domingo, 24 de noviembre de 2024

 

DE UN CRISTIANO

(2023/2024)



SUMARIO

Adviento

Navidad

Cuaresma

Semana Santa

Pascua

La Ascensión

Pentecostés

Santísima Trinidad

Corpus Christi

Agosto

Tiempo ordinario

Cristo Rey



ADVIENTO

Adviento. Siguiendo el itinerario que marca la liturgia, en el Adviento el cristiano empieza de nuevo su camino hacia el cielo: una etapa más, un nuevo año. Camina con la ilusión de celebrar pronto la Navidad, el Nacimiento del Niño Jesús en Belén, en comunión con todos los santos, acompañando a María y a José y rodeado de todos los ángeles que ríen, cantan y contagian su alegría en los corazones de los caminantes.

La lectura de Isaías envuelve en un ambiente propicio para vivir mejor el tiempo que se vive. “Aquel día brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados… Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos; un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán jutas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas coman el mar. Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos; la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada” (Is 11,1.10)

Y se toma de los salmos palabras apropiadas: “Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud… Que en su día florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra… Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; Él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres… Que su nombre sea eterno y su fama dure como el sol que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra” (salmo 71, 1-2,.7-8.12-13.17). “El Señor es mi luz y mi salvación ¿a quién temerá? El Señor es la defensa de mi vida ¿quién me hará temblar? … Una cosa pido al señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo” (salmo 26, 1.4).

La vida del cristiano es camino y vivencia del Reino de Dios: “En aquellos días apareció Juan Bautista predicando en el desierto de judea y diciendo: - Convertíos porque está al llegar el Reino de los cielos” (Mt 3,1-2). “Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: - Convertíos porque está al llegar el Reino de los Cielos” (Mt 4,17). “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). “El Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc 10,9). “Vosotros en cambio, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu reino…” (Mt 6,9). “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas las cosas se os añadirán” (Mt 6,33). “No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21). “Ante esto, Jesús dijo: - Dejad a los niños y no les impidáis que vengan conmigo, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 19.14).

ADVIENTO

Adviento. El cristiano hace el camino que lleva al cielo, como si hiciera el camino hacia Belén donde sabe que encontrará al Niño Jesús, a María que es Madre de Dios y Madre nuestra, y a san José, nuestro Patriarca y Señor, e innumerables ángeles que adoran, cantan y llenan de alegría nuestra vida. Y los salmos del tiempo son también cantos de esperanza: “Dios anuncia la pasa a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos” (salmo 84.10-14). “Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor, que ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad” (salmo 95, 11-14)

También la lectura del profeta ayuda a marchar como si el camino no tuviera pendientes ni obstáculos: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría… Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae la retribución; viene en persona, resarcirá y os salvará. Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo, cantará” (Is 35, 1-2.3-6). “Mirad, el Señor Dios viene con poder, y su brazo lo somete todo. Mirad que trae su recompensa y su premio va por delante. Apacienta su rebaño como un pastor, lo congrega con su brazo, lleva los corderillos en su regazo y conduce con cuidado a las que están criando” (Is, 40,10-11)

El cristiano que sigue a Jesús, que descansa con Él y en Él, está atento a sus gestos, a su mirada, a sus palabras, porque sabe que así llegará lo que pide: “Venga a nosotros tu Reino” (Mt 6,10) y que así llegaremos al Reino: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos… Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia porque suyo es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3.10). “El que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Poe el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt 5,19-20). “Y os digo que muchos de oriente y occidente vendrán y se sentarán a la mesa de Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes” (Mt 8,11-12)

Así pues, no andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, qué vamos a vestir? Por todas esas cosas se afana los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6,31-34). “Sub tuum praesidium confugimus sancta Dei Genitrix”

ADVIENTO

Adviento. Domingo “Gaudete”: “Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca” (Flp 4, 4-5), dice la antífona de entrada con palabras de la epístola. Para el cristiano, el camino hacía el cielo se difumina cuando se superpone en el alma la visión de la cercanía a la Navidad en Belén: dos caminos en uno, a la vez. Y así se vive este “tiempo fuerte” de esperanza en la Pascua de Navidad, como la Cuaresma es otro tiempo fuerte de preparación y espera a la Pascua de Resurrección. Y, en uno y otro tiempo fuerte hay días en los que la alegría sirve como consuelo y ánimo para el camino: en Adviento, el tercer domingo, “Gaudete”, y en Cuaresma el cuarto domingo, “Laetare”, con la antífona: “Festejad a Jerusalén, gozad con ella … alegraos de su alegría”. Y, desde el día 17de diciembre empiezan las antífonas mayores en la hora de Vísperas y que empiezan con la palabra “Oh”a la que sigue cada día uno de los nombres de Cristo, uno de sus atributos mencionados en las Escrituras: Oh Sapientia (17), Oh Adonais (18), Oh Radix Jesse (19), Oh Clavis David (20), Oh Oriens (21), Oh Rex Gentium (22), Oh Emmanuel (23). Leídas las primeras letras de los títulos, de abajo a arriba, se forma el acróstico latino “Ero Cras” que quiere decir: “Mañana Vendré”. En el canto monacal de esas antífonas las gentes que no sabían latín señalaban esos días con la “O” que escuchaban y en la fiesta mariana de la Expectación del Parto, que se celebra el día 18 de diciembre, se celebra Nuestra Señora de la Esperanza y también Santa María de la O. De esas antífonas nació la inspiración para el himno latino: “Veni, veni Emmanuel, conocido por su título en inglés: “O Come. O como Emmanuel”

Adivinando, recordando, guardando en el corazón la imagen del Niño Jesús, el cristiano canta en el alma los salamos de la liturgia del Tiempo que cada uno escoge y le dedica: “Recuerda Señor que tu ternura y tu misericordia son eternas; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad., Señor. El Señor es bueno y recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes” salmo 24, 6-9). “Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias” (salmo 33,6-7). “Que canten con alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra” (salmo 66,5)

En Adviento vivimos la cercanía del Reino. “No todo el que me dice: Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 7,21). “Y os digo que muchos de oriente y occidente vendrán y se sentarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos” (Mt 8,11). “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando de todas las enfermedades y dolencias” (Mt 9,35. “Id y predicad. El Reino de los Cielos está el llegar” (Mt 10,7). “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia y los esforzados lo conquistan” (Mt 11,17). “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos” (Mt 13,11). “El Reino de Dios está en medio de vosotros” (Lc 17,20)

NAVIDAD

Navidad. Paz a los hombres de buena voluntad; el Señor los ama. Gloria a Dios; aunque muchos lo nieguen o lo olviden o persigan e injurien a los creyentes. Dios es amor.

Se acaba el Adviento que ha preparado el alma y los corazones de todos para recibir el Niño Jesús que nació en Belén hace más de dos mil años y que sigue con nosotros en la Eucaristía, vivo, despierto, callado, viendo en eterno presente, repartiendo amor de continuo y a todos sin excepción. Nochebuena que es noche de paz, de alegría, de cielo presente y de esperanza en el cielo. Tiempo para aprovechar y hacer que duren los buenos sentimientos, las buenas voluntades, el derramar amor y concordia a todos.

En la misa de medianoche cantamos: “Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad (salmo 95, 1-3.11-13). En la misa de la aurora del día de Navidad aclamamos: “El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre” (salmo 96, 1.6.11-12). Y en la misa del día de Navidad seguimos nuestro cántico: “Cantad al Señor un cántico nuevo, por que ha hecho maravillas; su diestra e ha dado la vitoria, su santo brazo. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor tierra entera; gritad, vitoread, tocad. Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor” (salmo 97, 1-6)

Navidad. Abierto a todos el corazón. “Bonum est diffusivum sui”. En la Navidad de 1940, en Alemania, en un campo de prisioneros, unos sacerdotes piden a Jean-Paul Sartre una pequeña meditación para la víspera: “La Virgen está pálida y mira al niño (…) Ella lo ha llevado nueve meses. Ella lo amamanta y su leche devendrá la sangre de Dios. Ella le aprieta en sus brazos y le llama “mi pequeño”. Pero en otros momentos permanece toda asombrada y piensa: “Dios está aquí”, y se siente presa de un temor religioso por este Dios mudo, por este niño, (…) pues Él es Dios y supera por todos los lados lo que ella puede imaginar. Y es una ruda prueba para una madre sentir temor por ella y por su condición humana ante su hijo. Pero yo pienso que hay también otros momentos rápidos y deslizantes en que siente a la vez que Cristo es su hijo, su pequeño, que es Dios. Le mira y piensa: “¡Este Dios es mi hijo!”. Esta carne divina es mi carne, está hecho de mí, tiene mis ojos y esa forma de boca que es la forma de la mía. Se me parece, Él es Dios y se me parece” Y ninguna mujer ha tenido así a Dios para ella sola. Un Dios pequeñito que se puede tomar en brazos y cubrir de besos, un Dios cálido que sonríe y que respira, un Dios, al que se puede tocar y que vive…” (extracto de la primera obra de teatro de Jean-Paul Sartre: “Baronia ou le Fils du tonerre”; tomado aquí de “Bienaventurados los ambiciosos. Cómo corresponder al deseo de Dios” de Thomas Joachim, Patmos, Ed. Rialp. Madrid 2023). Dios mi Padre, mi Hermano, Mi Amigo.

NAVIDAD

Acaba un año en domingo y ya en la primera semana del que empieza no puede haber más celebraciones: la sagrada Familia: Jesús, María y José, el día 31 de diciembre, y, ya en enero, Santa María Madre de Dios, el día 1, El Santísimo Nombre de Jesús, el día 3, y La Epifanía del Señor, el día 6. Los salmos de la liturgia de cada día llenan de alegría el corazón de los cristianos: “Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su vitoria. Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. Delante del Señor, que ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad” (salmo 95,1-2.11-14); “El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos su salvación. Que canten de alegría las naciones porque riges el mundo con justicia, riges el pueblo con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que Dios nos bendiga, que le teman hasta los confines del orbe” (salmo 66, 2-3. 5.6 y 8). “Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. Qu en sus días florezca la justicia y ña paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. Que los reyes de Tarsis y de las Islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante él todos los reyes y que todos los pueblos le sirvan. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará dl pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres” (salmo 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13).

También los himnos litúrgicos acompañan al cristiano que celebra fiesta del Niño Jesús, de su Madre que es nuestra Madre y de san José, nuestro padre y señor. “Decid a la noche clara / tome en sus manos el arpa, / y salmos de David cante, / cante con la Virgen santa. / Ángeles del cielo vienen, / de luz son las bellas alas, / y un canto divino traen / para estas nupcias sagradas. / Y, al amanecer, las aves / y el alba que se levante, / con silbos del universo / cantadle vuestra alabaza. / Del Padre eterno nacido, / nace en carne la palabra, / con nosotros vida y muerte, / y una muerte ensangrentada. / Al Hijo cantemos, / ¡ay, gracia desenfrenada! / ni los cielos sospecharon / que el mismo Dios se encarnara. / ¡Oh gracia para adorar, / que nunca cupo más alta! / Tú, para hacernos divinos, / humano a nosotros bajas. / Cantad, creaturas todas, / que todas estáis salvadas, / y con la boca quedaos / al Padre diciendo: “¡Gracias!” Amén” (himno de laude el día 1 de enero, celebrándola Maternidad de la Virgen María).

Acabar un año es tiempo de examen general. Empezar un año es tiempo de propósitos. Todos los días, cada día, es tiempo de esperanza, porque Dios es amor (1 Jn 4,8 y16) y esperar en el Amor no puede defraudar, porque “Fiel es Dios” (1 Co 1,9). También cada día, al acabar, al empezar el año, durante el año, es tiempo de amor, porque nada podrá apartarnos del amor de Dios (Rm 8,39) que se derrama en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado (Rm 5,5). Y, siempre, la fe porque “sin Mi no podéis hacer nada” (Jn 15,5) y porque “Todo lo puedo en Él que me conforta” (Flp 4,13). Alegraos siempre en el Señor. os lo repito, alegraos” (FLp 4,5). Todo a Jesús por María. Amén.

NAVIDAD

La primera semana del año es la semana de tomar impulso: empieza el año, aquí está la tarea para cientos de días. Se acabaron las fiestas hay que poner a prueba el ánimo al iniciar una vez más un año. “Año nuevo, lucha nueva”. El cristiano celebra este domingo la fiesta del Bautismo del Señor, en fechas tan próximas a la Navidad, pero el Tiempo de Navidad se ha acabado y hemos entrado en el Tiempo Ordinario, por pocas semanas, hasta el 14 de febrero, Miércoles de Ceniza, cuando empieza la Cuaresma.

Este salto litúrgico que lleva de la alegría del Niño Jesús al enamoramiento de Jesús, hombre joven, de nuestra fiesta y los regalos a la cotidianidad con la riqueza de sentimientos y ocasiones de la vida ordinaria. Y Dios, siempre con nosotros, “hasta el fin de los siglos” (Mt 28,20). Tanta mudanza en la vida de cada uno no puede impedir ni saborear ni acompañar las tareas cotidianas corrientes repasando los textos evangélicos.

Sería el año 27, o el 28/29, de nuestra era, porque Poncio Pilato fue prefecto de Judea desde el año 26 al 36. Herodes Antipas murió el año 39 y Filipo hermanastro de Herodes, fue tetrarca hasta el año 33/34. El sumo sacerdote era Caifás que ejerció su pontificado desde el año 18 al 36, porque su suegro Anás, había sido depuesto el año 15 por la autoridad romana. “El año decimoquinto del imperio de Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano, Filipo, tetrarca de Iturea y de la región de la Traconítide, y Lisanias, tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdote Anás y Caifás, vino en el desierto la pala palabra de Dios sobre Juan, el hijo de Zacarías” (Lc 3,1-3). “Y toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y eran bautizados por él en el rio Jordán, confesando sus pecados… Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y nada más salir del agua vio los cielos abiertos y al espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre él; y se oyó una voz desde los cielos: - Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me he complacido” (Mc 1,5.9-11). “Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados … Las muchedumbres le preguntaban: - Entonces ¿qué debemos hacer? Él les contestaba. – El que tiene dos túnicas que le dé al que no tiene y el que tiene alimentos que haga lo mismo. Llegaron también unos publicanos para bautizarse y le dijeron: - Maestro ¿qué debemos hacer? Y él les contestó: - No exijáis más de lo que se os ha señalado.” (Lc 3,10-13). Los publicanos eran recaudadores de impuestos…

Sería cerca de Betania, no la próxima a Jerusalén, sino la Betania, a orillas del Jordán y cerca de Jericó. “Le preguntaron: ¿Pues por qué bautizas si tú no eres el Cristo ni Elías ni el Profeta? Juan les respondió: Yo bautizo con agua, per en medio de vosotros está uno a quien no conocéis. Él es el que viene después de mí, a quien no soy digno de desatarle la correa de la sandalia. … Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: -Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y viendo que le seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: - Rabbí, -que significa Maestro- ¿Dónde vives? Les respondió: - Venid y lo veréis. Fueron y vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Sería más o menos la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro era uno de los dos que había oído a Juan y seguido a Jesús.” (Jn 1,25-27.30-40). El cristiano también se quiere quedar con Jesús “aquel día”. Todos los días.

