EL SANTO ROSARIO
"A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un mérito particular a este respecto corresponde a León XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulgó la Encíclica "Supremi apostolatus officio", importante declaración con la cual inauguró otras muchas intervenciones sobre esta oración, indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas más recientes que, en la época conciliar, se han distinguido por la promoción del Rosario, deseo recordar al Beato Juan XXIII y, sobre todo, a Pablo VI, que en la exhortación apostólica "Marialis cultus", en consonancia con la inspiración del Concilio Vaticano II, subrayó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica.
Yo mismo, después, no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario... A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo... Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución "lumen gentium" del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las
Por eso, de acuerdo con las consideraciones hechas en la Carta apostólica "Novo millenio ineunte"... he sentido la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, en cierto modo como una coronación mariana de dicha Carta apostólica, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad "contemplar con María el rostro de Cristo"...
La contemplación de Cristo tiene en María su "modelo insuperable". El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo
En el recorrido espiritual del Rosario, basado en la contemplación incesante del rostro de Cristo -en compañía de María- este exigente ideal de configuración con Él se consigue a través de una asiduidad que pudiéramos decir "amistosa". Ésta nos introduce de modo natural en la vida de Cristo y nos hace como "respirar" sus sentimientos. Acerca de esto dice el Beato Bartolomé Longo: "Como dos amigos, frecuentándose, suelen parecerse también en las costumbres, así nosotros, conversando familiarmente con Jesús y la Virgen, al meditar los Misterios del Rosario, y formando juntos una misma vida de comunión, podemos llegar a ser, en la medida de nuestra pequeñez, parecidos a ellos, y aprender de estos eminentes ejemplos el vivir humilde, pobre, escondido, paciente y perfecto"...
Una cosa está clara: si la repetición del "Ave María" se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. la repetición favorece el deseo de una configuración cada vez más plena con Cristo, verdadero
La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del silencio es uno de los secretos para la práctica de la contemplación y la meditación. Uno de los límites de una sociedad tan condicionada por la tecnología y los medios de comunicación social es que el silencio se hace cada vez más difícil...
Queridos hermanos y hermanas: Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana..." (Carta Apostólica "Rosarium Virginis Mariae", del papa Juan Pablo II, 16 de octubre de 2002)
MISTERIOS GOZOSOS
1º LA ANUNCIACIÓN A LA VIRGEN MARÍA Y LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS
"En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.
Y entró donde ella estaba y le dijo:
- Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podría significar este saludo. Y el ángel le dijo:
- No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.
María le dijo al ángel:
- ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
Respondió el ángel y le dijo:
- El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.
Dijo entonces María:
- He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y el ángel se retiró de su presencia." (Lc 1, 26-38)
2º LA VISITACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA A SU PRIMA SANTA ISABEL
"Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamado en voz alta dijo:
- Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la Madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.
María exclamó: Proclama mi alma las grandezas del Señor,/ y se alegra mi espíritu en Dios mi salvador:/ porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava;/ por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones./ Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso,/ cuyo nombre es Santo;/ su misericordia se derrama de generación en generación/ sobre los que le temen./ Manifestó el poder de su brazo,/ dispersó a los soberbios de corazón./ Derribó de su trono a los poderosos/ y ensalzó a los humildes./ Colmó de bienes a los hambrientos/ y a los ricos los despidió vacíos./ Protegió a Israel su siervo,/ recordando su misericordia,/ como había prometido a nuestros padres,/ Abrahán y su descendencia para siempre.
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa." (Lc 1, 30-56)
3º EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN BELÉN
"En aquellos días se promulgó un edicto de Cesar Augusto, para que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. José, como era de la casa y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y cuando ellos se encontraban allí, le llegó la hora del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento.
Había unos pastores por aquellos contornos, que dormían al raso y vigilaban por turno su rebaño durante la noche. De improviso un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los rodeó de luz. Y se llenaron de un gran temor. El ángel les dijo:
- No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: hoy os ha nacido en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor, y esto os servirá de señal; encontraréis a un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.
