MILAGROS DE JESÚS
(Textos evangélicos escogidos)
¿Lo notamos? Los milagros de cada día. El amor permanente del Amor. ¿Estamos atentos? ¿Y cómo reaccionamos? Examen de amor al Amor y por el Amor.
1. BODAS DE CANÁ (Jn 2,1-11)
1 Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús. 2 Fueron invitados también a la boda Jesús y sus discípulos. 3 Al quedarse sin vino, por haberse acabado el de la boda, le dijo a Jesús su madre: «No tienen vino.» 4 Jesús le respondió: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.» 5 Pero su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.» 6 Había allí seis tinajas de piedra, destinadas a las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. 7 Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.» Ellos las llenaron hasta arriba. 8 «Sacadlo ahora —les dijo— y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llamó al novio 10 y le dijo: «Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el inferior. Tú, en cambio, has reservado el vino bueno hasta ahora.» 11 Éste fue el comienzo de los signos que realizó Jesús, en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos. 12 Después bajó a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
2. EL HIJO DEL FUNCIONARIO REAL EN CAFARNAÚN (Jn 4,46-54)
46 Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún. 47 Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a rogarle que bajase a curar a su hijo, porque estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis.» 49 El funcionario replicó: «Señor, baja antes de que muera mi hijo.» 50 Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive.» Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. 51 Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos y le dijeron que su hijo vivía. 52 Él les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos respondieron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.» 53 El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia. 54 Éste fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea
3. EL SIERVO DEL CENTURIÓN (Mt 8,5-13; Lc 7,2-10)
5 Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión y le rogó 6 diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos.» 7 Jesús le contestó: «Yo iré a curarle.» 8 Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. 9 Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste ‘Vete’, y va; y a otro ‘Ven, y viene; y a mi siervo ‘Haz esto’, y lo hace.» 10 Al oír esto, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. 11 Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, 12 mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» 13 Luego dijo Jesús al centurión: «Ve y que te suceda como has creído.» Y en aquella hora sanó el criado.
4. EL ENDEMONIADO EN CAFARNAÚN (Mc 1,21-28; Lc 4,31-37)
21 Al poco de llegar a Cafarnaún, entró el sábado en la sinagoga y se puso a enseñar. 22 Y la gente quedaba asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: 24 «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.» 25 Jesús, entonces, le conminó: «Cállate y sal de él.» 26 Y el espíritu inmundo lo agitó violentamente, dio un fuerte grito y salió de él. 27 Todos quedaron pasmados, de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Da órdenes incluso a los espíritus inmundos, y le obedecen.» 28 Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea
5. EL DEMONIO “LEGIÓN” (Lc 8,26-39; Mt 8,28-34; Mc 5,1-20)
26 Arribaron a la región de los gerasenos, que está frente a Galilea. 27 Al saltar a tierra, salió del pueblo a su encuentro un hombre poseído por los demonios, que hacía mucho tiempo que no llevaba ropa, ni moraba en una casa, sino entre los sepulcros. 28 Al ver a Jesús, se echó a sus pies y gritó con fuerte voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, hijo de Dios Altísimo? Te suplico que no me atormentes.» 29 Lo decía porque Jesús había mandado al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Y es que en muchas ocasiones se apoderaba de él; y, aunque le sujetaban con cadenas y grillos para custodiarlo, rompía las ligaduras, y el demonio lo empujaba a lugares inhóspitos. 30 Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?» Él contestó: «Legión» (porque habían entrado en él muchos demonios). 31 Y le suplicaban que no les mandara irse al abismo. 32 Había allí una gran piara de puercos que pacían en el monte. Ellos le suplicaron que les permitiera entrar en ellos. Jesús se lo permitió. 33 Los demonios salieron de aquel hombre y entraron en los puercos. Entonces la piara se arrojó al lago de lo alto del cantil y se ahogó. 34 Cuando los porqueros vieron lo que había pasado, huyeron y lo contaron en el pueblo y por las aldeas. 35 La gente salió entonces a ver lo que había ocurrido. Cuando llegaron donde Jesús y encontraron al hombre del que habían salido los demonios, sentado, vestido y en su sano juicio, a los pies de Jesús, se llenaron de temor. 36 Los que lo habían visto les contaron cómo había sido salvado el endemoniado. 37 Entonces toda la gente del país de los gerasenos le rogaron que se alejara de ellos, porque estaban poseídos de gran temor. Jesús subió a la barca y regresó. 38 El hombre de quien habían salido los demonios le pidió quedarse con él; pero Jesús le despidió, diciendo: 39 «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo.» Y recorrió el pueblo proclamando todo lo que Jesús había hecho con él.
