pero no! ¡Dios no
sabe perdonar sin hacer fiesta! Y el padre hace fiesta, por la alegría que
tiene porque ha vuelto el hijo. Y después, según el Padre, es necesario “alegrarse”.
Quien tiene un corazón sintonizado con Dios, cuando ve el arrepentimiento de
una persona, por graves que hayan sido sus errores, se alegra. No se queda
quieto sobre los errores, no señala con el dedo el mal, sino que se alegra por
el bien, ¡porque el bien del otro es también el mío! Y nosotros, ¿sabemos ver a
los otros así?” (Angelus, día 27 de marzo de 2022)
- “Es el poder del dinero, ese otro señor al que
Jesús dice que nunca hay que servir. Hay dos señores: Dios y el dinero. No
sirváis nunca al dinero. Aquí está la falsedad, la lógica de la ocultación, que
se opone a la proclamación de la verdad. Es una advertencia también para
nosotros: la falsedad -en las palabras y en la vida- contamina el anuncio,
corrompe por dentro, conduce de nuevo al sepulcro. Las falsedades nos llevan
hacia atrás, nos llevan directamente a la muerte, al sepulcro. El Resucitado,
en cambio, quiere sacarnos de las tumbas de las falsedades y de las
dependencias. Ante el Señor resucitado, este este otro “dios”: el dios del
dinero, que lo ensucia todo, lo arruina todo, cierra las puertas de la
salvación. Y esto está en todas partes: adorar a este dios dinero es una
tentación en la vida cotidiana.
Queridos
hermanos y hermanas, nosotros nos escandalizamos con razón cuando, a través de
la información, descubrimos engaños y mentiras en la vida de las personas y en
la sociedad. ¡Pero pongamos también nombre a la falsedad que llevamos dentro! Y
pongamos nuestra opacidad, nuestras falsedades ante la luz de Jesús resucitado.
Él quiere sacar a la luz las cosas ocultas, hacernos testigos transparentes y
luminosos de la alegría del Evangelio, de la verdad que nos hace libres
(cf. Jn 8,32). Que María, la Madre del Resucitado, nos ayude a
superar nuestros miedos y nos conceda la pasión por la verdad.” (Regina coeli,
día 17 de abril de 2022)
- “Hermanos y hermanas, especialmente cuando
experimentamos cansancios o momentos de crisis, Jesús, el Resucitado, desea
volver para estar con nosotros. Sólo espera que lo busquemos, que lo
invoquemos, incluso que protestemos, como Tomás, llevándole nuestras
necesidades y nuestra incredulidad. Él siempre vuelve. ¿Por qué? Porque es
paciente y misericordioso. Viene a abrir los cenáculos de nuestros miedos,
nuestras incredulidades, porque siempre quiere darnos otra oportunidad. Jesús
es el Señor de las “otras oportunidades”: siempre nos da otra, siempre.
Pensemos entonces en la última vez - hagamos un poco de memoria - cuando,
durante un momento difícil o un período de crisis, nos hemos encerrado en
nosotros mismos, atrincherándonos en nuestros problemas y dejando a Jesús fuera
de casa. Y prometámonos, la próxima vez, en nuestro cansancio, buscar a Jesús,
volver a Él, a su perdón - ¡Él siempre perdona, siempre! -, regresar a esas
llagas que nos han curado. De este modo, también seremos capaces de compasión,
de acercarnos sin rigidez ni prejuicios a las llagas de los demás. Que la
Virgen, Madre de la misericordia, - me gusta pensar en ella como la Madre de la
misericordia el lunes después del Domingo de la Misericordia -, nos acompañe en
el camino de la fe y del amor.” (Regina coeli, 24 de abril de 2022)
- “Queridos hermanos y hermanas, hoy Cristo
resucitado nos invita a un nuevo impulso, a todos, a cada uno de nosotros, nos
invita zambullirnos en el bien sin miedo de perder algo, sin hacer demasiados
cálculos, sin esperar a que empiecen los otros. ¿Por qué? No esperar a los otros,
porque para ir al encuentro de Jesús hay que comprometerse. Hay que tomar
posición con valentía, recomenzar, y recomenzar comprometiéndose, arriesgar.
Preguntémonos: ¿soy capaz de un arranque de generosidad, o contengo los
impulsos del corazón y me cierro en la costumbre, en el miedo? Lanzarse,
zambullirse. Esta es la palabra de hoy de Jesús.” (Regina coeli, día 1 de mayo
de 2022)
- “La iniciativa viene siempre del Señor;
todo parte de su gracia: es Él que nos llama a la comunión con Él. Pero esta
comunión nace si nosotros nos abrimos a la escucha; si permanecemos sordos no
nos puede dar esta comunión. Abrirse a la escucha porque escuchar significa
disponibilidad, significa docilidad, significa tiempo dedicado al diálogo. Hoy
estamos abrumados por las palabras y por la prisa de tener que decir o hacer
algo siempre; es más, cuántas veces dos personas están hablando y una no espera
que la otra termine el pensamiento, la corta a mitad de camino, responde… Pero
si no la deja hablar, no hay escucha. Este es un mal de nuestro tiempo. Hoy
estamos abrumados por las palabras, por la prisa de tener que decir siempre
algo, tenemos miedo del silencio. ¡Cuánto cuesta escucharse! ¡Escucharse hasta
el final, dejar que el otro se exprese, escucharse en familia, escucharse en la
escuela, escucharse en el trabajo, e incluso en la Iglesia! Pero para el Señor
sobre todo es necesario escuchar. Él es la Palabra del Padre y el cristiano
es “hijo de la escucha”, llamado a vivir con la Palabra de Dios al alcance
de la mano. Preguntémonos hoy si somos hijos de la escucha, si encontramos
tiempo para la Palabra de Dios, si damos espacio y atención a los hermanos y a
las hermanas. Si sabemos escuchar hasta que el otro se pueda expresar hasta el
final, sin cortar su discurso. Quien escucha a los otros sabe escuchar también
al Señor, y viceversa. Y experimenta una cosa muy bonita, es decir que el Señor
mismo escucha: nos escucha cuando le rezamos, cuando confiamos en Él, cuando le
invocamos.” (Regina coeli, día 8 de mayo de 2022)
- “La paz, que es nuestro compromiso, es ante todo
don de Dios. En efecto, Jesús dice: “Les doy mi paz, pero no como la da el
mundo” (v. 27). ¿Qué es esta paz que el mundo no conoce y que el
Señor nos dona? Esta paz es el Espíritu Santo, el mismo Espíritu de Jesús. Es
la presencia de Dios en nosotros, es la “fuerza de paz” de Dios. Es Él, el
Espíritu Santo, quien desarma el corazón y lo llena de serenidad. Es Él, el
Espíritu Santo, quien deshace las rigideces y apaga la tentación de agredir a
los demás. Es Él, el Espíritu Santo, quien nos recuerda que junto a nosotros
hay hermanos y hermanas, no obstáculos y adversarios. Es Él, el Espíritu Santo,
quien nos da la fuerza para perdonar, para recomenzar, para volver a partir,
porque con nuestras solas fuerzas no podemos. Y con Él, con el Espíritu Santo,
nos transformamos en hombres y mujeres de paz.
Queridos
hermanos y hermanas, ningún pecado, ningún fracaso, ningún rencor debe
desanimarnos a la hora de pedir con insistencia el don del Espíritu Santo que
nos da la paz. Cuanto más sentimos que el corazón está agitado, cuanto más
advertimos en nuestro interior nerviosismo, intolerancia, rabia, más debemos
pedir al Señor el Espíritu de la paz. Aprendamos a decir cada día: “Señor, dame
tu paz, dame el Espíritu Santo” (Regina coeli, 22 de mayo de 2022)
- “Hermanos y hermanas, pensemos hoy en el
don del Espíritu que hemos recibido de Jesús para ser testigos del Evangelio.
Preguntémonos si realmente lo somos; y también si somos capaces de amar a los
demás, dejándolos libres y dejándoles espacio. Y luego: ¿sabemos hacernos
intercesores por los demás, es decir, sabemos rezar por ellos y bendecir sus
vidas? ¿O servimos a los demás por nuestros propios intereses? Aprendamos esto:
la oración de intercesión, interceder por las esperanzas y los sufrimientos del
mundo, interceder por la paz. Y bendigamos con la mirada y las palabras a
quienes encontramos cada día.” (Regina coeli, 29 de mayo de 2022, fiesta de la
Ascensión del Señor)
- “Hermanos y hermanas, sin el Espíritu que nos recuerda
a Jesús, la fe se vuelve olvidadiza. Tantas veces la fe se transforma en un
recuerdo sin memoria. Por el contrario, la memoria es viva y la memoria viva
nos la da el Espíritu. Y nosotros - tratemos de preguntarnos - ¿somos
cristianos olvidadizos? ¿Quizás basta una adversidad, un cansancio, una crisis
para olvidar el amor de Jesús y caer en la duda y en nuestro miedo? ¡Ay!
Estemos atentos a no convertirnos en cristianos olvidadizos. El remedio es
invocar al Espíritu Santo. Hagámoslo a menudo, especialmente en los momentos
importantes, antes de las decisiones difíciles y en situaciones no fáciles.
Tomemos el Evangelio en la mano e invoquemos al Espíritu. Podemos decir: “Ven,
Espíritu Santo, recuérdame a Jesús, ilumina mi corazón”. Esta es una bella oración…
Luego, abrimos el Evangelio y leemos un pequeño pasaje, lentamente. Y el
Espíritu lo hará hablar a nuestras vidas.” (Regina coeli, 5 de junio de 2022)
- “Por ello, celebrar la Santísima Trinidad no es
solo un ejercicio teológico, sino una revolución de nuestra manera de vivir.
Dios, en quién cada Persona vive para la otra en continua relación, no para sí
misma, nos estimula a vivir con los demás y para los demás. Abiertos. Hoy
podemos preguntarnos si nuestra vida refleja el Dios en el que creemos: yo, que
profeso la fe en Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo, ¿creo verdaderamente que
para vivir necesito a los demás, necesito entregarme a los demás, necesito
servir a los demás? ¿Lo afirmo de palabra o lo afirmo con la vida? Dios trino y
uno, queridos hermanos y hermanas, hay que mostrarlo así, con los hechos antes
que con las palabras. Dios, que es el autor de la vida, se transmite menos a
través de los libros y más a través del testimonio de vida. Él que, como
escribe el evangelista Juan, “es amor” (1 Jn 4,16), se revela
a través del amor. Pensemos en las personas buenas, generosas, mansas que hemos
conocido: recordando su manera de pensar y actuar podemos tener un pequeño
reflejo de Dios-Amor. Y, ¿qué quiere decir amar? No sólo apreciar y hacer el
bien, sino antes incluso, en la raíz, acoger, estar abierto a los otros, hacer
sitio a los otros, dejar espacio a los otros. Esto significa amar, en la raíz.”
(Angelus, día 12 de junio de 2022)
- “¡La multitud se sació por la abundancia de comida,
y también por la alegría y el estupor de haberlo recibido de Jesús! Ciertamente
necesitamos alimentarnos, pero también quedar saciados, saber que el alimento
nos es dado “por amor”. En el Cuerpo y en la Sangre de Cristo encontramos
su “presencia”, su vida donada por cada uno de nosotros. No nos da solo la
ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de
viaje, entra en nuestras historias, visita nuestras soledades, dando de nuevo
sentido y entusiasmo. Esto “nos sacia”, cuando el Señor da sentido a
nuestra vida, a nuestras oscuridades, a nuestras dudas, pero Él ve el sentido y
este sentido que nos da el Señor nos sacia, esto nos da ese “algo más” que
todos buscamos: ¡es decir la “presencia” del Señor! Porque al calor de
su presencia nuestra vida cambia: sin Él sería realmente gris. Adorando el
Cuerpo y la Sangre de Cristo, pidámosle con el corazón: “¡Señor, dame el pan
cotidiano para ir adelante, Señor sáciame con tu presencia!”. Que la Virgen
María nos enseñe a adorar a Jesús vivo en la Eucaristía y a compartirlo con
nuestros hermanos y hermanas.” (Angelus, día 19 de junio de 2022)
- “Ahora preguntémonos, ¿cuál es nuestra
posición? Ante los desacuerdos, los malentendidos, ¿nos dirigimos al Señor, le
pedimos su constancia para hacer el bien? ¿O buscamos la confirmación en los
aplausos y acabamos amargados y resentidos cuando no los oímos? ¿Cuántas
veces, consciente o inconscientemente, buscamos el aplauso, la aprobación de
los demás? ¿Y lo hacemos por los aplausos? No, eso no está bien. Debemos hacer
el bien por el servicio y no buscar el aplauso. A veces creemos que nuestro
fervor se debe a un sentimiento de rectitud por una buena causa, pero en
realidad la mayoría de las veces no es más que orgullo, combinado con
debilidad, susceptibilidad e impaciencia. Pidamos entonces a Jesús la fuerza
para ser como Él, para seguirle con firmeza por el camino del servicio. No ser
vengativo, no ser intolerante cuando surgen dificultades, cuando nos desvivimos
por el bien y los demás no lo entienden, es más, cuando nos descalifican. No:
silencio y adelante.” (Angelus, día 26 de junio de 2022)
- “Una vez, un misionero contó que se había ido a
África junto con un hermano de comunidad. Sin embargo, al cabo de un tiempo se
separó de él, quedándose en una aldea donde llevó a cabo con éxito una serie de
actividades de construcción para el bien de la comunidad. Todo funcionaba bien.
Pero un día tuvo un sobresalto: se dio cuenta de que su vida era la de un buen
empresario, ¡siempre entre obras y papeleo! Pero… y el “pero” se quedó allí.