De pronto apareció junto al ángel una muchedumbre de la milicia celestial, que alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que El se complace".
Cuando los ángeles les dejaron, marchándose hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros:
- Vayamos a Belén para ver esto que ha ocurrido y que el Señor nos ha manifestado.
Y fueron presurosos y encontraron a María y a José y al niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas sobre este niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón.
Y los pastores regresaron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, según les fue dicho." (Lc 2, 1-20)
4º LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO Y LA PURIFICACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA
"Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, le pusieron por nombre Jesús, como le había llamado el ángel antes de que fuera concebido en el seno materno.
Y cumplidos los días de su purificación según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está mandado en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para presentar como ofrenda un par de tórtolas o dos pichones, según lo mandado en la Ley del Señor.
Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver al Cristo del Señor. Así, vino al Templo movido por el Espíritu. Y al entrar los padres con el niño Jesús, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre él, lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo:
- Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo/ irse en paz, según tu palabra:/ porque mis ojos han visto tu salvación,/ la que has preparado/ ante la faz de todos los pueblos:/ luz para iluminar a los gentiles/ y gloria de tu pueblo Israel.
Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían de él.
Simeón los bendijo y le dijo a María, su madre:
- Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción -y a tu misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones.
Vivía entonces una profetisa llamada Ana, hija de Famuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, había vivido con su marido siete años de casada y había permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro años, sin apartarse del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día. Y llegando en aquel mismo momento, alababa a Dios y hablaba de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Cuando se cumplieron todas las cosas mandadas en la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba en él." (Lc 2, 21-40)
5º ENCUENTRO DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO
"Sus padres iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre. Pasados aquellos días, al regresar, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo advirtiesen sus padres. Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, y al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en su busca. Y al cabo de tres días lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas. Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre:
- Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos.
Y él les dijo:
- ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Bajó con ellos, vino a Nazaret y les estaba sujeto. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres." (Lc 2, 41-52)
MISTERIOS LUMINOSOS
1º EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN
"Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo:
- Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?
Jesús le respondió:
- Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia.
Entonces Juan se lo permitió. Inmediatamente después de ser bautizado, Jesús salió del agua; y entonces se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz desde los cielos dijo:
- Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido." (Mt 3, 13-17)
2º EL MILAGRO DE JESÚS EN LA BODA DE CANÁ
"Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. También fueron invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Y, como faltó vino, la madre de Jesús le dijo:
- No tienen vino
Jesús le responde:
- Mujer, ¿qué nos va a ti y a mi?. Todavía no ha llegado mi hora.
Dijo su madre a los sirvientes:
- Haced lo que él os diga.
Había allí seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones de los judíos, cada una con capacidad de unas dos o tres metretas. Jesús les dijo:
- Llenad de agua las tinajas
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo:
- Sacadlas ahora y llevadlas al maestresala.
Así lo hicieron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde provenía -aunque los sirvientes que sacaron el agua lo sabían- llamó al esposo y le dijo:
- Todos sirven primero el mejor vino, y cuando ya han bebido bien, el peor; tú, al contrario, has reservado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de los signos con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él." (Jn 2, 1-12)
3º EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS Y LA LLAMADA A LA CONVERSIÓN
* "Después de haber sido apresado Juan, llegó Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15)
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** "Interrogado por los fariseos sobre cuando llegaría el Reino de Dios, él les respondió:
- El Reino de Dios no viene con espectáculo; ni se podrá decir: "Mirad está aquí", o "está allí"; porque daos cuenta de que el Reino de Dios está ya en medio de vosotros." (Lc 17, 20-21)
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*** Había entre los fariseos un hombre que se llamaba Nicodemo, judío influyente. Éste vino a él de noche y le dijo:
- Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, pues nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con Él.
Contestó Jesús y le dijo:
- En verdad, en verdad te digo que si uno no nace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.