TIEMPO ORDINARIO

Tiempo Ordinario. Pero no faltan cristianos que, respetando la liturgia, sienten en su corazón el eco de lo que fue proclamación antigua: “Hasta san Antón, Pascuas son” y agradecen al santo abad que tuviera un corazón abierto a otras experiencias de ermitaños y anacoretas. San Jerónimo en su “Vida de Pablo el ermitaño”, el famoso anacoreta de Tebaida, cuenta que san Antonio lo visitó, lo dirigió en su vida monástica y lo enterró cuando falleció. Según la tradición, el cuervo que alimentaba diariamente a Pablo llevándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a san Antonio llevando dos hogazas. La curación de los jabatos ciegos y la protección que, de por vida, le dio la madre jabalina al santo y otras tradiciones lo han hecho patrono de los animales. Las oraciones de la misa en su memoria sirven a todos como camino de vida y objeto de petición: “Señor y Dios nuestro que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos por su intercesión que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas” (oración colecta); “Señor, Tú que otorgaste a san Antonio la gracia de salir vencedor de todas las tentaciones del demonio, concédenos a nosotros que, alimentados con tus sacramentos, salgamos siempre triunfantes de las asechanzas de nuestro enemigo” (oración después de la comunión). Y, en esa referencia al demonio, puede ser oportuno aprovechar otra conocida oración de rezo antiguo y frecuente: “Arcángel san Miguel, defiéndenos en la lucha; sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Pedimos suplicantes que Dios lo mantenga bajo su imperio; y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el poder divino, a Satanás y a los otros espíritus malvados que andan por el mundo tratando de perder a las almas. Amén”

Tiempo de vida ordinaria. “Dijo también el Señor: Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos como el trigo” (Lc 22,31). “Sed sobrios y vigilantes porque vuestro enemigo el diablo anda girando como león rugiente alrededor de vosotros en busca de presa que devorar” (1 Pe5,8). “Revestíos de toda la armadura de Dios para poder contrarrestar las asechanzas del diablo; pues … nuestra pelea es contra los espíritus malignos (Ef 6,11.12). “El que oye la palabra del Reino y no para en ella su atención, viene el mal espíritu y le arrebata aquello que se había sembrado en su corazón” (Mt 13,19). “Cuando el espíritu impuro ha salido de in hombre, vaga por lugares áridos en busca de descanso, pero la no encontrarlo dice: “Me volveré a mi casa de donde salí”. Y al llegar la encuentra bien barrida y en orden. Entonces va, toma otros siete espíritus peores que él, y entrando se instalan allí, con lo que la situación última de aquel hombre resulta peor que la primera” (Lc 11,24-26). “Estad, pues, sujetos a Dios y resistid al diablo y huirá de vosotros (St 4,7). “Los que creyeren lanzarán los demonios en mi nombre” (Mc 16,17). “Ahora el príncipe de este mondo va a ser lanzado fuera” (Jn 12,31). “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Él les dijo: - Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo… Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10, 17.18.20). “No te pido que los saques de este mundo, sino que los guardes del Maligno” (Jn 17,15). Y, siempre: “No nos dejes caer en la tentación. Y líbranos del Malo”

TIEMPO ORDINARIO

El cristiano vive este tiempo ordinario entre la Navidad y la Cuaresma en medio del “fragor de la batalla” de la vida corriente, con sus rutinas, sus alegrías y las preocupaciones y fracasos. Pero puede encontrar remansos para la serena reflexión del “Dios con nosotros” en todo momento. “Confía en el Señor y haz el bien, habita tu tierra y practica la lealtad; sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón. Encomienda tu amino al Señor, confía en Él, y Él actuará: hará tu justicia como el amanecer, tu derecho como el mediodía. El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus caminos; si tropieza, no caerá, porque el Señor lo tiene de la mano. El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro; el Señor los protege y los libra, los libra de los malvados, y los salva porque se acogen a él” (salmo 36,3-6.23-24. 39-40). “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra Ti, contra Ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces” (salmo 50, 3-7). “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme, no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generosos: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a Ti” (salmo 50, 12-15).

Camino de la vida ordinaria. “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mía, la encontrará” (Mt 16,24-25). “Por eso os digo: no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir. ¿Es que no vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, ni siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Es que no valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, por mucho que cavile, puede añadir un solo codo a su estatura? Y sobre el vestir, ¿por qué os preocupáis? Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestir como uno de ellos. Y si la hierba que hoy es y mañana se echa al horno, Dios la vista así, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Así que no estéis preocupados diciendo ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afanan los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os añadirán. Por tanto no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6,25-34)

Camino del cielo. “Bienaventurados los pobres de espíritu porque suyo es el Reino de los cielos … Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3.10). “Así el que quebrante uno solo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los cielos” (Mt 5,19)

TIEMPO ORDINARIO

Se acaba enero. Los estudiantes con más años, aquellos jóvenes hoy ancianos, ver llenarse la memoria de recuerdos que parecen incoherentes. Ahora se celebra la fiesta de santo Tomás de Aquino el 28 de enero, pero “siempre fue”, en su historia vital y en su corazón, el 7 de marzo: la fiesta de los estudiantes en todos los niveles de estudio. Para algunos la antigua fecha es imborrable, cuando acabó una ejecución forzosa porque, concluidas las oportunas comprobaciones durante año y medio, se había obtenido lo que se pretendía, salvo error. Un año después, el mismo que firmó aquello actuó como si no hubiera sido así. El Estado de Derecho hacía tiempo que había decaído.

Pero el tiempo sigue. Y el cristiano se apoya en la liturgia del Tiempo Ordinario para encontrar una base firme de confianza en Dios: “A ti, Señor, me acojo; no quede yo defraudado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno tú me sostenías. Tú eres mi protector. Para Ti mi alabanza continua” (salmo 70, 1-6). “Como se apiada un padre de sus hijos, así el Señor tiene piedad de los que le temen. Pues Él conoce de qué estamos hechos, recuerda que somos polvo. ¡El hombre! Como el heno son sus días; florece como flor silvestre; sobre él pasa el viento y no subsiste, ni se reconoce más su sitio. Pero la misericordia del Señor dura desde siempre y para siempre con los ue le temen” (salmo 102 13-17).

Presencia de Dios, relación continua con Dios. “Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayudas, sino tu Padre que está en lo oculto; y tu Padre que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6,16-18). “No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará, y con la medida con que midáis s os medirá. ¿Por qué te fijas en la mlta del ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en el tuyo? O ¿cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la mota de tu ojo” cuando tú tienes una viga en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano” (Mt 7, 1-5)

Vivir el Reino de Dios. “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos padece violencia y los esforzados lo conquistan” (Mt 11,12). “Escuchad vosotros la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino” (Mt 13,18-19). “El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue” (Mt 13, 24-25). El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es, sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas y llega a hacerse como un árbol” (Mt 13, 31,32). El Reino de los Cielos es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina (Mt 13,33)

TIEMPO ORDINARIO

El cristiano vive su existencia como camino hacia el cielo, como camino que permite vivir ya en el cielo, porque estar en el cielo es estar en presencia de Dios y hacer su voluntad, como proclamamos y pedimos en el Padrenuestro, para cada instante y para el camino: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. En la semana quinta del Tiempo Ordinario la Primera lectura es como el libreto, como el guión, como el resumen de la vida corta, “tempus brevis est”, para una felicidad eterna, sin fin, con Dios: “Habló Job diciendo: - El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra; como el jornalero, aguarda su salario. Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al costarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba” (Jb 7, 1.4). Pero el cristiano conoce todo el texto: “El Señor cambió la suerte de Job por haber intercedido por sus amigos y le duplicó todos los bienes que antes poseía. Vinieron todos sus hermanos y hermanas y todos sus conocidos de antes, comieron con él en su casa, le tuvieron compasión y le consolaron por el mal que el Señor había descargado sobre él. Cada uno le entregó una moneda de plata y un anillo de oro. El Señor bendijo la nueva condición de Job más que la primera (Jb 42, 10-12).

El cielo nos espera. “- Tu hermano resucitará, le dijo Jesús. Marta respondió: - Ya sé que resucitará en la resurrección del último día. - Yo soy la Resurrección y la Vida, le dijo Jesús; el que cree en mí, aunque hubiera muerto vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre” (Jn 11,23-26). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario ¿os hubiera dicho que voy a prepararon un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo esté estéis también vosotros.” (Jn 14, 1-3). “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre, el espíritu de la verdad al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros” (Jn 14, 15-18). “Así pues, también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría” (Jn 16,22). Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)

Y al llegar. “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe… Y oí una fuerte voz procedente del trono que decía: - Ésta es la morada de Dios con los hombres: Habitará con ellos y ellos será su pueblo y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó. El que estaba sentado en el trono dijo: Mira, hago nuevas todas las cosas … (Ap 21,1.3-5). “Delante de los ángeles entonaré salmos para Ti. Me postraré, hacia tu Templo santo y daré gracias a tu Nombre por tu misericordia y tu fidelidad porque has engrandecido tu promesa por encima de todo nombre” (salmo 137,1-2). Y hasta allí, de la mano de la Madre de Dios que es nuestra Madre.

CUARESMA

Cuaresma. Tiempo fuerte en la Liturgia y en el alma de cada cristiano porque descubre que el amor a Dios exige vivir en oblación a quien es Amor, nos da su amor y nos pide amor. “Amémonos unos a otros, porque el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4,7-8). Se nos escapa del alma: “Señor, que te quiera; que te quiera mucho; que te quiera más; que te quiera como Tú quieres que te quiera”. “La medida del amor es el amor sin medida” (san Bernardo de Claraval, en “De diligendo”, prólogo del cap.primero). Así, la oración, el ayuno y la limosna, se convierten en alegre abandono a Dios y al prójimo: “Padre me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre” (Charles de Foucauld). “… Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas. Amén. Amén…” (san Josemaría, “Camino”, 691). “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16,24; cf. Lc 9,23-27).



Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin del que os vean; de otro modo no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando deis limosna no lo vayáis pregonando, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, con el fin de que los alaben los hombres. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha, para que tu limosna quede en lo oculto; de este modo, tu Padre, que ve en lo oculto te recompensará. Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos en pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento, y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará… Cuando ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará” (Mt 6, 1-6. 16-18)

Mortificad, pues, lo que hay de terrenal en vuestros miembros: la fornicación, la impureza, las pasiones, la concupiscencia mala y la avaricia que es una idolatría. Por ella viene la ira de Dios sobre los hijos de la incredulidad… Desechad también vosotros todas esas cosas: la ira, la indignación, la malicia, la blasfemia y la conversación deshonesta en vuestros labios… Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otros; como el Señor os ha perdonado, hacedlo también vosotros. Sobre todo, revestíos de la caridad que es el vínculo de la perfección (Col 3,5-8.12-14). “La caridad es paciente; la caridad es amable; no es envidiosa; no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo. No se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad; todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7)

CUARESMA

La primera semana de Cuaresma prepara al cristiano para vivir sus días sabiendo que está llamado a ser santo, que somos débiles y fallamos y que Dios nos ayuda, siempre. “Seréis santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo…Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano… No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor” (Lv 19,1.18). “Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,10-11). “Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive y no la ejecutó” (Jon 3,10). “A nosotros, líbranos con tu mano; y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti, protégeme tú, Señor, que lo sabes todo” (Est 4,14). “Cuando el justo se aparta de su justicia, comete maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” (Ez 18,28). “Moisés habló al pueblo diciendo: - Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy te has comprometido a aceptar lo que el Señor te `propone: Que él será tu Dios, tú irás por sus caminos, aguardarás sus mandatos, preceptos y decretos y escucharás su voz. Hoy se compromete el Señor a aceptar lo que tú le propones: Que serás su propio pueblo… que guardarás sus preceptos, … que él te elevará en gloria, nombre y esplendor… y que serás el pueblo santo del Señor, como ha dicho” (Dt 26,18.19)

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos hadado. Porque Cristo, cuando todavía nosotros éramos débiles, murió por los impíos en el tiempo establecido. En realidad, es difícil encontrar alguien que muera por un hombre justo. Quizá alguien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor hacia nosotros porque, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Cuánto más, si hemos sido justificados ahora en su sangre seremos salvados por él!” (Rm 5, 5-9). “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? ¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro o la espada? … Pero en todas esas cosas venceremos con creces gracias a aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8,31-35. 37-39) “Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro” (Col 3,12-13).

CUARESMA

Cuaresma. Segunda semana en la preparación para la Semana Santa. El cristiano también revive el tiempo anterior de Jesús cuando advertía a sus discípulos de los acontecimientos que se iban a producir: “Desde entonces, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén y padecer mucho por causa de los ancianos, de los príncipes de los sacerdotes y de los escribas, y ser llevado a la muerte y resucitar al tercer día” (Mt 16,21). “Cuando estaba en Galilea les dijo Jesús: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán, pero al tercer día resucitará.” (Mt 17,22-23). “Cuando subía Jesús camino de Jerusalén tomó aparte a los doce discípulos y les dijo: - Mirad, subimos a Jerusalén y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles para burlarse de él y azotarlo y crucificarlo, pero al tercer día resucitará” (Mt 20, 17-19). “Cuando terminó Jesús todos estos discursos, les dijo a sus discípulos: - Sabéis que dentro de dos días será la Pascua y el Hijo del Hombre será entregado para que lo crucifiquen” (Mt 26,1-2)

El primer día de los Ácimos, “al anochecer se recostó a la mesa con los doce. Y cuando estaban cenando, dijo: -En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Y muy entristecidos comenzaron a decirle cada uno: - ¿Acaso soy yo, Señor? Pero él respondió: - El que moja la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. Ciertamente el Hijo del Hombre se va según está escrito sobre él, pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.” (Mt 26,20-24). “Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. Entonces les dijo Jesús – Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por mi causa, pues escrito está: “Heriré al pastor y y se dispersarán las ovejas del rebaño” Pero Después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea” (Mt 26,30-33).

Cada uno de estos pasajes es seguido de reacciones inoportunas, improcedentes, dolorosas: “Pedro, tomándolo aparte, se puso a reprenderle, diciendo: -¡Dios te libre, Señor! De ningún modo te ocurrirá eso” (Mt 16,22). “Y se pusieron muy tristes” (Mt 17,23). “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró ante él para hacerle una petición. Él le preguntó: -¿Qué quieres? Ella dijo: Di que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecho y otro a tu izquierda” (Mt 20,20-21”. “Al oír esto los diez se indignaron contra los dos hermanos” (Mt 20.24). “Entonces se reunieron los príncipes de los sacerdotes y ancianos del pueblo en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, y acordaron apoderarse de Jesús con engaño y darle muerte. Pero decían: -Que no sea durante la fiesta, para que no se produzca alboroto entre el pueblo” (Mt 26,3-5). “Pedro le respondió: Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo nunca me escandalizaré. Jesús le replicó: - En verdad te digo que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces. Pero contestó: - Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Todos los discípulos dijeron lo mismo” (Mt 26,33-35). “Entonces, todos los discípulos lo abandonaron y huyeron” (Mt 26,56). Para personalizar más la meditación es conveniente meternos en los personajes y poner en nuestra boca sus palabras. Cuaresma tiempo de preparación.

CUARESMA

Cuaresma. Tercera semana. Tiempo de recordar pasajes de la víspera, de la despedida de los amigos. “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que donde yo estoy, estéis también vosotros” (Jn 14,1-3).

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos y yo rogaré al Padre y os dará otro paráclito para que esté con vosotros siempre, el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce: vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No so dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros. Todavía un poco más y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis porque yo vivo y también vosotros viviréis. Ese día conoceréis que yo estoy en el Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y yo mismo me manifestaré a él” (Jn 14, 13-21)

Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el de dar la vida por los amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Yo no os llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado a que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: que os améis los unos a los otros” (Jn 15,1-17)

Así podemos recordar, revivir una vez más en qué consiste la caridad: “La caridad es paciente, la caridad es amable, no es envidiosa, no obra con soberbia, no se jacta, no es ambiciosa, no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra por la injusticia, se complace en la verdad, todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13,4-7)

Y, así podremos vivir la preparación cuaresmal, con el consejo apostólico: “Que haya paz entre vosotros. Os exhortamos también, hermanos a que corrijáis a los indisciplinados, alentéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y tengáis paciencia con todos. Estad a atentos a que nadie devuelva mal por mal, al contrario, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús” (1 Tes 5,12-18). “Está triste alguno de vosotros? Que rece. ¿Está contento? Que cante salmos… Hermanos míos si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que quien convierta a un pecador de su extravío salvara su alma” (St 5,13.19)

CUARESMA

Cuaresma. Cuarta semana. Domingo “Laetare”. Casi sin pensarlo viene al recuerdo del cristiano: “Alegraos siempre en el Señor, os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada, al contrario, en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4, 4-6).

Tiempo de bendiciones. “Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,46-47). “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo y ha suscitado para nosotros el poder salvador en la casa de David su siervo, como lo había anunciado desde antiguo por boca de sus santos profetas” (Lc 1,68-70). “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos, ya que nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia por el amor; nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza y gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado; en quien, mediante su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia, que derramó sobre nosotros sobreabundantemente con toda sabiduría y prudencia. Nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que se había propuesta realizar mediante él y llevarlo a cabo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra” (Ef 1, 3-10)

Tiempo de alegría: “No temáis. Mirad que vengo a anunciaros una gran alegría, que lo será para todo el pueblo; hoy os ha nacido en la ciudad de David, elSalvador que es el Cristo, el Señor” (Lc 2,10-11). “Os digo que, del mismo modo, habrá en el cielo mayor alegría por un pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de conversión… Así, os digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente… Vamos a celebrarlo con un banquete porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelo a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado … Había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc 15,7.10.23-24.32). “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo… Pero no os alegréis de que los espíritus se so sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,18.20)

Y los salmos. “Los cielos anuncian su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria… La luz ha sido esparcida para el justo, la alegría para los rectos de corazón. Alegraos justo en el Señor, celebrad su memoria santa” (salmo 97,6.11).“Qué alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la Casa del Señor! (salmo 122, 1). “Aclamad al Señor, tierra entera; servid al Señor con alegría, entrad a su presencia con júbilo. Sabed que el Señor es Dios: Él nos hizo y somos suyos, somos su pueblo y ovejas que Él apacienta. Entrad por sus puertas con acción de gracias, en sus atrios con cantos de alabanza, dadle gracias, bendecid su Nombre. Porque el Señor es bueno: su misericordia es eterna y su fidelidad por todas las generaciones” (salmo 100,1-5)

CUARESMA

Cuaresma, Quinta semana. La cuesta del camino de la vida, en esta etapa que lleva hasta el Calvario y a la Gloria, hace al cristiano vivir con más intensidad de la esperanza. “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me conduce a fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (salmo 22, 1-6). “Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas: “El que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como un pastor a su rebaño”. Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán los bienes del Señor. Entonces se alegrará la doncella en la danza, gozarán los jóvenes y los viejos; convertiré su tristeza en gozo, lo alegrará y aliviaré sus penas” (Jr 31, 10-13).