Entonces, dejó la gestión en manos de otros, a los laicos, y volvió con su
hermano. Así comprendió por qué el Señor había enviado a los discípulos
"de dos en dos": la misión evangelizadora no se basa en el activismo
personal, es decir, en el "hacer", sino sobre el testimonio de amor
fraterno, incluso a través de las dificultades que conlleva convivir con otro.
Así que
podemos preguntarnos: ¿cómo llevamos la buena noticia del Evangelio a los
demás? ¿Lo hacemos con espíritu y estilo fraterno, o a la manera del mundo, con
protagonismo, competitividad y centralidad en la eficacia? Preguntémonos si
tenemos la capacidad de colaborar, si sabemos tomar decisiones juntos,
respetando sinceramente a los que nos rodean y teniendo en cuenta su punto de
vista, si lo hacemos en comunidad, no solos. En efecto, es sobre todo así como
la vida del discípulo deja traslucir la del Maestro, anunciándolo
verdaderamente a los demás. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, nos
enseñe a preparar el camino del Señor con el testimonio de la fraternidad.”
(Angelus, día 3 de julio de 2022)
- “De este modo, el “discípulo del Camino”
-es decir, nosotros los cristianos- ve que su modo de pensar y de obrar cambia
gradualmente, haciéndose cada vez más conforme al del Maestro. Caminando sobre
las huellas de Cristo, se convierte en viandante y aprende -como el samaritano-
a “ver” y a “tener compasión”. Ve y siente compasión. Ante
todo, “ve”: abre los ojos a la realidad, no está egoístamente encerrado en
el círculo de sus propios pensamientos. En cambio, el sacerdote y el levita ven
al desgraciado, pero es como si no lo hubiesen visto, pasan de largo, miran a
otro lado. El Evangelio nos educa a ver: guía a cada uno de nosotros a
comprender rectamente la realidad, superando día tras día ideas preconcebidas y
dogmatismos. Muchos creyentes se refugian en dogmatismos para defenderse de la
realidad. Y, además, seguir a Jesús nos enseña a “tener compasión”: a
fijarnos en los demás, sobre todo en quien sufre, en el más necesitado, y a
intervenir como el samaritano: no pasar de largo sino detenerse.” (Angelus, día
10 de julio de 2022)
- “Hermanos y hermanas, aprovechemos este tiempo de
vacaciones, para detenernos y ponernos en escucha de Jesús. Hoy cuesta cada vez
más encontrar momentos libres para meditar. Para muchas personas los ritmos de
trabajo son frenéticos, extenuantes. El periodo de verano puede ser valioso
también para abrir el Evangelio y leerlo lentamente, sin prisa, un pasaje cada
día, un pequeño pasaje del Evangelio. Y esto hace entrar en esta dinámica de
Jesús. Dejémonos interpelar por esas páginas, preguntándonos cómo está yendo
nuestra vida, mi vida, si está en línea con lo que dice Jesús o no mucho. En
particular, preguntémonos: cuando empiezo el día, ¿me lanzo de cabeza a las
cosas que tengo que hacer o busco primero la inspiración en la Palabra de Dios?
A veces empezamos los días de forma automática, a hacer las cosas… como las
gallinas. No. Debemos empezar los días en primer lugar mirando al Señor, tomando
su Palabra, breve, pero que sea esta la inspiración del día. Si salimos de casa
por la mañana teniendo en mente una palabra de Jesús, seguramente el día
adquirirá un tono marcado por esa palabra, que tiene el poder de orientar
nuestras acciones según lo que el Señor quiere. Que la Virgen María nos enseñe
a elegir la “parte buena”, que nunca nos será quitada.” (Angelus, día 17
de julio de 2022)
- “Entonces -podríamos pensar- ¿no se puede desear
ser ricos? Por supuesto que se puede, es más, es justo desearlo, es bueno
hacerse rico, ¡pero “rico según Dios!” Dios es el más rico de
todos: es rico en compasión, en misericordia. Su riqueza no empobrece a nadie,
no crea peleas ni divisiones. Es una riqueza que ama dar, distribuir,
compartir. Hermanos, hermanas, acumular bienes materiales no es suficiente para
vivir bien, porque -repite Jesús- la vida no depende de lo que se posee
(cf. Lc 12,15). En cambio, depende de las buenas relaciones: con
Dios, con los demás y también con los que tienen menos. Entonces, preguntémonos:
¿cómo quiero enriquecerme? ¿quiero enriquecerme según Dios o según mi codicia?
Y volviendo al tema de la herencia, ¿qué herencia quiero dejar? ¿Dinero en el
banco, cosas materiales, o gente feliz a mi alrededor, buenas obras que no se
olvidan, personas a las que he ayudado a crecer y madurar? Que la Virgen nos
ayude a comprender cuáles son los verdaderos bienes de la vida, los que
permanecen para siempre.” (Angelus, día 31 de julio de 2022)
- “A veces, en efecto, nos sentimos presos de
un sentimiento de desconfianza y de angustia: es el miedo a no lograrlo, a no
ser reconocidos y amados, el miedo a no conseguir realizar nuestros proyectos,
a no ser nunca felices, etc. Y entonces nos afanamos buscando soluciones, para
encontrar algún espacio en el que emerger, para acumular bienes y riquezas,
para obtener seguridades; ¿y cómo terminamos? Terminamos viviendo en la
ansiedad y en la preocupación constante. Jesús, sin embargo, nos tranquiliza:
¡no temáis! Fiaos del Padre, que desea daros todo lo que realmente necesitáis.
Ya os ha donado a su Hijo, su Reino, y siempre os acompaña con su providencia,
cuidando de cada uno de vosotros cada día. No temas: ¡esta es la certeza a la
que atar el corazón!” (Angelus, día 7 de agosto de 2022)
- “La Virgen, por tanto, “profetiza” con este
cántico, con esta plegaria: profetiza que no son el poder, el éxito y el
dinero, los que prevalecen, sino que prevalecen el servicio, la humildad y el
amor. Y mirándola en la gloria, comprendemos que el verdadero poder es el
servicio -no olvidemos esto: el verdadero poder es el servicio- y reinar
significa amar. Y que este es el camino al Cielo. Este es.
Entonces
mirémonos a nosotros mismos y podemos preguntarnos: ¿esa inversión anunciada
por María toca mi vida? ¿Creo que amar es reinar y que servir es poder? ¿Creo
que la meta de mi vida es el cielo, es el paraíso? Pasarlo bien aquí. ¿O solo
me preocupan las cosas terrenales y materiales? Es más, al observar los
acontecimientos del mundo, ¿me dejo atrapar por el pesimismo o, como la Virgen,
soy capaz de distinguir la obra de Dios que, a través de la mansedumbre y la
pequeñez, realiza grandes cosas? Hermanos y hermanas, hoy María canta la
esperanza y reaviva en nosotros la esperanza. María hoy canta la esperanza y
reaviva en nosotros la esperanza: en ella vemos la meta del camino. Ella es la
primera creatura que, con todo su ser, en cuerpo y alma, atraviesa victoriosa
la meta del Cielo. Ella nos muestra que el Cielo está al alcance de la mano.
¿Cómo es esto? Sí, el cielo está al alcance de la mano si también nosotros no
cedemos al pecado, alabamos a Dios con humildad y servimos a los demás con
generosidad. No hay que ceder al pecado. Pero alguno podría decir: “Pero,
padre, yo soy débil”, “Pero el Señor siempre te está cerca, porque es
misericordioso”. No te olvides de cuál es el estilo de Dios: cercanía,
compasión y ternura. Siempre cercano a nosotros con su estilo. Nuestra Madre,
nos lleva de la mano, nos acompaña a la gloria, nos invita a alegrarnos
pensando en el paraíso. Bendigamos a María con nuestra oración y pidámosle una
mirada, capaz de vislumbrar el Cielo en la tierra.” (Angelus, día 15 de agosto
de 2022)
- “Entrar en el proyecto de vida que Dios nos propone
implica limitar el espacio del egoísmo, reducir la arrogancia de la
autosuficiencia, bajar las alturas de la soberbia y del orgullo, vencer la
pereza para correr el riesgo del amor, incluso cuando supone la cruz. Para ser
concretos, pensemos en esos gestos cotidianos de amor que llevamos adelante con
esfuerzo: pensemos en los padres que se dedican a los hijos haciendo
sacrificios y renunciando al tiempo para sí mismos; en los que se ocupan de los
demás y no solo de sus propios intereses, ¡cuánta gente es así, buena!;
pensemos en quien se dedica al servicio de los ancianos, de los más pobres y de
los más frágiles; pensemos en quien sigue trabajando con esfuerzo, soportando
dificultades y tal vez incomprensiones; pensemos en quien sufre a causa de la
fe, pero continúa rezando y amando; pensemos en los que, en lugar de seguir sus
instintos, responden al mal con el bien, encuentran la fuerza para perdonar y
el valor para volver a empezar. Solo son algunos ejemplos de personas que no
eligen la puerta ancha de su conveniencia, sino la puerta estrecha de Jesús, de
una vida entregada en el amor. Estas personas, dice hoy el Señor, serán
reconocidas por el Padre mucho más de los que se creen ya salvados y, en
realidad, son los “malhechores” (Lc 13,27). (Angelus, 21 de agosto de
2022)
- “Hermanos y hermanas, así es Dios: no se
queda "tranquilo" si nos alejamos de Él, se aflige, se estremece en
lo más íntimo y se pone a buscarnos, hasta que nos vuelve a tener en sus
brazos. El Señor no calcula la pérdida y los riesgos, tiene un corazón de padre
y madre, y sufre por la ausencia sus hijos amados. “Pero, ¿por qué sufre, si
este hijo es un desgraciado, se fue” Sufre, sufre. Dios sufre por nuestra
lejanía, y cuando nos perdemos, espera nuestro regreso. Recordemos: “Dios
nos espera siempre” con los brazos abiertos, sea cual sea la situación de
la vida en la que nos hayamos perdido. Como dice un salmo, Él no duerme,
siempre vela por nosotros (cf. 121,4-5).” (Angelus, 11 de septiembre de 2022)
- “Hermanos y hermanas,
también en el mundo de hoy hay historias de corrupción como la del Evangelio;
conductas deshonestas, políticas injustas, egoísmos que dominan las decisiones
de los individuos y de las instituciones, y tantas otras situaciones oscuras.
Pero a los cristianos no se nos permite desanimarnos o, peor aún, dejarlo
pasar, permanecer indiferentes. Al contrario, estamos llamados a ser creativos
a la hora de hacer el bien, con la prudencia y la astucia del Evangelio, usando
los bienes de este mundo -no solo los materiales, sino todos los dones que
hemos recibido del Señor- no para enriquecernos, sino para generar amor
fraterno y amistad social. Esto es muy importante: generar amistad social con
nuestra actitud. Pidamos a María Santísima que nos ayude a ser como ella,
pobres en espíritu y ricos de caridad recíproca.” (Angelus, 18 de septiembre de
2022)
- “La oración es la medicina de la fe, el
reconstituyente del alma. Pero es necesario que sea una “oración
constante”. Si tenemos que seguir una cura para estar mejor, es importarte
cumplirla bien, tomar los medicamentos en la forma correcta y a su debido tiempo,
con constancia y regularidad. En todo en la vida hay necesidad de esto.
Pensemos en una planta que tenemos en casa: tenemos que nutrirla con constancia
cada día, ¡no podemos empaparla y después dejarla sin agua durante semanas! Con
mayor razón para la oración: no se puede vivir solo de momentos fuertes o de
encuentros intensos de vez en cuando para después “entrar en letargo”. Nuestra
fe se secará. Necesita el agua cotidiana de la oración, necesita de un tiempo
dedicado a Dios, de forma que Él pueda entrar en nuestro tiempo, en nuestra
historia; de momentos constantes en los que abrimos el corazón, para que Él
pueda derramar en nosotros cada día amor, paz, gloria, fuerza, esperanza; es
decir, nutrir nuestra fe.” (Angelus, 16 de octubre de 2022)
- “Hermanos, hermanas, el fariseo y el
publicano nos conciernen de cerca. Pensando en ellos, mirémonos a nosotros
mismos: veamos si en nosotros, como en el fariseo, existe "la presunción
interior de ser justos" (v. 9) que nos lleva a despreciar a los demás.
Ocurre, por ejemplo, cuando buscamos cumplidos y enumeramos siempre nuestros
méritos y buenas obras, cuando nos preocupamos por aparentar en lugar de ser,
cuando nos dejamos atrapar por el narcisismo y el exhibicionismo. Cuidémonos
del narcisismo y del exhibicionismo, basados en la vanagloria, que también nos
lleva a nosotros los cristianos …” (Angelus, 23 de octubre de 2022)
- “Hermanos y hermanas, mirémonos dentro y
preguntémonos: ¿Somos constructores de paz? ¿Allí donde vivimos, estudiamos y
trabajamos, llevamos tensión, palabras que hieren, chácharas que envenenan,
polémicas que dividen? O ¿abrimos la vía de la paz: perdonamos a quien nos ha
ofendido, nos ocupamos de los que se encuentran en los márgenes, reparamos
alguna injusticia ayudando a quien menos tiene? Esto se llama construir la
paz.” (Angelus, 1 de noviembre de 2022)
- “Perseverar, en cambio,
es “permanecer” en el bien. Preguntémonos: ¿cómo va mi perseverancia?
