AÑO DE LA FE
“13. A lo largo de este “Año”, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.
Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, “que inició y completa nuestra fe” (Hb 12,2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.
Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1,38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo, José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, maría saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir al Espíritu santo (cf. Hch 1,14; 2, 1-4)
Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10,28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11,20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).
Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayo don del amor con el perdón de sus perseguidores.
Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones a favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19)
Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7,9; 13,8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.
También nosotros vivimos la fe para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.” (de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “PORTA FIDEI”, del Sumo Pontífice BENEDICTO XVI, con la que se convoca el Año de la Fe, dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011)
ANEXO II: TEXTOS APOSTÓLICOS
1. HECHOS DE LOS APÓSTOLES
(1) LA FE POR LA PALABRA. EL DISCURSO DE PEDRO. “Al oír esto, se dolieron de corazón y les dijeron a los apóstoles:
- ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
Pedro les dijo:
- Convertíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para todos los que quiera llamar el Señor Dios nuestro.
Con otras muchas palabras dio testimonio y les exhortaba diciendo:
- Salvaos de esta generación perversa.
Ellos aceptaron su palabra y fueron bautizados; y aquel día se les unieron unas tres mil almas.” (Act 2, 37-41)
(2) TESTIMONIO DE VIDA. LOS PRIMEROS CREYENTES. Todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las cosas en común. Vendían las posesiones y los bienes y los repartían entre todos, según las necesidades de cada uno. Todos los días acudían al Templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. Todos los días el señor incorporaba a los que habían de salvarse.” (Act 2, 44-47)
... ... ... ...
- La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas sus cosas. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús; y en todos ellos había abundancia de gracia. No había entre ellos ningún necesitado, porque los que eran dueños de campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego, se repartía a cada uno según sus necesidades. Así, José, a quien los apóstoles dieron el sobrenombre de Bernabé –que significa
(3) LA FE POR LA PALABRA. PEDRO Y JUAN ENCARCELADOS. “Mientras hablaban ellos al pueblo se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos. Les prendieron y metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya había anochecido. Muchos de los que habían oído la palabra creyeron, y el número de los hombres llegó a ser de unos cinco mil.” (Act 4, 1-4)
(4) LA FE POR LOS MILAGROS. CURACIÓN DE ENFERMOS. “Por mano de los apóstoles se obraban muchos milagros y prodigios entre el pueblo. Se reunían todos con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; pero ninguno de los demás se atrevía a unirse a ellos, aunque le pueblo los alababa.
Se adherían cada vez más creyentes en el Señor, multitud de hombres y mujeres, hasta el punto de que sacaban los enfermos a las plazas y los ponían en lechos y camillas para que, al pasar Pedro, al menos su sombra alcanzase a alguno de ellos. Acudía también mucha gente de las ciudades vecinas a Jerusalén, traían enfermos y poseídos por espíritus impuros, y todos eran curados.” (Act 5, 12-16)
(5) LA FE POR LA PALABRA. CONVERSIÓN DE LOS SACERDOTES. “La palabra de Dios se propagaba y aumentaba considerablemente el número de discípulos en Jerusalén, y gran cantidad de sacerdotes obedecían a la fe.” (Act 6,7)
(6) LA FE POR LA PALABRA. SIMÓN EL MAGO. “Un hombre que se llamaba Simón había ejercido la magia en la ciudad y había embaucado a la gente de Samaría diciéndoles que era alguien grande. Todos del menor al mayor, le prestaban atención y decían:
- Éste es la Potencia de Dios, llamada la Grande.
Le escuchaban porque desde hacía tiempo los había seducido con sus magias. Pero cuando empezaron a creer a Felipe, que les anunciaba el Evangelio del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, hombres y mujeres comenzaron a bautizarse. Entonces creyó también el propio Simón y, después de ser bautizado, seguía asiduamente a Felipe. Veía los signos milagrosos y los grandes prodigios que se realizaban, y se llenaba de admiración.” (Act 8, 9-13)
(7) LA FE POR LOS MILAGROS. PEDRO CURA A UN PARALÍTICO. “Mientras recorría Pedro todos los lugares, llegó hasta los santos que vivían en Lida. Encontró allí a un hombre llamado Eneas, que era paralítico y llevaba ocho años postrado en cama. Pedro le dijo:
- ¡Eneas!, Cristo Jesús te cura. Levántate y deja listo tu lecho.