- Resurrección. “No queremos, hermanos, que ignoréis lo que se refiere a los que han muerto, para que no os entristezcáis como esos otros que no tienen esperanza. Porque creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera también Dios, por medio de Jesús, reunirá con Él a los que murieron. Así pues. Como palabra del Señor, os trasmitimos lo siguiente: nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la venida del Señor, no nos anticiparemos a los que hayan muerto; porque, cuando la voz del arcángel y la trompeta de Dios den la señal, el Señor mismo descenderá el cielo, y resucitarán, en primer lugar los que murieron en Cristo, después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados a las nubes junto con ellos al encuentro del Señor en los aires, de modo que, en adelante, estemos siempre con el Señor. Por tanto, animaos mutuamente con estas palabras” (1Tes 4,13-18). “Porque Dios no nos ha destinado a la ira, sino a alcanzar la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, tanto si velamos como si dormimos, vivamos junto con él. Por eso animaos mutuamente y edificaos unos a otros, como ya lo hacéis” (1 Tes 5,9-11)

- “Yo soy”. La fe como fundamento de la esperanza. “Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis yo soy moriréis en vuestros pecados. Entonces le decían: - ¿Tú quién eres? Jesús les respondió: -Ante todo, lo que os estoy diciendo. Tengo muchas cosas que hablar y juzgar de vosotros, pero el que me ha enviado s veraz, y yo, lo que he oído, eso hablo al mundo. Ellos no entendieron que les hablaba del Padre. Les dijo por eso Jesús: - Cuando hayáis levantado a Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, que nada hago por mí mismo, sino que como el Padre me enseñó así hablo. Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada. Al decir estas cosas, muchos creyeron en él” (Jn 8,23-30).

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir. Pero de Ti procede el perdón, y así infundes respeto. Espero en Ti, Señor. Mi alma espera en su palabra; mi alma espera en el Señor más que los centinelas la aurora… Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa (salmo 129, 3-4. 5-6.7)

SEMANA SANTA

Semana Santa. El cristiano puede seguir cada día a la vista de los textos evangélicos. Desde la entrada triunfal en Jerusalén, el Domingo de Ramos. “Cuando se acercan a Jerusalén, Betfage y Betania, junto al monte de los olivos, envía dos de sus discípulos y le dice: Id a la aldea de enfrente y enontraréis enseguida un pollino atado, sobre el cual nadie ha montado todavía. Desatadlo y traédmelo. Si alguien os dice ¿Por qué hacéis esto? Decid que el Señor lo necesita y pronto lo remitirá aquí … Ellos fueron y encontraron el pollino atado junto a una puerta, fuera en el camino. Lo empiezan a desatar y alguien de los que había allí les dice: ¿Qué hacéis desatando el pollino”. Ellos respondieron como les había dicho Jesús; y les dejaron. Llevan el pollino a Jesús, le echan sus mantos y se montó en él. Muchos extendieron también sus mantos sobre el camino. Otros, hierbas que cortaron de los campos. Los que iban delante y los que seguían rutaban: Hosanna: Bendito el que viene en nombre del Señor…” (Mc 11,1-18; cf. Jn 12,12-19). Ese día, al acercarse a la ciudad, Jesús lloró sobre ella (cf. Lc 19,41) y curó a ciegos y cojos en el Templo (cf. Mt 21,14-16). Unos gentiles querían verlo, se lo pidieron a Felipe y éste se lo dijo a Andrés. Jesús les dijo: “Ha llegado la hora en el que el Hijo del hombre va a ser glorificado” (cf. Jn 12,20-36). Jesús enseñaba en el Templo y “después, los dejó y salió fuera de la ciudad para Betania donde pasó la noche” (Mt 21,17).

Por la mañana (¿lunes?) cuando volvió a la ciudad sintió hambre. Vio junto al camino una higuera y fue a ella. Pero no encontró más que hojas y le dijo: Nunca jamás lleves fruto. Y la higuera se secó en seguida” (Mt 21, 18-19). Llegó a Jerusalén y al atardecer salieron de la ciudad (Mc 11,19). Por la mañana (¿martes?) al pasar junto a la higuera vieron que se había secado de raíz… (Mc 11,20). Los príncipes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos le preguntan a Jesús con qué autoridad hacía estas cosas. (cf. Mc 11,27-33). Y les dijo la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), la de los renteros homicidas (cf. Mt 21,33-46), la de la boda del hijo del rey (Mt 22,1-14); les contesta sobre el tributo al César y sobre el matrimonio en el cielo y el primer mandamiento (Mc 12,13-34). Y exhorta a la vigilancia con otras parábolas: las diez vírgenes, los talentos.

El primer día de los ázimos (“jueves”), cuando se sacrificaba la Pascua dijeronle los discípulos: ¿Dónde quieres que vayamos y preparemos para que comas la Pascua? (Mc 14,12; Cf. Mt 26,17-19 y Lc 22,7-13). Cuando llegó la tarde, vino con los Doce. Sentados a la mesa y comiendo dijo Jesús: “En verdad os digo que no beberé del fruto de la vid hasta el día aquél en que lo beba de nuevo en el reino de Dios” (Mc 14,17-25, Mt 26,20-19, Lc 22,14-18). Pare recordar: el lavatorio de los pies, la despedida porque Jesús va al Padre, la promesa del Espíritu Santo, la oración de Jesús por si, por los apóstoles, por la Iglesia (cf Jn 13,33-38, Jn 14, 1-13, Jn 15,1-18.16,633. 17,1-26). Y, después de rezar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26,30, Mc 14,26, Lc 22,39, Jn 18,1).

La oración del Huerto, el prendimiento, la condena y la crucifixión: Las inolvidables siete palabras: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23,43), “Dijo Jesús a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí a a tu Madre” (Jn 19,27), “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15,34), “Tengo sed” (Jn 19-28), “Está cumplido” (Jn 19,30), “Padre, en tus manos entrego mi espíritu” (Lc 23,46). Y Jesús dando una gran voz, expiró (Mc 15,37).

PASCUA DE RESURRECCIÓN

¡Ha resucitado! ¡Feliz Pascua de Resurrección! El cristiano se felicita porque Dios que nos creó por amor, a la vista de que todos le fallamos en el amor, decidió hacerse como nosotros naciendo de la Inmaculada Virgen María y, por amor, vivir entre nosotros como niño, como joven, como hombre, trabajando, con las alegrías y las penas de la vida ordinaria, y por amor hasta el extremo, sufrir la Pasión y la Muerte en la Cruz. El cristiano revive tanto amor de Dios y su fe, hace segura la esperanza porque por amor, Jesús ha resucitado. “Y sabed que yo estoy con vosotros tofos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20).

Pues si los muertos no resucitan tampoco Cristo ha resucitado; pero si Cristo no ha resucitado vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados. E incluso los que han muerto en Cristo perecieron. Y si tenemos puesta la esperanza en Cristo sólo para esta vida, somo los más miserables de todos los hombres. Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de los que mueren” (1 Co 15,16-20).

Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy de maña al día siguiente del sábado, llegaron al sepulcro cuando ya estaba saliendo el sol. Y se decían unas a otras: - Quien nos removerá la piedra de la entrada al sepulcro” (Mc 16,1-4). Y de pronto se produjo un gran terremoto porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago y su vestidura blanca como la nieva. Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos” (cf. Mt 28,1-5).

Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una vestidura blanca, y se quedaron muy asustadas. Él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron. Pero marchaos y decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo” (Mc 16,57).

Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron al dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: - No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,8-10)

Entonces ellas se acordaron de sus palabras. Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los apóstoles. Y les pareció como un desvarío lo que contaban y no les creían” (Lc 24,8-11). Pero María Magdalena “echó a correr hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: - Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde los han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro. Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos” (Jn 20,2-9).

PASCUA

¡Aleluya! ¡Ha resucitado! Los cristianos ya han cambiado el “Ángelus” por el “Regina coeli” porque el recuerdo y la invocación es ahora a la Virgen Madre de Jesús Resucitado como fuera de la Pascua lo es a la Madre de Dios hecho hombre, del Redentor: “Reina del cielo alégrate, ¡Aleluya! Porque el mereciste llevar, ¡Aleluya!, resucitó como dijo, ¡Aleluya! Ruega por nosotros a Dios, ¡Aleluya! Gózate y alégrate Virgen María ¡Aleluya! porque ha resucitado verdaderamente el Señor, ¡Aleluya! Oh Dios que te has dignado alegrar al mundo, por la resurrección de tu Hijo nuestro Señor Jesucristo, concédenos que, por la mediación de la Virgen María, su Madre, alcancemos los gozos de la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”

En la primera semana de Pascua todos los días de la Octava eran el domingo mismo. En la segunda semana, el domingo, “De Quasimodo”, se felicita en los cristianos que han nacido a la gloria de los llamados al reino celestial: “qui vos ad caelestia regna vocavit, alleluia”. “Hermanos, Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria” (Col 3,1-4)

En la lectura y meditación del evangelio, muchos cristianos se paran en los “tres lo”: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré” (Jn 20,15); otros se quedan repasando el cambio de palabras “del “nolli me tangere” (no me toques) al actual “nolli me tenere” (no me detengas). Otros en las primeras preguntas de Jesús resucitado: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿a quién buscas?” (Jn 20, 15), a María Magdalena; “¿De qué veníais hablando entre vosotros por el camino? … ¿Qué ha pasado? … ¿No es preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrar en su gloria?” (Lc 24,17. 19. 26), a los discípulos que iban a Emaús; “¿Por qué os asustáis, y por qué admitís sos pensamientos en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo” (Lc 24, 38) en la primera aparición en el Cenáculo; “Muchachos, ¿tenéis algo de comer?” (Jn 21,5) en la pesca milagrosa. “Simón, hijo de Juan ¿me amas más que éstos? … Simón, hijo de Juan, ¿me amas? … Simón, hijo de Juan ¿me quieres?” (Jn 21,15.16.17) preguntas a Pedro. Y “Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme” (Jn 21,22) en la pregunta a Pedro sobre el discípulo al que Jesús amaba.

Domingo de la Divina Misericordia. “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha engendrado de nuevo -mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos- a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, reservada en los cielos para vosotros, que, por el poder de Dios, estáis custodiados mediante la fe hasta alcanzar la salvación preparada ya para ser manifestada en el tiempo último (1 Pe 1, 3-6). “Esto era la figura del bautismo que ahora os salva, no por quitar la suciedad del cuerpo, sino por pedir firmemente a Dios una conciencia buena por la resurrección de Jesucristo, que, después de haber subido al cielo, está sentado a la diestra de Dios, con los ángeles, las potestades y las virtudes sometidos él” (1 Pe 3,20-22). ¡Ha resucitado! ¡Aleluya! Así se saludaban, en el campo y en el mar, al cruzarse...

PASCUA

Tercera semana de Pascua. El cristiano vive en la esperanza de la Resolución: “Os recuerdo hermanos el Evangelio que os prediqué, que recibisteis, en el que os mantenéis y por el cual sois salvados, si lo guardáis tal como os lo anuncié. ¡Y si no habéis creído en vano! Porque os transmití en primer lugar lo mismo que yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía y algunos ya han muerto. Luego se apareció a Santiago, y después a todos los apóstoles. Y, en último lugar, como a un abortivo, se me apareció también a mí. Porque soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, ya que perseguía a la Iglesia de Dios” (1 Co 15,1-9)

Cada cristiano vive la Pascua como un tiempo de amor en compañía con el Señor. Y recuerda las reacciones de aquellos días primeros: “Las mujeres que habían venido con él desde Galilea le siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue colocado su cuerpo. Regresaron y prepararon aromas y ungüentos. El sábado descasaron según el precepto. El día siguiente al sábado, todavía muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado y se encontraron con que la piedra había sido removida del sepulcro. Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús (Lc 23, 55-56. 24,13). “El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: - Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto. Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho. Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría; y corrieron a dar la noticia a los discípulos. De pronto Jesús les alió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: - No tengáis miedo, id y anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán” (Mt 28,5-10)

Jesús no ha retornado a la existencia empírica, sometida a la ley de la muerte, sino que vive de modo nuevo en la comunión con Dios, sustraído para siempre a la muerte… Y los encuentros con el Resucitado son encuentros reales con el Viviente que, en un modo nuevo, posee un cuerpo y permanece corpóreo” (Benedicto XVI, “Jesús de Nazaret”)

Oh Jesús, Redentor del mundo, Verbo del excelso Padre, Luz de Luz invisible. Custodio solícito de los tuyos. Tú que eres el Creador del mundo, el que distingue los tiempos, repara con el sosiego de la noche a los cuerpos fatigados por el trabajo. Y ya que tu victoria alcanza hasta lo profundo del Infierno, líbranos del Enemigo, para que ya no pueda seducir a los que has redimido con tu Sangre. Así, en el breve discurrir de nuestra existencia lastrada todavía por la rémora del cuerpo, haz que, aunque la carne duerma, el alma en cambio, ignore cualquier sueño. Para Ti, Señor, toda la gloria, que, vencida la muerte, reluces deslumbrante, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén” (himno: “Iesu Redemptor Saeculi”, compuesto antes del siglo XI por autor deconocido, Completas, Tiempo de Pascua)

PASCUA

Cuarta semana de Pascua. Los cristianos que, en estos días, viven las palabras de Jesús Resucitado, se saben apremiados al apostolado: “Por último se apareció a los once cuando estaban a la mesa y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: - Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvará, pero el que no crea se condenará. A los que crean acompañarán estos milagros en mi nombre: expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes con las manos y si bebieren algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados” (Mc 16,13-18). No se puede olvidar el caminar y las palabras del Señor: “Jesús fue por toda Galilea enseñando en las sinagogas de ellos y predicando las buenas noticias del Reino” (Mt 4,23-25).” Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias” (Mt 9, 35). “Cuando se hizo de día salió hacia un lugar solitario, y la multitud le buscaba. Llegaron hasta él, e intentaban detenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: - es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado” (Lc 4, 42-43). “Y pasó por toda Galilea predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios” (Mc 1, 29). “Y recorría ciudades y aldeas enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén” (Lc 13,22). “De nuevo salió de la región de Tiro y vino a través de Sidón hacia el mar de Galilea cruzando el territorio de la Decápolis” (Mc 7, 31). Jesús salió con sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo” (Mc 8,27). Salieron de allí y atravesaron Galilea… Y llegaron a Cafarnaun… Y saliendo de allí llegó a la región de Judea, al otro lado del Jordán” (Mc 9, 20.33 y 10,1)

Los cristianos repasan estos días lo que fueron los primeros tiempos del cristianismo. “En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los helenistas anunciándoles la Buena Noticia del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó la noticia a la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor. Más tarde salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos” (Hech 11,19-26)

Y la oración litúrgica. “Porque anochece ya, / porque es tarde, Dios mío, / porque temo perder / las huellas del camino, / no me dejes tan solo / y quédate conmigo. / Porque he sido rebelde / y he buscado el peligro / y escudriñé curioso / las cumbres y el abismo, / perdóname, Señor, / y quédate conmigo. / Porque ardo en sed de ti / y en hambre de tu trigo, / ven, siéntate a mi mesa, / bendice el pan y el vino. / ¡Qué aprisa cae la tarde! ¡Quédate al fin conmigo! Amén” (Himno IV, Vísperas en Tiempo Pascual; Ernestina de Champourcin “Emaús”)

PASCUA

Vivir la Pascua de resurrección para el cristiano es vivir el amor de Dios porque sabemos que somos hijos de Dios: “Mirad que amor tan grande nos ha mostrado el Padre: que nos amemos hijos de Dios ¡y lo somos! … Amémonos unos a otros porque el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios… Porque Dios es amor … Nosotros amamos porque Él nos amó primero … (1 Jn 3.1. 4,7,8,10). Dios nos ha dado la vida eterna y esta vida está en su Hijo” (1 Jn 5,11).

