domingo, 23 de noviembre de 2025

 



















DE UN CRISTIANO

(2024 - 2025)





















Julio Banacloche Pérez


DE UN CRISTIANO

(2024 / 2025)


SUMARIO

Adviento

Navidad

Tiempo Ordinario

Cuaresma

Semana Santa

Pascua de Resurrección

Tiempo Ordinario

Agosto

Tiempo Ordinario

Jesucristo Rey del Universo


AÑO LITÚRGICO


ADVIENTO (Tiempo de Esperanza)

Adviento. Tiempo de Esperanza. Tiempo de espera amorosa a que llegue el Nacimiento del Niño Dios. Tiempo impaciente porque, siempre, nuestra vida desea estar con Dios que es Amor. Tiempo de confianza porque sabemos que Dios nos ama como nadie nos podría amar, como nadie nos ha querido y porque Él nos ha amado primero para que podamos amarle y derramar amor en los demás. Tiempo de cantar: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandamientos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza (del salmo 24). Y de cartas apostólicas “No tarda el Señor en cumplir su promesa, como algunos piensan; más bien tiene paciencia con nosotros porque no quiere que nadie se pierda” (2 Pe 3,9). “También nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce la paciencia; la paciencia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5, 3-5)

El juicio de Dios es esperanza , tanto porque es justicia como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva para nsotros ante la historia y ante Dios mismo. Si fuera pura gracia podría ser al final sólo un motivo de temos para todos nosotros. La encarnación de Dios en Cristo ha unido uno con otra -juicio y gracia-de tal modo que la justicia se establece con firmeza: todos nosotros esperamos nuestra salvación “con temor y con temblor” (Flp 2,12)”. No obstante, la gracia nos permite a todos esperar y encaminarnos llenos de confianza al encuentro con el Juez, que conocemos como nuestro abogado, “parakletos (cf 1 Jn 2,1)” (Spes salvi, 47).

En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de ese encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad. Está la salvación. Su mirada, el toque de su corazón, nos cura a través de una transformación, ciertamente dolorosa, “como a través del fuego”. Pero es un dolor bienaventurado en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos, y, con ello, totalmente de Dios. Así se entiende también con toda claridad la compenetración entre justicia y gracia; nuestro modo de vviir no es irrelevante, pero nuestra inmundicia no nos ensucia eternamente, al menos si permanecemos orientados hacia Cristo, hacia la verdad y el amor… El dolor de amor se convierte en nuestra salvación y nuestra alegría” (Spes salvi, 46)

Y una poesía. Ruega por nosotros, / Madre de la Iglesia. / Virgen del Adviento, / esperanza nuestra, / de Jesús la aurora, / del cielo la puerta. Madre de los hombres/, de la mar estrella, / llévanos a Cristo, / danos tus promesas. / Eres virgen Madre, / la de gracia llena, / del Señor esclava, / del mundo la reina. / Alza nuestros ojos / hacia tu belleza, / guía nuestros pasos / a la vida eterna” (himno de Laudes para los sábados del Adviento)

ADVIENTO (Confianza en Dios)

Adviento. En la segunda semana el cristiano puede vivir en la confianza en Dios, porque la fe consolida la esperanza que llenaba su alma en la primera semana. El Reino de Dios está al llegar (Mc 1,15), el Reino de Dios ya ha venido (Mt 12,28), el Reino de Dios está en medio de nosotros (Lc 17,21). Dios se hizo niño en Jesús y creció como hombre siendo Dios. Dios y hombre verdadero está con nosotros en la Eucaristía, siempre, continuamente, “hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Dios vendrá a juzgar y traerá la salvación para siempre, sin fin.

Cantamos los salmos del Tiempo litúrgico: “La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará e nuestra tierra” (salmo 84,10). “Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra; regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad” (salmo 95, 11-14). “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas (salmo 102,10). “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad” (salmo 144, 10-12)

Confianza en Dios. “Así pues no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6, 31-34). “Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30)

Confiando en el Amor y viviendo el amor mutuo. “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y así os fortalezca e¡internamente para que cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos su santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre” (1 Tes 3,12-13). “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrados aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tended paciencia también vosotros, manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca.” (St 5,7-8). “No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios “ (1 Co 4,5). Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo” (Flp 3,20b-21).

Una poesía del Tiempo: “Mirad las estrellas fulgentes brillar / sus luces anuncian que Dios ahí está, / la noche en silencio, la noche en su paz, / murmura esperanzas cumpliéndose ya. / Los ángeles santos, que vienen y van, / preparan caminos por donde vendrá / el Hijo del Padre, el Verbo eternal, / al mundo del hombre en carne mortal. / Abrid vuestras puertas, ciudades de paz, / que el Rey de la gloria ya pronto vendrá; / abrid corazones, hermanos, cantad / que vuestra esperanza cumplida será. / Los justos sabían que el hambre de Dios / vendría a colmarla el Dios del amor, / su Vida en su vida, su Amor en su amor / serían un día su gracia y su don. / Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor, / los hombres hermanos esperan tu voz, / tu luz, tu mirada, tu vida, / tu amor. / Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador.” (Oficio de lectura en Adviento)

ADVIENTO (Domingo “Gaudete”)

Adviento. Tercera semana. Domingo “Gaudete”, como empieza la antífona de entrada: Gaudete in Domino semper; iterum dico, gaudete, Dominus enim prope est”. “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”. El cristiano, caminante hacia el cielo, sabe del esfuerzo de la cuesta arriba y el terreno pedregoso del Adviento, pero también siente que hay un tramo en el que parece que se pisa suelo llano o hierba suave y que el alma empieza a cantar y a reír. “¡Que el desierto y el yermo se alegren, que se goce la estepa y florezca como las azucenas! Florezca pujante y alégrese con gozo y cánticos de júbilo... Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona. Resarcirá y os salvará.. vendrán … con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán” (Is 35, 1,2,4,10). Y en la segunda venida: “Erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima la redención (Lc 21,28)

Alegría de Jesús. “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo… Pero no os alegréis que los espíritus se os sometan, alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,18.20). “Os digo que lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo se alegrará, vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría… Así también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría… Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedir y recibiréis para que vuestra alegría sea completa… Cuando estaba con ellos yo los guardaba en tu nombre. He guardado a los que me diste y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición para que se cumpliera la escritura. Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo, para que tengan mi alegría completa en sí mismos” (Jn 16, 20, 22, 24. 17,12-13)

Lo escriben los apóstoles: “Estad siempre alegres. Sed constantes en el orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de de profecía, sino examinadlo todo, quedando os con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. (1 Tes 5,16-22); “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito estad alegres… El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en cristo Jesús” (Flp 4-7). “ Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando del mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo, diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor, alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración, compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad… Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran” (Rm 12,9-13,15). “Por eso os alegráis, aunque ahora, durante algún tiempo, tengáis que estar afligidos por diversas pruebas, para que la calidad probada de vuestra fe -mucho más preciosa que el otro perecedero que sin embargo se acrisola por el fuego- sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Jesucristo: a quien sin haberlo visto; y en quien, sin verlo todavía, creéis y os alegráis con un gozo inefable y glorioso, alcanzando así la meta de vuestra fe, la salvación de las almas” (1 Pe 1,6-9)

Y una poesía. “De luz nueva se viste la tierra, / porque el Sol que del cielo ha venido / en el seno feliz de la Virgen / de su carne se ha revestido. / El amor hizo nuevas las cosas, / el Espíritu ha descendido / y la sombra del que es poderoso / en la Virgen su luz ha encendido. / Ya la tierra reclama su fruto / y de bodas se anuncia alegría, / el Señor que en los cielos moraba / se hizo carne en la Virgen María. / Gloria a Dios, el Señor poderoso, / a su Hijo y Espíritu Santo, / que en su gracia y su amor nos bendijo / y a su reino nos ha destinado” (himno de Laudes en Adviento)

ADVIENTO (Nochebuena)

En la cuarta semana de Adviento el paso del cristiano caminante se acelera para alcanzar cuanto antes el portal de Belén donde nace el Niño Jesús. Es tiempo de alegría y de cantos. Desde el día 17 de diciembre se reviven durante las Vísperas las Antífonas Mayores: Oh Sapientia, Oh Adonai, O Radix Jesse, Oh Clavis David, Oh Oriens, Oh Rex Gentium, Oh Enmanuel, cuyas letras iniciales leídas del revés forman el acróstico latino “Ero cras” (vendré mañana), y que hace más de mil años se escuchaba el “Oh” inicial en los alrededores de los monasterios en los que los monjes cantaban y los lugareños sólo entendían esa palabra. El día 18 de diciembre se celebra la Nuestra Señora de la Esperanza, la Expectación del Parto, María de la O.

Y en la noche de Navidad. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras y una luz les brilló. Acreciste a alegría, aumentando el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar como se alegran al repartirse el botín... Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz”. Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará” (Is 9, 1-2.5-6).

La historia. “En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa que estaba encinta. Y, cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar en el alojamiento. Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno sus rebaño durante la noche. De improviso, un ángel del señor se les presentó y la gloria del Señor les rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. El ángel les dijo: “No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será par todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre”. De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace”. Cuando los ángeles les dejaron machándose hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado. Y fueron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que habían sido anunciadas sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón. Y los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho” (Lc 2,1-20)

Y la poesía litúrgica. “Te diré mi amor, Rey mío, / en la quietud de la tarde, / cuando se cierran los ojos / y los corazones se abre. / Te diré mi amor, Rey mío, / con una mirada suave, / te lo diré contemplando / tu cuerpo que en pajas yace. / Te diré mi amor, Rey mío, / te lo diré con mis besos, / quizá con gotas de sangre. / Te diré mi amor, rey mío, / con los hombres y los ángeles, / con el aliento del cielo / que espiran los animales. / Te diré mi amor, Rey mío, / con el amor de tu Madre, / con los labios de tu esposa / y con la fe de tus mártires. / Te diré mi amor, rey mío, / ¡oh Dios del amor más grande! / ¡Bendito en la Trinidad, / que has venido a nuestro valle.! Amén” (himno en II Vísperas de la Natividad del Señor)

NAVIDAD (Sagrada Familia)

Navidad. Domingo de la Sagrada Familia. Celebraciones familiares, especialmente. Expresiones de cariño y de alegría. Estos días deberían ser un reflejo anticipado de lo que sería estar con Dios, siempre, para siempre. En el recuerdo de muchos que han encontrado a Jesús o que lo encuentren estos días puede estar el pasaje evangélico: “Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos, y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: - Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: - ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: - Rabbí- que significa “Maestro”- ¿dónde vives?. Les respondió: - Venid y lo veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,35-39). Navidad: encontrar a Jesús, seguir a Jesús, ver dónde vive y quedarse con Él.

- “Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días , lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que lo oían quedaron asombrado de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron atónitos y le dijo su madre: “¿Hijo, por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: - “¿Por qué me buscabais? ¿no sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2, 41-52)

- Amor a los hijos. “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mí hijo. Cuanto más los llamaba, tanto más se alejaba de Mi; ofrecían sacrificios a los baales y quemaban incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraím, lo tomaba en mis brazos; pero ellos no entendían que Yo los cuidaba. Con vínculos de afecto los atraje, con lazos de amor. Era para ellos como quien alza a un niño hasta su mejillas, y me inclinaba a él y le daba de comer” (Os 11,1-4). “Sión había dicho: “El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado” ¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas se olvidaran Y no te olvidaré” (Is 49,14-15). “Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20)

- “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres … Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social” (san Pablo VI, alocución 5 de enero de1964)

La poesía. “Mirad que aposentadores / tuvo la divina cámara: / verdín por tapicerías / y por cortinajes zarzas. / Pobre, desnudo, sin fuego, / quien con fuegos nos abasta, / está aquí el Niño. Un pesebre / de humildes bestias por cama. / Ved, puro Amor, que sois fuego / y estáis sobre un haz de pajas. / La Virgen, llanto en los ojos: / a incendio tal, tales aguas. / José, que goza y que gime / agridulces de naranja, / rindiéndose ya ha quedado / dormido bajo su capa” (himno de Laudes en la fiesta de la Sagrada Familia)

NAVIDAD (Epifanía del Señor)

Segunda semana después de Navidad. El lema del cristiano aún está en las fiestas. Camina animoso, con alegría, cantando, retomando cada día del nuevo año el camino hacia el cielo. Y, ahora, la gloria de Dios Padre que mira animoso el caminar de sus hijos por la vida, ilumina especialmente al Hijo, el Niño Jesús, rey de nuestra alma, y el Espíritu Santo que se nos ha dado, derramando amor, porque Dios es Amor, completa la preciosa luz de la Trinidad. Está empezando el año, pero Dios está con nosotros. Ultreia! Suseia! Vamos más allá, vamos más arriba, se saludan los peregrinos.

¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor” (Is 60,1-6)

- “Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “- ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos contestaron: - “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues te de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó a Belén diciéndoles: “- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y, habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino” (Mt 2,1-12)

- “La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo. Animados por este celo debéis aplicaros, queridos míos, a seros útiles unos a los otros, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las buenas obras” (san León Magno, papa, sermón 3 de la Epifanía del Señor)

Poesía. “Reyes que venís por ellas, / no busquéis estrellas ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Mirando las luces bellas, / no sigáis la vuestra ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Aquí parad, aquí está / quien luz a los cielos da: / Dios es el puerto más cierto, / y si habéis hallado puerto / no busquéis estrellas ya. / No busquéis la estrella ahora: / que su luz se ha oscurecido / este Sol recién nacido / en esta Virgen Aurora. / Ya no hallaréis luz en ellas, / el niño os alumbra ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Aunque eclipsarse pretende, / no reparéis en su llanto, / porque nunca llueve tanto / como cuando el sol se enciende. / Aquellas lágrimas bellas / la estrella oscurecen ya, / porque donde el sol está / no tiene luz las estrellas.” (himno de Laudes en la Epifanía del Señor)

Tiempo Ordinario. Bautismo del Señor

Con el Bautismo de Jesús, cuando empezó su “vida pública” entre nosotros, litúrgicamente acaba la Navidad. En un apretadísimo resumen del tiempo, los cristianos hemos vivido el Nacimiento de Jesús, la Circuncisión y la Presentación en el Templo (Lc 2,21-38), la adoración de los Magos, la huida a Egipto, la muerte de los Santos Inocentes, el regreso a Galilea (Mt 2,1-23) y la vida corriente de la Sagrada Familia en Nazaret, con un detalle de “divinidad en la humanidad” (los sobresaltos de la vida corriente aunque y porque el Niño es Dios) cuando Jesús tenía ya 12 años y, como era costumbre, por la fiesta, subió a Jerusalén, con sus padres, y al volver se quedó en el Templo porque “es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre” (Lc 2,39-52). Unos treinta años tenía Jesús “al comenzar” (Lc 3,23). Y precisamente después de la fiesta del Bautismo de Jesús se inicia la primera parte del Tiempo Ordinario que dura hasta la Cuaresma y que sigue después de las seis semanas de Pascua de Resurrección, con Pentecostés (8 de junio, en 2025), ya en la puertas del verano. Para el refranero, “Hasta san Antón Pascuas son” , y, así, el “pueblo llano” (junto a “la nobleza y el clero”) celebraba “las navidades” hasta el 17 de enero; y otros llegaban en fiesta navideña hasta el 2 de febrero, fiesta de “la Candelaria”, mirando a los Carnavales, como preámbulo de los ayunos y abstinencias de la Cuaresma, que en 2025, empieza el 5 de marzo, Miércoles de Ceniza. Vivir al compás de la liturgia es como caminar cantando, confiando en Jesús, porque sabemos que “todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Rm 8,28).

- Caminando con Jesús. “Cuando oyó que Juan había sido encarcelado se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se fue a vivir en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí… Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: “Convertíos, porque está al llegar el Reino de los cielos” (Mt 4,13.17; , Mc 1,14-15: “Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: “ - El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar, convertíos y creed en el Evangelio”). “Entonces, por impulso del Espíritu volvió Jesús a Galilea y se extendió su fama por toda la región. Y enseñaba en sus sinagogas y era honrado por todos (Lc 3,14). “Recorría Jesús toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria; y lle traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán” (Mt 4,23-24; Mc 3,7-8: “Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea. Y también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía”). “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias” (Mt 9,35). “Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo” (Mc 10,32; Lc 19,28). “Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús” (Jn 6,24)

Pero: “Y envió por delante a unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje, pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén” (Lc 9,,52-53)”. “Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él” (Jn 6,66). Aunque. - “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga” (Mc 8,34; Lc 9,23; Mt 16,24). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,38). “En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, hermanos o hermanas, madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, que no reciba en este mundo cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero la vida eterna” (Mc 10,29-30).

Tiempo Ordinario (Convivencia cristiana)

El camino del cristiano es un camino de convivencia. Con los que caminan a su lado comparte animo y cansancio, esfuerzo y alegrías, y el destino para así alcanzar el cielo y vivir con Dios para siempre. En el corazón del cristiano se repite la promesa: “Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo estoy estéis también vosotros. Y donde yo voy ya sabéis el camino… Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida … nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto… El que me ha visto a mí ha visto al Padre… Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí… Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre” (Jn 14, 3-4. 6-7.9.11.15-16)

- Fraternidad. La convivencia en el camino de los cristianos hacia el cielo se mantiene en el amor fraterno. “El que da que de con sencillez; el que preside, que lo haga con esmero; el que ejercita la misericordia, que lo haga con alegría. Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos, no los maldigáis. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Tened los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejaros llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándoos a las cosas humildes. No os tangáis por sabios ante vosotros mismos. No devolváis a nadie mal por mal; buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios” (Rm 12, 8-19)

- Amabilidad. “Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros. Sobre todo revestíos con la caridad que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos” (Col 3,12-15)

- Confianza. “Si Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? Quien presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, mas aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada… Pero en todas esas cosas venceremos con creces gracias a aquél que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 31-35.3739)

Y la caridad. “La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7). “Los frutos del Espíritu Santo son: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia. Contra estos frutos no hay ley” (Ga 5,22-23)

Tiempo Ordinario (la compasión de Dios)

Tiempo ordinario. Al caminar de cada día del cristiano no le faltan sinsabores. Cansancio, tropezones, caídas, tentación de abandonar, dejar la senda, andar fuera del camino, perderse, Todo se ofrece a Dios que lo espera y acompaña. Y de las aulas escolares cristianas se recuerda: “Oh Corazón Divino de Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María Santísima, te ofrezco las oraciones, las obras y los sufrimientos de este día para reparar las ofensas que se os hacen y por todas las intenciones por las cuales Vos os inmoláis continuamente en el altar y por las intenciones encomendadas para este mes y para este día. Amén”

Las ofensas a Dios llevan a recordar que la compasión de Dios nos acompaña. Porque si Dios es por esencia impasible, en cuanto que Dios es Amor, (1 Jn 4,8.16) se compadece y, así, trasciende la impasibilidad de la divinidad a la pasibilidad del hombre; y Dios se hace hombre y sufre su pasión y muerte en la cruz y redime a todas de las ofensas cometidas: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros ha sido probado en todo excepto en el pecado. Por lo tanto acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno.” (Hb 4,15-16). “Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, ecual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres y, mostrándose igual qe los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2, 5-8). Y, así, en Jesús encontramos muchos pasajes en los que aparece cómo se compadece, padece con los que sufren, siente su sufrimiento, siendo Dios.

- “Al salir de Jericó le seguía una multitud. En esto, dos ciegos sentados al lado del camino, en cuanto oyeron que pasaba Jesús, se pusieron a gritar: - ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros! La multitud les reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros! Jesús se paró, los llamó y les dijo: - ¿Qué queréis que os haga? - Señor que se abran nuestro ojos- le respondieron. Jesús se compadeció, les tocó los ojos y al instante recobraron la vista y le siguieron” (Mt 20,29-34)). “Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad resultó que llevaba a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. El Señor la io se compadeció de ella. Y dijo: - No llores. Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y dijo: - Muchacho, a ti te digo, levántate. Y el que estaba muerto se incorporó y empezó a hablar” (Lc 7,11-15). “Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces les dijo a sus discípulos: - La mies es mucha, pero los obreros, pocos. Rogad, por tanto al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9,36-38). En otro texto: “ Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarlas muchas cosas” (Mc 6,34). “Jesús llamó a sus discípulos y dijo: “- Me da mucha pena la muchedumbre porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer y no quiero despedirlos en ayunas, no vaya a ser que desfallezcan en el camino” (Mt 15,32).

Y una poesía. “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta, cubierto de rocío, / pasas las noches del invierno oscuras? / ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, / pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío, / si de mi ingratitud el hielo frío / secó las llagas de tus plantas puras! / ¡Cuántas veces el ángel me decía: / “Alma, asómate ahora a la venta, / verás con cuanto amor llamar porfía”? / ¡Y cuántas, hermosura soberana: / “Mañana le abriremos”, respondía, / para lo mismo responder mañana!”

Tiempo ordinario (ánimos para el camino)

Tiempo Ordinario. El camino de cada día, jornadas de trabajo y de descanso, de esperanza y sinsabores. Pero el cristiano procura consuelo en la alegría de seguir a Jesús y de esperar estar con Dios para siempre. “Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mia alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa… En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo, se alegrará; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría… Así pues también vosotros ahora os entristeceréis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría… Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa... Padre ha llegado la hora… Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo para que tengan mi alegría completa en sí mismos”. “Padre quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 15,9-11.16,20,22,24.17,1,13,24)

En el camino hacia el cielo, el cristiano recupera fuerzas y encuentra ánimos para las futuras jornadas leyendo cartas apostólicas que hace siglos también fueron causa de alegría.

- “Porque la leve turbación de un instante se convierte para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente, ya que nosotros no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son pasajeras, y en cambio las invisibles, eternas…. Por eso siempre estamos llenos de buen ánimo, aún sabiendo que mientras moramos en el cuerpo, estamos en destierro lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión. Así pues estamos llenos de buen animo y preferimos salirnos de este cuerpo para volver junto al Señor. Por eso, tanto ahora en el cuerpo como fuera de él, nos empeñamos en agradarle. Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo bueno o malo que hizo durante su vida mortal… Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió con Él por medio de Cristo y nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo, sin imputarle sus delitos, y puso en nosotros la palabra de reconciliación” (2 Co 4,17-18. 5,6-11,17-19). “Y a vosotros que estabais muertos muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso, y que canceló clavándolo en la cruz” (Col 2,13-14).

Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? ¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió más aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? … Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8,31-35,38-39))

- Poesía litúrgica. “Este mundo del hombre, en que él se afana / tras la felicidad que tanto ansía, / tú lo vistes, Señor, de luz temprana / y de radiante sol al mediodía. / Así el poder de tu presencia encierra /el secreto más hondo de esta vida; / un nuevo cielo y una nueva tierra / colmarán nuestro anhelo sin medida. / Poderoso Señor de nuestra historia, / no tardes en venir gloriosamente; / tu luz resplandeciente y tu victoria / inunden nuestra vida eternamente” (Hora intermedia, sábado IV)

Tiempo Ordinario. La vocación del cristiano

Tiempo Ordinario. El camino del cristiano hasta llegar al cielo tiene sentido y fundamento, porque existe vocación, encuentro, amor y esperanza. Cada empezar y cada volver a hacerlo, es la manifestación del plan divino que nos ama, que me ama; que me espera y que me acompaña. “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje… ” salmo 18 A)

- El plan. “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado, en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecado. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra” (Ef 1,3-10)

- La invitación y la promesa. “Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá, pero quien pierda por mí su vida, la encontrará” (Mt 10,37-39; Lc 14,27). “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt 11, 28-39). “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda la vida por mí, la encontrará” (Mt 16,24-25; Mc 8,34-35; Lc 9,23-24). “Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá” (Lc 6,38).

- La vida. Yo pensé: “En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años. ”Yo pensé: “Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.” Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando. Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma. Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí! / Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. / El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa. Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora. El padre enseña a sus hijos tu fidelidad. Sálvame Señor y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor.” (Is 38,10-14.17-20)

Poesía: “Nos enseñaste un trozo de la viña / y nos dijiste: “Venid y trabajad.” / Nos mostraste una mesa vacía / y nos dijiste: “Llenadla de pan.” / Nos presentaste un campo de batalla / y nos dijiste: “Construid la paz.” / Nos sacaste al desierto con el alba/ y nos dijiste: “Levantad la ciudad.” / Pusiste una herramienta en nuestras manos / y nos dijiste: “Es tiempo de crear.” / Escucha a mediodía el rumor del trabajo / con que el hombre se afana en tu heredad. (himno de la Hora Intermedia del II martes)

Tiempo Ordinario. Descanso del cristiano: parábolas

Tiempo Ordinario. En el camino hacia el cielo ayudan al espíritu de los caminantes los momentos de descanso en los que se hace más íntima la comunión y se consideran las palabras de Jesús, lo que todos y cada uno desean y también los malos ratos superados o que habrá que superar. Formando corro, como se sentaban los niños en los pueblos palestinos. Como niños

Señor, mi corazón no se ha engreído ni mis ojos se han alzado altivos. Ni he marchado en pos de grandezas, ni de portentos que me exceden. He moderado y acallado mi alma como un niño en el regazo de su madre. Como niño satisfecho está mi alma.” (salmo 131) “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño ese es el mayor en el Reino de los Cielos, y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,3-5). “Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: - Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Y acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: - El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mi me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado (Mc 9,35-37; Lc 9,47-48)

Tiempo de parábolas. “Les proponía a los invitados una parábola, al notar cómo iban eligiendo los primeros puestos: - Cuando alguien te invite a una boda, no vayas a ponerte en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él y, al llegar el que os invitó a ti y al otro, te diga: - Cédele el sitio a éste, y entonces empieces a buscar lleno de vergüenza el ultimo lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a ocupar el último lugar para que cuando llegue el que te invitó te diga: - Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lc 14, 7-12)

Tiempo de consejos. “Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de la falta de humildad: - pensar que lo que haces o dices, está mejor hecho o dicho que lo de los demás; - querer salirte siempre con la tuya; - disputar sin razón o -cuando la tienes- insistir con tozudez y de mala manera; - dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad; - despreciar el punto de vista de los demás; - no mirar todos tus dones y cualidades como prestados; - no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees; - citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones; - hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan; - excusarte cuando se te reprende; - encubrir al director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene; - oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti; - dolerte de que los otros sean más estimados que tú; - negarte a desempeñar oficios inferiores ; - buscar o desear singularizarte; - insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional; - avergonzarte porque careces de ciertos bienes… (san Josemaría, “Surco”, 263)

- Mirad a Jesús. “Tened entre vosotros mismos los mismos sentimientos qur tuvo Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo hecho semejante a los hombres y, mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; para que el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos y en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese: ¡Jesucristo es el Señor!, para gloria de Dios Padre” (Flp 2,3-11)

Camino al cielo, con Dios y donde Dios nos espera. Somos hijos de Dios. Y Dios es amor.

Tiempo Ordinario. Miércoles de Ceniza

Se acaba la primera parte del Tiempo Ordinario. El Miércoles de Ceniza abre la puerta de la Cuaresma. Cuarenta días para hacer más intensos la oración, ayuno y limosna. Propósito de sacrificios que hacen vivir la permanente presencia de Dios con cada uno. Mortificaciones que no deben mortificar a los demás. Tiempo fuerte para consolidar en el alma la esperanza de la salvación- resurrección- por el amor de Dios -pasión y muerte- que es amor. No hay más amor que el Amor.