¿Soy constante, o vivo la fe, la justicia y la caridad según el momento, es
decir, si me apetece, rezo, si me conviene, soy justo, servicial y
atento, mientras que, si estoy insatisfecho, si nadie me lo agradece, dejo de
hacerlo? En resumen, ¿mi oración y mi servicio dependen de las circunstancias o
dependen de un corazón firme en el Señor? Si perseveramos -nos
recuerda Jesús- no tenemos nada que temer, ni siquiera en los acontecimientos
tristes y difíciles de la vida, ni siquiera en el mal que vemos a nuestro
alrededor, porque permanecemos anclados en el bien. Dostoievski escribió: “No
tengas miedo de los pecados de los hombres, ama al hombre incluso con su
pecado, porque este reflejo del amor divino es el culmen del amor en la tierra”
(“Los hermanos Karamazov,” II,6,3g). La perseverancia es el reflejo del amor de
Dios en el mundo, porque el amor de Dios es fiel, es perseverante, nunca
cambia.” (Angelus, 13 de noviembre de 2022)
- “Hermanos y hermanas, en este tiempo de Adviento, ¡sacudamos el letargo y despertemos
del sueño! Preguntémonos: ¿soy consciente de lo que vivo, estoy alerta, estoy
despierto? ¿Estoy tratando de reconocer la presencia de Dios en las situaciones
cotidianas, o estoy distraído y un poco abrumado por las cosas? Si no somos
conscientes de su venida hoy, tampoco estaremos preparados cuando venga al
final de los tiempos. Por lo tanto, hermanos y hermanas,
¡permanezcamos vigilantes! Esperando que el Señor venga, esperando que el Señor
se acerque a nosotros, porque está ahí, pero esperando: atentos. Y la Virgen
Santa, Mujer de la espera, que supo captar el paso de Dios en la vida humilde y
oculta de Nazaret y lo acogió en su seno. Nos ayude en este camino a estar
atentos para esperar al Señor que está entre nosotros y pasa.” (Angelus, 28 de
noviembre de 2022) (Vatican news inaccesible; tomado de Zenit)
- “El Adviento es un tiempo de gracia para quitarnos
nuestras máscaras -cada uno de nosotros tiene una- y ponernos a la fila con los
humildes; para liberarnos de la presunción de creernos autosuficientes, para ir
a confesar nuestros pecados, esos escondidos, y acoger el perdón de Dios, para
pedir perdón a quien hemos ofendido. Así comienza una nueva vida. Y la vía es
una sola, la de la humildad: purificarnos del sentido de superioridad, del
formalismo y de la hipocresía, para ver en los demás a hermanos y hermanas, a
pecadores como nosotros y ver en Jesús al Salvador que viene por nosotros, no
por los demás, por nosotros; así como somos, con nuestras pobrezas, miserias y
defectos, sobre todo con nuestra necesidad de ser levantados, perdonados y
salvados. Y recordemos de nuevo una cosa: con Jesús la posibilidad de volver a
comenzar siempre existe. Nunca es demasiado tarde, siempre está la posibilidad
de volver a comenzar, tened valor, Él está cerca de nosotros en este tiempo de
conversión. Cada uno puede pensar: “Tengo esta situación dentro, este problema
que me avergüenza…” Pero Jesús está cerca de ti, vuelve a comenzar, siempre
existe la posibilidad de dar un paso más. Él nos espera y no se cansa nunca de
nosotros. ¡Nunca se cansa! Y nosotros somos tediosos, pero nunca se cansa.
Escuchemos el llamamiento de Juan Bautista para volver a Dios y no dejemos
pasar este Adviento como los días del calendario porque este es un tiempo de
gracia, de gracia también para nosotros, ahora, aquí. Que María, la humilde
sierva del Señor nos ayude a encontrarle a Él, a Jesús y a los hermanos en el
sendero de la humildad, que es el único que nos hará avanzar.” (Angelus, 4 de
diciembre de 2022)
- “Queridos hermanos y hermanas,
nunca se sabe todo sobre Dios, ¡nunca! Quizá tenemos en la cabeza un Dios
poderoso que hace lo que quiere, en vez del Dios de humilde mansedumbre, el
Dios de la misericordia y del amor, que interviene siempre respetando nuestra
libertad y nuestras elecciones. Quizá nos surge también a nosotros decirle:
“¿Eres realmente Tú, tan humilde, el Dios que viene a salvarnos?”. Y puede
sucedernos algo parecido también con los hermanos: tenemos nuestras ideas,
nuestros prejuicios y ponemos a los demás -especialmente a quien sentimos
diferente de nosotros- etiquetas rígidas. El Adviento, entonces, es “un
tiempo de inversión de perspectivas”, donde dejarnos asombrar por la grandeza
de la misericordia de Dios. El asombro: Dios siempre asombra… Dios siempre es
Aquel que suscita en ti el asombro. Un tiempo -el Adviento- en el que,
preparando el belén para el Niño Jesús, aprendemos de nuevo quién es nuestro
Señor; un tiempo en el que salir de ciertos esquemas, de ciertos prejuicios
hacia Dios y los hermanos. El Adviento es un tiempo en el que, en vez de pensar
en regalos para nosotros, podemos donar palabras y gestos de consolación a
quién está herido, como hizo Jesús con los ciegos, los sordos y los cojos.”
(Angelus, 11 de diciembre de 2022)
- “Hermanos, hermanas, ¿qué nos dice José hoy a
nosotros? También nosotros tenemos nuestros sueños, y quizá en Navidad pensamos
más en ellos, los discutimos juntos. Quizá añoramos algunos sueños rotos, y
vemos que las mejores esperanzas a menudo deben enfrentarse a situaciones
inesperadas, desconcertantes. Y cuando esto sucede, José nos indica el camino:
no hay que ceder a los sentimientos negativos, como la rabia y la cerrazón,
¡este es un camino equivocado! Por el contrario, debemos acoger las sorpresas,
las sorpresas de la vida, incluidas las crisis, teniendo en cuenta que cuando
se está en crisis no hay que decidir apresuradamente, según el instinto, sino
pasar por la criba, como hizo José, “considerar todas las cosas” (cfr. v. 20) y
apoyarse en el criterio principal: la misericordia de Dios. Cuando se habita la
crisis sin ceder a la cerrazón, a la rabia y al miedo, teniendo la puerta
abierta a Dios, Él puede intervenir. Él es experto en transformar las crisis en
sueños: sí, “Dios abre las crisis a perspectivas nuevas” que no
imaginábamos, quizá no como nosotros nos esperamos, sino como Él sabe. Y estos
son, hermanos y hermanas, los horizontes de Dios: sorprendentes, pero
infinitamente más amplios y hermosos que los nuestros. Que la Virgen María nos
ayude a vivir abiertos a las sorpresas de Dios.” (Angelus, 18 de diciembre de
2022)
- “He aquí, pues, nuestra respuesta a la pregunta:
nosotros podemos mejorar nuestro testimonio mediante la caridad hacia los
hermanos, la fidelidad a la Palabra de Dios y el perdón. “Caridad, Palabra
y perdón”. Es el perdón el que dice si realmente practicamos la caridad hacia
los demás y si vivimos la Palabra de Jesús. El “per-dón” es en realidad, como
la propia palabra lo indica, un don más grande, un don que damos a los demás
porque somos de Jesús, somos perdonados por Él. Yo perdono porque he sido
perdonado, no lo olvidemos… Pensemos, cada uno de nosotros piense
en su capacidad de perdonar: ¿cómo es mi capacidad de perdonar en estos días en
los que nos podemos encontrar, entre otras muchas, algunas personas con las que
no nos hemos llevado bien, que nos han herido, con las que nunca hemos
arreglado nuestras relaciones. Pidamos a Jesús recién nacido la novedad de un
corazón capaz de perdonar: todos nosotros tenemos necesidad de un corazón que
perdone. Pidamos al Señor esta gracia: Señor, que yo aprenda a perdonar.
Pidamos la fuerza para rezar por quienes nos han hecho daño, rezar
por las personas que nos han herido, y para dar pasos de apertura y
reconciliación. Que el Señor nos dé hoy esta gracia. Y que María, Reina de los
mártires, nos ayude a crecer en la caridad, en el amor a la Palabra y en el
perdón.” (Angelus, 26 de diciembre de 2022)
AUDIENCIAS
- “Rezo para que nadie se sienta privado de un vínculo de amor
paterno. Y aquellos que están enfermos de orfandad, que vayan adelante sin este
sentimiento tan feo. Que san José pueda ejercer su protección y su ayuda
sobre los huérfanos; e interceda por las parejas que desean tener un hijo. Por
ello, recemos juntos: San José,
tú que has amado a Jesús con amor de padre, hazte cercano a tantos niños que no
tienen familia y desean un padre y una madre. Sostén a los cónyuges que no
consiguen tener hijos, ayúdalos a descubrir, a través de este sufrimiento, un
proyecto más grande. Haz que a nadie le falte una casa, un vínculo, una persona
que cuide de él o de ella; y sana el egoísmo de quien se cierra a la vida, para
que abra el corazón al amor. Amén.” (Audiencia general, día 5 de enero de 2022)
- “No se tiene lo suficientemente en cuenta el hecho
de que el trabajo es un componente esencial en la vida humana, y también en el
camino de santificación. Trabajar no solo sirve para conseguir el sustento
adecuado: es también un lugar en el que nos expresamos, nos sentimos útiles, y
aprendemos la gran lección de la concreción, que ayuda a que la vida espiritual
no se convierta en espiritualismo. Pero lamentablemente el trabajo es a menudo
rehén de la injusticia social y, más que ser un medio de humanización, se
convierte en una periferia existencial. Muchas veces me pregunto: ¿con qué
espíritu hacemos nuestro trabajo cotidiano? ¿Cómo afrontamos el esfuerzo?
¿Vemos nuestra actividad unida solo a nuestro destino o también al destino de
los otros? De hecho, el trabajo es una forma de expresar nuestra personalidad,
que es por su naturaleza relacional. El trabajo es también una forma para
expresar nuestra creatividad: cada uno hace el trabajo a su manera, con el
propio estilo; el mismo trabajo, pero con un estilo diferente. Es hermoso
pensar que Jesús mismo trabajó y que aprendió este arte propio de san José. Hoy
debemos preguntarnos qué podemos hacer para recuperar el valor del trabajo; y
qué podemos aportar, como Iglesia, para que sea rescatado de la lógica del mero
beneficio y pueda ser vivido como derecho y deber fundamental de la persona,
que expresa e incrementa su dignidad.” (Audiencia general, 12 de enero 2022)
- “El Señor no nos
quita todas las debilidades, sino que nos ayuda a caminar con las debilidades,
tomándonos de la mano. Toma de la mano nuestras debilidades y se pone cerca de
nosotros. Y esto es la ternura. La experiencia de la ternura consiste en ver el
poder de Dios pasar precisamente a través de lo que nos hace más frágiles;
siempre y cuando nos convirtamos de la mirada del Maligno que “nos hace mirar
nuestra fragilidad con un juicio negativo», mientras que el Espíritu Santo “la
saca a la luz con ternura” (“Patris corde”,
2). “La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros” (ibíd.). Mirad cómo las enfermeras, los
enfermeros tocan las heridas de los enfermos: con ternura, para no herirles
más. Y así el Señor toca nuestras heridas, con la misma ternura. “Por esta
razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en
el sacramento de la Reconciliación”, en la oración personal con Dios, “teniendo
una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso el Maligno puede
decirnos la verdad -él es mentiroso, pero se las arregla para decirnos la
verdad con el fin de llevarnos a la mentira-, pero, si lo hace, es para
condenarnos». En cambio, el Señor nos dice la verdad y nos tiende la mano para
salvarnos. “Sabemos, sin embargo, que la Verdad que viene de Dios no nos
condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (cf. ibíd.). Dios perdona siempre: esto metéoslo en
la cabeza y en el corazón. Dios perdona siempre. Somos nosotros que nos
cansamos de pedir perdón. Pero Él perdona siempre, también las cosas más
malas.” (Audiencia general, día 19 de enero de 2022)
- “Pero la oración nunca es un gesto abstracto o
intimista, como quieren hacer estos movimientos espiritualistas más gnósticos
que cristianos. No, no es eso. La oración siempre está indisolublemente unida a
la caridad. Solo cuando unimos a la oración el amor, el amor por los hijos por
el caso que he dicho ahora o el amor por el prójimo, logramos comprender los
mensajes del Señor. José rezaba, trabajaba y amaba -tres cosas bonitas para los
padres: rezar, trabajar y amar- y por esto recibió siempre lo necesario para
afrontar las pruebas de la vida. Encomendémonos a él y a su intercesión.
San José, tú
eres el hombre que sueña, enséñanos a recuperar la vida espiritual como el
lugar interior en el que Dios se manifiesta y nos salva. Quita de nosotros el
pensamiento de que rezar es inútil; ayuda a cada uno de nosotros a corresponder
a lo que el Señor nos indica. Que nuestros razonamientos estén irradiados por
la luz del Espíritu, nuestro corazón alentado por Su fuerza y nuestros miedos
salvados por Su misericordia. Amén.” (Audiencia general, día 26 de enero de
2022)
- “No es algo mágico, no es una superstición, la
devoción a los santos; es simplemente hablar con un hermano, una hermana que
está delante de Dios, que ha recorrido una vida justa, una vida santa, una vida
ejemplar, y ahora está delante de Dios. Y yo hablo con este hermano, con esta
hermana y pido su intercesión por mis necesidades.