No queremos hermanos que ignoréis lo que se refiere a los que han muerto, para que no os entristezcáis como esos que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera también Dios, por medio de Jesús, reunirá con Él a los que murieron. Así pues, como palabra del Señor, os trasmitimos lo siguiente: nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la venida del Señor, no nos anticiparemos a los que hayan muerto: porque cuando la voz del arcángel y la trompeta de Dios den la señal, el Señor mismo descenderá del cielo y resucitarán en primer lugar los que murieron en Cristo; después, nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados a las nubes junto con ellos al encuentro del Señor en los aires, de modo que, en adelante estaremos siempre con el Señor. Por tanto, animaos mutuamente con estas palabras” (1 Tes 4, 13-18). “Ya no habrá noche: no tienen necesidad de luz de lámparas ni de la luz del sol porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos” (Ap 22,5)

La resurrección de Cristo destruye el poder del abismo, los recién bautizados renuevan la tierra, el espíritu Santo abre las puertas del cielo. Porque el abismo, al ver sus puertas destruidas, devuelve los muertos, la tierra, renovada, germina resucitados, y el cielo, abierto, acoge a los que ascienden. El ladrón es admitido en el paraíso, los cuerpos de los santos entran en la ciudad santa y los muertos vuelven a tener su morada entre los vivos. Así como si la resurrección de Cristo fuera germinando en el mundo, todos los elementos de la creación se ven arrebatados a lo alto. El abismo devuelve sus cautivos, la tierra envía al cielo a los que estaban sepultados en su seno, y el cielo presenta al Señor a los que han subido desde la tierra: así con un solo y único acto, la pasión del Salvador nos extrae del abismo, nos eleva por encima de lo terreno y nos coloca en lo más alto de los cielos. La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación para celebrar la resurrección de Cristo al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en el actuó el Señor” (san Máximo de Turín, obispo. Sermón 53)

Tiempo de oración y de poesía. Himno de la liturgia de las Horas. “La bella flor que en el suelo/ plantada se vio marchita / ya torna, ya resucita / ya su olor inunda el cielo. / De tierra estuvo cubierto, / pero no fructificó/ del todo, hasta que quedó / en un árbol seco injerto. / Y, aunque los ojos del suelo / se puso después marchita, ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Toda es de flores la fiesta, / flores de finos olores, / mas no se irá todo en flores, / porque flor de fruta es ésta. / Y, mientras su Iglesia grita / mendigando algún consuelo, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo. / Que nadie se sienta muerto / cuando resucita Dios, / que, si el barco llega a puerto, / llegamos junto con vos. / Hoy la cristiandad se quita/ sus vestiduras de duelo. / Ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo.” (Invitatorio. “A la Resurrección”, Juan de Salinas y Castro).

PASCUA

Quinta semana de Pascua. El cristiano vive la Pascua de Resurrección como una fiesta continua. El cristiano lo vive así porque mantiene en el alma la alegría del primer encuentro con el resucitado, cuando le parecía imposible, cuando veía su cuerpo glorioso, cuando escuchaba su palabra con el tono de siempre, con la misma forma de expresarse, cuando no se atrevía a preguntarle, cuando comió con Él, cuando caminó a su lado, cuando no quería separarse de Él: “Quédate con nosotros, que atardece y el día está de caída”(Lc 24,29), como le dijeron al llegar a Emaús, al ver que Jesús parecía que iba a seguir solo. Y entró para quedarse con ellos. “éste es el mandamiento, tal y como habéis oído desde el principio: que caminéis en el amor” (2 Jn 6)

Cristianismo es encontrarse con Cristo, estar con Él. Y todo nace de un encuentro. Cambia la vida y dura para siempre: Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (san Agustín, “Confesiones”, 1,1). “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea. Sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona (Benedicto XVI, “Deus caritas est”). Y lo que empezó en el amor, porque “Dios es amor” (1 Jn 4,8 y 16) debe durar siempre.

Cristianismo es saber que somos hijos de Dios (1 Jn 3,1). “Herederos de Dios, coherederos de Cristo, con tal de que padezcamos con él, para ser con él también glorificados. Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comprables con la gloria futura que se va a manifestar en nosotros” (Rm 8, 17-18). “Tengo contra ti que has perdido la caridad que tenías al principio” (Ap 2,4). “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap. 2,10). “Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Y así, porque eres tibio y no caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca (Ap 3,15-17) … Mira, estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3,20) “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23.

Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva (“en los que habita la Justicia”, 2 Pe 3,13), pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe … Esta es la morada de Dios con los hombres. Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lagrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó… Ya no habrá noche: no tienen necesidad de luz de lámparas, ni de la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos. Mira vendré pronto con mi recompensa, para dar a cada según su conducta” (Ap 21,1.3-4 y 22,5.12).

Poesía. Alegría pascual. “La noche y el alba, con su estrella fiel, / se gozan con Cristo, Señor de Israel, / con Cristo aliviado al amanecer. / La vida y la muerte luchándose están. / Oh, qué maravilla de juego mortal, / Señor Jesucristo, qué buen capitán. / En él se redimen todos los pecados, / el árbol caído devuelve su flor, / oh santa mañana de resurrección. / Qué gozo de tierra, de aire y de mar, / qué muerte, qué vida, qué fiel despertar, / qué gran romería de la cristiandad. Amén” (Himno IV para Laudes en tiempo de Pascua).

LA ASCENSIÓN

La Ascensión del Señor. En domingo. Pero el cristiano, con el alma, cuenta los cuarenta días desde la Resurrección y canta el antiguo refrán: “Tres jueves hay en el año que relumbran más que el solo: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. Y, reviviendo los años del colegio, algunos sacan del “almario” la poesía declamada entonces: “¿Y dejas Pastor santo, / tu grey en este valle hondo y oscuro, / con soledad y llanto; / y tú, rompiendo el puro / aire, te vas al inmortal seguro? / Los antes bienhadados / y los agora tristes y afligidos, / a tus pechos criados, / de Ti desposeídos, / ¿a dó convertirán ya sus sentidos? / ¿Qué mirarán los ojos / que vieron de tu rostro la hermosura, / que no les sea enojos? / Quien oyó tu dulzura, / ¿Qué no tendrá por sordo y desventura? / Aqueste mar turbado, / ¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto / al viento fiero y airado / Estando tu encubierto, / ¿qué norte guiará la nave al puerto? / ¡Ay! nave envidiosa / aun de este breve gozo. ¿Qué te quejas? / ¡Dó vuelas presurosa? / ¡Cuán rica tú te alejas! / ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ¡ay!, nos dejas!” (Fray Luis de León, “En la Ascensión del Señor”)

La inolvidable despedida que fue un reencuentro para siempre: “Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron. Y Jesús se acercó y les dijo: - Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16). “El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Y ellos partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban” (Mc 16,19-20). “Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo y mientras los bendecía, se alejó de ellos y comenzó a elevarse al cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el Templo bendiciendo a Dios” (Lc 24, 50-53)

Él fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo ¿por qué me persigues? Así como: Tuve hambre, y me disteis de comer. ¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que, gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras Él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con Él allí. Él está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él por la divinidad, sí que podemos por el amor hacia Él” (San Agustín, “Sermón Mai 98).

No, yo no dejo la tierra. / No; yo no olvido a los hombres. / Aquí yo he dejado la guerra; arriba están vuestros nombres… El cielo ha comenzado. / Vosotros sois mi cosecha. / El Padre ya os ha sentado / conmigo, a su derecha. / Partid frente a la aurora. /Salvad a todo el que crea. / Vosotros marcáis mi hora. / Comienza vuestra tarea.” (del Himno de Laudes en la Ascensión; Juan Antonio Espinosa, “No, yo no dejo la tierra”).

Con flores a María: Toma Virgen pura nuestros corazones. No nos abandones, jamás.

PENTECOSTÉS

Pentecostés. El cristiano celebra el final del Tiempo Pascual con el alma llena de amor trinitario. Invocando al Espíritu Santo. Con textos tomados de la liturgia del día: “El amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros (Rm 5,5; 8,11). “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor”. “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra” (salmo 103). “El Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido (Sb 1,7). “Se llenaron todos de Espíritu Santo, y hablaban de las maravillas de Dios” (Hech 2)

Desde el corazón se canta la Secuencia: “Ven Espíritu divino, / manda tu luz desde el cielo. /Padre amoroso del pobre; / don en tus dones espléndido; / luz que penetra las almas;/ fuente del mayor consuelo. / Ven, dulce huésped del alma, / descanso de nuestro esfuerzo, / tregua en el duro trabajo, / brisa en las horas de fuego, / gozo que enjuga las lágrimas / y reconforta en los duelos. / Entra hasta el fondo del alma, / divina luz, y enriquécenos. / Mira el vacío del hombre / si tú le faltas por dentro; / mira el poder del pecado / cuando no envías tu aliento. / Riega la tierra en sequía, / sana el corazón enfermo, / lava las manchas, infunde / calor de vida en el hielo, / doma el espíritu indómito, / guía al que tuerce el sendero. / Reparte tus siete dones / según la fe de tus siervos; / por tu bondad y tu gracia / dale al esfuerzo su mérito; / salva al que busca salvarse / y danos tu gozo eterno”.

Y se recrea en la propia vida actual lo que fueron hechos relatados entonces que ahora se reviven: “Al llegar el día de Pentecostés estaba todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían posándose encima de cada uno. Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido acudieron en masa y quedaron desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntabas: - ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asía, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua” (Hech 2,1-11)

Y no falta la voz de los poetas: “El mundo brilla de alegría / Se renueva la faz de la tierra. / Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Ésta es la hora / en que rompe el Espíritu / el techo de la tierra/ y una lengua de fuego innumerable / purifica, renueva, enciende, alegra / las entrañas del mundo. / Ésta es la fuerza / que pone en pie a la Iglesia / en medio de las plazas / y levanta testigos en el pueblo, / para hablar con palabras como espadas /delante de los jueces. / Llama profunda, que escrutas e iluminas / el corazón del hombre; / restable la fe con tu noticia, / y el amor ponga en vela la esperanza, / hasta que el Señor vuelva” (Himno de Laudes en Pentecostés).

SANTÍSIMA TRINIDAD

Solemnidad de la Santísima Trinidad. El cristiano repite: Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo. Espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo. Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo. Creo en la Santísima Trinidad, un solo Dios, Espero en la Santísima Trinidad un solo Dios, amo a la Santísima Trinidad, un solo Dios. Es cristiano saborea el “Símbolo Atanasiano”: “Quicumque vult salvus essse …” (Todo el que quiera salvarse es preciso ante todo que profese la fe católica… Y esta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y en la Trinidad en la Unidad, sin confundir las Personas ni separar la substancia…” “Gloria a Ti, Trinidad igual, única deidad antes de todos los siglos y ahora y siempre (Gloria tibi, Trinitas aequalis, una deitas et ante omnia soecula et nunc e in perpetuum”).

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5, 1-5)

Existe, pues, una trinidad, santa y perfecta de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, qe no se compone de uno que crea y otra que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo” (san Atanasio, obispo, de la “Carta 1 a Serapión; del Oficio de Lectura). No se trata de comprender, sino de creer, esperar y amar; de abandonarse en Dios que es Amor (1 Jn 4,8), porque somo hijos de Dios y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo” (Rm 8,16-17). “¿Qué podemos decir hermanos? Si lo que quieres decir lo has comprendido, no es Dios; si pudiste comprenderlo, comprendiste otra cosa en lugar de Dios.” (san Agustín, sermón 117.5).

El Dios uno y trino, / misterio de amor, habita en los cielos / y en mi corazón. / Dios escondido en el misterio / como la luz que apaga estrellas; / Dios que te ocultas a los sabios, / y a lo pequeños te revelas. / No es soledad, es compañía, / es un hogar ti vida eterna, / s el amor que se desborda / de un mar inmenso sin riberas. / Padre de todos, siempre joven, / el Hijo amado eterno engendras, / y el Santo Espíritu procede / como el Amor que a los dos sella. / Padre, en tu gracia y tu ternura, / la paz, el gozo y la belleza, / danos ser hijos en el Hijo / y hermanos todos en tu Iglesia. / Al Padre, al Hijo y al Espíritu, / acorde melodía eterna, / honor y gloria por los siglos / canten los cielos y la tierra” (Himno de Laudes, en la Santísima Trinidad)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre.

Solemnidad de la Santísima Trinidad. El cristiano repite: Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo. Espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo. Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo. Creo en la Santísima Trinidad, un solo Dios, Espero en la Santísima Trinidad un solo Dios, amo a la Santísima Trinidad, un solo Dios. Es cristiano saborea el “Símbolo Atanasiano”: “Quicumque vult salvus essse …” (Todo el que quiera salvarse es preciso ante todo que profese la fe católica… Y esta es la fe católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad Santísima y en la Trinidad en la Unidad, sin confundir las Personas ni separar la substancia…” “Gloria a Ti, Trinidad igual, única deidad antes de todos los siglos y ahora y siempre (Gloria tibi, Trinitas aequalis, una deitas et ante omnia soecula et nunc e in perpetuum”).

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rm 5, 1-5)

Existe, pues, una trinidad, santa y perfecta de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, qe no se compone de uno que crea y otra que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza, y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo” (san Atanasio, obispo, de la “Carta 1 a Serapión; del Oficio de Lectura). No se trata de comprender, sino de creer, esperar y amar; de abandonarse en Dios que es Amor (1 Jn 4,8), porque somo hijos de Dios y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo” (Rm 8,16-17). “¿Qué podemos decir hermanos? Si lo que quieres decir lo has comprendido, no es Dios; si pudiste comprenderlo, comprendiste otra cosa en lugar de Dios.” (san Agustín, sermón 117.5).

El Dios uno y trino, / misterio de amor, habita en los cielos / y en mi corazón. / Dios escondido en el misterio / como la luz que apaga estrellas; / Dios que te ocultas a los sabios, / y a lo pequeños te revelas. / No es soledad, es compañía, / es un hogar ti vida eterna, / s el amor que se desborda / de un mar inmenso sin riberas. / Padre de todos, siempre joven, / el Hijo amado eterno engendras, / y el Santo Espíritu procede / como el Amor que a los dos sella. / Padre, en tu gracia y tu ternura, / la paz, el gozo y la belleza, / danos ser hijos en el Hijo / y hermanos todos en tu Iglesia. / Al Padre, al Hijo y al Espíritu, / acorde melodía eterna, / honor y gloria por los siglos / canten los cielos y la tierra” (Himno de Laudes, en la Santísima Trinidad)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre.

CORPUS CHRISTI

El Cuerpo y la Sangre de Cristo. Para los cristianos que cuentan muchos años de edad, éste es el otro “jueves que reluce más que el sol”, en aquella relación de “Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”, de la que sólo queda el primero. Es ésta una gran celebración del amor de Dios porque “Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Y las lecturas de los textos evangélicos del día traen el recuerdo y la promesa: “- Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,53-56). “Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: - Tomad, esto es mi cuerpo”. Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: - Esta es mi sangre, sangre de la alianza derramada por todos” (Mc 14,22-24)

Y también los textos apostólicos: “Yo he recibido una tradición, que procede del Señor, y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomo un pan, y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: - “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: - Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía”. Por eso cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1 Co 11,23-26). “El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que compartimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1 Co 10,16-17)

Y en las lecturas canónicas: “El Hijo único de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, tomó nuestra naturaleza, a fin de que, hecho hombre, divinizase a los hombres. Además, entregó por nuestra salvación todo cuanto tomó de nosotros. Porque, por nuestra reconciliación, ofreció, sobre el altar de la cruz, su cuerpo como víctima a Dios, su Padre, y derramó su sangre como precio de nuestra libertad y como baño sagrado que nos lava, para que fuésemos liberados de una miserable esclavitud y purificados de todos nuestros pecados. Pero, a fin de que guardásemos por siempre jamás en nosotros la memoria de tan gran beneficio, dejó a los fieles, bajo la apariencia de pan y de vino, su cuerpo, para que fuese nuestro alimento, y su sangre, para que fuese nuestra bebida…” (Sto. Tomás de Aquino, Op 57, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, lec 1-4)

Y la poesía: “Oveja perdida, ven / sobre mis hombros, que hoy / no sólo tu pastor soy / sino tu pasto también. / Por descubrirte mejor / cuando balabas perdida, / dejé en un árbol la vida / dónde me subió el amor; / si prenda quieres mayor, / mis obras hoy te la den. / Pasto, al fin, hoy tuyo hecho, / ¿cuál dará mayor asombro, / o el traerte to en el hombro / o el traerme tú en el pecho? / Prendas son de amor estrecho / que aun los más ciegos las ven” (Luis de Góngora y Argote, “El Buen Pastor”, himno de Laudes)

TIEMPO ORDINARIO

Providencia divina

Se acabaron las fiestas postpentecostales, la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, que, como joyas del cielo han servido para glorificar la transición al Tiempo Ordinario que ya ha empezado retomando la serie de ferias posteriores a la Navidad y hasta la Cuaresma. El cristiano vive esta ordenación de tiempos y solemnidades como una forma más de participar en la Comunión de los Santos y de sentir el cielo ya desde ahora. Por eso, quedan reminiscencias de la que antiguamente se llamaba Pascua de Pentecostés o del dicho popular sobre los tres jueves que relucen más que el sol. Y viviendo al día, el cristiano, también saborea en el alma las celebraciones del Sagrado Corazón de Jesús, del Inmaculado Corazón de María. Se alcanza así los días de los santos, empezando esta semana, junto a los otros santos de cada día, por san Bernabé y san Antonio de Padua. Encomendados a los santos, empezamos el largo camino que nos llevará a Cristo Rey.