Nicodemo respondió:
- ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?
Jesús contestó:
- En verdad, en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas de que te haya dicho que debéis nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.
Respondió Nicodemo y le dijo:
- ¿Y eso cómo puede ser?
Contestó Jesús:
- ¿Tú eres maestro en Israel y lo ignoras? En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Igual que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así debe ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él.
Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. Este es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios." (Jn 3, 1-21)
4º LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
"Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:
- Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:
- Éste es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.
Y los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo:
- Levantaos y no tengáis miedo.
Al alzar sus ojos no vieron a nadie; sólo a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:
- No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos.
Sus discípulos le preguntaron:
- ¿Por qué entonces dicen los escribas que Elías debe venir primero?
Él les respondió:
- Elías ciertamente vendrá y restablecerá todas las cosas. Pero yo os digo que Elías ya ha venido y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos.
Entonces comprendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista." (Mt 17, 1-14)
5º LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA
"El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron:
- ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
Jesús respondió:
- Id a la ciudad, a casa de tal persona, y comunicadle: El Maestro dice: "Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en ti casa la Pascua con mis discípulos".
Los discípulos lo hicieron tal y como les había mandado Jesús, y le prepararon la Pascua.
Al anochecer se recostó a la mesa con los doce. Y cuando estaban cenando, dijo:
- En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
Y, muy entristecidos, comenzaron a decirle:
- ¿Acaso soy yo, Señor?
Pero él respondió:
El que moja la mano conmigo en el plazo, ése me va a entregar. Ciertamente el Hijo del Hombre se va, según está escrito sobre él; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
Tomando la palabra Judas, el que iba a entregarlo, dijo:
- ¿Acaso soy yo, Rabbí?
Tú lo has dicho -le respondió.
Mientras cenaban, Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo:
- Tomad y comed esto es mi cuerpo.
Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo:
- Bebed todos de él; porque ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados. Os aseguro que desde ahora no beberé de ese fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba con vosotros de nuevo, en el Reino de mi Padre." (Mt 26, 17-29)
MISTERIOS DOLOROSOS
1º LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS
"Entonces llega Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y les dice a los discípulos:
- Sentaos aquí mientras me voy allí a orar.
Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a sentir angustia. Entonces les dice:
- Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo.
Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo:
- Padre mío, si es posible, aleja de mí este cáliz, pero que no sea tal como yo quiero, sino como quieres tú.
Vuelve junto a sus discípulos y los encuentra dormidos; entonces le dice a Pedro:
- ¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
De nuevo se apartó, por segunda vez, y oró diciendo:
- Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
Al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño. Y, dejándolos, se apartó una vez más, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Finalmente, va junto a sus discípulos y les dice:
- Ya podéis dormir y descansar... Mirad, ha llegado la hora y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar.
Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran tropel de gente con espadas y palos, enviados por los príncipes de los sacerdotes y por los ancianos del pueblo. El que le entregó les había dado esta señal:
- Salve, Rabí - y le besó.
Pero Jesús le dijo:
- Amigo, ¡haz lo que has venido a hacer!
Entonces, se acercaron, echaron mano a Jesús y lo apresaron.
De pronto, uno de los que estaban con Jesús se llevó la mano a la espada, la desenvainó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja. Entonces le dijo Jesús:
- Mete tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Entonces, ¿cómo se van a cumplir las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?
En aquel momento le dijo Jesús a la gente:
- ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis.
Todo esto sucedió para que se cumplieran las Escrituras de los Profetas.
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron." (Mt 26, 36-56)
2º LA FLAGELACIÓN DEL SEÑOR
"De Caifás condujeron a Jesús al pretorio. Era muy temprano. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y así poder comer la Pascua. Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y dijo:
- ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
- Si éste no fuera malhechor no te lo habríamos entregado -le respondieron.
Les dijo Pilato:
- Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley.