6. EL ENDEMONIADO MUDO (Lc 11,14; Mt 12,22-23)
14 Estaba Jesús expulsando un demonio que era mudo, y apenas salió el demonio, rompió a hablar el mudo. La gente quedó admirada, 15 aunque algunos de ellos comentaban: «Éste expulsa los demonios por Beelzebul, Príncipe de los demonios.» 16 Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. 17 Pero él, adivinando sus intenciones, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo quedará asolado, y una casa se desplomará sobre la otra. 18 Entonces, si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino?... porque decís que yo expulso los demonios por Beelzebul. 19 Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces. 20 Pero si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, señal de que ha llegado a vosotros el Reino de Dios. 21 Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro; 22 pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.
7. EL MUDO ENDEMONIADO (Mt 9,32-34)
32 Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado. 33 Y, tras expulsar al demonio, rompió a hablar el mudo. La gente, admirada, decía: «Jamás se vio cosa igual en Israel.» 34 Pero los fariseos comentaban: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»
8. LOS ESPÍRITUS INMUNDOS (Mc 3,7-12; Mt 12,15-21)
7 Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, 8 de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. 9 Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. 10 Como había curado a muchos, todos cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. 11 Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios.» 12 Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran
9. EL NIÑO LUNÁTICO (Mt 17,21)
14 Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, tras arrodillarse ante él, 15 le suplicó: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y sufre mucho. Muchas veces cae en el fuego y otras muchas en el agua. 16 Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarlo.» 17 Jesús exclamó: «¡Ay, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!» 18 Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. 19 Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?» 20 Les respondió: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: ‘Desplázate de aquí allá’, y se desplazará. Y nada os será imposible.»
10. UN LEPROSO (Lc 5,12-16; Mt 8,2-4; Mc 1,40-45)
12 Estando en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra y le rogó diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» 13 Él extendió la mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Y al instante le desapareció la lepra. 14 Pero le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación, como prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio.» 15 Su fama se extendía cada vez más, y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. 16 Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
11. LOS DIEZ LEPROSOS (Lc 17,12-19)
11 De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. 12 Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia 13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» 14 Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y resulta que, mientras iban, quedaron limpios. 15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió alabando a Dios en alta voz, 16 y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le dio las gracias. Era un samaritano. 17 Dijo entonces Jesús: «¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios, sino este extranjero?» 19 Y añadió: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
12. UN PARALÏTICO EN JERUSALÉN (Jn 5,9-18)
1 Después de esto, con ocasión de una fiesta de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén una piscina Probática llamada en hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos. 3 En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban la agitación del agua. 4 Es que el ángel del Señor se lavaba de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. 5 Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. 6 Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: «¿Quieres recobrar la salud?» 7 Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro se mete antes que yo.» 8 Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.» 9 El hombre recobró al instante la salud, tomó su camilla y se fue andando. Pero como aquel día era sábado, 10 los judíos dijeron al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla.» 11 Él les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’.» 12 Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho eso?» 13 Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido entre la multitud que había en aquel lugar. 14 Más tarde, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Mira, has recobrado la salud; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que le había devuelto la salud. 16 Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado. 17 Pero Jesús les replicó: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo.» 18 Por eso, los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