Precisamente
por esto me gusta concluir esta catequesis con una oración a san José a la que
estoy particularmente unido y que recito cada día desde hace más de 40 años. Es
una oración que encontré en un libro de oraciones de las Hermanas de Jesús y
María, del 1700, finales del siglo XVIII. Es muy bonita, pero más que una
oración es un desafío a este amigo, a este padre, a este custodio nuestro que
es san José. Sería bonito que vosotros aprendierais esta oración y pudierais
repetirla. La leeré: “Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer
posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y
dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que
te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi
confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y,
como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande
como tu poder”. Y termina con un desafío, esto es desafiar a San José: “porque
tú puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande
como tu poder”. Yo me encomiendo todos los días a san José, con esta oración,
desde hace más de 40 años: es una vieja oración. Adelante, ánimo, en esta
comunión de todos los santos que tenemos en el cielo y en la tierra: el Señor
no nos abandona.” (Audiencia general, día 2 de febrero de 2022)
- “Queridos hermanos y
hermanas, solo por la fe en la resurrección nosotros podemos asomarnos al
abismo de la muerte sin que el miedo nos abrume. No solo eso: podemos dar a la
muerte un rol positivo. De hecho, pensar en la muerte, iluminada por el
misterio de Cristo, ayuda a mirar con ojos nuevos toda la vida. ¡Nunca he
visto, detrás de un coche fúnebre, un camión de mudanzas! Detrás de un coche
fúnebre: no lo he visto nunca. Nos iremos solos, sin nada en los bolsillos del
sudario: nada. Porque el sudario no tiene bolsillos. Esa soledad de la muerte:
es verdad, no he visto nunca detrás de un coche fúnebre un camión de mudanzas.
No tiene sentido acumular si un día moriremos. Lo que debemos acumular es la
caridad, es la capacidad de compartir, la capacidad de no permanecer
indiferentes ante las necesidades de los otros. O, ¿qué sentido tiene pelearse
con un hermano o con una hermana, con un amigo, con un familiar, o con un
hermano o hermana en la fe si después un día moriremos? ¿De qué sirve
enfadarse, enfadarse con los otros? Delante de la muerte muchas cuestiones se
redimensionan. Está bien morir reconciliados, ¡sin dejar rencores ni
remordimientos! Yo quisiera decir una verdad: todos nosotros estamos en camino
hacia esa puerta, todos.” (Audiencia general, día 9 de febrero de 2022)
- “Queridos hermanos y hermanas, os animo a pedir la
intercesión de san José precisamente en los momentos más difíciles de vuestras
vidas y de vuestras comunidades. Allí donde nuestros errores se convierten en
escándalo, pidamos a san José la valentía de enfrentar la verdad, de pedir
perdón y empezar de nuevo humildemente. Allí donde la persecución impide que el
Evangelio sea anunciado, pidamos a san José la fuerza y la paciencia de saber
soportar abusos y sufrimientos por amor al Evangelio. Allí donde los medios
materiales y humanos escasean y nos hacen experimentar la pobreza, sobre todo
cuando estamos llamados a servir a los últimos, los indefensos, los huérfanos,
los enfermos, los descartados de la sociedad, recemos a san José para que haya
para nosotros Providencia. ¡Cuántos santos se han dirigido a él! ¡Cuántas
personas en la historia de la Iglesia han encontrado en él un patrón, un
custodio, un padre!” (Audiencia general, día 16 de febrero de 2022)
- “¿Quizá los ancianos deben pedir perdón por su
obstinación a sobrevivir a costa de los demás? ¿O pueden ser honrados por los
dones que llevan al sentido de la vida de todos? De hecho, en la representación
del sentido de la vida -y precisamente en las culturas llamadas
“desarrolladas”- la vejez tiene poca incidencia. ¿Por qué? Porque es
considerada una edad que no tiene contenidos especiales que ofrecer, ni
significados propios que vivir. Además, hay una falta de estímulo por parte de
la gente para buscarlos, y falta la educación de la comunidad para
reconocerlos. En resumen, para una edad que ya es parte determinante del
espacio comunitario y se extiende a un tercio de toda la vida, hay -a veces-
planes de asistencia, pero no proyectos de existencia. Planes de asistencia,
sí; pero no proyectos para hacerles vivir en plenitud. Y esto es un vacío de
pensamiento, imaginación, creatividad. Bajo este pensamiento, el que hace el
vacío es que el anciano, la anciana son material de descarte: en esta cultura
del descarte, los ancianos entran como material de descarte. La juventud es
hermosa, pero la eterna juventud es una alucinación muy peligrosa. Ser ancianos
es tan importante -y hermoso- es tan importante como ser jóvenes.” (Audiencia
general, día 23 de febrero de 2022)
- “Que el Espíritu nos conceda la inteligencia y la fuerza
para esta reforma: es necesaria una reforma. La prepotencia del tiempo del
reloj debe convertirse en la belleza de los ritmos de la vida. Esta es la
reforma que debemos hacer en nuestros corazones, en la familia y en la
sociedad. Repito: ¿reformar qué? Qué la prepotencia del tiempo del reloj debe
convertirse en la belleza de los ritmos de la vida. Convertir la prepotencia
del tiempo, que siempre nos apura, a los ritmos propios de la vida. La alianza
de las generaciones es indispensable. Una sociedad donde los ancianos no hablan
con los jóvenes, los jóvenes no hablan con los ancianos, los adultos no hablan
con los ancianos ni con los jóvenes, es una sociedad estéril, sin futuro, una
sociedad que no mira al horizonte, sino que se mira a sí misma. Y se queda
sola. Que Dios nos ayude a encontrar la música adecuada para esta armonización
de las diferentes edades: los pequeños, los ancianos, los adultos, todos
juntos: una hermosa sinfonía de diálogo.” (Audiencia general, día 2 de marzo de
2022, Miércoles de Ceniza)
- “El pasaje bíblico -con el lenguaje
simbólico de la época en la que fue escrito- nos dice algo impresionante: Dios
estaba tan amargado por la difundida maldad de los hombres, que se había
convertido en una forma de vida normal, que pensó que se había equivocado al
crearlos y decidió eliminarlos. Una solución radical. Incluso podría tener un
giro paradójico de misericordia. No más humanos, no más historia, no más
juicio, no más condena. Y muchas víctimas predestinadas de la corrupción, de la
violencia, de la injusticia serían perdonadas para siempre...
… La bendición de Dios elige la vejez, por este carisma tan humano y
humanizador. ¿Qué sentido tiene mi vejez? Cada uno de nosotros ancianos podemos
preguntarnos. El sentido es este: ser profeta de la corrupción y decir a los
otros: “¡Deteneos, yo he hecho ese camino y no te lleva a nada! Ahora yo te
cuento mi experiencia”. Nosotros ancianos debemos ser profetas contra la
corrupción, como Noé fue el profeta contra la corrupción de su tiempo, porque
era el único del que Dios se fio. Yo os pregunto a todos vosotros, y también me
pregunto a mí: ¿está abierto mi corazón a ser profeta contra la corrupción de
hoy? Hay algo feo, cuando los ancianos no han madurado y se vuelven mayores con
las mismas costumbres corruptas de los jóvenes.” (Audiencia general, día 16 de
marzo de 2022)
- “A la transmisión de la fe, por otro lado,
le falta a menudo la pasión propia de una “historia vivida”. Transmitir la fe
no es decir las cosas “bla-bla-bla”. Es contar la experiencia de fe. ¿Y
entonces difícilmente puede atraer a elegir el amor para siempre, la fidelidad
a la palabra dada, la perseverancia en la entrega, la compasión por los rostros
heridos y abatidos? Ciertamente, las historias de la vida deben ser
transformadas en testimonio, y el testimonio debe ser leal. No es ciertamente
leal la ideología que doblega la historia a los propios esquemas; no es leal la
propaganda, que adapta la historia a la promoción del propio grupo; no es leal
hacer de la historia un tribunal en el que se condena todo el pasado y se
desalienta todo futuro. Ser leal es contar la historia como es, y solamente la
puede contar bien quien la ha vivido. Por esto es muy importante escuchar a los
ancianos, escuchar a los abuelos, es importante que los niños hablen con
ellos.” (Audiencia general, día 23 de marzo de 2022)
-
“Cuando pierdes la sensibilidad del tacto o del
gusto, te das cuenta enseguida. Sin embargo, la del alma, esa sensibilidad del
alma puedes ignorarla durante mucho tiempo, vivir sin darte cuenta de que has
perdido la sensibilidad del alma. Esta no se refiere simplemente al pensamiento
de Dios o de la religión. La insensibilidad de los sentidos espirituales se
refiere a la compasión y la piedad, la vergüenza y el remordimiento, la
fidelidad y la entrega, la ternura y el honor, la responsabilidad propia y el
dolor ajeno. Es curioso: la insensibilidad no te hace entender la compasión, no
te hace entender la piedad, no te hace sentir vergüenza o remordimiento por
haber hecho algo malo. Es así: los sentidos espirituales anestesiados confunden
todo y uno no siente, espiritualmente, cosas del estilo. Y la vejez se
convierte, por así decir, en la primera pérdida, la primera víctima de esta
pérdida de sensibilidad.” (Audiencia general, día 30 de marzo de 2022)
- “La paz que Jesús nos da en Pascua no es la
paz que sigue las estrategias del mundo, que cree obtenerla por la fuerza, con
las conquistas y con varias formas de imposición. Esta paz, en realidad, es
solo un intervalo entre las guerras: lo sabemos bien. La paz del Señor sigue el
camino de la mansedumbre y de la cruz: es hacerse cargo de los otros. Cristo,
de hecho, ha tomado sobre sí nuestro mal, nuestro pecado y nuestra muerte. Ha
tomado consigo todo esto. Así nos ha liberado. Él ha pagado por nosotros. Su
paz no es fruto de algún acuerdo, sino que nace del don de sí. Esta paz mansa y
valiente, sin embargo, es difícil de acoger. De hecho, la multitud que alababa
a Jesús es la misma que unos días después grita “Crucifícale” y, asustada y
desilusionada, no mueve un dedo por Él.” (Audiencia general, 13 de abril de
2022)
- “Pensemos bien en
esta bonita declinación del amor que es el honor. El cuidado mismo del enfermo,
el apoyo a quien no es autosuficiente, la garantía del sustento,
pueden “carecer de honor”. El honor desaparece cuando el exceso de
confianza, en vez de declinarse como delicadeza y afecto, ternura y respeto, se
convierte en rudeza y prevaricación. Cuando la debilidad es reprochada, e
incluso castigada, como si fuera una culpa. Cuando el desconcierto y la
confusión se convierten en un resquicio para la burla y la agresividad. Puede
suceder incluso entre las paredes domésticas, en las residencias, como también
en las oficinas o en los espacios abiertos de la ciudad. Fomentar en los
jóvenes, también indirectamente, una actitud de suficiencia -e incluso de
desprecio- hacia la edad anciana, sus debilidades y su precariedad,
produce cosas horribles.” (Audiencia general, día 20 de abril de 2022)
- “Si los jóvenes se abren a la gratitud por
lo recibido y los ancianos toman la iniciativa de relanzar su futuro, ¡nada
podrá detener el florecimiento de las bendiciones de Dios entre los pueblos!
Por favor, que los jóvenes hablen con los abuelos, que los jóvenes hablen con
los ancianos, que los ancianos hablen con los jóvenes. Este puente debemos
restablecerlo fuerte, hay ahí una corriente de salvación, de felicidad. Que el
Señor nos ayude, haciendo esto, a crecer en armonía en las familias, esa
armonía constructiva que va de los ancianos a los más jóvenes, ese bonito
puente que nosotros debemos custodiar y cuidar.” (Audiencia general, día 27 de
abril de 2022)
- “La tentación gnóstica que es una de las
-digamos la palabra- herejías, una de las desviaciones religiosas de este
tiempo, la tentación gnóstica siempre permanece actual. En muchas tendencias de
nuestra sociedad y de nuestra cultura, la práctica de la fe sufre una
representación negativa, a veces en forma de ironía cultural, a veces con una
marginación oculta. La práctica de la fe para estos gnósticos que ya estaban en
la época de Jesús, es considerada como una exterioridad inútil e incluso nociva,
como un residuo anticuado, como una superstición enmascarada. En resumen, una
cosa para los viejos. La presión que esta crítica indiscriminada ejerce en las
jóvenes generaciones es fuerte. Cierto, sabemos que la práctica de la fe puede
convertirse en una exterioridad sin alma -este es el peligro contrario-, pero
en sí misma no lo es en absoluto. Quizá nos corresponde precisamente a
nosotros, a los ancianos, una misión muy importante: “devolver a la fe su
honor”, hacerla coherente que es el testimonio de Eleazar, la coherencia hasta
el final. La práctica de la fe no es el símbolo de nuestra debilidad, sino más
bien el signo de su fuerza. Ya no somos niños. ¡No bromeamos cuando nos pusimos
en el camino del Señor!” (Audiencia general, 4 de mayo de 2022)
- “El Señor no encomienda sus talentos solo a
los jóvenes y a los fuertes; tiene para todos, a medida de cada uno, también
para los ancianos. La vida de nuestras comunidades debe saber disfrutar de los
talentos y de los carismas de tantos ancianos, que para el registro están ya
jubilados, pero que son una riqueza que hay que valorar. Esto requiere, por
parte de los propios ancianos, una atención creativa, una atención nueva, una
disponibilidad generosa. Las habilidades precedentes de la vida activa pierden
su parte de constricción y se vuelven recursos de donación: enseñar, aconsejar,
construir, curar, escuchar… Preferiblemente a favor de los más desfavorecidos,
que no pueden permitirse ningún aprendizaje y que están abandonados a su
soledad.” (Audiencia general, día 11 de mayo de 2022)
- “Si tú tienes en el corazón alguna llaga, algún dolor y
quieres protestar, protesta también contra Dios, Dios te escucha, Dios es
Padre, Dios no se asusta de nuestra oración de protesta, ¡no! Dios entiende.
Pero sé libre, sé libre en tu oración, ¡no encarceles tu oración en los
esquemas preconcebidos! La oración debe ser así, espontánea, como esa de un
hijo con el padre, que le dice todo lo que le viene a la boca porque sabe que
el padre lo entiende. El “silencio” de Dios, en el primer momento del drama,
significa esto. Dios no va a rehuir la confrontación, pero al principio deja a
Job el desahogo de su protesta, y Dios escucha. Quizás, a veces, deberíamos
aprender de Dios este respeto y esta ternura. Y a Dios no le gusta esa enciclopedia
-llamémosla así- de explicaciones, de reflexiones que hacen los amigos de Job.