Los judíos le respondieron:
- A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie -así se cumplía la palabra que Jesús había dicho al señalar de qué muerte iba a morir.
Pilato entró de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
- ¿Eres tú el Rey de los judíos?
Jesús contestó:
- ¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?
- ¿Acaso soy yo judío? -respondió Pilato-. Tu gente y los príncipes de los sacerdotes te han entregado a mí: ¿qué has hecho?
Jesús respondió:
- Mi reino no es de este mundo, si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.
Pilato le dijo:
- ¿O sea, que tú eres Rey?
Jesús contestó:
- Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz.
Pilato le dijo:
- ¿Qué es la verdad?
Y después decir esto, se dirigió otra vez a los judíos y les dijo:
- Yo no encuentro en él ninguna culpa. Vosotros tenéis la costumbre de que os suelte a uno por la Pascua, ¿queréis que os suelte al Rey de los judíos?
Entonces volvieron a gritar:
- ¡A ése no, a Barrabás! -Barrabás era un ladrón.
Entonces Pilato tomó a Jesús y mandó que lo azotaran. Y los soldados le pusieron en la cabeza una corona de espinas que habían trenzado y lo vistieron con un manto de púrpura. Y se acercaban a él y le decían:
- Salve, Rey de los judíos.
Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez fuera y les dijo:
- Mirad, os lo voy a sacar para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna.
Entonces Jesús salió fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo:
- Aquí tenéis al hombre.
Cuando le vieron los príncipes de los sacerdotes y los servidores, gritaron:
- ¡Crucifícalo, crucifícalo!
Pilato les respondió:
- Tomadlo vosotros y crucificadlo porque yo no encuentro culpa en él.
Los judíos contestaron:
- Nosotros tenemos una Ley. y según la Ley debe morir porque se ha hecho Hijo de Dios.
Cuando oyó Pilato estas palabras tuvo más miedo. Y volvió a entrar en el pretorio y le dijo a Jesús:
- ¿De dónde eres tú?
Pero Jesús no le dio respuesta alguna. Pilato le dijo:
- ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo potestad para crucificarte?
Jesús respondió:
- No tendrías potestad alguna sobre mí, si no se te hubiera dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.
Desde entonces, Pilato buscaba cómo soltarlo. Pero los judíos gritaban diciendo:
- ¡Si sueltas a ése no eres amigo del César! ¡Todo el que se hace rey va contra el César!
Pilato, al escuchar estas palabras, condujo fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Litóstrotos, en hebreo Gabbatá. Era la Parasceve, más o menos la hora sexta, y les dijo a los judíos:
- Aquí esta vuestro Rey
Pero ellos gritaron:
- ¡Fuera, fuera, crucifícalo!
Pilato les dijo:
- ¿A vuestro Rey voy a crucificar?
- No tenemos más rey que el César -respondieron los príncipes de los sacerdotes.
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Y se llevaron a Jesús." (Jn 18, 28-40 y 19 1-16)
3º LA CORONACIÓN DE ESPINAS
"Al llegar el amanecer todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se pusieron de acuerdo contra Jesús para darle muerte. Y atándolo, lo llevaron y lo entregaron al procurador Pilato.
Entonces Judas, el que le entregó, al ver que había sido condenado, movido por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos.
- He pecado entregando sangre inocente - dijo.
- ¿A nosotros qué nos importa? Tú verás -dijeron ellos.
Y después de arrojar las monedas de plata en el Templo, fue y se ahorcó. Los príncipes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron:
- No es lícito echarlas al tesoro del Templo, porque son precio de sangre.
Y, después de ponerse de acuerdo, compraron con ellas el Campo del Afarero para sepultura de peregrinos; por lo cual ese campo se ha llamado, hasta el día de hoy,
Hicieron comparecer a Jesús ante el procurador. El procurador le interrogó:
- ¿Eres tú el Rey de los Judíos?
- Tú lo dices - contestó Jesús.
Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Entonces le dijo Pilato:
- ¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti?
Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó muy admirado.
En el día de la fiesta, el procurador tenía costumbre de conceder a la gente la libertad de uno de los presos, el que quisieran. Había por aquel entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás. Así que cuando ellos se reunieron, les dijo Pilato:
- ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo? -pues sabía que le habían entregado por envidia.
Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
- No te mezcles en el asunto de ese justo; porque hoy en sueños he sufrido mucho por su causa.
Pero los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiese a Barrabás e hiciese morir a Jesús. El procurador les preguntó:
- ¿A quién de los dos queréis que os suelte?
- A Barrabás -respondieron ellos.
Pilato les dijo:
- ¿Y entonces que voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?
Todos contestaron;
- ¡Que lo crucifiquen!
Les preguntó:
- ¿Y qué mal ha hecho?
Pero ellos gritaban más fuerte:
- ¡Que lo crucifiquen!
Al ver Pilato que no adelantaba nada, sino que el tumulto iba a más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo:
- Soy inocente de esta sangre; vosotros veréis.
Y todo el pueblo gritó:
- ¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
Así que les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador condujeron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron, le cubrieron con una túnica roja, y le pusieron en la cabeza una corona de espinas que habían trenzado y en la mano derecha una caña. Se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo:
- Salve, Rey de los Judíos.
Le escupían, y le quitaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le colocaron sus vestidos y lo llevaron a crucificar". (Mt 27, 1-31)
4º JESÚS CARGA CON LA CRUZ
"Cuando le llevaban echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le obligaron a llevar la cruz, detrás de Jesús.
Le seguía una gran multitud del pueblo y de mujeres, que lloraban y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo:
- Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en que se dirá: “Dichosas las estériles y los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron”.
Entonces comenzarán a decir a los montes: "Caed sobre nosotras"; y a los collados: "Sepultadnos"; porque si en el leño verde hacen esto, ¿qué se hará en el seco?
Llevaban también con él a dos malhechores para matarlos. Cuando llegaron al lugar llamado “Calavera”, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Y Jesús decía:
- Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Y se repartieron sus ropas echando suertes. El pueblo estaba mirando, y los jefes se burlaban de él y decían:
- Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si él es el Cristo de Dios, el elegido.
Los soldados se burlaban también de él; se acercaban y ofreciéndole vinagre decían:
- Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Encima de él había una inscripción: “Éste es el Rey de los judíos”
Uno de los malhechores crucificados le injuriaba diciendo:
- ¿No eres tú el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros
Pero el otro le reprendía:
- ¿Ni siquiera tú, que estás en el mismo suplicio, temes a Dios? Nosotros estamos aquí justamente, porque recibimos lo merecido por lo que hemos hecho; pero éste no ha hecho ningún mal.
Y decía:
- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino
Y le respondió:
- En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Era alrededor de la hora sexta. Y toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona. Y Jesús, clamando con una gran voz, dijo:
- Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Y diciendo esto expiró.
El centurión, al ver lo que había sucedido, glorificó a Dios diciendo:
- Verdaderamente, este hombre era justo
Y toda la multitud que se había reunido ante este espectáculo, al contemplar lo ocurrido, regresaba golpeándose el pecho.
Todos los conocidos de Jesús y las mujeres que le habían seguido desde Galilea estaban observando de lejos estas cosas." (Lc 23, 26-49)
5º JESÚS MUERE EN LA CRUZ
"Y cargando con la cruz, salió hacia el lugar que se llama la Calavera, en hebreo Gólgota. Allí le crucificaron con otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. Pilato mandó escribir el título y lo hizo poner sobre la cruz. Estaba escrito:
- No escribas: “El Rey de los judíos”, sino que él dijo: “Yo soy el Rey de los judíos”
- Lo escrito, escrito está -contestó Pilato
Los soldados, después de crucificar a Jesús, recogieron sus ropas e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y además la túnica. La túnica no tenía costuras, estaba toda ella tejida de arriba abajo. Se dijeron entonces entre sí:
- No la rompamos. Mejor, la echamos a suertes para ver a quien le toca -para que se cumpliera la Escritura cuando dice:
"Se repartieron mis ropas y echaron a suertes mi túnica"
Y los soldados así lo hicieron.
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre:
- Mujer, aquí tienes a tu hijo
Después le dice al discípulo:
- Aquí tienes a tu madre.
Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.
Después de esto, como Jesús sabía que todo estaba ya consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
- Tengo sed.
Había por allí un vaso lleno de vinagre. Sujetaron una esponja empapada en el vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús, cuando probó el vinagre, dijo:
- Todo está consumado.
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Como era la Parasceve, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, los judíos rogaron a Pilato que les rompieran las piernas y los retirasen. Vinieron los soldados y rompieron las piernas al primero y al otro que había sido crucificado con él. Pero cuando llegaron a Jesús, al verle ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza. Y al instante brotó sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán ni un hueso”. Y también, otro pasaje de Escritura dice: “Mirarán al que traspasaron”. (Jn 19, 17-37)
MISTERIOS GLORIOSOS
1º LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
"El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces echó a correr, llegó hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo:
- Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro.
Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos. Y los discípulos se marcharon de nuevo a casa.
María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y vio a dos ángeles de blanco, sentado uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido colocado el cuerpo de Jesús. Ellos dijeron:
- Mujer, ¿por qué lloras?
- Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto -les respondió.
Dicho esto se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dijo Jesús:
- Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
- Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
Jesús le dijo:
- María
Ella, volviéndose, exclamó en hebreo:
- “Rabbuni” -que quiere decir “Maestro”
Jesús le dijo:
- Suéltame, que aún no he subido a mi Padre, pero vete donde están mis hermanos y diles: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.
Fue María Magdalena y anunció a los discípulos:
- ¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.
Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo:
- La paz esté con vosotros.
Y dicho esto les mostró las manos y el costado.
Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. Les repitió:
- La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió, así os envío a vosotros.
Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
- Recibid al Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.
Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron:
- ¡Hemos visto al Señor!
Pero él les respondió:
- Si no le veo en las manos la marca de los clavos, y no meto mi dedo en esa marca de los clavos y meto mi mano en el costado, no creeré.
A los ocho días, estaban otra vez dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Aunque estaban las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo:
- La paz esté con vosotros.
Después le dijo a Tomás:
- Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.
Respondió Tomás y le dijo:
- ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le contestó:
- Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto hayan creído." (Jn 20, 1-29)
2º LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
"Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios." (Lc 24, 50-53)
... ... ... ... ...
"Los que estaban reunidos allí le hicieron esta pregunta:
- Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel?
Él les contestó:
- No es cosa vuestra conocer los tiempos y momentos que el Padre ha fijado con su poder, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.
Y después de decir esto, mientras ellos lo observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos. Estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron:
- Hombres de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo." (Act 1, 6-11)
3º LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
"Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de un viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se dividían y se posaban sobra cada uno de ellos. Quedaron todo ellos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les hacía expresarse.
Habitaban en Jerusalén judíos, hombres piadosos venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al producirse aquel ruido se reunió una multitud y quedó perpleja, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Estaban asombrados y se admiraban diciendo:
- ¿Es que no son galileos todos éstos que están hablando? ¿Cómo es, pues, que nosotros les oímos cada uno en nuestra propia lengua materna?
Partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto y la parte de Libia próxima a Cirene, forasteros romanos, así como judíos y prosélitos, cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras propias lenguas las grandezas de Dios.
Estaban todos asombrados y perplejos, diciéndose unos a otros:
- ¿Qué puede ser esto?
Otros en cambio, decían burlándose:
- Están bebidos." (Act 2, 1-13)
4º LA ASUNCIÓN A LOS CIELOS DE LA VIRGEN MARÍA
- Así proclamó el Papa Pío XII, el día 1 de noviembre de 1950, el dogma de la Asunción de la Virgen María:
"Por eso, la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad, por un solo y mismo decreto de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, generosamente asociada al Redentor divino, que alcanzó pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, consiguió al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo, vencida la muerte, ser elevada en cuerpo y alma a la suprema gloria del cielo, donde brillaría como reina a la derecha de su propio Hijo Rey inmortal de los siglos" (Const. Ap. "Munificentissimus Deus": AAS 42 -1950- 768/769)
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- "Existimos porque él nos ama, porque él nos ha pensado y nos ha llamado a la vida. Existimos en los pensamientos y en el amor de Dios. Existimos en toda nuestra realidad, no sólo en nuestra “sombra”. Nuestra serenidad, nuestra esperanza, nuestra paz, se fundan precisamente en esto: en Dios, en su pensamiento y en su amor; no sobrevive sólo una “sombra” de nosotros mismos, sino que en él, en su amor creador, somos conservados e introducidos con toda nuestra vida, con todo nuestro ser, en la eternidad.
Es su amor lo que vence a la muerte y nos da la eternidad, y es este amor lo que llamamos “cielo”: Dios es tan grande que tiene sitio también para nosotros. Y el hombre-Jesús, que es al mismo tiempo Dios, es para nosotros la garantía de que ser-hombre y ser-Dios pueden existir y vivir eternamente uno en el otro. Esto quiere decir que de cada uno de nosotros no seguirá existiendo sólo una parte que, por así decirlo, nos es arrancada, mientras las demás se corrompen; quiere decir, más bien, que Dios conoce y ama a todo el hombre, lo que somos. Y Dios acoge en su eternidad lo que
5º LA CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA COMO REINA DEL CIELO Y DE LA TIERRA
- "Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna a sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas." (Ap. 12,1)
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- "... Los ángeles la servían, los hombres le tributaban su veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, en la cruz, le hubiese encomendado su Madre virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina, éstos a su Señora, y unos y otros se esforzaban por complacerla con sentimientos de piedad y devoción...
... Plena a rebosar de tan grandes bienes, la Esposa, Madre del Esposo único, suave y agradable, llena de delicias, como una fuente de los jardines espirituales, como un pozo de agua viva y vivificante, que mana con fuerza del Líbano divino, desde el monte Sión hasta las naciones extranjeras, hacía derivar ríos de paz y torrentes de gracia celestial. Por esto, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por el que era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, entonces se cumplió la profecía del Salmista, que decía al Señor: De pie a tu derecha está la reina, enjoyada de oro de Ofir" (San Amadeo de Lausana; Homilía 7. Texto tomado del Oficio de Lectura del día 22 de agosto, fiesta de Santa María Virgen, Reina)
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- "Dios te salve, Reina y Madre de misericordia;
vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A Ti llamamos, los desterrados hijos de Eva.
A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo" (oración)
EL REZO DEL SANTO ROSARIO
"88. Al recordar la relación inseparable entre la Palabra de Dios y María de Nazaret, junto con los Padres sinodales, invito a promover entre los fieles, sobre todo en la vida familiar, las plegarias marianas, como una ayuda para meditar los santos misterios narrados por la Escritura. Un medio de gran utilidad, por ejemplo, es el rezo personal y comunitario del “santo Rosario”, que recorre junto a María los misterios de la vida de Cristo, y que el papa Juan Pablo II ha querido enriquecer con los misterios de la luz. Es conveniente que se acompañe el anuncio de cada misterio con breves pasajes de la Biblia relacionados con el misterio enunciado, para favorecer así la memorización de lagunas expresiones significativas de la escritura relacionadas con los misterios de la vida de Cristo..." (Exhortación Apostólica "Verbum Domini", del Santo Padre Benedicto XVI, 30 de septiembre de 2010)
(textos seleccionados e imprimidos en cuadernillo en 2011 para su distribución gratuita con el título: “Con aroma de rosas)
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