13. PARALÍTICO EN CAFARANAÚM (Mc 2,2-12; Mt 9,2-8; Lc 5,17-26)
1 Entró de nuevo en Cafarnaún, y al poco tiempo corrió la voz de que estaba en casa. 2 Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, mientras él les anunciaba la palabra. 3 Entonces vinieron a traerle a un paralítico, llevado entre cuatro. 4 Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura practicada, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. 5 Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» 6 Estaban allí sentados algunos escribas, que pensaban para sus adentros: 7 «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» 8 Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dijo: «¿Por qué pensáis así en vuestro interior? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle ‘Levántate, toma tu camilla y anda’? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice al paralítico—: 11 ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.’» 12 Se levantó y, tomando la camilla, salió al instante a la vista de todos, de modo que quedaron asombrados y alababan a Dios diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
14. EL HOMBRE DE LA MANO SECA (Mt 12,9-14; Mc 3,1-6; Lc 6,6-11)
9 Se fue de allí y entró en su sinagoga, 10 donde casualmente había un hombre que tenía una mano seca. Algunos, con ánimo de acusarle, le preguntaron si era lícito curar en sábado. 11 Él les dijo: «¿Quién de vosotros, si tiene una sola oveja y cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca? 12 ¡Pues cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.» 13 Entonces dijo al hombre: «Extiende tu mano.» Él la extendió y quedó restablecida, sana como la otra. 14 Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para eliminarlo.
15. EL HIDRÓPICO (Lc 14,1-6)
1 Un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban acechando. 2 Había allí casualmente, delante de él, un hombre hidrópico. 3 Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?» 4 Pero ellos guardaron silencio. Entonces le tomó, le curó y lo despidió. 5 Y a ellos les dijo: «¿Quién de vosotros, si se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado, no lo saca al momento?» 6 Y no supieron qué responder.
16. LA MUJER ENCORVADA (Lc 13,10-17)
10 Estaba un sábado enseñando en una sinagoga. 11 Había allí casualmente una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse. 12 Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» 13 Y le impuso las manos. Al instante se enderezó y empezó a alabar a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, comentaba con la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar. Venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado.» 15 Replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? 16 Y a ésta, que es hija de Abrahán, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?» 17 Cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados; la gente, en cambio, se alegraba con las maravillas que hacía.
17. LA HEMORROISA (Mc 5,24-35; Mt 9,20-29; Lc 8,43-48)
24 … Le seguía un gran gentío que lo oprimía. 25 Había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, 26 y que había sufrido mucho con numerosos médicos. Había gastado todos sus bienes sin encontrar alivio; al contrario, había ido a peor. 27 Sabedora de lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. 28 Y es que pensaba: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» 29 Inmediatamente se le detuvo la hemorragia y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. 30 Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y preguntó: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» 31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime, ¿y preguntas quién te ha tocado?» 32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. 33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. 34 Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»
18. DOS CIEGOS (Mt 9,27-31)
27 Cuando Jesús se iba de allí, le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David!» 28 Al llegar a casa, se le acercaron los ciegos. Jesús les preguntó: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Respondieron: «Sí, Señor.» 29 Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.» 30 Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!» 31 Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.