Eso es “zumo de lengua,” que no es adecuado: es esa religiosidad que
explica todo, pero el corazón permanece frío. A Dios no le gusta esto. Le gusta
más la protesta de Job o el silencio de Job.
La
profesión de fe de Job -que emerge precisamente en su incesante llamamiento a
Dios, a una justicia suprema- se completa al final con la experiencia casi
mística, diría yo, que le hace decir: “Yo te conocía solo de oídas, mas ahora
te han visto mis ojos” (42,5). ¡Cuánta gente, cuántos de nosotros, después de
una experiencia un poco mala, un poco oscura, da el paso y conoce a Dios mejor
que antes! Y podemos decir, como Job: “Yo te conocía de oídas, mas ahora te han
visto mis ojos, porque te he encontrado”. (Audiencia general, día 18 de mayo de
2022)
- “Los monjes de la más antigua tradición cristiana
habían identificado con precisión esta enfermedad del alma, que de pronto
descubre la vanidad del conocimiento sin fe y sin moral, la ilusión de la
verdad sin justicia. La llamaban “acedia”. Y esta es una de las tentaciones de
todos, también de los ancianos, es de todos. No es simplemente pereza: no, es
más. No es simplemente depresión: no. Más bien, la acedia es la rendición al
conocimiento del mundo sin más pasión por la justicia y la acción consecuente.
El vacío de
sentido y de fuerzas abierto por este saber, que rechaza toda responsabilidad
ética y todo afecto por el bien real, no es inofensivo. No solamente le quita
las fuerzas a la voluntad del bien: por contragolpe, “abre la puerta a la
agresividad de las fuerzas del mal”. Son las fuerzas de una razón enloquecida,
que se vuelve cínica por un exceso de ideología. De hecho, con todo nuestro
progreso, con todo nuestro bienestar, nos hemos convertido verdaderamente en
una “sociedad del cansancio”. Pensad un poco en esto: ¡somos la sociedad del
cansancio! Teníamos que producir bienestar generalizado y toleramos un mercado
sanitario científicamente selectivo. Teníamos que poner un límite infranqueable
a la paz, y vemos sucesión de guerras cada vez más despiadadas contra personas
indefensas. La ciencia progresa, naturalmente, y es un bien. Pero la sabiduría
de la vida es completamente otra cosa, y parece estancada.” (Audiencia general,
25 de mayo de 2022)
- “La oración renueva
en el corazón del anciano la promesa de la fidelidad y de la bendición de
Dios. “El anciano redescubre la oración y da testimonio de su fuerza”.
Jesús, en los Evangelios, nunca rechaza la oración de quien necesita ayuda. Los
ancianos, por su debilidad, pueden enseñar a los que viven otras edades de la
vida que “todos necesitamos abandonarnos en el Señor”, invocar su ayuda.
En este sentido, todos debemos aprender de la vejez: sí, hay un don en ser anciano
entendido como abandonarse al cuidado de los demás, empezando por Dios mismo.”
(Audiencia general, día 1 de junio de 2022)
- “La vida en la carne mortal es una bellísima
“incompleta”: como ciertas obras de arte que precisamente por estar inacabadas tienen
un encanto único. Porque la vida aquí abajo es “iniciación”, no cumplimiento:
venimos al mundo así, como personas reales, como personas que progresan con la
edad, pero son para siempre reales. Pero la vida en la carne mortal es un
espacio y un tiempo demasiado pequeño para custodiar intacta y llevar a
cumplimiento la parte más valiosa de nuestra existencia en el tiempo del mundo.
La fe, que acoge el anuncio evangélico del reino de Dios al cual estamos
destinados, tiene un primer efecto extraordinario, dice Jesús. La fe nos
permite “ver” el reino de Dios. Nos hace capaces de ver realmente las muchas
señales de la aproximación de nuestra esperanza a su cumplimiento, a través de
todo lo que en nuestra vida lleva el signo de que estamos destinados a la eternidad
de Dios. Las señales son las del amor evangélico, de muchas maneras iluminadas
por Jesús. Y si las podemos “ver”, podemos también “entrar” en el reino, con el
paso del Espíritu a través del agua que regenera.” (Audiencia general, día 8 de
junio de 2022)
- “Pero tenemos que
entender bien que el espíritu de la intercesión y del servicio, que Jesús
prescribe a todos sus discípulos, no es simplemente una cosa de mujeres: en las
palabras y en los gestos de Jesús no hay ni rastro de esta limitación. El servicio
evangélico de la gratitud por la ternura de Dios no se escribe de ninguna
manera en la gramática del hombre amo y de la mujer sierva. Es más, las
mujeres, sobre la gratitud y sobre la ternura de la fe, pueden enseñar a los
hombres cosas que a ellos les cuesta más comprender.” (Audiencia general, día
15 de junio de 2022)
- “Podemos
preguntarnos: ¿somos capaces nosotros de custodiar el tenor de esta relación de
Jesús con los discípulos, según su estilo tan abierto, tan franco, tan directo,
tan humanamente real? ¿Cómo es nuestra relación con Jesús? ¿Es así, como la de
los apóstoles con Él? ¿No estamos, sin embargo, muy a menudo tentados a
encerrar el testimonio del Evangelio en la crisálida de una revelación
“azucarada”, a la que añadimos nuestra veneración de circunstancia? Esta
actitud, que parece de respeto, en realidad nos aleja del verdadero Jesús, e
incluso se convierte en ocasión para un camino de fe muy abstracto, muy
autorreferencial, muy mundano, que no es el camino de Jesús. Jesús es el Verbo
de Dios hecho hombre, y Él se comporta como hombre, Él nos habla como hombre,
Dios-hombre. Con esta ternura, con esta amistad, con esta cercanía. Jesús no es
como esa imagen azucarada de las estampitas, no: Jesús está a la mano, está
cerca de nosotros.” (Audiencia general, día 22 de junio de 2022)
- “Aquí, en la tierra, está la etapa de nuestro
“noviciado”: somos aprendices de la vida que -entre mil dificultades- procuran
apreciar el don de Dios, asumiendo la responsabilidad de compartirlo y de
hacerlo fructificar para todos. El tiempo de la vida en la tierra es la gracia
de este tiempo. La petulancia de parar el tiempo -querer la eterna juventud, el
bienestar ilimitado, el poder absoluto- no sólo es imposible, es delirante.
Nuestra existencia en la tierra es el tiempo de la
iniciación a la vida: es vida, pero que te lleva a una vida más plena, la
iniciación a la vida más plena; una vida que sólo en Dios encuentra la
realización. Somos imperfectos desde el inicio y permanecemos imperfectos hasta
el final. En el cumplimiento de la promesa de Dios la relación se invierte: el
espacio de Dios, que Jesús prepara para nosotros con todo cuidado, es superior
al tiempo de nuestra vida mortal. Es decir, la vejez acerca la esperanza de
este cumplimiento. La vejez conoce definitivamente, ahora, el sentido del
tiempo y las limitaciones del lugar en que vivimos nuestra iniciación. La vejez
es sabia en esto: los viejos son sabios en esto. Por eso es creíble cuando
invita a alegrarse por el correr del tiempo: no es una amenaza, es una promesa”
(Audiencia general, 10 de agosto de 2022) (traducción propia)
- “Ciertamente, la
muerte es un pasaje difícil de la vida, para todos nosotros; es un pasaje
difícil. Todos debemos pasarlo, pero no es fácil. Pero la muerte es también un
pasaje que cierra el tiempo de la incertidumbre y arroja fuera el reloj: es
difícil, porque es el pasaje de la muerte. Pero lo bello de la vida, lo que no
tiene decadencia, empieza precisamente ahora. Empieza desde la sabiduría de
hombre y de la mujer, ancianos, que son capaces de dar el testigo a los jóvenes
(Audiencia general, 17 de agosto 2022) (traducción propia)
- “Jesús resucitado con su cuerpo vive en la
intimidad trinitaria de Dios. Y en ella no pierde la memoria, no abandona la
propia historia, no disuelve las relaciones que ha vivido en la tierra. A sus
amigos les ha prometido: “Cuando me vaya os voy a preparar una estancia nueva y
os llevaré conmigo, para que donde yo estoy también estéis vosotros (Jn 14,3).
Él se ha ido a preparar el sitio para todos nosotros y volverá después de
prepararlo. No vendrá sólo al final de todos, sino en el de cada uno. Vendrá a
buscarnos para llevarnos con Él. En este sentido la muerte es un poco el paso
al encuentro con Jesús que me está esperando para llevarme con Él.
El resucitado vive en el
mundo de Dios, donde hay un sitio para todos, donde se hace una nueva tierra y
se va construyendo la ciudad celestial que es la morada definitiva del hombre.
Nosotros no podemos imaginar esta transfiguración de nuestra corporeidad mortal,
pero estamos seguros de que mantendrá reconocibles nuestros rostros y permitirá
permanecer humanos en el cielo de Dios. Permitirá participar, con sublime
emoción, en la infinita y feliz exuberancia del acto creador de Dios del que
viviremos en primera persona todas las interminables aventuras” (Audiencia
general, 24 de agosto de 2022) (traducción propia)
- “El discernimiento es agotador pero indispensable para vivir. Requiere
que me conozca a mí mismo, que sepa lo que es bueno para mí aquí y ahora. Sobre
todo, requiere una “relación filial con Dios”. Dios es Padre y no nos deja
solos, siempre está dispuesto a aconsejarnos, a animarnos, a acogernos. Pero
nunca impone su voluntad. ¿Por qué? Porque quiere ser amado y no temido. Y Dios
también quiere que seamos hijos y no esclavos: hijos libres. Y el amor sólo
puede vivirse en libertad. Para aprender a vivir hay que aprender a amar, y
para ello es necesario discernir: ¿Qué puedo hacer ahora, ante esta
alternativa? Que sea un signo de más amor, de más madurez en el amor. ¡Pidamos,
que el Espíritu Santo nos guíe! Invoquémosle cada día, especialmente cuando
tengamos que tomar decisiones. Gracias.” (Audiencia general, 31 de agosto de
2022)
- “El discernimiento es la ayuda para
reconocer las señales con las cuales el Señor se hace encontrar en las
situaciones imprevistas, incluso desagradables, como fue para Ignacio la herida
en la pierna. De estas puede nacer un encuentro que cambia la vida, para
siempre, como el caso de san Ignacio. Puede nacer algo que te haga mejorar en
el camino o empeorar no lo sé, pero estad atentos y el hilo conductor más
bonito es dado por las cosas inesperadas: “¿cómo me muevo frente a esto?”. Que
el Señor nos ayude a sentir nuestro corazón y a ver cuándo es Él quien actúa y
cuándo no es Él y es otra cosa.” (Audiencia general, 7 de septiembre de 2022)
- “Discernir qué sucede dentro de nosotros no
es fácil, porque las apariencias engañan, pero “la familiaridad con Dios
puede disolver suavemente dudas y temores”, haciendo nuestra vida cada vez más
receptiva a su “amable luz”, según la bonita expresión de san John Henry
Newman. Los santos brillan de luz refleja y muestran en los gestos sencillos de
su jornada la presencia amorosa de Dios, que hace posible lo imposible. Se dice
que dos esposos que han vivido juntos mucho tiempo queriéndose terminan
pareciéndose. Algo similar se puede decir de la oración afectiva: de forma
gradual pero eficaz nos hace cada vez más capaces de reconocer lo que cuenta
por connaturalidad, como algo que brota de lo más profundo de nuestro ser.
Estar en oración no significa decir palabras, palabras, no; estar en oración
significa abrir el corazón a Jesús, acercarse a Jesús, dejar que Jesús entre en
mi corazón y nos haga sentir su presencia. Y ahí podemos discernir cuándo es
Jesús y cuándo somos nosotros con nuestros pensamientos, muchas veces lejos de
eso que quiere Jesús.” (Audiencia general, 28 de septiembre de 2022)
- “Hacer el examen de conciencia, es decir, la buena costumbre
de releer con calma lo que sucede en nuestra jornada, aprendiendo a notar en
las valoraciones y en las decisiones aquello a lo que damos más importancia,
qué buscamos y por qué, y qué hemos encontrado al final. Sobre todo,
aprendiendo a reconocer qué sacia mi corazón. Porque solo el Señor puede darnos
confirmación de lo que valemos. Nos lo dice cada día desde la cruz: ha muerto
por nosotros, para mostrarnos cuánto somos valiosos a sus ojos. No hay
obstáculo o fracaso que pueda impedir su tierno abrazo. El examen de conciencia
ayuda mucho, porque así vemos que nuestro corazón no es un camino donde pasa de
todo y nosotros no sabemos. No. Ver: ¿qué ha pasado hoy? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué
me ha hecho reaccionar? ¿Qué me ha puesto triste? ¿Qué me ha puesto contento?