En el evangelio hay textos que animan este principio de la caminata hasta el cielo. Al acabar las Bienaventuranzas podemos leer: “Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,12). Poco después se recuerda la confianza en la Providencia: “Bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis” (Mt 6,8). “Por eso os digo: no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer; o por vuestro cuerpo: con qué os vais a vestir … Así pues, no andéis preocupados diciendo ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber, con qué nos vamos a vestir? Por todas esas cosas se afana los paganos. Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os añadirán. Por tanto, no os preocupéis por el mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. A cada día le basta su contrariedad” (Mt 6, 25,31-34)

Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de entre vosotros, si un hijo suyo le pide un pan, le da una piedra? ¿O si pide un pez le da una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se lo pidan?” (Mt 7,7-11) “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿No se venden un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos” (Mt 10,28-31)

Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30). “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. Porque ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?, o ¿qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?” (Mt 16,24-26)

TIEMPO ORDINARIO

Encontrar al Señor

Se preguntaba Job: “¿De dónde se saca la sabiduría, dónde está el yacimiento de la prudencia? Se oculta a los ojos de las fieras y se esconde de las aves del cielo. Muerte y abismo confiesan: De oídas conocemos su fama. Sólo Dios conoce su camino, él conoce su yacimiento, pues él contempla los límites del orden y ve cuanto hay bajo el cielo. Cuando señaló su peso al viento y definió la medida de las aguas, cuando impuso su ley a la lluvia y su ruta al relámpago y al trueno, entonces la vio y la calculó, la escrutó y la asentó. Y dijo al hombre: Respetar al Señor es sabiduría. Apartarse del mal es prudencia” (Jb 28,28).

Y considera san Agustín: “¿Cómo, pues, yo, que efectivamente existo, pido que vengas a mí, si, por el hecho de existir, ya estás en mí? Porque yo no estoy ya en el abismo y, sin embargo, tú estás también allí. Pues, “si me acuesto en el abismo, allí te encuentro”. Por tanto, Dios mío, yo no existiría, no existiría en absoluto, si tú no estuvieras en mí. O ¿será más acertado decir que yo no existiría si no estuviera en ti, “origen, guía y meta del universo”? También esto, Señor, es verdad. ¿A dónde invocarte que vengas, si estoy en ti? ¿Desde dónde puedes venir a mí? ¿A dónde puedo ir fuera del cielo y de la tierra, para que desde ellos venga a mí el Señor, que ha dicho: No lleno yo el cielo y la tierra? … ¡Ay de mí! Dime, Señor, Dios mío, por tu misericordia, que eres tú para mí. Di a mi alma: “Yo soy tu victoria”. Díselo de manera que lo oiga. Mira, Señor, los oídos de mi corazón están ante ti; ábrelos y di a mi alma: “Yo soy tu victoria”. Correré tras estas palabras tuyas y me aferraré a ti. No me escondas tu rostro: muera yo, para que no muera, y pueda así contemplarlo” (“Confesiones”, 1 y CCL 27).

Tiempo ordinario. Vida corriente: con Dios, metido en Dios, saciado de Dios. Sin olvidarlo, sin perderlo, sin abandonarlo; y sin dejar de buscarlo. “Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba dijo: - Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: - ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: - Rabbí -que significa: “Maestro”-, ¿dónde vives? Les respondió: - Venid y lo veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías -que significa “Cristo”. Y lo llevó a Jesús. Jesús le miró y le dijo: -Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas, que significa piedra” (Jn 1,35-42)

Y la poesía litúrgica: “Muchas veces, Señor, a la hora décima / -sobremesa en sosiego-, / recuerdo que, a esa hora, a Juan y a Andrés / les saliste al encuentro. / Ansiosos caminaron tras de ti… / “¿Qué buscáis?” … Les miraste. Hubo silencio. / El cielo de las cuatro de la tarde / halló en las aguas del Jordán su espejo, / y el río se hizo más azul de pronto, / ¡el río se hizo cielo! / “Rabí -hablaron lo dos-, ¿en dónde moras?” / “Venid y lo veréis” Fueron y vieron … / “Señor, ¿en dónde vives?” / “Ven y verás”. Y yo te sigo y siento / que estás … ¡en todas partes!, / ¡y que es tan fácil ser tu compañero! / Al sol de la hora décima, lo mismo / que a Juan y a Andrés – es Juan quien da fe de ello-, / lo mismo, cada vez que yo te busque, / Señor, ¡sal a mi encuentro!” (Himno de Vísperas del lunes, semana III; poesía “La hora décima”, Rafael Duyos Giorgeta). “Buscad y hallaréis, … porque el que busca encuentra” (Mt 7,7)

TIEMPO ORDINARIO

La oración

Tiempo ordinario. Vida ordinaria. La oración es la vida del cristiano. La vida del cristiano es oración. Se vive como se reza; se reza como se vive. Petición de apóstoles a Jesús. Estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: - Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les respondió: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino; sigue dándonos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos pongas en tentación. Y les dijo: - ¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a medianoche y le diga: “Amigo, préstame tres panes porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle”, le responderá desde dentro: “No me molestes, ya está cerrada la puerta; los míos y yo estamos acostados, no puedo levantarme a dártelos”? Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará para darle cuanto necesite. Así, pues, yo os digo: pedir y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; y el que busca encuentra; y al que llama, se le abre” (Lc 11, 1-13).

Otro pasaje evangélico enmarca el Padrenuestro entre las condiciones en que se debe producir el ayuno y la limosna Y dice: Cuando oréis no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuanto te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará. Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que piensan que por su locuacidad van a ser escuchados. Así pues, no seáis como ellos, porque bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que lo pidáis” (Mt 6, 5-8). En el Catecismo se aprende que tiene siete peticiones, aunque “se oigan” ocho con la pausa previa a “como nosotros…”

Rezar. “Es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos nos ama” Tratar de amistad: “Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible; la que, provocada por tantos ultrajes, permanece inmóvil. Anda, pues, haz tú lo mismo” (beato Elredo, abad, “Tratado sobre la amistad espiritual”)


Y una poesía: “No sé de dónde brota la tristeza que tengo. / Mi dolor se arrodilla, como el tronco de un sauce, / sobre el agua del tiempo, por donde voy y vengo, / casi fuera de madre, derramado en el cauce. / Lo mejor de mi vida es el dolor. T ú sabes / cómo soy; tú levantas esta carne que es mía; / tú, esta luz que sonrosa las alas de las aves; / tú, esta noble tristeza que llaman alegría. / Tú me diste la gracia para vivir contigo; / tú me diste las nubes como el amor humano; / y, al principio del tiempo, tú me ofreciste el trigo, / con la primera alondra que nació de tu mano. / Como el último rezo de un niño que se duerme / y con la voz nublada de sueño y de pureza, / se vuelve hacia el silencio, yo quisiera volverme / hacia ti, y en tus manos desmayar la cabeza” (De la poesía de Leopoldo Panero; en el himno de las I Vísperas del Domingo de la Semana IV)


TIEMPO ORDINARIO

La alegría de la gloria

Tiempo ordinario. Cristianismo es caminar con Dios. Sabiendo que Jesús está a nuestro lado, que el Espíritu Santo nos anima y nos aconseja, que el Padre no está mirando de continuo y nos espera con los brazos abiertos. El cristiano es un enviado y sabe que respondiendo bien a la vocación divina da una alegría a la Santísima Trinidad. “Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga” (Lc 9,23). “Volvieron los setenta y dos llenos de alegría diciendo: - Señor, hasta los demonios se nos someten en ti nombre. Él les dijo: - Veía yo a satanás caer del cielo como un rayo. … Pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo” (Lc 10,17-18. 20). “También fue abierto otro libro, el de la vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que están escrito en los libros, según sus obras… Todo el que no figuraba escrito en el libro de la vida era arrojado al estanque de fuego” (Ap 20,12.15). “La ciudad no tiene necesidad de que la alumbre el sol ni la luna: la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero. A su luz caminarán las naciones, y los reyes de la tierra le rendirán su gloria. Sus puertas no se cerrarán en todo el día, porque allí no habrá noche. Llevarán a ella la gloria y las riquezas de las naciones, pero no entrará nada profano, ni el que comete abominación y falsedad, sino los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Ap, 21,23-27)

Camino del reino de los cielos. “Ahora mirad qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí, y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar, ni ensalzar este nombre santo del Padre eterno -conforme a lo poquito que podemos nosotros-, de manera que se hiciese como es razón, si nos proveía su majestad con darnos acá su reino, y así lo puso el buen Jesús lo uno junto a lo otro. Porque entendáis esto que pedimos, y lo que nos importa pedirlo y hacer cuanto pudiéramos para contentar a quién nos lo ha de dar, quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que hay en el reino del cielo -con otros muchos- es ya no tener en cuenta con cosas de la tierra: un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos que les viene a ver que todos santifican y alaban al Señor y bendicen su nombre, y no le ofende nadie, todos le aman, y la misma alma no entiende otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá; aunque no en esta perfección y en un ser, mas muy de otra manera le amaríamos si le conociésemos” (santa Teresa de Jesús, “Camino de perfección”).

Una poesía litúrgica. “Comienzan los relojes/ a maquinar sus prisas; / y miramos el mundo. / Comienza un nuevo día. / Comienzan las preguntas, / la intensidad, la vida; / se cruzan los horarios. / Qué red, qué algarabía. / Mas Tú, Señor, ahora / eres calma infinita. / todo el tiempo está en Ti / como una gavilla. / Rezamos, te alabamos /, porque existes, avisas; / porque anoche en el aire / tus astros se movían. / Y ahora toda la luz / se posó en nuestra orilla.” (P. Felipe Santos Campaña SDB: Himno de Laudes, jueves I).

TIEMPO ORDINARIO

Caminando con Dios

Tiempo Ordinario. Una etapa tras otra del camino, hasta llegar al cielo, sabiendo que desde el principio Dios nos mira, Dios nos acompaña, Dios nos adelanta y nos espera para que cuando acaba la jornada, sintamos su amor: “Cuando aún estaba lejos le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, de le echó al cuello y le cubrió de besos…” (Lc 15,20). Y no debemos preocuparnos porque Dios, que es nuestro Padre, nos aconseja, nos guía: “El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan… (salmo 23). Dios, que es amor (1 Jn 4,8 y 16), nos busca si nos perdemos, porque Él nos lo enseñó: “¿Quién de vosotros si tiene cien ovejas y pierde una no deja las noventa y nueve en el campo y sale en busca de la que perdió hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso y, al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me perdió” (Lc 15, 4-6). Dios nos ayuda a levantarnos si caemos, porque Dios es misericordia y nos perdona: “Padre perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo demuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad. Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino y la verdad y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva; que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y os que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos” (san Pablo VI, Homilía, en Manila, el 29 de noviembre de 1970)

Y una poesía. “Te está cantando el martillo, / y rueda en tu honor la rueda. / Puede que la luz no pueda / librar del humo su brillo. / ¡Qué sudoroso y sencillo / te pones a mediodía, / Dios en la dura porfía / de estar sin pausa creando, / y verte necesitando / del hombre más cada día! / Quien diga que Dios ha muerto / que salga a la luz y vea / si el mundo es o no tarea / de un Dios que sigue despierto. / Y ano es su sitio el desierto / ni en la montaña se esconde; / que Dios está -sin mortaja- / en donde un hombre trabaja / y un corazón le responde./ Amén” (José Luis Blanco Vega SJ; Himno para la Hora Intermedia en el miércoles IV)

Si alguno quiere venir de tras de mí que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y que me siga” (Lc 9,23). Y también: “Venid a mí todos los fatigados y agobiados y yo os aliviaré (Mt 11,28)

TIEMPO ORDINARIO

Tiempo Ordinario. Tiempo confirmarnos en el amor. Cristianismo es saber que Dios nos ama, que Dios es amor, que ser cristiano es dar del amor que recibimos: “Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría se completa. Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los ottos como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el de dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi padre os lo he hecho conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado “para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca” (“Non vos me elegistis, sed ego elegi vos, et posui vos, ut eatis et fructum afferatis et fructus vester maneat”), para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Esto os mando: que os améis los unos a los otros” (Jn 15, 9-17)

Amistad, el cielo en la tierra. “Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a medianoche y le diga: Amigo, préstame tres panes porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo que ofrecerle… Os digo que, si no se levanta a dárselo por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará” (Lc 11,5.6.8). “Cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando llegue el que te invitó, te diga: Amigo, ven más adelante, entonces serás honrado delante de todos los que se sientan en la mesa contigo” (Lc 14,10). “Viene Juan el Bautista, que no come ni bebe vino, y decís: Tiene el demonio. Viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Fijaos: un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores” (Lc 7,33-34). “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo” (Jn 11,11). “Y enseguida se acercó a Jesús y le dijo: -Salve Rabbí – y le besó. Pero Jesús le dijo: - Amigo, ¡haz lo que has venido a hacer.” (Mt 26,49-50).

Fraternidad cristiana. “Hermanos, os exhortamos vivamente a que tengáis caridad, no sólo para con vosotros mismos, sino también para con los de fuera, ya se trate de paganos, que todavía no creen en Cristo, ya de los que están separados de nosotros que reconocen a Cristo como cabeza, igual que nosotros, pero están divididos de su cuerpo. Deploremos hermanos, su suerte, sabiendo que se trata de nuestros hermanos. Lo quieran o no son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: Padre nuestro” (San Agustín: Comentarios sobre los salmos, salmo 32,29)

Y una poesía litúrgica. “Todo en estado de oración parece. / La santidad que empapa todo el aire, / rebosa de los cielos, como de ánfora, / y se filtra en las venas del deseo. / Todo sube en afán contemplativo, / como a través de transparencia angélica, / y lo más puro que hay en mí despierta, / sorbido por vorágine de altura. / Tiene alas la tarde, unción y llama. / Todo yo en la plegaria he naufragado; / se levantan mis manos como lámparas; / por el silencio, el corazón respira. / Se ha encendido el crepúsculo en mi frente, y la lumbre de Dios transe mi carne.” (Bernardo Velado Graña, “Todo en estado de oración parece. Himno de Vísperas”

Aleja de ti esos pensamientos inútiles que, por lo menos, te hacen perder el tiempo”.

TIEMPO ORDINARIO

Encontrar a Jesús

Tiempo Ordinario. La vida del cristiano es camino lleno de ocasiones, de oportunidades, de imprevistos, y saber aprovecharlos con la gracia del amor de Dios, en muchas ocasiones, es adelantar el cielo y disfrutar de él en nuestros días. ¡Un día con Jesús!

El día inolvidable: la tarde que pasaron con Jesús: “Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba dijo: - Éste es el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: - ¿Qué buscáis? Ellos dijeron: - Rabbí – que significa “Maestro”-, ¿dónde vives? Les respondió: - Venid y veréis. Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima” (Jn 1,35-39). Parecía un día más como todos los otros días: “Cuando se acercaban a Jericó, un ciego estaba sentado al lado del camino mendigando. Al oír que pasaba mucha gente preguntó qué era aquello. Le contestaron: - Es Jesús Nazareno que pasa. Y gritó diciendo: - ¡Jesús Hijo de David, ten piedad de mí! Y los que iban delante le reprendían para que se estuviera callado. Pero él gritaba mucho más. – ¡Hijo de David, ten piedad de mí! Jesús parándose, mandó que lo trajeran ante él. Y, cuando se acercó, le preguntó: - ¿Qué quieres que te haga? - Señor que vea- respondió él. Y Jesús le dijo: Recobra tu vista, tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios” (Lc 18,35-43). Y la vida cambió inesperadamente. “Entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús para conocerle, pero no podía a causa de la muchedumbre, porque era pequeño de estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantando la vista, le dijo: - Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa. Bajó rápido y lo recibió con alegría” (Lc 19,1-6)

Conviértete a Dios de todo corazón, despréndete de este mundo miserable, y tu alma encontrará la paz; pues el reino de Dios es paz y alegría en el Espíritu Santo. Cristo vendrá a ti y te dará a probar su consuelo, si le preparas una digna morada en tu interior. Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí se complace. Tiene él un frecuente trato con el hombre interior, platica dulcemente con él, lo consuela suavemente, le infunde una paz profunda y tiene con él una familiaridad admirable en extremo. Ea, pues, alma fiel, prepara tu corazón a este Esposo para que se digne venir a ti y habitar en ti… De modo que hazle en ti lugar a Cristo. Si posees a cristo serás rico y con él te bastará. Él será tu proveedor y fie procurador en todo, de manera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres. Pon en Dios toda tu confianza, y será él el objeto de tu veneración y de tu amor. Él responderá por ti y todo lo hará bien, como mejor convenga …” (Tomás de Kempis, “Imitación de Cristo”, libro 2)

Una poesía litúrgica: “El trabajo nos urge, / nos concentra y astilla. / Poco a poco, la muerte / nos hiere y purifica. / Señor del universo, / con el hombre te alías. / En nuestra actividad, / tu fuerza, cómo vibra. / Señor de los minutos, / intensa compañía. / Gracias por los instantes / que lo eterno nos hilan. / Gracias por esta pausa / contigo en la fatiga. / Contigo hay alegría.” (Himno de la Hora intermedia. Jueves I).