19. EL CIEGO DE BETSAIDA (Mc 8,22-26)
22 Cuando llegaron a Betsaida, le presentaron un ciego y le suplicaron que le tocase. 23 Tomando al ciego de la mano, lo sacó fuera del pueblo y, tras untarle saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» 24 Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.» 25 Después, volvió a ponerle las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente. El ciego quedó curado, de suerte que distinguía de lejos claramente todas las cosas. 26 Después lo envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»
20. EL CIEGO DE NACIMIENTO (Jn 9,1-34)
1 Según caminaba, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Sus discípulos le preguntaron: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» 3 Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4 «Mientras es de día tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado; cuando llega la noche, nadie puede trabajar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo.» 6 Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y untó con el barro los ojos del ciego. 7 Luego le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió ya viendo. 8 Los vecinos y los que solían verle antes mendigar comentaban: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» 9 Unos decían: «Es él». «No —decían otros—, será alguien que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» 10 Le preguntaron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?» 11 Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate.’ Yo fui, me lavé y vi.» 12 Ellos le preguntaron: «¿Dónde está ése?» Respondió: «No lo sé.» 13 Entonces llevaron a los fariseos al que antes era ciego. 14 (Era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.) 15 También los fariseos le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» 16 Algunos fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes signos?» Y había disensión entre ellos. 17 Entonces le preguntaron otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» Él respondió: «Que es un profeta.» 18 Los judíos no creían que aquel hombre hubiera sido ciego; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista 19 y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?» 20 Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. 21 Pero cómo ve ahora, lo ignoramos; y tampoco sabemos quién le ha abierto los ojos. Preguntadle, que ya tiene edad y puede hablar de sí mismo.» 22 Sus padres decían esto por miedo a los judíos, pues éstos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno lo reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él.» 24 Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» 25 Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo.» 26 Le preguntaron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?» 27 Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?» 28 Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es.» 30 El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. 31 Sabemos que Dios no presta atención a los pecadores; sin embargo, escucha al que es religioso y cumple su voluntad. 32 Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada.» 34 Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado, ¿y pretendes darnos lecciones?» Y lo echaron fuera. 35 Jesús se enteró de que lo habían echado fuera. Cuando se encontró con él, le preguntó: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» 36 Él respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» 37 Jesús le dijo: «Le has visto. Es el que está hablando contigo». 38 A lo que él contestó: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. 39 Entonces dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.» 40 Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Es que también nosotros somos ciegos?» 41 Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís que veis, vuestro pecado sigue en vosotros.»
21. EL CIEGO DE JERICÓ (Mc 10,46-52; Mt 20,29-34; Lc 18, 35-43)
46 Llegaron a Jericó. Y un día que Jesús salía de allí acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, coincidió que el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 49 Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego y le dijeron: «¡Ánimo, levántate! Te llama.» 50 Él, arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús. 51 Jesús, dirigiéndose a él, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Rabbuní, ¡quiero ver!» 52 Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Al instante recobró la vista y le seguía por el camino.
22. LA HIJA DE JAIRO (Mc 5, 21-43; Mt 9,1.18-26; Lc 8,40-56)
21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente. Él estaba a la orilla del mar. 22 Llegó entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que, al verle, cayó a sus pies, 23 y le suplicaba con insistencia: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» 24 Jesús se fue con él. Le seguía un gran gentío que lo oprimía… 35 Mientras estaba hablando, llegaron unos de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: «Tu hija ha muerto. ¿A qué molestar ya al Maestro?» 36 Jesús, que oyó el comentario, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta con que tengas fe.» 37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38 Llegaron a la casa del jefe de la sinagoga y observaron el alboroto, unos que lloraban y otros que daban fuertes gritos. 39 Jesús entró y les dijo: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» 40 Los presentes se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, tomó consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entró donde estaba la niña. 41 Tomó entonces la mano de la niña y le dijo: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» 42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor; 43 él, por su parte, les insistió mucho en que nadie lo supiera. Después les dijo que dieran de comer a la niña.
23. EL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍM (Lc 7,11-17)
11 A continuación fue Jesús a un pueblo llamado Naín. Lo acompañaban sus discípulos y una gran muchedumbre. 12 Cuando se acercaba a las puertas del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda. La acompañaba mucha gente del pueblo. 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» 14 Luego, acercándose, tocó el féretro, y los que lo llevaban se pararon. Dijo Jesús: «Joven, a ti te digo: Levántate.» 15 El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. 16 El temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». 17 Y el suceso se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.