Inmediatamente se levantó. Lo vieron todos los que vivían en Lida y Sarón y se convirtieron al Señor.” (Act 9, 32-35)
(8) LA FE POR LOS MILAGROS. PEDRO RESUCITA A TABITA. “Había en Jope una discípula llamada Tabita –que traducido significa “Gacela”-, que hacía muchísimas buenas obras y limosnas. Aconteció por aquellos días que cayó enferma y murió. Después de lavarla, la colocaron en la estancia superior. Como Lida está cerca de Jope, al oír los discípulos que Pedro se encontraba allí, enviaron a dos hombres para rogarle:
- No tardes en venir junto a nosotros.
Pedro se levantó y fue con ellos. En cuanto llegó, le condujeron a la estancia superior y le rodearon todas las viudas, que lloraban y mostraban las túnicas y los mantos que Gacela les había confeccionado cuando vivía con ellas. Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró. Después, vuelto hacia el cuerpo, dijo:
- Tabita, levántate.
Ella abrió los ojos y al ver a Pedro se incorporó. Dándole la mano la levantó, llamó a los santos y a las viudas, y se la presentó con vida.
El hecho se supo en toda Jope y muchos creyeron en el Señor. Pedro se quedó en Jope bastantes días, en casa de un tal Simón, que era curtidor.” (Act 9, 36-43)
(9) LA FE POR LA PALABRA. CREYENTES EN ANTIOQUIA. “Los que se habían dispersado por la tribulación surgida por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquia, predicando la palabra sólo a los judíos. Entre ellos había algunos chipriotas y cirenenses, que, cuando entraron en Antioquia, hablaban también a los griegos, anunciándoles el Evangelio del Señor Jesús. La mano del Señor estaba con ellos y un gran número creyó y se convirtió al Señor.” (Act 11, 19-21)
(10) LA FE POR LOS MILAGROS. CONVERSIÓN DEL PROCÓNSUL. “Entonces ellos, enviados por el Espíritu Santo, bajaron a Seleucia, y de allí navegaron rumbo a Chipre. Al llegar a Salamina se pusieron a predicar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y tenían a Juan como colaborador. Atravesaron toda la isla hasta Pafos, y encontraron un mago, falso profeta judío, que se llamaba Barjesús, que estaba con el procósul Sergio Pablo, hombre prudente. Éste hizo llamar a Bernabé y a Saulo, con el deseo de oír la palabra de Dios, pero el mago Elimas –que así se traduce su nombre- se les oponía, intentando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo y mirándolo fijamente, le dijo:
- ¡Tú, lleno de todo engaño y de toda malicia, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No dejarás de torcer los rectos caminos del Señor? La mano del Señor va a caer sobre ti y te vas a quedar ciego sin ver el sol hasta el tiempo señalado.
Al momento la niebla y la oscuridad le rodearon y se puso a dar vueltas buscando alguien que le llevara de la mano. Al ver lo sucedido, el procónsul creyó, admirado de la doctrina del Señor.” (Act 13, 4-12)
(11) LA FE POR LA PALABRA. PREDICACIÓN EN ANTIOQUIA DE PISIDIA. “El sábado siguiente se congregó casi toda la ciudad para oír la palabra del Señor. Cuando los judíos vieron la muchedumbre se llenaron de envidia y contradecían con injurias las afirmaciones de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con valentía:
- Era necesario anunciaros n primer lugar a vosotros la palabra de Dios, pero ya que la rechazáis y os juzgáis indignos de la vida eterna, nos volvemos a los gentiles. Pues así nos lo mandó el Señor: “Te he puesto como luz de los gentiles,/ para que lleves la salvación/ hasta los confines de la tierra”.
Al oír esto los gentiles se alegraban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban destinados a la vida eterna. Y la palabra del Señor se propagaba por toda la región.” (Act 13, 44-49)
(12) LA FE POR LOS MILAGROS. EL CARCELERO DE FILIPOS. “Mientras íbamos a la oración nos salió al encuentro una joven esclava que tenía un espíritu pitónico y proporcionaba como adivina abundantes ganancias a sus amos. Siguiéndonos a Pablo y a nosotros gritaba:
- ¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y os anuncian el camino de la salvación!
Repetía esto muchos días hasta que Pablo, enfadado, se volvió y le dijo al espíritu:
- ¡En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella!