Un consejo: “Que tu vida no sea una vida estéril. Sé útil. Deja poso. Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor …” (cf. “Camino”, 1)

TIEMPO ORDINARIO

El calor, la calor y las calores, son grados en la tierra de María Santísima. ¡Ánimo!

El curso se acaba. Es tiempo de descanso, de rearmarse de fuerzas en el cuerpo y en el espíritu. El cristiano encuentra motivo de meditación, de adoración a Dios; de acción de gracias, por el curso acabado, por la vida recibida y sostenida; de petición, para cada uno, para los cercanos, para los lejanos, para los contrarios, para el que lo necesite, sea quien sea. Manteniendo la costumbre en el blog, sigue aquí la poesía del Padre Alarcón S.I. que reprodujo el Padre Coloma S.I., con texto en prosa intercalado, en su obra “Pequeñeces”, en el pasaje en el que, en una distribución de premios escolares, un niño recitaba una poesía a la Virgen. Adaptemos las palabras a cada uno. Pensando.

- “Dulcísimo recuerdo de mi vida, / bendice a los que vamos a partir. / ¡Oh, Virgen del recuerdo dolorida, / recibe tú mi adiós de despedida, y acuérdate de mí!... / Lejos de aquestos tutelares muros, / los compañeros de la edad feliz / no serán a tu amor perjuros; / conservarán sus corazones puros; / ¡Se acordarán de ti! / Mas siento al alejarme una agonía / cual no la suele el corazón sentir…/ En palabras de niño ¿quién confía? / Temo… no sé qué temo, Madre mía, / por ellos y por mí…” Estos cortes circunstanciales en la rutina vital permiten recordar tiempos pasados en los que la fe, la piedad, la relación con Dios era intensa, amable, cordial. Conviene sacar ánimos de ahí.

- “Dicen que el mundo es un jardín ameno / y que áspides oculta ese jardín… / que hay frutos dulces de mortal veneno… / que el mar del mundo está de escollos lleno… / Y ¿por qué estará así? / Dicen que por el oro y los honores / hombres sin fe, de corazón ruín, /secan el manantial de sus amores, / y a su Dios y a su Patria son traidores… ¿Por qué serán así? / Dicen que de esta vida los abrojos / quieren trocar en mundanal festín; / que ellos, ellos motivan tus enojos, / y que ese llanto de tus dulces ojos/ lo causan ellos, ¡sí! / Ellos, ¡ingratos!, de pesar te llenan… / ¿Seré yo también sordo a tu gemir? / ¡No! ...; yo no quiero frutos que envenenan, / no quiero goces que a mi Madre apenan, / ¡no quiero ser así! / En los escollos de esta mar bravía / yo no quiero sin gloria sucumbir; / yo no quiero que llores por mí un día, / yo no quiero que llores, Madre mía… / ¡No quiero ser así!” Quizá nuestra experiencia vital empieza aquí, recordando tiempos de olvido de Dios, de alejamiento de Dios. También esa poesía de niño puede animarnos.

- “Y mientras yo responda a tu reclamo, / mientras me juzgue con tu amor feliz, / y ardiendo en este afecto en que me inflamo / te diga muchas veces que te amo, / ¿te olvidarás de mí? / ¡Ah, no, dulce recuerdo de mi vida! / Siempre que luche en poderosa lid, / siempre que llore mi alma dolorida, / al recordar mi adiós de despedida / ¡Te acordarás de mí! / Y en retorno de amor y fe sincera, / jamás sin tu recuerdo he de vivir: / tuya será mi lágrima postrera… / Hasta que muera, Madre, hasta que muera, / me acordaré de ti!” Así, con ese arrojo juvenil, aún en la edad madura, es tiempo de propósitos, de animarnos unos a otros, la mejor inversión: ¡el ciento por uno!

- “Tú en pago, Madre, cuando llegue el plazo / de alzar el vuelo al celestial confín, / estrechándome a ti con dulce abrazo, / no me apartes jamás de tu regazo, / ¡no me apartes de ti!”. No hay mayor seguridad que ir a Jesús de la mano de la Madre.

Unos a otros, todos nos deseamos un feliz descanso. Un “seguir sin parar” más pausado. (como es tradición en el blog “El hecho imponible”, este texto se repite literalmente cada año al acabar el curso académico).

A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María” (Camino 495)

AGOSTO

MOISÉS

13Moisés replicó a Dios: “Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”. Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les respondo?”. 14Dios dijo a Moisés: ““Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros”. 15Dios añadió: “Esto dirás a los hijos de Israel: “El Señor, Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación”” (Ex 3,13-15)

11Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: “¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? 12¿Por qué han de decir los egipcios: “Con mala intención los sacó, para hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra”? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. 13Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”. 14Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.” (Ex 32,11-14)

30Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: “Habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a expiar vuestro pecado”. 31Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: “Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro. 32Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras del libro que has escrito”. 33El Señor respondió: «Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. 34Ahora ve y guía a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti; y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado». 35El Señor castigó al pueblo por el becerro que había hecho Aarón. (Ex 32, 30-34)

5Y allí murió Moisés, siervo del Señor, en el territorio de Moab, como había dispuesto el Señor. 6Lo enterraron en el valle de Moab, frente a Bet Peor; y hasta el día de hoy nadie ha conocido el lugar de su tumba. 7Moisés murió a la edad de ciento veinte años: no había perdido vista ni había decaído su vigor. 8Los hijos de Israel lloraron a Moisés en la estepa de Moab durante treinta días, hasta que terminó el tiempo del duelo por Moisés. 9Josué hijo de Nun estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos, los hijos de Israel lo obedecieron e hicieron como el Señor había mandado a Moisés. 10No surgió en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara; 11ni semejante a él en los signos y prodigios que el Señor le envió a hacer en Egipto contra el faraón, su corte y su país; 12ni en la mano poderosa, en los terribles portentos que obró Moisés en presencia de todo Israel.” (Dt 34,5-12)

De Maria nunquam satis”. De María nunca diremos lo suficiente. Madre nuestra

AGOSTO

ABRAHAN Y SARA

1El Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, en lo más caluroso del día. 2Alzó la vista y vio tres hombres frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, se postró en tierra 3y dijo: “Señor mío, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo.  …9Después le dijeron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?”. Contestó: “Aquí, en la tienda”. 10Y uno añadió: “Cuando yo vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo”. Sara estaba escuchando detrás de la entrada de la tienda. 11Abrahán y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. 12Sara se rio para sus adentros, pensando: “Cuando ya estoy agotada, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?”. 13Entonces el Señor dijo a Abrahán: “¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “De verdad que voy a tener un hijo, yo tan vieja”? 14 ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo». 15Pero Sara lo negó: “No me he reído”, dijo, pues estaba asustada. Él replicó: “No lo niegues, te has reído”. … 20El Señor dijo: “El clamor contra Sodoma y Gomorra es fuerte y su pecado es grave: 21voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la queja llegada a mí; y si no, lo sabré”. 22Los hombres se volvieron de allí y se dirigieron a Sodoma, mientras Abrahán seguía en pie ante el Señor. 23Abrahán se acercó y le dijo: “¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? 24Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás el lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? 25¡Lejos de ti tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?”. 26El Señor contestó: “Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos”. 27Abrahán respondió: “¡Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! 28Y si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?”. Respondió el Señor: “No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco”. 29Abrahán insistió: “Quizá no se encuentren más que cuarenta”. Él dijo: “En atención a los cuarenta, no lo haré”. 30Abrahán siguió hablando: “Que no se enfade mi Señor si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?”. Él contestó: “No lo haré, si encuentro allí treinta”. 31Insistió Abrahán: “Ya que me he atrevido a hablar a mi Señor, ¿y si se encuentran allí veinte?”. Respondió el Señor: “En atención a los veinte, no la destruiré”. 32Abrahán continuó: “Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más: ¿Y si se encuentran diez?”. Contestó el Señor: “En atención a los diez, no la destruiré”. 33Cuando terminó de hablar con Abrahán, el Señor se fue; y Abrahán volvió a su lugar.” (Gn 18,1- 15, 20-33)

¿Saber que me quieres tanto, Dios mío, y … no me he vuelto loco?” (Camino 425)

AGOSTO

ELÍAS

8La palabra del Señor llegó entonces a Elías diciendo: 9”Levántate, vete a Sarepta de Sidón y establécete, pues he ordenado a una mujer viuda de allí que te suministre alimento”. 10Se alzó y fue a Sarepta. Traspasaba la puerta de la ciudad en el momento en el que una mujer viuda recogía por allí leña. Elías la llamó y le dijo: “Tráeme un poco de agua en el jarro, por favor, y beberé”. 11Cuando ella fue a traérsela, él volvió a gritarle: “Tráeme, por favor, en tu mano un trozo de pan”. 12Ella respondió: “Vive el Señor, tu Dios, que no me queda pan cocido; solo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de palos, entraré y prepararé el pan para mí y mi hijo, lo comeremos y luego moriremos”. 13Pero Elías le dijo: “No temas. Entra y haz como has dicho, pero antes prepárame con la harina una pequeña torta y tráemela. Para ti y tu hijo la harás después. 14Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “La orza de harina no se vaciará | la alcuza de aceite no se agotará | hasta el día en que el Señor conceda | lluvias sobre la tierra””. 15Ella se fue y obró según la palabra de Elías, y comieron él, ella y su familia. 16Por mucho tiempo la orza de harina no se vació ni la alcuza de aceite se agotó, según la palabra que había pronunciado el Señor por boca de Elías.” (1 R 17, 8-16)

6Miró alrededor y a su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a recostarse. 7El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y de nuevo dijo: “Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo”.8Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. 9Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: “¿Qué haces aquí, Elías?”. 10Y él respondió: “Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela”. 11Le dijo: “Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor”. Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. 12Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego el susurro de una brisa suave. 13Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le llegó una voz que le dijo: “¿Qué haces aquí, Elías?”, 14y él respondió: “Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela». (1 R 19, 6-14)

AGOSTO

ELÍAS y NABOT

1Tras estos sucesos ocurrió que Nabot de Yezrael tenía una viña junto al palacio de Ajab, rey de Samaría. 2Ajab habló a Nabot diciendo: “Dame tu viña para que pueda tener un huerto ajardinado, pues está pegando a mi casa; yo te daré a cambio una viña mejor, o, si te parece bien, te pagaré su precio en plata”.3Nabot respondió a Ajab: “Dios me libre de cederte la herencia de mis padres”. 4Se fue Ajab a su casa abatido y enfadado por la respuesta que le había dado Nabot de Yezrael: “No te cederé la heredad de mis padres”. Se postró en su lecho de cara a la pared y se negó a comer.5Jezabel, su mujer, se le acercó y le dijo: “¿Qué te pasa que estás entristecido y no comes alimento alguno?”.6Él le respondió: “Hablé con Nabot de Yezrael y le propuse: “Véndeme tu viña por su valor en plata, o, si lo prefieres, te daré otra viña a cambio”; pero él me contestó: “No te cederé mi viña”.7Jezabel, su mujer, le replicó: “¡Ya es hora de que ejerzas el poder regio en Israel! Levántate, come y se te alegrará el ánimo. Yo misma me encargo de darte la viña de Nabot de Yezrael”.8Escribió cartas con el nombre de Ajab y las selló con el sello de él, enviándolas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot.9En las cartas escribió lo siguiente: “Proclamad un ayuno y sentad a Nabot al frente de la asamblea.10Frente a él sentad a dos hombres hijos de Belial que testifiquen en su contra diciendo: “Tú has maldecido a Dios y al rey”. Entonces lo sacaréis fuera y lo lapidaréis hasta que muera”.11Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron tal como Jezabel les ordenó según lo escrito en las cartas remitidas a ellos.12Así proclamaron un ayuno y sentaron a Nabot al frente de la asamblea.13Llegaron los dos hombres hijos de Belial, se sentaron frente a él y testificaron contra él diciendo: “Nabot ha maldecido a Dios y al rey”. Lo sacaron fuera de la ciudad y lo lapidaron a pedradas hasta que murió.14Enviaron a decir a Jezabel: “Nabot ha sido lapidado y está muerto”.15En cuanto Jezabel oyó que Nabot había muerto lapidado, dijo a Ajab: “Levántate y toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a vendértela por su valor en plata, pues Nabot ya no está vivo, ha muerto”.16Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezrael, para tomar posesión de ella. 17 La palabra del Señor llegó entonces a Elías tesbita para decirle:18 “Levántate, baja al encuentro de Ajab, rey de Israel, que está en Samaría. Ahora se encuentra en la viña de Nabot, adonde ha bajado para tomar posesión de ella. (1 R 21, 1-16). “… Ajab desgarró sus vestidos y se puso un sayal sobre la carne, ayunó y se acostó con el sayal puesto y andaba a paso lento” (1 R 21, 27). Dijo Yahve a Elías tesbita: “… Por haberse humillado en mi presencia, no traeré el mal en vida suya, en vida de su hijo traeré el mal sobre su casa (1 R 21,29)

- “¿Quieres de verdad ser santo? – Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y está en lo que haces” (Camino 815)

AGOSTO

- NATAN. “El Señor envió a Natán a ver a David y, llegado a su presencia, le dijo: “Había dos hombres en una ciudad, uno rico y el otro pobre. 2El rico tenía muchas ovejas y vacas. 3El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una hija. 4Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre que había llegado a su casa”. 5La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán: “Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. 6Resarcirá cuatro veces la cordera, por haber obrado así y por no haber tenido compasión”. 7Entonces Natán dijo a David: «Tú eres ese hombre. (2 Sm 12, 1-7)

- ELISEO. 9Llegó Naamán con sus carros y caballos y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. 10Envió este un mensajero a decirle: “Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne renacerá y quedarás limpio”. 11Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: «Yo me había dicho: “Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra”. 12El Abaná y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Podría bañarme en ellos y quedar limpio». Dándose la vuelta, se marchó furioso. 13Sus servidores se le acercaron para decirle: “Padre mío, si el profeta te hubiese mandado una cosa difícil, ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: “Lávate y quedarás limpio”!”. 14Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Y su carne volvió a ser como la de un niño pequeño: quedó limpio.” (2 R 5, 9-14)

TIEMPO ORDINARIO

Fiestas de la Virgen María

Septiembre es mes de María: celebramos, su “cumpleaños” (día 8, la Natividad) y su “santo” (día 12, Dulce Nombre) y su corredención en la muerte de Jesús en la Cruz (día 15, Virgen de los Dolores). En los pueblos de España se multiplican las fiestas en honor de nuestra Madre. Como si la eternidad permitiera que en el cielo haya días señalados. Este texto colegial sirve como homenaje a nuestra Madre. ¡Para ti, Señora!:

Madre purísima, concebida sin pecado, limpia de toda culpa, blanca azucena que jamás rozó la más leve mácula, encanto de los cielos, embeleso de los ángeles, gloria del género humano. Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea

Tan pura eres María, tan bella te vio Dios, tan llena de gracia te vio, que no vaciló en bajar a tu seno virginal, elevándote a la sublime dignidad de madre suya. Santa María. Madre Dios. Santa Madre de Dios, Sólo por esto es la Virgen digna de nuestros honores, de nuestra eterna alabanza y admiración. Santa Madre de Dios. Virgen Inmaculada, templo de Dios, sagrario del Espíritu Santo. Tú sola fuiste digna de ser Madre de Jesús. Pero hay más. María es también madre nuestra, nos la dio Jesús por Madre estando agonizando en la Cruz. ¡Oh dicha incomparable, la Madre de Dios es mi madre! Eso repetía embelesado, aquel santo joven, amantísimo de María, san Estanislao de Kostka: ¡La Madre de Dios es mi Madre! Mucho es tener una madre buena y santa. Mejor si es buena, santa y rica. Incomparablemente mejor que sea buena, santa y poderosa y amante de sus hijos. Pues bien, todo eso es para nosotros María. ¡Oh, María, madre mía, oh, consuelo del mortal; amparadme y guiadme a la patria celestial! Y Madre, quiere decir amor, cariño, preocupación por sus hijos, miradas dulces, tiernas caricias, sacrificios, beneficios sin cuento para nosotros. ¡Bendita seas Madre mía!

María es mi Madre; luego hay en ella preocupación por mí, ruegos y peticiones a Dios por mí; deseos vehementes de que yo sea bueno, persevere y me salve. ¡Oh, María! muestra que eres mi Madre. Demostremos que somos sus hijos. Para ello, honrémosla imitando sus virtudes. Seremos puros como María, amantes hijos suyos, copia exacta de nuestra Madre. Sobre todo, amémosla mucho, confiémosle nuestras penas, refugiémonos bajo su manto, obsequiémosla hoy con algún sacrificio. Con nuestra oración más fervorosa, con la tentación vencida, el trabajo mejor hecho, el deber mejor cumplido. Llevemos con amor su medalla, vistamos su escapulario, veneremos su imagen bendita, recemos su rosario, las tres avemarías, invoquémosla en los peligros, llamémosla en las tentaciones. Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios

Si la Virgen nos sostiene, no caeremos. Si Ella nos ampara, no pereceremos. Si la Virgen ruega por nosotros, nos salvaremos. ¡Oh María, sin pecado concebida! Ruega por nosotros. Señora, si vacilamos en la tentación, danos la mano; si alguna vez caemos, ayúdanos a levantarnos; si el pecado trata de apartarnos de Jesús, llévanos a Él. Muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Madre divina, si nos salvamos, será por ti; si caemos en pecado y nos condenamos, será por haberte olvidado. Mientras mi vida alentare, todo mi amor para tí; mas si mi amor te olvidare, Madre mía, tú no te olvides de mi (“Coro hablado en honor de María Santísima”; la sabatina en mi colegio marista; 1949-1959; y aún cada sábado).