Qué ha sido malo y si he hecho mal a los otros. Se trata de ver el recorrido de
los sentimientos, de las atracciones en mi corazón durante la jornada. ¡No os
olvidéis! El otro día hablamos de la oración; hoy hablamos del conocimiento de
uno mismo. La oración y el conocimiento de uno mismo consienten crecer en la
libertad. ¡Esto es para crecer en la libertad! Son elementos básicos de la
existencia cristiana, elementos preciosos para encontrar el propio lugar en la
vida. Gracias.” (Audiencia general, día 5 de octubre de 2022)
- “Los maestros espirituales lo indican con el
término “deseo”, que, en la raíz, es una nostalgia de plenitud que no encuentra
nunca plena satisfacción, y es el signo de la presencia de Dios en nosotros. El
deseo no son las ganas del momento, no. La palabra italiana viene de un término
latín muy hermoso, esto es curioso: “de-sidus”, literalmente “la falta de
la estrella”, deseo es una falta de la estrella, falta del punto de referencia
que orienta el camino de la vida; esta evoca un sufrimiento, una carencia, y al
mismo tiempo una tensión para alcanzar el bien que nos falta. El deseo entonces
es la brújula para entender dónde me encuentro y dónde estoy yendo, es más, es
la brújula para entender si estoy quieto o estoy caminando, una persona que
nunca desea es una persona quieta, quizá enferma, casi muerta. Es la brújula de
si estoy caminando o si estoy quieto. ¿Y cómo es posible reconocerlo? Pensemos,
un deseo sincero sabe tocar en profundidad las cuerdas de nuestro ser, por eso
no se apaga frente a las dificultades o a los contratiempos. Es como cuando
tenemos sed: si no encontramos algo para beber, esto no significa que
renunciemos, es más, la búsqueda ocupa cada vez más nuestros pensamientos y
nuestras acciones, hasta que estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio
para apaciguarlo, casi obsesionados. Obstáculos y fracasos no sofocan el deseo,
no, al contrario, lo hacen todavía más vivo en nosotros.” (Audiencia general,
12 de octubre de 2022)
- “El discernimiento es la lectura narrativa
de los momentos hermosos y de los momentos oscuros, de los consuelos y de las
desolaciones que experimentamos a lo largo de nuestra vida. En el
discernimiento es el corazón quien nos habla de Dios, y nosotros debemos
aprender a comprender su lenguaje. Preguntémonos, al final del día, por
ejemplo: ¿qué ha sucedido hoy en mi corazón? Algunos piensan que hacer este
examen de conciencia es hacer la contabilidad de los pecados que has cometido -cometemos
muchos-, pero también es preguntarse “¿qué ha sucedido dentro de mí, he tenido
alegría? ¿Qué me ha traído la alegría? ¿Me he quedado triste? ¿Qué me ha traído
la tristeza? Y así aprender a “discernir” qué sucede dentro de
nosotros.” (Audiencia general, día 19 de octubre de 2022)
- “Si sabemos atravesar soledad y desolación
con apertura y conciencia, podemos salir reforzados bajo el aspecto humano y
espiritual. Ninguna prueba está fuera de nuestro alcance; ninguna prueba será
superior a lo que nosotros podemos hacer. Pero no huir de las pruebas: ver qué
significa esta prueba, qué significa que yo estoy triste: ¿por qué estoy
triste? ¿Qué significa que yo en este momento estoy desolado? ¿Qué significa
que estoy desolado y no puedo ir adelante? San Pablo recuerda que nadie es
tentado más allá de sus posibilidades, porque el Señor no nos abandona nunca y,
con Él cerca, podemos vencer toda tentación (cf. 1 Cor 10,13). Y si
no la vencemos hoy, nos levantamos otra vez, caminamos y la venceremos mañana.
Pero no permanecer muertos -digamos así- no permanecer vencidos por un momento
de tristeza, de desolación: id adelante. Que el Señor te bendiga en este camino
-¡valiente!- de la vida espiritual, que es siempre caminar.” (Audiencia
general, 26 de octubre de 2022)
- “El viaje a Baréin no hay que verlo como un
episodio aislado, forma parte de un recorrido, inaugurado por san Juan Pablo II cuando viajó a Marruecos. Así, la primera visita de un Papa a Baréin ha
representado un nuevo paso en el camino entre creyentes cristianos y
musulmanes: no para confundirnos o aguar la fe, no: el diálogo no desvirtúa;
sino para construir alianzas fraternas en el nombre del padre Abraham, que fue
peregrino en la tierra bajo la mirada misericordiosa del único Dios del Cielo,
Dios de la paz. Por esto el lema del viaje era: “Paz en la tierra a los
hombres de buena voluntad”. ¿Y por qué digo que el diálogo no desvirtúa? Porque
para dialogar es necesario tener identidad propia, se debe partir de la propia
identidad. Si tú no tienes identidad, tú no puedes dialogar, porque no
entiendes ni siquiera tú qué eres. Para que un diálogo sea bueno, se debe
partir siempre de la propia identidad, ser conscientes de la propia identidad,
y así se puede dialogar.” (Audiencia general, 9 de noviembre de 2022)
- “Queridos hermanos y hermanas, la vida
espiritual no es una técnica a nuestra disposición, no es un programa de “bienestar”
interior que nosotros debemos programar. No. La vida espiritual es “la
relación con el Viviente”, con Dios, el Viviente, irreductible a nuestras
categorías. Y la desolación entonces es la respuesta más clara a la objeción
que la experiencia de Dios sea una forma de sugestión, una simple proyección de
nuestros deseos. La desolación es no sentir nada, todo oscuro: pero tú buscas a
Dios en la desolación. En este caso, si pensamos que es una proyección de
nuestros deseos, siempre seríamos nosotros quienes la programáramos, siempre
estaríamos felices y contentos, como un disco que repite la misma música. En
cambio, quien reza se da cuenta de que los resultados son “imprevisibles”:
experiencias y pasajes de la Biblia que a menudo nos han entusiasmado, hoy,
extrañamente, no suscitan ningún entusiasmo. E, igualmente de forma inesperada,
experiencias, encuentros y lecturas a los que nunca se había hecho caso o que
se prefería evitar -como la experiencia de la cruz- dan una paz inmensa. No
tener miedo a la desolación, llevarla adelante con perseverancia, no huir. Y en
la desolación tratar de encontrar el corazón de Cristo, encontrar al Señor. Y
la respuesta llega, siempre.” (Audiencia general, 16 de noviembre de 2022)
- “Pero estemos atentos. Tenemos que distinguir bien
la consolación que es de Dios, de las “falsas consolaciones”. En la vida
espiritual sucede algo similar a lo que sucede en las producciones humanas:
están los originales y están las imitaciones. Si la consolación auténtica es
como una gota en una esponja, es suave e íntima, sus imitaciones son más
ruidosas y llamativas, son puro entusiasmo, son un fuego fatuo, sin
consistencia, llevan a plegarse sobre uno mismo, y a no cuidar de los otros. La
falsa consolación al final nos deja vacíos, lejos del centro de nuestra
existencia… Por eso se debe hacer “discernimiento”, también cuando uno se
siente consolado. Porque la falsa consolación puede convertirse en un peligro,
si la buscamos como fin en sí misma, de forma obsesiva, y olvidándonos del
Señor. Como diría san Bernardo, se buscan las consolaciones de Dios y no se
busca al Dios de las consolaciones. Nosotros debemos buscar al Señor y el
Señor, con su presencia, nos consuela, nos hace ir adelante.” (Audiencia
general, 23 de noviembre de 2022)
- “Discernir qué sucede dentro de nosotros no es fácil, porque las apariencias engañan, pero la familiaridad con Dios puede disolver suavemente dudas y temores, haciendo nuestra vida cada vez más receptiva a su “amable luz”, según la bonita expresión de san John Henry Newman. Los
santos brillan de luz refleja y muestran en los gestos sencillos de su jornada
la presencia amorosa de Dios, que hace posible lo imposible. Se dice que dos esposos que han vivido juntos mucho tiempo queriéndose terminan pareciéndose. Algo similar se puede decir de la oración afectiva: de forma gradual pero eficaz nos hace cada vez más capaces de reconocer lo que cuenta por connaturalidad, como algo que brota de lo más profundo de nuestro ser. Estar en oración no
significa decir palabras, palabras, no; estar en oración significa abrir el
corazón a Jesús, acercarse a Jesús, dejar que Jesús entre en mi corazón y nos
haga sentir su presencia. Y ahí podemos
discernir cuándo es Jesús y cuándo somos nosotros con nuestros pensamientos,
muchas veces lejos de eso que quiere Jesús.” (Audiencia general, 30 de
noviembre de 2022) (Vatican news inaccesible; tomado de Zenit)
- “Hermanos y hermanas, es necesario entender, ir
adelante en la comprensión de lo que sucede en mi corazón. Y para esto hace
falta el examen de conciencia, para ver qué ha sucedido hoy. “Hoy me he
enfadado, no he hecho eso…”: pero ¿por qué? Ir más allá del porqué es buscar la
raíz de estos errores. “Pero, hoy he sido feliz, estaba molesto porque tenía
que ayudar a esa gente, pero al final me he sentido pleno, plena por esa
ayuda”: y está el Espíritu Santo. Aprender a leer en el libro de nuestro
corazón qué ha sucedido durante la jornada. Hacedlo, solo dos minutos, pero os
hará bien, os lo aseguro (Audiencia general, 30 de noviembre 2022)
- “Frente a Él nada puede inquietarnos. Es la experiencia
asombrada de san Pablo, que decía así: “Sé andar escaso y sobrado. Estoy
avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre: a la abundancia y a la
privación. Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,12-13). Este es
el hombre libre, que bendice al Señor tanto cuando vienen las cosas buenas como
cuando vienen las cosas no tan buenas: ¡bendecido sea y vamos adelante!
Reconocer esto es fundamental para una buena decisión, y tranquiliza sobre lo
que no podemos controlar o prever: la salud, el futuro, las personas queridas,
nuestros proyectos. Lo que cuenta es que nuestra confianza esté puesta en el
Señor del universo, que nos ama inmensamente y sabe que podemos construir con
Él algo maravilloso, algo eterno. Las vidas de los santos nos lo muestran de la
forma más hermosa. Vayamos siempre adelante tratando de tomar las decisiones
así, en oración y sintiendo qué sucede en nuestro corazón e ir adelante
lentamente, ¡ánimo! (Audiencia general, 7 de diciembre de 2022)
- “Por tanto, hoy me ha parecido oportuno destacar
esta actitud, que todos necesitamos para que el proceso de discernimiento
llegue a buen término y permanezca ahí. En efecto, Jesús en su predicación
insiste mucho en el hecho de que el buen discípulo está vigilante, no se
duerme, no se deja llevar por la excesiva seguridad cuando las cosas van bien,
sino que permanece atento y preparado para hacer el propio deber. Por ejemplo,
en el Evangelio de Lucas, Jesús dice: “Estén ceñidos vuestros lomos y las
lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la
boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante abran. Dichosos los
siervos, que el señor al venir encuentre despiertos” (Lc 12,35-37). Vigilar
para custodiar nuestro corazón y entender qué sucede dentro. Se trata de la
disposición del alma de los cristianos que esperan la venida final del Señor;
pero se puede entender también como la actitud ordinaria que hay que tener en
la conducta de vida, de forma que nuestras buenas decisiones, realizadas a
veces después de un arduo discernimiento, puedan proseguir de forma
perseverante y coherente y dar fruto.” (Audiencia general, 14 de diciembre de
2022)
- “Es muy hermoso pensar en la vida con el
Señor como una relación de amistad que crece día tras día. ¿Habéis pensado en
esto? ¡Es el camino! Pensemos en Dios que nos ama, ¡nos quiere amigos! La
amistad con Dios tiene la capacidad de cambiar el corazón; es uno de los
grandes dones del Espíritu Santo, la piedad, que nos hace capaces de reconocer
la paternidad de Dios. Tenemos un Padre tierno, un Padre afectuoso, un Padre
que nos ama, que nos ha amado desde siempre: cuando se experimenta, el corazón
se derrite y caen dudas, miedos, sensaciones de indignidad. Nada puede oponerse
a este amor del encuentro con el Señor.” (Audiencia general, 21 de diciembre de
2022)
HOMILÍAS
- “Al inicio del nuevo
año pongámonos bajo la protección de esta mujer, la Santa Madre de Dios que es
nuestra madre. Que nos ayude a conservar y a meditar todas las cosas, sin tener
miedo a las pruebas, con la alegre certeza de que el Señor es fiel y sabe
transformar las cruces en resurrecciones. También hoy invoquémosla como lo hizo
el Pueblo de Dios en Éfeso. Nos ponemos todos en pie, mirando a Nuestra Señora,
y como hizo el pueblo de Dios en Éfeso, repetimos tres veces su título de Madre
de Dios. Todos juntos: “Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre
de Dios”. Amén.” (Homilía en la misa del día 1 de enero de 2022,
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios)
- “La crisis de la fe, en nuestra vida y en
nuestras sociedades, también tiene relación con la desaparición del deseo de
Dios. Tiene relación con la somnolencia del alma, con la costumbre de contentarnos
con vivir al día, sin interrogarnos sobre lo que Dios quiere de nosotros. Nos
hemos replegado demasiado en nuestros mapas de la tierra y nos hemos olvidado
de levantar la mirada hacia el Cielo; estamos saciados de tantas cosas, pero
carecemos de la nostalgia por lo que nos hace falta. Nostalgia de Dios. Nos
hemos obsesionado con las necesidades, con lo que comeremos o con qué nos
vestiremos (cf. Mt 6,25), dejando que se volatilice el deseo de
aquello que va más allá. Y nos encontramos en la avidez de comunidades que
tienen todo y a menudo ya no sienten nada en el corazón.” (Homilía, misa
en la Epifanía del Señor, día 6 de enero de 2022)
- “Queridos hermanos y
hermanas, sigamos las indicaciones de los Magos para nuestro camino; y actuemos
como ellos, que para regresar a casa “tomaron otro camino” (Mt 2,12). Sí,
como Saulo antes de encontrarse con Cristo, también nosotros necesitamos
cambiar de ruta, invertir el rumbo de nuestros hábitos y de nuestros intereses
para encontrar la senda que el Señor nos muestra, el camino de la humildad, el
camino de la fraternidad, de la adoración. Te pedimos Señor que nos concedas el
valor de cambiar camino, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras
conveniencias; de ir hacia adelante juntos, hacia Ti, que con tu Espíritu
quieres que todos seamos una sola cosa. Amén.” (Homilía en las Segundas
Vísperas, en la Conversión de san Pablo, apóstol, 25 de enero de 2022)
“Este es el Señor Jesús. Lo conocen
verdaderamente quienes experimentan su perdón. Quienes, como la mujer del
Evangelio, descubren que Dios nos visita valiéndose de nuestras llagas
interiores. Es precisamente allí donde al Señor le gusta hacerse presente,
porque no ha venido para los sanos sino para los enfermos (cf. Mt 9,12).
Y hoy es esta mujer —que ha conocido la misericordia en su miseria y que
regresa al mundo sanada por el perdón de Jesús— la que nos sugiere, como
Iglesia, que volvamos a empezar en la escuela del Evangelio, en la escuela del
Dios de la esperanza que siempre sorprende. Si lo imitamos, no nos enfocaremos
en denunciar los pecados, sino en salir en busca de los pecadores con amor. No
nos fijaremos en quienes están, sino que iremos a buscar a los que faltan. No
volveremos a señalar con el dedo, sino que empezaremos a ponernos a la escucha.
No descartaremos a los despreciados, sino que miraremos como primeros aquellos
que son considerados últimos. Esto, hermanos y hermanas, nos enseña hoy Jesús
con su ejemplo. Dejémonos asombrar por Él y acojamos su novedad con alegría.” (Homilía
en la misa en la plaza de los Graneros, de Floriana, Malta, 3 de abril de 2022)
- “Padre, perdónalos, porque no saben lo que
hacen. El Evangelio destaca que Jesús “decía” (v. 34) esto. No lo dijo una sola
vez en el momento de la crucifixión, sino que pasó las horas que estuvo en la
cruz con estas palabras en los labios y en el corazón. Dios no se cansa de
perdonar. Debemos entender esto, pero entenderlo no sólo con la mente, sino
entenderlo también con el corazón. Dios nunca se cansa de perdonar, somos
nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón, pero Él nunca se cansa de
perdonar. Él no es que aguante hasta un cierto punto para luego cambiar de
idea, como estamos tentados de hacer nosotros. Jesús -enseña el Evangelio de
Lucas- vino al mundo a traernos el perdón de nuestros pecados
(cf. Lc 1,77) y al final nos dio una instrucción precisa: predicar a
todos, en su nombre, el perdón de los pecados (cf. Lc 24,47).
Hermanos y hermanas, no nos cansemos del perdón de Dios, ni nosotros sacerdotes
de administrarlo, ni cada cristiano de recibirlo y testimoniarlo. No nos
cansemos del perdón de Dios.” (Homilía, misa del domingo de Ramos, 10 de abril
de 2022)
- “Jesucristo, siendo signo de contradicción —que no
siempre es algo cruento ni duro, ya que la misericordia es signo de
contradicción y mucho más lo es la ternura—, Jesucristo, digo, hace que se
revelen estos ídolos, que se vea su presencia, sus raíces y su funcionamiento,
y así el Señor los pueda destruir, y ésta es la propuesta: dar espacio para que
el Señor pueda destruir nuestros ídolos escondidos. Y debemos recordarlos,
estar atentos, para que no renazca la cizaña de esos ídolos que supimos
esconder entre los pliegues de nuestro corazón. Y quisiera concluir pidiéndole
a san José, padre castísimo y sin ídolos escondidos, que nos libre de todo afán
de posesión, ya que este, el afán de posesión, es la tierra fecunda en la que
crecen los ídolos. Y que nos dé también la gracia de no claudicar en la ardua
tarea de discernir estos ídolos que, con tanta frecuencia, escondemos o se
esconden. Y también le pedimos a san José que allí donde dudamos acerca de cómo
hacer las cosas mejor, interceda por nosotros para que el Espíritu nos ilumine
el juicio, como iluminó el suyo cuando estuvo tentado de dejar “en secreto” (“lathra”)
a María, de modo tal que, con nobleza de corazón, sepamos supeditar a la
caridad lo aprendido por ley” (homilía en la misa crismal, 14 de abril de 2022)
- “Hermanos y
hermanas, nuestra esperanza se llama Jesús. Él entró en el sepulcro de nuestros
pecados, llegó hasta el lugar más profundo en el que nos habíamos perdido,
recorrió los enredos de nuestros miedos, cargó con el peso de nuestras
opresiones y, desde los abismos más oscuros de nuestra muerte, nos despertó a
la vida y transformó nuestro luto en danza. ¡Celebremos la Pascua con Cristo!
Él está vivo y también hoy pasa, transforma, libera. Con Él el mal no tiene más
poder, el fracaso no puede impedir que empecemos de nuevo, la muerte se
convierte en un paso para el inicio de una nueva vida. Porque con Jesús, el
Resucitado, ninguna noche es infinita; y, aun en la oscuridad más densa, en esa
oscuridad brilla la estrella de la mañana.” (Homilía en la misa de Vigilia
Pascual, día 16 de abril de 2022)
- “Porque en Tomás
está la historia de todo creyente, de cada uno de nosotros. Hay momentos
difíciles, en los que parece que la vida desmiente a la fe, en los que estamos
en crisis y necesitamos tocar y ver. Pero, como Tomás, es precisamente en esos
momentos cuando redescubrimos el corazón del Señor, su misericordia. Jesús, en
estas situaciones, no viene hacia nosotros de modo triunfante y con pruebas
abrumadoras, no hace milagros rimbombantes, sino que ofrece cálidos signos de
misericordia. Nos consuela con el mismo estilo del Evangelio de hoy: ofreciéndonos
sus llagas. No olvidemos esto, ante el pecado, el más escandaloso pecado
nuestro o de los demás, está siempre la presencia del Señor que ofrece sus
llagas. No olvidemos eso. Y en nuestro ministerio de confesores, debemos hacer
ver a la gente que ante sus pecados están las llagas del Señor, que son más
poderosas que el pecado.” (Homilía, misa de la Divina Misericordia, 24
de abril de 2022)
-
“Estamos llamados también nosotros a servir al
Evangelio y a los hermanos y a ofrecer nuestra propia vida desinteresadamente
-esto es un secreto: ofrecer desinteresadamente-, sin buscar ninguna gloria
mundana. Nuestros compañeros de viaje, hoy canonizados, vivieron la santidad de
este modo: se desgastaron por el Evangelio abrazando con entusiasmo su vocación
-de sacerdote, algunos, de consagrada, otras, de laico-, descubrieron una
alegría sin igual y se convirtieron en reflejos luminosos del Señor en la historia.
Esto es un santo o una santa, un reflejo luminoso del Señor en la historia.
Intentémoslo también nosotros: el camino de la santidad no está cerrado, es
universal, es una llamada para todos nosotros, comienza con el Bautismo, no
está cerrado. Intentémoslo también nosotros, porque todos estamos llamados a la
santidad, a una santidad única e irrepetible. La santidad es siempre original,
como decía el beato Carlos Acutis, no hay santidad de fotocopia, es la mía, la
tuya, la de cada uno de nosotros. Es única e irrepetible. Sí, el Señor tiene un
proyecto de amor para cada uno, tiene un sueño para tu vida, para mi vida, para
la vida de cada uno de nosotros. ¿Qué más puedo decirles? Llévenlo adelante con
alegría. Gracias.” (Homilía en la canonización de varios beatos y beatas, día
15 de mayo de 2022)
- “Cuando veas que la amargura, el pesimismo y los
pensamientos tristes se agitan dentro de ti, - ¡cuántas veces nosotros hemos
caído en esto! - cuando suceden estas cosas es bueno saber que eso nunca viene
del Espíritu Santo. Nunca las amarguras, el pesimismo, los pensamientos tristes
vienen del Espíritu Santo. Vienen del mal, que se siente cómodo en la
negatividad y usa a menudo esta estrategia: alimenta la impaciencia, el
victimismo, hace sentir la necesidad de autocompadecernos. Qué malo es este
autocompadecernos, con él viene la necesidad de reaccionar a los problemas
criticando, y echando toda la culpa a los demás. Nos vuelve nerviosos,
desconfiados y quejosos. La queja es el lenguaje del espíritu del mal, que nos
lleva a lamentarnos, nos entristece y nos contagia de un espíritu de cortejo
fúnebre. Las quejas. El Espíritu Santo, por el contrario, nos invita a no
perder nunca la confianza y a volver a empezar siempre. Nos anima diciendo:
levántate, levántate. Siempre nos da la mano y nos levanta. ¿Cómo? Haciendo que
tomemos la iniciativa, sin esperar que sea otro el que comience. Y luego,
llevando esperanza y alegría a quienes encontremos, no quejas; no envidiando
nunca a los demás, ¡nunca! La envidia es la puerta por la que entra el espíritu
del mal, lo dice la Biblia, por la envidia entró el diablo en el mundo. Nunca
envidiar, nunca. El Espíritu Santo te conduce bien, te lleva a alegrarte del
éxito de los demás: “Qué bueno que esto salió bien”. (Homilía, misa en Pentecostés,
5 de junio de 2022)
- “La pregunta es: ¿estoy generando, estoy generando
vida? ¿Estoy difundiendo en la historia un amor nuevo y renovado? ¿Anuncio el
Evangelio allí donde vivo, sirvo a alguien gratuitamente, como hicieron conmigo
los que me precedieron? ¿Qué estoy haciendo por mi Iglesia, por mi ciudad, por
mi sociedad? Hermanas y hermanos, es fácil criticar, pero el Señor no quiere
que seamos sólo críticos con el sistema, no quiere que seamos cerrados, no
quiere que seamos “de los que retroceden”, de los que se echan atrás, como dijo
el autor de la carta a los Hebreos (cf. Hb 10,39), sino nos quiere
artesanos de una historia nueva, tejedores de esperanza, constructores de
futuro, artífices de paz. Que Joaquín y Ana intercedan por nosotros.” (Homilía
en el Commonwealth Stadium de Edmonton, Canadá, día 26 de julio de 2022)
- “Mientras seguimos pidiendo consuelo a Dios,
¿sabemos darlo también a los demás? ¡Cuántas veces nos liberamos de tantos
pesos interiores, por ejemplo, de no sentirnos amados y respetados, cuando
comenzamos a amar a los demás gratuitamente! En nuestras soledades e
insatisfacciones Jesús nos empuja a salir, nos empuja a dar, nos empuja a amar.
Y entonces, me pregunto: ¿qué hago yo por quien me necesita? …Y, mirándome a mí
mismo, si me encuentro en el sufrimiento, ¿escucho a Jesús que me quiere llevar
fuera del recinto de mi descontento y me invita a volver a empezar, a
superarlo, a amar? A veces, el mejor modo para ayudar a otra persona no es
darle enseguida lo que quiere, sino acompañarla, invitarla a amar, a donarse.
Porque es así, a través del bien que podría hacer por los demás, que descubrirá
sus ríos de agua viva, que descubrirá el tesoro único y valioso que es él
mismo.” (Liturgia de la palabra en la peregrinación al Lago de Santa Ana, en
Canadá, día 26 de julio de 2022)
- “En el corazón de cada cosa pongamos su Palabra,
que ilumina los eventos y nos restituye ojos para ver la presencia eficaz del
amor de Dios y la posibilidad del bien incluso en las situaciones aparentemente
perdidas. Pongamos, igualmente, el Pan de la Eucaristía, que Jesús parte
todavía para nosotros hoy, para compartir su vida con la nuestra, abrazar
nuestras debilidades, sostener nuestros pasos cansados y sanar nuestro corazón.
Y, reconciliados con Dios, con los otros y con nosotros mismos, podremos
también ser instrumentos de reconciliación y de paz en la sociedad en la que
vivimos.” (Homilía, Santuario Nacional de Santa Ana en Beaupre, Canadá, 28 de
julio de 2022)
- “Muchas veces se piensa que se
vale según la posición que se ocupa en este mundo. El hombre no es la posición
que tiene, el hombre es la libertad de que es capaz y que se manifiesta
plenamente cuando ocupa el último puesto o cuando le está reservado un puesto
en la Cruz. El cristiano sabe que su vida no es una carrera al modo de este
mundo, sino una carrera al modo de Cristo que dirá de sí mismo que ha venido
para servir y no para ser servido (cf Mt 10,45). Hasta que no comprendamos que
la revolución del Evangelio está en este tipo de libertad, continuaremos
asistiendo a guerras, violencias e injusticias, que no son sino el síntoma
externo de una falta de libertad interior. Allí donde no hay libertad interior
se abre camino al egoísmo, el individualismo, los intereses, la opresión y
todas estas miserias. Y predominan las miserias.” (Homilía en la misa en la
plaza de la Basílica de Santa maría de Collemaggio, en L´Aquila, Italia, el 28
de agosto de 2022)
- “Amar; aunque cueste la cruz del sacrificio, del
silencio, de la incomprensión y de la soledad, aunque nos pongan trabas y seamos
perseguidos; amar así, incluso a este precio. Porque -como dijo también el
Beato Juan Pablo I- si quieres besar a Jesús crucificado
“no puedes por menos de inclinarte hacia la cruz y dejar que te puncen algunas
espinas de la corona, que tiene la cabeza del Señor” (Audiencia General, 27 septiembre 1978). El amor hasta el
extremo, con todas sus espinas; no las cosas hechas a medias, las componendas o
la vida tranquila. Si no apuntamos hacia lo alto, si no arriesgamos, si nos
contentamos con una fe al agua de rosas, somos -dice Jesús- como el que quiere
construir una torre, pero no calcula bien los medios para hacerlo; éste “pone
los cimientos” y después “no puede terminar el trabajo” (cf. v. 29). Si, por
miedo a perdernos, renunciamos a darnos, dejamos las cosas incompletas: las
relaciones, el trabajo, las responsabilidades que se nos encomiendan, los
sueños, y también la fe. Y entonces acabamos por vivir a medias -y cuánta gente
vive a medias, también nosotros a veces tenemos la tentación de vivir a
medias-; sin dar nunca el paso decisivo -esto significa vivir a medias-, sin
despegar, sin apostar todo por el bien, sin comprometernos verdaderamente por
los demás. Jesús nos pide esto: vive el Evangelio y vivirás la vida, no a
medias sino hasta el extremo. Vive el Evangelio, vive la vida, sin concesiones.