Y en ese mismo instante salió. Al ver sus amos que había desaparecido la esperanza de su ganancia se apoderaron de Pablo y de Silas y los arrastraron al foro ante los magistrados. Los presentaron a los pretores y dijeron:
- Estos hombres perturban nuestra ciudad. Son judíos y predican costumbres que a nosotros los romanos no nos es lícito aceptar ni practicar.
La multitud se alborotó contra ellos y los pretores les hicieron quitarse la ropa y mandaron azotarles. Después de haberles dado numerosos azotes, los arrojaron en la cárcel y ordenaron al carcelero custodiarlos con todo cuidado. Éste, recibida la orden, los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies al cepo.
A eso de medianoche Pablo y Silas se pusieron a orar y entonar alabanzas a Dios, mientras los presos les escuchaban. De repente se produjo un terremoto, tan fuerte que se conmovieron los cimientos de la cárcel, e inmediatamente se abrieron todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. Se despertó el jefe de la prisión, y al ver abiertas las puertas de la cárcel sacó la espada y quería matarse pensando que los presos se habían fugado. Pero Pablo le gritó con fuerte voz:
- ¡No te hagas ningún daño, que estamos todos aquí!
El jefe de la prisión pidió una luz, entró precipitadamente y temblando se arrojó ante Pablo y Silas. Los sacó fuera y les dijo:
- Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?
Ellos le contestaron:
- Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.
Le predicaron entonces la palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella hora de la noche los tomó consigo, les lavó las heridas y acto seguido se bautizaron él y todos los suyos. Les hizo subir a su casa, les preparó la emsa y se regocijó con toda su familia por haber creído en Dios.” (Act 16, 16-34)
(13) LA FE POR LA PALABRA. CREYENTES EN BEREA. “Enseguida los hermanos enviaron por la noche a Pablo y a Silas hacia Berea. Ellos al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. Eran éstos más nobles que los de Tesalónica, y recibieron la palabra con muy buena disposición y examinaban diariamente las Escrituras para ver si las cosas eran así. Creyeron muchos de ellos, así como mujeres griegas distinguidas y no pocos hombres.” (Act 17, 10-12)
(14) LA FE POR LA PALABRA. CREYENTES EN ROMA. “Concertaron con él un día y acudieron muchos a la casa en que se alojaba. Desde la mañana hasta la tarde, él les explicaba el Reino de Dios dando testimonio y tratando de convencerles sobre Jesús mediante la Ley de Moisés y los Profetas. Unos aceptaron con fe lo que decía, pero otros no creyeron. Cuando se marchaban divididos entre sí, Pablo tan solo dijo estas palabras:
Con razón habló el Espíritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isaías: “Ve a este pueblo y dile:/ Con el oído oiréis,/ pero no entenderéis,/ con la vista miraréis,/ pero no veréis./ Porque se ha embotado el corazón/ de este pueblo,/ han hecho duros sus oídos,/ y han cerrado sus ojos;/ no sea que vean con los ojos,/ y oigan con los oídos,/ y entiendan con el corazón/ y se conviertan,/ y yo los sane.” Sabed por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí la oirán.” (Act 28, 23-28)
2. LAS EPÍSTOLAS
(1) LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE. “Ahora, en cambio, la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas, se ha manifestado con independencia de la Ley: justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay distinción, ya que todos han pecado y están privados de la gloria de Dios y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que está en Cristo Jesús. A él lo ha puesto Dios como propiciatorio en su sangre –mediante la fe- para mostrar su justicia tolerando los pecados precedentes, en el tiempo de la paciencia de Dios, con el fin de mostrar su justicia en el tiempo presente, y así ser Él justo y justificar al que vive de la fe en Jesús.