Confía. - Vuelve. - Invoca a la Señora y serás fiel” (Camino 514)

TIEMPO ORDINARIO

Nuestra Señora de los Dolores

Tiempo ordinario. Camino hacia el cielo. Cada día rezamos a Dios Padre diciéndole “Venga a nosotros tu Reino”. La vida del cristiano es andar los caminos del Señor. “Nadie fue ayer, / ni va hoy, / ni irá mañana / hacia Dios / por este mismo camino / que yo voy. / Para cada hombre guarda / un rayo nuevo de luz el sol… / y un camino virgen / Dios” (León Felipe).

Caminos del Señor. “Las sendas del Señor son misericordia y verdad” (salmo 24,10). Dice el Profeta: “Que tu misericordia y verdad me guarden para siempre” (salmo 39,12). Y, en oro lugar: “Tengo ante mis ojos tu bondad y camino en tu verdad” (salmo 25,3). Y también lo dice de sí mismo el Señor: “Mi verdad y mi misericordia lo acompañarán” (salmo 88,25). Pero contempla también las venidas manifiestas del Señor. En la que ya fue consumada encontrarás a un salvador misericordioso y en la prometida para el último día te encontrarás un remunerador justo. Tal vez por eso se haya dicho: “Porque el Señor ama la misericordia y la verdad, dará la gracia y la gloria” (salmo 83,12) … “la misericordia del Señor dura siempre y su verdad es eterna” (salmo 116,2)” (san Bernardo “sobre el salmo 90, sermón 11)

Con la Madre Dolorosa. “Stabat mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa dum pendebat Filius” (secuencia atribuida a Iacopone da Todi, que murió en 1306, pero con texto emparentado con el “Laudisimus sanctae Crucis” de san Buenaventura que murió en 1274): “Estaba la Madre dolorosa de pie, llorando junto a la Cruz de la que el Hijo pendía. Una espada traspasó su alma que gemía, contristada y dolorida. ¡Qué desconsolada y triste estaba aquella Madre bendita del Hijo Unigénito de Dios! Esta Madre piadosa se apenaba y afligía, contemplando la pena de su Hijo divino. ¿Qué hombre no lloraría si viera a la Madre de Cristo en tanto suplicio? ¿Quién no se entristecería al poner los ojos en aquella Madre clemente que sufre a la par de su Hijo? Vio a Jesús torturado y azotado, a causa de los pecados de su pueblo. Presenció la muerte sin consuelo de su Hijo querido, cuando entregó el espíritu. Cuando llegue la hora de partir de este mundo, haz, oh Jesús, que, por medio de tu Madre, consiga yo la palma de la victoria. Amén”.

La oración hecha poesía: “Eia mater, fons amoris” (segunda parte del “Stabat”): “Oh Madre, fuente de amor, haz que yo sienta toda la fuerza de tu dolor para que llore contigo. Que arda mi corazón de amor a Cristo, mi Dios, y así le pueda consolar. Haz que se graben profundamente en mi corazón, oh Madre Santa, las Llagas del Crucificado. Comparte conmigo las penas de tu Hijo llagado que tanto se dignó padecer por mí. Que mientras viva, llore y me conduela de veras contigo por Cristo crucificado. Deseo acompañarte, estar de pie junto a la Cruz, y unirme a ti en el llanto.

Identificados con la Pasión, participando con la Virgen de la gloria del Paraíso. “Virgo virginum praeclara”: Oh gloriosa Virgen de las vírgenes, no te muestres rigurosa y permíteme unirme a tu llanto. Haz que lleve conmigo la muerte de Cristo y, participando de su Pasión, recuerde siempre sus heridas. Que se impriman en mí sus Llagas, embriagándome de su Cruz y de su Sangre. Que en el día del Juicio experimente, oh Virgen, tu auxilio para no verme atormentado por las llamas. Dame la defensa de la Cruz para que, resguardado por la muerte de Cristo, me reconforte la gracia. Y, cuando el cuerpo muera, haz que mi alma reciba la gloria del Paraíso. Amén”

TIEMPO ORDINARIO

Los ángeles

Tiempo Ordinario. El cristiano se debe mantener animoso en su camino hacia el cielo, porque sabe que Dios es su Padre: “No temas, que Yo estoy contigo, no desmayes, que Yo soy tu Dios ,.. Te daré fuerzas, te socorreré, te sostendré con mi diestra victoriosa… No temas, que te he redimido y te he llamado por tu nombre: tú eres mío… Yo, Yo soy quien borra tus delitos por Mi mismo, y no recordaré tus pecados… ¿Es que puede una mujer olvidarse de su niño de pecho, no compadecerse del hijo de sus entrañas ¡Pues, aunque ellas se olvidaran, Yo no te olvidaré!... Aunque se aparten los montes y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, … ¡Pero tú eres nuestro Padre! Aunque Abrahán ya no nos conozca e Israel nos ignore, ¡Tú, Señor, eres nuestro Padre, nuestro Redentor! Tu nombre es eterno… Nunca se oyó, ni oído escuchó ni ojo vio a un Dios fuera de Ti, que haga tanto con quien espera en Él. Tú sales al encuentro de quien se goza en hacer justicia, de los que se acuerdan de tus caminos… Pero ahora, Señor, Tú eres nuestro Padre; nosotros el barro, Tú nuestro alfarero, y todos nosotros la obra de tus manos… Como alguien a quien su madre consuela, así os consolaré” (Is 41,10; 43, 1,25; 49, 15; 54,10; 63,16; 64,3-4,7; 66,13).

Tiempo de ángeles. Litúrgicamente reunidos en el 29 de septiembre los tres arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, celebramos también, cada uno, nuestro ángel custodio, el 2 de octubre. “Yo mandaré un ángel delante de ti que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Obedécele y escucha su voz (Ex 23,20).

Envía a sus ángeles cerca de ti, dice el salmo para que te guarden en todos tus caminos. Por eso mismo hemo de venir con más cuidado, ya que no habría tanta solicitud por nosotros en el cielo si no nos viesen tan necesitados. No pondrían tantos guardianes si no fuera tanta la asechanza …” (sermón 11 sobre el salmo 90). “A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están por tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque los están porque Dios les ha dado esta orden no por ello debemos de dejar de estarles agradecidos, pues cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades. Que son tan grandes…” (san Bernardo, sermón 12 sobre el salmo “Qui hábitat”)

Y la poesía litúrgica. “Ángel santo de la guarda, / compañero de mi vida, / tú que nunca me abandonas ni de noche ni de día. / Aunque espíritu invisible, / sé que ta hallas a mi lado, / escuchas mis oraciones y cuentas todos mis pasos. / En las sombras de la noche, / me defiendes del demonio, / tendiendo sobre mi pecho / tus alas de nácar y oro. / Ángel de Dios, que yo escuche / tu mensaje y que lo siga / que vaya siempre contigo / hacia Dios, que me lo envía. / Testigo de lo invisible, / presencia de cielo amiga, / gracias por tu fiel custodia, / gracias por tu compañía. / En presencia de los ángeles, / suba al cielo nuestro canto: / gloria al Padre, gloria al Hijo, / gloria al espíritu Santo” Amén

Ten confianza con tu Ángel Custodio. – Trátalo como un entrañable amigo -lo es- y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día” (Camino 562). Trátalo por el nombre que habéis convenido; pídele que interceda con el ángel de tu interlocutor.

TIEMPO ORDINARIO

Arcángeles y ángeles

Tiempo Ordinario, tiempo corriente, como un continuo sin interrupciones, sí, pero con este septiembre que ahora acaba empezó el otoño meteorológico y el curso académico y los cuerpos y los climas buscan un acomodo a una silenciosa novedad vital que viene sin avisar. Tiempo de examen de lo pasado y de propósitos para este futuro que empieza y que, en la conciencia de los cristianos, conduce a un fin de año con Cristo Rey, a la nueva esperanza del Adviento y a la alegre realidad del Niño Jesús, y de nuestra Madre y de san José, y al alborozo celestial que los ángeles convierten en alegre alboroto de tormentas, de lluvia y primeras nieves. Y se nota la celebración de los arcángeles, de los santos médicos Cosme y Damián (día 26). Y la sonrisa de nuestra Madre, “la Merced” (día 24). Y el apóstol Mateo (día 21) tomando nota evangélica de todo lo que ocurre.

- La Santísima Virgen, desde toda la eternidad, fue predestinada como Madre de Dios, al mismo tiempo que la encarnación del Verbo, y por disposición de la divina providencia fue en la tierra la madre excelsa del divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.” (Const. Dog. “Lumen Gentium”, 61: la Maternidad de María en la economía de la gracia)

- Los arcángeles. “Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión de Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de esos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y, así, Miguel significa: “¿Quién como Dios?”, Gabriel significa: “Fortaleza de Dios” y Rafael significa: “medicina de Dios” (san Gregorio Magno, papa, homilía)

Se trabó una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles declararon la guerra al dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no vencieron, y no quedó lugar para ellos en el cielo. Y al gran dragón, a la serpiente primordial que se llama diablo y Satanás, y extravía la tierra entera, lo precipitaron a la tierra, y a sus ángeles con él… Cuando vio el dragón que lo habían arrojado a la tierra se puso a perseguir a la mujer que había dado a luz un hijo varón. Le pusieron a la mujer dos alas de águila para que volase a su lugar en el desierto, donde será tentado un año y otro año y medio año, lejos de la serpiente. La serpiente, persiguiendo a la mujer, echó por la boca un río de agua, para que el río al arrastrase; pero la tierra salió en ayuda de la mujer, abrió su boca y se bebió el río salido de la boca de la serpiente. Despechado el dragón por causa de la mujer, se marchó a hacer la guerra al resto de su descendencia, a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,7-9.13-17)

Miguel, Gabriel, Rafael, / los espíritus señeros / y arcángeles mensajeros / de Dios, que estáis junto a él. / A vuestro lado se siente / alas de fiel protección, / incienso de la oración /y el corazón obediente. / ¿Quién como Dios?, es la enseña, / es el grito de Miguel, / y el orgullo de Luzbel / al abismo se despeña. / Gabriel trae la embajada / divina, y le lleva al Padre / el “sí” de la Virgen Madre, / del Sol de Cristo alborada. / Por la ruta verdadera / Rafael nos encamina / y nos da la medicina / que cura nuestra ceguera. / Dios que nos diste a los ángeles / por guías y mensajeros, / danos el ser compañeros / del cielo de tus arcángeles” (himno de Laudes el 29 de septiembre, santos arcángeles).

TIEMPO ORDINARIO

La Vírgen en octubre

Octubre. Mes del Rosario. Corona de amores a la Santísima Virgen María. El cristiano aprovecha la ocasión para estar más cerca de nuestra Madre que de ordinario llenando en este mes el alma de más y más amor expresado en las avemarías de cada misterio y las de la mañana y en las del ángelus y en las tres avemarías de antes de acostarse; y en muchas otras ocasiones durante el día en las que se escapan jaculatorias, oraciones, ofrecimientos, peticiones y acciones de gracias por su amor, por su intercesión, por ser medianera de gracias. Todo a Jesús por María. Todo a María para Jesús.

Rezar el santo Rosario / no sólo es hacer memoria / del gozo, el dolor la gloria, / de Nazaret al Calvario. / Es el fiel itinerario / de una realidad vivida, y quedará entretejida, / siguiendo al Cristo gozoso, / crucificado y glorioso, / en el Rosario, la vida.” (himno de Laudes del 7 de octubre, la Virgen del Rosario.

- Y en octubre no faltan fiestas en honor de nuestra Madre: Nuestra Señora del Rosario, la Virgen del Buen Remedio, Nuestra Señora de Begoña y la Virgen del Pilar. “Según una antigua y venerada tradición, la Santísima Virgen María, todavía en cuerpo mortal, se pareció en Zaragoza sobre una columna o pilar, al apóstol Santiago, alentándole en su evangelización por tierras españolas”, se lee en el misal. Sería a principios de los años cuarenta porque se estima que Santiago, apóstol, hermano de Juan, inició su actividad en judea y Samaria y llegó a la península ibérica para volver a Palestina, donde murió, mártir, decapitado por mandato del rey Herodes.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acoger sus peticiones con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso los cristianos la invocan desde antiguo como “Consoladora de los afligidos”, Salud de los enfermos”, Refugio de los pecadores” para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora de la esclavitud del pecado, porque ella, libre de toda mancha de pecado, conduce a sus hijos a vencer con enérgica determinación el pecado. Y, hay que afirmarlo uno y otra vez, esta liberación del mal y de la esclavitud del pecado es la condición previa y necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas” (de la Exhortación. Apostólica “Marialis cultus”, de san Pablo VI, sobre el culto a la Virgen).

Esa columna, sobre la que posa/ leve sus plantas tu pequeña imagen, / sube hasta el cielo: puente, escala, guía / de peregrinos. / Cantan tus glorias generaciones, / todos te llaman bienaventurada, / la roca firme, junto al Ebro enhiesta, / gastan a besos. / Abre tus brazos virginales, Madre, / vuelve tus ojos misericordiosos, / tiende tu manto, que nos acogemos / bajo tu amparo.” (himno de Vísperas del 12 de octubre: Nuestra Señora del Pilar).

Tiempo Ordinario en octubre; jardín celestial, lleno de flores a María. Otoño. Cartas apostólicas: “Todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna. Podéis estar seguros: Si morimos con él, también viviremos con él; si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará; si no somos fieles, él permanecerá fiel, pues no puede negarse a sí mismo” (2 Tm 2, 10-13)


TIEMPO ORDINARIO

La oración

Caminar hacia el cielo es la vida del cristiano. Se puede caminar cantando, admirando el paisaje, rememorando personas y circunstancias, rezando. El cristiano sabe que Dios está con él, siempre, mientras camina y en todos las situaciones y trances del camino. Y esperándole al final. El camino se hace mejor en comunión con los santos. “Ahora, volviendo a los que quieren ir hacia Él y no parar hasta el fin -que es llegar a beber de esta agua de vida-, el modo en que han de comenzar digo que importa mucho y el todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabajase lo que se trabajare, murmure quien murmurare, aunque llegue allá, aunque se muera en el camino, aunque no tenga devoción para los trabajos que hay en él, aunque se hunda el mundo” (santa Teresa de Jesús, “Camino de perfección” 21,2)

Oración de Jesús. “Salió y como de costumbre fue al monte de los Olivos. Le siguieron también los discípulos. Cuando llegó al lugar, les dijo: - Orad para no caer en la tentación. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, de rodillas, oraba diciendo: - Padre, si quieres aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lc 22,39-40). Jesús, después de pronunciar estas palabras, elevó sus ojos al cielo y dijo: … He guardado a los que me diste y ninguno de ellos se ha perdido, excepto el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a Ti y digo estas cosas en el mundo para que tengan mi alegría completa en sí mismos… No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por su palabra: que todos sean uno, como tú Padre, en mi y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado… Padre justo, el mundo no te conoció; pero yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste. Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos y yo en ellos” (Jn 17,1.12-13.20-21.25-26)

Nuestra oración. “ Estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó le dijo uno de sus discípulos: - Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. Él les respondió: - Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu reino; sigue dándonos cada día nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros personamos a todo el que nos debe; y no nos pongas en tentación” (Lc 11,1-4) “Cuando oréis no seáis como los hipócritas que son amigos de orar puestos de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Tú, por el contrario, cuanto te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre, que ve en lo oculto; y tu Padre que ve en lo oculto te recompensará. Y al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que piensan que pos su locuacidad van a ser escuchados. Así pues no seáis como ellos, porque bien sabe vuestro Padre de qué tenéis necesidad antes de que se lo pidáis” (Mt 6,5-8)

No es otra cosa la oración mental a mi parecer, sino tratar de amistad muchas veces tratando a solas con qioen sabemos que nos ama (santa Teresa de Jesús, “Vida”)


TIEMPO ORDINARIO

Llamada a la santidad

Tiempo Ordinario. Octubre. Mes de todos los ángeles; mes de santos fundadores y reformadores, como Francisco de Asís, Soledad Torres Acosta, Teresa de Jesús y Pedro de Alcántara, Pablo de la Cruz, Antonio María Claret; y mes de apóstoles y evangelistas, como Simón el Cananeo o el Zelote y Judas Tadeo o como Lucas, evangelista. Y cada día aparece lleno el santoral, porque los santos son el ánimo de los que caminan hacia el cielo. Como decía el niño mirando las vidrieras de la iglesia: “Los santos son los que transparentan la santidad”.