24. RESURRECCIÓN DE LÁZARO (Jn 11,1-46)
1 Había un enfermo llamado Lázaro. Era de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. 2 María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres está enfermo.» 4 Al oírlo Jesús, comentó: «Esta enfermedad no es de muerte; es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Al cabo de ellos, dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.» 8 Replicaron los discípulos: «Rabbí, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?» 9 Jesús respondió: «¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si uno anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.» 11 Tras decir esto, añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.» 12 Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, ya se curará.» 13 Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto; 15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos allá.» 16 Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.» 17 Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania estaba cerca de Jerusalén, a unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. 20 Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María se quedó en casa. 21 Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que Dios te concederá cuanto le pidas.» 23 Jesús replicó: «Tu hermano resucitará.» 24 Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» 25 Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?» 27 Respondió ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.» 28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama.» 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente y fue a su encuentro. 30 Jesús todavía no había llegado al pueblo; seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31 Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando María llegó donde estaba Jesús y lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.» 33 Viéndola llorar Jesús y observando que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y preguntó: «¿Dónde lo habéis puesto?» Le respondieron: «Señor, ven y lo verás.» 35 Jesús se conmovió entre lágrimas. 36 Los judíos comentaron entonces: «Mirad cómo le quería.» 37 Pero algunos de ellos dijeron: «Éste, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?» 38 Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 39 Dijo Jesús: «Quitad la piedra.» Marta, la hermana del muerto, le advirtió: «Señor, ya huele; es el cuarto día.» 40 Replicó Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» 41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42 Bien sé que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por éstos que me rodean, para que crean que tú me has enviado.» 43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal afuera!» 44 El muerto salió, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadle andar.»
25. LA SUEGRA DE PEDRO (Lc 4,38; Mt 8,14-15; Mc 1,29-31)
38 Cuando salió de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. 39 Entonces se inclinó sobre ella y conminó a la fiebre; y la fiebre la dejó. Ella se levantó al punto y se puso a servirles
26. LA ORLA DEL MANTO (Mt 14,34-36)
34 Terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret. 35 Los lugareños, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca, y le presentaron todos los enfermos. 36 Le pedían que les dejara tocar siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron curados.
27. MUCHAS CURACIONES (Lc 4-40-41)
40 A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. 41 Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios.» Pero él les conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.
28. MUCHAS CURACIONES (Lc 6,17-19; Mt 4,24-25)
17 Bajó con ellos y se detuvo en un paraje llano. Había allí un nutrido número de discípulos suyos y una gran muchedumbre llegada de toda Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón, 18 que habían venido para oírle y ser curados de sus dolencias. Y los que eran molestados por espíritus inmundos quedaban curados. 19 Toda la gente procuraba tocarle, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
29. MUCHOS ENFERMOS (Mt 15,29-31)
29 Pasando de allí, Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. 30 Entonces se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. 31 De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían. Y alabaron al Dios de Israel.
OTROS HECHOS MILAGROSOS
30. PRIMERA MULTIPLICACIÓN (Jn 6,5-15; Mt 14,14-21; Mc 6,34-44; Lc 9,12-17)
1 Después de esto, se trasladó Jesús a la otra ribera del mar de Galilea (el de Tiberíades), 2 y mucha gente le seguía, porque veían los signos que realizaba en los enfermos. 3 Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. 4 (Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.) 5 Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él tanta gente, preguntó a Felipe: «¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?» 6 Se lo decía para probarle, porque él ya sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno coma un poco.» 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: 9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» 10 Replicó Jesús: «Haced que se recueste la gente.» (Había en el lugar mucha hierba.) La gente se recostó: eran unos cinco mil. 11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados, y lo mismo los peces. Comieron todo lo que quisieron. 12 Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» 13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. 14 Al ver la gente el signo que había realizado, comentaba: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» 15 Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
31. SEGUNDA MULTIPLICACIÓN (Mc 8,1-9; Mt 15,32-38)
1 Por aquellos días, en vista de la gran cantidad de gente que volvió a reunirse, y no teniendo qué comer, llamó Jesús a sus discípulos y les dijo: 2 «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que están aquí conmigo y no tienen qué comer. 3 Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos.» 4 Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí, en un lugar inhóspito?» 5 Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos le respondieron: «Siete.» 6 Entonces mandó a la gente recostarse en el suelo. Tomó Jesús los siete panes y, dando gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. 7 Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. 8 Comieron y se saciaron. Y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. 9 Fueron unos cuatro mil.