Hermanos,
hermanas, el nuevo beato vivió de este modo: con la alegría del Evangelio, sin
concesiones, amando hasta el extremo. Él encarnó la pobreza del discípulo, que
no implica sólo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer
la tentación de poner el propio “yo” en el centro y buscar la propia gloria.
Por el contrario, siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor apacible y
humilde. Se consideraba a sí mismo como el polvo sobre el cual Dios se había
dignado escribir (cf. A. Luciani/Juan Pablo I, “Opera Omnia”, Padua 1988,
vol. II, 11). Por eso, decía: “¡El Señor nos ha recomendado tanto que seamos
humildes! Aun si habéis hecho cosas grandes, decid: siervos inútiles somos” (Audiencia
General, 6 septiembre 1978).” (Homilía en la beatificación de Juan Pablo
I, día 4 de septiembre de 2022)
- “Hermanos y
hermanas, este es el camino, el camino de nuestra salvación, de nuestro
renacimiento y resurrección: mirar a Jesús crucificado. Desde esa altura
podemos ver nuestra vida y la historia de nuestros pueblos de un modo nuevo.
Porque desde la Cruz de Cristo aprendemos el amor, no el odio; aprendemos la
compasión, no la indiferencia; aprendemos el perdón, no la venganza. Los brazos
extendidos de Jesús son el tierno abrazo con el que Dios quiere acogernos. Y
nos muestran la fraternidad que estamos llamados a vivir entre nosotros y con
todos. Nos indican el camino, el camino cristiano; no el de la imposición y la
coacción, del poder o de la relevancia, nunca el camino que empuña la cruz de
Cristo contra los demás hermanos y hermanas por quienes Él ha dado la vida. El
camino de Jesús, el camino de la salvación, es otro: es “el camino
del amor humilde, gratuito y universal”, sin condiciones y sin “peros”.
(Homilía en la misa de la Exaltación de la Santa cruz, en la Plaza de la
Exposición en Nursultan, Kazajistan, 14 de septiembre de 2022)
- “El Concilio nos recuerda que la Iglesia, a imagen
de la Trinidad, es comunión (cf. “Lumen gentium”, 4.13). El
diablo, en cambio, quiere sembrar la cizaña de la división. No cedamos a sus
lisonjas, no cedamos a la “tentación de la polarización”. Cuántas veces,
después del Concilio, los cristianos se empeñaron por elegir una parte en la
Iglesia, sin darse cuenta que estaban desgarrando el corazón de su Madre.
Cuántas veces se prefirió ser “hinchas del propio grupo” más que servidores de
todos, progresistas y conservadores antes que hermanos y hermanas, “de derecha”
o “de izquierda” más que de Jesús; erigirse como “custodios de la verdad” o
“solistas de la novedad”, en vez de reconocerse hijos humildes y agradecidos de
la santa Madre Iglesia. Todos, todos somos hijos de Dios, todos hermanos en la
Iglesia. Todos Iglesia, todos. El Señor no nos quiere así, nosotros
somos “sus ovejas”, su rebaño, y sólo lo somos juntos, unidos. Superemos
las polarizaciones y defendamos la comunión, convirtámonos cada vez más en “una
sola cosa”, como Jesús suplicó antes de dar la vida por nosotros (cf. Jn 17,21).
Que nos ayude en esto María, Madre de la Iglesia. Que acreciente en nosotros el
anhelo de unidad, el deseo de comprometernos por la plena comunión entre todos
los creyentes en Cristo. Dejemos aparte los “ismos”, al pueblo de Dios no le
agrada esta polarización. El pueblo de Dios es el santo pueblo fiel de Dios,
esta es la Iglesia. Es hermoso que hoy, como durante el Concilio, estén
con nosotros los representantes de otras comunidades cristianas. ¡Gracias,
gracias por haber venido, gracias por esta presencia! (Homilía, misa en memoria
de san Juan XXIII, 11 de octubre de 2022)
- “Hermanos y hermanas,
no podemos decir que no lo sabemos. No podemos confundir la realidad de la
belleza con la apariencia hecha artificialmente. El Evangelio explica cómo
vivir la “Espera””: se va al encuentro de Dios amando porque Él es amor. Y, en
el día de nuestro final, la sorpresa será alegre si ahora nos dejamos
sorprender por la presencia de Dios, que nos espera entre los pobres y heridos
del mundo. No tengamos miedo de esta sorpresa: avancemos en las cosas que el
Evangelio nos dice para ser juzgados como justos al final. Dios espera ser
acariciados no con palabras, sino con hechos” (Homilía, misa de los fieles difuntos,
2 de noviembre de 2022)
- “Por tanto, la invitación de Jesús no se refiere en primer
lugar a las grandes cuestiones de la humanidad, sino a las situaciones
concretas de nuestra vida: a nuestros lazos familiares, a las relaciones en la
comunidad cristiana, a los vínculos que se cultivan en la realidad laboral y
social en la que nos encontramos. Habrá fricciones, momentos de tensión, habrá
conflictos, visiones distintas, pero quien sigue al Príncipe de la paz debe
buscar siempre la paz. Y no se puede restablecer la paz si a una palabra
ofensiva se responde con otra palabra todavía peor, si a una bofetada se le
sigue otra. No, es necesario “desactivar”, quebrar la cadena del mal, romper la
espiral de violencia, dejar de albergar rencores, dejar de quejarse y
compadecerse de sí mismo. Hay que permanecer en el amor, siempre, es el camino
de Jesús para dar gloria al Dios del cielo y construir la paz en la
tierra. “Amar siempre”. (Homilía, en la misa en el Baharain
National Stadium, de Awali, Barein, 5 de noviembre de 2022)
- “Entre los muchos
espectadores, uno se involucra, me refiero al “buen ladrón”. Los otros se ríen
del Señor. Él le habla y lo llama por su nombre, “Jesús”. Muchos descargan
sobre Él su rabia; él confiesa a Cristo sus faltas. Muchos dicen «sálvate a ti
mismo»; él ruega: «Jesús, acuérdate de mí» (v. 42). Sólo pide eso al Señor.
Esta es una hermosa oración. Si cada uno de nosotros la recita todos los días
va por buen camino, el camino de la santidad: “Jesús, acuérdate de mí”. Es así
que un malhechor se convierte en el primer santo. Se acerca a Jesús por un
instante y el Señor lo tiene consigo para siempre. El Evangelio habla del buen
ladrón por nosotros, para invitarnos a vencer el mal dejando de ser
espectadores. Por favor, la indiferencia es peor que hacer el mal. ¿Por dónde
comenzar? Por la “confianza”, por llamar a Dios por su nombre, tal
como lo hizo el buen ladrón, que al final de la vida vuelve a encontrar la
confianza valiente que caracteriza a los niños, que se fían, piden, insisten. Y
con esa confianza admite sus fallas, llora, pero no compadeciéndose de sí
mismo, sino poniéndose delante del Señor. Y nosotros, ¿tenemos esta confianza,
le llevamos a Jesús todo lo que tenemos en nuestro interior, o nos disfrazamos
frente a Dios, quizás con un poco de sacralidad y de incienso? Por favor, no
vivan la espiritualidad del maquillaje, es aburrida. Ante Dios agua y jabón,
nada más, sin maquillajes, el alma tal cual es. Y de ahí viene la salvación.
Aquel que pone en práctica la confianza, como este buen ladrón, aprende la “intercesión”, aprende
a presentar ante Dios lo que ve, los sufrimientos del mundo, las personas que
encuentra. Aprende a decirle, como el buen ladrón, “¡acuérdate, Señor!”. No
estamos en el mundo únicamente para salvarnos a nosotros mismos, no, sino para
llevar a los hermanos y hermanas al abrazo del Rey. Interceder, recordarle al
Señor, abre las puertas del paraíso. Pero nosotros, cuando rezamos,
¿intercedemos? “Acuérdate Señor, acuérdate de mí, de mi familia, acuérdate de
este problema, acuérdate, acuérdate”. Llamar la atención del Señor.” (Homilía,
misa de Jesucristo, Rey del Universo, en la catedral de Asti, Italia, 20 de
noviembre de 2022)
CARTAS APOSTÓLICAS
“Totum
amoris est”
- “Es por ello que, con una imagen muy hermosa, san
Francisco de Sales describía el Calvario como “el monte de los
amantes”. Allí, y sólo allí, se comprende que “no se puede tener la vida
sin el amor, ni el amor sin la muerte del Redentor; mas, fuera de allí, todo es
o muerte eterna o amor eterno, y toda la sabiduría cristiana consiste en elegir
bien”. De esta manera puede cerrar su “Tratado” remitiendo
a la conclusión de un discurso de san Agustín sobre la caridad: “¿Qué hay más
fiel que el amor, no al servicio de la vanidad, sino de la eternidad? En
efecto, tolera todo en la vida presente, porque cree todo lo referente a la
vida futura, y sufre todo lo que aquí le sobreviene, porque espera todo lo que
allí se le promete; con razón nunca desfallece. Así, pues, perseguid el amor y,
pensando devotamente en él, aportad frutos de justicia. Y cualquier alabanza
que vosotros hayáis encontrado más exuberante de lo que yo haya podido decir,
muéstrese en vuestras costumbres”. Esto es lo que nos deja ver la vida del
santo obispo de Annecy, y que se nos entrega nuevamente a cada uno. Que la
celebración del cuarto centenario de su nacimiento al cielo nos ayude a hacer
de ello devota memoria; y que, por su intercesión, el Señor infunda con
abundancia los dones del Espíritu en el camino del santo Pueblo fiel de Dios.
(Cara apostólica “Totum amoris est”, en el IV centenario de la muerte de san
Francisco de Sales, en Roma, San Juan de Letrán, 28 de diciembre de 2022)
MENSAJES
- De
Cuaresma.
“La
Cuaresma nos recuerda cada año que “el bien, como también el amor, la justicia
y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser
conquistados cada día” (ibíd,
11). Por tanto, pidamos a Dios la paciente constancia del agricultor
(cf. St 5,7) para no desistir en hacer el bien, un paso tras otro.
Quien caiga tienda la mano al Padre, que siempre nos vuelve a levantar. Quien
se encuentre perdido, engañado por las seducciones del maligno, que no tarde en
volver a Él, que “es rico en perdón” (Is 55,7). En este tiempo de
conversión, apoyándonos en la gracia de Dios y en la comunión de la Iglesia, no
nos cansemos de sembrar el bien. El ayuno prepara el terreno, la oración riega,
la caridad fecunda. Tenemos la certeza en la fe de que “si no desfallecemos, a
su tiempo cosecharemos” y de que, con el don de la perseverancia, alcanzaremos
los bienes prometidos (cf. Hb 10,36) para nuestra salvación y la de
los demás (cf. 1 Tm 4,16). Practicando el amor fraterno con todos nos
unimos a Cristo, que dio su vida por nosotros (cf. 2 Co 5,14-15), y
empezamos a saborear la alegría del Reino de los cielos, cuando Dios será “todo
en todos” (1 Co 15,28). (Roma, san Juan de Letrán, 11 de noviembre de
2021, Memoria de san Martín de Tours, obispo)
ENCUENTROS
DE ORACIÓN
-
“En primer lugar, se trata de “redescubrir lo
esencial de la fe”. Volver a la Iglesia de los orígenes no significa mirar
hacia atrás para copiar el modelo eclesial de la primera comunidad cristiana.
No podemos “omitir la historia”, como si el Señor no hubiera hablado y obrado
grandes cosas también en la vida de la Iglesia de los siglos sucesivos. Tampoco
significa ser demasiado idealistas, imaginando que en esa comunidad no hayan
existido dificultades; al contrario, leemos que los discípulos discutían, que
llegaron incluso a pelearse entre ellos, y que no siempre comprendían las
enseñanzas del Señor. Volver a los orígenes significa más bien recuperar el
espíritu de la primera comunidad cristiana, es decir, “volver al
corazón y redescubrir el centro” de la fe: la relación con Jesús
y el anuncio de su Evangelio al mundo entero. ¡Y esto es lo esencial! Esta es
la alegría de la Iglesia: evangelizar.
(Encuentro de oración en el Santuario Nacional de Ta´Pinu, en Gozo, Malta, 2 de
abril de 2022)
- “La alegría cristiana, en
cambio, está unida a una experiencia de paz que permanece en el corazón incluso
cuando estamos rodeados de pruebas y aflicciones, porque sabemos que no estamos
solos, sino acompañados de un Dios que no es indiferente a nuestra suerte. Así
como cuando el mar está agitado, que en la superficie aparece turbulento y en
la profundidad permanece sereno y tranquilo. Esta es la alegría cristiana: un don
gratuito, la certeza de sabernos amados, sostenidos, abrazados por Cristo en
cada situación de la vida. Porque es Él quien nos libera del egoísmo y del
pecado, de la tristeza de la soledad, del vacío interior y del miedo, dándonos
una mirada nueva de la vida, una mirada nueva de la historia: “Con Jesucristo
siempre nace y renace la alegría” (Exhort. ap. “Evangelii gaudium”, 1)”
(Vísperas, en Notre Dame, de Quebec, Canadá, 28 de julio de 2022)
(Selección: Julio Banacloche Pérez)