- Santidad en la promesa. “Por eso, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). “Esta es la voluntad de Aquel que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el último día” (Jn 6,30-40). “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23). “Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mí amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi padre y permanezco en su amor.” (Jn 15,9-10)

- Palabras apostólicas. “Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos, ya que en él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha en su presencia por el amor; nos predestinó a sus sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza y gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado (Ef 1, 3-6). “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha engendrado de nuevo -mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos- a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada y que no se marchita, reservada en los cielos para vosotros, que, por el poder de Dios, estáis custodiados mediante la fe hasta alcanzar la salvación preparada ya para ser manifestada en el tiempo último” (1 Pe 2-5)

Camino de santidad. “¿Quieres de verdad ser santo? - Cumple el pequeño deber de cada momento, haz lo que debes y estás en lo que haces” (Camino 815). “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo dudes- dependen muchas cosas grandes” (Camino 755). “Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional y habrás santificado el trabajo” (Camino 359). “Acto de identificación con la voluntad de Dios: ¿Lo quieres ,Señor? .. ¡Yo también lo quiero!” (Camino 762). “A Jesús siempre se va y se “vuelve por María” (Camino 495).”Si no le dejas, Él no te dejará” (Camino730).

El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera. / En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino; / todo lo puede en él quien nada puede.” (Hora intermedia, viernes de la II semana)

TIEMPO ORDINARIO

Jornada cristianas

La vida del cristiano es caminar con Dios, hacia Dios y hasta que Dios nos abraza al llegar al cielo. “Y, levantándose, se puso en camino hacia la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y, corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos” (Lc 15,20). El cristiano empieza cada día caminando y hablando con Dios: “Buenos días, Señor, a ti el primero / encuentra la mirada/ del corazón, apenas nace el día: / tú eres la luz y el sol de mi jornada. / Buenos días, Señor, contigo quiero / andar por la vereda: / tú, mi camino, mi verdad, mi vida / tú, la esperanza firme que me queda. / Buenos días, Señor, a ti te busco, / levanto a ti las manos / y el corazón, al despertar la aurora: / quiero encontrarte siempre en mis hermanos. / Buenos días, Señor resucitado, / que traes la alegría / al corazón que va por tus caminos, / ¡vencedor de tu muerte y de la mía!” (himno de Laudes en el miércoles de la I semana).

La jornada del caminar del cristiano procura parecerse a una jornada de Jesús. Un ejemplo puede ser éste: “Después de haber sido apresado Juan, vino Jesús a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: - El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está al llegar; convertíos y creed en el Evangelio... Entraron en Cafarnaún y en cuanto llegó el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar… Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu impuro… Jesús le conmino: - Cállate y sal de él. Y entonces el espíritu impuro, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él… En cuanto salieron de la sinagoga fueron a casa de Simón y de Andrés con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba acostada con fiebre y enseguida le hablaron de ella. Se acercó, la tomó de la mano y la levantó; le desapareció la fiebre y ella se puso a servirles” (Mc 1,14-15.21.23.25-26.29-31). “Al atardecer, cuando se había puesto el sol, comenzaron a llevarle a todos los enfermos y a los endemoniados. Y toda la ciudad se agolpaba en la puerta. Y curó a muchos que padecían diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios, y no les permitía hablar porque sabían quien era. De madrugada, todavía muy oscuro, se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, y allí hacía oración. Salió a buscarle Simón y los que estaban con él, y cuando le encontraron le dijeron: - Todos te buscan. Y les dijo: - Vámonos a otra parte, a las aldeas vecinas, para que predique también allí, porque para esto he venido. Y pasó por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios” (Mc 1, 32-39)

En el texto paralelo del Evangelio según san Mateo, lo que empieza también con la retirada a Galilea, dejando Nazaret para ir a vivir a Cafarnaún cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, sigue con la vocación de los primeros discípulos y continúa con el discurso de la montaña (Mt 4-12-27). Y sigue: “Cuando terminó Jesús estos discursos … Al bajar del monte le seguía una gran multitud. En esto se le acerca un leproso, se postra ante él y le dijo: - Si quieres puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús la mano, le tocó diciendo – Quiero queda limpio… Al entrar en Cafarnaún se le acercó un centurión...” (Mt 7,28; 8,1-3.5). Jesús cura al criado paralítico que tenía fuertes dolores; y también a la suegra de Pedro; y, al atardecer le llevan muchos endemoniados de los que Jesús expulsa a los espíritus con su palabra, y también cura a todos los enfermos… (cf. Mt 8, 6-16). Al ver Jesús a la multitud que estaba a su alrededor, ordenó marchar a la otra orilla. Y se le acercó un escriba… Se subió después a la barca, y le siguieron sus discípulos. Y se levantó una gran tempestad... Pero él dormía… Entonces, puesto en pie, increpó a los ientos y al mar y sobrevino una gran calma” (cf. 8,18-26)

El trabajo, Señor, de cada día / nos sea por tu amor santificado, / convierte su dolor en alegría / de amor, que para dar tú nos has dado. / Paciente y larga es nuestra tarea / en la noche oscura del amor que espera; / dulce huésped del alma, al que flaquea / dale tu luz, tu fuerza que aligera. / En el alto gozoso del camino, / demos gracias a Dios, que nos concede / la esperanza sin fin del don divino, / todo lo puede en él quien nada puede” (himno de la Hora Intermedia del viernes de la cuarta semana).

TIEMPO ORDINARIO

Todos los santos. Fieles difuntos. El cielo

Últimos días del Tiempo Ordinario. Celebración de la Comunión de los Santos: de la Iglesia triunfante en el cielo, de la Iglesia purificada en el Purgatorio y de la Iglesia militante que formamos los que aún vivimos, porque la vida del cristiano es milicia (“Militia est vita hominis super terram” Jb 7,1), lucha para ganarse el cielo. Y también celebramos en noviembre la Conmemoración de los Fieles Difuntos. “Vamos que la muerte es una ganancia y la vida sufrimiento. Por esto dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo y una ganancia morir. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida. Por tanto, muramos con él y viviremos con él … Nuestro espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial a la que sólo llegan los santos” (san Ambrosio, del libro sobre la muerte de su hermano Sátiro). Tiempo de celebraciones. Tiempo de cantos y poesía.

Todos los santos. “Peregrinos del reino celeste, / hoy, con nuestras plegarias y cantos, / invocamos a todos los santos, / revestidos de cándida veste. / Estos son los que a Cristo siguieron / y por Cristo la vida entregaron, / en su sangre de Dios se lavaron, / testimonio de amigos le dieron. / Sólo a Dios en la tierra buscaron / y de todos hermanos se hicieron. / Porque a todos sus brazos abrieron, / éstos son los que a Dios encontraron. / Desde el cielo, nos llega cercana / su presencia y su luz guiadora: / nos invitan, nos llaman ahora, / compañeros seremos mañana. / Animosos sigamos sus huellas, / nuestro barro será transformado / hasta verse con Cristo elevado / junto a Dios en su cielo de estrellas.” (Oficio de lectura, 1 de noviembre,

Los fieles difuntos. “Déjame, Señor, así; déjame que en ti me muera, / mientras la brisa en la era / dora el tamo que yo fui. / Déjame que dé de mí / el grano limpio, y que fuera, / en un montón, toda entera, caiga el alma para ti. / Déjame, cristal, infancia, / tarde seca, sol violento, /crujir de trigo en sazón. / Coge, Señor, mi abundancia, / mientras se queda en el viento / el olor del corazón” (Oficio de Difuntos, 2 de noviembre, Laudes II).

La vida en Cristo. “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sobras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios” (Jn 3,16-21).

El cielo. “Bienaventurados los llamados a la cena de las bodas del Cordero… Vi un cielo nuevo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron y el mar ya no existe… Esta es la morada de Dios con los hombres. Habitará con ellos y ellos serán su pueblo, y Dios, habitando realmente en medio de ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos; y no habrá ya muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque todo lo anterior ya pasó … Ya no habrá noche: ni tienen necesidad de luz de lámparas ni de luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos y reinarán por los siglos de los siglos.” (Ap 19,9; 21,1.3-4; 22,5).

TIEMPO ORDINARIO

Vida cristiana: camino de esperanza

Noviembre, mes de santos en el cielo y de peregrinos en la tierra. Cristianos caminantes que se saben acompañados y llamados por El que no espera, con ansias amorosas, como el Padre del hijo pródigo de la parábola. Y por el camino se oye los cantos de los que con Dios, vamos hacia Dios porque de Dios venimos. “Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos su habitantes; él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. / ¿Quien puede subir al monte del Señor? ¿Quien puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. / Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de Salvación. Ése es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob” (salmo 23, 1-6). “Dichoso el que con vida intachable, camina en la voluntad del Señor. / Dichoso el que guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón. / Te busco de todo corazón no consientas que me desvíe de tus mandamientos” (salmo 118, 1.2.10.11).

Caminar en el Señor, es la vida del cristiano, como dice la carta del apóstol: “Señora elegida. Me alegré mucho al enterarme de que tus hijos caminan en la verdad, según el mandamiento que el Padre nos dio. Ahora tengo algo que pedirte, señora. No pienses que escribo para pedir algo nuevo, sino sólo para recordaros el mandamiento que tenemos desde el principio, amarnos unos a otros. Y amar significa seguir los mandamientos de Dios. Como oísteis desde el principio, este es el mandamiento que debe regir vuestra conducta. Es que han salido en el mundo muchos embusteros que no reconocen que Jesucristo vino en la carne. El que diga eso es el embustero y el anticristo. Estad en guardia, para que recibáis el pleno salario y no perdáis vuestro trabajo. Todo el que se propasa y no permanece en la doctrina de Cristo no posee a Dios; quien permanece en la doctrina posee al Padre y al Hijo” (2 Jn 4-9)

Seguir a Jesús.”Y se le acercó un escriba: - Maestro, te seguiré donde vayas -le dijo. Jesús le contestó: - las zorras tienen sus guaridas y los pájaros del cielo sus nidos, pero el hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Otro de sus discípulos le dijo: -Señor, permíteme primero ir a enterrar a mi padre. - Sígueme y deja a los muertos enterrar a sus muertos – le respondió Jesús” (Mt 8,19-22). “Quien ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Quién no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,37-38). “Entonces les dijo Jesús a sus discípulos: - Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga” (Mt 16,24); Lc 9,23). “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida -le respondió Jesús-; nadie va al Padre si no es a través de mí” (Jn 14,6)

Caminar hacia el cielo es vivir en la esperanza: “ Por tanto, hermanos míos, no seamos de ánimo doble, antes bien, perseveremos n la esperanza a fin de recibir b¡nuestro galardón, porque es fiel aquel que ha prometido dar a cada uno según nsus obras. Si practicamos pues la justicia ante Dios, entraremos en el reino de los cielos y recibiremos aquellas promesas que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Estemos, pues en todo momento, en expectación del reino de Dios, vivienda en la caridad y en la justicia, pues desconocemos el día de la venida del Señor.” (de la homilía de un autor del siglo II; en la Lectura del miércoles de la 32ª semana TO)

La poesía del camino. “Dame, Señor, la firme voluntad, / compañera y sostén de la virtud; / la que sabe en el golfo hallar quietud / y, en medios de las sombras, claridad; / la que trueca en tesón la veleidad, / el ocio en perennal solicitud, / y las ásperas fiebres en salud, / y los torpes engaños en verdad. / Y así conseguirá mi corazón / que los favores que a tu amor debí / le ofrezcan algún fruto en galardón… / Y aun tú, Señor, conseguirás así, / que no llegue a romper mi confusión / la imagen tuya que pusiste en mí” (himno en la Hora Intermedia del domingo IV)

TIEMPO ORDINARIO

Los novísimos

Último domingo del Tiempo Ordinario. Lejos quedan en el tiempo aquellos pocos días de Tiempo Ordinario entre la Navidad y la Cuaresma. Y no parece cercano tampoco el tiempo cuando, queriendo empezar el verano, se retomó la liturgia de ese Tiempo hasta llegar a esta semana, anterior a Cristo Rey, ya en noviembre, acabando el otoño. El cristiano vive el tiempo como un camino hacia el cielo para estar allí con Dios para siempre: “Y les dijo esta parábola: Observad la higuera y todos los árboles: cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis por ellos que ya está cerca el verano. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios. En verdad os digo qe no pasará esta generación sin que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, le embriaguez y los afanes de la vida, y aquel no sobrevenga de improviso sobre vosotros, porque caerá como un lazo sobre todos aquellos que habitan la faz de toda la tierra. Vigilad orando en todo tiempo a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar de pie delante del Hijo del Hombre” (Lc 21,29-36)

La consciencia del paso del tiempo, en noviembre, tradicionalmente lleva al recuerdo de los que ya han cubierto todas las etapas del camino. De la liturgia propia de las misas de difuntos se pueden tomar bellos y esperanzadores pasajes. “La vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su transito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí; los probó como oro en el crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral... Los que confían en él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos” (Sab 3, 1-9). Y se cantan salmos: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quiçen temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su tempo. Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. Espero gozar d ella dicha del Señor en el país de la vida.” (salmo 26). “El Señor es benigno y justo, nuestro Dios es compasivo; el Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas, me salvó” (salmo 114). Y está en la cartas de los apóstoles: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estara contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica ¡quién condenará? ¿Será acaso Cristo que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios y que intercede por nosotros?” (Rm 8, 31-37). Y nos lo dice Jesús: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a preparaos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros” (Jn 14, 1-5)

Anticipando la alegría del cielo, el cristiano celebra la Presentación de la Santísima Virgen María (21 de noviembre). “La niña María / -¡qué gracia su vuelo!- / paloma del cielo / al templo subía/ y a Dios ofrecía / el más puro don: / sagrario y mansión / por él consagrada / y a él reservada/ es su corazón. / ¡Oh blanca azucena! / La Sabiduría / su trono te hacía / dorada patena,/ de la gracia llena, / llena de hermosura. / Tu luz, Virgen pura, / niña inmaculada, /rasgue en alborada / nuestra noche oscura. / Tu presentación, princesa María, / de paz y alegría / llena el corazón. / De Dios posesión / y casa habitada, / era la morada / de la trinidad. / A su Majestad / la gloria sea dada” (himno de Laudes)

CRISTO REY DEL UNIVERSO

El resplandor de la majestad

Jesucristo Rey del Universo. Se acabó el año litúrgico. Pero los cristianos se despiden con el resplandor de la gloria de Dios: “Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como una trompeta. Me volví a ver quién me hablaba, y, al volverme, vi siete candelabros de oro y en medio de ellos una figura humana, vestida de larga túnica, con un cinturón de oro a la altura del pecho. El pelo de su cabeza era blanco como la lana, como nieve; sus ojps llameaban, sus pies parecían de bronce incandescente en la fragua, y era su voz como el estruendo del océano. Con la mano derecha sostenía siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos, y su semblante resplandecía como el sol en plena fuerza. Al verlo, caís a sus pies como muerto. Él puso la mano derecho sobre mí y dijo: No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto, y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Al que salga vencedor, cumpliendo hasta el final mis obras, le daré autoridad sobre las naciones, la misma que yo tengo de mi Padre; le daré el lucero de la mañana y no borraré su nombre del libro de la vida, pues ante mi Padre y ante los ángeles reconoceré su nombre. Lo haré columna del santuario de mi Dios, y ya no saldrá nunca de él; grabaré en él el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo de junto a mi Dios, y mi nombre nuevo. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. Al que salga vencedor lo sentaré en mi trono junto a mí; lo mismo que yo, cuando vencí, me senté en el trono de mi Padre, junto a él” (Ap. 1,10; 12-18,, 2, 26, 27; 3, 5, 12, 20-21)

Y la poesía: “Oh, Principe absoluto de los siglos, / oh Jesucristo, Rey de las naciones: / te confesamos árbitro supremo / de las mentes y de los corazones. / O, Jesucristo, Príncipe pacífico, / somete a los espíritus rebeldes, / y haz que encuentren rumbo los perdidos, / y que en un solo aprisco se congreguen. / Para eso pendes de una cruz sangrienta / y abres en ella tus divinos brazos; / pare eso muestras en tu pecho herido / tu ardiente corazón atravesado. / Glorificado seas, Jesucristo, / que repartes los cetros de la tierra; / y que contigo y con tu eterno Padre / glorificado el Paráclito sea” (I Visperas, Domingo, Jesucristo Rey del Universo)

El evangelio: “En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: - ¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús contestó: - ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato replicó: - ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Jesús le contestó: - Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí. Pilato le dijo: - ¿Conque tú eres rey?. Jesús le contestó: - Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18, 33b-37)

Y cantamos: “El Señor reina vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder. Ahí está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme para siempre y tú eres eterno. Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término” (salmo 92). Cristo Rey, vive. ¡Viva Cristo Rey!.

Julio Banaclohe Pérez

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