Entonces, ¿en qué se fundamenta la jactancia? Ha quedado excluida. ¿Y por qué ley?, ¿la de las obras? No: por la ley de la fe. Afirmamos, por tanto, que el hombre es justificado por la fe con independencia de las obras de la Ley. ¿Acaso Dios lo es sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles. Porque un solo Dios es el mismo que justificará la circuncisión a partir de la fe y la falta de circuncisión mediante la fe. Así pues, ¿destruimos la Ley por la fe? ¡De ninguna manera! Al contrario, confirmamos la Ley.” (Rom 3, 21-31)
(2) FUNDAMENTO DE NUESTRA FE. “Pero si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de entre vosotros dicen que no hay resurrección de los muertos? Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, inútil es nuestra predicación, inútil es también vuestra fe. Resultamos además ser falsos testigos de Dios, porque en contra de Dios, testimoniamos que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si de verdad los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; pero si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados. E incluso los que han muerto en Cristo perecieron. Y si tenemos puesta la esperanza en Cristo sólo para esta vida, somos los más miserables de todos los hombres.” (Rm 15, 12-19)
(3) CAMINANDO EN LA FE. “Por eso, siempre estamos llenos de buen ánimo, aun sabiendo que mientras moramos en el cuerpo, estamos en el destierro lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión. Así pues, estamos llenos de buen ánimo y preferimos salirnos de este cuerpo y volver junto al Señor. Por eso, tanto en el cuerpo como fuera de él, nos empeñamos en agradarle. Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo bueno o a lo malo que hizo durante su vida mortal.” (2 Co 5, 6-10)
(4) LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE. “¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó a vosotros, que habéis tenido ante los ojos a Jesucristo en la cruz? Sólo quiero saber de vosotros esto: ¿habéis recibido el espíritu por las obras de la Ley o por la obediencia a la fe? ¿Tan insensatos sois? Habéis empezado con el espíritu, ¿Y acabáis ahora en la carne? ¿En vano habéis vivido cosas tan grandes? ¡Bien en vano sería! Ahora bien, el que os comunica el Espíritu y obra milagros entre vosotros ¿lo hace por virtud de las obras de la Ley o por la obediencia a la fe?
Así, Abrahán creyó a Dios, y le fue contado como justicia. Por tanto, daos cuenta de que quienes viven de la fe, ésos son hijos de Abrahán. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano a Abrahán: “En ti serán bendecidas todas las naciones”. Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con el fiel Abrahán. Porque todos los que se apoyan en las obras de la Ley están sujetos a maldición, pues está escrito: “Maldito todo el que no persevere en el cumplimiento de todo lo que está escrito en el libro de la Ley”. Porque está claro que nadie es justificado delante de Dios en virtud de la Ley, ya que “el justo vivirá de la fe”; pero la Ley no se funda en la fe, sino que “quien cumpla sus preceptos vivirá por ellos”. Cristo nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros, pues está escrito: “Maldito todo el que esté colgado de un madero”, para que la bendición de Abrahán llegase a los gentiles en Cristo Jesús, a fin de que por medio de la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” (Ga 3, 1-14)
(5) LA FE EN LA VERDAD. “Nosotros, en cambio, debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, porque os eligió Dios, como primicias para la salvación, mediante la acción santificadora del Espíritu y por la fe en la verdad. Para esto os llamó por medio de nuestro evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
Por eso, hermanos, manteneos firmes y observad las tradiciones que aprendisteis, tanto de palabra como por carta nuestra. Que nuestro Señor Jesucristo, y Dios nuestro Padre, que nos amó y gratuitamente nos concedió un consuelo eterno y una feliz esperanza, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.” (2 Ts 13-17)
(6) LA GUARDA DE LA FE. “Este mandato te confío, Timoteo, hijo mío, conforme a las profecías hechas sobre ti anteriormente: que de acuerdo con ellas milites en este noble combate, mantengas la fe y la buena conciencia. Algunos, por haberla desechado, naufragaron en la fe.” (1 Tm 18-19)
(7) LA GUARDA DE LA FE. “Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas y busca la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la mansedumbre. Pelea el noble combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que has sido llamado y para la que hiciste solemne profesión en presencia de muchos testigos.