32. LA TEMPESTAD CALMADA (Lc 8,22-25; Mt 8, 23-37; Mc 4,35-41)
22 Cierto día subió a una barca con sus discípulos y les dijo: «Pasemos a la otra orilla del lago.» Y se hicieron a la mar. 23 Mientras ellos navegaban, se quedó dormido. Se abatió entonces sobre el lago una borrasca tal que la barca se anegaba y estaban en peligro. 24 Ellos, acercándose, le despertaron: «¡Maestro, Maestro, nos hundimos!» Él, habiéndose despertado, increpó al viento y al oleaje, que amainaron y sobrevino la bonanza. 25 Entonces les dijo: «¿Dónde está vuestra fe?» Ellos, llenos de temor, se decían entre sí maravillados: «¿Quién es éste, que conmina a los vientos y al agua, y le obedecen?»
33. CAMINA SOBRE EL MAR (Mt 14,22-33; Mc 6,45-52; Jn 6,16-21)
22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Al atardecer estaba solo allí. 24 La barca, que se hallaba ya muchos estadios distante de tierra, era zarandeada por las olas, pues el viento soplaba en contra. 25 A la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndolo caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y se pusieron a gritar de miedo. 27 Pero al instante les habló así Jesús: «¡Tranquilos!, soy yo. No temáis.» 28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas.» 29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, en dirección a Jesús. 30 Pero, al sentir la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» 31 Jesús tendió al punto la mano, lo agarró y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» 32 Cuando subieron a la barca, amainó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»
34 PRIMERA PESCA MILAGROSA (Lc 5,1-11)
1 Estando Jesús a la orilla del lago de Genesaret, la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. 2 En esto vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. 3 Subió entonces a una de las barcas, que era de Simón, y le rogó que se alejara un poco de tierra. Se sentó y empezó a enseñar desde la barca a la muchedumbre. 4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» 5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, basta que tú lo dices, echaré las redes.» 6 Así lo hicieron, y pescaron tan gran cantidad de peces que las redes amenazaban con romperse. 7 Entonces llamaron por señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. 8 Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» 9 Y es que el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían capturado. 10 Y lo mismo les ocurrió a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» 11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
35 SEGUNDA PESCA MILAGROSA (Jn 21,1-23)
Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. 2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. 3 Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Le contestaron ellos: «También nosotros vamos contigo.» Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Les preguntó Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis nada que comer?» Le contestaron: «No.» 6 Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca yencontraréis.» La echaron, pues, y no conseguían arrastrarla por la gran cantidad de peces. 7 El discípulo a quien Jesús amaba dijo entonces a Pedro: «Es el Señor». Cuando Simón Pedro oyó «es el Señor», se vistió —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. 8 Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces, pues sólo distaban de tierra unos doscientos codos. 9 Nada más saltar a tierra, vieron preparadas unas brasas y un pez sobre ellas, y pan. 10 Jesús les dijo: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar.» 11 Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. 12 Jesús les dijo: «Venid y comed.» Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», pues sabían que era el Señor. 13 Vino entonces Jesús, tomó el pan y se lo dio; y de igual modo el pez. 14 Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos
36. RESUCITADOS AL MORIR JESÚS (Mt 27,50-54; Mc 15,39; Lc 23,44-48)
50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. 51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. 52 Se abrieron los sepulcros y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53 Y, después de que él resucitara, salieron de los sepulcros, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. 54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era hijo de Dios.»
PRIMER EPÍLOGO DEL CUARTO EVANGELIO (Jn 20,30-31)
30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. 31 Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre
SEGUNDO EPÍLOGO DEL CUARTO EVANGELIO (Jn 21,24-25)
24 Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se pusieran por escrito una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
(Textos seleccionados y completados respecto de los que formaban la parte final de los imprimidos en cuadernillo en 2011 para su distribución gratuita y restringida)
No hay comentarios:
Publicar un comentario