Tiempo de preparación. “Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre. Bendice alma mía al Señor, y no olvides sus beneficios. él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles (salmo 102, 1-4,8.10,12-13)

Viviendo la caridad. “Dijo Jesús a sus discípulos: - A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; la que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no s e,lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman lo hacen. Y si prestáis sólo cuando espráis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros” (Lc 6,17-38)

Un sermón. “Por ello en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo; así viremos en santos ayunos esa Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobre todo ayunando de nuestros vicios. Y no hay cosa más útil que unir los ayunos santos y razonables con la limosna, que, bajo la única denominación de misericordia, contiene muchas y laudables acciones de piedad, de modo que, aun en medio de situaciones de fortuna desiguales, puedan ser iguales las disposiciones de ánimo de todos los fieles.” (san León Magno, papa; serm 6)

Consejos de amigo. “Te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…” (Camino, 194). “Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición” (Camino, 196). “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo dudes- dependen muchas cosas grandes (Camino, 755). “¿Quieres de verdad ser santo? - Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino, 815)

Una poesía. “Mis ojos, mis pobres ojos / que acaban de despertar / los hiciste para ver, no sólo para llorar. / Haz que sepa adivinar / entre las sombras la luz, / que nunca me ciegue el mal / ni olvide que existes tú. / Que, cuando llegue el dolor, / que yo sé que llegará, / no se me enturbie el amor, / ni se me nuble la paz. / Sostén ahora mi fe, / pues cuando llegue a tu hogar, / con mis ojos te veré / y mi llanto cesará” (himno de Laudes en la semana I)

Cuaresma

Cuaresma. La primera semana regala al cristiano, caminante hacia el cielo, cantos de confianza en Dios: “Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé y lo glorificaré” (salmo 90, 14-15); “Que te agraden las palabras de mi boca y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mio” (salmo 18, 15). “Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor él lo escucha y lo salva de sus angustias” (salmo 33, 6-7). “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado” (salmo 50,3-4). “Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” (salmo 137, 2-3). “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir Pero de tí procede el perdón, y así infundes respeto” (salmo 129, 3-4). “Dichoso el que con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón” (salmo 118 1-2)

- Limosna, oración y ayuno. Siguiendo la tradición de algunos, reunida la familia, los amigos, todos los caminantes y los que se suman a lo largo del camino, leemos: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombre a fin de que os vean; de otro modo, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por lo tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de que los alaben los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede en lo oculto; de este modo, tu Padre que ve en lo oculto, te recompensará. Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará… Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6, 1-6.16-18)

- “¡Nada menos que Cristo nuestro Señor, se dejó tentar por el diablo! Pero en Cristo estabas siendo tentado tú, porque Cristo tenía de ti la carne, y de él procedía para ti la salvación; de ti procedía la muerte para él, y de él para ti la vida; de ti para él los ultrajes, y de él para ti los honores; en definitiva, de ti para él la tentación, y de él para ti la vitoria. Si hemos sido tentados en él, también en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también vencedor en él. Podría haber evitado al diablo; pero si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado” (san Agustín, sobre el salmo 60)

- Poesía litúrgica. “El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera. / En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino; / todo lo puede en él quien nada puede”

A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María.” (san Josemaría, “Camino” 495). “¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. - Enamórate y no “le” dejarás.” (Camino 999)

Cuaresma

Segunda semana de Cuaresma. Camino empinado y angosto, escabroso. Tiempo fuerte. Los salmos del Tiempo ayudan: “Que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agobiados. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados. Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación” (salmo 78, 9.11.13). “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley, día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da su fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos; pero al camino de los impíos acaba mal” (salmo 1, 1-2.3.4.6). “Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre. Bendice alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. No siempre está acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como se levante el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos” (salmo 102, 1.2.3.4.9.10.11.12)

- Tiempo de oración. Tiempo de pedir insistentemente. “¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a medianoche y le diga: “Amigo, préstame tres panes porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle”, le responderá desde dentro: No me molestes, ya está cerrada la puerta; los míos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos? Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará para darle cuanto necesite. Así pues os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de entre vosotros, si un hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pies si vosotros siendo malos, sabéis dar a vuestro hijos, codas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc 11,5-13). O “¿Quién de entre vosotros si un hijo suyo le pide una un pan, le da una piedra? (Mt 7,9). “Y les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: “Hazme justicia ante mi adversario”. Y durante mucho tiempo no quiso. Sin embargo, al final, se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme”. Concluyó el Señor: - Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar?. Os aseguro que les hará justicia si tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,1-8)

- Cartas apostólicas. “Estad atentos para que nadie devuelva mal por mal, al contrario, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5,15-18). “Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros” (1 Pe 5,7)

- Una poesía. “Fuerza tenaz, firmeza de las cosas, / Inmóvil en ti mismo; / origen de la luz, eje del mundo / y norma de su giro: / Concédenos tu luz en una tarde / sin muerte ni castigo, / la luz que se prolonga tras la muerte / y dura por los siglos” Amén (himno de Nona, del Ordinario)

Cuaresma

Tercera semana de Cuaresma. Es la mitad del tiempo fuerte en el que el caminar del cristiano hacia el cielo, se hace más consciente y menos rápido. Un tiempo en el que algunos procuran dar sentido a la marcha manteniendo diálogo con el Señor que camina con nosotros a nuestro lado. Se hace el encontradizo. “Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle. Y les dijo: - ¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino?” (Lc 24,15-17)

Cantar los salmos del Tiempo facilita el diálogo: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? … Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, ¡oh Dios, Dios mío!” (salmo 41,1-3. 42,3-4). “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad; enséñame, porque Tú eres mi Dios y Salvador y en Ti espero todo el día. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; … acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor... El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes” (salmo 24, 4-6,8-9) “Oigo un lenguaje desconocido: “Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré. Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá” (salmo 80,6-8). “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado” (salmo 50, 3-4)

Una carta apostólica, al calor del hogar. Así escribía 12-13) Judas Tadeo, pariente de Jesús, “hermano de Santiago”, posiblemente antes del año 70: “Pero vosotros, queridísimos, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os conceda la vida eterna” (Jds 20-21. En el párrafo anterior había escrito: “Pero vosotros, queridísimos, acordaos de as palabras anunciadas por medio de los apóstoles de nuestro señor Jesucristo, que os decían: “En los últimos tiempos habrá quienes se burlen de todo y vivan según sus impías concupiscencias”. Éstos son los que crean divisiones, hombres meramente naturales, que no tienen Espíritu” (Tds 17-19). Y pocas líneas antes se refería a los impíos: “… son nubles sin agua, zarandeadas por los vientos, árboles de otoño, sin fruto, dos veces muertos y arrancados de raíz; olas bravías del mar que echan la espuma de sus torpezas; astros errantes a los que está reservado para siempre la oscuridad tenebrosa” (Jds 12-13). Y acaba así: Tratad con compasión a los que vacilan: a unos procurad salvarlos, arrancándolos del fuego; a otros tratadlos con misericordia, pero con precaución, aborreciendo hasta la túnica contaminada por su carne. Al que es poderoso para guardaros sin tropiezo y presentaros sin tacha y con júbilo delante de su gloria, al único Dios, Salvador nuestro, por medio de Jesucristo nuestro Señor, la gloria, la majestad, el imperio, y la potestad, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén” (Jds 22-25)

Una poesía litúrgica: “Gracias, porque al fin del día / podemos agradecerte/ los méritos de tu muerte / y el pan de la eucaristía, / la plenitud de alegría / de haber vivido tu alianza, / la fe, el amor, la esperanza, / y esta bondad en tu empeño / de convertir nuestro sueño / en una humilde alabanza.” (himno de Completas en el Tiempo Ordinario)

¿Has visto en qué “pequeñeces” está el amor humano? - Pues también en “pequeñeces” está el amor divino” (san Josemaría, “Camino” 824). “Me dices que sí, que quieres – Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? - ¿No? - Entonces, no quieres” (“Camino” 316)

Cuaresma

Cuaresma. Cuarta semana. Domingo “Laetare”. Hasta el color de la casulla, abandonado temporalmente el morado, avisa a los cristianos de este breve tiempo de alivio para suavizar el rigor propio de la amorosa preparación a la Pasión y Muerte de Jesucristo, en la que sacrificio, mortificación, purificación, desagravio, propósitos, arrepentimiento, son palabras que se refieren a actos de amor y de piedad de los hijos de Dios. “Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como es” (1 Jn 3,1-2)

Alegría en la tierra. “Así pues, también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si le pedís al Padre algo en mi nombre, os lo concederá. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre: pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa” (Jn 16,22-24). “Padre, ha llegado la hora… ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo, para que tengan mi alegría completa en sí mismos” (Jn 17, 13). Y también: “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les dijo: - Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre cualquier poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daños. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan, alegraos más bien de que vuestro nombres están escritos en el cielo” (Lc 10, 17-20).

Alegría en el cielo nuevo: “Y oí una voz, como de una inmensa muchedumbre, como el estruendo de caudalosas aguas y el estampido de fuertes truenos, que decían: ¡Aleluya! ¡Reinó el Señor, nuestro Dios omnipotente! Alegrémonos, saltemos de jubilo; demosle gloria, pues llegaron las bodas del Cordero y se ha engalanado su esposa; le han regalado un vestido de lino deslumbrante y puro: el lino son las buenas obras de los santos” (Ap. 19,6-8). “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: - Ésta es la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugara toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó” (Ap 21, 1-4)

Una carta de apóstol. “Alegraos siempre en el Señor,os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada al contrario, en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4,4-7)

Una poesía litúrgica. “Te damos gracias, Señor, / porque has depuesto la ira / y has detenido ante el pueblo / la mano que lo castiga. / Tú eres el Dios que nos salva, / la luz que nos ilumina, / la mano que nos sostiene / y el techo que nos cobija. / Y sacaremos con gozo / del manantial de la Vida / las aguas que dan al hombre / la fuerza que resucita. / Entonces proclamaremos: / ¡Cantadle con alegría! / ¡El nombre de Dios es grande; / su caridad, infinita. / ¡Que alabe al Señor la tierra ! / Cantadle sus maravillas. / ¡Qué grande en medio del pueblo / el Dios que nos justifica!” (himno de Vísperas en Cuaresma)

Cuaresma

Quinta semana de Cuaresma. En esta parte del camino hacia el cielo, sin decidirlo, acelera sus pasos el caminante, como si tuviera prisa y sin saber porqué. “La víspera de la fiesta de la Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara, como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la puso en la cintura. Después echó agua en una jofaina y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto en la cintura” (Jn 13, 1-5).

- De camino a la morada. “Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como les dije a los judíos: Adonde o voy, vosotros no podéis venir”, del mismo modo os digo ahra a vosotros. Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.” (Jn 13,33-35). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario, ¿os hubiera dicho que voya a preparaos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mi para que donde yo estoy estéis también vosotros. Y donde yo voy ya sabéis el camino. … Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida... nadie va al Padre sino a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto.” (Jn 14, 1-7)

- Con la Trinidad Santísima. “Si me amáis guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que este con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros… Si alguno me ama guardará mi palabra y me Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado todo esto estando con vosotros , pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Jn 14, 15-18. 23-26). “Vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría. Es día no me preguntaréis nada. En verdad , en verdad, os digo: si le pedís al Padre algo en mi nombre, os lo concederá. Hasta hora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y y recibiréis para que vuestra alegría sea completa” (Jn 16,22-24).

- De la oración de Jesús: “Padre, ha llegado la hora… Ahora, Padre, glorifícame Tú a tu lado con la alegría que tuve junto a Ti antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, Tú me los confiaste y ellos han guardado tu palabra… Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío y he sido glorificado en ellos… No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por su palabra; que todos sean uno como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 1.5-6. 9-10. 20-21)

- La Sagrada Eucaristía. “Mientras cenaban, Jesús tomó pan y después de pronunciar la bendición, lo partió, se los dio a sus discípulos y dijo: - Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: - Bebed todos de él, porque esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados… Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos” (Mt 26,26-28.30)

Semana Santa

Semana Santa. El cristiano puede seguirla cada día a la vista de los textos evangélicos. Desde la entrada triunfal en Jerusalén, el Domingo de Ramos. “Cuando se acercan a Jerusalén, Betfage y Betania, junto al monte de los olivos, envía dos de sus discípulos y le dice: Id a la aldea de enfrente y encontraréis enseguida un pollino atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traédmelo. Si alguien os dice ¿Por qué hacéis esto? Decid que el Señor lo necesita y pronto lo remitirá aquí … Ellos fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera en el camino. Lo empiezan a desatar y alguien de los que había allí les dice: ¿Qué hacéis desatando el pollino”. Ellos respondieron como les había dicho Jesús; y les dejaron. Llevan el pollino a Jesús, le echan sus mantos y se montó en él. Muchos extendieron también sus mantos sobre el camino. Otros, hierbas que cortaron de los campos. Los que iban delante y los que seguían gritaban: Hosanna: Bendito el que viene en nombre del Señor…” (Mc 11,1-18; cf. Jn 12,12-19). Ese día, al acercarse a la ciudad, Jesús lloró sobre ella (cf. Lc 19,41) y curó a ciegos y cojos en el Templo (cf. Mt 21,14-16). Unos gentiles querían verlo, se lo pidieron a Felipe y éste se lo dijo a Andrés. Jesús les dijo: “Ha llegado la hora en el que el Hijo del hombre va a ser glorificado” (cf. Jn 12,20-36). Jesús enseñaba en el Templo y “después, los dejó y salió fuera de la ciudad para Betania donde pasó la noche” (Mt 21,17).

Por la mañana (¿lunes?) cuando volvió a la ciudad sintió hambre. Vio junto al camino una higuera y fue a ella. Pero no encontró más que hojas y le dijo: - Nunca jamás lleves fruto. Y la higuera se secó en seguida” (Mt 21, 18-19). Llegó a Jerusalén, entró en el templo y echó a los que allí vendían y compraban y tiró las mesas de los cambistas y los puestos de vendedores de palomas (Mc 11,16). Y, al atardecer, salieron de la ciudad (Mc 11,19) y fue al monte de los Olivos (Lc 21,37).

Por la mañana (¿martes?), al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz… (Mc 11,20). Los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos le preguntan a Jesús con qué autoridad hacía estas cosas (cf. Mc 11,27-33). Y les dijo la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los renteros homicidas (cf. Mt 21,33-46), la de la boda del hijo del rey (Mt 22,1-14); les contesta sobre el tributo al César y sobre el matrimonio en el cielo y el primer mandamiento (Mc 12,13-34). Y exhorta a la vigilancia con otras parábolas: las diez vírgenes, los talentos. ¿El miércoles? “Dos días después era la Pascua y los Ácimos. Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte (Mc 14,1-2). En Betania, en casa de Simón el Leproso, mientras estaba cenando, Marta servía y María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costos que llevaba un frasco de alabastro y rompiendo el frasco (Mc 14) y ungió a Jesús los pies y se los enjugó con sus cabellos” (Jn 12).

El primer día de los ázimos (“jueves”), cuando se sacrificaba la Pascua dijeronle los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua? (Mc 14,12; Cf. Mt 26,17-19 y Lc 22,7-13). Cuando llegó la tarde, vino con los Doce. Sentados a la mesa y comiendo dijo Jesús: “En verdad os digo que no beberé del fruto de la vid hasta el día aquél en que lo beba de nuevo en el reino de Dios” (Mc 14,17-25, Mt 26,20-19, Lc 22,14-18). Pare recordar: el lavatorio de los pies, la despedida porque Jesús va al Padre, la promesa del Espíritu Santo, la oración de Jesús por si, por los apóstoles, por la Iglesia (cf Jn 13,33-38, Jn 14, 1-13, Jn 15,1-18.16,633. 17,1-26). Y, después de rezar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26,30, Mc 14,26, Lc 22,39, Jn 18,1).

La oración del Huerto, el prendimiento, la condena. Y la crucifixión: Las inolvidables siete palabras: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43), “Dijo Jesús a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí a a tu Madre” (Jn 19,27), “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15,34), “Tengo sed” (Jn 19-28), “Está cumplido” (Jn 19,30), “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46). Y Jesús dando una gran voz, expiró (Mc 15,37).

Pascua de Resurrección

¡Ha resucitado! ¡Feliz Pascua de Resurrección! El cristiano se felicita porque Dios que nos creó por amor, a la vista de que todos le fallamos en el amor, decidió hacerse como nosotros naciendo de la Inmaculada Virgen María y, por amor, vivir entre nosotros como niño, como joven, como hombre, trabajando, con las alegrías y las penas de la vida ordinaria, y por amor hasta el extremo, sufrir la Pasión y la Muerte en la Cruz. El cristiano revive tanto amor de Dios y su fe, hace segura la esperanza porque por amor, Jesús ha resucitado. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

Pues si los muertos no resucitan tampoco Cristo ha resucitado; pero si Cristo no ha resucitado vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados. E incluso los que han muerto en Cristo perecieron. Y si tenemos puesta la esperanza en Cristo sólo para esta vida, somo los más miserables de todos los hombres. Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de los que mueren” (1 Co 15,16-20).

Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de maña al día siguiente del sábado, llegaron al sepulcro cuando ya estaba saliendo el sol. Y se decían unas a otras: - Quien nos removerá la piedra de la entrada al sepulcro” (Mc 16,1-4). Y de pronto se produjo un gran terremoto porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestidura blanca como la nieva. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos” (cf. Mt 28,1-5).

Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una vestidura blanca, y se quedaron muy asustadas. Él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron. Pero marchaos y decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo” (Mc 16,57).

Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron al dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: - No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,8-10)

Entonces ellas se acordaron de sus palabras. Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los apóstoles. Y les pareció como un desvarío lo que contaban y no les creían” (Lc 24,8-11). Pero María Magdalena “echó a correr hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: - Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde los han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos” (Jn 20,2-9).

Jesús resucitado se apareció a los dos discípulos que iban a Emaús. Y a todos cuando estaban en el canáculo, primero sin estar Tomás, y a los ocho días cuando ya estaba con ellos. Y se apareció a Santiago en Jerusalén y a más de 500 (1 Co 15, 6-7). Y, en la pesca milagrosa de 153 peces grandes. Y, con seguridad, la primera vez estuvo con la Virgen María, su Madre y Madre nuestra.

Pascua de Resurrección

Segunda semana de Pascua. El camino del cristiano se hace entre canciones y alabanzas a Dios. Dios que es amor, que nos ama tanto como nadie puede amar. Y, acompañando a Jesús resucitado, tenemos puesta el alma en la nueva meta: Pentecostés. En el cielo no se descansa, porque la alegría del amor del Amor es eterna. Y a los caminantes la vida en esta etapa les parece que pasa volando. Cantamos a nuestra Madre: Reina del cielo, alégrate, aleluya. Porque el Señor a quien has merecido llevar, aleluya; ha resucitado según su palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros aleluya. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya; porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Lo dijo Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida, le dijo Jesús-; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25-26). “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar después de tres días” (Mc 8,31). “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días” (Mc 9,31). “Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará” (Mc 10,33-34)

Así se narró en la crónica de los primeros tiempos de la Iglesia: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido de Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con él después de su resurrección” (Hechos 10,38-41)

Y, en la carta del apóstol. “Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía y algunos ya han muerto. Luego se apareció a Santiago, y después a todos los apóstoles. Y, en último lugar, como a un aborto, se me apareció también a mi. Porque soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, ya que perseguí a la iglesia de Dios” (1 Co 15,3-9)

Vida en Cristo: “Hermanos: ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allí arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él en la gloria” (Col 3,1-4)

Y la poesía: “Ofrezcan los cristianos / ofrendas de alabanza / a gloria de la Víctima / propicia de la Pascua. / Cordero sin pecado / que a las ovejas salva, / a Dios y a los culpables / unió con nueva alianza. / Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida, / triunfante se levanta. / ¿Qué has visto de camjno, María, en la mañana? / A mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja. / ¡Resucitó de veras / mi amor y mi esperanza! / Venid a a Galilea, / allí el Señor aguarda; / allí veréis los suyos / la gloria de la Pascua. / Primicia de los muertos, / sabemos por la gracia / que está resucitado; / la muerte en ti no manda. / Rey vencedor, / apiádate de la miseria humana / y da a tus fieles parte / de tu victoria santa” (Secuencia de Pascua)

Pascua de Resurrección

Tercera semana de Pascua de Resurrección. La Pascua Florida de que hablaban los antiguos catecismos llena de alegría el corazón de los cristianos nada menos que durante cincuenta días, hasta la celebración de la Pentecostés. La palabra “aleluya” aflora espontánea en saludos y despedidas. Al dar gracias, al desagraviar; en la dedicación al trabajo de cada día, en el descanso; y al besar a nuestra Madre, la Virgen María: Reina del cielo, alégrate, aleluya! Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya! Resucitó como predijo, aleluya!

- Palabras evangélicas que nos habían asegurado la resurrección: “Le dijo Marta a Jesús: - Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, te lo concederá. Tu hermano resucitará, le dijo Jesús. Marta respondió: - Y a sé que resucitará en la resurrección, el último día. - Yo soy la Resurrección y la vida -le dijo Jesús-; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? - Sí, Señor - le contestó- Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo” (Jn 11,21-27). Y también: “En verdad, en verdad os digo que llega la hora y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán, pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. … No os maravilléis porque bien la hora en la que todos los los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida” (Jn 5, 25-29)

- Y los hechos. “Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y señales, que Dios realizó entre vosotros por medio de él, como bien sabéis, a éste, que fue entregado según el designio establecido y la presciencia de Dios, le matasteis clavándole en la cruz por manos de los impíos. Pero Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte, porque no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio … A este Jesús le resucitó Dios. Y de eso todos nosotros somos testigos.” (Hech 2,22-24, 32).

- Y la esperanza. “Después de eso apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del cordero! Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios diciendo: Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Y uno de los ancianos me dijo: Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabrás. Él me respondió: Esos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en el templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, nos hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de us ojos” (Ap 7, )

La poesía. “Porque anochece ya, / porque es tarde, Dios mío, / porque temo perder / las huellas del camino, / no me dejes tan solo / y quédate conmigo. / Porque he sido rebelde / y he buscado el peligro / y escudriñé curioso / las cumbres y el abismo, / perdóname, Señor, / y quédate conmigo. / Porque ardo en sed de ti / y en hambre de tu trigo, / ven, siéntate a mi mesa, / bendice el pan y el vino. / ¡Qué aprisa cae la tarde ! / ¡Quédate al fin conmigo” (himno de Vísperas para el Tiempo Pascual)

Pascua de Resurrección (Papa León XIV)

Cuarta semana de Pascua. Domingo del Buen Pastor. El cristiano camina animoso y alegre hacia el cielo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario: ¿os habría dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar de nuevo vendré y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy, estéis también vosotros” (Jn 14,2-3). “Padre quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que Tú me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 17,24). “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una voz fuerte procedente del trono que decía. - Esta es la morada de Dios con los hombres. Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo loa anterior ya pasó” (Ap. 211-4)

El cielo que nos espera. “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría, diciendo: - Señor, hasta los demonios se ns someten en tu nombre. Y Él les dijo: - Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre culquier poder del enemigo, de manera que nada podría haceros daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,17-20).

El relato apostólico. “Al ver aquello, Pedro dijo al pueblo: - Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este hombre por nuestro poder? El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis en presencia de Pilato, cuando éste había decidido soltarle. Vosotros negasteis al Santo, al Justo, y pedisteis que os indultaran a un homicida; matasteis al autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, éste que veis y conocéis, su nombre lo restableció, y la fe que viene de él le dio la completa curación ante vosotros. Ahora bien, hermanos, sé que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios cumplió lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería. Arrepentíos, por tanto, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados de modo que vengan del Señor los tiempos de la consolación.” (Hech 3,12-20)

Y los Padres. “Por el espíritu Santo se nos concede de nuevo la entrada en el paraíso, la posesión del reino de los cielos, la recuperación de la adopción de hijos; se nos da la confianza de invocar a Dios como Padre, la participación de la gracia de Cristo, el podernos llamar hijos de la luz, el compartir la gloria eterna y, para decirlo todo de una sola vez, el poseer la plenitud de las bendiciones divinas, así en este mundo como en el futuro” (san Basilio Magno “Sobre el espíritu Santo”, cap. 15, 35-36).

Poesía litúrgica. “La bella flor que en el suelo / plantada se vio marchita / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / De tierra estuvo cubierto, / pero no fructificó / del todo, hasta que quedó / en un árbol seco injerto. / Y, aunque a los ojos del suelo / se puso después marchita, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Toda es de flores la fiesta, / flores de finos olores, / más no se irá todo en flores, / porque flor de fruto es ésta. / Y, mientras su Iglesia grita / mendigando algún consuelo, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Que nadie se sienta muerto / cuando resucita Dios, / que, si el barco llega al puerto, / llegamos junto con vos. / Hoy la cristiandad se quita / sus vestiduras de duelo. / Ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo” (himno del Oficio de lectura)

Pascua de Resurrección

Quinta semana de Pascua. En el camino hacia el cielo, los cristianos se unen como Iglesia y cantan salmos: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad. ¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está su Dios”? Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de sus manos humanas. Bendito seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres” (salmo 113, 1-4, 15-16). “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas su criaturas. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad (salmo 144, 8-13). “Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. Sabed que el señor es Dios; que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades” (salmo 99, 1-3.5)

Pasan los días y los cristianos mantienen en el alma la alegría de la Resurrección. Ese andar presuroso les recuerda otras prisas por causa tan diferente, como se dice en el pasaje evangélico: “Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús se les adelantaba y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo. Tomó de nuevo consigo a los doce y comenzó a decirles lo que iba a suceder. - Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará” (Mc 10,32-34).

Los apóstoles. “Mientras hablaban ellos al pueblo se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos. Les prendieron y metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya había anochecido. Muchos de los que habían oído la palabra creyeron, y el número de los hombres llegó a ser de unos cinco mil… Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo, les respondió: - Jefes del pueblo y ancianos, si nos interrogáis hoy sobre el bien realizado a un hombre enfermo, y por quién lo hemos sanado, quede claro a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por él se presenta éste sano ante vosotros… Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y en todos había abundancia de gracia” (Hech 4,1-4. 8-10, 33)

Y adivinando en la espera, “Vi también unos tronos y en ellos se sentaron los encargados de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían rendido homenaje a la bestia ni a su estatua y no habían recibido la señal en ña frente eni en la mano. Éstos volvieron a la vida y reinaron con cristo mil años. El resto de los muertos no volvió a la vida hasta pasados los mil años. Ésta es la primera resurrección. Dichoso y santo al que le toca en suerte la primera resurrección; sobre ellos la segunda muerte no tiene poder: serán sacerdotes de Dios y de Cristo y serán reyes con él mil años…” (Apocalipsis 20,4-6)

Una poesía de la Liturgia de las Horas. “La muerte, en huida, / ya va malherida. / Los sepulcros se quedan desiertos. Decid a los muertos: / “¡Renace la vida, / y la muerte ya va de vencida!” / Quien le lloró muerto / lo encontró en el huerto, / hortelano de rosas y olivos. / Decid a a los vivos: / “¡Viole jardinero / quien le viera colgar del madero!” / Las puertas selladas / hoy son derribadas. / En el cielo se canta victoria. / gritadle a la gloria / que hoy son asaltadas / por el hombre sus “muchas moradas” (himno de Laudes en el Tiempo de Pascua)

Pascua de Resurrección

Sexta semana de Pascua. Los cristianos andan el camino de la vida hacia el cielo llenos de gozo, con la vista puesta en la meta feliz por toda la eternidad y en la mirada de Dios que, con los brazos y las manos abiertos. Permanentemente, les acompaña en su avance, en su descanso, en sus despistes, en sus caídas y al volver a levantarse para proseguir. Viviendo el cielo en la tierra, los deseos del futuro parecen hacerse reales ya.