Te ordeno en la presencia de Dios, que da vida a todo, y de Cristo Jesús, que dio el solemne testimonio ante Poncio Pilato, que conserves lo mandado, sin tacha ni culpa, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; manifestación que hará patente en el momento oportuno al bienaventurado/ y único Soberano,/ el rey de los reyes y Señor de los señores;/ el único que es inmortal,/ el que habita en una luz inaccesible,/ a quien ningún hombre ha visto ni puede ver./ A Él, el honor y el imperio eterno. Amén.” (1 Tm 6, 11-16)
(8) La GUARDA DE LA FE. “Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas y busca la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la mansedumbre. Pelea el noble combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que has sido llamado y para la que hiciste profesión en presencia de muchos testigos.” (1 Tm 6, 1-12)
(9) LA GUARDA DE LA FE. “Querido Timoteo: guarda el depósito. Evita las palabrerías mundanas y las discusiones de la falsa ciencia: algunos que la profesaron se han apartado de la fe. La gracia esté con vosotros.” (1 Tm 6, 20-21)
(10) EL GALARDÓN DE LA FE. “Pues yo estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.” (2 Tm 4, 6-8)
(11) LA GUARDA DE LA FE. “Es preciso, por tanto, que tengamos muy presente cuanto hemos oído, no vaya a ser que nos desviemos del camino. Porque si la palabra anunciada por medio de ángeles alcanzó tal fuerza que toda trasgresión y desobediencia recibió justa pena, ¿cómo escaparemos nosotros del castigo, si descuidamos tan gran salvación? Ésta, que se inició con el anuncio del Señor, nos fue confirmada por quienes la habían oído, y también nos fue garantizada por Dios con señales y prodigios, con diversos milagros y dones del Espíritu Santo, distribuidos según su voluntad.” (Hb 2, 1-4)
(12) LA INCREDULIDAD. DUREZA DE CORAZÓN. “Cuando se dice: “Si hoy escucháis su voz, / no endurezcáis vuestros corazones/ como sucedió en la rebelión,” ¿quiénes son los que, habiéndole oído, sin embargo, se rebelaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto gracias a Moisés? ¿Y contra quiénes se indignó durante cuarenta años? ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos cadáveres cayeron en el desierto? ¿Y a quienes juró que no entrarían en su descanso, sino a los incrédulos? Vemos así que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.” (Hb 3, 15-19)
(13) LA FE COMO FUNDAMENTO. LOS PATRIARCAS. “La fe es fundamento de las cosas que se esperan, prueba de las que no se ven. Por ella los antepasados han recibido un testimonio. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que las cosas visibles llegaron a la existencia a partir de lo invisible.
Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio mejor que el de Caín; por ella fue declarado justo al aceptar Dios sus ofrendas, y por la fe, aun después de muerto, todavía habla.
Por la fe, Henoc fue arrebatado par que no viera la muerte, y no se le encontró, porque Dios se lo había llevado; antes de su tránsito recibió el testimonio de haber agradado a Dios. Sin fe, en efecto, es imposible agradarle, porque el que se acerca a Dios debe creer que existe y que premia a quienes le buscan.
Por la fe, Noé, prevenido por Dios acerca de lo que aún no se veía, construyó con religioso temor un arca para la salvación de su familia, y por esta fe condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.
Por la fe, Abrahán obedeció al ser llamado para ir al lugar que iba a recibir en herencia, y salió sin saber adónde marchaba. Por la fe, peregrinó por la tierra prometida como en tierra extraña, y habitó en tiendas, igual que harían Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas, porque esperaba la ciudad fundada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe, también Sara, que era estéril, recibió vigor para concebir; aun superada ya la edad oportuna, porque creyó que era digno de fe el que se lo había prometido. De modo que de uno solo, y ya decrépito, nacieron hijos tan numerosos como las estrellas del cielo e incontables como las arenas de las playas del mar.
En la fe, murieron todos ellos, sin haber conseguido las promesas, sino viéndolas y saludándolas desde lejos, y reconociendo que eran peregrinos y forasteros en la tierra. Los que hablaban así manifestaban que iban en busca de una patria. Pues si hubieran añorado la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de volver a ella. Pero aspiraban a una patria mejor, es decir, la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios suyo, porque les ha preparado una ciudad.
Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac, y el que había recibido las promesas se dispuso a ofrecer a su único hijo de quien se le había dicho: “En Isaac tendrás descendencia”. Pensaba, en efecto, que Dios es poderoso incluso para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobro y fue como un símbolo.