Jesús prepara para el camino en la Resurrección. Las condiciones: “Y les decía a todos: -Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me diga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lc 9,23-24). El espíritu: “A vosotros, amigo míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os enseñaré a quién tenéis que temer: temed al que después de dar muerte tiene potestad para arrojar en el infierno. Sí, os digo, temed a éste. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno solo de ellos queda olvidado ante Dios. Aún más, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tengáis miedo; valéis más que muchos pajarillos” (Lc 12,4-7). Y la meta: “Entonces se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: - Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. Él les dijo: - ¿Qué queréis que os haga? Y ellos contestaron: - Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria. Y Jesús les dijo: - No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado? - Podemos, -le dijeron ellos. Jesús les dijo: - Beberéis el cáliz que yo bebo y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto. A oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. Entonces Jesús les llamó y le dijo: Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones, las oprimen y los poderosos las avasallan. No tiene que ser así entre vosotros; al contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos, porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos” (Mc 10,35-45)

Los apóstoles. “Los condujeron y presentaron al Sanedrín. El sumo sacerdote les interrogó: - ¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre? En cambio, vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre. Pedro y los apóstoles respondieron: - Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros matasteis colgándolo de un madero. A éste lo ensalzó Dios a su derecha, como Príncipe y Salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Y de estas cosas somos testigos nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a todos los que le obedecen. Al oír esto se estremecieron y querían matarlos” (Hech 5, 27-33)

Los cristianos. “Son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se haya esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo.” (de la Carta a Diogneto)

Poesía litúrgica. “Ésta es la hora / en que rompe el espíritu / el techo de la tierra, / y una lengua de fuego innumerable / purifica, renueva, enciende, alegra / las entrañas del mundo. / Ésta es la fuerza / que pone en pie a la Iglesia / en medio de las plazas / y levanta testigos en el pueblo, / para hablar con palabras como espadas / delante de los jueces. / Llama profunda, / que escrutas e iluminas / el corazón del hombre: / restablece la fe con tu noticia, / y el amor ponga en vela la esperanza, / hasta que el Señor vuelva” (Himno del Hora Intermedia. Tercia)

ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La Ascensión del Señor. No hay cristiano que no recuerde en su camino hacia el cielo las palabras de Jesús: “Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Se lo dicen unos a otros mientras suben y bajan las cuestas de la vida, y en los descansos: ¡Ha resucitado! Y está aquí con nosotros ¡hasta el fin del mundo! Sin faltar ni un instante, ningún día. Con nosotros.

El Nuevo Testamento. “Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y, mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24,50-52). “Los que estaban reunidos allí le hicieron esta pregunta. - Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? Él contestó: - No es cosa vuestra conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Y después de decir esto, mientras ellos le observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos” (Hech 1, 6-9). “El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16,19).

Loa salmos. “Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con voces de júbilo! Porque el Señor es el Altísimo, temible. El gran Rey de toda la tierra… Dios sube entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas. Cantad himnos a nuestro rey, cantad. Que Dios es el rey de toda la tierra, cantadle el himno más bello. Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono” (salmo 47). “Como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios. ¡Dios la ha fundado para siempre! Meditamos, oh Dios, en tu misericordia en medio de tu Templo. Como tu Nombre, oh Dios, así suena tu alabanza hasta los confines de la tierra. Tu diestra rebosa de justicia” (salmo 48). “Oh Dios, Tú eres mi Dios, el alba que busco, mi alma tiene sed de Ti, por Ti mi carne desfallece, en tierra desierta y seca sin agua. Por eso te contemplo en el Santuario, para ver tu poder y tu gloria. Tu misericordia vale más que la vida, mis labios ta alabarán. Así te bendeciré toda mi vida, a tu Nombre alzaré mis manos” (salmo63)

Los Padres. “Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él por la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él. No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo”. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros por él, hemos sido hechos hijos de Dios” (san Agustín, sermón Mai 98)

Y la poesía. “¿Y dejas, Pastor santo, / tu grey en este valle hondo, oscuro, / en soledad y llanto; / y tú, rompiendo el puro / aire, te vas al inmortal seguro? / Los antes bienhadados / y los ahora tristes y afligidos, / a tus pechos criados, / de ti desposeídos, / ¿a dónde volverán ya sus sentidos? / ¿ Qué morarán los ojos / que vieron de tu rostro la hermosura / que n les sea enojos? / Quien gustó tu dulzura / ¿qué no tendrá por llano y amargura? / Y a este mar turbado / ¿quién le pondrá ya freno? ¿quién concierto / al fiero viento airado, / estando tú a cubierto? / ¿Qué norte guiará la nave al puerto? / Ay, nuble envidiosa / aun de este breve gozo, ¿qué te quejas? / ¿Dónde vas presurosa? / ¡Cuán rica tú te alejas! / ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!” (Himno de I Visperas)

PENTECOSTÉS

Pentecostés. El anuncio. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros” (Jn 14, 15-18). “Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis apalabras; y la palabra que escucháis no es mía sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado de todo esto estando con vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Jn 14, 23-26). “Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo” (Jn 15, 26-27). “Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adonde vas? Pero porque os he dicho esto vuestro corazón se ha llenado de tristeza; pero yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré” (Jn 16,5-7)

La Pascua. “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén los judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban: - ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno os oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hech 2,1-10)

Apóstoles. “Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1Co, 12, 3-7,12-23)

Secuencia. “Ven Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo. / Padre amoroso del pobre; / don, en tus dones espléndido; / luz que penetra en las almas; / fuente del mayor consuelo. / Ven, dulce huésped del alma, / descanso de nuestro esfuerzo; / tregua en el duro trabajo, / brisa en las horas de fuego, / gozo que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos. / Entra hasta el fondo del alma, / divina luz, y enriquécenos, . Mira el vacío del hombre, / si tú le faltas por dentro; / mira el poder del pecado / cuando no envías tu aliento. / Riega la tierra en sequía, / sana el corazón enfermo, / lava las manchas, / infunde calor de vida en el hielo, / doma el espíritu indómito, / guía al que tuerce el sendero. / Reparte tus sietes dones / según la fe de tus siervos; / por tu bondad y tu gracia, / dale al esfuerzo su mérito, /salva qle que busca salvarse / y dale tu gozo eterno.”

SANTÍSIMA TRINIDAD

La Santísima Trinidad. Aunque después de Pentecostés empieza el Tiempo Ordinario, que dura hasta Cristo Rey y empieza el Adviento, los cristianos tenemos una estupenda transición con solemnes celebraciones: la Santísima Trinidad, un domingo primero, y el Corpus Christi, en el domingo siguiente. La liturgia regala festividades, en dos días seguidos, viernes y sábado, que llenan de amor el alma de cada cristiano: el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Y es que vivimos lo que sabemos: “ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro (Rm 8,38-39)

- “Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dije: Recibe de lo mío y os lo anunciará” (Jn 16,13-15)

- “Hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud esperanza y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,4-5)

- “Y esta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la Unidad. Sin confundir las Personas, ni separar la substancia. Porque una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola dividad, les corresponde igual gloria y majestad eterna. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno. De la misma manera no son tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso. Igualmente omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y sin embargo no son tres omnipotentes, sino un omnipotente. Del mismo modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Sin embargo no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor. Y sin embargo no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada Persona es Dios y Señor, la religión católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses o Señores. El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado. El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho ni creado, ni engendrado, sino procedente. Por tanto, hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en esta Trinidad no hay anterior o posterior, nada mayor o menor, pues las tres Personas son coeternas e iguales entre sí. De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad” (Quicumque, Símbolo atanasiano, 3-25)

Te está cantando el martillo / y rueda en tu honor la rueda. / Puede que la luz no pueda / librar del humo su brillo. / ¡Qué sudoroso y sencillo / te pones a mediodía, / Dios en la dura porfía / de estar sin pausa creando, / y verte necesitando / del hombre más cada día! / Quien diga que Dos ha muerto / que salga a la luz y vea / si el mundo es o no tarea / de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto / ni en la montaña se esconde; / decid si preguntan dónde, / que Dios está -sin mortaja- / en donde un hombre trabaja /y un corazón le responde” (Hora Sexta, del Tiempo Ordinario)

CORPUS CHRISTI

El Corpus Christi, El Cuerpo y la Sangre de Cristo. La semana grande que pone fin a solemnidades y fiestas, aunque el Tiempo Ordinario se retomó después de Pentecostés. Pero los cristianos aprovechan todas las ocasiones que son propicias para anticipar el sentimiento de lo que podría ser “vuestra alegría sea completa” (Jn 15,11, 16,24, 17.13), en palabras de Jesús. Y, así, celebramos el Sagrado Corazón de Jesús, el viernes, y el Inmaculado Corazón de María, el sábado. Y nos alegramos con festividades como la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y con la Natividad de san Juan Bautista, San Josemaría, hasta alcanzar a la fiesta de san Pedro y san Pablo, apóstoles.

- Eucaristía. “Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». Los judíos murmuraban de él porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?». Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.” (Jn 6, 35-59)

- “La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. Es Dios, engendrado de la misma sustancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la sustancia de su Madre santísima en el tiempo. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana. Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos Cristos, sino un solo Cristo. Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de sustancia, sino en la unidad de la persona. Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre. Que padeció por nuestra salvación: descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.” (“Quicumque”, Símbolo atanasiano, 28-37)

¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y … no me he vuelto loco? (Camino 425)

TIEMPO ORDINARIO

San Josemaría fue definido como “el santo de lo ordinario” (Discurso de Juan Pablo II, el 7 de octubre de 2002, en Roma, a los peregrinos con motivo de la canonización). Para el cristiano, cada año, en estos días en que se retoma el Tiempo Ordinario litúrgico que dura hasta Cristo Rey, se vive el camino hacia el cielo que es la vida como el tiempo de la vida corriente. Y en el alma se reviven palabras meditadas, escuchadas, leídas tantas veces.

- Palabras de Jesús. “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.” (Mt 6,8-34)

- Vida corriente. Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…” (Camino 194). “Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición” (Camino 196). “Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces el día: - Porque te da esto y lo otro – Porque te han despreciado. - Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre que es también madre tuya. - Porque creó el sol y la luna y aquel animal y aquella otra planta. - Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso… Dale gracias por todo, porque todo es bueno” (Camino 268). “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes” (Camino 755)

TIEMPO ORDINARIO

Camino hacia el cielo. Mucho calor. Etapas duras, a veces cuesta arriba, otras con tropiezos y caídas, que los cristianos pueden aprovechar para repetirle a Dios que está a su lado: “Que te quiera. Que te quiera mucho. Que te quiera más. Que te quiera como Tú quieres que te quiera”. Dios nos ama, desde siempre y para siempre: “No temas, que te he redimido y te he llamado por tu nombre: tú eres mío... Yo soy quien borra tus delitos por Mí mismo, y no recordaré tus pecados” (Is 43,1.25). “El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado. ¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aunque ellas se olvidaran Yo no te olvidaré!” (Is 49,14-15). “Como a un niño a quien su madre consuela así os consolaré yo” (Is 66,13)

- “La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (Jn 13,1). “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13,34-35). “Si me amáis guardaréis mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros… El que acepta mis mandamientos y los guarda ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amará y yo mismo me manifestaré a él” (Jn 14,15-17.21)

- “Dios es amor (1Jn 4,8 y 16)” En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros… En esto alcanza el amor su perfección en nosotros, en que tengamos confianza en el día del Juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. Y nosotros amamos porque Él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios” y, aborrece a su hermano, es un mentirosos; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, que ame también a su hermano” (1Jn, 4,10 y11.17-21).

- Consejos: “1) Hable poco y en cosa que no es preguntado no se meta; 2) Siempre procure traer a Dios presente y conservar en sí la pureza que Dios le enseña. 3) No se disculpe ni rehúse ser corregido de todos: oiga con rostro sereno toda reprensión; piense que se lo dice Dios. 4) Viva como si no hubiese en este mundo más que Dios y ella para que, para que no pueda su corazón sr detenido por cosa humana. 5) Tenga por misericordia de Dios que alguna vez le digan alguna buena palabra, pues no merece ninguna. 6) Nunca deje derramar su corazón, aunque sea por un credo. 7) Nunca oiga flaquezas ajenas, y si alguna se quejare a ella de otra, podrále decir con humildad no le diga nada. 8) No se queje de nadie, no pregunte cosa alguna, y si le fuere necesario preguntar sea con pocas palabras. 9) No rehúse el trabajo, aunque le parezca no lo podrá hacer. Hallen todos en ella piedad. 10) No contradiga; en ninguna manera hable palabras que no vayan limpias. 11) Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos. 12) No niegue cosa que tenga, aunque la haya menester. 13) Calle lo que Dios le diere y acuérdese de aquel dicho de la Esposa: “Mi secreto para mí”. 14) Procure conservar el corazón en paz, no le desasosiegue ningún suceso de este mundo, mire que todo se ha de acabar. 15) No pare mucho ni poco en quién es contra ella o con ella, y siempre procure agradar a su Dios. Pídale se haga en ella su voluntad. Amele mucho, que se lo debe” (san Juan de le Cruz, “Avisos y sentencias” 61)

Tiempo ordinario

En esta semana quince del Tiempo Ordinario muchos cristianos, en el caminar hacia el cielo que es nuestra vida, andaremos con la alegría del corazón que sentimos en las fiestas de la Virgen María, nuestra Madre. La Virgen de Carmen y vestir el santo escapulario orientan nuestros pasos, consuelan en nuestra penas y disgustos, animan a seguir y a ser mejores en lo que debe ser camino de amor, porque Dios es amor y Él “no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17,27-28)

- Amar. “En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. Él respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”. Él le dijo: “Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida” (Lc 10,25-28)

- Convivencia. “Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.” (Rm 12,9-21)

- “Oh tú que caminando por este miserable valle de lágrimas, andas zozobrando entre las tempestades del mundo, si no quieres verte sumergido entre las olas, no apartes jamás los ojos de esta brillante y luminosa estrella! Si se levanta el huracán de las tentaciones, si tropiezas contra los escollos de la tribulación, mira la estrella, llama a María. Si eres combatido por las olas del orgullo, de la ambición, de la maledicencia, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la cólera, la avaricia o los estímulos de la carne arrastran la navecilla de tu alma, vuelve tus ojos hacia María. Si te turba el horror de tus pecados, si la conciencia se estremece a la vista de su gravead y número; si el temor de los terribles juicios de Dios te inducen a la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María. No se aparte su nombre de tus labios ni de tu corazón; y si quieres que ella ruegue por ti, procura imitar sus ejemplos. Siguiéndola, no te desvías; rogándole no desesperas; contemplándola, no yerras. Si Ella te protege, no temas, con su apoyo no caerás, si Ella te guía, no te cansarás; si Ella te es propicia, llegarás finalmente al puerto.” (san Bernardo. Evang. “Missus est”)

¿Quién eres tú mujer, que, aunque rendida / al parecer, al parecer postrada, / no estás en los cielos ensalzada, / no estás sino en la tierra preferida? / Pero, ¿qué mucho, si del sol vestida, / qué mucho, si de estrellas coronada, / vienes de tantas luces ilustrada, / vienes de tantos rayos guarnecida?/ Cielo y tierra parece que, a primores, / se compitieron con igual desvelo, / mezcladas sus estrellas y sus flores; / para que en ti tuviesen tierra y cielo, / con no sé qué lejanos resplandores / de flor del sol plantada en el Carmelo” (Laudes en la Virgen del Carmen)

Tiempo ordinario

El Tiempo Ordinario se hace tiempo de familia para los cristianos. Porque Patria es familia paterna y patrimonio común de los parientes, celebramos a Santiago, apóstol, patrono de España, nuestra patria. Toda la prehistoria y la historia de nuestras gentes y nuestras tierras la considera el cristiano bajo la mirada de Dios, Señor de la Historia, desde las manos de Jesús, Redentor de todos y cada uno, porque vino a redimir, a salvar y amparados en la protección del Espíritu Santo que ha derramado sus dones sobre nosotros: don de sabiduría, don de entendimiento, don de consejo, don de fortaleza, don de ciencia, don de piedad y don de temor de Dios (CIC 1831). Y celebramos también a santa María Magdalena, como apóstol, y a san Joaquín y santa Ana, los padres de la Virgen María, los abuelos maternos del Niño Jesús. ¡Que alegría en el cielo!

- “Y les decía a todos: Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. Porque ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la de su Padre y en la de los santos ángeles” (Lc 9,23-27; cf. Mt 16,24). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida la encontrará” (Mt 10,37-3). “Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30)

- “Hermanos, si a alguien se le sorprendiera en alguna falta, vosotros que sois espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, fijándote en ti mismo, no vaya a ser que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí ismo. Que cada uno examine su propia conducta y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que levar su propia carga. Que el discípulo comparta toda clase de bienes con el que le instruye. No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá: el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción, y el que siembre en el Espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto.” (Gal 6,19)

- “Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas. ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti. (san Agustín “Confesiones”, 18,27)

Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo. Que ames a Cristo. Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado por lo menos, vivir la primera?” (“Camino”, del 382)

Tiempo Ordinario. Fin de curso escolar

El calor, la calor y las calores, son grados en la tierra de María Santísima. ¡Ánimo!

El curso se acaba. Es tiempo de descanso, de rearmarse de fuerzas en el cuerpo y en el espíritu. El cristiano encuentra motivo de meditación, de adoración a Dios; de acción de gracias, por el curso acabado, por la vida recibida y sostenida; de petición, para cada uno, para los cercanos, para los lejanos, para los contrarios, para el que lo necesite, sea quien sea. Manteniendo la costumbre en el blog, sigue aquí la poesía del Padre Alarcón S.I. que reprodujo el Padre Coloma S.I., con texto en prosa intercalado, en su obra “Pequeñeces”, en el pasaje en el que, en una distribución de premios escolares, un niño recitaba una poesía a la Virgen. Adaptemos las palabras a cada uno. Pensando.

- “Dulcísimo recuerdo de mi vida, / bendice a los que vamos a partir. / ¡Oh, Virgen del recuerdo dolorida, / recibe tú mi adiós de despedida, y acuérdate de mí!... / Lejos de aquestos tutelares muros, / los compañeros de la edad feliz / no serán a tu amor perjuros; / conservarán sus corazones puros; / ¡Se acordarán de ti! / Mas siento al alejarme una agonía / cual no la suele el corazón sentir…/ En palabras de niño ¿quién confía? / Temo… no sé qué temo, Madre mía, / por ellos y por mí…” Estos cortes circunstanciales en la rutina vital permiten recordar tiempos pasados en los que la fe, la piedad, la relación con Dios era intensa, amable, cordial. Conviene sacar ánimos de ahí.

- “Dicen que el mundo es un jardín ameno / y que áspides oculta ese jardín… / que hay frutos dulces de mortal veneno… / que el mar del mundo está de escollos lleno… / Y ¿por qué estará así? / Dicen que por el oro y los honores / hombres sin fe, de corazón ruín, /secan el manantial de sus amores, / y a su Dios y a su Patria son traidores… ¿Por qué serán así? / Dicen que de esta vida los abrojos / quieren trocar en mundanal festín; / que ellos, ellos motivan tus enojos, / y que ese llanto de tus dulces ojos/ lo causan ellos, ¡sí! / Ellos, ¡ingratos!, de pesar te llenan… / ¿Seré yo también sordo a tu gemir? / ¡No! ...; yo no quiero frutos que envenenan, / no quiero goces que a mi Madre apenan, / ¡no quiero ser así! / En los escollos de esta mar bravía / yo no quiero sin gloria sucumbir; / yo no quiero que llores por mí un día, / yo no quiero que llores, Madre mía… / ¡No quiero ser así!” Quizá nuestra experiencia vital empieza aquí, recordando tiempos de olvido de Dios, de alejamiento de Dios. También esa poesía de niño puede animarnos.

- “Y mientras yo responda a tu reclamo, / mientras me juzgue con tu amor feliz, / y ardiendo en este afecto en que me inflamo / te diga muchas veces que te amo, / ¿te olvidarás de mí? / ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida! / Siempre que luche en poderosa lid, / siempre que llore mi alma dolorida, / al recordar mi adiós de despedida / ¡Te acordarás de mí! / Y en retorno de amor y fe sincera, / jamás sin tu recuerdo he de vivir: / tuya será mi lágrima postrera… / Hasta que muera, Madre, hasta que muera, / me acordaré de ti!” Así, con ese arrojo juvenil, aún en la edad madura, es tiempo de propósitos, de animarnos unos a otros, la mejor inversión: ¡el ciento por uno!

- “Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo / de alzar el vuelo al celestial confín, / estrechándome a ti con dulce abrazo, / no me apartes jamás de tu regazo, / ¡no me apartes de ti!”. No hay mayor seguridad que ir a Jesús de la mano de la Madre.

Unos a otros, todos nos deseamos un feliz descanso. Un “seguir sin parar” más pausado. (como es tradición en el blog “El hecho imponible”, este texto se repite literalmente cada año al acabar el curso académico).

A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María” (Camino 495)

Agosto

Jesús nos habla con parábolas. Se entienden bien, enseñan mucho. Debemos leerlas con atención y meditar sobre qué nos dicen. Es una preciosa “tarea de vacaciones” en agosto. Escuchar a Jesús.

- “Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga»… Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mt 13, 1-9, 18-23).

- Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”»… Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.” (Mt 13,24-30,36-43)

Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta»... El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».” (Mt 13,31-33,44-51)

Agosto

Jesús está con cada uno de nosotros, siempre, en todo momento. Nos acompaña, nos espera, se queda con nosotros. La presencia de Dios es presencia de quien más nos quiere. No hay más Amor.

- “«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”». (Lc 14,16-24)

- “Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta” (Lc 15,1-10)

- “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”» (Lc 15, 4-32)

Agosto

Estar con Dios que es Padre. Vivir de continuo con Jesús que es Dios y hombre. Sentir que el Espíritu Santo nos acompaña, nos aconseja, nos anima y nos consuela. Estar con Dios, no hay más.

- El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. Y en cuanto está a punto el fruto enseguida mete la hoz , porque ha llegado la siega” (Mc 4,26-29). “Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto. Y se puso a pensar para sus adentros: ¿qué puedo hacer, ya que no tengo donde guardar mi cosecha? Y se dijo: “Esto haré, voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces le diré a mi alma: “Alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta noche te van a a reclamar el alma; lo que has preparado ¿para quién será? Así ocurrirá al que atesora para sí y no es rico para Dios” (Lc 12,16-21)

-”Un hombre tenía una higuera `plantada en su viña y fue a buscar en ella fruto y no lo encontró. Entonces le dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto dse esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? Pero él le respondió: Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, por si produce fruto, si no, ya la cortarás” (Lc 13, 6-9)

- “Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí mucho tiempo. A su debido momento envió un siervo a los labradores para que le dieran el fruto de la viña. Pero los labradores, después de golpearlo, lo despacharon con las manos vacías. Y volvió a enviarles otro siervo. Pero ellos lo golpearon y lo ultrajaron y lo despacharon con las manos vacías. Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos lo hirieron y lo echaron. Dijo entonces el amo de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él lo respetarán” pero los labradores al verlo comentaron entre ellos. “Éste es el heredero; lo mataremos para que sea nuestra su heredad. Y lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el amo de la viña? Vendrá, exterminará a esos labradores y entregará la viña a otros” (Lc 20,9-16). “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero le mandó: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Pero él le contestó: “No quiero”. Sin embargo se arrepintió después y fue. Se dirigió entonces al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: “Voy, señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? - El primero, dijeron ellos” (Mt 21,28-30)

- “Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos» (Mt 20,1-16)

Agosto

Todos, Tú y yo, tenemos la oportunidad de hablar con Dios; en todo momento, en cualquier momento. Dios -¡Dios!- no espera, nos escucha y nos atiende. Dios nos quiere más que nadie.

Uno de los comensales dijo a Jesús: “¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!”. Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”»” (Lc 14,15-24)

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (Lc 16,19-31)

- “Mientras estaban oyendo estas cosas, les añadió una parábola porque él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que le Reino de Dijo se manifestaría enseguida. Dijo pues., pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.” (Lc 19,11-26)

Agosto

Poner a Jesús en la continuidad de nuestra vida, en toda ocasión en cada instante, es vivir con la seguridad que da la confianza de tener a Dios como Padre, como Hermano, como Amigo.

- “Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».” (Mt 20,1-16). “Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. (Mt 18,23-35)

- “Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora». (Mt 25,1-13). “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.” (Lc 18,10-14)

Tiempo Ordinario

Como en todas las familias son fiestas que se celebran con alegría desbordada. Los cristianos celebramos en la primera quincena de septiembre las fiestas de nuestra Madre, la Virgen María, Madre de Dios. El día 8 la Natividad de la Niña María y el día 12 su Dulce Nombre. Son muchísimas las advocaciones que se celbran con motivo de esas fechas: el día 8, Nuestra Señora de los Llanos, de Meritxell, del Pino, de la Peña, de la Fuensanta, de la Cinta, de la Victoria, de Montserrate, de Covadonga, de san Lorenzo, de Nuria, del Coro, de Soterraña, de Arrate; el día 9, Nuestra Señora de Aránzazu; el día 11, Nuestra Señora de la Cueva Santa; el día 12, Nuestra Señora de Estíbaliz, Nuestra Señora de Lluc. Y como María, la Madre de Dios, la Madre de Jesús, nuestra Madre, es corredentora, la quincena concluye el domingo, 14 de septiembre con la Exaltación de la Santa Cruz, y el lunes, 15, en que nos unimos a Nuestra Señora de los Dolores y bajo tántas advocaciones: de las Angustias, del Camino, de la Soledad, de la Bien Aparecida. ¡Cuánto amor y cuánta alegría en los corazones de los cristianos! Las jaculatorias, muchas, se escapa del corazón: Mater pulchrae dilectionis filios tuos adiuba, Madre del Amor Hermoso ayuda tus hijos; Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!, Dulcísimo Corazón de María, prepara un camino seguro, para que lleguemos al cielo. Y nos quedemos allí para siempre, en la Comunión de los Santos.

Así dice el Señor: - Pero tú Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel” (Miqueas 5,1).

- En la Natividad. “Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día: Cielo y tierra se reúnen en esta celebración, y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por encima del mundo. Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor” (san Andrés de Creta, obispo, del sermón 1)

Hoy nace una clara estrella, / tan divina y celestial, / que con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella. / De Ana y de Joaquín, oriente / de aquella estrella divina, / sale la luz clara y digna / de ser pura eternamente: / el alba más clara y bella / no le puede ser igual, / que, con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella. / No le iguala lumbre alguna / de cuantas bordan el cielo, / porque es el humilde suelo / de sus pies la blanca luna: / nace en el suelo tan bella / y con luz tan celestial, / que , con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella.” (Laudes, en la Natividad de la Santísima Virgen María)

- Junto a la Cruz. “En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después de que aquel Jesús -que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo- hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mañl alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto la punzada del dolor atravesó tu alma y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal” (san Bernardo, abad, del sermón de la infraoctava de la Asunción)

Señora, santa María, / déjame llorar contigo, / pues muere Dios y mi amigo, / y muerta está mi alegría. Y, pues os dejan sin Hijo, / dejadme ser hijo vuestro / ¡tendréis mucho más que amar, / aunque os amen mucho menos” (Vísperas, en Nuestra Señora la Virgen de los Dolores)

Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario. Septiembre. “Ad lucem, per crucem”. Así es el camino del cielo: a la luz se llega por la cruz. Así lo dijo Jesús: “Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida , la perderá, pero el que pierda su vida por mí ése la salvará” (Lc 9,23; cf. Mt 16,24 y Mc 8,34). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,38). Y, así, cada día, cada etapa del camino hasta llegar al cielo: “ Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!” (Mt 7,13-24). “Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselos a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme. Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús les dijo entonces a sus discípulos: - En verdad os digo difícilmente entrará un rico en el cielo Reino de los Cielos. Es más os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de los cielos”.

Per aspera ad astra” (por las dificultades se va a las estrellas) es frase que se atribuye a Séneca el Joven que también utilizó la variante” “Non est ad astra malis e terris vía” (no hay un camino fácil de la tierra a las estrellas”). Y para los cristianos san Pablo lo explica claramente: “Porque el mensaje de la cruz es necedad para los se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. Pues está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé la prudencia de los prudentes”. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el investigador de este mundo? ¿No hizo Dios necia la sabiduría de este mundo? Porque, como en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de la sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes, por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden signos, los griegos buscan sabiduría; nosotros predicamos a cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados, judíos y griegos, predicamos a Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Co 1,18-25)

Y en Jesús está el consuelo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas coas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6, 33-34). “Venid a mi todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y prended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). “Y todos revestíos de humildad en el trato mutuo, porque: “Dios resiste a los soberbios y a los humildes de la gracia”. Humillaos, por eso, bajo la mano poderosa de Dios, para que a su tiempo os exalte. Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones porque Él cuida de vosotros. Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos. Y, después de haber sufrido un poco, el Dios de toda gracia, que os ha llamado en cristo a su eterna gloria, os hará idóneos y os consolidará, os dará fortaleza y estabilidad.” (1 Pe 5,5-10). “Y a vosotros, que estabais muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso y que canceló clavándolo en la cruz” (Col 2, 13-14)

- “Haz que su cruz me enamore/ y que en ella viva y more/ de mi fe y amor indicio; / porque me inflame y encienda / y contigo me defienda / en el día del juicio” (secuenc. Virgen de los Dolores)

Tiempo Ordinario

En la semana 25 del Tiempo Ordinario los cristianos celebran fiestas entrañables. Empezando por san Mateo, apóstol y evangelista, patrono de Oviedo, el día 21 de septiembre, y siguiendo, el dí 23, por san Pío de Pietrelcina, presbítero, y san Cosme y san Damián, los santos médicos, patronos de Abarán en Murcia y san Vicente de Paúl, presbítero, el día 27. Y en Barcelona y en Segovia, se celebra con alegría, Nuestra Señora de la Merced, el dí 24, y nuestra Señora de la Fuencisla, el 25. Es una semana alegre como lo cantan los salmos de: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: “El Señor ha estado grande con ellos”. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir iban llorando, llevando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (salmo 126,1-6).

- “Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a que habéis sido llamados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo” (Ef 4,2-7). “Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo as necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Tened los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejaros llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándoos a las cosas humildes. No os tengáis por sabios ante vosotros mismos. No devolváis a nadie mal por mal; buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios.” (Rm 12, 9-10). “Estad atentos para que nadie devuelva mal por mal; al contrario, procurad siempre el bien mutuo y el de toso. Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5,15-22)

- “Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3,20). “Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para comer con nosotros y nosotros con él, porque el don de su amor habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en esto deseos como en un manjar sabrosísimo” (san Veda el Venerable, homilía en san Mateo)

- “El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera./ En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino; / todo lo puede en él quien nada puede” (Hora Intermedia del viernes II). Un consejo:¿Quieres de verdad ser santo? Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino 815)

Tiempo Ordinario

Ya en el otoño astronómico y meteorológico (1 y 22 de septiembre), el Tiempo Ordinario litúrgico regala a los cristianos una semana llena de alegrías para la vida espiritual: los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel el día 29, los Ángeles custodios, de cada uno, el día 2; y santos de popular devoción: santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones e inspiradora de la infancia espiritual, san Francisco de Borja S.I. (“Nunca más servir a señor que se pueda morir” cuando murió la emperatriz Isabel de Portugal) el día 3, y san Francisco de Asís, el día 4. “Ten confianza con tu ángel custodio – Trátalo como un entrañable amigo -lo es- y el sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día” (“Camino” 562) . Y saludamos de corazón al ángel de la persona que está con nosotros.

Dios con nosotros:. “Señor, Tú me sondeas y me conoces. Tú sabes cuando me acuesto y me levanto. De lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso. Todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi boca y tú, Señor, ya la sabes. Me ciñes detrás y delante, me cubres con tu mano. Tanto saber ms sobrepasa, es sublime y no lo abarco. ¿Dónde iré lejos de tu aliento? ¿Dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Si subo en las alas de la aurora y habito en los confines del mar, también allí me guiará tu mano y me atrapará tu diestra. Si digo: Que la tiniebla me cubra. Que la noche se haga en torno a mí. Ni la tiniebla es oscura para Ti, la noche es clara como el día. Tú has formado mis entrañas, me has plasmado en el vientre de mi madre. Te doy gracias porque me has hecho como un prodigio: tus obras son maravillosas, bien lo sabe mi alma. No se te ocultan mis huesos cuando en secreto iba yo siendo hecho; cuando era formado en lo profundo de la tierra. Todavía informe, me veían tus ojos, pues todo está escrito en tu libro, mis días están todos contados, antes de que ninguno existiera. Qué profundos son para mi tus pensamientos, Dios mío, qué grande es su número. Si pudiera contarlos son más que las arenas, si llegara hasta el fin, aún estaría contigo ...” (salmo 138)

En el camino con Jesús. “Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos: esta es la Ley y lo Profetas”. “No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, se os juzgará, y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? O ¿cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que saque la mota tu ojo” cuando tú tienes una viga en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano”. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá” (Mt 7,12.1-5, 7-8)

La convivencia. “ Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia., de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros. Sobre todo revestíos con la caridad que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos” (Col 3,12-15).“La caridad es paciente, la caridad es amable, no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7).

¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor – Enamórate, y no “le” dejarás (Camino, 999)

Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario. Camino otoñal en la subida hacía el final del año litúrgico allá por los últimos días de noviembre. Y qué mejor ambiente que el rezo del Rosario y el canto a la Virgen María, nuestra Madre. Es una buena invocación decir hablando la letra de la conocida canción: “Mientras recorres la vida tú nunca solo estás. Contigo por el camino Santa María va. - Ven con nosotros a caminar. Santa María ven”.

También los salmos nos ayudan. Y los podemos recordar como haciendo una oración, cristiano junto a cristiano: “Venid, clamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos en su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. / Entrad, postrémonos por tierra bendiciendo al Señor creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía” (salmo 94, 1-2, 6-7). “Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. / Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos su preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud” (salmo 110 1-2, 7-8). “Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, a que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti. / Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica” (salmo 85, 3-6).

Nos esperan buenos recibimientos: “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Él les dijo: .- Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre cualquier poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,17-20). Y también, porque tenemos esperanza: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. Y, levantándose, se pudo en camino hasta la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos…” (Lc 15,18-21). Y hasta el final: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

Consejos. “Los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley… Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí mismo. Que cada uno examine su propia conducta y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que llevar su propia carga… No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto” (Ga 5,22. 6,2-5.9). “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada; al contrario, en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias.” (Flp 4,4-7)

Poesía: “El dolor extendido por tu cuerpo, / sometida tu alma como un lago, / vas a morir y mueres por nosotros / ante el Padre que acepta perdonándonos. / Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele / tu agonía en el mundo, en tus hermanos. / Que hay hambre, ese resumen de injusticias; que hay hombre en el que estás crucificado. / Gracias por tu palabra que está viva, / y aquí la van diciendo nuestros labios; / gracias porque eres Dios y hablas a Dios / de nuestras soledades, nuestros bandos. / Que no existan verdugos, que no insistan; / rezas hoy con nosotros que rezamos. / Porque existen las víctimas, el llanto” (Vísperas, viernes II Tiempo Ordinario)

Tiempo Ordinario

Octubre. Mes del Rosario. Mes mariano porque esa corona de oración es perfume espiritual que llena cada día del amor a Dios por María y a María para Jesús. En la mente y en los labios de cada orante se nota el parón en cada avemaría: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ... ahora… y … en la hora de nuestra muerte”. Y, en cada misterio, rezado o recordado y ponderado, se revive el diálogo con nuestra Madre. Porque, “Madre quiere decir amor, cariño, preocupación por sus hijos, miradas dulces, tiernas caricias, sacrificios, beneficios sin cuenta para nosotros”, como reza la sabatina marista que repetíamos en los años de colegio.

También san Lucas, cuya fiesta celebramos el 18 de octubre, es un referente mariano con la lectura, proclamación, consideración de su evangelio, que contiene los pasajes de la Anunciación a la Virgen y la Encarnación del Hijo de Dios (Lc 1,26-38), con el “Fiat” que tuvo en expectación al universo y a la eternidad; y la Visita a la prima Isabel (Lc 1, 39-45), con el: ¡Bendita eres entre todas las mujeres!; Y el canto del Magnificat (Lc 1,46-56). San Lucas también es el evangelista de María en la infancia de Jesús: desde el nacimiento y la adoración de los pastores en Belén a la circuncisión a los ocho días y la subida a Jerusalén para la presentación del Niño Jesús y la Purificación de María hasta el regreso a Nazaret, donde el niño “iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él” (Lc 2,1-40). Cuando Jesús tuvo doce años, sus padres que todos los años iban a Jerusalén para la Pascua, subieron a la fiesta como de costumbre, y en ese pasaje san Lucas narra el episodio del Niño que se queda en Jerusalén, sus padres que lo buscan tres días y cuando lo encuentran en el Templo, “sentado entre los doctores, escuchándoles y preguntándoles y cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas.” Luego, bajó con sus padres a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en la sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,41-52). San Lucas nos da noticia también de la Virgen María nuestra Madre, en los Hechos de los Apóstoles cuando recuerda que, después de la Ascensión, regresaron a Jerusalén y subieron al Cenáculo donde vivían los apóstoles. Y añade: “Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hech 1-14)

Textos de san Lucas son: “Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante, porque con la misma medida con que midáis se os medirá” (Lc 6,38); “Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi, ése la salvará” (Lc 9,23-24). “Alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,20)

Octubre también es mes de ángeles y de santos. El día 15 celebramos a santa Teresa de Jesús. “No es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (Vida, 8,5). “Ahora, volviendo a los que quieren ir hacia Él y no parar hasta el fin -que es llegar a beber de esta agua de vida- el modo en que han de comenzar digo que importa mucho y todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda la que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare aunque llegue allá, aunque se muera en el camino, aunque no tenga devoción para los trabajos que hay en él, aunque se hunda el mundo” (Camino de Perfección 21,2). “Pues todo es nada y menos que nada lo que se acaba y no contenta a Dios (Vida 20,26). “Que no queramos comodidades, hijas; bien estamos aquí: sólo es una noche la mala posada” (Camino de Perfección 40,9). “Agrada mucho al Señor cualquier servicio que se haga a su Madre” (Fundaciones 10,5). Y una poesía. “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa. / Dios no se muda, / la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta / sólo Dios basta” (Poesía, 30)

Tiempo Ordinario

El tiempo pasa; no se detiene; tampoco vuelve a pasar. El tiempo fue creado; ni antes había ni después habrá tiempo finito, con principio y fin, sino eternidad sin principio ni fin; en eternidad el presente es eterno. “Para el Señor un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pe 3,8)

Estando Él sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron sus discípulos a solas y le preguntaron: - Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de tu venida y del final del mundo. Jesús les respondió: - Mirad que no os engañe nadie, porque vendrán en mi nombre muchos diciendo : Yo soy el Cristo, y a muchos los seducirán. Vais a oír hablar de guerras de rumores de guerra. Mirad no os inquietéis, porque es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin. Se lazará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares. Todo esto erá el comienzo de los dolores” (Mt 24, 3-8). “Por eso, cuando veáis la abominación de la desolación, que predijo el profeta Daniel, erigida en el lugar santo -quien lea entienda- … Habrá entonces una gran tribulación como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y de no acortarse esos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos esos días se acortarán…. Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre y en se momento todas las tribus de la tierra romperán en llantos. Y verán la Hijo del Hombre que bien sobre las nubles del cielo con gran poder y gloria. Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos … Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre” ((Mt 24,15-22.29-31.36)

Vi un gran tono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia huyeron la tierra y el cielo, y no dejaron ningún rastro. Vi a los muertos, grandes y pequeños, en pie ante el trono, y fueron abiertos los libros. También fue abierto otro libro, el de la vida,. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, la muerte y el hades entregaron los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras. Entonces la muerte y el hades fueron arrojados al estanque de fuego. Esta es la muerte segunda, el estanque de fuego. Todo el que no figuraba escrito en el libro de la vida era arrojado al estanque de fuego.” (Ap 20, 11-15)- Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria y serán reunidos ante él todas las gentes y separará los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos y podrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda” (Mt 25,31-33)

Y a vosotros que estabais muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso, y que canceló clavándolo en la cruz” (Col 2,13-14). “Hijos míos os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un bogado ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es la víctima propiciatoria por nuestros pecados y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo ( Jn 2, 1-2).

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existe. … Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: - Esta es la morada de Dios con los hombres: habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá ya muerte, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior pasó. El que estaba sentado en el trono dijo: - Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,1, 3-5).

Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario. Viendo cerca el fin del año litúrgico. Continúa el camino de la vida llevando al cristiano al cielo donde lo espera el Padre, y siguiendo los pasos del Hijo, animado siempre por el Espíritu Santo. Los recuerdos evangélicos se agolpan en nuestra mente y en nuestro corazón: “Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20); “Si alguno quiere venir detrás de mi, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 16, 24, Mc 8,34-35, Lc 9,23)

Es tiempo de dar un paseo anticipando noticias del cielo al que vamos. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad como en el cielo también en la tierra;” (Mt 6,9-10). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 7,21). “El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16,19).

Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y, en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo: - Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he manado. Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20). “Y, después de decir esto, mientras ellos lo observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos. Estaban miando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: - Hombre de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo” (Hech 1,9-11)

Y vendrán de oriente y de occidente y del norte y del sur y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Pues hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos” (Lc 13.29). “Os digo que, del mismo modo, habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión” (Lc 15,7). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dijo: - Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? -Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida – le respondió Jesús; nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y le habéis visto” (Jn 14,1-7).

Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes, y separará a los unos d ellos otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo” (Mt 25,31-34). “La plaza de la ciudad era de oro, como cristal transparente. Pero no vi templo alguno en ella, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de que la alumbre el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. Sus puertas no se cerrarán en todo el día, porque allí no habrá noche” (Ap 21,21-25)

Tiempo Ordinario

Tiempo Ordinario. Para el cristiano caminante hacia el cielo es un tiempo tan llano como el latir del corazón, como la tarea rutinaria de cada día, como las alegrías y contrariedades habituales, como las ilusiones y frustraciones que producen paisajes, panoramas lejanos y llegadas a sitios con vacío y desolación. Tiempo de etapas diarias que marcan hitos de una vida que es un don de Dios que hay que administrar con su ayuda amorosa y continua. Tiempo de administrar ese divino don.

- Administradores. “Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque aunque alguien tenga abundancia de bienes, su vida no depende de lo que posee. Y les propuso una parábola diciendo: Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto. Y se puso a pensar para sus adentros: ¿Qué puedo hacer ya que no tengo dónde guardar mi cosecha? Y se dijo: Esto haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces le diré a mi alma: Alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te van a reclamar el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico para Dios” (Lc 12,15-21). “Había un hombre rico que tenía un administrador al que acusaron ante el amo de malversar la hacienda. Le llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuenta de tu administración porque ya no podrás seguir administrando. Y dijo para sí el administrador: ¿Qué voy a hacer ya que mi señor me quita al administración? Cavar no puedo; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando me despidan de la administración. Y, convocando uno a uno a los deudores de su amo, le dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? Él respondió: Cien medidas de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo; aprisa siéntate y escribe cincuenta. Después le dijo a otro: ¿Y tú cuánto debes? Él respondió: Cien cargas de trigo. Y le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador infiel por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos con las riquezas injustas para que cuando falten os reciban en las moradas eternas… Ningún criado puede servir a dos señores, porque tendrá odio a uno y amor a otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo; no podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lc 16,1-9.13)

Misión. “¿Quién es pues, el siervo fiel y prudente a quien el amo puso al frente de la servidumbre, para darle el alimento a la hora debida? Dichoso aquel a quien el amo cuando vuelva encuentre obrando así. En verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si ese siervo fuese malo y dijera en sus adentros: “Mi amo tarda” y comenzase a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos, llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista lo castigará duramente y le dará el pago de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt 24,45-51; Lc 12,42-48). “Dichosos aquellos siervos a los que al volver el amo los encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Y si viniese a en la segunda vigilia o en la tercera y los encontrara así, dichosos ellos” (Lc 12,37,38). “Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: Entra enseguida y siéntate a la mesa? Por el contrario, ¿no le dirá más bien: Prepárame la cena y disponte a servirme mientras como y bebo que después comerás y beberás tú? ¿Es que tiene que agradecerle el siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decir: Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer” (Lc 17,7-10).

- “Muy bien, siervo bueno y fiel. Como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor” (Mt 25,23). “¿Quieres de verdad ser santo? Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (San Josemaría. Camino, 815)

Tiempo Ordinario

En el camino del cristiano hacia el cielo que es la vida que transcurso con el paso de los días Dios camina con nosotros nos anima y nos espera para salir a recibirnos como salió el padre del hijo pródigo cuando lo vio cuando aún estaba lejos (Lc 15.20). En esta consideración con frecuencia se recuerda las palabras del discurso de Benedicto XVI en la Asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la fe (10 de febrero de 2006): “La caridad desde el corazón de Dios, a través del corazón de Jesucristo, se derrama mediante su Espíritu en el mundo, como aamor que lo renueva todo. Esta amor nace del encuentro con Cristo en la fe: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (Deus caritas est 1)”.

- “Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo: “- Seguidme y os haré pescadores de hombres. Ellos, al momento, dejaron las redes y le siguieron. Pasando adelante vio a otros dos hermanos, Santiago, el de Zebedeo y Juan, su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando las redes y los llamó. Ellos la momento, dejaron la barca y a su padre y le siguieron” (Mt 4,18-22). “Al marchar Jesús de allí, vio a un hombre sentado al telonio que se llamaba Mateo, y le dijo: - Sígueme. Él se levantó y le siguió” (Mt 9,9).

- “Y toda la gente de la región de los gerasenos le pidió que se alejara de ellos, porque estaban sobre cogidos de temor. Él subió a la barca y se volvió. El hombre de quien habían salido los demonios le pedía quedarse con él, pero lo despidió diciendo: “- Vuelve a tu casa y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo. Y se marchó proclamando por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él” (Lc 8,37-39). Jesús, parándose, mandó a que lo trajeran ante él. Y cuando se aceró, le preguntó: -¿Qué quieres que te haga? Señor, que vea- respondió él. Y Jesús le dijo: - Recobra tu vista. Y le seguía glorificando a Dios” (Lc 18,40-43). Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: - Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió con alegría” (Lc 19,5,6)

- “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira y se levantaron, le echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cima del monte sobre el que estaba edificada su ciudad para despeñarle” (Lc 4,28-29). “Y cuando iba a cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén. Y envió por delante a unos mensajeros que entraron en la aldea de samaritanos para preparar hospedaje, pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén” (Lc 9,51-53). “Jesús le respondió: - Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme. Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchas posesiones” (Mt 19, 21-22). “Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y no andaban con ñel” (Jn 6,66). “Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mt 26,56)

- “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me diga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lc 9,23). Y el que no carga con su cruz y viene detrás de de mí, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,27)

- “Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso de vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt 11,28-30)

Tiempo Ordinario

Penúltima semana del Tiempo Ordinario. En el camino de la vida hacia el cielo, el cristiano caminante con Jesús a su lado ve en la lejanía los tiempos litúrgicos que brillan adivinados desde el rigor del otoño: Adviento, Pascua de Navidad, un poquito de Tiempo Ordinario, Cuaresma, Pascua de Resurrección y la pascua de Pentecostés, ya con los primeros calores que anuncian el verano. Como en los cambios de paisaje, el caminante hacia el cielo ahora necesita abrigarse de esperanzaa.

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra angustia de las gentes, consternadas por el estruendo del mar y de las olas; y los hombres perderán el aliento a causa del terror y de la ansiedad que sobrevendrán al mundo. Porque las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre una nube con gran poder y gloria. Cuando comiencen a suceder estas cosas erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima vuestra redención” (Lc 21,25-28) “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado. Porque cristo, cuando todavía nosotros éramos débiles, murió por los impíos en el tiempo establecido, En realidad es difícil encontrar alguien que muera por un hombre justo. Quizá alguien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros porque ,siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Cuánto más si hemos sido justificados ahora en su sangre, seremos salvados por él de la ira!” (Rm 5,5-9). “¿Qué diremos de esto? Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? ¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que fue resucitado, el aque además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? … Pero en todas estas cosas vencemos con creces, gracias a aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 31-35.37-39)

Queridísimos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de dios y conoce a Dios. El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios: en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por él la vida. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros… Os escribo estas cosas, a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn 4,7-11. 5,13)

Por su carácter eucarístico, ambos relatos (multiplicación de los panes y el agua convertida en vino en las bodas de Caná) tienen que ver con Cristo y en él apuntan a Cristo: es el infinito autoderroche de Dios. Ambos aluden también, igual que el principio “para” a la estructura fundamental de la creación, en la que la vida derrocha millones de gérmenes para que nazca un ser viviente. En la creación se reparte todo el universo para preparar un sitio al espíritu, al hombre. La sobreabundancia s el signo peculiar de Dios en la creación, porque, como decían los Padres, Dios “da sin medida” (J. Ratzinger “Introducción al cristianismo”, 15ª ed. Sigueme, 2009)

Tiempo Ordinario

Jesucristo Rey del Universo. Acaba este año litúrgico con la semana 34ª del Tiempo Ordinario. Y luego, el Adviento hasta la Navidad. Como todo final en la vida, lleva al recuerdo, al examen y a los propósitos. “Dame, Señor, el amor con que quieres que te ame” (san Josemaría, “Forja” 270)

Un salmo. “Dios mío confía tu juicio al rey, tu justificación al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que los montes traigan paz, y los collados justicia; que é defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador. Que dure tanto como el sol. Como la luna, de edad en edad; que baja como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra. Que en sus día florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Que en su presencia se inclinen sus rivales; que sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes y que todos los pueblos le sirvan” (salmo71)

El Evangelio. “Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: - Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos- Uno de los malhechores crucificado lo insultaba, diciendo: - ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el toro lo increpaba: - ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: - Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: - Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”

Los Padres. “Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aa qui o está allí, sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues la palabra está cerca de nosotros, en los labios y en el corazón, sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a él y haremos morada en él. Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos. Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificados sea tu nombre, venga a nosotros tu reino” (Orígenes, op. “Sobre la oración”).

Y una poesía litúrgica: “Oh Príncipe absoluto de los siglos, / oh Jesucristo, Rey de las naciones; / te confesamos árbitro supremo / de las mentes y de los corazones. / Oh Jesucristo, Príncipe pacífico, / somete a los espíritus rebeldes, / y haz que encuentren rumbo los perdidos, / y que en un solo aprisco se congreguen. / Para eso pendes de una cruz sangrienta / y abres en ella tus divinos brazos; / para eso muestras en tu pecho herido / tu ardiente corazón atravesado. / Glorificado seas, Jesucristo, / que repartes los cetros de la tierra; / y que contigo y con tu eterno Padre / glorificado el Paráclito sea.”

Quieres de verdad ser santo? - Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en los que haces” (san Josemaría, “Camino” 815)



















DE UN CRISTIANO

(2024 - 2025)





















Julio Banacloche Pérez


DE UN CRISTIANO

(2024 / 2025)


SUMARIO


Adviento


Navidad


Tiempo Ordinario


Cuaresma


Semana Santa


Pascua de Resurrección


Tiempo Ordinario


Agosto


Tiempo Ordinario


Jesucristo Rey del Universo




AÑO LITÚRGICO


ADVIENTO (Tiempo de Esperanza)


Adviento. Tiempo de Esperanza. Tiempo de espera amorosa a que llegue el Nacimiento del Niño Dios. Tiempo impaciente porque, siempre, nuestra vida desea estar con Dios que es Amor. Tiempo de confianza porque sabemos que Dios nos ama como nadie nos podría amar, como nadie nos ha querido y porque Él nos ha amado primero para que podamos amarle y derramar amor en los demás. Tiempo de cantar: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandamientos. El Señor se confía con sus fieles y les da a conocer su alianza (del salmo 24). Y de cartas apostólicas “No tarda el Señor en cumplir su promesa, como algunos piensan; más bien tiene paciencia con nosotros porque no quiere que nadie se pierda” (2 Pe 3,9). “También nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce la paciencia; la paciencia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Una esperanza que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5, 3-5)


El juicio de Dios es esperanza , tanto porque es justicia como porque es gracia. Si fuera solamente gracia que convierte en irrelevante todo lo que es terrenal, Dios seguiría debiéndonos aún la respuesta a la pregunta sobre la justicia, una pregunta decisiva para nsotros ante la historia y ante Dios mismo. Si fuera pura gracia podría ser al final sólo un motivo de temos para todos nosotros. La encarnación de Dios en Cristo ha unido uno con otra -juicio y gracia-de tal modo que la justicia se establece con firmeza: todos nosotros esperamos nuestra salvación “con temor y con temblor” (Flp 2,12)”. No obstante, la gracia nos permite a todos esperar y encaminarnos llenos de confianza al encuentro con el Juez, que conocemos como nuestro abogado, “parakletos (cf 1 Jn 2,1)” (Spes salvi, 47).


En ese momento, todo lo que se ha construido durante la vida puede manifestarse como paja seca, vacua fanfarronería, y derrumbarse. Pero en el dolor de ese encuentro, en el cual lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta con toda claridad. Está la salvación. Su mirada, el toque de su corazón, nos cura a través de una transformación, ciertamente dolorosa, “como a través del fuego”. Pero es un dolor bienaventurado en el cual el poder santo de su amor nos penetra como una llama, permitiéndonos ser por fin totalmente nosotros mismos, y, con ello, totalmente de Dios. Así se entiende también con toda claridad la compenetración entre justicia y gracia; nuestro modo de vviir no es irrelevante, pero nuestra inmundicia no nos ensucia eternamente, al menos si permanecemos orientados hacia Cristo, hacia la verdad y el amor… El dolor de amor se convierte en nuestra salvación y nuestra alegría” (Spes salvi, 46)

Y una poesía. Ruega por nosotros, / Madre de la Iglesia. / Virgen del Adviento, / esperanza nuestra, / de Jesús la aurora, / del cielo la puerta. Madre de los hombres/, de la mar estrella, / llévanos a Cristo, / danos tus promesas. / Eres virgen Madre, / la de gracia llena, / del Señor esclava, / del mundo la reina. / Alza nuestros ojos / hacia tu belleza, / guía nuestros pasos / a la vida eterna” (himno de Laudes para los sábados del Adviento)


ADVIENTO (Confianza en Dios)


Adviento. En la segunda semana el cristiano puede vivir en la confianza en Dios, porque la fe consolida la esperanza que llenaba su alma en la primera semana. El Reino de Dios está al llegar (Mc 1,15), el Reino de Dios ya ha venido (Mt 12,28), el Reino de Dios está en medio de nosotros (Lc 17,21). Dios se hizo niño en Jesús y creció como hombre siendo Dios. Dios y hombre verdadero está con nosotros en la Eucaristía, siempre, continuamente, “hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Dios vendrá a juzgar y traerá la salvación para siempre, sin fin.


Cantamos los salmos del Tiempo litúrgico: “La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará e nuestra tierra” (salmo 84,10). “Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra; regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad” (salmo 95, 11-14). “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas (salmo 102,10). “Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad” (salmo 144, 10-12)


Confianza en Dios. “Así pues no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6, 31-34). “Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30)


Confiando en el Amor y viviendo el amor mutuo. “Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos. Y así os fortalezca e¡internamente para que cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos su santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre” (1 Tes 3,12-13). “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrados aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tended paciencia también vosotros, manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca.” (St 5,7-8). “No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios “ (1 Co 4,5). Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo” (Flp 3,20b-21).


Una poesía del Tiempo: “Mirad las estrellas fulgentes brillar / sus luces anuncian que Dios ahí está, / la noche en silencio, la noche en su paz, / murmura esperanzas cumpliéndose ya. / Los ángeles santos, que vienen y van, / preparan caminos por donde vendrá / el Hijo del Padre, el Verbo eternal, / al mundo del hombre en carne mortal. / Abrid vuestras puertas, ciudades de paz, / que el Rey de la gloria ya pronto vendrá; / abrid corazones, hermanos, cantad / que vuestra esperanza cumplida será. / Los justos sabían que el hambre de Dios / vendría a colmarla el Dios del amor, / su Vida en su vida, su Amor en su amor / serían un día su gracia y su don. / Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor, / los hombres hermanos esperan tu voz, / tu luz, tu mirada, tu vida, / tu amor. / Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador.” (Oficio de lectura en Adviento)


ADVIENTO (Domingo “Gaudete”)


Adviento. Tercera semana. Domingo “Gaudete”, como empieza la antífona de entrada: Gaudete in Domino semper; iterum dico, gaudete, Dominus enim prope est”. “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”. El cristiano, caminante hacia el cielo, sabe del esfuerzo de la cuesta arriba y el terreno pedregoso del Adviento, pero también siente que hay un tramo en el que parece que se pisa suelo llano o hierba suave y que el alma empieza a cantar y a reír. “¡Que el desierto y el yermo se alegren, que se goce la estepa y florezca como las azucenas! Florezca pujante y alégrese con gozo y cánticos de júbilo... Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona. Resarcirá y os salvará.. vendrán … con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán” (Is 35, 1,2,4,10). Y en la segunda venida: “Erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima la redención (Lc 21,28)


Alegría de Jesús. “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo… Pero no os alegréis que los espíritus se os sometan, alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,18.20). “Os digo que lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo se alegrará, vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría… Así también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría… Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedir y recibiréis para que vuestra alegría sea completa… Cuando estaba con ellos yo los guardaba en tu nombre. He guardado a los que me diste y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición para que se cumpliera la escritura. Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo, para que tengan mi alegría completa en sí mismos” (Jn 16, 20, 22, 24. 17,12-13)


Lo escriben los apóstoles: “Estad siempre alegres. Sed constantes en el orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de de profecía, sino examinadlo todo, quedando os con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. (1 Tes 5,16-22); “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito estad alegres… El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en cristo Jesús” (Flp 4-7). “ Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando del mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo, diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor, alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración, compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad… Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran” (Rm 12,9-13,15). “Por eso os alegráis, aunque ahora, durante algún tiempo, tengáis que estar afligidos por diversas pruebas, para que la calidad probada de vuestra fe -mucho más preciosa que el otro perecedero que sin embargo se acrisola por el fuego- sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Jesucristo: a quien sin haberlo visto; y en quien, sin verlo todavía, creéis y os alegráis con un gozo inefable y glorioso, alcanzando así la meta de vuestra fe, la salvación de las almas” (1 Pe 1,6-9)


Y una poesía. “De luz nueva se viste la tierra, / porque el Sol que del cielo ha venido / en el seno feliz de la Virgen / de su carne se ha revestido. / El amor hizo nuevas las cosas, / el Espíritu ha descendido / y la sombra del que es poderoso / en la Virgen su luz ha encendido. / Ya la tierra reclama su fruto / y de bodas se anuncia alegría, / el Señor que en los cielos moraba / se hizo carne en la Virgen María. / Gloria a Dios, el Señor poderoso, / a su Hijo y Espíritu Santo, / que en su gracia y su amor nos bendijo / y a su reino nos ha destinado” (himno de Laudes en Adviento)


ADVIENTO (Nochebuena)


En la cuarta semana de Adviento el paso del cristiano caminante se acelera para alcanzar cuanto antes el portal de Belén donde nace el Niño Jesús. Es tiempo de alegría y de cantos. Desde el día 17 de diciembre se reviven durante las Vísperas las Antífonas Mayores: Oh Sapientia, Oh Adonai, O Radix Jesse, Oh Clavis David, Oh Oriens, Oh Rex Gentium, Oh Enmanuel, cuyas letras iniciales leídas del revés forman el acróstico latino “Ero cras” (vendré mañana), y que hace más de mil años se escuchaba el “Oh” inicial en los alrededores de los monasterios en los que los monjes cantaban y los lugareños sólo entendían esa palabra. El día 18 de diciembre se celebra la Nuestra Señora de la Esperanza, la Expectación del Parto, María de la O.


Y en la noche de Navidad. “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierra de sombras y una luz les brilló. Acreciste a alegría, aumentando el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar como se alegran al repartirse el botín... Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: “Maravilla de Consejero, Dios guerrero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz”. Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho desde ahora y por siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo realizará” (Is 9, 1-2.5-6).

La historia. “En aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa que estaba encinta. Y, cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar en el alojamiento. Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno sus rebaño durante la noche. De improviso, un ángel del señor se les presentó y la gloria del Señor les rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. El ángel les dijo: “No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será par todo el pueblo: hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre”. De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace”. Cuando los ángeles les dejaron machándose hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado. Y fueron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que habían sido anunciadas sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón. Y los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho” (Lc 2,1-20)


Y la poesía litúrgica. “Te diré mi amor, Rey mío, / en la quietud de la tarde, / cuando se cierran los ojos / y los corazones se abre. / Te diré mi amor, Rey mío, / con una mirada suave, / te lo diré contemplando / tu cuerpo que en pajas yace. / Te diré mi amor, Rey mío, / te lo diré con mis besos, / quizá con gotas de sangre. / Te diré mi amor, rey mío, / con los hombres y los ángeles, / con el aliento del cielo / que espiran los animales. / Te diré mi amor, Rey mío, / con el amor de tu Madre, / con los labios de tu esposa / y con la fe de tus mártires. / Te diré mi amor, rey mío, / ¡oh Dios del amor más grande! / ¡Bendito en la Trinidad, / que has venido a nuestro valle.! Amén” (himno en II Vísperas de la Natividad del Señor)


NAVIDAD (Sagrada Familia)


Navidad. Domingo de la Sagrada Familia. Celebraciones familiares, especialmente. Expresiones de cariño y de alegría. Estos días deberían ser un reflejo anticipado de lo que sería estar con Dios, siempre, para siempre. En el recuerdo de muchos que han encontrado a Jesús o que lo encuentren estos días puede estar el pasaje evangélico: “Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos, y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: - Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: - ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: - Rabbí- que significa “Maestro”- ¿dónde vives?. Les respondió: - Venid y lo veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,35-39). Navidad: encontrar a Jesús, seguir a Jesús, ver dónde vive y quedarse con Él.


- “Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de la Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días , lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que lo oían quedaron asombrado de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo se quedaron atónitos y le dijo su madre: “¿Hijo, por qué nos has tratado así? Mira, tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contestó: - “¿Por qué me buscabais? ¿no sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lc 2, 41-52)


- Amor a los hijos. “Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mí hijo. Cuanto más los llamaba, tanto más se alejaba de Mi; ofrecían sacrificios a los baales y quemaban incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraím, lo tomaba en mis brazos; pero ellos no entendían que Yo los cuidaba. Con vínculos de afecto los atraje, con lazos de amor. Era para ellos como quien alza a un niño hasta su mejillas, y me inclinaba a él y le daba de comer” (Os 11,1-4). “Sión había dicho: “El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado” ¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ellas se olvidaran Y no te olvidaré” (Is 49,14-15). “Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20)


- “Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres … Que Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social” (san Pablo VI, alocución 5 de enero de1964)


La poesía. “Mirad que aposentadores / tuvo la divina cámara: / verdín por tapicerías / y por cortinajes zarzas. / Pobre, desnudo, sin fuego, / quien con fuegos nos abasta, / está aquí el Niño. Un pesebre / de humildes bestias por cama. / Ved, puro Amor, que sois fuego / y estáis sobre un haz de pajas. / La Virgen, llanto en los ojos: / a incendio tal, tales aguas. / José, que goza y que gime / agridulces de naranja, / rindiéndose ya ha quedado / dormido bajo su capa” (himno de Laudes en la fiesta de la Sagrada Familia)


NAVIDAD (Epifanía del Señor)


Segunda semana después de Navidad. El lema del cristiano aún está en las fiestas. Camina animoso, con alegría, cantando, retomando cada día del nuevo año el camino hacia el cielo. Y, ahora, la gloria de Dios Padre que mira animoso el caminar de sus hijos por la vida, ilumina especialmente al Hijo, el Niño Jesús, rey de nuestra alma, y el Espíritu Santo que se nos ha dado, derramando amor, porque Dios es Amor, completa la preciosa luz de la Trinidad. Está empezando el año, pero Dios está con nosotros. Ultreia! Suseia! Vamos más allá, vamos más arriba, se saludan los peregrinos.


¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor” (Is 60,1-6)


- “Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “- ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos contestaron: - “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues te de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella y los mandó a Belén diciéndoles: “- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y, habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino” (Mt 2,1-12)


- “La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo. Animados por este celo debéis aplicaros, queridos míos, a seros útiles unos a los otros, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las buenas obras” (san León Magno, papa, sermón 3 de la Epifanía del Señor)


Poesía. “Reyes que venís por ellas, / no busquéis estrellas ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Mirando las luces bellas, / no sigáis la vuestra ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Aqui parad, aquí está / quien luz a los cielos da: / Dios es el puerto más cierto, / y si habéis hallado puerto / no busquéis estrellas ya. / No busquéis la estrella ahora: / que su luz se ha oscurecido / este Sol recién nacido / en esta Virgen Aurora. / Ya no hallaréis luz en ellas, / el niño os alumbra ya, / porque donde el sol está / no tienen luz las estrellas. / Aunque eclipsarse pretende, / no reparéis en su llanto, / porque nunca llueve tanto / como cuando el sol se enciende. / Aquellas lágrimas bellas / la estrella oscurecen ya, / porque donde el sol está / no tiene luz las estrellas.” (himno de Laudes en la Epifanía del Señor)


Tiempo Ordinario. Bautismo del Señor


Con el Bautismo de Jesús, cuando empezó su “vida pública” entre nosotros, litúrgicamente acaba la Navidad. En un apretadísimo resumen del tiempo, los cristianos hemos vivido el Nacimiento de Jesús, la Circuncisión y la Presentación en el Templo (Lc 2,21-38), la adoración de los Magos, la huida a Egipto, la muerte de los Santos Inocentes, el regreso a Galilea (Mt 2,1-23) y la vida corriente de la Sagrada Familia en Nazaret, con un detalle de “divinidad en la humanidad” (los sobresaltos de la vida corriente aunque y porque el Niño es Dios) cuando Jesús tenía ya 12 años y, como era costumbre, por la fiesta, subió a Jerusalén, con sus padres, y al volver se quedó en el Templo porque “es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre” (Lc 2,39-52). Unos treinta años tenía Jesús “al comenzar” (Lc 3,23). Y precisamente después de la fiesta del Bautismo de Jesús se inicia la primera parte del Tiempo Ordinario que dura hasta la Cuaresma y que sigue después de las seis semanas de Pascua de Resurrección, con Pentecostés (8 de junio, en 2025), ya en la puertas del verano. Para el refranero, “Hasta san Antón Pascuas son” , y, así, el “pueblo llano” (junto a “la nobleza y el clero”) celebraba “las navidades” hasta el 17 de enero; y otros llegaban en fiesta navideña hasta el 2 de febrero, fiesta de “la Candelaria”, mirando a los Carnavales, como preámbulo de los ayunos y abstinencias de la Cuaresma, que en 2025, empieza el 5 de marzo, Miércoles de Ceniza. Vivir al compás de la liturgia es como caminar cantando, confiando en Jesús, porque sabemos que “todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Rm 8,28).


- Caminando con Jesús. “Cuando oyó que Juan había sido encarcelado se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se fue a vivir en Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí… Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: “Convertíos, porque está al llegar el Reino de los cielos” (Mt 4,13.17; , Mc 1,14-15: “Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: “ - El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar, convertíos y creed en el Evangelio”). “Entonces, por impulso del Espíritu volvió Jesús a Galilea y se extendió su fama por toda la región. Y enseñaba en sus sinagogas y era honrado por todos (Lc 3,14). “Recorría Jesús toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria; y lle traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba. Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán” (Mt 4,23-24; Mc 3,7-8: “Jesús se alejó con sus discípulos hacia el mar. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea y de Judea. Y también de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán y de los alrededores de Tiro y Sidón, vino hacia él una gran multitud al oír las cosas que hacía”). “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias” (Mt 9,35). “Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo” (Mc 10,32; Lc 19,28). “Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús” (Jn 6,24)


Pero: “Y envió por delante a unos mensajeros, que entraron en una aldea de samaritanos para prepararle hospedaje, pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén” (Lc 9,,52-53)”. “Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él” (Jn 6,66). Aunque. - “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga” (Mc 8,34; Lc 9,23; Mt 16,24). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,38). “En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, hermanos o hermanas, madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio, que no reciba en este mundo cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero la vida eterna” (Mc 10,29-30).


Tiempo Ordinario (Convivencia cristiana)


El camino del cristiano es un camino de convivencia. Con los que caminan a su lado comparte animo y cansancio, esfuerzo y alegrías, y el destino para así alcanzar el cielo y vivir con Dios para siempre. En el corazón del cristiano se repite la promesa: “Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo estoy estéis también vosotros. Y donde yo voy ya sabéis el camino… Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida … nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto… El que me ha visto a mí ha visto al Padre… Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí… Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre” (Jn 14, 3-4. 6-7.9.11.15-16)


- Fraternidad. La convivencia en el camino de los cristianos hacia el cielo se mantiene en el amor fraterno. “El que da que de con sencillez; el que preside, que lo haga con esmero; el que ejercita la misericordia, que lo haga con alegría. Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos, no los maldigáis. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Tened los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejaros llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándoos a las cosas humildes. No os tangáis por sabios ante vosotros mismos. No devolváis a nadie mal por mal; buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios” (Rm 12, 8-19)


- Amabilidad. “Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros. Sobre todo revestíos con la caridad que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos” (Col 3,12-15)


- Confianza. “Si Dios está con nosotros, ¿Quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? Quien presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, mas aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada… Pero en todas esas cosas venceremos con creces gracias a aquél que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 31-35.3739)


Y la caridad. “La caridad es paciente, la caridad es amable; no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7). “Los frutos del Espíritu Santo son: caridad, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia. Contra estos frutos no hay ley” (Ga 5,22-23)


Tiempo Ordinario (la compasión de Dios)


Tiempo ordinario. Al caminar de cada día del cristiano no le faltan sinsabores. Cansancio, tropezones, caídas, tentación de abandonar, dejar la senda, andar fuera del camino, perderse, Todo se ofrece a Dios que lo espera y acompaña. Y de las aulas escolares cristianas se recuerda: “Oh Corazón Divino de Jesús, por medio del Corazón Inmaculado de María Santísima, te ofrezco las oraciones, las obras y los sufrimientos de este día para reparar las ofensas que se os hacen y por todas las intenciones por las cuales Vos os inmoláis continuamente en el altar y por las intenciones encomendadas para este mes y para este día. Amén”


Las ofensas a Dios llevan a recordar que la compasión de Dios nos acompaña. Porque si Dios es por esencia impasible, en cuanto que Dios es Amor, (1 Jn 4,8.16) se compadece y, así, trasciende la impasibilidad de la divinidad a la pasibilidad del hombre; y Dios se hace hombre y sufre su pasión y muerte en la cruz y redime a todas de las ofensas cometidas: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros ha sido probado en todo excepto en el pecado. Por lo tanto acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno.” (Hb 4,15-16). “Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, ecual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres y, mostrándose igual qe los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Flp 2, 5-8). Y, así, en Jesús encontramos muchos pasajes en los que aparece cómo se compadece, padece con los que sufren, siente su sufrimiento, siendo Dios.

- “Al salir de Jericó le seguía una multitud. En esto, dos ciegos sentados al lado del camino, en cuanto oyeron que pasaba Jesús, se pusieron a gritar: - ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros! La multitud les reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más fuerte diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros! Jesús se paró, los llamó y les dijo: - ¿Qué queréis que os haga? - Señor que se abran nuestro ojos- le respondieron. Jesús se compadeció, les tocó los ojos y al instante recobraron la vista y le siguieron” (Mt 20,29-34)). “Después, marchó a una ciudad llamada Naín, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Al acercarse a la puerta de la ciudad resultó que llevaba a enterrar un difunto, hijo único de su madre, que era viuda. Y la acompañaba una gran muchedumbre de la ciudad. El Señor la io se compadeció de ella. Y dijo: - No llores. Se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y dijo: - Muchacho, a ti te digo, levántate. Y el que estaba muerto se incorporó y empezó a hablar” (Lc 7,11-15). “Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. Entonces les dijo a sus discípulos: - La mies es mucha, pero los obreros, pocos. Rogad, por tanto al señor de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9,36-38). En otro texto: “ Al desembarcar vio una gran multitud y se llenó de compasión por ella, porque estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarlas muchas cosas” (Mc 6,34). “Jesús llamó a sus discípulos y dijo: “- Me da mucha pena la muchedumbre porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer y no quiero despedirlos en ayunas, no vaya a ser que desfallezcan en el camino” (Mt 15,32).


Y una poesía.“¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? / ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, / que a mi puerta, cubierto de rocío, / pasas las noches del invierno oscuras? / ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, / pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío, / si de mi ingratitud el hielo frío / secó las llagas de tus plantas puras! / ¡Cuántas veces el ángel me decía: / “Alma, asómate ahora a la venta, / verás con cuanto amor llamar porfía”? / ¡Y cuántas, hermosura soberana: / “Mañana le abriremos”, respondía, / para lo mismo responder mañana!”


Tiempo ordinario (ánimos para el camino)


Tiempo Ordinario. El camino de cada día, jornadas de trabajo y de descanso, de esperanza y sinsabores. Pero el cristiano procura consuelo en la alegría de seguir a Jesús y de esperar estar con Dios para siempre. “Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mia alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa… En verdad, en verdad os digo que lloraréis y os lamentaréis, y en cambio el mundo, se alegrará; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría… Así pues también vosotros ahora os entristeceréis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría… Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa... Padre ha llegado la hora… Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo para que tengan mi alegría completa en sí mismos”. “Padre quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 15,9-11.16,20,22,24.17,1,13,24)


En el camino hacia el cielo, el cristiano recupera fuerzas y encuentra ánimos para las futuras jornadas leyendo cartas apostólicas que hace siglos también fueron causa de alegría.


- “Porque la leve turbación de un instante se convierte para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente, ya que nosotros no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son pasajeras, y en cambio las invisibles, eternas…. Por eso siempre estamos llenos de buen ánimo, aún sabiendo que mientras moramos en el cuerpo, estamos en destierro lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión. Así pues estamos llenos de buen animo y preferimos salirnos de este cuerpo para volver junto al Señor. Por eso, tanto ahora en el cuerpo como fuera de él, nos empeñamos en agradarle. Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo bueno o malo que hizo durante su vida mortal… Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió con ñel por medio de Cristo y nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo, sin imputarle sus delitos, y puso en nosotros la palabra de reconciliación” (2 Co 4,17-18. 5,6-11,17-19). “Y a vosotros que estabais muertos muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él, y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso, y que canceló clavándolo en la cruz” (Col 2,13-14).


Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? ¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió más aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? … Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8,31-35,38-39))


- Poesía litúrgica. “Este mundo del hombre, en que él se afana / tras la felicidad que tanto ansía, / tú lo vistes, Señor, de luz temprana / y de radiante sol al mediodía. / Así el poder de tu presencia encierra /el secreto más hondo de esta vida; / un nuevo cielo y una nueva tierra / colmarán nuestro anhelo sin medida. / Poderoso Señor de nuestra historia, / no tardes en venir gloriosamente; / tu luz resplandeciente y tu victoria / inunden nuestra vida eternamente” (Hora intermedia, sábado IV)


Tiempo Ordinario. La vocación del cristiano


Tiempo Ordinario. El camino del cristiano hasta llegar al cielo tiene sentido y fundamento, porque existe vocación, encuentro, amor y esperanza. Cada empezar y cada volver a hacerlo, es la manifestación del plan divino que nos ama, que me ama; que me espera y que me acompaña. “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje… ” salmo 18 A)


- El plan. “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado, en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecado. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de su voluntad. Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra” (Ef 1,3-10)


- La invitación y la promesa. “Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá, pero quien pierda por mí su vida, la encontrará” (Mt 10,37-39; Lc 14,27). “Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt 11, 28-39). “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda la vida por mí, la encontrará” (Mt 16,24-25; Mc 8,34-35; Lc 9,23-24). “Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque con la misma medida con que midáis se os medirá” (Lc 6,38).


- La vida. Yo pensé: “En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años.”Yo pensé: “Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama.” Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando. Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma. Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí! / Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. / El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa. Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora. El padre enseña a sus hijos tu fidelidad. Sálvame Señor y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en lacasa del Señor.” (Is 38,10-14.17-20)

Poesía: “Nos enseñaste un trozo de la viña / y nos dijiste: “Venid y trabajad.” / Nos mostraste una mesa vacía / y nos dijiste: “Llenadla de pan.” / Nos presentaste un campo de batalla / y nos dijiste: “Construid la paz.” / Nos sacaste al desierto con el alba/ y nos dijiste: “Levantad la ciudad.” / Pusiste una herramienta en nuestras manos / y nos dijiste: “Es tiempo de crear.” / Escucha a mediodía el rumor del trabajo / con que el hombre se afana en tu heredad. (himno de la Hora Intermedia del II martes)

Tiempo Ordinario. Descanso del cristiano: parábolas


Tiempo Ordinario. En el camino hacia el cielo ayudan al espíritu de los caminantes los momentos de descanso en los que se hace más íntima la comunión y se consideran las palabras de Jesús, lo que todos y cada uno desean y también los malos ratos superados o que habrá que superar. Formando corro, como se sentaban los niños en los pueblos palestinos. Como niños


Señor, mi corazón no se ha engreído ni mis ojos se han alzado altivos. Ni he marchado en pos de grandezas, ni de portentos que me exceden. He moderado y acallado mi alma como un niño en el regazo de su madre. Como niño satisfecho está mi alma.” (salmo 131) “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño ese es el mayor en el Reino de los Cielos, y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18,3-5). “Entonces se sentó y, llamando a los doce, les dijo: - Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y servidor de todos. Y acercó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: - El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mi me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado (Mc 9,35-37; Lc 9,47-48)


Tiempo de parábolas. “Les proponía a los invitados una parábola, al notar cómo iban eligiendo los primeros puestos: - Cuando alguien te invite a una boda, no vayas a ponerte en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él y, al llegar el que os invitó a ti y al otro, te diga: - Cédele el sitio a éste, y entonces empieces a buscar lleno de vergüenza el ultimo lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a ocupar el último lugar para que cuando llegue el que te invitó te diga: - Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado (Lc 14, 7-12)


Tiempo de consejos. “Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de la falta de humildad: - pensar que lo que haces o dices, está mejor hecho o dicho que lo de los demás; - querer salirte siempre con la tuya; - disputar sin razón o -cuando la tienes- insistir con tozudez y de mala manera; - dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad; - despreciar el punto de vista de los demás; - no mirar todos tus dones y cualidades como prestados; - no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees; - citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones; - hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan; - excusarte cuando se te reprende; - encubrir al director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene; - oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti; - dolerte de que los otros sean más estimados que tú; - negarte a desempeñar oficios inferiores ; - buscar o desear singularizarte; - insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional; - avergonzarte porque careces de ciertos bienes… (san Josemaría, “Surco”, 263)


- Mirad a Jesús. “Tened entre vosotros mismos los mismos sentimientos qur tuvo Cristo Jesús, el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa codiciable ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo hecho semejante a los hombres y, mostrándose igual que los demás hombres, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por eso Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; para que el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos y en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese: ¡Jesucristo es el Señor!, para gloria de Dios Padre” (Flp 2,3-11)


Camino al cielo, con Dios y donde Dios nos espera. Somos hijos de Dios. Y Dios es amor.


Tiempo Ordinario. Miércoles de Ceniza


Se acaba la primera parte del Tiempo Ordinario. El Miércoles de Ceniza abre la puerta de la Cuaresma. Cuarenta días para hacer más intensos la oración, ayuno y limosna. Propósito de sacrificios que hacen vivir la permanente presencia de Dios con cada uno. Mortificaciones que no deben mortificar a los demás. Tiempo fuerte para consolidar en el alma la esperanza de la salvación- resurrección- por el amor de Dios -pasión y muerte- que es amor. No hay más amor que el Amor.


Tiempo de preparación. “Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre. Bendice alma mía al Señor, y no olvides sus beneficios. él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; el rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos; como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles (salmo 102, 1-4,8.10,12-13)


Viviendo la caridad. “Dijo Jesús a sus discípulos: - A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; la que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no s e,lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues si amáis sólo a los que os aman, ¿qué merito tenéis? También los pecadores aman lo hacen. Y si prestáis sólo cuando espráis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros” (Lc 6,17-38)


Un sermón. “Por ello en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo; así viremos en santos ayunos esa Cuaresma de institución apostólica, y precisamente no sólo por el uso menguado de los alimentos, sino sobretodo ayunando de nuestros vicios. Y no hay cosa más útil que unir los ayunos santos y razonables con la limosna, que, bajo la única denominación de misericordia, contiene muchas y laudables acciones de piedad, de modo que, aun en medio de situaciones de fortuna desiguales, puedan ser iguales las disposiciones de ánimo de todos los fieles.” (san León Magno, papa; serm 6)

Consejos de amigo. “Te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…” (Camino, 194). “Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición” (Camino, 196). “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo dudes- dependen muchas cosas grandes (Camino, 755). “¿Quieres de verdad ser santo? - Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino, 815)


Una poesía. “Mis ojos, mis pobres ojos / que acaban de despertar / los hiciste para ver, no sólo para llorar. / Haz que sepa adivinar / entre las sombras la luz, / que nunca me ciegue el mal / ni olvide que existes tú. / Que, cuando llegue el dolor, / que yo sé que llegará, / no se me enturbie el amor, / ni se me nuble la paz. / Sostén ahora mi fe, / pues cuando llegue a tu hogar, / con mis ojos te veré / y mi llanto cesará” (himno de Laudes en la semana I)


Cuaresma


Cuaresma. La primera semana regala al cristiano, caminante hacia el cielo, cantos de confianza en Dios: “Se puso junto a mí: lo libraré; lo protegeré porque conoce mi nombre, me invocará y lo escucharé. Con él estaré en la tribulación, lo defenderé y lo glorificaré” (salmo 90, 14-15); “Que te agraden las palabras de mi boca y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mio” (salmo 18, 15). “Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor él lo escucha y lo salva de sus angustias” (salmo 33, 6-7). “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado” (salmo 50,3-4). “Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad; cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma” (salmo 137, 2-3). “Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir Pero de tí procede el perdón, y así infundes respeto” (salmo 129, 3-4). “Dichoso el que con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón” (salmo 118 1-2)


- Limosna, oración y ayuno. Siguiendo la tradición de algunos, reunida la familia, los amigos, todos los caminantes y los que se suman a lo largo del camino, leemos: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombre a fin de que os vean; de otro modo, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por lo tanto, cuando des limosna no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de que los alaben los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede en lo oculto; de este modo, tu Padre que ve en lo oculto, te recompensará. Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará… Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6, 1-6.16-18)


- “¡Nada menos que Cristo nuestro Señor, se dejó tentar por el diablo! Pero en Cristo estabas siendo tentado tú, porque Cristo tenía de ti la carne, y de él procedía para ti la salvación; de ti procedía la muerte para él, y de él para ti la vida; de ti para él los ultrajes, y de él para ti los honores; en definitiva, de ti para él la tentación, y de él para ti la vitoria. Si hemos sido tentados en él, también en él venceremos al diablo. ¿Te fijas en que Cristo fue tentado y no te fijas en que venció? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete también vencedor en él. Podría haber evitado al diablo; pero si no hubiese sido tentado, no te habría aleccionado para la victoria cuando tú fueras tentado” (san Agustín, sobre el salmo 60)


- Poesía litúrgica. “El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera. / En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino; / todo lo puede en él quien nada puede”


A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María.” (san Josemaría, “Camino” 495). “¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. - Enamórate y no “le” dejarás.” (Camino 999)


Cuaresma


Segunda semana de Cuaresma. Camino empinado y angosto, escabroso. Tiempo fuerte. Los salmos del Tiempo ayudan: “Que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agobiados. Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso, salva a los condenados. Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación” (salmo 78, 9.11.13). “Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley, día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da su fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos; pero al camino de los impíos acaba mal” (salmo 1, 1-2.3.4.6). “Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre. Bendice alma mía, al Señor y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. No siempre está acusando ni guarda rencor perpetuo; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como se levante el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos” (salmo 102, 1.2.3.4.9.10.11.12)


- Tiempo de oración. Tiempo de pedir insistentemente. “¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a medianoche y le diga: “Amigo, préstame tres panes porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle”, le responderá desde dentro: No me molestes, ya está cerrada la puerta; los míos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos? Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará para darle cuanto necesite. Así pues os digo: pedid y se os dará; buscad y hallaréis; lla,ad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de entre vosotros, si un hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pies si vosotros siendo malos, sabéis dar a vuestro hijos, codas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc 11,5-13). O “¿Quién de entre vosotros si un hijo suyo le pide una un pan, le da una piedra? (Mt 7,9). “Y les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: “Hazme justicia ante mi adversario”. Y durante mucho tiempo no quiso. Sin embargo, al final, se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme”. Concluyó el Señor: - Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar?. Os aseguro que les hará justicia si tardanza. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,1-8)


- Cartas apostólicas. “Estad atentos para que nadie devuelva mal por mal, al contrario, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5,15-18). “Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones, porque Él cuida de vosotros” (1 Pe 5,7)


- Una poesía. “Fuerza tenaz, firmeza de las cosas, / Inmóvil en ti mismo; / origen de la luz, eje del mundo / y norma de su giro: / Concédenos tu luz en una tarde / sin muerte ni castigo, / la luz que se prolonga tras la muerte / y dura por los siglos” Amén (himno de Nona, del Ordinario)


Cuaresma


Tercera semana de Cuaresma. Es la mitad del tiempo fuerte en el que el caminar del cristiano hacia el cielo, se hace más consciente y menos rápido. Un tiempo en el que algunos procuran dar sentido a la marcha manteniendo diálogo con el Señor que camina con nosotros a nuestro lado. Se hace el encontradizo. “Y mientras comentaban y discutían, el propio Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos, aunque sus ojos eran incapaces de reconocerle. Y les dijo: - ¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino?” (Lc 24,15-17)


Cantar los salmos del Tiempo facilita el diálogo: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? … Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, ¡oh Dios, Dios mío!” (salmo 41,1-3. 42,3-4). “Señor enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas; haz que camine con lealtad; enséñame, porque Tú eres mi Dios y Salvador y en Ti espero todo el día. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; … acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor... El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes” (salmo 24, 4-6,8-9) “Oigo un lenguaje desconocido: “Retiré sus hombros de la carga, y sus manos dejaron la espuerta. Clamaste en la aflicción y te libré. Te respondí oculto entre los truenos, te puse a prueba junto a la fuente de Meribá” (salmo 80,6-8). “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limipia mi pecado” (salmo 50, 3-4)


Una carta apostólica, al calor del hogar. Así escribía 12-13) Judas Tadeo, pariente de Jesús, “hermano de Santiago”, posiblemente antes del año 70: “Pero vosotros, queridísimos, edificándoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando que la misericordia de nuestro Señor Jesucristo os conceda la vida eterna” (Jds 20-21. En el párrafo anterior había escrito: “Pero vosotros, queridísimos, acordaos de as palabras anunciadas por medio de los apóstoles de nuestro señor Jesucristo, que os decían: “En los últimos tiempos habrá quienes se burlen de todo y vivan según sus impías concupiscencias”. Éstos son los que crean divisiones, hombres meramente naturales, que no tienen Espíritu” (Tds 17-19). Y pocas líneas antes se refería a los impíos: “… son nubles sin agua, zarandeadas por los vientos, árboles de otoño, sin fruto, dos veces muertos y arrancados de raíz; olas bravías del mar que echan la espuma de sus torpezas; astros errantes a los que está reservado para siempre la oscuridad tenebrosa” (Jds 12-13). Y acaba así: Tratad con compasión a los que vacilan: a unos procurad salvarlos, arrancándolos del fuego; a otros tratadlos con misericordia, pero con precaución, aborreciendo hasta la túnica contaminada por su carne. Al que es poderoso para guardaros sin tropiezo y presentaros sin tacha y con júbilo delante de su gloria, al único Dios, Salvador nuestro, por medio de Jesucristo nuestro Señor, la gloria, la majestad, el imperio, y la potestad, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén” (Jds 22-25)


Una poesía litúrgica: “Gracias, porque al fin del día / podemos agradecerte/ los méritos de tu muerte / y el pan de la eucaristía, / la plenitud de alegría / de haber vivido tu alianza, / la fe, el amor, la esperanza, / y esta bondad en tu empeño / de convertir nuestro sueño / en una humilde alabanza.” (himno de Completas en el Tiempo Ordinario)


¿Has visto en qué “pequeñeces” está el amor humano? - Pues también en “pequeñeces” está el amor divino” (san Josemaría, “Camino” 824). “Me dices que sí, que quieres – Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo,como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? - ¿No? - Entonces, no quieres” (“Camino” 316)


Cuaresma


Cuaresma. Cuarta semana. Domingo “Laetare”. Hasta el color de la casulla, abandonado temporalmente el morado, avisa a los cristianos de este breve tiempo de alivio para suavizar el rigor propio de la amorosa preparación a la Pasión y Muerte de Jesucristo, en la que sacrificio, mortificación, purificación, desagravio, propósitos, arrepentimiento, son palabras que se refieren a actos de amor y de piedad de los hijos de Dios. “Mirad qué amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos llamemos hijos de Dios ¡y lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Queridísimos: ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como es” (1 Jn 3,1-2)


Alegría en la tierra. “Así pues, también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si le pedís al Padre algo en mi nombre, os lo concederá. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre: pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa” (Jn 16,22-24). “Padre, ha llegado la hora… ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo, para que tengan mi alegría completa en sí mismos” (Jn 17, 13). Y también: “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les dijo: - Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre cualquier poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daños. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan, alegraos más bien de que vuestro nombres están escritos en el cielo” (Lc 10, 17-20).


Alegría en el cielo nuevo: “Y oí una voz, como de una inmensa muchedumbre, como el estruendo de caudalosas aguas y el estampido de fuertes truenos, que decían: ¡Aleluya! ¡Reinó el Señor, nuestro Dios omnipotente! Alegrémonos, saltemos de jubilo; demosle gloria, pues llegaron las bodas del Cordero y se ha engalanado su esposa; le han regalado un vestido de lino deslumbrante y puro: el lino son las buenas obras de los santos” (Ap. 19,6-8). “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: - Ésta es la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugara toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó” (Ap 21, 1-4)

Una carta de apóstol. “Alegraos siempre en el Señor,os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada al contrario, en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4,4-7)


Una poesía litúrgica. “Te damos gracias, Señor, / porque has depuesto la ira / y has detenido ante el pueblo / la mano que lo castiga. / Tú eres el Dios que nos salva, / la luz que nos ilumina, / la mano que nos sostiene / y el techo que nos cobija. / Y sacaremos con gozo / del manantial de la Vida / las aguas que dan al hombre / la fuerza que resucita. / Entonces proclamaremos: / ¡Cantadle con alegría! / ¡El nombre de Dios es grande; / su caridad, infinita. / ¡Que alabe al Señor la tierra ! / Cantadle sus maravillas. / ¡Qué grande en medio del pueblo / el Dios que nos justifica!” (himno de Vísperas en Cuaresma)


Cuaresma


Quinta semana de Cuaresma. En esta parte del camino hacia el cielo, sin decidirlo, acelera sus pasos el caminante, como si tuviera prisa y sin saber porqué. “La víspera de la fiesta de la Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara, como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la puso en la cintura. Después echó agua en una jofaina y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto en la cintura” (Jn 13, 1-5).


- De camino a la morada. “Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como les dije a los judíos: Adonde o voy, vosotros no podéis venir”, del mismo modo os digo ahra a vosotros. Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.” (Jn 13,33-35). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario, ¿os hubiera dicho que voya a preparaos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mi para que donde yo estoy estéis también vosotros. Y donde yo voy ya sabéis el camino. … Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida... nadie va al Padre sino a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora le conocéis y le habéis visto.” (Jn 14, 1-7)


- Con la Trinidad Santísima. “Si me amáis guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que este con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros… Si alguno me ama guardará mi palabra y me Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mi palabra; y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado todo esto estando con vosotros , pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Jn 14, 15-18. 23-26). “Vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón y nadie os quitará vuestra alegría. Es día no me preguntaréis nada. En verdad , en verdad, os digo: si le pedís al Padre algo en mi nombre, os lo concederá. Hasta hora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y y recibiréis para que vuestra alegría sea completa” (Jn 16,22-24).


- De la oración de Jesús: “Padre, ha llegado la hora… Ahora, Padre, glorifícame Tú a tu lado con la alegría que tuve junto a Ti antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los que me diste del mundo. Tuyos eran, Tú me los confiaste y ellos han guardado tu palabra… Yo ruego por ellos, no ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío y he sido glorificado en ellos… No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por su palabra; que todos sean uno como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 1.5-6. 9-10. 20-21)


- La Sagrada Eucaristía. “Mientras cenaban, Jesús tomó pan y después de pronunciar la bendición, lo partió, se los dio a sus discípulos y dijo: - Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo: - Bebed todos de él, porque esta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados… Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos” (Mt 26,26-28.30)


Semana Santa


Semana Santa. El cristiano puede seguirla cada día a la vista de los textos evangélicos. Desde la entrada triunfal en Jerusalén, el Domingo de Ramos. “Cuando se acercan a Jerusalén, Betfage y Betania, junto al monte de los olivos, envía dos de sus discípulos y le dice: Id a la aldea de enfrente y encontraréis enseguida un pollino atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traédmelo. Si alguien os dice ¿Por qué hacéis esto? Decid que el Señor lo necesita y pronto lo remitirá aquí … Ellos fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera en el camino. Lo empiezan a desatar y alguien de los que había allí les dice: ¿Qué hacéis desatando el pollino”. Ellos respondieron como les había dicho Jesús; y les dejaron. Llevan el pollino a Jesús, le echan sus mantos y se montó en él. Muchos extendieron también sus mantos sobre el camino. Otros, hierbas que cortaron de los campos. Los que iban delante y los que seguían gritaban: Hosanna: Bendito el que viene en nombre del Señor…” (Mc 11,1-18; cf. Jn 12,12-19). Ese día, al acercarse a la ciudad, Jesús lloró sobre ella (cf. Lc 19,41) y curó a ciegos y cojos en el Templo (cf. Mt 21,14-16). Unos gentiles querían verlo, se lo pidieron a Felipe y éste se lo dijo a Andrés. Jesús les dijo: “Ha llegado la hora en el que el Hijo del hombre va a ser glorificado” (cf. Jn 12,20-36). Jesús enseñaba en el Templo y “después, los dejó y salió fuera de la ciudad para Betania donde pasó la noche” (Mt 21,17).


Por la mañana (¿lunes?) cuando volvió a la ciudad sintió hambre. Vio junto al camino una higuera y fue a ella. Pero no encontró más que hojas y le dijo: - Nunca jamás lleves fruto. Y la higuera se secó en seguida” (Mt 21, 18-19). Llegó a Jerusalén, entró en el templo y echó a los que allí vendían y compraban y tiró las mesas de los cambistas y los puestos de vendedores de palomas (Mc 11,16). Y, al atardecer, salieron de la ciudad (Mc 11,19) y fue al monte de los Olivos (Lc 21,37).


Por la mañana (¿martes?), al pasar junto a la higuera, vieron que se había secado de raíz… (Mc 11,20). Los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos le preguntan a Jesús con qué autoridad hacía estas cosas (cf. Mc 11,27-33). Y les dijo la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los renteros homicidas (cf. Mt 21,33-46), la de la boda del hijo del rey (Mt 22,1-14); les contesta sobre el tributo al César y sobre el matrimonio en el cielo y el primer mandamiento (Mc 12,13-34). Y exhorta a la vigilancia con otras parábolas: las diez vírgenes, los talentos. ¿El miércoles? “Dos días después era la Pascua y los Ácimos. Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo apoderarse de él con engaño y darle muerte (Mc 14,1-2). En Betania, en casa de Simón el Leproso, mientras estaba cenando, Marta servía y María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costos que llevaba un frasco de alabastro y rompiendo el frasco (Mc 14) y ungió a Jesús los pies y se los enjugó con sus cabellos” (Jn 12).


El primer día de los ázimos (“jueves”), cuando se sacrificaba la Pascua dijeronle los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua? (Mc 14,12; Cf. Mt 26,17-19 y Lc 22,7-13). Cuando llegó la tarde, vino con los Doce. Sentados a la mesa y comiendo dijo Jesús: “En verdad os digo que no beberé del fruto de la vid hasta el día aquél en que lo beba de nuevo en el reino de Dios” (Mc 14,17-25, Mt 26,20-19, Lc 22,14-18). Pare recordar: el lavatorio de los pies, la despedida porque Jesús va al Padre, la promesa del Espíritu Santo, la oración de Jesús por si, por los apóstoles, por la Iglesia (cf Jn 13,33-38, Jn 14, 1-13, Jn 15,1-18.16,633. 17,1-26). Y, después de rezar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26,30, Mc 14,26, Lc 22,39, Jn 18,1).


La oración del Huerto, el prendimiento, la condena. Y la crucifixión: Las inolvidables siete palabras: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43), “Dijo Jesús a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí a a tu Madre” (Jn 19,27), “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15,34), “Tengo sed” (Jn 19-28), “Está cumplido” (Jn 19,30), “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46). Y Jesús dando una gran voz, expiró (Mc 15,37).


Pascua de Resurrección


¡Ha resucitado! ¡Feliz Pascua de Resurrección! El cristiano se felicita porque Dios que nos creó por amor, a la vista de que todos le fallamos en el amor, decidió hacerse como nosotros naciendo de la Inmaculada Virgen María y, por amor, vivir entre nosotros como niño, como joven, como hombre, trabajando, con las alegrías y las penas de la vida ordinaria, y por amor hasta el extremo, sufrir la Pasión y la Muerte en la Cruz. El cristiano revive tanto amor de Dios y su fe, hace segura la esperanza porque por amor, Jesús ha resucitado. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).


Pues si los muertos no resucitan tampoco Cristo ha resucitado; pero si Cristo no ha resucitado vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados. E incluso los que han muerto en Cristo perecieron. Y si tenemos puesta la esperanza en Cristo sólo para esta vida, somo los más miserables de todos los hombres. Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de los que mueren” (1 Co 15,16-20).


Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de maña al día siguiente del sábado, llegaron al sepulcro cuando ya estaba saliendo el sol. Y se decían unas a otras: - Quien nos removerá la piedra de la entrada al sepulcro” (Mc 16,1-4). Y de pronto se produjo un gran terremoto porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestidura blanca como la nieva. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos” (cf. Mt 28,1-5).


Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una vestidura blanca, y se quedaron muy asustadas. Él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron. Pero marchaos y decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo” (Mc 16,57).


Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron al dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: - No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,8-10)


Entonces ellas se acordaron de sus palabras. Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los apóstoles. Y les pareció como un desvarío lo que contaban y no les creían” (Lc 24,8-11). Pero María Magdalena “echó a correr hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: - Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde los han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos” (Jn 20,2-9).


Jesús resucitado se apareció a los dos discípulos que iban a Emaús. Y a todos cuando estaban en el canáculo, primero sin estar Tomás, y a los ocho días cuando ya estaba con ellos. Y se apareció a Santiago en Jerusalén y a más de 500 (1 Co 15, 6-7). Y, en la pesca milagrosa de 153 peces grandes. Y, con seguridad, la primera vez estuvo con la Virgen María, su Madre y Madre nuestra.


Pascua de Resurrección


Segunda semana de Pascua. El camino del cristiano se hace entre canciones y alabanzas a Dios. Dios que es amor, que nos ama tanto como nadie puede amar. Y, acompañando a Jesús resucitado, tenemos puesta el alma en la nueva meta: Pentecostés. En el cielo no se descansa, porque la alegría del amor del Amor es eterna. Y a los caminantes la vida en esta etapa les parece que pasa volando. Cantamos a nuestra Madre: Reina del cielo, alégrate,aleluya. Porque el Señor a quien has merecido llevar, aleluya; ha resucitado según su palabra, aleluya. Ruega al Señor por nosotros aleluya. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya; porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.


Lo dijo Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida, le dijo Jesús-; el que cree en mí, aunque hubiera muerto, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,25-26). “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los príncipes de los sacerdotes y por los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar después de tres días” (Mc 8,31). “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, y después de muerto resucitará a los tres días” (Mc 9,31). “Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará” (Mc 10,33-34)


Así se narró en la crónica de los primeros tiempos de la Iglesia: “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido de Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con él después de su resurrección” (Hechos 10,38-41)


Y, en la carta del apóstol. “Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía y algunos ya han muerto. Luego se apareció a Santiago, y después a todos los apóstoles. Y, en último lugar, como a un aborto, se me apareció también a mi. Porque soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, ya que perseguí a la iglesia de Dios” (1 Co 15,3-9)

Vida en Cristo: “Hermanos: ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allí arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él en la gloria” (Col 3,1-4)


Y la poesía: “Ofrezcan los cristianos / ofrendas de alabanza / a gloria de la Víctima / propicia de la Pascua. / Cordero sin pecado / que a las ovejas salva, / a Dios y a los culpables / unió con nueva alianza. / Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida, / triunfante se levanta. / ¿Qué has visto de camjno, María, en la mañana? / A mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja. / ¡Resucitó de veras / mi amor y mi esperanza! / Venid a a Galilea, / allí el Señor aguarda; / allí veréis los suyos / la gloria de la Pascua. / Primicia de los muertos, / sabemos por la gracia / que está resucitado; / la muerte en ti no manda. / Rey vencedor, / apiádate de la miseria humana / y da a tus fieles parte / de tu victoria santa” (Secuencia de Pascua)


Pascua de Resurrección


Tercera semana de Pascua de Resurrección. La Pascua Florida de que hablaban los antiguos catecismos llena de alegría el corazón de los cristianos nada menos que durante cincuenta días, hasta la celebración de la Pentecostés. La palabra “aleluya” aflora espontánea en saludos y despedidas. Al dar gracias, al desagraviar; en la dedicación al trabajo de cada día, en el descanso; y al besar a nuestra Madre, la Virgen María: Reina del cielo, alégrate, aleluya! Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya! Resucitó como predijo, aleluya!


- Palabras evangélicas que nos habían asegurado la resurrección: “Le dijo Marta a Jesús: - Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano, pero incluso ahora sé que todo cuanto pidas a Dios, te lo concederá. Tu hermano resucitará, le dijo Jesús. Marta respondió: - Y a sé que resucitará en la resurrección, el último día. - Yo soy la Resurrección y la vida -le dijo Jesús-; el que cree en mí, aunque hubiera muerto,vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto? - Sí, Señor - le contestó- Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo” (Jn 11,21-27). Y también: “En verdad, en verdad os digo que llega la hora y es ésta, en la que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán, pues como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. … No os maravilléis porque bien la hora en la que todos los los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron el bien saldrán para la resurrección de la vida” (Jn 5, 25-29)


- Y los hechos. “Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús Nazareno, hombre acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y señales, que Dios realizó entre vosotros por medio de él, como bien sabéis, a éste, que fue entregado según el designio establecido y la presciencia de Dios, le matasteis clavándole en la cruz por manos de los impíos. Pero Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte, porque no era posible que ésta lo retuviera bajo su dominio … A este Jesús le resucitó Dios. Y de eso todos nosotros somos testigos.” (Hech 2,22-24, 32).


- Y la esperanza. “Después de eso apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del cordero! Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios diciendo: Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén. Y uno de los ancianos me dijo: Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabrás. Él me respondió: Esos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en el templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, nos hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de us ojos” (Ap 7, )


La poesía. “Porque anochece ya, / porque es tarde, Dios mío, / porque temo perder / las huellas del camino, / no me dejes tan solo / y quédate conmigo. / Porque he sido rebelde / y he buscado el peligro / y escudriñé curioso / las cumbres y el abismo, / perdóname, Señor, / y quédate conmigo. / Porque ardo en sed de ti / y en hambre de tu trigo, / ven, siéntate a mi mesa, / bendice el pan y el vino. / ¡Qué aprisa cae la tarde ! / ¡Quédate al fin conmigo” (himno de Vísperas para el Tiempo Pascual)


Pascua de Resurrección (Papa León XIV)


Cuarta semana de Pascua. Domingo del Buen Pastor. El cristiano camina animoso y alegre hacia el cielo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario: ¿os habría dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar de nuevo vendré y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy, estéis también vosotros” (Jn 14,2-3). “Padre quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que Tú me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo” (Jn 17,24). “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Vi también la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo de parte de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo. Y oí una voz fuerte procedente del trono que decía. - Esta es la morada de Dios con los hombres. Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo loa anterior ya pasó” (Ap. 211-4)


El cielo que nos espera. “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría, diciendo: - Señor, hasta los demonios se ns someten en tu nombre. Y Él les dijo: - Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre culquier poder del enemigo, de manera que nada podría haceros daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,17-20).


El relato apostólico. “Al ver aquello, Pedro dijo al pueblo: - Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este hombre por nuestro poder? El Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis en presencia de Pilato, cuando éste había decidido soltarle. Vosotros negasteis al Santo, al Justo, y pedisteis que os indultaran a un homicida; matasteis al autor de la vida, a quien Dios resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y por la fe en su nombre, éste que veis y conocéis, su nombre lo restableció, y la fe que viene de él le dio la completa curación ante vosotros. Ahora bien, hermanos, sé que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios cumplió lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería. Arrepentíos, por tanto, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados de modo que vengan del Señor los tiempos de la consolación.” (Hech 3,12-20)


Y los Padres. Por el espíritu Santo se nos concede de nuevo la entrada en el paraíso, la posesión del reino de los cielos, la recuperación de la adopción de hijos; se nos da la confianza de invocar a Dios como Padre, la participación de la gracia de Cristo, el podernos llamar hijos de la luz, el compartir la gloria eterna y, para decirlo todo de una sola vez, el poseer la plenitud de las bendiciones divinas, así en este mundo como en el futuro” (san Basilio Magno “Sobre el espíritu Santo”, cap. 15, 35-36).


Poesía litúrgica. “La bella flor que en el suelo / plantada se vio marchita / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / De tierra estuvo cubierto, / pero no fructificó / del todo, hasta que quedó / en un árbol seco injerto. / Y, aunque a los ojos del suelo / se puso después marchita, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Toda es de flores la fiesta, / flores de finos olores, / más no se irá todo en flores, / porque flor de fruto es ésta. / Y, mientras su Iglesia grita / mendigando algún consuelo, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Que nadie se sienta muerto / cuando resucita Dios, / que, si el barco llega al puerto, / llegamos junto con vos. / Hoy la cristiandad se quita / sus vestiduras de duelo. / Ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo” (himno del Oficio de lectura)


Pascua de Resurrección


Quinta semana de Pascua. En el camino hacia el cielo, los cristianos se unen como Iglesia y cantan salmos: “No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad. ¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está su Dios”? Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de sus manos humanas. Bendito seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres” (salmo 113, 1-4, 15-16). “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas su criaturas. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. Explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y la majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de ea en edad (salmo 144, 8-13). “Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. Sabed que el señor es Dios; que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades” (salmo 99, 1-3.5)


Pasan los días y los cristianos mantienen en el alma la alegría de la Resurrección. Ese andar presuroso les recuerda otras prisas por causa tan diferente, como se dice en el pasaje evangélico: “Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús se les adelantaba y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo. Tomó de nuevo consigo a los doce y comenzó a decirles lo que iba a suceder. - Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará” (Mc 10,32-34).


Los apóstoles. “Mientras hablaban ellos al pueblo se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos, molestos porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de los muertos. Les prendieron y metieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque ya había anochecido. Muchos de los que habían oído la palabra creyeron, y el número de los hombres llegó a ser de unos cinco mil… Entonces Pedro lleno del Espíritu Santo, les respondió: - Jefes del pueblo y ancianos, si nos interrogáis hoy sobre el bien realizado a un hombre enfermo, y por quién lo hemos sanado, quede claro a todos vosotros y a todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por él se presenta éste sano ante vosotros… Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y en todos había abundancia de gracia” (Hech 4,1-4. 8-10, 33)


Y adivinando en la espera, “Vi también unos tronos y en ellos se sentaron los encargados de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían rendido homenaje a la bestia ni a su estatua y no habían recibido la señal en ña frente eni en la mano. Éstos volvieron a la vida y reinaron con cristo mil años. El resto de los muertos no volvió a la vida hasta pasados los mil años. Ésta es la primera resurrección. Dichoso y santo al que le toca en suerte la primera resurrección; sobre ellos la segunda muerte no tiene poder: serán sacerdotes de Dios y de Cristo y serán reyes con él mil años…” (Apocalipsis 20,4-6)


Una poesía de la Liturgia de las Horas. “La muerte, en huida, / ya va malherida. / Los sepulcros se quedan desiertos. Decid a los muertos: / “¡Renace la vida, / y la muerte ya va de vencida!” / Quien le lloró muerto / lo encontró en el huerto, / hortelano de rosas y olivos. / Decid a a los vivos: / “¡Viole jardinero / quien le viera colgar del madero!” / Las puertas selladas / hoy son derribadas. / En el cielo se canta victoria. / gritadle a la gloria / que hoy son asaltadas / por el hombre sus “muchas moradas” (himno de Laudes en el Tiempo de Pascua)


Pascua de Resurrección


Sexta semana de Pascua. Los cristianos andan el camino de la vida hacia el cielo llenos de gozo, con la vista puesta en la meta feliz por toda la eternidad y en la mirada de Dios que, con los brazos y las manos abiertos. Permanentemente, les acompaña en su avance, en su descanso, en sus despistes, en sus caídas y al volver a levantarse para proseguir. Viviendo el cielo en la tierra, los deseos del futuro parecen hacerse reales ya.


Jesús prepara para el camino en la Resurrección. Las condiciones: “Y les decía a todos: -Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me diga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lc 9,23-24). El espíritu: “A vosotros, amigo míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os enseñaré a quién tenéis que temer:temed al que después de dar muerte tiene potestad para arrojar en el infierno. Sí, os digo, temed a éste. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno solo de ellos queda olvidado ante Dios. Aún más, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tengáis miedo; valéis más que muchos pajarillos” (Lc 12,4-7). Y la meta: “Entonces se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: - Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. Él les dijo: - ¿Qué queréis que os haga? Y ellos contestaron: - Concedenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda en tu gloria. Y Jesús les dijo: - No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado? - Podemos, -le dijeron ellos. Jesús les dijo: - Beberéis el cáliz que yo bebo y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto. A oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan. Entonces Jesús les llamó y le dijo: Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones, las oprimen y los poderosos las avasallan. No tiene que ser así entre vosotros; al contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos, porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos” (Mc 10,35-45)


Los apóstoles. “Los condujeron y presentaron al Sanedrín. El sumo sacerdote les interrogó: - ¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre? En cambio, vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre. Pedro y los apóstoles respondieron: - Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que vosotros matasteis colgándolo de un madero. A éste lo ensalzó Dios a su derecha, como Principe y Salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Y de estas cosas somos testigos nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha dado a todos los que le obedecen. Al oír esto se estremecieron y querían matarlos” (Hech 5, 27-33)


Los cristianos. “Son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo. El alma, en efecto, se haya esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo.” (de la Carta a Diogneto)

Poesía litúrgica. “Ésta es la hora / en que rompe el espíritu / el techo de la tierra, / y una lengua de fuego innumerable / purifica, renueva, enciende, alegra / las entrañas del mundo. / Ésta es la fuerza / que pone en pie a la Iglesia / en medio de las plazas / y levanta testigos en el pueblo, / para hablar con palabras como espadas / delante de los jueces. / Llama profunda, / que escrutas e iluminas / el corazón del hombre: / restablece la fe con tu noticia, / y el amor ponga en vela la esperanza, / hasta que el Señor vuelva” (Himno del Hora Intermedia. Tercia)


ASCENSIÓN DEL SEÑOR


La Ascensión del Señor. No hay cristiano que no recuerde en su camino hacia el cielo las palabras de Jesús: “Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Se lo dicen unos a otros mientras suben y bajan las cuestas de la vida, y en los descansos: ¡Ha resucitado! Y está aquí con nosotros ¡hasta el fin del mundo! Sin faltar ni un instante, ningún día. Con nosotros.


El Nuevo Testamento. “Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y, mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24,50-52). “Los que estaban reunidos allí le hicieron esta pregunta. - Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel? Él contestó: - No es cosa vuestra conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. Y después de decir esto, mientras ellos le observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos” (Hech 1, 6-9). “El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16,19).


Loa salmos. “Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con voces de júbilo! Porque el Señor es el Altísimo, temible. El gran Rey de toda la tierra… Dios sube entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas. Cantad himnos a nuestro rey, cantad. Que Dios es el rey de toda la tierra, cantadle el himno más bello. Dios reina sobre las naciones; Dios está sentado en su santo trono” (salmo 47). “Como lo habíamos oído, así lo hemos visto en la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios. ¡Dios la ha fundado para siempre! Meditamos, oh Dios, en tu misericordia en medio de tu Templo. Como tu Nombre, oh Dios, así suena tu alabanza hasta los confines de la tierra. Tu diestra rebosa de justicia” (salmo 48). “Oh Dios, Tú eres mi Dios, el alba que busco, mi alma tiene sed de Ti, por Ti mi carne desfallece, en tierra desierta y seca sin agua. Por eso te contemplo en el Santuario, para ver tu poder y tu gloria. Tu misericordia vale más que la vida, mis labios ta alabarán. Así te bendeciré toda mi vida, a tu Nombre alzaré mis manos” (salmo63)


Los Padres. “Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él por la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él. No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni nosotros, cuando regresó hasta él. Él mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: “Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo”. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros por él, hemos sido hechos hijos de Dios” (san Agustín, sermón Mai 98)


Y la poesía. “¿Y dejas, Pastor santo, / tu grey en este valle hondo, oscuro, / en soledad y llanto; / y tú, rompiendo el puro / aire, te vas al inmortal seguro? / Los antes bienhadados / y los ahora tristes y afligidos, / a tus pechos criados, / de ti desposeídos, / ¿a dónde volverán ya sus sentidos? / ¿ Qué morarán los ojos / que vieron de tu rostro la hermosura / que n les sea enojos? / Quien gustó tu dulzura / ¿qué no tendrá por llano y amargura? / Y a este mar turbado / ¿quién le pondrá ya freno? ¿quién concierto / al fiero viento airado, / estando tú a cubierto? / ¿Qué norte guiará la nave al puerto? / Ay, nuble envidiosa / aun de este breve gozo, ¿qué te quejas? / ¿Dónde vas presurosa? / ¡Cuán rica tú te alejas! / ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!” (Himno de I Visperas)


PENTECOSTÉS


Pentecostés. El anuncio. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros” (Jn 14, 15-18). “Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama, no guarda mis apalabras; y la palabra que escucháis no es mía sino del Padre que me ha enviado. Os he hablado de todo esto estando con vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Jn 14, 23-26). “Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo” (Jn 15, 26-27). “Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adonde vas? Pero porque os he dicho esto vuestro corazón se ha llenado de tristeza; pero yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy, os lo enviaré” (Jn 16,5-7)

La Pascua. “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén los judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban: - ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno os oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hech 2,1-10)


Apóstoles. “Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1Co, 12, 3-7,12-23)

Secuencia. “Ven Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo. / Padre amoroso del pobre; / don, en tus dones espléndido; / luz que penetra en las almas; / fuente del mayor consuelo. / Ven, dulce huésped del alma, / descanso de nuestro esfuerzo; / tregua en el duro trabajo, / brisa en las horas de fuego, / gozo que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos. / Entra hasta el fondo del alma, / divina luz, y enriquécenos, . Mira el vacío del hombre, / si tú le faltas por dentro; / mira el poder del pecado / cuando no envías tu aliento. / Riega la tierra en sequía, / sana el corazón enfermo, / lava las manchas, / infunde calor de vida en el hielo, / doma el espíritu indómito, / guía al que tuerce el sendero. / Reparte tus sietes dones / según la fe de tus siervos; / por tu bondad y tu gracia, / dale al esfuerzo su mérito, /salva qle que busca salvarse / y dale tu gozo eterno.”


SANTÍSIMA TRINIDAD


La Santísima Trinidad. Aunque después de Pentecostés empieza el Tiempo Ordinario, que dura hasta Cristo Rey y empieza el Adviento, los cristianos tenemos una estupenda transición con solemnes celebraciones: la Santísima Trinidad, un domingo primero, y el Corpus Christi, en el domingo siguiente. La liturgia regala festividades, en dos días seguidos, viernes y sábado, que llenan de amor el alma de cada cristiano: el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. Y es que vivimos lo que sabemos: “ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro (Rm 8,38-39)


- “Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dije: Recibe de lo mío y os lo anunciará” (Jn 16,13-15)


- “Hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud esperanza y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5,4-5)

- “Y esta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y a la Trinidad en la Unidad. Sin confundir las Personas, ni separar la substancia. Porque una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola dividad, les corresponde igual gloria y majestad eterna. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno. De la misma manera no son tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso. Igualmente omnipotente es el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. Y sin embargo no son tres omnipotentes, sino un omnipotente. Del mismo modo el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Sin embargo no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor. Y sin embargo no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada Persona es Dios y Señor, la religión católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses o Señores. El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado. El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho ni creado, ni engendrado, sino procedente. Por tanto, hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en esta Trinidad no hay anterior o posterior, nada mayor o menor, pues las tres Personas son coeternas e iguales entre sí. De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad” (Quicumque, Símbolo atanasiano, 3-25)


Te está cantando el martillo / y rueda en tu honor la rueda. / Puede que la luz no pueda / librar del humo su brillo. / ¡Qué sudoroso y sencillo / te pones a mediodía, / Dios en la dura porfía / de estar sin pausa creando, / y verte necesitando / del hombre más cada día! / Quien diga que Dos ha muerto / que salga a la luz y vea / si el mundo es o no tarea / de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto / ni en la montaña se esconde; / decid si preguntan dónde, / que Dios está -sin mortaja- / en donde un hombre trabaja /y un corazón le responde” (Hora Sexta, del Tiempo Ordinario)


CORPUS CHRISTI


El Corpus Christi, El Cuerpo y la Sangre de Cristo. La semana grande que pone fin a solemnidades y fiestas, aunque el Tiempo Ordinario se retomó después de Pentecostés. Pero los cristianos aprovechan todas las ocasiones que son propicias para anticipar el sentimiento de lo que podría ser “vuestra alegría sea completa” (Jn 15,11, 16,24, 17.13), en palabras de Jesús. Y, así, celebramos el Sagrado Corazón de Jesús, el viernes, y el Inmaculado Corazón de María, el sábado. Y nos alegramos con festividades como la de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y con la Natividad de san Juan Bautista, San Josemaría, hasta alcanzar a la fiesta de san Pedró y san Pablo, apóstoles.


- Eucaristía. “Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». Los judíos murmuraban de él porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?». Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios”. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, a no ser el que está junto a Dios: ese ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.” (Jn 6, 35-59)


- “La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. Es Dios, engendrado de la misma sustancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la sustancia de su Madre santísima en el tiempo. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana. Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos Cristos, sino un solo Cristo. Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios. Uno absolutamente, no por confusión de sustancia, sino en la unidad de la persona. Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre. Que padeció por nuestra salvación: descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.” (“Quicumque”, Símbolo atanasiano, 28-37)

¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y … no me he vuelto loco? (Camino 425)

TIEMPO ORDINARIO

San Josemaría fue definido como “el santo de lo ordinario” (Discurso de Juan Pablo II, el 7 de octubre de 2002, en Roma, a los peregrinos con motivo de la canonización). Para el cristiano, cada año, en estos días en que se retoma el Tiempo Ordinario litúrgico que dura hasta Cristo Rey, se vive el camino hacia el cielo que es la vida como el tiempo de la vida corriente. Y en el alma se reviven palabras meditadas, escuchadas, leídas tantas veces.


- Palabras de Jesús. “Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis. Vosotros orad así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. No atesoréis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad! Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia.” (Mt 6,8-34)


- Vida corriente. Yo te voy a decir cuáles son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdicies: hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…” (Camino 194). “Al cuerpo hay que darle un poco menos de lo justo. Si no, hace traición” (Camino 196). “Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces el día: - Porque te da esto y lo otro – Porque te han despreciado. - Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes. Porque hizo tan hermosa a su Madre que es también madre tuya. - Porque creó el sol y la luna y aquel animal y aquella otra planta. - Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso… Dale gracias por todo, porque todo es bueno” (Camino 268). “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes” (Camino 755)


TIEMPO ORDINARIO


Camino hacia el cielo. Mucho calor. Etapas duras, a veces cuesta arriba, otras con tropiezos y caídas, que los cristianos pueden aprovechar para repetirle a Dios que está a su lado: “Que te quiera. Que te quiera mucho. Que te quiera más. Que te quiera como Tú quieres que te quiera”. Dios nos ama, desde siempre y para siempre: “No temas, que te he redimido y te he llamado por tu nombre: tú eres mío... Yo soy quien borra tus delitos por Mí mismo, y no recordaré tus pecados” (Is 43,1.25). “El Señor me ha abandonado, mi Señor me ha olvidado. ¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas? ¡Pues aunque ellas se olvidaran Yo no te olvidaré!” (Is 49,14-15). “Como a un niño a quien su madre consuela así os consolaré yo” (Is 66,13)


- “La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (Jn 13,1). “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13,34-35). “Si me amáis guardaréis mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros… El que acepta mis mandamientos y los guarda ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amará y yo mismo me manifestaré a él” (Jn 14,15-17.21)


- “Dios es amor (1Jn 4,8 y 16)” En esto consiste el amor no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros… En esto alcanza el amor su perfección en nosotros, en que tengamos confianza en el día del Juicio, porque tal como es él, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor. Y nosotros amamos porque Él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios” y, aborrece a su hermano, es un mentirosos; pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, que ame también a su hermano” (1Jn, 4,10 y11.17-21).


- Consejos: “1) Hable poco y en cosa que no es preguntado no se meta; 2) Siempre procure traer a Dios presente y conservar en sí la pureza que Dios le enseña. 3) No se disculpe ni rehúse ser corregido de todos: oiga con rostro sereno toda reprensión; piense que se lo dice Dios. 4) Viva como si no hubiese en este mundo más que Dios y ella para que, para que no pueda su corazón sr detenido por cosa humana. 5) Tenga por misericordia de Dios que alguna vez le digan alguna buena palabra, pues no merece ninguna. 6) Nunca deje derramar su corazón, aunque sea por un credo. 7) Nunca oiga flaquezas ajenas, y si alguna se quejare a ella de otra, podrále decir con humildad no le diga nada. 8) No se queje de nadie, no pregunte cosa alguna, y si le fuere necesario preguntar sea con pocas palabras. 9) No rehúse el trabajo, aunque le parezca no lo podrá hacer. Hallen todos en ella piedad. 10) No contradiga; en ninguna manera hable palabras que no vayan limpias. 11) Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos. 12) No niegue cosa que tenga, aunque la haya menester. 13) Calle lo que Dios le diere y acuérdese de aquel dicho de la Esposa: “Mi secreto para mí”. 14) Procure conservar el corazón en paz, no le desasosiegue ningún suceso de este mundo, mire que todo se ha de acabar. 15) No pare mucho ni poco en quién es contra ella o con ella, y siempre procure agradar a su Dios. Pídale se haga en ella su voluntad. Amele mucho, que se lo debe” (san Juan de le Cruz, “Avisos y sentencias” 61)


Tiempo ordinario


En esta semana quince del Tiempo Ordinario muchos cristianos, en el caminar hacia el cielo que es nuestra vida, andaremos con la alegría del corazón que sentimos en las fiestas de la Virgen María, nuestra Madre. La Virgen de Carmen y vestir el santo escapulario orientan nuestros pasos, consuelan en nuestra penas y disgustos, animan a seguir y a ser mejores en lo que debe ser camino de amor, porque Dios es amor y Él “no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17,27-28)


- Amar. “En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Él le dijo: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?”. Él respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”. Él le dijo: “Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida” (Lc 10,25-28)


- Convivencia. “Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo. No os toméis la venganza por vuestra cuenta, queridos; dejad más bien lugar a la justicia, pues está escrito: Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor. Por el contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: actuando así amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien.” (Rm 12,9-21)


- “Oh tú que caminando por este miserable valle de lágrimas, andas zozobrando entre las tempestades del mundo, si no quieres verte sumergido entre las olas, no apartes jamás los ojos de esta brillante y luminosa estrella! Si se levanta el huracán de las tentaciones, si tropiezas contra los escollos de la tribulación, mira la estrella, llama a María. Si eres combatido por las olas del orgullo, de la ambición, de la maedicencia, de la envidia, mira la estrella, invoca a María. Si la cólera, la avaricia o los estímulos de la carne arrastran la navecilla de tu alma, vuelve tus ojos hacia María. Si te turba el horror de tus pecados, si la conciencia se estrece a la vista de su gravead y número; si el temor de los terribles juicios de Dios te inducen a la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, invoca a María. No se aprte su nombre de tus labios ni de tu corazón; y si quieres que ella ruegue por ti, procura imitar sus ejmplos. Siguiéndola, no te desvías; rogándole no desesperas; contemplándola, no yerras. Si Ella te protege, no temas, con su apoyo no caerás, si Ella te guía, no te cansarás; si Ella te es propicia, llegarás finalmente al puerto.”

(san Bernardo. Evang. “Missus est”)


¿Quién eres tú mujer, que, aunque rendida / al parecer, al parecer postrada, / no estás en los cielos ensalzada, / no estás sino en la tierra preferida? / Pero, ¿qué mucho, si del sol vestida, / qué mucho, si de estrellas coronada, / vienes de tantas luces ilustrada, / vienes de tantos rayos guarnecida?/ Cielo y tierra parece que, a primores, / se compitieron con igual desvelo, / mezcladas sus estrellas y sus flores; / para que en ti tuviesen tierra y cielo, / con no sé qué lejanos resplandores / de flor del sol plantada en el Carmelo” (Laudes en la Virgen del Carmen)


Tiempo ordinario


El Tiempo Ordinario se hace tiempo de familia para los cristianos. Porque Patria es familia paterna y patrimonio común de los parientes, celebramos a Santiago, apóstol, patrono de España, nuestra patria. Toda la prehistoria y la historia de nuestras gentes y nuestras tierras la considera el cristiano bajo la mirada de Dios, Señor de la Historia, desde las manos de Jesús, Redentor de todos y cada uno, porque vino a redimir, a salvar y amparados en la protección del Espíritu Santo que ha derramado sus dones sobre nosotros: don de sabiduría, don de entendimiento, don de consejo, don de fortaleza, don de ciencia, don de piedad y don de temor de Dios (CIC 1831). Y celebramos también a santa María Magdalena, como apóstol, y a san Joaquín y santa Ana, los padres de la Virgen María, los abuelos maternos del Niño Jesús. ¡Que alegría en el cielo!


- “Y les decía a todos: Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará. Porque ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero si se destruye a sí mismo o se pierde? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras, de él se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria y en la de su Padre y en la de los santos ángeles” (Lc 9,23-27; cf. Mt 16,24). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida la encontrará” (Mt 10,37-3). “Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30)


- “Hermanos, si a alguien se le sorprendiera en alguna falta, vosotros que sois espirituales, coregidle con espíritu de mansedumbre, fijándote en ti mismo, no vaya a ser que tú también seas tentado. Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo.Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí ismo. Que cada uno examine su propia conducta y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que levar su propia carga. Que el discípulo comparta toda clase de bienes con el que le instruye. No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá: el que seimnra en su crane, d ella carne cosechará corrupción, y el que siembre en el Espíritu, del espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto.” (Gal 6,19)


- “Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas. ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti. (san Agustín “Confesiones”, 18,27)

Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo. Que ames a Cristo. Son tres etapas clarísimas. ¿Has intentado por lo menos, vivir la primera?” (“Camino”, del 382)


Tiempo Ordinario. Fin de curso escolar


El calor, la calor y las calores, son grados en la tierra de María Santísima. ¡Ánimo!


El curso se acaba. Es tiempo de descanso, de rearmarse de fuerzas en el cuerpo y en el espíritu. El cristiano encuentra motivo de meditación, de adoración a Dios; de acción de gracias, por el curso acabado, por la vida recibida y sostenida; de petición, para cada uno, para los cercanos, para los lejanos, para los contrarios, para el que lo necesite, sea quien sea. Manteniendo la costumbre en el blog, sigue aquí la poesía del Padre Alarcón S.I. que reprodujo el Padre Coloma S.I., con texto en prosa intercalado, en su obra “Pequeñeces”, en el pasaje en el que, en una distribución de premios escolares, un niño recitaba una poesía a la Virgen. Adaptemos las palabras a cada uno. Pensando.


- “Dulcísimo recuerdo de mi vida, / bendice a los que vamos a partir. / ¡Oh, Virgen del recuerdo dolorida, / recibe tú mi adiós de despedida, y acuérdate de mí!... / Lejos de aquestos tutelares muros, / los compañeros de la edad feliz / no serán a tu amor perjuros; / conservarán sus corazones puros; / ¡Se acordarán de ti! / Mas siento al alejarme una agonía / cual no la suele el corazón sentir…/ En palabras de niño ¿quién confía? / Temo… no sé qué temo, Madre mía, / por ellos y por mí…” Estos cortes circunstanciales en la rutina vital permiten recordar tiempos pasados en los que la fe, la piedad, la relación con Dios era intensa, amable, cordial. Conviene sacar ánimos de ahí.


- “Dicen que el mundo es un jardín ameno / y que áspides oculta ese jardín… / que hay frutos dulces de mortal veneno… / que el mar del mundo está de escollos lleno… / Y ¿por qué estará así? / Dicen que por el oro y los honores / hombres sin fe, de corazón ruín, /secan el manantial de sus amores, / y a su Dios y a su Patria son traidores… ¿Por qué serán así? / Dicen que de esta vida los abrojos / quieren trocar en mundanal festín; / que ellos, ellos motivan tus enojos, / y que ese llanto de tus dulces ojos/ lo causan ellos, ¡sí! / Ellos, ¡ingratos!, de pesar te llenan… / ¿Seré yo también sordo a tu gemir? / ¡No! ...; yo no quiero frutos que envenenan, / no quiero goces que a mi Madre apenan, / ¡no quiero ser así! / En los escollos de esta mar bravía / yo no quiero sin gloria sucumbir; / yo no quiero que llores por mí un día, / yo no quiero que llores, Madre mía… / ¡No quiero ser así!” Quizá nuestra experiencia vital empieza aquí, recordando tiempos de olvido de Dios, de alejamiento de Dios. También esa poesía de niño puede animarnos.


- “Y mientras yo responda a tu reclamo, / mientras me juzgue con tu amor feliz, / y ardiendo en este afecto en que me inflamo / te diga muchas veces que te amo, / ¿te olvidarás de mí? / ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida! / Siempre que luche en poderosa lid, / siempre que llore mi alma dolorida, / al recordar mi adiós de despedida / ¡Te acordarás de mí! / Y en retorno de amor y fe sincera, / jamás sin tu recuerdo he de vivir: / tuya será mi lágrima postrera… / Hasta que muera, Madre, hasta que muera, / me acordaré de ti!” Así, con ese arrojo juvenil, aún en la edad madura, es tiempo de propósitos, de animarnos unos a otros, la mejor inversión: ¡el ciento por uno!


- “Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo / de alzar el vuelo al celestial confín, / estrechándome a ti con dulce abrazo, / no me apartes jamás de tu regazo, / ¡no me apartes de ti!”. No hay mayor seguridad que ir a Jesús de la mano de la Madre.


Unos a otros, todos nos deseamos un feliz descanso. Un “seguir sin parar” más pausado. (como es tradición en el blog “El hecho imponible”, este texto se repite literalmente cada año al acabar el curso académico).


A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María” (Camino 495)


Agosto


Jesús nos habla con parábolas. Se entienden bien, enseñan mucho. Debemos leerlas con atención y meditar sobre qué nos dicen. Es una preciosa “tarea de vacaciones” en agosto. Escuchar a Jesús.


- “Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga»… Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno» (Mt 13, 1-9, 18-23).


- Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”»… Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.” (Mt 13,24-30,36-43)


Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta»... El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí».” (Mt 13,31-33,44-51)


Agosto


Jesús está con cada uno de nosotros, siempre, en todo momento. Nos acompaña, nos espera, se queda con nosotros. La presencia de Dios es presencia de quien más nos quiere. No hay más Amor.


- “«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”». (Lc 14,16-24)

- “Jesús les dijo esta parábola: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta” (Lc 15,1-10)


- “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”» (Lc 15, 4-32)


Agosto


Estar con Dios que es Padre. Vivir de continuo con Jesús que es Dios y hombre. Sentir que el

Espíritu Santo nos acompaña, nos aconseja, nos anima y nos consuela. Estar con Dios, no hay más.


- El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga. Y en cuanto está a punto el fruto enseguida mete la hoz , porque ha llegado la siega” (Mc 4,26-29). “Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto. Y se puso a pensar para sus adentros: ¿qué puedo hacer, ya que no tengo donde guardar mi cosecha? Y se dijo: “Esto haré, voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores, y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces le diré a mi alma: “Alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien”. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta noche te van a a reclamar el alma; lo que has preparado ¿para quién será? Así ocurrirá al que atesora para sí y no es rico para Dios” (Lc 12,16-21)


-”Un hombre tenía una higuera `plantada en su viña y fue a buscar en ella fruto y no lo encontró. Entonces le dijo al viñador: “Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto dse esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde? Pero él le respondió: Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, por si produce fruto, si no, ya la cortarás” (Lc 13, 6-9)


- “Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí mucho tiempo. A su debido momento envió un siervo a los labradores para que le dieran el fruto de la viña. Pero los labradores, después de golpearlo, lo despacharon con las manos vacías. Y volvió a enviarles otro siervo. Pero ellos lo golpearon y lo ultrajaron y lo despacharon con las manos vacías. Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos lo hirieron y lo echaron. Dijo entonces el amo de la viña: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él lo respetarán” pero los labradores al verlo comentaron entre ellos. “Éste es el heredero; lo mataremos para que sea nuestra su heredad. Y lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el amo de la viña? Vendrá, exterminará a esos labradores y entregará la viña a otros” (Lc 20,9-16). “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero le mandó: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Pero él le contestó: “No quiero”. Sin embargo se arrepintió después y fue. Se dirigió entonces al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: “Voy, señor”, pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? - El primero, dijeron ellos” (Mt 21,28-30)


- “Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos» (Mt 20,1-16)


Agosto


Todos, Tú y yo, tenemos la oportunidad de hablar con Dios; en todo momento, en cualquier momento. Dios -¡Dios!- no espera, nos escucha y nos atiende. Dios nos quiere más que nadie.


Uno de los comensales dijo a Jesús: “¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!”. Jesús le contestó: «Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: “Venid, que ya está preparado”. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: “He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”. Otro dijo: “Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”. El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: “Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. El criado dijo: “Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”. Entonces el señor dijo al criado: “Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”»” (Lc 14,15-24)


Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (Lc 16,19-31)


- “Mientras estaban oyendo estas cosas, les añadió una parábola porque él estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que le Reino de Dijo se manifestaría enseguida. Dijo pues., pues: «Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles: “Negociad mientras vuelvo”. Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo: “No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros”. Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu mina ha producido diez”. Él le dijo: “Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu mina, señor, ha rendido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado”. Él le dijo: “Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas”. Le dijeron: “Señor, ya tiene diez minas”.“Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.” (Lc 19,11-26)


Agosto


Poner a Jesús en la continuidad de nuestra vida, en toda ocasión en cada instante, es vivir con la seguridad que da la confianza de tener a Dios como Padre, como Hermano, como Amigo.


- “Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».” (Mt 20,1-16). “Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. (Mt 18,23-35)


- “Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”.Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora». (Mt 25,1-13). “Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no.” (Lc 18,10-14)


Tiempo Ordinario


Como en todas las familias son fiestas que se celebran con alegría desbordada. Los cristianos celebramos en la primera quincena de septiembre las fiestas de nuestra Madre, la Virgen María, Madre de Dios. El día 8 la Natividad de la Niña María y el día 12 su Dulce Nombre. Son muchísimas las advocaciones que se celbran con motivo de esas fechas: el día 8, Nuestra Señora de los Llanos, de Meritxell, del Pino, de la Peña, de la Fuensanta, de la Cinta, de la Victoria, de Montserrate, de Covadonga, de san Lorenzo, de Nuria, del Coro, de Soterraña, de Arrate; el día 9, Nuestra Señora de Aránzazu; el día 11, Nuestra Señora de la Cueva Santa; el día 12, Nuestra Señora de Estíbaliz, Nuestra Señora de Lluc. Y como María, la Madre de Dios, la Madre de Jesús, nuestra Madre, es corredentora, la quincena concluye el domingo, 14 de septiembre con la Exaltación de la Santa Cruz, y el lunes, 15, en que nos unimos a Nuestra Señora de los Dolores y bajo tántas advocaciones: de las Angustias, del Camino, de la Soledad, de la Bien Aparecida. ¡Cuánto amor y cuánta alegría en los corazones de los cristianos! Las jaculatorias, muchas, se escapa del corazón: Mater pulchrae dilectionis filios tuos adiuba, Madre del Amor Hermoso ayuda tus hijos; Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!, Dulcísimo Corazón de María, prepara un camino seguro, para que lleguemos al cielo. Y nos quedemos allí para siempre, en la Comunión de los Santos.


Así dice el Señor: - Pero tú Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel” (Miqueas 5,1).


- En la Natividad. Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día: Cielo y tierra se reúnen enesta celebración, y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por encima del mundo. Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor” (san Andrés de Creta, obispo, del sermón 1)


Hoy nace una clara estrella, / tan divina y celestial, / que con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella. / De Ana y de Joaquín, oriente / de aquella estrella divina, / sale la luz clara y digna / de ser pura eternamente: / el alba más clara y bella / no le puede ser igual, / que, con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella. / No le iguala lumbre alguna / de cuantas bordan el cielo, / porque es el humilde suelo / de sus pies la blanca luna: / nace en el suelo tan bella / y con luz tan celestial, / que , con ser estrella, es tal, / que el mismo Sol nace de ella.” (Laudes, en la Natividad de la Santísima Virgen María)


- Junto a la Cruz. “En verdad, Madre santa, una espada traspasó tu alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de tu Hijo sin atravesar tu alma. En efecto, después de que aquel Jesús -que es de todos, pero que es tuyo de un modo especialísimo- hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mañl alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la tuya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la tuya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto la punzada del dolor atravesó tu alma y, por esto, con toda razón, te llamamos más que mártir, ya que tus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal” (san Bernardo, abad, del sermón de la infraoctava de la Asunción)


Señora, santa María, / déjame llorar contigo, / pues muere Dios y mi amigo, / y muerta está mi alegría. Y, pues os dejan sin Hijo, / dejadme ser hijo vuestro / ¡tendréis mucho más que amar, / aunque os amen mucho menos” (Vísperas, en Nuestrs Señora la Virgen de los Dolores)


Tiempo Ordinrio


Tiempo Ordinario. Septiembre. “Ad lucem, per crucem”. Así es el camino del cielo: a la luz se llega por la cruz. Así lo dijo Jesús: “Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida , la perderá, pero el que pierda su vida por mí ése la salvará” (Lc 9,23; cf. Mt 16,24 y Mc 8,34). “Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,38). Y, así, cada día, cada etapa del camino hasta llegar al cielo: “ Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!” (Mt 7,13-24). “Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselos a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme. Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchas posesiones. Jesús les dijo entonces a sus discípulos: - En verdad os digo difícilmente entrará un rico en el cielo Reino de los Cielos. Es más os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el Reino de los cielos”.

Per aspera ad astra” (por las dificultades se va a las estrellas) es frase que se atribuye a Séneca el Joven que también utilizó la variante” “Non est ad astra malis e terris vía” (no hay un camino fácil de la tierra a las estrellas”). Y para los cristianos san Pablo lo explica claramente: “Porque el mensaje de la cruz es necedad para los se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios. Pues está escrito: “Destruiré la sabiduría de los sabios y desecharé la prudencia de los prudentes”. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? ¿Dónde el investigador de este mundo? ¿No hizo Dios necia la sabiduría de este mundo? Porque, como en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de la sabiduría, quiso Dios salvar a los creyentes, por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden signos, los griegos buscan sabiduría; nosotros predicamos a cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados, judíos y griegos, predicamos a Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Co 1,18-25)


Y en Jesús está el consuelo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas coas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6, 33-34). “Venid a mi todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y prended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). “Y todos revestíos de humildad en el trato mutuo, porque: “Dios resiste a los soberbios y a los humildes de la gracia”. Humillaos, por eso, bajo la mano poderosa de Dios, para que a su tiempo os exalte. Descargad sobre Él todas vuestras preocupaciones porque Él cuida de vosotros. Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos padecimientos. Y, después de haber sufrido un poco, el Dios de toda gracia, que os ha llamado en cristo a su eterna gloria, os hará idóneos y os consolidará, os dará fortaleza y estabilidad.” (1 Pe 5,5-10). “Y a vosotros, que estabais muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso y que canceló clavçandolo en la cruz” (Col 2, 13-14)


- “Haz que su cruz me enamore/ y que en ella viva y more/ de mi fe y amor indicio; / porque me inflame y encienda / y contigo me defienda / en el día del juicio” (secuenc. Virgen de los Dolores)


Tiempo Ordinario


En la semana 25 del Tiempo Ordinario los cristianos celebran fiestas entrañables. Empezando por san Mateo, apóstol y evangelista, patrono de Oviedo, el día 21 de septiembre, y siguiendo, el dí 23, por san Pío de Pietrelcina, presbítero, y san Cosme y san Damián, los santos médicos, patronos de Abarán en Murcia y san Vicente de Paúl, presbítero, el día 27. Y en Barcelona y en Segovia, se celebra con alegría, Nuestra Señora de la Merced, el dí 24, y nuestra Señora de la Fuencisla, el 25. Es una semana alegre como lo cantan los salmos de: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: “El Señor ha estado grande con ellos”. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir iban llorando, llevando la semilla; al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (salmo 126,1-6).


- “Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a que habéis sido llamados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo” (Ef 4,2-7). “Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien; amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo as necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen, bendecidlos y no los maldigáis. Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran. Tened los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejaros llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándoos a las cosas humildes. No os tengáis por sabios ante vosotros mismos. No devolváis a nadie mal por mal; buscad hacer el bien delante de todos los hombres. Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres. No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios.” (Rm 12, 9-10). “Estad atentos para que nadie devuelva mal por mal; al contrario, procurad siempre el bien mutuo y el de toso. Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5,15-22)


- “Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3,20). “Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para comer con nosotros y nosotros con él, porque el don de su amor habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en esto deseos como en un manjar sabrosísimo” (san Veda el Venerable, homilía en san Mateo)


- “El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera./ En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino; / todo lo puede en él quien nada puede” (Hora Intermedia del viernes II). Un consejo:¿Quieres de verdad ser santo? Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino 815)


Tiempo Ordinario


Ya en el otoño astronómico y meteorológico (1 y 22 de septiembre), el Tiempo Ordinario litúrgico regala a los cristianos una semana llena de alegrías para la vida espiritual: los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel el día 29, los Ángeles custodios, de cada uno, el día 2; y santos de popular devoción: santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones e inspiradora de la infancia espiritual, san Francisco de Borja S.I. (“Nunca más servir a señor que se pueda morir” cuando murió la emperatriz Isabel de Portugal) el día 3, y san Francisco de Asís, el día 4. “Ten confianza con tu ángel custodio – Trátalo como un entrañable amigo -lo es- y el sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día” (“Camino” 562) . Y saludamos de corazón al ángel de la persona que está con nosotros.


Dios con nosotros:. “Señor, Tú me sondeas y me conoces. Tú sabes cuando me acuesto y me levanto. De lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso. Todas mis sendas te son familiares. No ha llegado la palabra a mi boca y tú, Señor, ya la sabes. Me ciñes detrás y delante, me cubres con tu mano. Tanto saber ms sobrepasa, es sublime y no lo abarco. ¿Dónde iré lejos de tu aliento? ¿Dónde escaparé de tu mirada? Si escalo el cielo allí estás tú, si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. Si subo en las alas de la aurora y habito en los confines del mar, también allí me guiará tu mano y me atrapará tu diestra. Si digo: Que la tiniebla me cubra. Que la noche se haga en torno a mí. Ni la tiniebla es oscura para Ti, la noche es clara como el día. Tú has formado mis entrañas, me has plasmado en el vientre de mi madre. Te doy gracias porque me has hecho como un prodigio: tus obras son maravillosas, bien lo sabe mi alma. No se te ocultan mis huesos cuando en secreto iba yo siendo hecho; cuando era formado en lo profundo de la tierra. Todavía informe, me veían tus ojos, pues todo está escrito en tu libro, mis días están todos contados, antes de que ninguno existiera. Qué profundos son para mi tus pensamientos, Dios mío, qué grande es su número. Si pudiera contarlos son más que las arenas, si llegara hasta el fin, aún estaría contigo ...” (salmo 138)


En el camino con Jesús. “Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos: esta es la Ley y lo Profetas”. “No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, se os juzgará, y con la medida con que midáis, se os medirá. ¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? O ¿cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que saque la mota tu ojo” cuando tú tienes una viga en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano”. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá” (Mt 7,12.1-5, 7-8)


La convivencia. “ Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia., de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros. Sobre todo revestíos con la caridad que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos” (Col 3,12-15).“La caridad es paciente, la caridad es amable, no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7).

¿Qué cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor – Enamórate, y no “le” dejarás (Camino, 999)


Tiempo Ordinario


Tiempo Ordinario. Camino otoñal en la subida hacía el final del año litúrgico allá por los últimos días de noviembre. Y qué mejor ambiente que el rezo del Rosario y el canto a la Virgen María, nuestra Madre. Es una buena invocación decir hablando la letra de la conocida canción: “Mientras recorres la vida tú nunca solo estás. Contigo por el camino Santa María va. - Ven con nosotros a caminar. Santa María ven”.


También los salmos nos ayudan. Y los podemos recordar como haciendo una oración, cristiano junto a cristiano: “Venid, clamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos en su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. / Entrad, postrémonos por tierra bendiciendo al Señor creador nuestro. Porque Él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía” (salmo 94, 1-2, 6-7). “Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea. Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman. / Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos su preceptos merecen confianza: son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y rectitud” (salmo 110 1-2, 7-8). “Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, a que a ti te estoy llamando todo el día; alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti. / Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica” (salmo 85, 3-6).


Nos esperan buenos recibimientos: “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Él les dijo: .- Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado potestad para aplastar serpientes y escorpiones y sobre cualquier poder del enemigo, de manera que nada podrá haceros daño. Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,17-20). Y también, porque tenemos esperanza: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. Y, levantándose, se pudo en camino hasta la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos…” (Lc 15,18-21). Y hasta el final: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).


Consejos. “Los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley… Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina que es algo, sin ser nada, se engaña a sí mismo. Que cada uno examine su propia conducta y entonces podrá gloriarse solamente en sí mismo y no en otro; porque cada uno tendrá que llevar su propia carga… No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto” (Ga 5,22. 6,2-5.9). “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada; al contrario, en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias.” (Flp 4,4-7)


Poesía: “El dolor extendido por tu cuerpo, / sometida tu alma como un lago, / vas a morir y mueres por nosotros / ante el Padre que acepta perdonándonos. / Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele / tu agonía en el mundo, en tus hermanos. / Que hay hambre, ese resumen de injusticias; que hay hombre en el que estás crucificado. / Gracias por tu palabra que está viva, / y aquí la van diciendo nuestros labios; / gracias porque eres Dios y hablas a Dios / de nuestras soledades, nuestros bandos. / Que no existan verdugos, que no insistan; / rezas hoy con nosotros que rezamos. / Porque existen las víctimas, el llanto” (Vísperas, viernes II Tiempo Ordinario)


Tiempo Ordinario


Octubre. Mes del Rosario. Mes mariano porque esa corona de oración es perfume espiritual que llena cada día del amor a Dios por María y a María para Jesús. En la mente y en los labios de cada orante se nota el parón en cada avemaría: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ... ahora… y … en la hora de nuestra muerte”. Y, en cada misterio, rezado o recordado y ponderado, se revive el diálogo con nuestra Madre. Porque, “Madre quiere decir amor, cariño, preocupación por sus hijos, miradas dulces, tiernas caricias, sacrificios, beneficios sin cuenta para nosotros”, como reza la sabatina marista que repetíamos en los años de colegio.


También san Lucas, cuya fiesta celebramos el 18 de octubre, es un referente mariano con la lectura, proclamación, consideración de su evangelio, que contiene los pasajes de la Anunciación a la Virgen y la Encarnación del Hijo de Dios (Lc 1,26-38), con el “Fiat” que tuvo en expectación al universo y a la eternidad; y la Visita a la prima Isabel (Lc 1, 39-45), con el: ¡Bendita eres entre todas las mujeres!; Y el canto del Magnificat (Lc 1,46-56). San Lucas también es el evangelista de María en la infancia de Jesús: desde el nacimiento y la adoración de los pastores en Belén a la circuncisión a los ocho días y la subida a Jerusalén para la presentación del Niño Jesús y la Purificación de María hasta el regreso a Nazaret, donde el niño “iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él” (Lc 2,1-40). Cuando Jesús tuvo doce años, sus padres que todos los años iban a Jerusalén para la Pascua, subieron a la fiesta como de costumbre, y en ese pasaje san Lucas narra el episodio del Niño que se queda en Jerusalén, sus padres que lo buscan tres días y cuando lo encuentran en el Templo, “sentado entre los doctores, escuchándoles y preguntándoles y cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas.” Luego, bajó con sus padres a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en la sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,41-52). San Lucas nos da noticia también de la Virgen María nuestra Madre, en los Hechos de los Apóstoles cuando recuerda que, después de la Ascensión, regresaron a Jerusalén y subieron al Cenáculo donde vivían los apóstoles. Y añade: “Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y sus hermanos” (Hech 1-14)


Textos de san Lucas son: “Dad y se os dará; echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante, porque con la misma medida con que midáis se os medirá” (Lc 6,38); “Si alguno quiere venir detrás de mí que se niegue a sí mismo que tome su cruz cada día y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mi, ése la salvará” (Lc 9,23-24). “Alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,20)


Octubre también es mes de ángeles y de santos. El día 15 celebramos a santa Teresa de Jesús. “No es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (Vida, 8,5). “Ahora, volviendo a los que quieren ir hacia Él y no parar hasta el fin -que es llegar a beber de esta agua de vida- el modo en que han de comenzar digo que importa mucho y todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda la que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare aunque llegue allá, aunque se muera en el camino, aunque no tenga devoción para los trabajos que hay en él, aunque se hunda el mundo” (Camino de Perfección 21,2). “Pues todo es nada y menos que nada lo que se acaba y no contenta a Dios (Vida 20,26). “Que no queramos comodidades, hijas; bien estamos aquí: sólo es una noche la mala posada” (Camino de Perfección 40,9). “Agrada mucho al Señor cualquier servicio que se haga a su Madre” (Fundaciones 10,5). Y una poesía. “Nada te turbe, / nada te espante, / todo se pasa. / Dios no se muda, / la paciencia / todo lo alcanza; / quien a Dios tiene / nada le falta / sólo Dios basta” (Poesía, 30)


Tiempo Ordinario


El tiempo pasa; no se detiene; tampoco vuelve a pasar. El tiempo fue creado; ni antes había ni después habrá tiempo finito, con principio y fin, sino eternidad sin principio ni fin; en eternidad el presente es eterno. “Para el Señor un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pe 3,8)


Estando Él sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron sus discípulos a solas y le preguntaron: - Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de tu venida y del final del mundo. Jesús les respondió: - Mirad que no os engañe nadie, porque vendrán en mi nombre muchos diciendo : Yo soy el Cristo, y a muchos los seducirán. Vais a oír hablar de guerras de rumores de guerra. Mirad no os inquietéis, porque es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin. Se lazará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares. Todo esto erá el comienzo de los dolores” (Mt 24, 3-8). “Por eso, cuando veáis la abominación de la desolación, que predijo el profeta Daniel, erigida en el lugar santo -quien lea entienda- … Habrá entonces una gran tribulación como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y de no acortarse esos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos esos días se acortarán…. Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre y en se momento todas las tribus de la tierra romperán en llantos. Y verán la Hijo del Hombre que bien sobre las nubles del cielo con gran poder y gloria. Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos … Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino el Padre” ((Mt 24,15-22.29-31.36)


Vi un gran tono blanco y al que estaba sentado en él. Ante su presencia huyeron la tierra y el cielo, y no dejaron ningún rastro. Vi a los muertos, grandes y pequeños, en pie ante el trono, y fueron abiertos los libros. También fue abierto otro libro, el de la vida,. Y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras. El mar entregó los muertos que había en él, la muerte y el hades entregaron los muertos que había en ellos, y fue juzgado cada uno según sus obras. Entonces la muerte y el hades fueron arrojados al estanque de fuego. Esta es la muerte segunda, el estanque de fuego. Todo el que no figuraba escrito en el libro de la vida era arrojado al estanque de fuego.” (Ap 20, 11-15)- Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria y serán reunidos ante él todas las gentes y separará los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos y podrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda” (Mt 25,31-33)


Y a vosotros que estabais muertos por los delitos y por la falta de circuncisión de vuestra carne, os vivificó con él y perdonó gratuitamente todos nuestros delitos, al borrar el pliego de cargos que nos era adverso, y que canceló clavándolo en la cruz” (Col 2,13-14). “Hijos míos os escribo estas cosas para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos un bogado ante el Padre: Jesucristo, el Justo. Él es la víctima propiciatoria por nuestros pecados y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo ( Jn 2, 1-2).


Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existe. … Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: - Esta es la morada de Dios con los hombres: habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá ya muerte, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior pasó. El que estaba sentado en el trono dijo: - Mira, hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,1, 3-5).


Tiempo Ordinario


Tiempo Ordinario. Viendo cerca el fin del año litúrgico. Continúa el camino de la vida llevando al cristiano al cielo donde lo espera el Padre, y siguiendo los pasos del Hijo, animado siempre por el Espíritu Santo. Los recuerdos evangélicos se agolpan en nuestra mente y en nuestro corazón: “Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20); “Si alguno quiere venir detrás de mi, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí la encontrará” (Mt 16, 24, Mc 8,34-35, Lc 9,23)


Es tiempo de dar un paseo anticipando noticias del cielo al que vamos. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad como en el cielo también en la tierra;” (Mt 6,9-10). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos” (Mt 7,21). “El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16,19).


Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y, en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo: - Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he manado. Y sabed que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,16-20). “Y, después de decir esto, mientras ellos lo observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos. Estaban miando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: - Hombre de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo” (Hech 1,9-11)


Y vendrán de oriente y de occidente y del norte y del sur y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Pues hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos” (Lc 13.29). “Os digo que, del mismo modo, habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión” (Lc 15,7). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mi. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, de lo contrario ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dijo: - Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? -Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida – le respondió Jesús; nadie va al Padre si no es a través de mí. Si me habéis conocido a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y le habéis visto” (Jn 14,1-7).


Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes, y separará a los unos d ellos otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo” (Mt 25,31-34). “La plaza de la ciudad era de oro, como cristal transparente. Pero no vi templo alguno en ella, pues su templo es el Señor Dios omnipotente y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de que la alumbre el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. A su luz caminarán las naciones y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. Sus puertas no se cerrarán en todo el día, porque allí no habrá noche” (Ap 21,21-25)


Tiempo Ordinario


Tiempo Ordinario. Para el cristiano caminante hacia el cielo es un tiempo tan llano como el latir del corazón, como la tarea rutinaria de cada día, como las alegrías y contrariedades habituales, como las ilusiones y frustraciones que producen paisajes, panoramas lejanos y llegadas a sitios con vacío y desolación. Tiempo de etapas diarias que marcan hitos de una vida que es un don de Dios que hay que administrar con su ayuda amorosa y continua. Tiempo de administrar ese divino don.

- Administradores. “Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque aunque alguien tenga abundancia de bienes, su vida no depende de lo que posee. Y les propuso una parábola diciendo: Las tierras de cierto hombre rico dieron mucho fruto. Y se puso a pensar para sus adentros: ¿Qué puedo hacer ya que no tengo dónde guardar mi cosecha? Y se dijo: Esto haré: voy a destruir mis graneros, y construiré otros mayores y allí guardaré todo mi trigo y mis bienes. Entonces le diré a mi alma: Alma, ya tienes muchos bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, pásalo bien. Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te van a reclamar el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico para Dios” (Lc 12,15-21). “Había un hombre rico que tenía un administrador al que acusaron ante el amo de malversar la hacienda. Le llamó y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Dame cuenta de tu administración porque ya no podrás seguir administrando. Y dijo para sí el administrador: ¿Qué voy a hacer ya que mi señor me quita al administración? Cavar no puedo; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que haré para que me reciban en sus casas cuando me despidan de la administración. Y, convocando uno a uno a los deudores de su amo, le dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? Él respondió: Cien medidas de aceite. Y le dijo: Toma tu recibo; aprisa siéntate y escribe cincuenta. Después le dijo a otro: ¿Y tú cuánto debes? Él respondió: Cien cargas de trigo. Y le dijo: Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador infiel por haber actuado sagazmente; porque los hijos de este mundo son más sagaces que los hijos de la luz. Y yo os digo: Haceos amigos con las riquezas injustas para que cuando falten os reciban en las moradas eternas… Ningún criado puede servir a dos señores, porque tendrá odio a uno y amor a otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo; no podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lc 16,1-9.13)


Misión. “¿Quién es pues, el siervo fiel y prudente a quien el amo puso al frente de la servidumbre, para darle el alimento a la hora debida? Dichoso aquel a quien el amo cuando vuelva encuentre obrando así. En verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si ese siervo fuese malo y dijera en sus adentros: “Mi amo tarda” y comenzase a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos, llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista lo castigará duramente y le dará el pago de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt 24,45-51; Lc 12,42-48). “Dichosos aquellos siervos a los que al volver el amo los encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Y si viniese a en la segunda vigilia o en la tercera y los encontrara así, dichosos ellos” (Lc 12,37,38). “Si uno de vosotros tiene un siervo en la labranza o con el ganado y regresa del campo, ¿acaso le dice: Entra enseguida y siéntate a la mesa? Por el contrario, ¿no le dirá más bien: Prepárame la cena y disponte a servirme mientras como y bebo que después comerás y beberás tú? ¿Es que tiene que agradecerle el siervo el que haya hecho lo que se le había mandado? Pues igual vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decir: Somos unos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer” (Lc 17,7-10).


- “Muy bien, siervo bueno y fiel. Como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor” (Mt 25,23). “¿Quieres de verdad ser santo? Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (San Josemaría. Camino, 815)


Tiempo Ordinario


En el camino del cristiano hacia el cielo que es la vida que transcurso con el paso de los días Dios camina con nosotros nos anima y nos espera para salir a recibirnos como salió el padre del hijo pródigo cuando lo vio cuando aún estaba lejos (Lc 15.20). En esta consideración con frecuencia se recuerda las palabras del discurso de Benedicto XVI en la Asamblea plenaria de la Congregación para la Doctrina de la fe (10 de febrero de 2006): “La caridad desde el corazón de Dios, a través del corazón de Jesucristo, se derrama mediante su Espíritu en el mundo, como aamor que lo renueva todo. Esta amor nace del encuentro con Cristo en la fe: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (Deus caritas est 1)”.


- “Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo: “- Seguidme y os haré pescadores de hombres. Ellos, al momento, dejaron las redes y le siguieron. Pasando adelante vio a otros dos hermanos, Santiago, el de Zebedeo y Juan, su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando las redes y los llamó. Ellos la momento, dejaron la barca y a su padre y le siguieron” (Mt 4,18-22). “Al marchar Jesús de allí, vio a un hombre sentado al telonio que se llamaba Mateo, y le dijo: - Sígueme. Él se levantó y le siguió” (Mt 9,9).


- “Y toda la gente de la región de los gerasenos le pidió que se alejara de ellos, porque estaban sobre cogidos de temor. Él subió a la barca y se volvió. El hombre de quien habían salido los demonios le pedía quedarse con él, pero lo despidió diciendo: “- Vuelve a tu casa y cuenta las grandes cosas que Dios ha hecho contigo. Y se marchó proclamando por toda la ciudad lo que Jesús había hecho con él” (Lc 8,37-39). Jesús, parándose, mandó a que lo trajeran ante él. Y cuando se aceró, le preguntó: -¿Qué quieres que te haga? Señor, que vea- respondió él. Y Jesús le dijo: - Recobra tu vista. Y le seguía glorificando a Dios” (Lc 18,40-43). Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: - Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió con alegría” (Lc 19,5,6)


- “Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira y se levantaron, le echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta la cima del monte sobre el que estaba edificada su ciudad para despeñarle” (Lc 4,28-29). “Y cuando iba a cumplirse el tiempo de su partida, Jesús decidió firmemente marchar hacia Jerusalén. Y envió por delante a unos mensajeros que entraron en la aldea de samaritanos para preparar hospedaje, pero no le acogieron porque llevaba la intención de ir a Jerusalén” (Lc 9,51-53). “Jesús le respondió: - Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme. Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchas posesiones” (Mt 19, 21-22). “Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y no andaban con ñel” (Jn 6,66). “Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mt 26,56)


- “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me diga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, ése la salvará” (Lc 9,23). Y el que no carga con su cruz y viene detrás de de mí, no puede ser mi discípulo” (Lc 14,27)


- “Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso de vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (Mt 11,28-30)


Tiempo Ordinario


Penúltima semana del Tiempo Ordinario. En el camino de la vida hacia el cielo, el cristiano caminante con Jesús a su lado ve en la lejanía los tiempos litúrgicos que brillan adivinados desde el rigor del otoño: Adviento, Pascua de Navidad, un poquito de Tiempo Ordinario, Cuaresma, Pascua de Resurrección y la pascua de Pentecostés, ya con los primeros calores que anuncian el verano. Como en los cambios de paisaje, el caminante hacia el cielo ahora necesita abrigarse de esperanzaa.


Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra angustia de las gentes, consternadas por el estruendo del mar y de las olas; y los hombres perderán el aliento a causa del terror y de la ansiedad que sobrevendrán al mundo. Porque las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre una nube con gran poder y gloria. Cuando comiencen a suceder estas cosas erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima vuestra redención” (Lc 21,25-28) “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)


El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado. Porque cristo, cuando todavía nosotros éramos débiles, murió por los impíos en el tiempo establecido, En realidad es difícil encontrar alguien que muera por un hombre justo. Quizá alguien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros porque ,siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Cuánto más si hemos sido justificados ahora en su sangre, seremos salvados por él de la ira!” (Rm 5,5-9). “¿Qué diremos de esto? Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? ¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que fue resucitado, el aque además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? … Pero en todas estas cosas vencemos con creces, gracias a aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 31-35.37-39)


Queridísimos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de dios y conoce a Dios. El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó entre nosotros el amor de Dios: en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por él la vida. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Queridísimos: si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros… Os escribo estas cosas, a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn 4,7-11. 5,13)


Por su carácter eucarístico, ambos relatos (multiplicación de los panes y el agua convertida en vino en las bodas de Caná) tienen que ver con Cristo y en él apuntan a Cristo: es el infinito autoderroche de Dios. Ambos aluden también, igual que el principio “para” a la estructura fundamental de la creación, en la que la vida derrocha millones de gérmenes para que nazca un ser viviente. En la creación se reparte todo el universo para preparar un sitio al espíritu, al hombre. La sobreabundancia s el signo peculiar de Dios en la creación, porque, como decían los Padres, Dios “da sin medida” (J. Ratzinger “Introducción al cristianismo”, 15ª ed. Sigueme, 2009)


Tiempo Ordinario


Jesucristo Rey del Universo. Acaba este año litúrgico con la semana 34ª del Tiempo Ordinario. Y luego, el Adviento hasta la Navidad. Como todo final en la vida, lleva al recuerdo, al examen y a los propósitos. “Dame, Señor, el amor con que quieres que te ame” (san Josemaría, “Forja” 270)


Un salmo. “Dios mío confía tu juicio al rey, tu justificación al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Que los montes traigan paz, y los collados justicia; que é defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre y quebrante al explotador. Que dure tanto como el sol. Como la luna, de edad en edad; que baja como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra. Que en sus día florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Que en su presencia se inclinen sus rivales; que sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes y que todos los pueblos le sirvan” (salmo71)


El Evangelio. “Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: - Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos- Uno de los malhechores crucificado lo insultaba, diciendo: - ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el toro lo increpaba: - ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: - Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Jesús le respondió: - Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”


Los Padres. “Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aa qui o está allí, sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues la palabra está cerca de nosotros, en los labios y en el corazón, sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella, junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a él y haremos morada en él. Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos. Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificados sea tu nombre, venga a nosotros tu reino” (Orígenes, op. “Sobre la oración”).


Y una poesía litúrgica: “Oh Príncipe absoluto de los siglos, / oh Jesucristo, Rey de las naciones; / te confesamos árbitro supremo / de las mentes y de los corazones. / Oh Jesucristo, Príncipe pacífico, / somete a los espíritus rebeldes, / y haz que encuentren rumbo los perdidos, / y que en un solo aprisco se congreguen. / Para eso pendes de una cruz sangrienta / y abres en ella tus divinos brazos; / para eso muestras en tu pecho herido / tu ardiente corazón atravesado. / Glorificado seas, Jesucristo, / que repartes los cetros de la tierra; / y que contigo y con tu eterno Padre / glorificado el Paráclito sea.”


Quieres de verdad ser santo? - Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en los que haces” (san Josemaría, “Camino” 815)