Por la fe, Isaac dio la bendición de los bienes futuros a Jacob y a Esaú. Por la fe, Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José y le adoró apoyado sobre el extremo de su bastón. Por la fe, José a punto de morir, recordó el éxodo de los hijos de Israel y dio disposiciones sobre sus restos mortales.” (Hb 11, 1-22)
(14) LA FE COMO FUNDAMENTO. MOISÉS, LOS JUECES Y LOS PROFETAS. “Por la fe, Moisés, recién nacido, fue ocultado durante tres meses por sus padres, porque vieron que el niño era hermoso, y no temieron el edicto del rey. Por la fe, Moisés, ya adulto, se negó a ser llamado hijo de la hija del Faraón, y prefirió verse maltratado con el pueblo de Dios que disfrutar el goce pasajero del pecado, estimando que el oprobio de Cristo era riqueza mayor que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe, salió de Egipto sin temer la cólera del rey, y se mantuvo firme como quien ve al invisible. Por la fe, celebró la Pascua y la aspersión de la sangre, para que el exterminador no tocara a sus primogénitos. Por la fe, cruzaron el Mar Rojo como si fuera tierra seca, mientras que los egipcios que lo intentaron fueron tragados por las aguas.
Por la fe, se derrumbaron los muros de Jericó después de dar vueltas alrededor de ellos durante siete días.
Por la fe, Rahab, la meretriz, no pereció con los incrédulos, por haber acogido en son de paz a los exploradores.
¿Qué más diré? Me faltaría tiempo si tuviera que hablar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los Profetas, que por la fe sometieron reinos, ejercieron la justicia, alcanzaron las promesas, cerraron bocas de leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, se curaron de sus enfermedades, fueron valientes en la guerra y abatieron ejércitos extranjeros. Hubo mujeres que recuperaron resucitados a sus muertos. Algunos fueron torturados, porque rehusaron la liberación para lograr una resurrección mejor. Otros soportaron escarnios y azotes, e incluso cadenas y cárcel. Fueron apedreados, aserrados, muertos a espada, anduvieron errantes cubiertos de pieles de oveja y de cabra, necesitados, atribulados y maltratados -¡el mundo no era digono de ellos!-, perdidos por desiertos y montes, por cuevas y cavernas de la tierra.
Y aunque todos recibieron alabanzas por su fe, no obtuvieron sin embargo la promesa. Dios había previsto algo mejor para nosotros, de forma que ellos no llegaran a la perfección sin nosotros.” (Hb 11, 23-40)
(15) LA FE Y LAS OBRAS. “¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros le dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero no le dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.
Pero alguno podrá decir: “Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen, y se estremecieron”.
¿Quieres saber, hombre necio, cómo la fe sin obras es estéril? Abrahán, nuestro padre, ¿acaso no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿ves cómo la fe cooperaba con sus obras, y cómo la fe alcanzó su perfección por las obras? Y así se cumplió la Escritura que dice: “Creyó Abrahán y le fue contado como justicia, y fue llamado amigo de Dios”.
Ya veis que el hombre queda justificado por las obras y no por la fe solamente.” (St 2, 14-24)
(16) EL GOZO DE LA FE. “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha engendrado de nuevo –mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos- a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, reservada en los cielos para vosotros, que, por el poder de Dios, estáis custodiados mediante la fe hasta alcanzar la salvación preparada ya para ser manifestada en el tiempo último. Por eso os alegráis, aunque ahora, durante algún tiempo, tengáis que estar afligidos por diversas pruebas, para que la calidad probada de vuestra fe –mucho más preciosa que el oro perecedero que, sin embargo, se acrisola por el fuego- sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Jesucristo: a quien amáis sin haberle visto; y en quien, sin verlo todavía, creéis y os alegráis con un gozo inefable y glorioso, alcanzando así la meta de vuestra fe, la salvación de las almas.” (1 P 1, 3-9)
(17) LOS FALSOS PROFETAS. “Queridísimos: no creáis a cualquier espíritu, sino averiguad si los espíritus son de Dios, porque han aparecido muchos falsos profetas en el mundo. En esto conoceréis el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios. Ése es el espíritu del Anticristo, de quien habéis oído que va a venir, y ya está en el mundo.
Vosotros, hijos, sois de Dios y los habéis vencido, porque el que está en vosotros es más poderoso que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; el que no es de Dios no nos escucha. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.” (1 Jn 4, 1-6)
(18) LA FE Y EL AMOR. “Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ése ha nacido de Dios, y todo el que ama a quien le engendró, ama también a quien ha sido engendrado por Él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Porque el amor de Dios consiste precisamente en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son costosos, porque todo el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (I Jn 5, 1-5)
(Selección de textos: Julio Banacloche Pérez)
(Estos textos aparecieron imprimidos en cuadernillo de distribución gratuita y restringida en 2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario